Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 65

By Tom

—Hay que tomar precauciones, ¿Entiendes? —le dije.

—No… —musitó.

—Naia tienes que empezar a tomar pastillas anticonceptivas —comencé a explicarle. Mi hermana me miraba asustada— Cuando estemos juntos quiero tener relaciones sexuales completas contigo, o sea, poder correrme en tu interior sin tener que después lamentarnos. No quiero que te quedes embarazada…

—Pero… —susurró mi hermana.

—Naia no vas a tener ningún problema para comprarlas, las venden en cualquier farmacia —le seguí explicando.

—Pero es que… —me replicó.

—Naia ya hemos arriesgado mucho en estas semanas… —le susurré— Hemos tenido sexo sin ninguna protección, todas las veces que hemos estado juntos. No querrás estar agobiada, como paso hace unas semanas, cuando te hiciste un test de embarazo. No… Naia, hay que prevenir, y tienes que tomar pastillas.

—También puedes utilizar tú, preservativo —me miró con el ceño fruncido.

—Como ya te he dicho, quiero sentirte plenamente, y poderme correr en tu interior… —le volví a decir.

—Siempre pensando en tu bien propio, y no en mi bien… —me respondió molesta— Pues no me da la gana de comprarme las putas pastillas, si quieres follar conmigo, ponte el condón, capullo.

—Mira, Naia —le dije perdiendo un poco los estribos— No me apetece ponerme a discutir contigo, y lo vas a hacer y punto… Si no compras las pastillas, me encargaré de conseguirlas yo, para que las tomes…

—No pienso tomarlas, y si eso implica cerrarme de piernas, lo haré —me dijo de nuevo molesta.

—Eres insoportable… —le dije frustrado y enojado.

—No soy tu puta… para que dispongas lo que tengo que hacer y lo que no —me respondió, para luego girarse y quedarse callada mirando por la ventanilla del coche.

Después de diez minutos de camino, por fin llegamos a nuestra casa. Metí mi coche en el garaje. Naia cogió su mochila de la parte de atrás del coche, y se dirigió hacia la puerta interior del garaje, que daba a la casa de mi madre. Ni siquiera esperó a que saliera del coche. Cerré las puertas del coche, con la llave automática, y seguí los pasos de mi hermana para entrar en casa.

—¿Se puede saber dónde has estado metida hasta estas horas? —escuché la voz de mamá preguntarle a mi hermana— Naia son las nueve menos cuarto de la noche. Saliste a las tres de la tarde, para ir a clase…

—Tenía cosas que hacer en el colegio —respondió mi hermana. Entré en el interior del salón.

—Te mande ir a buscar a tu hermana para que viniera pronto, y la traes tres horas más tarde, Tom —me recriminó nuestra madre al verme.

—La culpa la tiene tu hija, por salir tarde de clase —le dije— A tu hija la han castigado, hoy…

—¡Qué no me han castigado, subnormal! —dijo mirándome con el ceño fruncido— Te lo he dicho cinco veces, he estado haciendo unos trabajos… joder…

—Mira mocosa, no me toques los cojones, porque no te lo voy a permitir —le dije alzando un poco la voz.

—¿En serio? —me preguntó de manera burlona— Porque yo creo que sí puedo… —y dicho esto, sin importarle en ningún momento que nuestra madre estuviera delante. Ni corta, ni perezosa, acercó su mano a mi entrepierna, para luego empezar a restregar su mano contra ella— Lo ves, no me ha resultado nada difícil tocarte los cojones… —me dijo de manera divertida, a la vez que la miraba con mis ojos cargados de fuego. Se iba a quemar, me estaba calentando mucho, y como siguiera así, hoy se enteraría bien por la noche.

—Hija… —escuché a mi madre, con los ojos completamente abiertos. Se notaba que se había escandalizado por la acción que había hecho mi hermana Naia— No puedes tocar a tu hermano de esa forma, no es propio… —susurró a la vez que nuestra madre se ponía colorada.

