
Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 50
By Tom
La agarré bien entre mis brazos, a la vez que me aseguraba de que no hubiera nadie afuera que pudiera verme, llevarme a mi hermana. Comencé a caminar rápidamente hacia el parking, donde tenía mi coche aparcado. Luego le mandaría un mensaje a Bill, donde le diría que me fui con una chica, que conocí afuera, y que nuestra hermana estaba bien, y se quedaba afuera. Apoyé a mi hermana en mi coche, a la vez que buscaba las llaves de este para abrirlo. Metí a Naia en el asiento del copiloto, abrochándole el cinturón de seguridad. Luego monté en el coche, y arranqué para irme lo más pronto posible del sitio antes de que me descubrieran. Diez minutos después, cuando estaba esperando en un semáforo que estaba en rojo, le mandé un mensaje a mi hermano diciéndole que no me esperará, que me había ido con una chica, que me llevaba el coche, y que nuestra hermana estaba bien, y se había quedado afuera respirando el aire fresco.
Guardé mi móvil en el bolsillo de mi pantalón, y me fijé en mi hermana que se encontraba sentada a mi lado. Había abierto los ojos, se notaba que estaba media confundida. Sus ojos eran completamente negros, a causa de que sus pupilas estaban completamente dilatadas no pudiéndose ver sus ojos azules claros. El semáforo se puso en verde, y arranqué el coche en dirección a mi apartamento. La noche estaba oscura y silenciosa, no había nadie en la calle, así que eso facilitó, que no tardase mucho en llegar a la zona donde tenía mi apartamento.
Una vez que llegué, metí mi coche en el interior del garaje. Lo aparqué en mi plaza asignada, y salí del coche, para luego abrir la puerta, y sacar a mi hermana del coche. Desabroché el cinturón de seguridad, y la agarré con mis brazos, haciendo que su cara se quedará apoyada sobre mi pecho fortificado. Cerré el coche, y me dirigí con ella hacía los ascensores. Entramos en el interior de este, y presioné el número de mi piso. Mientras subíamos en el ascensor, me dediqué a besarle el cuello, y ella se dejó como una marioneta. Comencé a dejarle pequeñas marcas rojizas en su cuello blanquecino. Las puertas del ascensor se abrieron, y salí de este llevando a mi hermana conmigo. Sus pasos eran torpes, pero se iba guiando a través de mis pasos. Finalmente, abrí la puerta de mi apartamento para entrar en el interior de este. Cerré la puerta tras de mí, y eché el cerrojo. No quería que mi hermana se escapase en mitad de nuestra nochecita, tenía que gozar completamente de ella el tiempo que quisiera.
Caminamos hacia el interior del salón, para luego encaminarme hacia mi habitación. No saldríamos en toda la noche de allí. Ambos disfrutaríamos mucho, sobre todo yo. Arrimé la puerta de mi cuarto, para luego rodear la cintura de mi hermana, apoyando mi cabeza sobre el hombro desnudo de ella.
—Ya verás lo bien que nos lo vamos a pasar ahora por la noche —le susurré al oído, para luego concentrarme en su cuello y comenzárselo a besar. Inconscientemente, ladeó su cabeza para que siguiera besándole, la giré hacia mí para quedarnos uno el enfrente del otro, para luego comenzarle besarle la mandíbula, y finalmente sus labios.
—Ooohh… —suspiró a la vez que mis labios marcaban su piel.
Mientras la seguía besando, comencé a buscar la cremallera de su vestido. Tardé unos segundos en encontrarla. Finalmente, la fui deslizando lentamente hasta que su vestido cayó por su propio peso al suelo. La agarré en volandas, y la llevé hasta la cama. Me despojé de mi camiseta, mostrando mi torso desnudo y musculado, a la vez que me quitaba los pantalones, quedándome solo en bóxers.
—¿Qué me vas a hacer? —titubeó mi hermana inocentemente, y completamente confundida.
