Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 63
By Naia
Las siguientes horas en clase fueron interminables. Me sentía demasiado incomoda en el aula, por los compañeros que no dejaban de cuchichear entre sí. Cuando llegó la hora del recreo, me sentí más aliviada a ver como mis compañeros huían del interior del aula como un rebaño de ovejas. Nos quedamos Amy y yo solas en el interior de la clase. Podía sentir como mi amiga me miraba inescrutablemente, y deseaban ansiosamente saber todos los detalles de porque me había comportado así en clase. El aula estaba completamente en silencio.
—¿Se puede saber qué diablos te ocurrió por la mañana? —me preguntó incriminatoriamente— Últimamente estás demasiado rara, Naia. Enserio te desconozco… ¿Es por lo de Dereck? —me quedé callada, la verdad ni yo misma sabía explicarme en lo sucedido. La única verdad es que había sentido unos celos tremendos, cuando escuché hablar a Brenda de mi hermano, y el simple hecho de imaginármelo besándola o acariciándola, nubló mi entendimiento.
—La verdad es que no sé, lo que me ocurrió… —respondí en un susurro.
—Fue escuchar como Brenda nombraba a tu hermano, y saliste disparada hacia ella —me dijo mi amiga.
—No me gusta que Brenda esté rondando por los alrededores de mi hermano —le dije frunciendo el ceño.
—Nai sinceramente te has comportado como una novia muy celosa —me dijo Amy. Sentí como un rubor comenzaba a cubrir mis mejillas— Porque sé que es tu hermano, sino pensaría que entre Tom y tú os estáis entendiendo.
—Estás loca, Amy —dije completamente escandalizada— Tom es mi hermano, como puedes pensar eso —fingí. Obviamente, nos estábamos entendiendo muy bien, pero no era plan que Amy se enterará o sacará conclusiones precipitadas.
—Está bien… —dijo mi amiga un poco más calmada— ¿Qué te ha dicho el director?
—Va a informar a mis padres sobre lo ocurrido —respondí completamente apenada— Después por la tarde, cuando las clases acaben tendré que quedarme en el aula de castigo. Ha dicho que tengo que estar un mes cumpliendo castigo.
—Te vas a meter en un lio muy gordo… —susurró mi amiga cuando acabé de explicarlo todo lo que me había dicho el director— Te acompaño en el sentimiento, Nai.
El timbre sonó de nuevo, para anunciar el comienzo de nuevo de las clases. Mis compañeros de aula comenzaron a entrar de nuevo en esta, a la vez que ocupaban sus correspondientes pupitres. Enseguida llegó el profesor, inglés, por lo menos esta asignatura no era tan aburrida. Finalmente, las clases de la mañana acabaron, y me dispuse a irme a casa a comer caminando junto a mi amiga. Tras unos quince minutos de camino, por fin llegué a casa. Saqué las llaves del bolsillo de mi mochila, y abrí la puerta de casa. Subí las escaleras rápidamente, hasta que llegué a mi habitación donde dejé mi mochila. Luego bajé de nuevo las escaleras, para ingresar en el interior de la cocina. Mamá ya estaba acabando de hacer la comida.
—Hola hija —me saludó tan pronto entré por la puerta de la cocina— ¿Qué tal en la escuela?
—Bien —respondí mintiendo. No iba a decirle que me había peleado con una compañera de clase. También tenía que pensar en que decirle, para tapar de que hoy por la tarde tendría que quedarme castigada en el colegio— Mami… —dijo poniendo voz de niña buena.
—¿Qué pasa Naia? —me preguntó mi madre mirándome fijamente.
—Hoy por la tarde llegaré tarde a casa —le respondí. Mi madre frunció el ceño— Tengo que hacer un trabajo para el colegio, y tengo que quedarme en la biblioteca de la escuela —le dije lo más convincente posible para que se creyera mi mentira.
—Oh vale —dijo mi madre asintiendo— Si eso cuando te vayas a venir, puedes mandarle un mensaje a tus hermanos para que te vayan a buscar.
