Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 59

By Naia

—No… —susurré mirándole con el ceño fruncido. No sé dónde saque fuerzas para empujarle, le cogí desprevenido, haciendo que se cayera sobre un sillón individual que había en el salón. Para luego sentarme encima de él, sin darle opciones a levantarse.

Atrapé nuevamente sus labios, para luego separarme de estos, y atrapar un trocito de piel de su cuello, el cual comencé a succionar y dejar pequeñas mordidas. Un suspiró salió de su garganta, notaba que se estaba poniendo bastante excitado, lo sabía porque notaba como su miembro se estaba medio endureciendo debajo de sus pantalones.

—Naia para —me ordenó a la vez que me miraba con el ceño fruncido.

—No me da la gana de parar —le respondí de manera molesta. Estaba cansada de siempre obedecer órdenes, y le iba a demostrar que ahora era yo quien mandaba en ese momento— Ahora las reglas del juego las pongo yo —le susurré. Mi hermano me miró alzando sus cejas.

Volví a pegar mis labios sobre su cuello, a la vez que mis manos comenzaban a acariciar su abdomen. Sentí sus abdominales bien trabajadas sobre mis dedos. Seguí besándole, disfrutando del sabor de su piel, quería memorizarla por completo, aunque mis besos eran torpes, y mis caricias inexpertas.

—Espera… —me susurró contra mis labios. Lo miré con atención— Así no… —me susurró para luego acercarse a mí, y comenzarme a besar con más intensidad— Así es como se hace… —me mordió el labio inferior, emití un pequeño gemido casi inaudible. Sentí como sus manos comenzaban a acariciar mis piernas. Cerré los ojos al sentir el placer recorrer mi cuerpo. Mi piel comenzó a erizarse al tacto de sus manos— Me parece que te voy a tener que enseñar unas cuentas cosas, princesa… —me susurró haciendo que me ruborizada por completo. ¿Cómo podía ser tan sensual, tan atrayente? ¡Dios, que hombre!

—Te quiero… Te quiero… —le dije eufórica abrazándome fuertemente a él, a la vez que empezaba a darle besos por toda su cara— Tu barba me hace cosquillas —le susurré sonriendo. Volví a besarle de una manera desesperada— Me vas a tener que dar muchas clases particulares de anatomía… —dije de manera divertida, a la vez que sonreía. Y doy por seguro que mi hermano sería un gran profesor, para aprender todas las artes sobre el sexo y los placeres lujuriosos de la vida.

—Sí… —susurró a la vez que sentía como sus manos acariciaban mi espalda.

—¿Y si empezamos ahora mismo con las clases? —le pregunté coquetamente. Ansiaba enormemente, sentirlo en mi interior, para poder descubrir la sensación que se siente al ser penetrada.

—Creo que tendremos que dejarlas para otro día, Nai —me dijo a la vez que miraba su reloj— Son las siete de la tarde, mamá se enfadará si llegas tarde. Recuerda que no has ido a comer a casa —siempre tenía que estropear los bonitos momentos.

—Eso no me importa ahora —le dije molesta, no deseaba regresar a casa ahora misma. Lo único que quería era tener sexo con él— Le diré que he pasado contigo toda la tarde —le sonreí. Y la verdad es que no iba a mentirle a mamá, pero claro omitiría los detalles de lo que habíamos estado haciendo— No creo que se enfade porque este contigo. Eres mi hermano mayor…

—En eso tienes razón —me respondió mi hermano.

—Pero ahora… no quiero que te comportes como mi hermano mayor —le susurré provocativamente a la vez que comenzaba a juguetear con mi dedo índice sobre su pecho, hasta que finalmente bajé al inicio de sus pantalones. Juguetonamente comencé a acariciar su entrepierna, con ansiedad, no podía esperar a tenerla en mi interior.

—Naia mejor no… —me susurró.

—Sí… —le respondí molesta— Hazme tuya de nuevo —supliqué sobre sus labios— Sino tendré que utilizar mis artes seductoras…

—¿Así…? —me preguntó sonriendo de manera seductora— ¿Cómo dices que serán tus artes seductoras? —me quedé unos segundos en silencio, la verdad es que no tenía ni idea de cuales serían mis artes para seducirlo. Así que decidí improvisar a su pregunta.

