Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 52
By Naia
Después estaban las tazas de cada uno perfectamente colocadas en el sitio de cada uno, esperando a que se les echara café dentro de ellas. Al poco rato, llegaron mis hermanos ese día tenían que ir al estudio, para hablar con David.
—Buenos días enana —dijo mi hermano Bill acercándose a mí, para darme un beso— ¡Qué bien te queda el uniforme!
—Gracias… —dije mientras tomaba un sorbo de mi café.
—Yo sigo opinando que la falda es demasiada corta —se atrevió a comentar mi hermano Tom mientras que me echaba una mirada— Deberían de prohibir en los colegios usar faldas demasiadas cortas, después hay violaciones y secuestros —dijo finalmente. Le miré con mala cara.
—Eres un estúpido —le dije molesta. Mi hermano se quedó callado al momento, sobre todo por la mirada que le eché. Como se atrevía a decir eso, si él mismo me había violado semanas antes.
Estuvimos desayunando en silencio, sin volver a intercambiar otras palabras. Acabé de desayunar, mis hermanos todavía estaban desayunando.
—Bueno… yo me tengo que ir. Amy me espera —dije a mi madre cogiendo una tortita para luego ir comiéndola por el camino, hasta que llegase a casa de Amy. Salí por la puerta de la cocina para irme al colegio.
—Que tengas un buen día —escuché decir a mi madre antes de cerrar la puerta de casa.
Empecé a correr para llegar antes a la casa de Amy, ya que en el desayuno me había entretenido bastante, y sino apuraba Amy se iría sin mí al colegio. Llegué al portón del jardín de la casa de Amy, cuando vi que justo que salía de casa. Menos mal que no la hice esperar mucho.
—¿Llevas mucho tiempo esperando? —me preguntó Amy.
—¡Qué va! Acabo de llegar ahora, mi madre me entretuvo un poco —sonreí a mi amiga.
—¿Preparada para tu primer día de colegio? —me preguntó mi amiga.
—Creo que sí… —dije dudosa— Estoy un poco nerviosa…
—No tienes por qué estarlo —me dijo mi amiga mirándome a los ojos— Total te vas a reencontrar con antiguos compañeros de clase del colegio.
—Lo sé… —susurré— Pero tengo miedo que no encaje con nuestros compañeros.
—Ya verás que sabrás integrarte con nuestros compañeros —me sonrió mi amiga— Y ahora anímate, que te veo un poco tristona y baja de ánimos. ¿Te encuentras bien?
—Sí… —susurré— Solo es que estoy nerviosa, nada más —mentí. No le iba a decir lo que me había pasado en la fiesta de cumpleaños de mis hermanos.
—Está bien… —asintió— Pero quiero que sepas, que si me tienes que contar algo aquí estaré para escucharte y ayudarte… —dijo finalmente mi amiga. Se le notaba preocupada, pero no podía contarle lo sucedido.
Seguimos caminando en dirección a la escuela. Durante el camino, se veía pasar a más adolescentes rumbo a sus colegios, y a nuestro colegio, ya que pasaron varios con el mismo uniforme de mi escuela. Llegamos al colegio y muchos de mis nuevos compañeros ya estaban esperando en el patio del centro, para entrar. Caminé con Amy hacia la puerta del colegio, cuando vi pasar un grupo de chicos que se iban a otra zona de la acera. Me tensé al ver a Dereck. No quería empezar el día mal.
—¿Naia que pasa? —me preguntó mi amiga al darse cuenta que me quedé paralizada.
—Vi a Dereck —respondí con un nudo en la garganta.
—Será mejor que entremos a dentro, antes de que se le ocurra hacer una locura —dijo mi amiga mirando que estaba bastante asustada.
Entramos en el interior del colegio. Subimos las escaleras corriendo, a la vez que otros compañeros también lo hacían. Caminamos por el pasillo a lo largo, hasta finalmente encontramos el aula donde ese año tendríamos clase. Amy yo nos dirigimos hacia los asientos del fondo, donde nos sentamos. Minutos después llegaron más compañeros de clase.
—¡Vaya! ¡Vaya! —dijo una chica acercándose a nosotras, su tono de voz era en forma de pito, y se veía que era muy pija— ¿Este año vienes acompañada, Amy? Ya has encontrado a otra persona de tu igual calaña.
—Hola Brenda —saludó mi amiga con voz de fastidio— Por lo que veo también empiezas el curso, queriendo meterte en donde no te llaman.
—¿Cómo te llamas hermosa? —preguntó mirándome fijamente— He visto que tienes estilo, quizás querrás unirte a nuestro grupo, en vez de estar con la fracasada de Amy.
—Ella no se va ir con vosotras, es mucho mejor persona que todas vosotras juntas —atacó mi amiga— No necesita de vosotras para ser lo que es.
—¿Piensa en mí oferta? —dijo Brenda mirándome para luego irse con sus amigas hacia otros asientos que estaban más adelante.
Nos quedamos calladas, mirando como entraban los demás compañeros de nuestra clase.
—Naia ni se te ocurra aceptar lo que te dijo —me advirtió Amy— Ella es mala persona.
