Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 56

By Tom

—Ya que estoy castigada por mamá —susurró contra mis labios— ¿Podemos acabar lo que empezamos? —me preguntó mirándome a los ojos.

—No creo que sea conveniente, Nai —le dije con temor. Más bien no quería que mamá se enfadara más con ella.

—Solo será un poquito, por fis… —me suplicó.

—No sé qué voy a hacer contigo —sonreí de medio lado, para luego besarle el cuello.

—¿Si quieres te lo digo yo, que es lo que tienes que hacer conmigo? —me preguntó de manera picara— Fóllame… —susurró contra mis labios.

—¿No eras tú la que antes estaba preocupada por el tamaño de mi pene? —le dije divertidamente.

—Tom no puedes ir a casa con esa erección que tienes —me dijo tratando de ser convincente— Si mamá te ve así, se preocupará porque sabe que estuvimos juntos… Pensará mal de ti.

—¿Y cómo sabes que no pensará mal de mí si consumamos el acto? —le pregunté de nuevo.

—Porque ya no tendrás tu pene erecto —me respondió con la más normal naturalidad— Simplemente…

—Eres muy lista, sabes… —le susurró al oído a la vez que le besaba el cuello.

—Tengo a quien parecerme —me respondió— Tengo dos hermanos mayores que son muy listos —me sonrió con una niña buena.

—¿Así…? —susurré contra sus labios— No los conozco.

—Son gemelos, sabes —me siguió la corriente— Uno de ellos es cantante de una banda internacionalmente conocida, y mi otro hermano es el guitarrista, aunque se le conoce más por su afición al sexo. Se hace llamar el dios del sexo.

—Vaya… que casualidad a mí también me llaman así —sonreí para luego morderle el lóbulo de la oreja— Tu hermano y yo tenemos muchas cosas en común.

—Sí… —me sonrió— Ambos tenéis el pene muy grande.

—¿Pero… es que acaso se lo has visto? —le pregunté fingiendo que estaba escandalizado.

—Vivimos en la misma casa, compartimos el mismo baño… —me respondió sonriendo.

—¿Oye… tu hermano no se enfadará porque veas mi pene también? —me reí ante mi pregunta.

—No creo… —me respondió con naturalidad. La verdad es que, a mi hermana, si le daba muy bien jugar— Es más no creo que le importe, que juguemos un ratito a los médicos.

—¿Así…? —levanté una ceja.

—Sí, doctor —me respondió.

—¿Y dónde tiene su dolencia? —pregunté fingiendo preocupación.

—Aquí doctor… —gimió señalándome su vagina— Siento muchos calores…

—A ver… —le dije mientras dirigía mi mano hacia el interior de esta.

—Hummm… —gimió al sentir mis dedos en su interior.

—No parece que sea nada grave —le dije mirándola a los ojos— Pero le voy a recetar una sesión de sexo.

—¿Cuándo podemos empezar con la sesión doctor? —me preguntó mi hermana con impaciencia— Verá es que no aguanto con el calor que siento.

—Si quieres podemos comenzar con una sesión ahora —le sugerí.

—Muy bien, doctor —asintió mi hermana— ¿Cómo quieres que me coloqué?

—Así está bien… —susurré a la vez que agarraba las piernas de mi hermana, y las colocaba más abiertas a cada lado de mis caderas. Comencé a besarle el cuello. Mi pequeña hermana comenzó a suspirar al sentir mis labios. Finalmente, guié mi miembro hacia la entrada de su sexo, el cual fui metiendo poco a poco hasta lo metí por completo.

—Argh… —susurró mi hermana mientras que unas lágrimas comenzaban a resbalar por sus mejillas— Me duele… —musitó.

—Solo es el primer momento —le susurré para tranquilizarla— Pronto el dolor remitirá.

—¡Para! me duele mucho… —susurró.

No le hice caso, seguí con la penetración. Abracé a mi hermana haciendo que apoyara su cabeza sobre mi hombro. Fui bajando mis manos hasta que se posaron sobre sus caderas, y con mis manos comencé a impulsarla haciendo que se moviera de arriba abajo, para ir haciendo fricción entre los dos sexos. Pronto sentí como sus uñas se clavaban en mi espalda, pero seguí con los movimientos. Cada vez más me iba enterrando más en el interior de su sexo. Se separó de mí. Sus mejillas estaban completamente sonrojadas. Echó la cabeza hacia atrás, haciendo que su larga melena rubia llegará hasta donde la espalda pierde su nombre. Abría la boca intentando coger aire, a la vez que la embestía fuertemente. Aceleré el ritmo de las caderas de mi hermana sobre mi pene, para luego correrme. Minutos después se desplomaba sobre mi pecho, y la escuché sollozar.