—Si él puede tocarme los ovarios, yo puedo tocarle los cojones —respondió de nuevo mi hermana, de manera grosera y tosca.

—Eso no es vocabulario, propio de una señorita —regañó mamá a Naia.

—Me da igual lo que pienses —dijo a mamá— Ahora me voy a mi habitación, a dejar mi mochila…

Mi hermana comenzó a andar hacia las escaleras de una forma graciosa, ya que iba con las piernas muy juntas, como apretando ahí, debajo de su pelvis. Mamá se quedó mirándola durante unos segundos confundida.

—Naia… ¿Qué te pasa para que vayas caminando de esa forma? —preguntó nuestra madre al ver la forma de andar de mi hermana.

—Me estoy haciendo pis —respondió siendo concisa y clara.

Siguió subiendo las escaleras, hasta que desapareció por ellas. Me quedé en silencio en el salón con mamá. Me rasqué la cabeza nerviosamente, me sentí demasiado incomodo debajo de mis pantalones. Es más tan pronto, me fuera a mi habitación después de cenar, creo que tendría una pequeña sesión con mi propia mano.

—¿Se puede saber que le has hecho a tu hermana, para que esté así tan agresiva y contestona? —me preguntó mi madre, una vez que mi hermana desapareció para irse a su habitación.

—Le estará a bajar la regla… —respondí. Estaba bastante cansado, había tenido una tarde muy agotadora, como ahora ponerme a escuchar a mi madre también echarme la bronca.

—Enserio desconozco a tu hermana por completo —dijo mamá preocupada— Su actitud no es usual.

—Lo que necesita, Naia, mamá —la corté— Es que la follen bien, y ya verás como todo lo que tiene, se le pasa.

—No digas eso, que tu hermana es una niña todavía como para ir haciendo esas guarradas —dijo mamá escandalizándose.

—Tiene dieciséis años, es propio de su edad que empiece a descubrir su cuerpo —le dije a mamá— Yo que tú, mamá, la llevaría al ginecólogo, igual ya ha tenido sus primeras relaciones sexuales… ya sabes… igual necesita una charla sobre usar protección —le dije a mi madre, dejándole caer que posiblemente mi hermana ya no fuera virgen, y dejará de ser la niña pequeña de la familia.

—¿Tú crees hijo? —me preguntó mi madre aturdida.

—Hazme caso… —le insistí. Viendo en ese momento a mi hermanita, bajar las escaleras de nuevo, de regreso al salón.

—¿De qué estáis hablando? —nos preguntó Naia al vernos hablar.

—De que va siendo hora, de que vayas a tu primera cita ginecológica —dijo mamá seria, mirando a Naia. Mi hermana se quedó pálida.

—¿Por qué? —preguntó casi titubeando.

—Ya va siendo hora que te revisen, ¿no crees, hija? —dijo mamá mirando a mi hermana fijamente, notando como se estaba poniendo nerviosa— Cuando llegamos a una edad, es recomendable ir a revisarnos.

—Yo no necesito ir al ginecólogo —respondió mi hermana tensa— No necesito que nadie me mire, ahí abajo…

—Mañana, llamaré a primera hora para pedirte cita —concluyó nuestra madre. Yo miraba divertido toda la situación. Naia se había puesto completamente pálida, es más, yendo a esa cita ginecológica mamá podría saber que Naia ya no era virgen, y seguro que le caería una buena bronca por su parte.

—No… mamá no llames, por favor… —suplicó mi hermana, mientras que las lágrimas comenzaban a agolparse en sus ojos— Por favor, mami… Me da mucho palo ir, me da vergüenza que me miren ahí abajo… por favor —mi hermana se había puesto completamente colorada, a la vez que las lágrimas seguían bajando por sus mejillas— Es más ni siquiera he estado con un chico todavía, no lo veo lógico ir por el momento… por favor mami… —volvió a suplicar poniendo morritos, intentando convencer a nuestra madre.