—Estas… —le susurré a la vez que comenzaba a besar sus labios de nuevo. Me separé de él, para luego comenzar a desabrocharme los botones de mi blusa, mostrando mi sujetador. Me la quité, para luego tirarla al suelo. Mi hermano me observaba atentamente, sentí mis mejillas arder, me estaba devorando con sus ojos. Me levanté de encima de sus piernas, y me quité también la falda de mi uniforme, quedándome solo con mi ropa interior. Me senté de nuevo encima de él, a la vez que colocaba mis manos alrededor de su cuello. Lo besé de nuevo, a la vez que comenzaba a moverme encima de él, en un ligero vaivén rozando mi pelvis contra la suya. Sintiendo como su miembro comenzaba a tener presencia debajo de sus pantalones.

Sus manos comenzaron a acariciarme mi espalda, mientras seguíamos devorándonos a besos. Con sus dedos ágiles y expertos desabrochó mi sostén, dejando por completo expuestos mis pechos. Sus dientes agarraron uno de mis pezones, para comenzar a jugar con él. De mi garganta salió un profundo jadeo. Me sentía completamente excitada, tanto era así que sentí mis braguitas humedecidas. Nos levantamos del sillón, me agarré fuertemente al cuello de mi hermano, a la vez que nos seguíamos besando de forma desesperada. Con pasos torpes, mi hermano consiguió llegar a su habitación, la misma donde habíamos yacido juntos la noche de su cumpleaños. Caímos sobre su cama, para luego separarse de mí y quitarse su camiseta mostrándome sus pectorales y abdominales perfectamente trabajados. Me mordí el labio inferior, y comencé a recorrerlos con mi dedo índice disfrutando de su textura tersa. Abandoné los abdominales para luego dirigir mis dedos al comienzo de su pantalón. Los comencé a desabrochar. Lanzó sus pantalones al suelo, quedándonos ambos en ropa interior. Atrapó mis labios, jugueteando con mi lengua con la suya propia. El deseo se estaba empezando a encender por completo en mi cuerpo.

—¿Preparada para tu primera clase de anatomía? —me preguntó susurrándome al oído, para después besarme el cuello, a la vez que sus manos comenzaban a acariciar mi cuerpo, dándome caricias de fuego.

—Sí… —susurré emitiendo un pequeño gemido. Mis manos fueron bajando su bóxers, necesitaba sentirlo en mi interior urgentemente.

Sus manos comenzaron a deslizar mis braguitas, hasta que finalmente logró quitármelas completamente. Ahora, ambos estábamos desnudos. Observé su cuerpo, hasta que finalmente posé mis ojos hacía donde estaba su miembro completamente erecto. Abrí los ojos desmesuradamente, las leyendas urbanas de que mi hermano estaba bien dotado, eran verdad. Ese me hizo pensar, que tendría su pene en mi interior, y me dolería por su gran tamaño.

—¿Qué pasa Nai? —me preguntó mientras que no dejaba de ver su miembro erecto— Nunca miento… Lo sabes… —me susurró— Siempre he dicho que estoy bien dotado…

—¿Qué es una pistola o tu miembro? —le pregunté con nerviosismo, con una risa tonta. La verdad es que sentía bastante asustada, por todo lo que iba a ocurrir posteriormente— A caso me quieres matar con ella.

—Sí —me susurró riéndose ante mi reacción— Te voy a matar a polvos —me dijo para luego atrapar mis labios nuevamente, a la vez que me tumbaba en la cama poniéndose encima de mí por completo.

—Es que es muy grande —dije todavía impresionada.

—Pero si es inofensiva —me dijo riéndose— Anda tócala —me agarró mi mano para luego ponerla encima de su pene— Ahora mueve la mano —lo miré confusa, así que mi hermano me agarró la mano para comenzar a ponerla sobre su pene— Oohhh… —un suspiró salió de la boca de mi hermano. Tenía los ojos cerrados.

—Tiene un tacto suave —susurré ruborizándome a la vez que agachaba mi cabeza. Sentía mis mejillas arder.

—Escúchame bien, pequeña —me susurró levantando mi cara, para fijar sus ojos color miel en los míos— Esta cosita te hará sentir muy bien, cuando la tengas dentro tuya…

—¿Me dolerá? —pregunté de manera asustadiza. Se notaba que tenía un tamaño bastante considerable, y no sabía si cabría toda entera dentro de mi sexo.

