Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 62

By Naia

—No… —me giré para mirarle de frente— Siempre estuviste en contra que usará esta falda tan corta —todavía me acordaba de la escenita que me hizo el día que fuimos al centro comercial, con nuestros padres, a comprarme el uniforme escolar.

—Eso era porque no quería que ningún chico te mirará… —me susurró— Te quiero para mi solito… —sentí como mis mejillas comenzaban a arder.

—Eres un tonto, Tom —le susurré— Sabes que soy toda tuya…

—Hace un día no lo eras… —me recordó. Vale que había sido una tonta completamente, por no haber querido escuchar mi corazón, pero ahora que sabía que lo quería más que a nadie en el mundo, no deseaba separarme de él ni un solo minuto.

—Eso no me importa, ahora realmente —le susurré a la vez que pasaba mis manos por detrás de su cuello— Ahora solo quiero estar contigo —susurré contra sus labios, a la vez que poco a poco me iba acercando a ellos. Deseaba volver a besar sus labios.

Me mordió el labio inferior, provocando que de mi garganta saliera un pequeño gemido. El beso se volvió más tosco, más desesperado a la vez que nuestras lenguas jugaban entre sí. Cuando el aire dejó de existir en nuestros pulmones, nos separamos para recuperar nuestra respiración.

—Debería de castigarte, sin ningún beso por lo que dijiste hace unos minutos en la cocina—me recriminó molesto.

—Sabes que lo decía en broma… —me defendí. No quería que estuviera enfadado conmigo.

—Sí ya… —me respondió— Ahora mamá me tendrá más controlado, después de la escenita que tuvimos en mi habitación…

—Entonces tendremos que ser más precavidos —le susurré separándome de él. Mi dedo índice comenzó a recorrer juguetonamente su pecho, hasta que finalmente llegué a sus pantalones— ¿No crees? —musité comenzando a acariciar su pelvis, notando como su miembro me acogía con júbilo.

—Sí —me susurró a la vez que separaba mi mano de su pelvis— Por eso será mejor que pares de tocarme ahí abajo, no vaya a ser que se le dé por entrar a Gordon en el garaje. No podemos entretenernos más, que sino llegarás tarde a clase.

—Eres un aguafiestas, Tom —fruncí los labios molesta.

—Esa es mi parte del castigo, por lo de antes —me dijo a la vez que entraba en el interior del automóvil— ¡Vamos sube! —me ordenó, ya que me había quedado quieta, con los brazos cruzados en señal de estar molesta.

Me metí en el interior del coche de mi hermano, para luego sentarme en el asiento del copiloto. Me puse el cinturón de seguridad, bajo la atenta mirada de mi hermano. Arrancó el coche, para luego salir del garaje. Mi hermano empezó a conducir en dirección a la casa de Amy. El trayecto no nos llevaría más de cinco minutos, mientras tanto miraba pensativa por la ventana, pensando en mis cosas a la vez que mi hermano seguía con la mirada fija en la carretera.

—¿Me echarás de menos mientras esté en clase? —le pregunté a mi hermano, fijando mis ojos en él, una vez que aparte la mirada de la ventanilla— Porque yo te voy a extrañar… —le confesé. La verdad es que las horas que estuviera en clase, me sería un poco difícil en concentrarme y dejar de pensar en él. Mi hermano se había convertido en el aire que necesitaba para vivir.

—No me hará falta extrañarte, si apenas estarás unas horas en clase —me respondió mientras seguía conduciendo.

—¿Vendrás a buscarme por la tarde, cuando salga de clase? —le pregunté de nuevo. Ansiaba enormemente estar con él en su apartamento. Volver a hacer el amor con él, volver a sentirme plena como me hizo sentir el día anterior.

—La verdad es que no lo sé… —me respondió. Sentí como mi corazón se hacía añicos, yo quería pasar el máximo tiempo posible a solas con él, y en nuestra casa no podríamos conseguir a tener la intimidad, que tendríamos en su apartamento.

—Joops… —hice un puchero— Entonces no te veré hasta que llegues a casa, y eso será muy tarde…

—Lo siento, princesa —me respondió.