—Nai… —susurró para luego separar su cabeza de mi pecho. Su pelo estaba empapado en sudor, y sus ojos azules se habían vuelto cristalinos— ¿Qué te pasa, princesa?

—No he estado a la altura, ¿verdad? —musitó a la vez que unas lágrimas finas caían por sus mejillas— No he sabido complacerte…

—Nai… no digas tonterías… —le dije a la vez que secaba sus lágrimas con mis dedos pulgares.

—No he soportado el dolor… —susurró completamente apenada.

—Nai eso no tiene importancia —acaricié cariñosamente sus mejillas— Lo importante es que te quiero, y hemos estado haciendo el amor…

—Pero no te he satisfecho… —dijo con preocupación.

—Escúchame bien, pequeña mía —le dije mirándola fijamente— No todas las mujeres reaccionan igual en sus primeras relaciones sexuales. Hay mujeres que necesitan de varias veces para poder tener relaciones plenamente completas…

—Te quiero… —me susurró a la vez que hipaba. Se abrazó de nuevo a mí.

—Yo también te quiero princesa… —le susurré al oído.

Minutos después estábamos vistiéndonos, para regresar a casa. Naia había dejado de llorar, y se había lavado la cara para borrar todo rastro de sus lágrimas. Cogió del suelo su mochila, y se la puso a la espalda. Tenía una forma graciosa a la hora de caminar. Se notaba que iba caminando con las piernas abiertas, seguramente por las molestias que tenía en su interior.

—Camina más natural, Nai —le dije una vez que salimos al pasillo, y cerré la puerta del apartamento para luego caminar hacia el ascensor— Como sigas caminando así, mamá se dará cuenta de que te pasa algo.

—No soy capaz de caminar de otra forma —me miró rodando los ojos— He tenido tu pene en mi interior, y casi me partes en dos… —dijo molesta.

—No exageres… —le dije mirándola— Además fuiste tú la que insististe.

—No pensé que me iba a doler tanto… —susurró cabizbaja.

—Vamos entra en el ascensor—le dije una vez que el ascensor abrió sus puertas.

Entramos en el interior de este, y después marqué la planta del garaje. En los pocos minutos que duró la bajada en ascensor, estuvimos en completamente en silencio. Las puertas se abrieron nuevamente y caminé hacia la plaza de garaje donde se encontraba mi coche aparcado. Abrí la puerta, para luego meterme en el interior de este junto con mi hermana. Arranqué el coche, y salimos del edificio rumbo hacia la casa de nuestra madre. Durante todo el trayecto, Naia se quedó mirando en silencio por la ventana. En cierto modo, me sentía culpable por haberle provocado ese dolor, pero sabía que tardaría un par de veces hasta que dejara de tener molestias. Tras unos veinte minutos de trayecto, por fin llegamos a la casa de nuestra madre. Aparqué el coche en el garaje, y salimos ambos del coche en dirección al interior de la casa. Mi hermana seguía caminando de forma rara.

—¡Naia Kaulitz! —tan pronto abrimos la puerta escuché el grito de nuestra madre. Estaba realmente enfadada— Qué sea la última vez que te desapareces durante todo el día. La próxima vez avisa que no vienes a comer. He estado preocupado durante toda la tarde por ti.

—Lo siento… —susurró mi hermana de manera cabizbaja a la vez que caminaba a paso lento. Su cara mostraba la expresión del dolor.

—Ha sido culpa mía, mamá —intenté mediar por mi hermana. No quería que la castigarán más de lo que estaba— La invite a comer, y se me olvidó avisarte…

—Eso no justifica que llegué a estas horas… —dijo mamá mirando a mi hermana con enfado.

—Después estuvimos viendo una película, y cuando acabamos de ver la película fuimos a tomar algo —intenté justificarla con una pequeña mentira.