—No hace falta mami, ya vengo caminando sola —le dije.
—Hija sabes que no me gusta que vengas sola, sobre todo si ya es de noche —me dijo con preocupación— Hazme el favor de avisar a tus hermanos, para que te vayan a buscar.
—Está bien… —susurré— ¿Ya está la comida lista? —pregunté.
—Le falta unos segundos —me respondió.
—Tengo mucha hambre… —susurré a la vez que notaba como mis tripas empezaban a hacer ruidos raros en el interior de mi estómago.
—Puedes ir acabando de poner los platos, los cubiertos y los vasos —me sugirió mi madre, a la vez que se acercaba a la cocina para remover lo que estaba haciendo.
—Está bien… —susurré, para luego acercarme al mueble de los platos, y sacar tres platos al igual que los vasos.
Acabé de poner la mesa, casi al mismo tiempo que mamá acababa de hacer la comida. Tomé lugar en la mesa, para luego esperar a que entrara Gordon, y así disponernos a comer. Cuando acabamos de comer, ayudé a mamá a recoger la mesa, y poco después subí a mi habitación para ir a buscar mi mochila. Tenía que regresar de nuevo al colegio, y no saldría hasta pasadas las siete de la tarde… porque tenía que cumplir con mi castigo, que me había impuesto el director.
—Bueno, mami —le dije a mi madre, que se encontraba junto con Gordon viendo la televisión en el salón— Me voy al colegio. Te recuerdo, que hoy llegaré tarde, que tengo que hacer un trabajo en la biblioteca.
—Está bien… —asintió mamá— No te olvides de llamar a tus hermanos, cuando salgas del colegio para que te vayan a buscar… —escuché decir a mamá, a la vez que me dirigía hacia la puerta de casa para salir al exterior— No quiero que vengas sola por las calles, que ya será de noche.
Cerré la puerta sin responderle, y comencé a caminar por la acera. El sol de mediodía calentaba ligeramente mi piel. La verdad, es que estaban haciendo unos días estupendos para ir a pasear al parque, pero el deber me hacía ir al colegio, y no quedarme en un parque a holgazanear. Seguí caminando hasta que llegué a la puerta del jardín de Amy. La esperé durante unos segundos, hasta que por fin salió de su casa.
—¿Hiciste el resumen de literatura? —me preguntó mi amiga tan pronto me vio.
—Sí… hice algo… —respondí en un susurro.
—Te estás volviendo en una vagoneta —me dijo de manera divertida, mientras que yo la miraba con el ceño fruncido.
—No soy una vagoneta —le contesté defendiéndome— Solo que a veces no me apetece hacer los deberes… —musité. La verdad es que no me reconocía, ni a misma. Siempre había sido una alumna ejemplar, pero algo en mi me decía, que debía de mostrar más rebeldía.
—Vamos que sino llegaremos tarde —dijo mi amiga apurando el paso— No querrás que te castiguen otro mes… —la miré molesta— Por cierto, ¿Qué le has dicho a tu madre sobre hoy por la tarde?
—Tengo que hacer un trabajo en la biblioteca —respondí— Así de simple, y se lo ha tragado, eso sí… insistió en que llamará a mis hermanos para que me vinieran a buscar cuando saliera de clase…
—¿Y lo harás? —me preguntó de nuevo.
—No tía, estás loca, no quiero que mis hermanos vayan de chivatos —le respondí mientras que daba una zancada un poco más grande, ya que Amy tenía el paso más apurado que yo.
Finalmente, llegamos a la escuela. Brenda se encontraba afuera coqueteando con un chico, mientras que sus amigas hablaban entre ellas de lo que harían ese día al salir de clase. Pasamos por al lado de ellas, y seguimos con nuestro camino hacia el interior del patio del colegio. Nos sentamos en un banco, esperando a que el timbre sonara para subir a clase.
—Sabes Amy… —susurré.
—¿Qué? —me dijo con mirada interrogante.
—Tengo ganas de estar bajo el sol, se debe de estar muy bien en un parque… —musité.
