Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 68
By Naia
Entramos en el interior del coche. Yo ocupé el asiento trasero como siempre, mientras mi padre se sentaba en el asiento del conductor y mi madre en el asiento del copiloto. Nos abrochamos los cinturones de seguridad, para luego Gordon arrancar el coche y conducir en dirección a nuestra casa. Durante el camino me sumí en mis pensamientos. Mi hermano Tom me había ignorado completamente durante el tiempo que había estado en el hospital. Mi hermano Bill se había enfadado conmigo. No sé cómo me sentiría en casa, estar conviviendo con ellos todos los días cuando ambos estaban molestos conmigo. Llegamos a nuestra casa. Estaba ansiosa de ir a mi habitación y poder dormir bien en mi cama. En el hospital, la cama no era muy cómoda y no me daba adaptado bien a ella. Papá aparcó el coche en el interior del garaje. Yo salí del coche, para dirigirme hacia el interior de la casa. La casa estaba silenciosa, solo se escuchaban los ladridos de la perrita que les había regalado a mis hermanos hacía unas semanas por su cumpleaños.
—Hola pequeña… —susurré cuando me miró y comenzó a correr hacia mí. Comencé a acariciarla por la barriga, hecho que le gustaba mucho— ¿Me has extrañado? —preguntó mientras ahora le rascaba detrás de la oreja— ¿Dónde están Tom y Bill? —le pregunté como si diera por supuesto que la perrita me iba a responder. El cachorrillo solo se limitó a mover la cola graciosamente a la vez que me miraba.
Comencé a subir las escaleras, para luego llegar a la puerta de mi habitación. Entré en el interior de esta, y lo primero que hice fue tumbarme en mi cama. Respiré hondamente. Luego me levanté, para dirigirme a las habitaciones de mis hermanos. Bill se merecía una disculpa mía por haberle hablado de esa forma en el hospital, y Tom me debía una explicación de porqué no fue ningún día a visitarme. Entré primeramente en la habitación de mi hermano Bill. Estaba completamente vacía, y se notaba que había sido recogida a conciencia. No había ropa por el suelo. Me extrañé bastante. Salí de la habitación para dirigirme a la habitación de mi hermano Tom, que era la continua a la mía. Estaba como la habitación de mi nuestro hermano Bill, completamente recogida y todo colocado en su sitio. No podía oler su aroma impregnado en el ambiente de esa habitación. Salí de allí, para luego bajar las escaleras y dirigirme hacia la cocina. Allí mamá se encontraba colocando unas cosas que había comprado Gordon antes de irnos a buscar al hospital.
—¿Dónde están Bill y Tom? —pregunté curiosa a mamá. Me extrañaba que a esas horas no estuvieran en casa, y sobre todo si sabían que hoy saldría del hospital.
—Oh cariño, tuvieron que viajar… —me respondió a la vez que me mostré un poco confusa. ¿Cómo que viajar? Me pregunté interiormente— Adelantaron unos días los castings de DSDS —informó mi madre— Añadieron varios días más para darle oportunidad a más candidatos de presentarse…
—Aahh… no lo sabía —susurré— ¿Cuándo volverán? —pregunté.
—Supongo que en una semana —me respondió mi madre a la vez que intentaba hacer un cálculo mental— No lo sé aproximadamente.
—Está bien… —me senté en una de las sillas a descansar. No vería a mi hermano Tom en al menos unas semanas, y las disculpas a mi hermano Bill también tendrían que esperar.
Me levanté de la silla y regresé a mi habitación. Estaba muy aburrida, y no sabía qué hacer. Encendí mi portátil para navegar un poco por internet o quizás conectarme al skype para hablar con mi amiga Amy, pero una vez que me conecté no estaba en el skype así que me desconecté. Me tumbé en la cama. Al poco tiempo mis ojos empezaron a pesar hasta que finalmente los cerré.