—Está bien… —la expresión de la cara de mamá se relajó, ahora no parecía tan enfadada. Mi hermana siguió caminando hacia las escaleras— Hija… ¿Qué te pasa? —preguntó mamá al ver a mi hermana— Estás caminando de una forma rara…

—Es que me he caído, pero no ha sido nada grave —respondió mi hermana para luego seguir subiendo las escaleras, las cuales iba subiendo con cuidado.

—No te demores mucho en bajar, que la cena se os enfría —dijo mamá a mi hermana.

Entré en el interior de la cocina, junto con mi madre. Allí ya estaban Gordon y Bill cenando.

—¡Hey! —dijo Bill intentando llamar mi atención— ¿Dónde has estado metido durante toda la tarde? —me preguntó— Pensé que regresarías al estudio de grabación.

—Tuve que hacer unos asuntos —le susurré.

—¿Qué asuntos? —me preguntó Bill curioso.

—Asuntos privados —le respondí. No le iba explicar que me había estado follando a nuestra hermana pequeña.

Minutos después, Naia entró en la cocina. Nos quedamos mirándola fijamente.

—¿Enserio que no ha sido nada? —preguntó nuestra madre insistentemente al ver a mi hermana caminar de esa manera.

—No te preocupes mami —dijo mi hermana intentando aparentar tranquilidad, a la vez que tomaba asiento en la silla— ¡Auch…! —se quejó susurrando.

—¿Qué te ha pasado en el labio Tom? —preguntó ahora mamá fijándose en mí— ¿Dónde tienes tu piercing?

—Tuve un pequeño percance, nada más —le dije sin dar ningún detalle más.

—¿No os habréis peleado? —preguntó nuestra madre mirándonos inquisitivamente.

—¡No…! —respondimos a la vez. Naia se ruborizó por completo.

—Está bien… —susurró mamá para luego seguir comiendo de su plato.

—Parece que te han dejado bien marcada, Nai —dijo Bill mirando a nuestra hermana.

—¿Por qué dices eso? —preguntó nuestra hermana confusa.

—Te han dejado una buena marca en el cuello —sonrió Bill— ¿Has estado de novios?

—No… —respondió alarmada Naia—No es nada… —susurró mi hermana a la vez que me miraba con ojos asustados— Seguramente que me he rascado sin querer cuando me he estado cepillando el pelo…

—Y por lo visto Tom tampoco ha perdido el tiempo —comentó Gordon.

—¡Qué dices! —exclamé sobresaltado.

—¿Has estado con una gatita? —me preguntó Bill riéndose— Te ha arañado en el cuello.

—No he estado con nadie —respondí. La verdad que me lo estaba poniendo difícil.

—¿Me queréis decir, que diablos habéis estado haciendo los dos juntos? —preguntó nuestra madre perdiendo la paciencia.

—Jugando a las cartas… —respondió Naia intentando salvar la situación.

—Y como Naia perdió pues se puso muy enfadada y peleó un poco conmigo —intenté decir una buena excusa— Por eso tengo ese pequeño arañazo.

—Y porque no me habéis dicho desde un primer momento que os habíais peleado, cuando os pregunté —nos miró seria mamá.

—No queríamos preocuparte… —susurró Naia.

—Es que siempre igual… Siempre peleando… —dijo mamá mostrando hastío— La verdad Tom ya tienes veintitrés años podías tener un poco más de sentido común, ¿no? —me miró con ojos penetrantes— Y tu Naia no eres una niña pequeña, para tener esos arranques infantiles.

—Lo siento… es que no me gusta perder —respondió mi hermana a mi madre.

—No quiero que se vuelva a repetir… —advirtió nuestra madre.

Nos quedamos en silencio, y continuamos cenando. Después de cenar, Gordon se fue al salón a ver un poco la televisión junto con Bill, y yo les seguí dejando a mamá y a Naia juntas en la cocina. Poco después, Naia salió de la cocina, y se sentó al lado mía en el sofá. Los vellos de mi piel se erizaron con solo notar su contacto. A los pocos minutos, mamá salió de la cocina.

—Naia deberías ir a hacer los deberes —dijo mi madre en plan sargento— Ya que has estado toda la tarde de holgazana, deberías de ir a tu habitación y acabar de hacerlos.

—Jolines… mamá —se quejó mi hermana— Están echando una película interesante…

—Ni jolines ni hostias —respondió mi madre enfadada— A tu habitación a estudiar y acabar de hacer los deberes.

—Está bien… —susurró mi hermana para luego levantarse del mi lado, y dirigirse hacia las escaleras.