—¿No me digas que quieres hacer peñas? —me preguntó incrédula mi amiga— ¿Dónde está mi amiga? Tú no eres Naia, me la han cambiado. ¿Dónde está la niña de buenos modales, que no se comía ni una rosca?
—Estoy aquí… Solo que me apetece ser un poco rebelde… —musité, mientras miraba mis zapatos.
El timbre sonó anunciando que deberías de irnos a clase. Nos levantamos del banco y comenzamos a caminar hacia el interior del edificio. Subimos las escaleras, hasta el segundo piso, para luego irnos directamente a nuestra aula. Nos sentamos en nuestros asientos, a la vez que otros compañeros ingresaban en el interior del aula. Minutos después, llegó el profesor de literatura, que empezó con sus metáforas, anáforas, antítesis… y esas cosas… Me concentré en mi libreta, a la vez que hacía que mi mente volará a otro lugar…
El parpadeo de mi móvil, me hizo sacarme de mis pensamientos. El profesor se encontraba de espaldas a nosotros a la vez que estaba escribiendo en la gran pizarra que había en clase. Amy estaba anotando al mínimo detalle todo lo que el profesor estaba escribiendo, y explicando. Más tarde le pediría sus apuntes, no me estaba enterando de nada, o más bien no me apetecía prestar atención. Cogí el móvil disimuladamente, para ponerlo entre mi mesa y mi cuerpo, de tal manera de que nadie se diera cuenta que estaba con mi móvil. Tenía un whatsapp… Desplegué el historial de notificaciones, para ver que era de mi hermano Tom. Sonreí, pero luego recordé que por culpa de mis malditos celos, y de él estaba castigada. Abrí el mensaje.
—“Enana… Te paso a recoger a las cinco cuando salgas.” —me informó. Joder… tenía muchas ganas de estar con él, y no podía… Me mordí el labio inferior.
—Hoy salgo tarde… —tecleé en mi móvil— Tengo que hacer un trabajo…
—¿A qué hora sales? —me preguntó insistentemente.
—Nos vemos en casa —le volví a escribir. Cerré la conversación, y guardé el móvil en el bolsillo de mi cazadora.
La primera hora de la tarde llegó a su fin. Después tendríamos ciencias, otra clase aburrida. Cuando por fin las clases llegaron a su terminó, suspiré aliviada, para luego caer en la cuenta que tendría que estar dos horas encerrada en el aula de castigo. Mis compañeros comenzaron a meter sus cosas en sus mochilas, para luego salir de clase a pasos apurados… Yo me quedé un poco rezagada, junto con Amy que estaba acabando de meter sus cosas en su mochila. Salimos las dos de clase, pero ambas tendríamos caminos diferentes.
—En fin… Nai —susurró mi amiga— Que te sea leve… Aprovecha para hacer todos los deberes…
—Ya… —susurré bajando la cabeza.
—Espero que esto te sirva para aprender la lección —dijo mi amiga— Nos vemos mañana…
—Hasta mañana Amy… —me despedí de ella, mientras yo comenzaba a caminar hacia el aula de castigo.
Mientras tanto cogí mi móvil, la pequeña luz led color azul estaba parpadeando intensamente. Desbloqueé la pantalla, para observar que tenía varias notificaciones. Eran todos mensajes de whatsapp de mi hermano Tom. Lo desplegué, me los había enviado en la primera hora de clase, después de que le cortará la conversación.
—”¿Se puede saber qué coño te pasa?” —me preguntó en tono enfadado— ”Estás un poco borde… ¿Te ha bajado la regla?”
Suspiré, y guardé mi móvil en el bolsillo de mi cazadora. Pasaba de contestarle, se lo tenía merecido por ir detrás de Brenda. Entré en el interior del aula de castigo, ya estaba el profesor sentado en su mesa, mientras hacia sus tareas. Otros alumnos estaban en el aula. Caminé hacia el fondo del aula, para sentarme en un pupitre. Los demás alumnos estaban en los asientos de delante.
