Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 60

By Naia

No me hizo caso, siguió penetrándome, a la vez que comenzaba a moverse ligeramente. Sentí sus brazos rodear mi espalda, para luego hacerme apoyar mi cabeza sobre su hombro. Luego sus manos rodearon mis caderas, para luego hacerme mover sobre su pene. Clavé mis uñas en su espalda, cada vez que profundizaba más su penetración. Eché la cabeza hacia atrás, sentía mucho calor. La respiración me estaba comenzando a faltar, sintiendo como aumentar el ritmo de sus embestidas. Sentí una explosión, como si fueran fuegos artificiales en mi interior. Me apoyé sobre su pecho, a la vez que me ponía a llorar desconsoladamente.

—Nai… —me susurró para luego separar mi cabeza de su pecho. Sentía como las lágrimas caían por mis mejillas, y mi pelo se me pegaba por completo en la cara— ¿Qué te pasa, princesa? —me preguntó con preocupación.

—No he estado a la altura, ¿verdad? —musité completamente decepcionada, mientras que las lágrimas seguían empapando mis mejillas— No he sabido complacerte…

—Nai… no digas tonterías… —me dijo a la vez que secaba mis lágrimas con sus dedos pulgares.

—No he soportado el dolor… —susurré apenada. Soy una debilucha, no he sabido aguantar el dolor, ni he sabido complacerlo sexualmente.

—Nai eso no tiene importancia —acarició mi mejilla cariñosamente— Lo importante es que te quiero, y hemos estado haciendo el amor… —sus palabras sonaban tan bonitas, cuando trataba de hacerme sentir mejor, pero yo sabía que lo había decepcionado.

—Pero no te he satisfecho… —volví a decir con preocupación.

—Escúchame bien, pequeña mía —me levantó mi rostro para mirarme fijamente— No todas las mujeres reaccionan igual en sus primeras relaciones sexuales. Hay mujeres que necesitan de varias veces para poder tener relaciones plenamente completas…

—Te quiero… —susurré a la vez que me sorbía mis propias lágrimas, para luego abrazarme fuertemente a él.

—Yo también te quiero princesa… —me susurró al oído. Entre sus brazos me sentía tan reconfortada, que el mal trago que había pasado casi se estaba esfumando.

Deshice el contacto, que mantenía con mi hermano, para luego sentarme mejor sobre sus piernas. Las molestias seguían estando presentes en mi vagina. Me levanté de sus piernas para irme a la habitación a recuperar mis braguitas, y después vestirme. Debíamos regresar a casa. Me lavé la cara en el baño, para borrar el rastro de mis lágrimas, mientras que mi hermano acababa de vestirse. Regresé al salón, donde cogí mi mochila que estaba tirada en el suelo, para ponerla sobre mi espalda. Segundos después, mi hermano apareció completamente vestido, cogió las llaves de su coche y de su apartamento para salir del apartamento. Mientras iba caminando, sentía bastantes molestias, así que separé un poco las piernas haciendo que caminará de una forma rara y graciosa.

—Camina más natural, Nai —me dijo una vez que salimos al pasillo— Como sigas caminando así, mamá se dará cuenta de que te pasa algo —me advirtió a la vez que caminábamos hacia los ascensores.

—No soy capaz de caminar de otra forma —le respondí de forma molesta, rodando los ojos— He tenido tu pene en mi interior, y casi me partes en dos… —le recalqué molesta. Como iba a imaginarme, que tal arma iba a hacerme tanto daño en el interior de mi sexo.

—No exageres… —me respondió mirándome fijamente— Además fuiste tú la que insististe —me dijo de manera acusadora.

—No pensé que me iba a doler tanto… —susurré cabizbaja.

—Vamos entra en el ascensor —me dijo una vez que el ascensor abrió sus puertas por completo.

Entramos en el interior del ascensor. Estuvimos en completo silencio. A los pocos minutos, las puertas se abrieron y accedimos al garaje. Caminamos hacia donde mi hermano tenía el coche aparcado. Entramos en el interior del coche, y salimos del garaje, en dirección a casa. Durante todo el trayecto, estuve mirando por la ventana. La verdad es que no sabía, de que hablar con mi hermano, me sentía muy cohibida. Algo en mi interior, me decía que lo que habíamos acabado de hacer en su apartamento no estaba bien, tenía miedo que mamá en cuanto llegará a casa, me escaneará con sus ojos, y llegase a descubrir lo que realmente había pasado. Tras unos veinte minutos, llegamos a casa. Mi hermano metió el coche en el garaje, y luego nos dirigimos hacia el interior de la casa.