—Solo vamos a hacer lo que tú quieras —susurré contra sus labios.
—Tengo miedo… —susurró inconscientemente.
—Lo sé… —susurré a la vez que depositaba un beso en su frente, tratando de tranquilizarla. Aunque mi hermana estuviera algo drogada, algo de consciencia tenía y podía sentir todo lo que le haría— Seré cuidadoso…
Cerró los ojos, parecía más relajada. Me acomodé mejor sobre su cuerpo, aunque nuestra ropa interior era lo único que nos separaba de nuestra piel. Besé sus labios, a la vez que sentía como los suyos respondían torpemente a los míos. Sus manos comenzaron a acariciar mi espalda, sentí su piel suave incendiar mi propia piel. Me concentré de nuevo en su cuello, depositando besos húmedos por la piel de este, para luego ir bajando por la clavícula hasta llegar a su pecho, que todavía estaba cubierto por su sostén. Metí mis manos por detrás de su espalda, para desabrochárselo, y luego tirarlo hacia un lado de la habitación. Sus pechos pequeños se mostraron ante mí. Agarré con mi mano uno de sus pechos, mientras que me dedicaba a besarle el otro con mis labios. Entre mis dientes, cogí su pezón, y comencé a jugar sobre este con mi lengua.
—Ooohhh… —suspiró hondamente cuando sintió mis labios sobre su pecho. Sus manos se apoyaron sobre mi espalda desnuda, arañándome con sus uñas perfectamente cuidadas.
Seguí bajando depositándole besos húmedos por otras partes de su piel, hasta que llegué finalmente hasta su bajo vientre. La miré con deseo, me mordí el labio. Comencé a arrastrar sus braguitas por sus piernas largas, hasta que finalmente conseguí quitárselas por completo. La contemplé desde arriba, su cuerpo era perfecto. Sus curvas eran perfectas. Me despojé de la única prenda que cubría mi cuerpo. Me volví a tumbar sobre su cuerpo, volviéndole a besar sus labios. Apoyé mis manos sobre sus caderas, para luego ir bajándolas hasta sus muslos. Separé sus piernas, para ponerlas cada una a los lados de mis caderas. La miré completamente excitado, ella estaba completamente acalorada, sonrojada… Abrió su boca repetidas veces intentando coger aire y me introduje en ella.
—Aahhhh… —gimió al sentirme dentro. Sus ojos se abrieron completamente, mostrándome sus pupilas totalmente dilatadas.
Comencé a moverme dentro de ella, sintiendo su estrechez. Sus ojos comenzaron a ponerse cristalinos cada vez que la seguía embistiendo. Sus manos agarraban con desesperación mi espalda, clavándome sus uñas, pero a pesar de eso no cese en mis movimientos. Esa noche sería nuestra, y ahora que la había conseguido no iba a parar. Aumenté mis movimientos, haciendo que estos fueran más enérgicos. El cabezal de mi cama comenzó a moverse contra la pared, a la vez que gemía profundamente, contra el oído de mi hermana. Sus manos dejaron de hacer presión contra mi espalda, cayendo lentamente sobre mis caderas. Apoyó su cabeza sobre mi hombro, para luego sentir sus dientes clavarse sobre la piel de este. Gemí al sentir dolor sobre mi hombro, así que la embestí con más fuerza. Ella comenzó a gemir, cada vez que me enterraba más en ella. Nuestros cuerpos comenzaban a estar perlados. Su cabello rubio, como el oro, se le pegó en su cara. Seguí con mis movimientos bruscos y secos sobre su sexo, hasta que finalmente me corrí en su interior.
—Oooohhhh… —gemí, para luego apoyarme sobre su pecho. Besé nuevamente sus labios, para luego ir saliendo de su interior.