—Dolerá un poco pero luego te acostumbrarás —me respondió intentándome tranquilizar de una forma tierna, pero los nervios los tenía a flor de piel— Seré lo más cuidadoso posible.

Besó de nuevo mis labios a la vez que acariciaba mi cara, para intentarme tranquilizar. Sentí sus labios sobre mi cuello, cerré los ojos al sentir como poco a poco mi respiración se volvía más agitada. Me sentía plenamente excitada. Enredó sus piernas con las mías, a la vez que poco a poco se iba haciendo hueco entre ellas. Sentí el calor de su piel, ambos ardíamos por completo. Lo miré a los ojos, para darle la aprobación de que lo hiciera, de me hiciera suya nuevamente, pero ese momento mágico se vio frustrado cuando una melodía comenzó a sonar en el salón, concretamente era mi móvil. Me mordí el labio inferior mostrando fastidio. Es que siempre tenían que estropearme los momentos especiales.

—Mierda… —susurré con fastidio— ¿Ahora quien será? —me pregunté con enfado.

—Vete a ver quién es —me dijo mi hermano.

—No —respondí. No iba a dejar que una simple llamada de mi móvil, estropeara mi momento único y especial— Hazme tuya, Tomi —le imploré.

El sonido del móvil volvió a sonar. Mi hermano se separó nuevamente de él, para mirarme a los ojos.

—Será mejor que contestes —me volvió a decir. Suspiré frustrada.

—Está bien… —me levanté de la cama, y me dirigí hacia la puerta de la habitación para luego salir de habitación.

Caminé hacia el salón, para luego ir a coger mi mochila de clase, que era donde tenía guardado mi teléfono móvil. Abrí el pequeño bolsillo de esta, y lo saqué. Miré la pantalla, para ver quien me llamaba. Hice una mueca de fastidio, al ver que era mamá quien llamaba, seguramente me esperaba una buena reprimenda.

—¡Mamá! —dije a la vez que miraba a mi hermano con preocupación. Él acababa de llegar al salón, acercándose a mí, ya que estaba sentada en el sillón mientras hablaba con mamá.

—¿Se puede saber en dónde diablos andas metida? —escuché a mi madre decirme con enfado— ¿No has venido a casa en la hora de la comida?

— Lo siento… me olvidé de avisarte —me disculpé con mi madre.

—No quiero que se vuelva a repetir, la próxima vez avísame —me reprendió mi madre molesta— Estás castigada. Lo sabes, ¿no?

— Lo sé… —susurré afirmando. Debía de haberla avisado.

—¿En dónde estás ahora? —me preguntó con enfado— Quiero que regreses a casa ahora mismo.

—Es que estoy con Tom… —le dije intentando de suavizar su enfado.

—Me importa un pimiento, que estés con tu hermano Tom —me dijo mi madre molesta— Deja a tu hermano, y vente a casa ahora mismo.

—Está bien… —susurré con resignación. Mamá colgó su teléfono, para luego segundos después colgar el mío.

Miré a mi hermano, que me miraba de forma curiosa. Lo miré decepcionada.

—Era mamá… —susurré.

—Lo sé… —me miró intensamente con sus ojos color chocolate.

—Quiere que regrese a casa en este mismo momento —le expliqué. Me sentía frustrada— Me ha castigado, por no aparecer en todo el día. No ha servido de mucho decirle que estoy contigo… —suspiré— Odio a mamá… Me ha fastidiado el momento especial que estábamos teniendo.

—Ya tendremos otros momentos más especiales —noté decepción y tristeza en su voz— Será mejor que nos vistamos, y regresemos a casa…

—No es justo… —dije molesta.

—Anda no te quejes como una niña malcriada —me retó mi hermano a la vez que se reía.

—No te rías de mí —le miré seria, mostrando enfado.

—Anda ven aquí… —me abrazó sintiendo el calor de nuestros cuerpos, a la vez que me besaba. Caímos sobre el sillón individual, quedando encima de él, mientras que nos devorábamos en besos desesperados.

—Ya que estoy castigada por mamá —susurré contra sus labios— ¿Podemos acabar lo que empezamos? —le pregunté en forma de sugerencia.

—No creo que sea conveniente, Nai —me dijo mi hermano.

—Solo será un poquito, por fis… —le supliqué insistiendo. Total, ya estaba castigada por mamá, y no creía que me castigará más de lo estaba.

