Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 66
By Naia
Me encerré en mi habitación, y me tumbé en mi cama. Las lágrimas comenzaban a caer por mis mejillas. Mi hermano no se podía ir, no podía irse durante varias semanas. ¿Qué haría yo sin él? No sé vivir sin él, sin sus caricias, sin sus besos… Sé que hoy me porté un poco mal con él, he sido muy toca huevos, pero es que a veces me pone del hígado. Aunque el muy jodido folla demasiado bien. Hoy he tenido los dos orgasmos mejores de mi recién comenzada vida sexual.
Mi llanto no cesaba. Media hora después escuché como la puerta de casa se cerraba con un golpe. Me levanté de mi cama, y me asomé por la ventana de mi habitación. A los pocos minutos, el Cadillac Escalade de mi hermano Tom marchaba a toda velocidad. Me estremecí al verlo marchar con esa velocidad, me entró el miedo de tuviera algún accidente. Encendí mi ordenador, para navegar un poco en internet. No tenía deberes porque ya los había hecho todos por la tarde en el colegio, mientras estuve cumpliendo mi castigo.
—Naia, ¿Puedo entrar? —escuché la voz de mi hermano Bill preguntarme desde fuera de mi habitación— ¿Ya estás dormida?
—Sí, puedes pasar —le contesté sentada desde mi escritorio.
Minutos después, mi hermano entró en el interior de mi habitación, para luego cerrar la puerta tras de sí. Se acercó lentamente hacia donde estaba yo, para luego sentarse sobre mi cama. Me miró en silencio.
—¿Qué pasa Billy? —le pregunté al sentir su mirada sobre mi nuca.
—Nada… pensé que ya te habías acostado… —me susurró— Solo quería saber si estabas bien.
—Sí… —le respondí confundida— ¿Por qué me lo preguntas?
—No sé… te vi muy afectada cuando dijimos que nos iríamos durante unas semanas —me dijo mi hermano— Me parece que no te hizo mucha gracia, saber que Tom se iba a ir durante unas semanas.
—No exageres, Bill —le dije sorprendida.
—¿Has estado llorando? —me preguntó fijándose en mis ojos.
—No es nada, Bill en serio —insistí.
—¡¿Seguro?! —insistió levantando una ceja.
—Sí… pesado… —le respondí dándole un pequeño golpe en el hombro.
—Auch… no me pegues renacuaja —se quejó mi hermano.
—No soy una renacuaja —le dije para luego levantarme y volver al dar.
—No me pegues… —me dijo mi hermano molesto— Últimamente estás un poco agresiva… estar al lado de Tom te pone así…
—No soy agresiva… —le respondí— Lo que pasa es que estoy un poco harta de que os aprovechéis de que soy la pequeña.
—Para el carro que yo no me aprovecho de ti —dijo mi hermano Bill defendiéndose— Pero al parecer Tom sí que le gusta aprovecharse de ti… ¿Ya sabes que es un pervertido?
—¿A qué viene eso, Bill? —le pregunté confusa.
—Últimamente pasáis mucho tiempo juntos —me dijo mi hermano mirándome serio— ¿Qué te traes con Tom, Naia?
—Nada… —respondí confusa. Me daba la impresión que mi hermano Bill se estaba oliendo algo entre mi hermano Tom y yo— No sé dónde has sacado esas conclusiones…
—Solo te voy a decir una cosa, Naia —me dijo mi hermano Bill mirándome fijamente— Cuidado con lo que hacéis, no vaya a ser que salgáis ambos dañados… No quiero verte sufrir…
—Bill no digas tonterías —le dije— Tom y yo no estamos haciendo nada malo. Solo hemos coincidido un par de veces juntos nada más en estas semanas…
—Sabes Naia… no tengo ni un pelo de tonto, y sé perfectamente que hace unos días cuando apareciste con los chupetones en el cuello, venías de estar toda la tarde con nuestro hermano Tom —me dijo mirándome. Me mordí el labio inferior— Eso ya da mucho que pensar…
—Ese día me lié con Dereck a la salida de la escuela… —le respondí tratando de salir de la situación.
