Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 48
By Tom
La noche anterior habíamos estado hasta tarde en el estudio de grabación. Había estado trabajando en unos nuevos sonidos, para el nuevo álbum y realmente me estaba gustando mucho el trabajo que estaba realizando. Vivir en Los Ángeles, sin tanta presión por parte de fans que solo buscaban molestarnos, había favorecido que nuestra creatividad estuviera a flor de piel. El poder salir el día a día a la calle, sin que nadie pudiera reconocernos facilitó también mucho. En muchas de las canciones, que había escrito mi hermano nos habíamos inspirado en la vida nocturna californiana y en cosas de la vida cotidiana que fuimos viviendo allí.
El despertador había sonado hacía un buen rato. Era sábado, pero ese día no era como otro día cualquiera. Mi hermano gemelo y yo cumplíamos años, concretamente veintitrés años. Me levanté de la cama, para observarme en el espejo de mi armario. Aparentemente no tenía ninguna arruga nueva, y eso quería decir que seguía mi belleza intacta. Ese día teníamos pensado pasar el día con nuestra familia, y tomárnoslo de descanso. Abrí mi armario y busqué una muda de ropa interior, al igual que unos pantalones y una camiseta que ponerme. Salí de mi habitación, con intenciones de darme una ducha rápida y refrescante. Una vez que me duché, regresé a mi habitación para acabar de vestirme.
—Buenos días, mamá —saludé a mi madre que estaba acabando de preparar el desayuno. Se veía muy apetitoso.
—Buenos días, hijo —sonrió mi madre al verme— ¡Felicidades, mi pequeño! No puedo creer que ya seas tan mayor…
—Solo he cumplido veintitrés años —le dije a mi madre.
—Lo sé… pero me cuesta ver como mis pequeños van creciendo —dijo con tristeza— Bueno siéntate que estoy acabando de prepararte el desayuno, o por ser vuestro cumpleaños os he preparado unos muy especial.
—Tiene todo muy buena pinta —sonreía mientras me echaba en mi vaso un poco de jugo natural de naranja.
—Buenos días —saludó mi hermano Bill entrando por la puerta de la cocina, para luego sentarse al lado mía.
—Buenos días, hijo —dijo mi madre, para acercarse a mi gemelo y darle un beso en la mejilla— Felicidades mi niño.
—Gracias, mamá —sonrió mi hermano.
—Felicidades Tom —me felicitó.
—Felicidades para ti también —le respondí.
—Bueno… ¿Qué tenéis pensado hacer hoy? —preguntó nuestra madre sentándose con nosotros a la mesa, mientras ella también desayunaba.
—Por la noche hacer una fiesta con nuestros amigos en un local, que hemos alquilado —informé a mi madre— Y el resto del día, pues no sé, quizás nos tomemos un descanso en el estudio, para estar con vosotros.
Estábamos hablando muy animados, sobre lo que haríamos ese día, cuando nuestra hermana Naia apareció por la puerta de la cocina.
—Buenos días —nos saludó.
—Buenos días, hija —le saludó mi madre.
—¡Feliz cumpleaños Billy! —se abrazó fuertemente a Bill, en ningún momento fijó su mirada sobre mí. Seguía tan esquiva como los otros días, y eso me estaba completamente frustrando.
—Gracias, princesa —le sonrió Bill.
—Espero que te tengas un gran día, y lo disfrutes —dijo sonriendo.
—Eso haré —respondió Bill— Estás invitada a mi fiesta de cumpleaños que haremos por la noche en un pub que hemos reservado —le informó divertido.
—Tengo que pedirle permiso a mamá —dijo poniendo cara de niña buena— Igual no me deja ir —puso cara de pena.
—Por ser el cumpleaños de tus hermanos te dejaré ir —dijo mi madre divertida a mi hermana.
—Gracias, mami —sonrió emocionada, para luego ir a abrazar a nuestra madre, y finalmente darle un beso en la mejilla— Eres la mejor mamá del mundo.
—Dejaros de tanta tontería —dije molesto. Odiaba que me ignorara por completo, y ni siquiera todavía me felicitara por mi cumpleaños.