—Está bien… —asintió mamá, dándose por vencida— Esperaremos unos meses, y después irás sin rechistar…

—Gracias mami… —sonrió Naia para luego abrazarla y darle un beso en la mejilla. Sus ojos azules se clavaron como cuchillas sobre mí. Ella sabía claramente, que yo había sido quién le había sugerido a mamá sobre lo del ginecólogo, seguramente porque ella se negó a querer tomarse la pastilla.

Naia se separó de mamá, y nuestra madre se quedó mirándome con el ceño fruncido. Tragué saliva, ahora que coño pasaba, por encima que me preocupo por la salud sexual de mi hermanita.

—¿Qué pasa? —pregunté a mi madre al ver que me miraba de esa manera.

—¿Qué pasa, que? —preguntó mamá, poniendo sus brazos a cada lado de su cintura— Estoy hasta las narices, que te metas con tu hermana…

—¡No inventes! —le dije incrédulo viendo lo que me decía mi madre— Has visto como me ha tocado, hace un rato cuando llegamos.

—La verdad, Tom, no sé qué ganas metiéndote con tu hermana siempre —volvió a decir mamá mirándome severamente— Ya estás grande para estas estupideces, Tom. Vete madurando de una vez, y consíguete de una vez una mujer, para que dejes a tu hermana tranquila. Porque realmente, quién tiene cara de mal follado eres tú, aparte de actitudes —abrí la boca sorpresivamente, por todo lo que mamá me acababa de decir. No me lo podía creer— Y no me mires de esa forma, porque es verdad… —me dijo mi madre al ver que abría la boca. Fijé los ojos en mi hermana, que estaba detrás de mi madre, riéndose silenciosamente a carcajada limpia. Fruncí el ceño, la rabia y la ira se apropiaron de mi cuerpo. Esto no quedaría así. Naia se iba a enterar de quién verdaderamente, Tom Kaulitz— Ahora voy a acabar de hacer la cena, que por culpa de vuestra tardanza no la empecé a hacer —dijo mamá para luego irse al interior de la cocina, dejándonos solos a mí y a mi hermana Naia.

—¿Estarás contenta con lo que has hecho, niñata? —le pregunté a mi hermana con rabia, y muy enfadado.

—Tranqui Tomi… —me dijo con ironía— No puedes ponerte tan alterado, porque sino después tu pequeño Tomi se altera y se excita —sonrió malévolamente— Además te la debía… —me susurró clavando sus ojos azules sobre los míos.

—¡¿Cómo le has llamado a mi pene?! —le pregunté sorprendido.

—Pequeño tomi… —respondió riéndose de nuevo— Tan pequeño… pero tan grande al mismo tiempo.

—Cállate —le ordené a mi hermana enfadado, tensando mi mandíbula.

—No me da la gana de callarme… —me susurró mi hermana acercándose más a mí— Además… yo sé que te gusta… —sentí como sus dedos se posaban de nuevo sobre mi pantalón tocándome en la parte de mi entrepierna, empezándola a masajear.

—Naia no me calientes, que la vamos a tener después —le dije apretando fuertemente mis dientes. ¡Dios…! Me estaba poniendo muy cachondo…

—Vamos… si te está gustando —me susurró a la vez que me empujaba contra el sillón, haciéndome sentar, para luego sentarse sobre mí.

—Después no te quejes con mamá, llorica —le volví a decir.

—Shhhhhh… —apoyó su dedo índice sobre mis labios para evitar que siguiera hablando. Lo miré confundido, a la vez que empezaba a mover su pelvis ligeramente contra la mía, notaba que cada vez estaba más apretado debajo de mis pantalones— Sé que te gusta… —posó sus labios sobre mi cuello, el cual, empezó a lamer con su lengua, luego me depositó algunos besos húmedos sobre este. Me estaba poniendo demasiado enfermo.

—Déjame en paz… —le dije enfurecido, para luego empujarla y hacerla caer al suelo. Me miró frunciendo el ceño.