—Kaulitz… —escuché la voz del profesor llamarme— Le sugiero que se siente en los pupitres, que hay aquí adelante —indicó el profesor, a la vez que señalaba uno vacío que estaba justo enfrente de su mesa.
Resoplé poniendo los ojos en blanco, y me levanté del asiento que había ocupado, para luego comenzar a caminar hacia el pupitre que me había indicado. Me senté sobre la silla, dejándome caer sobre ella.
—Aproveche para hacer sus tareas… —volvió a decir el profesor. Joder… que pesado.
Saqué una libreta del interior de mi mochila, junto con el libro de ciencias. El profesor nos había mandado hacer un resumen de un tema, así que me puse a leerle, mientras que iba subrayando lo más importante, y después comencé a escribirlo en la libreta. El tintineo de las agujas del reloj, no me dejaban concentrar, es más, por más que miraba la hora en el reloj, esta parecía que siempre estaba en la misma hora, que no se movía. La luz del sol fue desapareciendo en la calle, a la vez que el cielo se tornaba más oscuro, dando paso a la noche. Finalmente, mi primer día de castigo, había concluido, por aburrimiento conseguí hacer varias tareas que tenía que presentar al día siguiente y días sucesivos.
El profesor se levantó de su mesa, y salió por la puerta del aula, a la vez que los demás alumnos que estaban en ella recogían sus cosas, y se iban también. Me quedé sola en el aula, acabando de meter mis cosas en el interior de mi mochila. Me puse mi cazadora, ya que a esas horas estaría más fresco, que cuando salí al mediodía de casa. Bajé despacio las escaleras, del segundo piso, para luego llegar al primero. Se escuchaban algunos ruidos de las trabajadoras de la limpieza, que estaban acicalando las aulas para el día siguiente. Finalmente, llegué al patio que había en el exterior, de mi colegio. La calle estaba bastante desierta, apenas había gente caminando por ella. Me abroché la cazadora, para después agarrar las asas de mi mochila con mis manos, a la vez que seguía caminando. Salí a la calle, y comencé a caminar por la acera, en dirección hacia mi casa.
No suelo ser paranoica, pero basta que mi madre me hubiera dicho que llamará a mis hermanos, para regresar a casa, para que se me pusiera los pelos de punta cuando escuchaba un sonido extraño. Seguí caminando, pero me sentía observada… escuchaba detrás de mí unos pasos, que estaban consiguiendo ponerme más nerviosa de lo habitual. ¿Y si era Dereck? Pensé a la vez que un escalofrío comenzaba a recorrer todo mi cuerpo. No… comencé a acelerar el paso, para llegar lo más rápido posible a mi casa. Pero sobre mis caderas se cernieron unas manos, que impidieron seguir con mi camino.
—Suéltame… —dije con los ojos cerrados, y completamente agitada.
—Nai… —abrí los ojos al reconocer su voz.
—¡Cabrón me has asustado! —le dije a mi hermano Tom.
—¿Por qué diablos no respondes a mis whatsapp? —me preguntó enarcando una de sus cejas.
—Eres un tremendo imbécil, Tom —me dediqué a insultar a mi hermano a la vez que me separaba de él, para seguir con mi camino.
—¡Hey espera…! —me dijo agarrándome de nuevo, y empotrándome otra vez contra la pared de aquel callejón.
—¿Qué quieres? —le pregunté con impaciencia.
—Mi beso… —me suplicó como un perrito abandonado.
—No te mereces ningún beso mío, jodido cabrón —le espeté enarcando mis cejas, a la vez que me acordaba como mi queridísimo hermano se había estado besando con la plástica y pija de Brenda.
—¿Pero qué he hecho ahora? —preguntó sorprendido mi hermano.
—¡Já! ¿Y me preguntas que has hecho? —repetí nuevamente en tono sarcástico— La verdad Tom eres un caradura —le digo para luego seguir caminando en dirección hacia casa.
—La verdad no tengo ni idea de qué coño me estás hablando —escuché a mi hermano alzar la voz desde el callejón, todavía no había comenzado a andar.