Me levanté de la cama, necesitaba fumarme un cigarrillo, quitarme toda la adrenalina que había sentido al poder por fin tener a mi hermana. Había sido tanta la emoción, que sentí, al poder estar en su interior, que pensé que me correría en la primera embestida. Nunca había sentido nada por otra mujer, y ella conseguía despertar el deseo, la lujuria. El amor prohibido hacia ella, me hacía comportarme como un adolescente de quince años. Me apoyé en la ventana, estaba completamente desnudo, no me había molestado a ponerme los bóxers. Encendí el cigarrillo y dejé que la nicotina penetrará en mis pulmones. Enseguida me sentí relajado, contemplé a mi hermana, que se encontraba durmiendo en la cama. Su piel se había vuelto plateada. Volví a sentir excitación al recordar las caricias de sus manos suaves, mientras la hacía mía. Era realmente hermosa, y yo había sido el primero. Ahora nadie podría quitármela porque ella era mía. No dejaría que nadie ocupará mi lugar, porque ella me pertenecía. Observé su cara de relajación profunda, parecía un ángel. Ansiaba nuevamente poder estar con ella otra vez, sentir sus labios corresponderme mientras que le hago el amor lentamente, y poder acariciarla de nuevo. Sentir su piel sedosa entre mis manos, besar sus pechos pequeños pero apetitosos. Me acerqué a ella, y acaricié un brazo de ella con mi dedo índice. Se movió lentamente, al sentir el tacto de mi piel. No deseaba que ningún otro hombre la conquistara y la hiciera suya. Ella ya tenía la marca de mi piel sobre su piel. Caminé de nuevo hacia la ventana, la noche estaba estrellada. Suspiré, a la vez que expulsaba el humo de mi cigarrillo, ya casi consumido.
Apagué la colilla en un cenicero, y me tumbé en la cama. Estaba cansado. Había sido la mejor noche de mi vida, y el mejor regalo de cumpleaños que me pudo ofrecer mi hermana. La abracé, para luego depositarle un beso en su hombro desnudo, para luego taparnos con las sábanas. Lentamente fui cerrando mis ojos, sintiendo el calor de su piel. Una sonrisa tonta se puso en mis labios. Ella había sido mía, y de nadie más.
Abrí los ojos lentamente, la luz de sol se colaba juguetonamente por la ventana de mi habitación. Me giré y observé a mi hermana todavía durmiendo plácidamente. Me acerqué a ella, y le besé cuidadosamente los labios, evitando que se despertara. Miré la hora en mi móvil, eran las dos de la tarde. Me levanté de la cama, y me estiré enérgicamente. Tenía todos mis músculos entumecidos. Caminé hacia la puerta del baño, que poseía mi habitación, necesitaba mear. Tenía que liberar todo el alcohol que había consumido esa noche. Me lavé la cara, con agua fría, para acabar de despertarme. Volví a ingresar en la habitación.
—¿Ya estás despierta? —pregunté al ver a mi hermana mirando confundida la habitación.
—¿Qué hacemos aquí? —me preguntó mirándome, frunciendo el ceño. Sus ojos estaban brillosos— ¿Por qué estoy desnuda en la cama? ¿Y por qué tú también lo estás?
—¿Qué crees tú? —le pregunté mordiéndome el labio. Su rostro cambió, sus facciones se volvieron más duras, a la vez que negaba repetidamente con su cabeza.
—No… —susurró. Sus ojos se volvieron cristalinos— ¡Eres un hijo de puta! —me gritó a la vez que se levantaba de la cama. Estaba muy furiosa— Eres un cabrón… —me dijo a la vez que comenzaba a llorar con más intensidad. Yo hice ademán de acercarme a ella, para abrazarla tenía que hacerle entender que eso que habíamos hecho era porque ambos realmente lo deseábamos— ¡No me toques, hijo de puta! —se alejó de mí a la vez que comenzaba a ponerse su ropa interior, y luego coger su vestido y salir con él de la habitación.
—¿A dónde vas? —le pregunté persiguiéndola hasta el salón, donde había acabado de ponerse el vestido.