—¡Naia! Ven a ayudarme a poner la mesa, mientras yo acabo de hacer la cena —mamá salió de la cocina— Ahora mismo…

Mi hermana se levantó del suelo, con el ceño fruncido, y con indignación se marchó a la cocina. Yo sonreí, por mi pequeña victoria, pero me di cuenta que mi pequeña hermanita me ponía jodidamente, y claramente lo sabía por mi pequeño bulto, que empezaba a sobresalir por debajo de mis pantalones. Mi pequeño Tomi… como lo había llamado mi hermana. Me levanté del sillón, y subía las escaleras para dirigirme a mi habitación, necesitaba relajarme un poco antes de cenar, porque sino estaría toda la cena con el pene endurecido, y no era plan. Entré en mi habitación, y estuve tentado en hacerme una paja rápida, pero al final desistí porque en breves bajaríamos a cenar. Así que me tumbé en mi cama, con los ojos cerrados, intentando calmar y relajar, mientras que pensaba la forma de vengarme de esa pequeña toca huevos que tenía como hermana.

—Hey Tom —abrió la puerta mi hermano Bill, para luego entrar.

—Podías haber llamado antes de entrar —le sugerí molesto, alzando de más la voz— Podría estar haciéndome tranquilamente una paja… —la verdad es que estuve a punto de hacer una.

—Tranquilo. No me chilles —me dijo mi hermano mirándome— Últimamente te alteras por cualquier cosa. ¿Qué te ha hecho Naia ahora? —me preguntó mi hermano poniendo los ojos en blanco.

—Nada… ¿Qué me iba a hacer? —preguntó sin entender.

—Últimamente cuando estás de mal humor, es porque Naia te ha hecho algo —dijo mi hermano gemelo— Así que dime, porque ahora habéis peleado y discutido.

—Siempre tiene que estar tocándome los huevos —le dije frustrado— Me enerva, enserio…

—Presiento que tienes demasiada tensión sexual con nuestra hermanita —me miró mi hermano de reojo.

—¡¿Qué estás diciendo, Bill?! —le dije sorprendido— ¡Te has vuelto loco! Yo no tengo ninguna tensión sexual con nuestra hermana.

—Vamos, Tom… —me dijo de nuevo mi gemelo— Si el día que llegó a Los Ángeles, casi te la comes con los ojos en el aeropuerto, es más, si no mal recuerdo, hasta intentaste ligar con ella…

—Pero fue porque no sabía que era nuestra hermana —me defendí.

—Bueno… está bien si no quieres reconocerlo —me dijo mi hermano dándose vencido finalmente— Pero he de reconocer que a veces Naia se viste de una manera, que me pone también como lo hace contigo… —lo miré con los ojos abriéndolos desmesuradamente. No podía ser que a Bill también le entrará las ganas de estar con nuestra hermana. Naia era mía, y de nadie más, y por más gemelo que fuera mío no la iba a compartir con nadie, ni siquiera con él.

—No vuelvas a decir eso —le dije agarrándolo por el cuello de su camisa, advirtiéndolo, mirándolo con el ceño completamente fruncido a la vez que tensaba toda mi mandíbula— No vuelvas a ver a Naia de esa forma, me has entendido. Es nuestra hermana, y… es mía… —las últimas palabras las dije en voz baja, para que no las pudiera oír.

—¿Qué has dicho? —me preguntó mi hermano perplejo.

—Que es nuestra hermana pequeña, y debemos de protegerla y cuidarla, no pensar en la forma de tener relaciones sexuales con ella —le dije a mi hermano intentando poner algo de cordura.

—No me refiero a eso, sino a lo último que has dijo en voz baja —me recordó mi hermano Bill— Dijiste “Es mía…” —me miró fijamente a los ojos— Tom ten cuidado, con sobrepasar la delgada línea que os separa. Recuerda… Naia es nuestra hermana.

—No sé qué tonterías estás diciendo —le dije a mi hermano intentando llevar la conversación por otro camino.

