
Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 5
By Naia
—Tengo dieciséis años, he crecido —respondí a mi hermano— No voy a ser toda la vida una mocosa de doce años.
—Ya… el tiempo ha hecho que te pongas muy hermosa —me respondió mi hermano, haciendo que me pusiera un poco incomoda por la forma que me miraba. Hacía tanto tiempo que no tenía contacto con ellos, que me sentía rara cuando mi hermano me observaba con su mirada penetrante.
—Supongo que debo tomarme eso como un cumplido —respondí a mi hermano, sintiendo como mi garganta se me secaba.
—Sí, normalmente no hago cumplidos a las mujeres —me dijo mi hermano guiñándome un ojo.
—Pero yo no soy una mujer cualquiera, de las que intentas ligarte, soy tu hermana pequeña. Eso significa que me tienes que mirar de otra forma —le dije a mi hermano sintiendo como su mirada de fuego no había cambiado ni un segundo.
—¿Qué tiene de malo que halague la belleza de mi hermanita pequeña? —preguntó mi hermano arqueando las cejas.
—No tiene nada de malo, salvo cuando te dedicas a verme como si fuera una presa —respondí encarándome a mi hermano, por un momento toda la timidez que sentía se había esfumado— Estás consiguiendo que me sienta mucho más incómoda, de lo que pasé cuando nos vimos en el aeropuerto.
—Lo siento… no quiero que te sientas incómoda —me susurró mi hermano.
—Pues déjame de mirarme de esa forma, que tienes novia, y no creo que le guste saber que su novio intentó ligar en el aeropuerto con su hermana pequeña —dijo a mi hermano mirándole con seriedad.
—Fue una confusión… Lo siento… —intentó explicar mi hermano— Llevo unos cuatro años sin verte, no me podía imaginar que la chica tan hermosa y curvas espectaculares, que vi salir de esa cafetería, eras tú.
—Sí vinieras más a menudo a Hamburgo no hubiera pasado eso —recriminé a mi hermano.
—Naia sabes que Bill y yo tenemos un trabajo, por eso no podemos estar en Hamburgo —se excusó mi hermano.
—Eso no es excusa. También tenéis familia… —respondí con rabia, para luego cruzarme de brazos.
—Te prometo que de ahora en adelante iremos a Hamburgo a visitaros más a menudo —intentó mi hermano quitar hierro al asunto.
—No prometas nada, demuéstralo con hechos —dije mirando a mi hermano con mirada penetrante.
—Vamos peque, no te enfades —dijo mi hermano acercándose a mí para luego rodearme con sus brazos— Sabes que te extrañado mucho en todos estos años.
—Yo también te extrañe mucho al igual que a Bill —dijo con ojos un poco llorosos.
—¿No irás a llorar? —preguntó mi hermano al darse cuenta de que tenía los ojos cristalinos.
—No… —negué con la cabeza— Solo que he extrañado mucho vuestros consejos, nuestras peleas matutinas… Cosas que compartíamos cuando estábamos más unidos.
—Volveremos a ser de nuevo los tres hermanos de antes —dijo mi hermano para luego acariciarme con su mano mi mejilla derecha, sin querer sentí un estremecimiento en mi cuerpo cuando su mano rozó mi piel. Luego sentí sus labios sobre mi mejilla, para luego arroparme en un abrazo, sintiendo su aroma inundar mis fosas nasales. Realmente olía muy bien… Olía a hombre… Me separé bruscamente de mi hermano, no podía estar pensado de ese modo en él, era mi hermano mayor. Esto debe ser producto de la confusión, de no haberlo visto durante tantos años que ahora lo veo diferente, pero sigue siendo mi hermano mayor— ¿Qué ha pasado? —preguntó confuso al ver mi reacción.
—Nada… solo que esto es una ñoñería. No somos niños pequeños —contesté a mi hermano— ¿Te ha dolido? —pregunté a mi hermano, observando los números que tenía tatuados en las falanges de sus dedos de la mano derecha.
—¿Dolerme qué? —me preguntó confundido.
—Los números que tienes tatuados en tus dedos —respondí señalando sus dedos, para rozarlos sin querer.
—Esto… No, no me dolió —me respondió sonriendo— Bill quiso que tuviéramos un tatuaje especial entre hermanos, que nos uniera más.
