Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 53
By Naia
—Naia… ¿Qué te pasa? —me volvió a preguntar mi amiga, ahora acercando su silla la lado mía— Sé que algo te pasa, estás ida sumida en tus pensamientos… No me mientas más. Estás mal.
—Es complicado, Amy —le dije. No sabía cómo explicarle, que tenía un retraso y posiblemente estaría embarazada y que el padre de mi bebé podría ser mi hermano Tom.
—Empieza por el principio, te resultará más fácil —me sonrió.
—Tengo un retraso… —susurré completamente avergonzada.
—Seguro que es porque estos días has estado muy agobiada con los deberes que nos han puesto —me sonrió mi amiga— No te preocupes, Nai. Seguro que te baja en menos que canta un gallo.
—No lo entiendes, Amy… —susurré a mi amiga— Yo… —no sabía cómo decirle— Estuve con un chico… —confesé mientras que las lágrimas comenzaban a recorrer mis mejillas.
—¡¿Cuándo?! —preguntó mi amiga sorprendida.
—Fue en la noche de la fiesta del cumpleaños de mis hermanos… —comencé a explicar— Tengo miedo, Amy…
—¿Pero usasteis protección? —me preguntó de nuevo mi amiga.
—No lo sé… —sollocé más fuertemente— No me acuerdo de nada… Solo sé que cuando me desperté en la habitación la mañana siguiente, estaba completamente desnuda en la cama, y no había nadie conmigo… —mentí. No le iba a decir, que sabía que era mi hermano quien me había desvirgado.
—Pero igual ni siquiera llegasteis a algo más allá que un par de besos —dijo mi amiga intentando animarme.
—No… Amy —respondí— Había sangre en las sábanas…
—¡Dios, Naia! —susurró mi amiga echándose las manos a la cabeza— ¿Tus hermanos saben algo? —negué con la cabeza— Tu madre te mata como estés embarazada, y no te digo nada tus hermanos…
—Lo sé… —seguí llorando.
—Después de salir de clase, compraremos un par de pruebas de embarazo y te las harás para asegurarnos —me dijo mi amiga acariciando mi mejilla— Ahora no llores, no querrás que Brenda se enteré de que te sucede algo.
—Ya… —hice una mueca triste.
Limpié mis lágrimas con un pañuelo de papel, quitando el rastro de estas sobre mis mejillas. Los ojos los tenía un poco rojos, pero después se me fue pasando el rojo. Al rato, mis compañeros regresaron del recreo. Estuve el resto de las clases prestando atención, no quería que me pusieran más notas negativas en ese día. La mañana fue bastante intensa y aburrida. El timbre tocó dando por finalizado las clases de la mañana, después tendríamos que ir un par de horas hasta las cinco de la tarde. Salimos de clase, y comenzamos a bajar las escaleras que daban al patio central de nuestro colegio. Fuimos caminando entre nuestros compañeros, mientras que vi a Brenda con su grupito de niñas pijas hablando entre ellas.
—¿Quién es ese chico tan guapo que está ahí? —preguntó Brenda a sus amigas.
—¡Oh dios mío! —gritó una de ellas— Es el mismísimo Tom Kaulitz…
—¿Qué hará aquí? —escuché decir a Brenda— Es muy guapo…
Amy y yo seguimos caminando hacia un lado, me asomé por la puerta, y efectivamente mi hermano estaba apoyado en su Cadillac Escalade, con sus gafas de sol puestas, esperando por mí. Fruncí el ceño, que diablos hacía allí no tenía pensado regresar a casa con él, en su coche.
—¿Qué hace tu hermano aquí? —me susurró Amy al verlo.
—No lo sé… —respondí— Pero no me voy a ir con él —le dije— Tenemos que comprar eso que me dijiste por la mañana en la hora de recreo.
—Sí, pero va a ser difícil con tu hermanito vigilándonos —dijo Amy fijándose en mi hermano— Pero creo que no hará falta, podremos escaparnos fácilmente —sonrió.
—¿Por qué? —pregunté.
—La harpía de Brenda se está acercando a él —señaló Amy.
—¡¿Qué?! —dije sorprendida— Lo que me faltaba —dije molesta— No quiero tenerla en mi familia —dije indignada. Una mezcla de celos y de rabia, recorrió mi cuerpo— Vamos… —tiré de mi amiga, para aprovechar el momento que Tom estaba hablando con Brenda, y un grupito de otros alumnos de la escuela se agrupaban, haciendo que nuestra huida fuera más fácil.