—Ten cuidado, Tom —me advirtió mi hermano— No vaya a ser que los dos salgáis lastimados…

Mi hermano se dirigió hacia la puerta de mi habitación, para luego abrirla. Me quedé en silencio, sin decir ninguna palabra.

—Mamá ha dicho que la cena ya está lista… No tardes en bajar… —me dijo antes de cerrar la puerta de mi habitación, dejándome solo otra vez completamente.

Me quedé pensando en las palabras de mi gemelo. Bill no era tonto, y él podía leer a través de mis ojos, y estos me delataban considerablemente, demostrando el deseo, la lujuria y las ganas que tenía de follarme incansablemente a nuestra hermana pequeña, es más, el muy capullo, también lo ponía cachondo nuestra hermana. Suspiré y cerré los ojos, me sentía demasiado cansado por el día tan ajetreado que había tenido. Me había levantado muy temprano para ir al estudio de grabación, y pasar prácticamente toda la mañana, y gran parte de la tarde. Después los dos polvos que tuve con mi hermana, me dejaron más agotado. Me pesaban los párpados… Sentí como unos dedos desabrochaban la cremallera de mi pantalón, y como estos comenzaban a acariciar mi entrepierna. Suspiré en mi sueño, parecía tan real, hasta que abrí los ojos, y me encontré a mi hermanita entre mis piernas.

—¿Qué diablos vas a hacer? —le dije empujándola, e incorporándome de mi cama. Tenía mis pantalones desabrochados, y debajo de mis bóxers volvía tener otra erección más que evidente.

—Intentaba despertarte… —respondió mi hermana mirándome con el ceño fruncido.

—¿Comiéndome la polla? —pregunté alzando una de mis cejas.

—Sino despertabas por la forma habitual, había que probar por otra alternativa —dijo mi hermana mordiéndose el labio inferior— Por cierto, baja de una vez a cenar. Solo he venido para avisarte de que mamá quiere que bajes de una puta vez…

Mi hermana se giró para salir por la puerta de mi habitación, pero la agarré del brazo antes de que pudiera salir de la habitación. La empotré contra la pared, y me quedé mirándola unos segundos, para luego besarla de una manera tosca y sucia.

—Suéltame subnormal —me dijo intentando separarse de mí, a la vez que le mordía su labio inferior— Me has hecho daño, gilipollas…

—Solo quería advertirte que me cobrare una a una, todo lo que me has hecho hoy —le susurré contra el oído, para luego morderle en el cuello.

—Auch… —se quejó para luego echarse la mano a la zona que le había mordido del cuello.

—Yo si fuera tú, tendría mucho cuidado por la noche, puede que alguien se cuele en tu habitación y te haga pagar muchas cosas… —le susurré al oído. Para luego morderle la oreja.

Me separé de mi hermana, y abrí la puerta de la habitación, para luego salir de esta. Mi hermanita se quedó en interior de esta. Me reí internamente, por la cara que se le había quedado. Ella sabía que me cobraría todo lo que había hecho hoy. Entré en la cocina. En ella ya se encontraba, mi hermano Bill, nuestro padrastro Gordon y mi madre.

—¿Dónde has dejado a tu hermana? —preguntó nada más al verme entrar por la puerta— Ahora será, que tendremos que ir a buscarla para que baje a cenar…

—Ya estoy aquí… —dijo la nombrada, entrando por la puerta también— ¡Dios que hambre tengo! —dijo mi hermana para luego sentarse en su lugar en la mesa.

Comenzamos a cenar en silencio. Pero minutos después, Gordon entabló una conversación con mi hermano gemelo y conmigo.

—¿Cuándo empezáis hacer el casting del DSDS? —nos preguntó interesándose por nuestro proyecto más próximo.

—En dos semanas tendremos que empezar con los castings —respondió Bill a nuestro padre.

—Será durante una semana —expliqué— Después tendremos que esperar a octubre para ir a hacer la siguiente fase de los castings, y los castings finales serán en diciembre.