—De niño recuerdo que te daban miedo las agujas, cuando te ponías enfermo y te tenían que pinchar nunca querías ir al médico —dije melancólica— Cuando Bill apareció con su primer tatuaje, recuerdo que te enfadaste con él diciéndole que se había vuelto loco, y que mamá le iba a regañar. Si no me falla la memoria estuvo una semana castigado por mamá.
—Bueno, los miedos se superan —me respondió mi hermano, mientras seguía anonadada mirando su tatuaje, acariciándolo con las yemas de mis dedos— Tengo otro tatuaje en el brazo derecho.
—A mamá no le va a gustar cuando se enteré —dije poniendo los ojos en blanco.
—Mamá tendrá que entender que soy mayorcito y hago con mi cuerpo lo que quiero —me dijo de nuevo.
—¿Qué significado tiene el tatuaje? —pregunté de nuevo curiosa a mi hermano.
—Es la hora en que nací —me respondió Tom— Bill tiene tatuada su hora de nacimiento.
—A mí también me gustaría hacerme un tatuaje, pero no sé si mamá me dejará —confesé a mi hermano.
—Mejor que no te arriesgues sino quieres que te castigué hasta que tengas treinta años —respondió mi hermano sonriendo— No sabía que usabas esta ropa interior tan sugerente —dijo mi hermano cogiendo una tanga color granate semitransparente con una puntilla— Eres aún demasiado pequeña para utilizar esto.
—Tomi dámelo —dije con enfado.
—No… —dijo mi hermano levantándose de la cama, y cogiendo el tanga, para luego olerlo— Cógelo si quieres.
—Tom eres un cerdo, deja de oler mi ropa interior—advertí a mi hermano frunciendo el ceño, para acercarme a él, e intentar coger el tanga, pero mi hermano era más alto que yo y lo puso a una altura que no era capaz de cogerlo— Como no me lo des, se lo voy a decir a mamá —le amenacé nuevamente.
—Eres una acusona —me hizo la burla.
—Tom no seas malo —me quejé de nuevo.
—Está bien… —se rindió— Toma —me lanzó mi tanga a la cabeza, para luego caer al suelo. Me agache para cogerlo y lo doblé cuidadosamente para luego ponerlo en el interior de un cajón que había en el armario, donde luego pondría el resto de mi ropa interior— ¿Qué tal de novios? —me preguntó mi hermana interesándose por mi vida sentimental.
—Bueno, más o menos… —respondí sin darle importancia— Aún no he tenido nunca relación seria —mentí. Sabía perfectamente que mi vida amorosa era completamente nula, mamá era demasiado sobreprotectora, y no me dejaba salir mucho para conocer chicos. Las pocas veces que salía con Amy siempre eran con hora de regreso temprano.
—Pero si habrás tenido algún romance pasajero, ¿no? —volvió a insistir mi hermano.
—Sí… —susurré intentando no ser explicita, me daba un poco de vergüenza hablar con mi hermano de esto, él era unos años mayor que yo, y con una vida sexual bastante experimentada.
—¿Ya has…? —me preguntó indirectamente mi hermano, dejando si acabar la pregunta, haciendo que bajará la cabeza por la vergüenza, sentí como mis orejas se volvían sonrosadas. No había tenido sexo con ningún chico, pero tampoco me habían besado. Era completamente virgen…— ¿Ya has tenido sexo con algún chico? —volvió a formular la pregunta siendo más directo.
—¿Desde cuándo te interesa mi vida sexual? —respondí con otra pregunta, intentando salir del paso, no quería quedar como una niña pequeña, aunque me olía que mi hermano sabía que no había tenido mucho contacto con chicos, sobre todo porque sabía que desde que había tenido la meningitis me había aislado del mundo exterior.
—Soy tu hermano mayor, y me preocupa que estés con chicos que no te valoren —dijo con voz seria mi hermano, por primera vez en todo el rato desde que entró en la habitación se empezó a comportar como un verdadero hermano mayor. La mirada de fuego, con la cual me miraba minutos antes, había desaparecido completamente de sus ojos. Ahora solo mostraba preocupación— No quiero que ningún chico te haga daño, créeme. Ya sé que siempre he sido el típico chico que le gustaba ir de cama en cama, pero yo no quiero que te pase eso a ti, no quiero que los chicos te utilicen.
—Tranqui, Tomi —sonreí irónicamente. Si no salgo por ahí, y no tengo contacto con chicos nunca llegaré a tener relaciones sexuales con ellos— Eso no me pasará a mí, ya he aprendido de ti.