—Te extrañaré durante todo el día —le dije. Quería hacerle saber, que estaría pensando en él constantemente.

—Te lo compensaré en cuanto pueda —me respondió mostrándome una hermosa sonrisa. ¡Oix…! Es que me lo como a besos en este mismo momento, a no ser porque estábamos llegando a la casa de mi amiga Amy.

Mi hermano aparcó el coche al lado de la carretera, mientras esperábamos a Amy. Minutos después, mi amiga salió de su casa, mostrando cara de dormida, con su mochila a cuestas. Se acercó al coche de mi hermano, mirándonos confusa. Normalmente vamos andando a la escuela.

—Buenos días, Nai —saludó mi amiga— Buenos días, Tom —saludó a mi hermano.

—Sube al coche, Amy —le dije.

—Está bien… —asintió para luego abrir la puerta trasera del coche, y sentarse en los asientos de atrás.

—Hoy mi hermano nos acercará al colegio —le informé a mi amiga.

—Oh genial… —sonrió Amy. Mi hermano arrancó el coche, y comenzó a conducir en dirección a nuestro colegio. Nos quedamos en silencio, un silencio que era bastante incomodo a mi parecer— ¿Por cierto cómo va la grabación del disco? —preguntó mi amiga. Ella era bastante fanática del grupo de mis hermanos, y estaba deseando de que una vez por todas sacaran el nuevo disco. Ya llevaban cuatro años de retraso.

—Bien… —respondió mi hermano— Haciendo arreglos de canciones.

—Me gustaría volver al estudio de grabación —dijo Amy emocionada— Estoy ansiosa de volver a escuchar alguna de vuestras nuevas canciones.

—Lo siento… pero vas a tener que esperar a que saquemos disco, como el resto de las fans que tenemos —le respondió mi hermano en un tono un poco borde.

—Eres un borde, Tom —dijo mi amiga molesta. La verdad es que Amy no tenía pelos en la lengua, a la hora de decirle a Tom lo que pensaba de él, sin tener miedo a las consecuencias.

—Lo siento, Amy —se disculpó por la forma en la que le habló mi hermano a mi amiga— Pero es que no puedes escuchar ningún adelanto más…

—Sabe dios cuando sacareis el disco —se quejó— A este paso tendré hijos, cuando lo saquéis —me reí ante su comentario.

—No exageres —dijo mi hermano a la vez riéndose por las palabras de mi amiga. Finalmente, estacionó el coche en la acera de enfrente, donde estaba nuestro colegio— Bueno chicas, es hora de que vayáis a clase. Portaros bien —dijo mirándome. ¿Por qué me mira así? Si soy una niña muy buena, siempre me porto bien, salvo cuando se trata de tener sexo con él, entonces ahí saco mi lado oscuro y pervertido.

—Gracias por traernos, Tomi —dije a la vez que cogía mi mochila. Amy ya había salido del coche, y se encontraba afuera.

—Hasta luego, Amy —dijo mi hermano antes de que se alejará mi amiga.

—Gracias por acercarnos —dijo Amy para luego alejarse del coche, dejándonos de nuevo a solas. Me quedé unos minutos sentada en mi asiento. Moría de ganas de volverlo a besar, de sentir el roce de su piercing, que tanto me excitaba en mis labios. Me mordí el labio inferior. No podía besarle porque medio colegio se enteraría de lo nuestro.

—No vas a bajar, vas a llegar tarde —me dijo mi hermano al ver que me quedaba quieta en el asiento.

—Solo quería decirte, que estas horas que pase en la escuela van a ser interminables, y te extrañaré —confesé cursimente, mientras un rubor se instalaba en mis mejillas — Hasta luego, Tomi —me acerqué lentamente a él, para luego depositarle un beso en su mejilla derecha.

Abrí la puerta del coche, y eché a correr hacia donde se encontraba mi amiga Amy, la cual estaba esperando por mí. Mi respiración estaba completamente agitada, y mi corazón latía fuertemente. Me sentía emocionada, excitada… Mi joven corazón adolescente estaba viviendo unas experiencias únicas esos días.

—¿Te encuentras bien? —me preguntó mi amiga Amy de repente, mientras caminábamos hacia el interior del recinto escolar.