—¿Lo has vuelto a ver? —me preguntó mi hermano Bill furioso— Joder, Naia… Creo que te había dejado claro, cuando te sucedió lo de la fiesta, que no lo volvieras a ver…
—Lo sé… —me mordí el labio inferior— Me vino a buscar a la salida de la escuela, y bueno… pasamos un rato muy agradable… Y ahora… —dije a mi hermano mirándole— Puedes dejarme sola, tengo ganas de dormir he tenido un día bastante agotador…
—Está bien… —susurró mi hermano levantándose de mi cama— No te voy a molestar más. Ten dulces sueños, mocosa —posó sus labios sobre mi frente, para luego depositar un beso tierno— Buenas noches, princesa…
—Buenas noches, Bill… —susurré a la vez que miraba como mi hermano salía de mi habitación.
Me quedé de nuevo sola en mi habitación. Me senté en mi cama, suspiré. Miré el reloj despertador que estaba sobre mi mesilla de noche. Marcaba las once y media de la noche. Hacía bastante rato, que mi hermano Tom había salido de casa, y me daba la impresión de que no volvería hasta muy tarde. ¿Dónde estaría? Una angustia recorrió mi cuerpo, cuando se me ocurrió pensar que posiblemente estuviera con alguna chica… ¿Es que yo no era suficiente para él, que tenía que salir por la noche a buscar consuelo? La opresión seguía en mi pecho, mientras que las lágrimas volvían a surcar mis ojos. Me desnudé, para luego ponerme mi pijama. Me tumbé en la cama, y cogí un libro para leer, mientras que esperaba a que mi hermano Tom regresara. Pasaron cerca de dos horas y medias, y el sueño comenzaba a aflorar. Los ojos me pesaban, no era capaz de mantenerlos abiertos. Apoyé el libro sobre la mesilla de noche, y apagué la luz de la pequeña lámpara que tenía encima de esta. Me acomodé mejor en mi cama, y cerré los ojos. Enseguida me dejé llevar por los brazos de Morfeo.
Sentí una presión en mi cuerpo. Unas manos que recorrían mis piernas. Abrí los ojos lentamente, el sueño seguía persistiendo en mi cuerpo. Estaba todo oscuro, pero claramente notaba una presencia en el interior de mi cama. Lo confirmé cuando unos labios se posaron sobre mi cuello, y comenzaron a besarlo de forma brusca, a la vez que sentía como unos dientes jugueteaban con la piel de este. Enfoqué mejor mi visión, para descubrir que tenía a mi hermano Tom encima de mí. Olía mucho a alcohol.
—Tom para… —dije intentando quitarlo de encima mía. Sus manos empezaron a deslizar el pantalón de mi pijama, y con ellos mis braguitas— ¡Para…! —le volví a insistir al ver que no cesaba en su intento.
—Shhhfff… —me susurró a la vez que se reía— No querrás que se den cuenta que estoy aquí metido en tu cama… —me susurró cerca del oído.
—Tengo sueño, Tom… —le respondí molesta. Sabía perfectamente a lo que venía, y no me apetecía en ese momento tener un polvo con él, además seguro que él se había estado divirtiendo mientras yo estaba aquí en casa preocupada por él— Ya has tenido suficiente diversión hoy…
—No… Aún falta la guinda que adorna el pastel… —me respondió ahora mirándome directamente a los ojos. La poca luz que entraba en la habitación, a causa de los débiles rayos de la luna, iluminaron su cara. Sus pupilas estaban completamente dilatadas— Nos vamos divertir mucho, ¿no crees?
—Tom estoy cansada… —le repetí.
—Vamos seguramente estás deseosa de que te meta mi polla de nuevo —me dijo mirándome de nuevo— No es así hermanita, te encanta que te la meta, y que te folle hasta dejarte sin fuerzas…
—No me apetece, estoy cansada y tengo mucho sueño —le dije de nuevo— Sal de mi cama, ahora mismo, ya has tenido suficiente por hoy, con todas las putas con las cuales te has revolcado hoy —le dije enfadada. Yo no era segundo plato, y si tenía pensado revolcarse con otras mujeres, y después venirme a buscar para tener un rato agradable lo iba a tener claro.
—Lo que pasa, querida hermanita… —me miró con autosuficiencia— Es que me falta revolcarme con la puta mayor en todo…
—Yo no soy una puta… —le dije completamente ofendida. Ya me estaba hartando que siempre en nuestras discusiones, o cualquier movida siempre tuviera que llamarme así— Quítate de encima de mí, gilipollas… —le dije muy enfadada.