—¡Naia Kaulitz! —mi hermano abrió la puerta de casa, y escuché el grito de nuestra madre que iba dirigido a mí. Estaba muy enfadada— Qué sea la última vez que te desapareces durante todo el día. La próxima vez avisa que no vienes a comer. He estado preocupada durante toda la tarde por ti.

—Lo siento… —susurré de forma cabizbaja a la vez que caminaba a paso lento. Sentía dolor.

—Ha sido culpa mía, mamá —mi hermano intentó mediar por mí— La invite a comer, y se me olvidó avisarte…

—Eso no justifica que llegué a estas horas… —dijo mamá mirándome con enfado.

—Después estuvimos viendo una película, y cuando acabamos de ver la película fuimos a tomar algo —siguió explicando mi hermano.

—Está bien… —al parecer las palabras de mi hermano habían dado sus frutos, porque la expresión de la cara de mamá se relajó, ahora no parecía tan enfadada. Me dirigí hacia las escaleras caminando a paso lento— Hija… ¿Qué te pasa? —me preguntó. Lo sabía, soy tan mala que no soy capaz de disimular bien. Nos ha descubierto… Estoy muerta— Estás caminando de una forma rara…

—Es que me he caído, pero no ha sido nada grave —respondí de una forma rápida intentando sonar convincente, aunque me sentía un poco nerviosa, mientras seguía subiendo las escaleras con cuidado.

—No te demores mucho en bajar, que la cena se os enfría —dijo mamá antes de que desapareciera escaleras arriba.

Entré en mi habitación, para luego sentarme en mi cama. Puse una mueca de dolor, al sentarme, una punzada intensa y desgarradora invadió mi interior. No sabía que tener sexo fuera tan doloroso… Salí de mi habitación, y me dirigí al baño. Tenía la vejiga llena. Entré en el interior de este, para cerrar la puerta por dentro. Me dirigí hacia el retrete, para luego sentarme sobre él. Observé que mis braguitas tenían sangre. Me asusté, por un momento, aunque pensé que eso era normal ya que mi sexo había sometido a una presión inusual a la que no estaba acostumbrado. Me quedé pensando en un momento, en lo que habíamos hecho mi hermano y yo, aunque me había hecho mucho daño, paradójicamente me sentía muy bien teniéndolo así de esa forma. Me sentía culpable porque era mi hermano, y era el único que conseguía revolucionarme por completo. Nunca pensé que le pudiera gustar a alguien como a mi hermano Tom. Él era el típico mujeriego, que andaba detrás de cada chica que miraba, en cambio desde que empezó a sentir cosas por mí, dejó a su novia, para intentar tener algo conmigo, aunque en un principio fue un poco obsesivo. Sonreí tontamente, al recordar sus caricias que habían quedado tatuadas en mi cuerpo. Ansiaba enormemente volverlo a sentir de esa forma esa misma noche.

Salí del baño, para luego caminar hasta las escaleras. Comencé a bajarlas, para dirigirme a la cocina. No quería que mamá se enfadara conmigo más de lo que estaba. Entré en el interior de la cocina, todos se quedaron mirándome.

—¿Enserio que no ha sido nada? —me preguntó mamá insistentemente al verme entrar por la cocina. Seguía teniendo molestias, y mi forma de caminar seguía siendo rara.

—No te preocupes mami —dije intentando aparentar tranquilidad, a la vez que tomaba asiento en mi silla— ¡Auch…! —no pude evitar soltar un pequeño quejido.

—¿Qué te ha pasado en el labio Tom? —preguntó ahora mamá a mi hermano— ¿Dónde tienes tu piercing? —esto pintaba muy mal. Mamá empezando un interrogatorio, del cual no saldríamos vivos los dos.

—Tuve un pequeño percance, nada más —respondió sin dar ningún tipo de detalle.

—¿No os habréis peleado? —preguntó mamá mirándonos inquisitivamente a mi hermano y a mí.