—No sé qué voy a hacer contigo —sonrió de medio lado, para luego comenzarme a besar el cuello.

—¿Si quieres te lo digo yo, que es lo que tienes que hacer conmigo? —le pregunté de forma picara. Sabía exactamente lo que quería que hiciera conmigo— Fóllame… —susurré contra sus labios.

—¿No eras tú la que antes estaba preocupada por el tamaño de pene? —me dijo divertidamente.

—Tom no puedes ir a casa con esa erección que tienes —le dije mirando su pene completamente erecto— Si mamá te ve así, se preocupará porque sabe que estuvimos juntos… —ya que ella sabía que en esos momentos estaba con Tom— Pensará mal de ti.

—¿Y cómo sabes que no pensará mal de mí consumamos el acto? —me preguntó alzando una de sus cejas.

—Porque ya no te tendrás tu pene erecto —le respondí con naturalidad. Era verdad, según había escuchado después de mantener relaciones sexuales, al hombre se le bajaba la erección— Simplemente…

—Eres muy lista, sabes… —me susurró mi hermano al oído, a la vez que me besaba el cuello.

—Tengo a quien parecerme —le respondí de forma graciosa— Tengo dos hermanos mayores que son muy listos —sonreí poniendo cara de niña buena.

—¿Así…? —susurró mi hermano contra mis labios— No los conozco —me siguió el juego.

—Son gemelos, sabes —le seguí explicando, siguiendo con el juego que había iniciado— Uno de ellos es cantante de una banda internacionalmente conocida, y mi otro hermano es el guitarrista, aunque se le conoce más por su afición al sexo. Se hace llamar el dios del sexo —lo miré de reojo al acabar de decir esas palabras.

—Vaya… que casualidad a mí también me llaman así —sonrió provocativamente a la vez que me mordía el lóbulo de la oreja— Tu hermano y yo tenemos muchas cosas en común.

—Sí… —le sonreí— Ambos tenéis el pene muy grande.

—¿Pero… es que acaso se lo has visto? —me preguntó de forma escandalizada.

—Vivimos en la misma casa, compartimos el mismo baño… —le respondí sonriendo. Entre mi hermano y yo no había secretos.

—¿Oye… tu hermano no se enfadará porque veas mi pene también? —me preguntó riéndose.

—No creo… —respondí— Es más no creo que le importe, que juguemos un ratito a los médicos —le dije con voz melosa a la vez que me restregaba en él.

—¿Así…? —levantó una ceja. Se veía tan sensual, tan provocativo…

—Sí, doctor —le respondí fingiendo preocupación.

—¿Y dónde tiene su dolencia? —me preguntó fingiendo estar preocupado.

—Aquí doctor… —gemí señalando mi vagina— Siento muchos calores…

—A ver… —me susurró a la vez que notaba su mano rozarme el interior de esta.

—Hummm… —gemí de nuevo al sentir sus dedos en su interior. Se sentía tan bien, no veía el momento de poder disfrutar plenamente de él.

—No parece que sea nada grave —me dijo mirándome penetrantemente a los ojos— Pero le voy a recetar una sesión de sexo.

—¿Cuándo podemos empezar con la sesión doctor? —le pregunté ansiosa e impaciente— Verá es que no aguanto con el calor que siento.

—Si quieres podemos comenzar con una sesión ahora —me sugirió provocativamente.

—Muy bien, doctor —asentí— ¿Cómo quieres que me coloqué? —pregunté alzando una ceja.

—Así está bien… —me susurró a la vez que mi hermano me agarraba mis piernas, y las situaba a cada lado de mis caderas, abriéndolas más. Sentí los labios de mi hermano sobre mi cuello, cerré los ojos a la vez que comenzaba a suspirar más intensamente. Sentí como introducía su pene en el interior de mi vagina. Apreté fuertemente la mandíbula.

—Argh… —susurré mientras que las lágrimas comenzaban a escurrirse por mis mejillas, por más que las quisiese controlar. Comencé a sentir un dolor intenso, desgarrador en mi interior, pero a la vez era placentero. Mi corazón latía fuertemente, quizás por el nerviosismo que sentía en ese momento— Me duele… —musité.

—Solo es el primer momento —me susurró para tranquilizarme— Pronto el dolor remitirá.

—¡Para! —no soportaba el dolor, me estaba partiendo en dos— Me duele mucho… —susurré tratando de que parara.

Continúa…

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por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

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