—Nein… —me respondió nuevamente— Tengo que cobrarme todo lo que me has hecho hoy… —me susurró en mi oído— Así que nena, ábrete de piernas y gocemos hasta el amanecer.
—Te he dicho que no —le dije empujándolo de nuevo, pero él era mucho más fuerte que yo, y no conseguí moverle ni un centímetro de mi cuerpo.
—Te estás portando muy mal, Naia… —me dijo mi hermano frunciendo el ceño— Voy a tener que castigarte, para que me dejes hacer lo que quiero en este momento.
—Suéltame —le dije de nuevo.
—No… —me susurró agarrando mis muñecas, se movió un poco más luego rebuscar al lado de mi cama, algo. Finalmente, cogió el cinturón de su pantalón.
—¿Qué vas a hacer? —le pregunté asustada, no quería que me pegará una paliza con el cinturón.
—Voy a asegurarme de que dejas de tocarme las narices —me respondió. Me soltó las muñecas, para coger bien su cinturón, que lo abrochó por la hebilla, luego rodeó con este mis muñecas sujetándolas fuertemente, me revolví un poco de bajo de él.
—Suéltame ahora mismo, imbécil… —no me hizo caso, y siguió apretando el cinturón para luego atarlo al cabecero de mi cama, dejando mis brazos por encima de mi cabeza— Me haces daño…
—Así estarás más quietecita… —me susurró— Bien… ¿Por dónde íbamos? —se preguntó a sí mismo— Creo que te estaba besando el cuello…
—Suéltame —le volví a insistir.
Pero no me hizo caso. Se concentró de nuevo en mi cuello, a la vez como sentía como succionaba sobre mi piel, y como jugaba con sus dientes con ella. Sus manos se colaron por debajo de la camiseta de mi pijama, hasta que sus dedos se posaron sobre mis pezones. Me retorcí un poco por el dolor, al sentir como los apretaba fuertemente y tiraba de ellos, luego comenzó a masajear mis pechos de forma brusca, sin ningún tipo de suavidad ni de cariño.
—Me haces daño… —susurré cerrando fuertemente los ojos, sentía como las lágrimas comenzaban a salir de mis ojos, y sentía como me comenzaban a doler los brazos por la tensión que tenía en ellos. Los tenía atados al cabezal de mi cama. Abrí los ojos desmesuradamente de nuevo, cuando sentí como mi hermano me penetraba bruscamente de una sola estocada, sin prepararme previamente. Sentí un dolor en mi zona íntima, como si algo se me desgarrara por dentro. Siguió moviéndose con estocadas secas y duras, me dolía demasiado y las lágrimas cada vez eran más persistentes sobre mis mejillas, pero él no hizo ningún intentó de amainar sus embestidas. Estaba fuera de sí, como una bestia desbocada. Sentí su aliento rozar mis labios, para luego comenzarme a besar de manera sucia, y finalmente morderme el labio inferior. Luego bajo su cabeza, a la vez que subía por completo la camiseta de mi pijama, y dejaba mis pechos al descubierto, comenzó a morderlos con sus dientes, tirando de mis pezones fuertemente como si quisiera arrancármelos.
—Oh… —le escuché gemir para luego volver a besar mis labios, a la vez que hacía más rápidos sus movimientos pélvicos contra mi pelvis. Hasta que finalmente llegó al orgasmo. Me sentía sucia. Se salió de encima de mí, para luego contemplarme nuevamente recorriéndome con su mirada. Seguía con mis brazos amarrados al cabezal de mi cama, y notaba con el cuero del cinturón estaba empezando a dejar marcas rojas sobre mis muñecas. Mis ojos me escocían, y sentía un nudo en mi garganta. Solo quería llorar.