Conseguimos alejarnos lo más lejos posible, para que mi hermano no se diera cuenta que nos íbamos antes de que frustrara nuestros planes. Cruzamos la calle, para luego meternos por otra calle. Anduvimos durante un par de minutos, para encontrar una farmacia. Amy se ofreció por a entrar en esta, para comprar las pruebas de embarazo. Minutos después, salía de la farmacia con ellas metidas en una bolsa, que después metió en su mochila. Seguimos caminando.
—¿Y ahora qué hacemos? —pregunté a mi amiga.
—Ahora nos vamos a comer a una bocatería —dijo mi amiga— Después iremos allí al baño, y te harás las pruebas.
—Está bien —asentí.
Minutos después llegamos a una bocatería. Nos sentamos en una mesa del fondo, y miramos el menú de bocadillos. Yo elegí uno vegetal al igual que mi amiga Amy. Mientras esperábamos a que nos trajeran el pedido de nuestros bocadillos, nos pusimos a hablar.
—¿Qué pasaría si diera positivo en el hipotético caso? —preguntó mi amiga— ¿Qué harías?
—No lo sé… —dije confusa— Mi madre me mataría.
—Técnicamente si… —susurró mi amiga.
—¡Dios! No puedo estarlo, por favor —supliqué— Me muero…
Nos trajeron nuestros bocadillos, que comimos con mucha ansia. Después por la tarde tendríamos que regresar otra vez a clases, así que nos apuramos a comer. Cuando acabamos de comer nuestros bocadillos, pagamos la cuenta y nos dirigimos al baño. Mi amiga me hizo meterme en uno de los cubículos donde estaba el retrete, metiéndose ella también.
—Tienes que mojar esto con un poco de tu pis —me explicó mi amiga mientras me daba una de las pruebas. Hice lo que indicó con esa prueba— Ahora haz lo mismo con esta.
Estuvimos esperando los minutos necesarios, encerradas en el baño. Sentía todos los nervios recorrer mi cuerpo. Realmente tenía mucho miedo saber que estaba embarazada. Pasaron unos tres minutos en cada prueba, y mi amiga se puso a mirarlas para ver el resultado.
—¿Estoy…? —pregunté con los nervios en la garganta.
—No… —respondió al instante.
Al escuchar sus palabras me puse a llorar como una niña pequeña. Sentía muchísimo alivio, porque en esos días me había estado comiendo muchísimo la cabeza. Sentía como el mundo se derrumbaba encima de mí.
—Vamos no llores… —me dijo mi amiga abrazándome— Todo ha sido un susto, una falsa alarma.
—Sí —sonreí por primera vez desde hacía varios días.
—Será mejor que nos marchemos ya —dijo mi amiga limpiándome las lágrimas— Si llegamos tarde a clase nos podrán una falta de asistencia.
—Sí… —susurré.
Amy guardó las pruebas en su mochila, y salimos del baño, para luego salir del establecimiento. Durante el camino, Amy estuvo buscando un contenedor de basura para deshacernos de las pruebas de embarazo, ya que no era plan de irnos a clase con ellas en la mochila. Caminamos hacia nuestro colegio, pero nada más doblar la esquina, me escondí agarrando a mi amiga Amy también.
—¡Mierda! —susurré— Mi hermano me va a matar cuando me vea, y no tiene cara de muchos amigos.
—¡Joder! —dijo mi amiga— Yo pensé que ya se podría a ver ido…
—Sí, pero el muy jodido sigue ahí esperándome —dije con desesperación— ¿Qué hago? —pregunté a mi amiga— No quiero que me monte una escena, en la entrada de la escuela, y que todos nuestros compañeros nos vean. No quiero que sepan que él es mi hermano, ya sabes después estarían todo el rato molestándome con que le pida autógrafos.
—Lo sé… —respondió mi amiga— Pero no podemos irnos por otro lado, ya que tenemos que pasar precisamente por ahí para poder ir a clase…
Comenzamos a caminar, lo más rápido que pudimos para podernos meternos lo más pronto posible en el interior de nuestro colegio, pero no tuvimos suerte ya que mi hermano Tom nos interceptó antes de que pudiéramos entrar en el interior, y salvarme de su regañina.
—¿Se puedes saber de dónde coño vienes? —me preguntó encolerizado.
—Adiós Tom —le dije ignorándolo por completo, cosa que hizo que se cabreará más.
Comencé a caminar para alcanzar a Amy, pero la mano de mi hermano me agarró por mi brazo. Sentí el tacto de la piel de su mano sobre mi piel, sentí una descarga eléctrica. Me giré y lo miré con el ceño fruncido.