—Y nada de estar conectada en el ordenador —advirtió nuestra madre.

Seguimos viendo la televisión hasta que la película acabó, y eso fue cerca de la medianoche pasada. Deseé buenas noches a mi hermano y a mis padres, y me encaminé hacía mi habitación. Entré en el interior de ella, para luego cerrar la puerta, y dirigirme hacia mi cama. Me comencé a desnudar, para luego quedarme en bóxer. Me metí en el interior de mi cama, y me tapé con la sábana de mi cama. Apagué la luz dispuesto a dormir. Una sonrisa tonta se me puso en los labios al recordar lo que me había dicho mi hermana por la tarde. Ella me amaba, y eso me hacía inmensamente feliz. A pesar de todo lo que le hice, ella me amaba, a partir de ahora tendré que cuidar más de ella para evitar que sufra. A los pocos minutos, el sueño me empezó a vencer, tanto es así que comencé a soñar con la voz de mi hermana.

—Tomi… —la escuché susurrarme al oído— Despierta… —yo seguí con los ojos cerrados durmiendo tranquilamente, disfrutando del recuerdo de sus labios, del tacto suave de su piel. Ese sueño era tan real que casi notaba como mi hermana estaba besando. Abrí los ojos y descubrí que no estaba solo en mi habitación.

—¿Naia que haces aquí? —pregunté confundido, y la voz media ronca.

—¿Puedo dormir esta noche contigo? —me preguntó inocentemente a la vez que se mordía el labio inferior.

—Sabes que si te pillan saliendo de mi habitación por la mañana sospecharán —le dije mirándola. En la cena casi nos descubren, menos mal que mi hermana y yo conseguimos salvar la situación.

—Me despertaré antes, y me iré a mi habitación —me respondió— Por fis…

—Ven aquí… —le dije abriéndole mi cama, para que se tumbará al lado mía. Ella enseguida se acercó con sigilo a la cama, para luego tumbarse— ¿Cómo te encuentras pequeña? —le pregunté a la vez que posaba mi mano sobre su vientre y se lo acariciaba.

—Dolorida… —respondió.

—La próxima vez ya no te dolerá tanto… —le susurré mientras le acariciaba sus mejillas. El aliento rozaba la piel de su cara.

—Tomi… —susurró mirándome fijamente— Bésame…

Acaricié cariñosamente sus mejillas, que se habían vuelto sonrojadas, para luego poco a poco irme acercando a sus labios. Mi hermana cerró sus ojos, al sentir el contacto de mis labios. Entreabrió sus labios para dejar paso a mi lengua, que comenzó a juguetear con la suya. Sus manos suaves comenzaron a acariciar mi espalda desnuda. El beso se volvió más efusivo. Nos separamos para coger aire.

—Te quiero… —me susurró mi hermana, a la vez que me acomodaba mejor encima de ella— Esto parece un sueño… —confesó— Tomi… abrázame —me pidió. A la vez que se le comenzaban a cristalizarse sus ojos.

—Pequeña… —susurré al ver como sus ojos se humedecían— ¿Qué te ocurre?

—Te he extrañado tanto estos años… —susurró— Que me parece increíble que ahora te tenga de vuelta junto a mí, y de esta forma…

—No es un sueño, pequeña —le susurré— Estoy aquí contigo.

Besé sus labios nuevamente, saboreando lentamente la dulce miel de estos. Sus manos tímidas e inexpertas comenzaron a acariciar mi abdomen, hasta que finalmente se posaron en mi culo, el cual comenzó a acariciar también. Sentí mucho calor en mi interior. Mi virilidad se estaba empezando a endurecer, pero sabía que no podría tener sexo con ella por dos razones muy lógicas. Ella estaba completamente adolorida, y nuestros padres estaban en casa.

—Será mejor que dejes de tocarme en esa parte —le advertí susurrando a mi hermana contra sus labios. Ella se rió a la vez que seguía besando los míos— Lo digo enserio… —le dije fingiendo seriedad— Sino no seré capaz de responder de mis acciones…

—No seas aguafiestas, Tomi —me susurró a la vez que seguía acariciando mi cuerpo.

—Está bien tú lo has querido así —le dije advirtiéndole. Ella me miró confusa, a la vez que me movía y me metía debajo de las sábanas.

—Tomi… —susurró con aire confuso.

Continúa…

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por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

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