Sus manos se posaron de nuevo sobre mis pechos, los cuales comenzó a pellizcar de nuevo con sus dedos. Luego bajó hasta mi entrepierna, y sentí como introducían sus dedos en el interior de mi vagina y comenzaba a moverlos de forma brusca. Abrí la boca emitiendo un pequeño quejido, pero él ni se inmuto siguió con sus dedos dentro de mí. Me dolía bastante lo que estaba haciendo, no era nada cariñoso, y lo hacía de manera brusca. Me sentía otra vez violada por mi propio hermano, como cuando fue nuestra primera vez. Noté como su entrepierna se volvía a poner dura otra vez, y como sus ojos mostraban su excitación, aparte de estar sus pupilas completamente dilatadas por el alcohol que había consumido, que se había mezclado con mi saliva cuando me había besado anteriormente. Quitó los dedos dentro de mí, respiré aliviada, pensando que quizás ya se había cansado y que ahora se volvería a su habitación, pero no fue así, se colocó de nuevo encima de mí y me volvió a penetrar con más fuerza que antes. Yo solamente lloraba mientras que él me penetraba bruscamente. Finalmente, dio una embestida seca corriéndose de nuevo en mi interior. Su cuerpo estaba perlado por el sudor, mi cuerpo también lo estaba, pero no tanto. Soltó mis brazos de la atadura a la que estaba sometida. Sentí un alivio en mis muñecas que estaban completamente rojas, y ya casi se estaba formando una herida. Me eché a llorar más intensamente, girándome para no verlo a la cara. Apoyé mi cara sobre la almohada, quedando boca abajo. Me sentía miserable.
—No llores niñata, que sé que te ha gustado —escuché decirle— Además te lo merecías por puta.
Agarré mis piernas colocándome en posición fetal, a la vez que las lágrimas seguían saliendo de mis ojos. Escuché como la puerta de mi habitación se cerró de nuevo. Mi hermano se había ido dejándome sola con mi dolor. Sentía dolor en todo mi abdomen, había sido demasiado brusco conmigo. Entre sollozos conseguí quedarme nuevamente dormida, pero de todas formas me sentía inquieta. No dormía profundamente.
El sonido incesante del timbre de mi despertador, hizo que me despertara bruscamente. No había dormido bien por la noche. Me dolía el cuerpo completamente. Me levanté de mi cama, pero una punzada de dolor hizo que me doblará sobre mi misma. Miré la sabana interior estaba manchada, de sangre reseca. Suspiré, y unas lágrimas surcaron mis ojos al recordar lo sucedido por la noche. Me dirigí hacia mi armario para coger una muda limpia de ropa interior, para luego salir de mi habitación y encerrarme en el baño. Tardé bastantes minutos en salir, porque sentía mogollón de molestias en mi interior, aparte de que me sentía acalorada, abrumada…
Entré en mi habitación de nuevo, para ponerme el uniforme para ir a la escuela. Cogí mi mochila, para luego dirigirme por el pasillo hacia las escaleras, podía escuchar a mi madre en la cocina acabando de hacernos el desayuno. Bajé con cuidado las escaleras, y lentamente, las punzadas de dolor eran cada vez más mayores. Entré en el interior de la cocina, en ella ya se encontraban mis hermanos, Gordon y mamá ya desayunando.
—Pensé que hoy no irías a la escuela —dijo mamá nada más verme entrar en la cocina— Te has tardado mucho en bajar…
—Solo se me han pegado las sábanas, nada más —respondí, pero no puede evitar hacer un leve siseo, al notar otra punzada de dolor en mi vientre. Enseguida empecé a notar como algo caliente comenzaba a bajar por mis piernas. Me puse pálida, del miedo que sentí.
—¡Dios mío, Naia! —escuché decir a mi madre horrorizada— Estás sangrando… —no pude decir nada más porque la visión se volvió nublada, y sentí como mi cuerpo se daba de bruces contra el suelo— Naia…
&
Abrí los ojos confundida. ¿Dónde me encontraba? Estaba en una habitación completamente blanca, sobre una cama. Miré a mí alrededor y había otra cama vacía. Me di cuenta que no tenía mi ropa puesta, tenía un camisón blanco… Un camisón de hospital. El gotero del suero goteaba incesantemente, metiendo el líquido en el interior de mis venas.
—Me alegro que ya estés despierta —dijo una mujer entrando en la habitación con una bata blanca— Me llamo Susan Khöler, soy ginecóloga y obstetricista, me encargaré de llevar su caso mientras estés en el hospital.
—Perdón… no sé a qué se refiere —dije más confundida que antes.
Continúa…
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