—¡Felicidades Tomi! —dijo finalmente percatándose de mi presencia. Su voz le salió con un gallo. Se acercó lentamente para luego abrazarse a mí— Espero que tengas un buen día, y que lo disfrutes —sonrió con inocencia.
—Sí… ya… —respondí molesto, para luego separarme bruscamente de ella. Me había amargado el día, que prometía ser un día genial— Bill acelera que tenemos que irnos —dije a nuestro hermano, que me miró confundido.
—No podéis iros —dijo mi hermana. La fulminé con la mirada— Todavía tengo que daros vuestro regalo de cumpleaños —confesó.
—Será en otro momento, o quizás por la noche cuando vayamos a celebrarlo —respondí de manera seca.
—No puede ser… —susurró— Tiene que ser ahora.
—Está bien —me rendí finalmente— Apúrate —le exigió a la vez que me cruzaba de brazos esperando a que volviera con su maldito regalo.
Mi hermana salió de la cocina durante unos minutos. La escuchamos hablar con algo, que había en el salón. Me estaba impacientando, y se estaba tardando en venir, así que alcé la voz para hablarle de una forma muy borde.
—Te estás tardando… —le grité. Haciéndole notar que estaba enojado. Ella era capaz de hacerme llegar a esos términos.
—¡Felicidades! —volvió a decir nuestra hermana, a la vez que los ladridos de la perrita que traía entre sus brazos, se unía a su voz.
—¡Ooooh! —el grito de nuestro hermano Bill inundó toda la cocina. Lo sabía. Esa perrita había cautivado el corazón de mi hermano menor— ¡Qué cosita más mona! —sonrió para luego cogérsela de los brazos a nuestra hermana, y comenzarle a acariciar la cabecita— Es realmente preciosa… —dijo embelesado Bill.
—Ese es vuestro regalo de cumpleaños —dijo nuestra hermana— No sabía que compraros para regalaros, y se me ocurrió compraros un nuevo perro —se explicó.
—¡Me encanta Nai! —dijo nuestro hermano emocionado e ilusionado, para luego darle un beso en su mejilla— Has tenido buen acierto…
—Gracias… —sonrió.
—Venga vámonos… —le insistí a Bill, lo agarré del brazo tirando de él, haciendo que tuviera que darle a la perrita a nuestra hermana. No presté en ningún momento atención por el pequeño cachorrito, ni siquiera hice muestra de afecto hacia el animal— Vamos retrasados, y tenemos mucho trabajo —le dije frunciendo el ceño. Mi hermano me miró molesto, porque se suponía que ese día íbamos a tomárnoslo libre.
—¡Es el día de vuestro cumpleaños! —escuché decir a nuestra madre asomándose por la puerta de la cocina— ¿Por qué no os tomáis el día de descanso? —preguntó, pero la puerta de casa fue cerrada con un gran portazo por parte mía.
Salimos al exterior. Mi hermano Bill iba con cara de enfado, y estaba realmente molesto. Lo ignoré y caminé hacia mi coche Cadillac Escalade.
—¿Por qué has hecho eso Tom? —me preguntó molesto— Se suponía que hoy íbamos a pasar el día con nuestra familia, y que no íbamos a ir al estudio.
—Cambié de opinión —respondí secamente.
—A ti cumplir años, te ha afectado —dijo mi hermano frunciendo el ceño— Te has vuelto un cascarrabias.
No respondí, me metí en el interior de mi coche, y cerré la puerta tras de mí. Mi hermano Bill se quedó afuera mirándome con enfado, y parado.
—¿Vas a subir al coche? —le pregunté enojado— No tengo ganas de perder mi tiempo…
—Está bien… —dijo mi hermano entrando en el coche, y sentándose en el asiento del copiloto. Se puso el cinturón de seguridad para luego arrancar el coche— Te has comportado como un estúpido —me reclamó mi hermano— Ni siquiera le has dado las gracias a nuestra hermana, por el regalo que nos hizo.
—¿Y por qué debería de hacerlo? —le pregunté— Más bien ese regalo, iba dirigido más a ti que a mí.
—No digas tonterías Tom —me dijo mi hermano— Si te gustan los perros, igual que a mí. No me vengas a decir, que la perrita no es una monada. Además, desde que se muriendo nuestros otros dos perros andábamos triste, y con la perrita nueva que tenemos nos alegrará los días.