El despertador sonaba intensamente en mi mesilla de noche. Abrí los ojos y la luz tenue de los rayos del sol penetraban por la ventana de mi habitación. Eran las siete de la mañana. Debía de levantarme para prepararme para ir a la escuela. Me estiré completamente en la cama, para luego levantarme. Busqué una muda limpia de ropa interior para luego irme a dar una ducha rápida. La casa se notaba tan vacía, desde que mis hermanos se habían ido de viaje. Echaba de menos las peleas matutinas para ver quien entraba primero al baño. Cerré la puerta tras de mí, para luego regular el agua y dejarla correr un poco. Me quité el pijama y me metí en el interior de la ducha, dejando que el agua comenzará a mojar todo mi cuerpo. Después de diez minutos, en los que me estuve relajando bajo la ducha, salí de esta para secarme con una toalla. Me puse la ropa interior, para luego ponerme un albornoz y salir del baño hacia mi habitación. Acabé de ponerme el uniforme, para después revisar mi mochila y acabar de meter algunos libros que tenía por encima del escritorio. Minutos después, salí de mi habitación para bajar a desayunar.
—Buenos días, hija —me saludó mi madre a la vez que acababa de hacerme el desayuno.
—Buenos días, mamá —respondí a su saludo para luego bostezar. Se notaba que todavía tenía bastante sueño, y que por la noche no había descansado del todo.
—¿Preparada para regresar de nuevo a la escuela? —me preguntó mi madre a la vez que acababa de servirme el desayuno.
—No… —respondí con cansancio— Tengo mucho sueño y quiero dormir.
—Pues vas a tener que acostumbrarte… —me respondió mi madre mirándome con seriedad— No te entretengas con el desayuno que sino llegarás tarde y no querrás hacer esperar a Amy.
—Está bien… —respondí con un poco de molestia. Comencé a desayunar sin entretenerme. Después de unos cinco minutos ya había acabado de tomar mi desayuno entero— Bueno, yo ya me voy —informé a mi madre cogiendo mi mochila que había dejado al lado de la silla— Hasta más tarde —me despedí de ella.
—Hasta luego —escuché decir a mi madre a la vez que cerraba la puerta de la cocina.
Salí de casa. Hacía algo de fresco, pero la temperatura todavía era agradable. Estamos a principio de octubre, aunque ya hacía unas semanas que el otoño había llegado, tiñendo de marrón las hojas de los árboles que comenzaban a caer compulsivamente sobre las aceras y parques de Hamburgo. Caminé hacia la casa de Amy que vivía solo a unas cuadras de la mía. Tras diez minutos de camino, llegué a la casa de mi amiga. Me puse a esperarla afuera de su casa. Ella no tardó en salir para reunirse conmigo.
—Hola Nai —me saludó— ¿Cómo estás?
—Bien… —respondí. Mi amiga sabía que había estado en el hospital, y había tenido unos desgarros. Ella había ido a visitarme cuando supo que ya estaba en casa.
—¿Preparada para comenzar de nuevo las clases? —preguntó mirándome— Te extrañé.
—Bueno… —respondí cabizbaja. La verdad es que no tenía muchos ánimos, estar sin saber nada de mi hermano Tom durante una semana y que este ignorara por completo los mensajes que le dejaba hacía que mi humor menguara por momentos. No tenía ganas de hacer nada.
—Venga anímate —intentó animarme mi amiga.
—No me apetece ir a clase —le respondí— Además… —musité para luego quedarme en silencio completamente. Mi amiga me miró esperando a que continuara hablando.
—¿Además qué? —me preguntó para que continuará la frase.
—Echo de menos a mis hermanos —dije con tristeza.
—Pero solo estarán unas semanas fuera —me dijo mi amiga mirándome confundida por mi tristeza— Además ya tienes que estar acostumbrada, has estado cerca de cuatro años sin estar con ellos.
—Lo sé… —respondí— Pero es que me acostumbré a tenerlos cerca rápidamente.
—En fin… —suspiró mi amiga— Vámonos que sino llegaremos tarde.
Comenzamos a caminar hacia la escuela. En menos de diez minutos llegamos al recinto que rodeaba el gran edificio de nuestra escuela. Algunos compañeros del colegio se encontraban hablando en corrillos con otros compañeros. Amy y yo caminamos hasta sentarnos en un banco que había cerca de las escaleras que daban a la entrada del edificio.