—Vete a la mierda, Tom —le dije desde mi sitio. Mi hermano puso los ojos en blanco y bufó.
—Mira mocosa de mierda, a mí no me hables así —dijo en tono enfadado acercándose a mí para agarrándome fuertemente de mis brazos— Si estás frustrada, y mal jodida, cómprate un consolador para satisfacerte sexualmente, pero a mí no me vengas con esas actitudes de niña consentida y repugnante, porque realmente no sé lo que he hecho para que estés de esa actitud conmigo.
—Suéltame, imbécil —le exigí— Me haces daño… y si estoy mal jodida es por culpa tuya porque no la sabes meter bien… —mi hermano se mostró molesto. Su ego había sido mancillado.
—¡¿Qué no la sé meter bien?! —me preguntó sorprendido, mostrándose molesto, a la vez que achinaba los ojos— Tú estás loca, mocosa. Soy el dios del sexo, todas las chicas suspiran por tenerme en su cama.
—Capullo… —susurré para luego girarme y continuar con mi camino.
—Nai… —me llamó, pero yo seguía caminando. Por mis mejillas comenzaban a caer unas finas lágrimas— Lo siento… peque… —sus brazos me rodearon— No quería decir eso…
—Suéltame… ya me has demostrado muy bien, que tipo de persona eres… —le susurré.
—Nai… —me giró para mirarme a la cara, por mis ojos azules seguían saliendo lágrimas. Con sus dedos pulgares comenzó a secarme las lágrimas que recorrían mis mejillas— Vamos peque… ¿Qué te pasa?
—Tú… —musité a la vez que seguían cayendo más lágrimas— Has estado con Brenda, la besaste… la invitaste a salir el viernes… —susurré bajando la cabeza.
—¡¿Qué?! —preguntó mi hermano mostrándose sorprendido— ¿Quién es esa tal Brenda? No conozco a ninguna chica con ese nombre… —abrí los ojos desmesuradamente mientras lo miraba fijamente— Contéstame Nai… —me susurró al ver que me quedaba callada— ¿Quién es?
—Una compañera de clase… —musité completamente avergonzada.
—Dijo eso… —susurró. Yo solo me limite a asentir— Nai no debes de creer lo que te digan tus compañeras de clase —me dijo con voz seria— Además, joder… fue dejarte con Amy en el colegio e irme al estudio de grabación, ni siquiera baje del coche.
Baje la cabeza avergonzada. Todo había sido una mentira de Brenda, para hacerse ver entre sus amigas. Y yo como una tonta había caído en esa mentira, exponiéndome claramente. Al mostrarme celosa. Y ahora por culpa de esa puta mentira de ella, estaría un mes castigada después de salir de clase por las tardes. Soy completamente una tonta, nunca debí de creer en las palabras de ella, y confiar más en mi hermano Tom.
—Lo siento… —me abracé a mi hermano fuertemente, sintiéndome culpable— Perdóname por haber pensado, que estabas detrás de las faldas de otra chica…
—Mírame bien Naia… —me susurró agarrándome por mi mentón, para verlo más fijamente a los ojos— Nunca te cambiaré por ninguna otra chica, porque tú eres mi vida… ¿Lo entiendes? Te quiero, y nunca me voy a separar de ti.
—Te quiero, Tom… —susurré manteniendo el abrazo, a la vez que respiraba su aroma.
—Yo más, peque… —me susurró para luego depositar un beso en mi frente, luego en mi nariz para finalmente atrapar mis labios. Sentí que el tiempo se detenía en ese momento.
Nos separamos y continuamos nuestro camino hacia casa. Mi hermano pasó su brazo por encima de mi hombro haciendo que me acercará más a él. Fuimos caminando, en plan paseo, mientras que disfrutábamos de la noche alemana. De vez en cuando, cuando nadie pasaba por nuestro camino nos dábamos algún que otro beso, como unos tortolos. Sus ojos brillaban, y mi corazón se sentía agitado.
Continúa…
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