—¡No…! —respondimos a la vez. Sentí como mi cara ardía por completo.

—Está bien… —susurró mamá para luego seguir comiendo de su plato.

—Parece que te han dejado bien marcada, Nai —dijo mi hermano Bill, a la vez que me miraba fijamente en el cuello. Seguramente que el estúpido de mi querido hermano Tom, me había dejado una marca que se podía ver a simple vista. En ese momento me sentí avergonzada, no sabía dónde esconderme, porque mamá comenzaría con sus preguntas nuevamente tipo inspector Gadget. Tenía que pensar en una excusa perfecta, que me hiciera salir del paso.

—¿Por qué dices eso? —preguntó haciéndome la desentendida, mientras pensaba en una posible excusa.

—Te han dejado una buena marca en el cuello —sonrió mi hermano Bill— ¿Has estado de novios? —será chismoso.

—No… —respondí apresuradamente—No es nada… —susurré a la vez que miraba a mi hermano Tom con ojos asustados— Seguramente que me he rascado sin querer cuando me he estado cepillando el pelo…

—Y por lo visto Tom tampoco ha perdido el tiempo —comentó ahora papá. Se habían aliado para dejarnos en evidencia.

—¡Qué dices! —exclamó mi hermano Tom sobresaltado.

—¿Has estado con una gatita? —preguntó Bill riéndose a Tom. La verdad es que mi hermano Bill tenía bastante humor— Te ha arañado en el cuello.

—No he estado con nadie —respondió mi hermano Tom mostrándose molesto, ante el comentario de nuestro hermano Bill.

—¿Me queréis decir, que diablos habéis estado haciendo los dos juntos? —preguntó nuestra madre mirándonos a mi hermano y a mí de manera recriminatoria.

—Jugando a las cartas… —respondí diciendo lo primero que se me ocurrió por la cabeza. Mamá estaba sospechando y eso estaba pintando muy mal.

—Y como Naia perdió pues se puso muy enfadada y peleó un poco conmigo —me ayudó mi hermano añadiendo más detalles. Ahora había que esperar a que mamá se creyera nuestra mentira— Por eso tengo ese pequeño arañazo.

—Y porque no me habéis dicho desde un primer momento que os habíais peleado, cuando os pregunté —dijo mamá mirándonos de manera seria y enfadada.

—No queríamos preocuparte… —susurré.

—Es que siempre igual… Siempre peleando… —dijo mamá mostrando hastío— La verdad Tom ya tienes veintitrés años podías tener un poco más de sentido común, ¿no? —dijo mirando de manera intensa a mi hermano Tom— Y tu Naia no eres una niña pequeña, para tener esos arranques infantiles.

—Lo siento… es que no me gusta perder —respondí.

—No quiero que se vuelva a repetir… —nos advirtió nuestra madre a los dos.

Nos quedamos en silencio, y continuamos cenando. Cuando acabamos de cenar, nuestro padre se fue al salón con Bill para ver la televisión, al igual que Tom. Me quedé sola en la cocina ayudando a mamá a recoger la mesa.

—Tu comportamiento está dejando mucho que desear últimamente —me dijo mamá con enfado a la vez que comenzaba a fregar los platos.

—Lo siento… —respondí apenada— No se volverá a repetir…

—Eso espero, porque te recuerdo Naia que estás castigada durante una buena temporada —me recordó mamá muy molesta— Hasta que no mejore tu comportamiento, seguirás castigada.

—No es justo… —me quejé acabando de secar unos cubiertos.

Cuando acabé de ayudar a mamá, salí de la cocina, y me senté en el sofá a lado de mi hermano Tom. Sentí un pequeño escalofrío al notar el roce de su mano con mi pierna. Estaban echando una película bastante interesante, y prometía bastante el argumento. A los pocos minutos, mamá salió de la cocina, sentándose en uno de los sillones individuales.

—Naia deberías ir a hacer los deberes —me dijo mi madre en plan autoritario. Odiaba cuando se ponía de esa forma— Ya que has estado toda la tarde de holgazana, deberías de ir a tu habitación y acabar de hacerlos —me ordenó.

—Jolines… mamá —me quejé. La película se estaba poniendo muy interesante, y quería saber como iba a acabar— Están echando una película interesante…

—Ni jolines ni hostias —respondió mamá con más enfado todavía— A tu habitación a estudiar y acabar de hacer los deberes.