—Suéltame —le exigí.
—No… —me dijo mirándome intensamente— Tú y yo tenemos que hablar…
—No puedo —le dije— Tengo que ir a clase. No puedo llegar tarde…
—Pues espero a que salgas de clase —me insistió.
—Haz lo que quieras —le respondí para luego girarme e irme a junto de Amy.
Las dos seguimos con nuestro camino hacia el interior de nuestra escuela.
—¿Qué te dijo tu hermano? —me preguntó mi amiga curiosa.
—Nada solo echarme la bronca —le respondí— Le dije que tenía que ir a clase, y que no podía estar perdiendo el tiempo con él.
—Últimamente a tu hermano Tom lo tratas muy mal —apuntó mi amiga.
—Está todo el rato molestándome —me quejé— Lógico que lo trate mal.
—Porque sé que sois hermanos, sino diría que parecéis novios —dijo mi amiga haciendo que un rubor en mis mejillas apareciera en ellas.
—No digas tonterías —le dije molesta.
Subimos las escaleras, hasta que llegamos al piso donde estaba nuestra clase. Ya estaban todos nuestros compañeros, y la profesora que nos daba clase en esa hora. Todos miraron para nosotras cuando entramos por la puerta.
—Señorita Kaulitz y señorita Stevenson —dijo nuestra profesora al vernos entrar por la puerta— Llegáis con diez minutos de retraso.
—Lo siento, profesora… —me disculpe— Tuvimos un percance cuando veníamos de regreso a la escuela.
—Está bien —dijo la profesora— Que no se vuelva a repetir. Ahora sentaros en vuestros sitios.
Nos dirigimos hacia nuestros asientos, bajo la atenta mirada de nuestros compañeros de clase. Saqué de mi mochila, mi libro de literatura y la libreta para poder coger apuntes, al igual que mi plumier donde guardaba mis lápices, bolígrafos, etc… Las horas de clase por la tarde se pasó bastante rápido, y entretenida. La profesora nos había comunicado de hacer una obra de teatro de Shakespeare, la conocida obra de Romeo y Julieta, cosa que hizo que los demás compañeros de clase se entusiasmaran con la propuesta. A mi simplemente me daba igual, no tenía intenciones de participar, o si me tocaba participar hacer un papel muy secundario. El timbre retumbó por todo el pasillo, dando aviso que las clases ya habían terminado por ese día, así que todos mis compañeros comenzaron a recoger sus cosas, al igual que Amy y yo. La profesora ya había abandonado el aula.
Salimos de clase, y comenzamos a caminar por los pasillos abarrotados de gente, que también se disponían para irse a casa. Bajamos las escaleras, hasta llegar al piso inferior, que daba al gran patio de nuestro colegio. Mis compañeros y otros alumnos del centro comenzaron a caminar hacia la puerta de salida del gran patio, e irse cada uno a su casa. Amy y yo también lo hicimos. Una vez que llegué afuera, me percaté de que mi hermano seguía afuera, metido en su coche esperándome.
—Naia hoy no puedo irme contigo hasta casa —me dijo mi amiga— Tengo que ir a hacer unas compras con mi madre.
—Oh vale… —respondí— Pues entonces nos vemos mañana… —le dije para comenzar a caminar, pero mi amiga me detuvo.
—¿No vas a ir con tu hermano? —me preguntó— Te está esperando en su coche.
—No —respondí— No tengo ganas de escucharlo, así que me voy yo sola por mi propia cuenta. Déjame irme antes de que se dé cuenta.
—Está bien —asintió mi amiga.
Seguí con mi camino. Por suerte, mi huida no había sido percatada por mi hermano, así que continué caminando, pero más tranquila por la calle. Crucé la calle, para cambiar de acera, dejando atrás la zona por donde se encontraba mi colegio. La calle, en ese momento, estaba vacía no pasaba ningún coche ni tampoco ninguna persona. Sentí unos pasos seguirme con prisa. Me asusté un poco y comencé a caminar más deprisa que antes. Unas manos rodearon mi cintura, para luego meterme en el interior de un callejón, que había cercano.
—Suéltame… —susurré.
—Creo que tenemos una cosa pendiente —sus ojos azules me miraron penetrantemente— Me dejaste quedar muy mal, con el desaire que me hiciste en la fiesta.
—Suéltame Dereck —exigí de nuevo.
—No… —me respondió— Hasta que tenga lo que quiero de ti.