—Solo quiero que cuando suceda ese momento especial, estés segura de que es el momento y que utilices protección —me volvió a decir, suspirando aliviado, parecía que se había quitado un gran peso de encima— A mamá no le gustará que te quedes embarazada muy joven…
—No te preocupes, no entra en mis planes tener un bebé ahora. Primero quiero acabar mis estudios —le respondí.
—¿Qué tal te va con tu profesor privado? —se interesó mi hermano.
—He aprobado todos mis exámenes con buenas notas, paso para el siguiente curso —informé a mi hermano— En septiembre empezaré a ir a clases al colegio privado, donde estudiaba de pequeña.
—¡¿Qué?! —preguntó asombrado— ¿Pero mamá y papá lo han permitido?
—Sí, ayer mismo fuimos a echar la matricula —le respondí— Ya estoy perfectamente sana, no necesito estar todo el día encerrada en casa. Necesito relacionarme con otras personas, y regresar a mi antiguo colegio es la mejor opción.
—Lo sé… pero en ese colegio es donde contrajiste la meningitis —susurró mi hermano con temor— ¿Y si vuelve a pasar? No quiero por nada en el mundo, que te pasé algo o que te mueras.
—No me va a pasar nada, me he vacunado —le informé— El doctor me ha dado el alta médica, incluso el mismo me ha recomendado que debería de empezar con la vida normal.
—Si papá y mamá lo creen oportuno, no me voy a meter en esa decisión —concluyó mi hermano un poco desconcertado, por lo que le había contado.
—Ahora si no te importa, quiero acabar de colocar mis cosas en el armario, y me estás distrayendo a no ser que me quieras ayudar a colocarlas en el armario —le dije a mi hermano Tom.
—No —negó con la cabeza— Eso es tu tarea, disfrútala —respondió sonriendo para luego sacarme la lengua en modo de burla, y abrir la puerta de mi habitación para disponerse a salir.
—Eres un tonto… —susurré sonriendo antes de que cerrará completamente la puerta de mi habitación.
Me senté en mi cama, mirando la puerta por donde había salido Tom. Sonreí, por una vez en tanto tiempo había vuelto a sentir esa complicidad con mis hermanos, y eso lo extrañaba demasiado. Me sentí un poco más relajada al comprobar que mi hermano había cambiado de actitud conmigo, ahora se comportaba con mi hermano mayor. Cogí mi ropa, y me dispuse a ponerla dentro del armario, con el cuento de que mi hermano Tom vino a la habitación, me había dado cuenta que no había guardado ninguna ropa todavía. Una vez que acabé de colgar los pantalones y varios vestidos que tenía, en las perchas. Puse camisetas en las estanterías del armario. En los cajones metí mi ropa interior junto con los camisones para dormir por la noche. Cuando coloqué todo, cerré el armario y me tumbé en la cama. Mi cuerpo estaba realmente dolorido, por las horas de viaje, y tenía un sueño tremendo. Lentamente fui cerrando los ojos hasta que me quedé dormida. Abrí los ojos al notar el contacto de alguien moviendo mi cuerpo. Borrosamente, observé a mi hermano Bill que me sonreía.
—Nai siento despertarte —dijo mi hermano apenado— La cena ya se va a servir. Después ya podrás dormir toda la noche.
—Gracias por avisarme, Billy —me levanté de mi gran cama, para luego seguir a mi hermano.
Cerré la puerta de la habitación, para luego caminar al lado de mi hermano por el pasillo y comenzar a bajar las escaleras, para dirigirnos al salón, donde supongo que servirían la cena. Una vez que llegamos al salón, observé a mis padres, a Tom y a Kelly sentados en sus respectivos asientos. Papá y mamá se encontraban sentados presidiendo la mesa, mientras que Kelly y Tom estaban sentados juntos, uno al lado de otro.
—Ya estamos aquí —anunció mi hermano Bill, para luego tomar asiento en una de las sillas que estaban libres. Yo lo imite.
—Muy bien —sonrió mi madre— Entonces podemos comenzar a cenar.
Mi hermano Tom ordenó a una de las personas del servicio que tenían contratadas en la casa, a que sirviera la cena. En menos de dos minutos, ya estaban sirviendo lo preparado para cenar en nuestros platos, para luego retirarse y volver a la cocina.