—Está bien… —susurré frustrada. Odiaba ser la pequeña de la familia, mamá siempre estaba ordenando en mí. Me levanté del sofá, y comencé a caminar hacia las escaleras.

—Y nada de estar conectada en el ordenador —me advirtió mamá.

Seguí subiendo las escaleras de manera cabreada. Mamá me había fastidiado mandándome hacer los deberes. Siempre tenía que estropear mis planes. Entré en mi habitación, dando un gran portazo, para luego rebuscar, en mi mochila, los libros de las asignaturas de las cuales tenía deberes. Me senté en el escritorio, y comencé a hacer unos problemas de matemáticas. ¿Por qué tenían que ser tan difíciles? No me enteraba de nada. Tras varios minutos garabateando en mi libreta, di por concluida la tarea de matemáticas dejándolos sin hacer. No sabía cómo hacerlos, si hubiera prestado más atención en clase seguro que ahora sabría hacerlo y mañana el profesor no me pondría un negativo por no hacerlos. Cogí el libro de historia, tenía que leerme el tema sobre la revolución francesa y hacer un pequeño resumen de lo que iba. Comencé a leer mientras que iba subrayando frases importantes para hacer el resumen. ¡Dios! Esto era súper aburrido, y por encima no podía estar en internet porque mamá me lo había prohibido, y si accedía a este podría castigarme por más tiempo. Continué haciendo mis deberes, miré el reloj y eran cerca de la una de la madrugada. Había pasado mucho tiempo desde que me había puesto hacer los deberes, y ni siquiera me había dado cuenta del paso del tiempo. Guardé mis libros y mi estuche en el interior de mi mochila, para luego quitarme el uniforme y ponerme mi pijama. Seguía teniendo molestias en mi interior, pero a la vez me sentía feliz porque lo había tenido dentro de mí, ansiaba volver a estar con él de esa misma manera.

Acabé de ponerme el pijama, y me dirigí hacia mi cama, para acostarme. Me metí en el interior de mi cama, y apagué la luz. Comencé a dar un par de vueltas para intentar quedarme dormida, pero era inútil estaba tan eufórica, que no era capaz de conciliar el sueño. Me levanté de nuevo de mi cama, y caminé hacia la puerta de mi habitación. La abrí, todo estaba silencio y oscuro. Salí de mi habitación, y caminé por el pasillo descalza, hasta que entre en el interior de la habitación de mi hermano Tom. Cerré la puerta tras de mí. Podía escuchar la acompasada y calmada respiración de mi hermano. Los rayos tenues de la luz de la luna se colaban por la ventana de su habitación, iluminación parcialmente su cuerpo, que estaba cubierto con una sábana, hasta la cintura. Observé su pecho desnudo, me acerqué lentamente hacía su cama. Era tan hermoso…

—Tomi… —susurré al oído de mi hermano— Despierta… —ansiaba tanto besarlo. Finalmente, abrió los ojos.

—¿Naia que haces aquí? —me preguntó mi hermano medio confundido.

—¿Puedo dormir esta noche contigo? —le pregunté a la vez que me mordía el labio inferior provocativamente.

—Sabes que si te pillan saliendo de mi habitación por la mañana sospecharán —me susurró mirándome intensamente con sus ojos color avellana.

—Me despertaré antes, y me iré a mi habitación —le respondí ansiosa. Deberás deseaba pasar la noche con él— Por fis…

—Ven aquí… —me dijo abriendo la cama, para luego echarse al otro lado de la cama, para que me tumbará al lado suya. Me acerqué con sigilo, para luego tumbarme con él— ¿Cómo te encuentras pequeña? —me preguntó a la vez que sentía el tacto de una de sus manos sobre mi vientre y lo acariciaba tiernamente.

—Dolorida… —respondí mientras disfrutaba de las caricias que me estaba dando.

—La próxima vez ya no te dolerá tanto… —me susurró a la vez que acariciaba mis mejillas, quedando encima de mí. Notaba como su aliento acariciaba mi cara.

—Tomi… —susurré mirándolo fijamente. Él fijó sus ojos en mí, tenían un brillo especial— Bésame…

Continúa…

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por Heiligtkt483

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