—Tranquila, no lo haré —respondí a mi amiga para que se sintiera tranquila.
Minutos después, el aula estaba completamente llena. Poco después llegó una profesora, que nos comunicó que ese año sería nuestra tutora del curso. Nos explicó que materia nos daría, y nos puso el horario en el encerado. Estuvimos copiándolo. Después nos dijo que necesitaríamos para sus clases. Por último, se puso a pasar lista, para conocer a mis compañeros hasta que llego a mí.
—Naia Kaulitz —dijo en voz alta.
—Aquí… —contesté levantando la mano.
—Usted es nueva, ¿verdad? —preguntó la profesora analizando mi cara— No recuerdo verla antes por aquí en el colegio.
—Sí, aunque siendo más pequeña he estado en este colegio —expliqué a la profesora.
—De acuerdo —me dijo sin hacer ningún tipo más de preguntas.
Después de una mañana llena de presentaciones de profesores, nos dejaron salir antes de clase. Las clases normales se empezarían al día siguiente. Amy y yo salimos del colegio, y comenzamos a caminar lentamente por las calles, y como era temprano para irnos a casa, y desobedeciendo a mi madre de irme a casa tan pronto acabarán las clases, ya que estaba castigada, fuimos a nuestra heladería favorita a tomarnos un helado. Después de estar cerca de una hora en la heladería decidimos volver cada una a nuestra casa. Primero fuimos caminando hacia la casa de Amy, ahí me despedí de ella.
—Hoy por la tarde, ¿Te apetece quedar? —me preguntó mi amiga, ya que al ser el primer día de clase no tendríamos clases por la tarde.
—No puedo… —susurré— Estoy castigada… —le respondí.
—Tú castigada, Naia Kaulitz —cuestionó mi amiga sorprendida— Pero…, ¿Qué has hecho para que te castiguen? —preguntó ahora ella intriga— Si eres un angelito —se rió.
—Desparecer durante unas horas del cumpleaños de mis hermanos, y aparecer horas después —le contesté— Mi madre estaba histérica…
—Vaya… —susurró— Entonces hablaremos por el Messenger, igualmente.
—Sí —asentí— Hasta mañana —me despedí.
—Hasta mañana, Nai —mi amiga caminó hacia la puerta de su casa, mientras que yo iniciaba mi camino hacia mi casa.
Abrí la puerta de casa, y entré en el interior de esta. Solo se encontraba mi madre en ese momento. Gordon todavía no había venido de su trabajo. Me dirigí hacia la cocina, donde estaba mamá acabando de hacer lo que sería nuestra comida. Me acerqué a ella.
—Hola mamá —saludé.
—Hola hija —me respondió mientras seguía concentrada en lo que estaba haciendo— ¿Qué tal en la escuela?
—Aburrida… —le susurré— No hemos hecho nada… Incluso nos dejaron salir antes… —me callé de repente, porque había llegado una hora después de haber salido de clase.
—¿Dónde has estado hasta ahora? —me preguntó mi madre con enfado— Naia creo que dije claramente que te quería en casa, tan pronto salieras de clase, en ningún momento te dije que te fueras por ahí.
—Solo fuimos a tomar un helado, Amy y yo —respondí— Cuando acabamos ya nos venimos directamente para casa.
—No sé qué voy a hacer contigo, sinceramente… —susurró mi madre molesta— Acaba de poner la mesa —me ordenó— Pon solo tres servicios, tus hermanos han llamado que comen en el estudio de grabación.
—Está bien… —susurré, a la vez que me dirigía hacia uno de los muebles de la cocina, para coger los platos, vasos y cubiertos.
Al poco rato de acabar de poner la mesa, llegó Gordon para comer. Después de un día intenso en la escuela de música, que había abierto hace años. Cominos tranquilamente, después de comer, como siempre, ayudé a mi madre a fregar la loza y a secarla. Cuando acabamos subía a mi habitación para estar un poco en el ordenador buscando cosas en internet. No tenía deberes porque al ser el primer día de clase no nos habían puesto nada de deberes, porque había sido día de presentaciones. Cuando acabé de buscar cosas, inicié el Messenger para poder hablar con mi amiga Amy tal y como habíamos quedado por la mañana cuando regresamos de clase.
Ya eran las ocho de la noche, y por fin mis hermanos habían llegado del estudio de grabación. Estaba en mi habitación tumbada en mi cama, cuando vi pasar a mis hermanos camino de sus habitaciones. Poco después los escuché salir de ellas, y decidí salir también de mi habitación sobre todo porque tenía una sed tremenda, así que bajé a la cocina para beber un vaso de agua.
—Hola enana —dijo entrando mi hermano Bill en la cocina, para luego acercarse a mí y darme un beso en la mejilla— ¿Qué tal el día de clase?
—Aburrido… —respondí mientras que dejaba el vaso que ensucié en el fregadero— ¿Y vuestro día?
—Fue bastante entretenido —respondió mi hermano— Acabamos de grabar un par de canciones.
—Genial… —sonreí.
—¿Qué hacéis? —preguntó nuestro hermano Tom entrando en la cocina— ¿Estaréis hablando mal de mí?