—Déjame en paz, Tom —me dijo llena de rabia— Ni te atrevas a tocarme… Estás muerto para mi… —esas palabras se clavaron en mi corazón. Se dirigió hacia la puerta para abrirla, pero no pudo porque la noche anterior le había echado el cerrojo— Abre la puerta… —me exigió. La observé pasivamente, no iba a abrirle la puerta hasta que se calmara. Me miró con sus ojos azules penetrantes, y se dirigió hacia una de las ventanas que había en el salón. La abrió. Lo miré confundido— ¡Socorro! ¡Me han secuestrado y me han violado! —gritó por la ventana.
—¿Qué estás haciendo loca? —le pregunté con rabia, agarrándola fuertemente por el brazo— ¡Calla la boca! —le ordené.
—Abre la puerta —volvió a decirme, mirándome con ira. Sus ojos carecían de ningún tipo de expresión afectuosa hacia mí.
No dije nada más. Me dirigí hacia la habitación, y busqué entre los bolsillos de mis pantalones las llaves. Regresé al salón, para luego abrir la puerta. Antes de que dijera nada, mi hermana salió corriendo de mi apartamento. Me quedé mirando, como iba desapareciendo por el largo pasillo. Cerré la puerta de un golpe, para luego sentarme en el sillón del salón. Me tapé la cara con mis manos, tenía muchas ganas de llorar. Había pagado un precio muy alto por estar con mi hermana, había perdido su total confianza. Su cariño.
Toda la euforia que había sentido cuando estuve con ella, se me fue. Sus palabras que habían quedado marcadas fuertemente en mi cabeza, “Estás muerto para mi…”. No dejaban de repetirse una tras otras en mi cabeza. La había corrompido. Le había quitado lo más puro que tenía, su inocencia. Me sentí el ser más cruel e inhumano del mundo. Había pensado que había sido una noche perfecta, pero ver las lágrimas de mi hermana, al darse cuenta que había sido ultrajada por mí, derrumbó todo mi mundo de ensueño. Me levanté del sillón, y me dirigí hacia el mueble que había al lado del mueble bar. Necesitaba una vía de escape. Me lié un porro con urgencia y necesidad, necesitaba evadirme. La había cagado con mi hermana. Era un monstruo, un ser sin escrúpulos que solo había pensado en follarse a su hermana para el gozo propio, sin pensar en lo que realmente sentiría mi pequeña al darse cuenta de tal acto tan horrendo.
Me levanté del sillón, mientras que seguía fumando mi porro y entré en mi habitación. Su olor podía notarse en el ambiente de esta. Las sábanas revueltas de la cama, mostraban claramente que había sido una noche de pasión y de desenfreno. Su virginidad había quedado plasmada sobre las sábanas, las contemplé durante un rato, y con rabia arrastré toda la ropa de la cama para deshacerla completamente. Abrí los cajones de mi mesilla, y esparcí todo el contenido por la habitación. Estaba frustrado, loco, loco de amor por alguien que no me correspondía, y le había acabado de hacerle el más daño de todo el mundo. Había roto su inocencia para siempre. Me apoyé sobre la pared, para luego ir bajando hasta que darme sentado en el suelo. Enterré mi cabeza entre mis piernas, y comencé a llorar amargamente. Todas las lágrimas que había intentado contener desde un primer momento afloraron como si de un río se tratase.