Sentí sus labios sobre mi cuello, a la vez que metía su mano por debajo de mi falda del uniforme. Cerré los ojos, y unas lágrimas comenzaron a salir de mis ojos. No quería ser ultrajada de nuevo. Lo empujé con mis brazos, pero él era más fuerte que yo, y me pegó más a la pared de ese callejón, sintiendo la humedad de la pared sobre mi espalda.
—Déjame —lo empuje nuevamente cosa que hizo que se cabreará.
—Estate quieta —me pego una bofetada, que hizo que mi cara se girará. Atrapó mis labios con brusquedad, y me mordió el labio inferior, a la vez que sus manos comenzaban a desabrochar la camisa de mi uniforme, dejando minutos después expuesto mi sujetador. Me observó, y comenzó a besar mi escote, cerca de mis pechos— ¿Sabes…? —susurró contra mi piel— Tienes un sabor muy dulce… —siguió besándome.
—Suéltame —volví a forcejear y esta vez conseguí que se separará un poco más de mí, cosa que aproveché para comenzar a correr hacia la entrada del callejón.
—¿A dónde vas zorra? —me preguntó agarrándome de mis cabellos sueltos— No he acabado contigo.
—Socorro… —intenté gritar por si alguien se le ocurría pasar por ahí en ese momento, y venía en mi ayuda.
—Nadie te va a venir ayudar… —me dijo con una sonrisa tosca. Las lágrimas volvieron a salir por mis ojos— Ahora vamos a disfrutar tú y yo.
Sus labios volvieron a concentrarse en mi cuello, a la vez que notaba pequeñas mordidas en este. Cerré los ojos mientras que por mis ojos seguían cayendo unas cuantas lágrimas. No quería estar con él, no quería que me tocara… Sus manos se posaron sobre mis caderas, para luego pasar hasta mis piernas. Me levantó una pierna haciendo que la pusiera al lado de su cintura, pude sentir sobre mi sexo la dura erección que ya tenía debajo de sus pantalones. No tenía fuerzas para liberarme de él, otra vez me volverían a ultrajar.
—Suéltala, hijo de puta —escuché una voz grave, a la vez que separaban a Dereck bruscamente de mí. Me deje caer al suelo mientras seguía llorando.
—¿Por qué debería de hacerlo? —preguntó Dereck encarándolo.
—Porque te lo digo yo —abrí mis ojos que estaba nublados por mis lágrimas, y descubrí a mi hermano Tom. Tenía el ceño fruncido, y sus puños apretados.
—¿Y tú quién eres para impedirme que esté con ella? —preguntó Dereck en tono chulesco.
—Mucho más que tú, soy mejor persona que tú —le respondió mi hermano, hice una mueca al recordar lo ocurrido hace unas semanas— Déjala en paz. No te quiero ver cerca de ella —advirtió mi hermano Tom.
—Solo es una puta barata —sonrió Dereck con desprecio— No creo que le importe que me la folle, ¿no?
—No la vuelvas a llamar así —dijo mi hermano envuelto en ira. Uno de sus puños impacto sobre la cara de Dereck, haciendo que su nariz comenzará a sangrar.
Dereck le devolvió el puñetazo a mi hermano, haciendo que se partiera el labio, justo en la zona donde tenía su piercing en la zona izquierda. Comenzó a sangrar, pero eso no impidió que siguieran pegándose entre ellos. Cada vez los golpes eran más violentos. Sentí mucho miedo…
—¡Tom para! —le dije a mi hermano, no quería que después Dereck lo fuera a denunciar por pegarle una paliza.
—No te quiero ver cerca de ella ni un solo milímetro —dijo mi hermano de nuevo amenazante— Sino me veré obligado a tomar cartas en el asunto, y te aseguro que no saldrías bien parado —amenazó mi hermano de manera intimidante.
—No me das miedo… —susurró Dereck mirando a mi hermano con el ceño fruncido— Y tranquilo, no me voy a acercar a ella. No trato con putas…
Se levantó del suelo, y se colocó bien su ropa, para luego tocarse la mejilla y la nariz que había sido golpeada por mi hermano. Me miró con odio, para luego caminar hasta salir fuera del callejón. Seguí llorando sentada en el suelo. Mi llanto se volvió más intenso.
—Naia… —me susurró mi hermano acariciando mi mejilla. En ese momento me sentí reconfortada, lo estaba haciendo de una forma cariñosa— Tranquila, todo ha pasado. Ahora estás a salvo —sentí sus brazos fuertes rodear mi cuerpo. No me negué. Me dejé abrazar por él, sentir su calor que extrañamente me estaba haciendo sentir bien.
Continúa…
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