—Lo que tú digas… —dije molesto— Aunque tengo que reconocer que la perrita es una cucada, pero me molestó que Naia no me felicitara tan pronto llegó. Es que no la vistes…
—Tom no digas excusas, te felicitó igual que a mí —me dijo mi hermano acusadoramente.
—No… Lleva toda la semana extraña conmigo, y evitándome —confesé.
—Algo le harías para que se comporte así, ¿no? —me miró inescrutablemente— Te pasas la gran parte de los días molestándola, no sé qué mosca te picó con nuestra hermana, pero no es normal que la molestes cada segundo.
—No quiero seguir hablando del tema —le corté la conversación a mi hermano, para luego concentrarme en la radio de mi coche, y encenderla haciendo que sonará música durante todo el camino.
No volvimos a abrir la boca en el trayecto, que iba de nuestra casa al estudio de grabación. Solo la música de la radio se escuchaba en el interior del coche. Después de media hora llegamos finalmente al estudio, aparqué el coche en interior del recinto en el gran jardín que poseía este. Salí del coche, sin decirle nada a mi hermano, él me siguió segundos después para luego cerrar el coche. Entramos en el estudio de grabación, y nos pusimos a trabajar. Encendí el ordenador y me puse a trabajar con unas pistas, y varias mezclas para crear una canción. Nos pasamos gran parte de la mañana, y de la tarde en el estudio trabajando. Después sobre las seis de la tarde regresamos a casa, para cambiarnos de ropa y darnos una ducha para ir a la fiesta de nuestro cumpleaños más tarde.
—La canción en la que trabajamos hoy nos ha quedado muy bien —dije a mi hermano a la vez que entrabamos en casa. Nos encontramos con nuestra madre, que se encontraba sentada en el sofá del salón.
—Hola hijos… por fin regresáis —dijo mi madre sonriente— ¿Qué tal en el estudio?
—Bien. Hemos estado trabajando muy duro —respondí— Bueno me voy a mi habitación —informé.
Dejé a mi madre y a mi hermano solos en el salón hablando. Entré en mi habitación, y me dispuse a escoger la ropa que llevaría esa noche a mi fiesta de cumpleaños. Después me dirigí hacia el baño para darme una ducha rápida, cuando acabé me volví a mi habitación para acabar de vestirme, y descansar un poco. La noche se presentaría muy ajetreada, tenía planes de no volver hasta el día siguiente a casa de nuestra madre. Saqué de unos de mis cajones de mi armario, una caja. La abrí, y contemplé una bolsita con polvo blanco. Sonreí y la volví a guardar en su sitio. Esa noche me haría mucha falta, para llevar a cabo mi plan. Me tumbé en mi cama, puse la alarma de mi móvil para luego cerrar los ojos un poco y descansar. Cuando sonó la alarma, me desperece, y una sensación de ganas de ir al baño me inundó. Así que me dispuse a ir al baño. Abrí la puerta, sin más.
—¿Qué haces estúpido? —dijo mi hermana mirándome con odio. Mis ojos se posaron en mi hermana, y la recorrí con mi mirada de forma penetrante.
—Tengo ganas de mear, permiso —dije cerrando la puerta tras de mí. Entré en el interior del baño, y mi hermana se quedó quieta observándome.
—No puedes entrar, estoy yo —me dijo molesta— Tendrás que esperar a que me acabe de duchar.
—Lo siento, mi polla no puede esperar —le dije de manera brusca, a la vez que comenzaba a bajarme la cremallera. Mi hermana me miró con mala cara. La miré— No pongas esa cara hermanita, que sé que te gustaría volverme a ver la polla ¿no? —frunció el ceño molesta— A caso no recuerdas, como disfrutaste el otro día viéndome en mi habitación masturbarme… —le susurré.
—Imbécil —me insultó de nuevo, cerrando sus ojos, apretando sus puños, alejándose de mí.
Se quedó de pie, al otro lado del baño, esperando a que acabase. Cuando acabé tiré de la cisterna, y comencé a caminar a paso lento hacia la puerta del baño para irme.