Me dolían los ojos de tanto llorar. En mi vida había llorado tanto, solo cuando nuestro padre nos abandonó cuando éramos mis hermanos y yo apenas unos niños inocentes. Me sentía muy arrepentido por todo lo que había hecho, si lo hubiera sabido nunca intentaría hacerle lo que le hice. A mi pequeña, a mi luz de mis ojos… Tenía que intentar buscar su perdón. Me levanté del suelo, busqué mi ropa entre el desorden que había ocasionado en el interior de mi habitación. Me vestí, y salí de la habitación. Debería de regresar a casa antes de que mi familia se preocupase por mi tardanza, aunque supongo que Bill les podría sobre aviso de mi tardanza. Salí de mi apartamento, con la esperanza de volver a ver sus ojos azules esperándome en el pasillo, y diciéndome que sentía todo lo que me había dicho y que se había dado cuenta que me amaba, pero, no era una falsa ilusión, ella no estaba allí esperándome como había deseado. Seguí caminando por el largo pasillo, hasta que llegué a la zona de los ascensores. Esperé unos segundos a que llegará, y entré en él. Marqué el número del garaje, para luego concentrarme en mis pensamientos. Las puertas se abrieron, y caminé con paso apurado hacia donde tenía mi coche aparcado. Salí a toda velocidad hacia la casa de mi madre.
—Por fin llegas, Tom… —su voz la noté aliviada. La miré fijamente a sus ojos y parecía como si estuviera llorando.
—¿Mamá que pasa? —pregunté alarmado.
—Tu hermana no ha venido a dormir a casa —dijo mi madre con preocupación. Me sentí culpable por eso. Ella no había venido a dormir a casa, porque solo se me ocurrió la grandísima idea de follármela esa noche sin su consentimiento. Soy un cretino.
—¿Pero cómo? —pregunté mostrando confusión.
—Después de que me mandarás el mensaje, diciéndome que pasarías la noche fuera, al ver que Naia tardaba tanto en entrar otra vez adentro —comenzó a explicar mi hermano Bill— Salí a fuera a buscarla, pero no estaba. No había rastro de ella en ninguna parte. La llamé a su móvil, pero no daba señal, como si lo hubiera apagado. Entré en el interior de la discoteca, avisé a Gustav, Georg y Andi, entre los tres estuvimos buscándola por los alrededores, pero no la hallamos por ningún lado —un nudo se había formado en mi estómago, yo había sido el culpable de tanto alboroto— Pensé que igual se había regresado a casa sola, pero hoy por la mañana comprobé que no estaba en su habitación.
—¿Y por qué no me avisaste? —pregunté fingiendo molestia.
—Lo hice, pero tu móvil estaba apagado —me respondió— No tenía en donde localizarte Tom…
—Tenemos que avisar a la policía, Tom —dijo mi madre perdiendo los nervios— No quiero que le pase nada a mi pequeña, ella es una niña muy buena y formal, nunca se iría por ahí sin avisar…
—Tranquila, mamá, seguro que es una niñería por parte de ella y volverá —intenté tranquilizar a mi madre, se veía bastante agitada— Si quieres intentó a ir a buscarla de nuevo, a ver si yo tengo suerte en donde encontrarla.
—Te acompañó —dijo Bill. Cuatro ojos serían mejor que dos.
—Está bien… —asentí.
La puerta de casa se abrió. Mi madre se llevó las manos a la cara y comenzó a llorar.
—¡Naia, hija! —se acercó a nuestra hermana, y la abrazó. Tenía los ojos llorosos, su mirada se clavó intensamente en mí. Mi sangre se me heló — ¿Dónde has estado? —le reclamó mamá con enfado, a la vez que le pegaba una bofetada. La cara de mi hermana se ladeó hacia un lado por el golpe, quedando la zona roja por el impacto recibido.
—Por ahí… —respondió— También tengo derecho a divertirme de vez en cuando… —comenzó a caminar hacia las escaleras.
—Estás castigada hasta nuevo aviso —informó nuestra madre a nuestra hermana.
—Como tú quieras… —respondió de una forma borde.
—Nada de salidas entre semana, cuando empieces el colegio te quiero en casa tan pronto como salgas de clase —dijo mamá. Estaba muy enfadada con Naia.
—¿Has acabado? —preguntó retando a mamá— Ahora me voy a mi habitación… —informó para luego desaparecer por las escaleras arriba, mientras mamá la miraba estupefacta por la contestación que le había dado. Nunca se había comportado tan rebelde, como hoy.
Continúa…
Gracias por la visita. Cuéntanos qué te pareció.