—¡¿Qué?! —escuché decir a mi hermana, mientras ella abría los ojos desmesuradamente— No os podéis ir… —todos miramos a mi hermana de forma rara, y ahora que le había picado a esta.

—Ahora no quieres que me vaya, cuando ni me soportas —le respondí de manera borde— ¿Eres masoquista o te lo haces?

—Gilipollas… —dijo mi hermana levantándose de la mesa, para luego salir por la puerta de la cocina.

—¡Naia ven aquí! —alzó mamá la voz llamando a nuestra hermana, pero ella no le hizo caso— Podrías estar con la boca cerrada, siempre igual… no sé cómo coño lo haces que consigues siempre molestar a tu hermana —dijo mamá mirándome con enfado.

Acabamos de cenar en silencio. Mamá estaba bastante molesta conmigo, y lo mejor era no abrir la boca para evitar que se molestara más. Me levanté de la mesa, mientras que mamá se quedaba a recoger la mesa, Bill se fue al salón con nuestro padre, mientras que encendían la televisión. Yo me dirigí hacia las escaleras, para ir a buscar una cazadora. Minutos más tarde, bajaba con la cazadora puesta.

—¿A dónde vas? —preguntó mi hermano a verme bajar las escaleras con mi cazadora puesta.

—Voy a tomar un poco el aire fresco —le respondí para luego dirigirme hacia el hall de la casa, donde había un mueble en cual apoyábamos las llaves. Cogí la llave de mi coche, y salí de casa dando un pequeño portazo a la puerta.

Abrí el garaje de casa, para poder sacar mi Cadillac Escalade de este. Me metí en el interior de mi coche, y lo prendí, para luego comenzar a conducir. Me incorporé a la carretera, estaba silenciosa y oscura, había pocas personas por ahí, así que pisé a fondo el acelerador y comencé a conducir a bastante velocidad, aunque no muy exagerada. Me paré en un semáforo, y encendí un cigarrillo. Necesitaba que la nicotina inundara mis pulmones. La primera calada me relajó al instante. Después de casi veinte minutos, fui a parar a la zona donde tenía mi apartamento secreto. Accioné la puerta para abrir el garaje, para luego meter el coche el interior de este, conduje hasta llegar a mi plaza, donde estacioné mi Cadillac. Salí del coche, para dirigirme al ascensor, en menos de cinco minutos me encontraba en el largo pasillo del piso número ocho, donde tenía mi apartamento, mi refugio. Entré en el interior de este cerrando la puerta tras de mí. Todo estaba oscuro. Encendí una luz tenue, que no iluminaba demasiado el salón. Me preparé una copa de whisky, mientras me liaba un porro. Necesitaba una inyección de felicidad…

Iba por la segunda copa de whisky, y realmente toda la inquietud que tenía y las preocupaciones no se quitaban de mi cabeza. Acabé de fumarme el porro, pero no sació mi ansiedad. Necesitaba algo más fuerte, para poder relajarse más por completo. Me levanté del sillón donde estaba, para luego dirigirme hacia mi habitación. Abrí el armario, para luego abrir un cajón con llave, de allí saqué una pequeña caja fuerte y la abrí. Cogí una bolsita con el preciado polvo blanco, para luego cerrarla y volver a meterla en el interior del cajón cerrado bajo llave. Caminé hacia la cocina, para coger un poco de papel de aluminio, donde eché un poco del contenido de la bolsita. Le apliqué un poco de calor con mi mechero, para luego de unos minutos aspirar por mi nariz. Me fui de nuevo a sentarme al sillón. Notaba que la cabeza me daba vueltas, pero aun así me preparé otra copa. Mi mente empezó a pensar. Últimamente, me peleó demasiado con mi hermana. Me tiene hasta los putos cojones, y me está hartando francamente. No sé qué coño le pasa. Creo que Bill tiene razón en lo que me había dicho por la tarde. Ambos saldremos muy lastimados en esto, y yo soy un completo imbécil por haber persistido en la idea de poseerla.

Continúa…

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por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

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