—Y bien… Kelly —dijo mi madre, se acercaba un interrogatorio— Cuéntanos algo de ti. Estoy ansiosa por conocerte mejor, ya que en un futuro serás mi futura nuera.
—Bueno… he vivido muchos años en Alemania, de hecho, que tengo familia viviendo allí —sonrió la novia de mi hermano— Hace tres años me vine a vivir a Los Ángeles porque tengo también familia viviendo aquí, donde volví a coincidir con Tom.
—¿Es que os conocíais de antes? —preguntó mi madre intrigada.
—Sí, tuve el placer de conocerlo en una entrega de premios a la que asistí, ya que trabajaba como asistente de Samy Deluxe —explicó de nuevo Kelly— Ahí surgió algo, pero no fue serio. Nuestra relación se afianzó cuando nos reencontramos hace tres años.
—La verdad es que me parece muy sorprendente que mi hijo Tom tenga ya novia formal —dijo mi madre emocionada— No es un chico que esté mucho tiempo con una chica. Debes de sentirme afortunada por eso.
—Lo sé, señora —susurró Kelly bajando la cabeza media avergonzada— Soy muy feliz con su hijo.
—Me alegro, sobre todo al ver a mi hijo feliz —volvió a decir mi madre— Por cierto, ¿Qué edad tienes?
—Tengo treinta años —respondió Kelly. Yo abrí los ojos desmesuradamente, no me podía creer que mi hermano estuviera con una chica siete años mayor que él, aunque a él siempre le gustaron más mayores.
—¿Dé que trabajas ahora? —preguntó mi madre otra vez.
—Bueno, realmente estoy estudiando una carrera universitaria, aunque a veces trabajo como modelo —respondió Kelly.
—Y bueno, tenéis planes para el futuro —siguió preguntando mi madre. Me sentía un poco incomoda en medio de esa conversación, ya que ella se había centrado especialmente en la novia de mi hermano.
—Será mejor que cenemos o sino la cena se enfriará —dijo mi hermano Tom cortando la conversación, ya que se estaba volviendo un poco tensa.
Durante toda la cena, estuve callada observando mi plato de comida, sumida en mis pensamientos. Tenía el estómago revuelto, no sé si era por las muchas horas de vuelo que había tenido o por mi cuerpo aún no se había habituado al cambio de horario.
—Así que mi hermanita estudiará el próximo curso de nuevo en su antiguo colegio —me quitó de mis pensamientos Tom.
—Sí… —asentí volviendo a mirar nerviosamente mis manos, me sentía observada por todo el mundo.
—Naia es buena estudiante, nos costó tomar la decisión —comentó nuestra madre— Pero el médico dijo que es conveniente, que empiece con la vida normal poco a poco, y no tiene peligro de un posible nuevo contagio.
—¿Y por eso habéis decidido volver a meterla en el mismo colegio donde se contagió con el virus? —preguntó mi hermano con cierto enfado.
—Hijo, sabes que ese colegio es lo mejorcito que hay en Hamburgo. Allí tu hermana podrá acabar sus estudios con éxito, aparte de estar más controlada que yendo a un colegio estatal —le respondió mi madre.
—Quiero sacarme la carrera de derecho —interrumpí a mi madre y a mi hermano— Necesito mejorar mi nivel académico, y ese colegio me lo puede proporcionar. Estoy harta de vivir encerrada en una burbuja, que siempre me protejáis demasiado, no tengo doce años, ya tengo dieciséis años y me mosquea que otra gente de mi edad salga por ahí a divertirse, mientras que yo me quedó encerrada en casa, por el simple hecho que tengáis miedo que vuelva a enfermar.
—Hija, no tienes por qué ponerte así —dijo mi madre mirándome con semblante serio— Sabes que te hemos cumplido con todos tus gustos hasta este momento. La mayor prueba la has tenido ayer, cuando fuimos a echar la matricula a tu colegio. No queremos que te pases encerrada toda tu vida, pero ese tiempo que estuviste en casa estudiando era por prevención. Quedaste muy débil de la enfermedad, cualquier resfriado que te contagiarán tus compañeros podría hacer correr peligro tu vida —añadió mi madre con los ojos medios lloroso.
—Lo siento… —me disculpé apenada. No sabía que mamá estuviera tan preocupada por mí, pensé que solo lo hacía porque me protegía demasiado.
Continúa…
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