—Me voy a mi habitación —informé a mis hermanos, dejándolos solos.
Salí de la cocina, y me volví a internar otra vez en mi habitación, hasta que nuestra madre nos llamará para cenar. La cena transcurrió normal, después yo me fui de nuevo a mi habitación, mientras que mis hermanos se quedaban viendo la televisión con mi padre. Me desnudé y me puse el pijama, me acosté en la cama, y cerré los ojos hasta que finalmente quedé rendida en los brazos de Morfeo.
Abrí los ojos, y me fijé en mi despertador que había en mi mesilla de noche. Eran las tres de la mañana, me moví me levanté de la cama. Necesitaba ir al baño. Salí de mi habitación, en dirección hacia el baño. Después cuando iba a entrar en mi habitación, sentí unos brazos rodearme la cintura.
—Perdóname… —me susurró a mi oído mi hermano Tom— No soporto que me ignores…
—Suéltame —susurré en voz baja. No quería que nuestros padres, y nuestro hermano Bill se enterará de lo sucedido— No tengo nada que hablar contigo —le dije con dolor, a la vez que unas lágrimas se hacían presentes en mis ojos, a la vez que me removía de entre sus brazos.
—Por favor, tienes que escucharme —me volvió a suplicar.
—Lo siento… —le dije— Pero tú y yo no tenemos nada de qué hablar. Tú estás muerto para mí…
Me solté de él, y entré en el interior de mi habitación cerrando la puerta tras de mí. Me apoyé sobre la puerta, a la vez que comenzaba a deslizarme hacia el suelo, donde me encogí y metí mi cabeza entre mis piernas. Comencé a sollozar. A la mañana siguiente me costó horrores levantarme, me dolía la cabeza después de haber estado prácticamente toda la noche llorando.
Los días fueron pasando, y la relación entre mi hermano Tom y yo no había mejorado nada. Seguía huyendo de él, y cada vez que me tocaba estar con él a solas en casa, buscaba alguna excusa para irme del lugar donde estaba él. No quería tener ningún tipo de contacto con él.
Ese día me había levantado temprano, tenía que ir a clase, así que fui derecha al baño para darme una ducha rápida, luego me fui otra vez a mi habitación para luego acabar de ponerme mi uniforme. Cogí mi mochila, y bajé a la cocina para desayunar.
—Buenos días, mamá —le dije a mi madre, cuando entré en la cocina.
—Buenos días, hija —me respondió a la vez que acababa de poner el desayuno recién hecho sobre la mesa. Me senté en mi silla, y me serví un poco de zumo de naranja. Bebí un trago— ¿Qué tal en el colegio? —me preguntó mi madre, ya que llevábamos varias semanas de clase.
—Bien… —respondí a la vez que seguía desayunando tranquilamente. Cuando Acabé de desayunar, cogí mi mochila para dirigirme al colegio— Bueno mami, me voy a colegio.
—Ten un buen día —me dijo mi madre para luego darme un beso en la mejilla.
Salí de casa, en dirección hacia la casa de mi amiga Amy. Estuve esperando afuera durante unos cinco minutos cuando finalmente decidió salir de su casa. Durante el camino hacia la escuela fuimos en silencio, más bien yo iba pensativa. Tenía una duda que me estaba quemando por dentro, desde hacía varios días, y tenía miedo que realmente se cumpliera.
—Naia, ¿Qué te pasa? —me preguntó mi amiga al verme tan callada.
—Nada… —respondí— Solo estaba pensando, nada más…
—Está bien —me miró intensamente con sus ojos, pero no dijo nada más.
Finalmente llegamos a clase. En el aula, se encontraba Brenda con sus amiguitas pijas, que nada más verme pusieron unas muecas de asco en su cara. No era muy bien recibida por ellas en clase, desde el primer día me habían cogido manía porque había rechazado la propuesta de Brenda de que me uniera a su grupo. Nos sentamos en nuestros pupitres, y poco después llegó el profesor de matemáticas. Abrí mi libreta de matemáticas para comenzar a copiar apuntes, pero a los diez minutos me encontraba garabateando en la libreta, a la vez que me sumía en mis propios pensamientos.
—Señorita Kaulitz, ¿Podría decirme la diferencia entre números reales e irreales? —escuché la voz del profesor sacarme de los pensamientos, mientras que el resto de la clase se ponía a reírse— ¿Te encuentras en Yupilandia, Kaulitz? —me preguntó de nuevo el profesor, al no escuchar respuesta por mi parte, lo que hizo que mis compañeros se rieran más enérgicamente de mi— ¡Silencio! —ordenó el profesor— Me veré obligado a ponerle una falta negativa… —me informó— Para la próxima vez ponga usted más atención en clase…
Acto seguido el timbre, que daba paso a la media hora de recreo, sonó. El profesor de matemáticas salió por la puerta a la vez que mis demás compañeros de clase, que salieron de manera apresurada. Yo sin embargo me quedé sentada en mi pupitre sin moverme ni un milímetro. Observé mi hoja de la libreta, solo tenía un par de garabatos.
Continúa…
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