—¡Al fin te vas! —exclamó mi hermana, haciendo que me parará, y retrocediera sobre mis pasos, cerrando la puerta de nuevo.
Me acerqué lentamente a ella. Mi hermanita retrocedió varios pasados, pero su espalda chocó contra la pared del baño. Posé mis manos sobre sus caderas, y la junté más hacia mí.
—¿Si quieres te puedo ayudar a ducharte? —le susurré provocativamente al oído, haciendo que se tensará— Sería muy interesante, verte completamente desnuda —mis manos comenzaron a acariciar su piel, hasta que finalmente las pose sobre sus nalgas. Las agarré fuertemente, mientras que las estrujaba.
—Suéltame… —me ordenó. Mirándome con sus ojos azules de manera penetrante, pero su voz titubeaba mostrándose como un corderillo a punto de ser devorado por el lobo feroz.
—¿Y si no quiero? —le pregunté mostrando una sonrisa tosca y torcida. Mis manos comenzaron a subir por detrás de su espalda, para luego pararlas justo donde tenía el cierre de su sostén. Lo desabroché, enseguida sus pechos quedaron liberados de la prenda que los sujetaba— ¡Ups! —sonreí, para luego morderme el labio. Su respiración se volvió agitada— ¿Pero que tenemos aquí? —pregunté irónicamente— Unos pequeños pechos redondos y tersos —sonreí para luego con mis dedos agarrarle sus pezones, y los empecé retorcer jugando con ellos. Mi hermanita cerró sus ojos ante mi acción, note sobre mis dedos como sus pezones se iban poniendo más duros y erectos. Los solté dejando de hacer presión sobre ellos. Abrió los ojos, para mirarme intensamente— ¿Te ha gustado, hermanita? —susurré juntándola más hacia mí— Ya sabes que, si aceptas mi propuesta, podrías descubrir muchas cosas placenteras —susurré contra sus labios, para luego atraparlos de una forma brusca y desesperada. Sus manos se apoyaron sobre mi pecho, para intentar empujarme.
—Vete… —dijo empujándome con todas sus fuerzas— Déjame en paz —me exigió.
—Está bien —sonreí para luego dirigirme hacia la puerta— Espero que te pongas muy guapa para esta noche —le susurré antes de salir del baño.
Cerré la puerta tras de mí. Me eché a reír, por la actitud de mi hermana. Se notaba que le gustaba mucho el juego que habíamos empezado hace varias semanas, aunque se quisiera resistir. Muy pronto, mi hermanita caería entre mis garras, de las cuales no tendría escapatoria. Muy pronto, sería completamente mía. Mucho antes de lo que ella pensaba, en sus sueños.
Cuando llegó la hora de irnos, bajé al salón a esperar a mi hermano y a mi hermana. Supongo que ambos tardarían en bajar, ya que a la hora de vestirse eran muy presumidos. Mi madre se vino a ver la televisión, así que estuvo haciéndome compañía mientras esperaba a que bajaran mis hermanos. Estuvo hablando un poco conmigo. Finalmente, aparecieron completamente arreglados. Mi hermana iba con un vestido color rosa palo, que le hacía muy sexy. Estaba realmente hermosa.
—Oh hija… —susurró nuestra madre al ver a mis hermanos bajar por las escaleras— Estás muy hermosa —mi hermana sonrió. Recorrí todo su cuerpo con mi mirada, hasta que me posé en sus ojos azules intensos. Noté como nuestras miradas se conectaban.
—Si hay que decir que has hecho un buen trabajo, hermanito —dije a mi hermano— Has conseguido que nuestra pequeña troll se convierta en una pequeña princesa —me burlé de mi hermana, a la cual, no le hizo gracia mi comentario.
—Eres un imbécil… —dijo sacándome la lengua, como una niña pequeña. Se le notaba molesta.
—Será mejor que nos marchemos antes de que os pongáis a discutir —dijo nuestro hermano Bill antes de que la discusión fuera más gorda.
—Pórtate bien, hija —dijo nuestra madre a Naia antes de que nos fuéramos.
—Sí, mamá —asintió mi hermana poniendo cara de niña buena.
Continúa…
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