—Si… ¿Por qué? —pregunté confusa.

—Estás muy acalorada… —observó mi amiga— ¿No tendrás fiebre?

—No… —negué con la cabeza— Estoy perfectamente bien.

Seguimos caminando hacia las escaleras, que daban al interior del edificio, acompañadas de otros alumnos, que también comenzaban a subir las escaleras, para llegar a donde se encontraban las aulas. Llegamos a nuestra aula, y nos dirigimos hacia nuestros sitios. Me senté en mi pupitre, a la vez que cogía de mi mochila, el libro y la libreta, de la materia que tendríamos a primera hora. Historia… la aborrecía. Era súper aburrida, y me entraban unas ganas tremendas de dormir en esa clase. Cogí mi lápiz y empecé a hacer un dibujo en la hoja final de mi libreta. Estaba de muy buen humor, y mi mente voló rápidamente hacia otro lugar. Una sonrisa tonta se me puso en los labios, cuando empecé a recordar los besos de mi hermano. Me estaba volviendo loca de amor por él.

—¿No sabéis a quien me acabo de encontrar ahora mismo cuando entré en el colegio? —escuché decir a la pija de Brenda a sus amigas.

—No —respondió una de sus amigas— ¿A quién? —seguí haciendo mi dibujo, sin prestar atención a lo que decían. Me importaba un rábano de lo que hablarán.

—Al mismísimo Tom Kaulitz… —emitió un gritito de emoción, que hizo que me desconcentrará de mi dibujo. Esa harpía había estado con mi hombre… —Estuvimos hablando, y me besó… —si anda y me lo creo, dije para mí misma. Mi hermano solo tiene ojos para mí, y para nadie más— Me ha invitado para salir el viernes —dijo de nuevo.

—¡¡Oh amiga!! —dijo una de las chicas de su grupo de plásticas y pijas— Has tenido una suerte tremenda… —sentí como mi corazón comenzaba a latir a cien por hora, ¡No…! mejor dicho a dos mil por hora. Mi hermano no me pudo haber hecho eso, no se pudo estar magreando con esa pija de mierda… No… Sentí mucha ira en mi interior. Dejé mi dibujo a un lado, ya no era un dibujo, sino que era un garabato sin sentido. Me levanté hecha una furia y caminé haciendo donde se encontraba Brenda. La agarré por los pelos, a la vez que la tiraba al suelo. No era yo misma, me había mutado.

—¿Qué diablos estás haciendo, Kaulitz? —escuché decir a Brenda a la vez que se intentaba defender de mis golpes.

—No te vuelvas a acercar a él —le dije con voz ronca. Parecía una posesa. Tenía que marcar territorio, Tom era mío y de nadie más.

—Naia para… —escuché decir a mi amiga, mientras se acercaba a nosotras para intentarnos separar.

—Déjalo en paz… —volví a susurrar apretando fuertemente mis dientes.

—Señorita Kaulitz —escuché la voz de nuestro profesor de historia— ¿Qué diablos estás haciendo? —me quedé callada sin responder.

—Me estaba golpeando, profesor —dijo Brenda haciéndose la lastimosa debajo mía— Estaba muy tranquila hablando con mis amigas, cuando ella se abalanzó sobre mí.

—Ahora mismo vamos al despacho del director —dijo nuestro profesor, levantándome de encima de la pija de Brenda— Leeros el tema siguiente del libro, mientras que voy a dirección con Kaulitz.

El profesor me agarró del brazo para tirar de mí, a la vez que me sacaba del aula. Enseguida me di cuenta de la situación grave en la que me había metido, yo solita. Había golpeado a una compañera de clase, sin ningún tipo de explicación aparente… Enseguida sentí miedo, de que se comunicarán con mis padres, o lo peor de todo, que me expulsarán de la escuela.

—La verdad es que no entiendo su comportamiento, Kaulitz —escuché decir al profesor en forma de reproche, mientras que caminábamos hacia la zona donde estaba el departamento administrativo, donde estaba el despacho del director— Golpear a otra alumna, sin ningún motivo. Eso podrá causarle la expulsión, Kaulitz —mi cuerpo comenzó a temblar en cuanto escuché la palabra “Expulsión”.

Llegamos afuera del despacho del director. La mujer que estaba en secretaria, nos miró tan pronto entramos en secretaria.

—Vengo a hablar con el director —dijo mi profesor de historia a la mujer.

—En estos momentos, está ocupado —informó— Vas a tener que esperar un poco.

—No hay problema, podemos esperar —respondió mirándome de reojo. Me quedé callada sin decir nada, y me limité a mirarme mis zapatos. En mi vida había estado en el despacho del director, y ahora me sentía muy avergonzada por ello.

Tras esperar durante unos diez minutos aproximadamente, la puerta del despacho del director se abrió. Mi cuerpo comenzó a temblar involuntariamente. Del despacho, salió el director acompañado de un hombre, al cual, salió a despedir muy educadamente. Después de que el hombre se fuera, volvió otra vez a ingresar en el interior del área donde se encontraba su despacho. Se nos quedó mirando.

—Profesor Klopper, ¿Qué es lo que pasa? —preguntó el director a mi profesor de historia a la vez que me miraba. Me sentí intimidada.

—La alumna Kaulitz ha tenido un problema con una compañera de su clase —comenzó a explicar mi profesor de historia— La ha comenzado a golpear sin ninguna razón explicable.

—Será mejor que tratemos este asunto, dentro de mi despacho —añadió el director, haciéndonos pasar al interior de este.

Entramos en el interior de este, el director ya había ocupado su asiento detrás de la gran mesa que poseía su gran despacho. Las paredes de este estaban empapeladas con cuadros donde estaban los títulos académicos de él. El resto de la decoración era bastante sobria y demasiada clásica. El profesor Klopper y yo nos quedamos de pie enfrente de él.

—¿Cuénteme lo sucedido, profesor Klopper? —preguntó el director.

—La alumna Kaulitz ha tenido un incidente con una de sus compañeras de clase —comenzó a explicar mi profesor— La estuvo golpeando…

—¿Eso es verdad, Kaulitz? —me preguntó el director mirándome con sus ojos de manera penetrante, haciendo que se me congelará la sangre.

—Sí, señor… —susurré.

—Sabes que tendré que ponerte una amonestación por su mal comportamiento —me siguió diciendo el director.

—Sí, señor… —respondí de nuevo.

—También sabes que, a la tercera amonestación, será expulsada del centro —dijo de nuevo informándome.

—No, señor… —seguía con la cabeza agachada, concentrándome en mis zapatos.

—Pues ahora ya lo sabes —me dijo— Tendré que ponerle un castigo por lo que has hecho. No voy a dejar que se vaya de rositas, cuando ha golpeado a una compañera.

—Lo comprendo… —respondí acatando su decisión, tampoco podía decirle nada que pudiera empeorar mi situación.

—Espero que el castigo le haga reflexionar sobre su actitud —dijo el director de nuevo— A partir de hoy tendrá que quedarse todas las tardes, durante un mes, después de salir de clases en el aula de castigos. Allí aprovechará, para hacer sus tareas de clases, y estudiar. Y claramente, informaré a sus padres de lo ocurrido.

—Por favor… no lo haga… —musité con desesperación. No quería que mis padres se enteraran de lo que había hecho en clase.

—Lo siento señorita Kaulitz, pero tendré que informar a sus padres sobre eso —dijo el director tajantemente— Ahora regresé a su aula, ya ha hecho perder bastante tiempo de clase a sus compañeros. Recuerde, hoy por la tarde después de clase, la quiero ver en el aula de castigos. Iré a asegurarme que se encuentra en ella, personalmente.

Salí del despacho del director, con la cabeza gacha. De solo pensar que mis padres se iban a enterar de lo ocurrido, me hacía temblar el cuerpo completamente. El profesor Klopper tomó la delantera para irse a clase, ya había estado ausente del aula durante demasiado tiempo. Minutos después, ingresé en el interior del aula. Todos mis compañeros de clase se me quedaron mirando, a la vez que avanzaba hasta llegar a mi pupitre. Me senté en silencio. Me sentía observada.

Continúa…

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por Heiligtkt483

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