—¡Mira quién ha venido hoy a la escuela! —la voz de Brenda nos interrumpió en nuestra conversación.
—Piérdete Brenda —le dijo mi amiga con odio.
—¿Qué tal estás Naia? —preguntó de nuevo Brenda— Ha oído que has estado unos días ingresada en el hospital.
—Bien, gracias —le respondí por cortesía. No quería mantener ningún tipo de conversación con ella.
—Se dice que anduviste de puta por eso tuviste que ser ingresada en el hospital —volvió a decir destilando su veneno.
—Brenda lárgate de aquí, y deja a mi amiga tranquila —dijo Amy levantándose con cara de muy pocos amigos— No vuelvas a decir cosas que no sabes, Naia estuvo ingresada porque tuvo una recaída de su enfermedad —añadió Amy defendiéndome y mintiendo sobre lo ocurrido— Así que deja de tocarnos las narices sino quieres que te rompa la cara —amenazó Amy. A los pocos segundos, Brenda y sus secuaces salieron caminando rápidamente hacia otro lado del gran patio.
—Gracias, Amy… —susurré avergonzada ya que ella si sabía lo que había pasado.
—No tienen ningún derecho a meterse contigo —volvió a decir mi amiga— Si sigue tocando las narices se las verá conmigo.
—No quiero que te metas en problemas por culpa mía —dije con preocupación.
—Tranquila, seré prudente —me sonrió mi amiga.
El timbre comenzó a sonar fuertemente. Los demás compañeros de nuestra escuela comenzaron a dirigirse hacia las escaleras que daban al interior del edificio. Amy y yo los imitamos, y nos dirigimos también a las escaleras para dirigirnos hacia nuestra aula correspondiente. Entramos en el aula y ocupamos nuestros pupitres. Enseguida el profesor que nos daría la primera hora de clase entró por la puerta, portando un gran maletín de cuero. Luego sacó el libro de este e hizo que les prestáramos atención.
La mañana fue bastante agobiante. No sabía que, en esos días, que no había ido a clase, habían adelantado tanto en las materias. Debía ponerme al día en varias, hacer ejercicios atrasados y leerme varios temas porque en unos días nos harían unos pequeños exámenes a modo de control. Tendría que ponerme las pilas si quería sacar buenas calificaciones al final de la evaluación. Estaba ansiosa de que llegará la hora del descanso. Mis neuronas estaban al borde de explotar de tanto pensar. Finalmente, el timbre sonó anunciando que empezaba la hora del recreo. Mis compañeros de clase salieron a trompicones por la puerta de casa, a la vez que se iban mezclando con otros compañeros que salían por el gran pasillo del piso. Amy y yo nos quedamos sentadas en nuestros pupitres.
—¡Menos mal que ha llegado el descanso! —suspiré mostrando algo de agobio— Pensé que mis neuronas iban a explotar de tanto pensar…
—¿Te apetece un trocito?
—No gracias, no tengo mucha hambre.
—Vale.
—Enserio que no pensé que iba a estar tan atrasada en todas las asignaturas —me quejé.
—En los últimos días nos han puesto mucho las pilas —respondió mi amiga.
—Ya… —susurré.
—Voy a servicio, ¿vienes? —me dijo mi amiga a la vez que se levantaba de su asiento.
—Mejor te espero aquí…
—Está bien —asintió para luego salir por la puerta de clase.
Tan pronto como Amy salió por la puerta de clase, me apresuré a buscar mi móvil. Ansiaba saber de mi hermano Tom, aunque me ignorará completamente le iba a insistir hasta hacer que me contestaran mis whatsapps. Comencé a teclear rápidamente, no quería que Amy me descubriera mandándole un mensaje a mi hermano sobre todo si le iba a demostrar mis sentimientos.
“¿Por qué no me contestas a los mensajes que te mando?”
Le pregunté.
“Te extraño… Necesito saber de ti, por favor, Tom háblame”
Le supliqué nuevamente. Esperé impacientemente a ver si me contestaba antes de que viniera mi amiga Amy pero ni siquiera se dignó a ver mis mensajes. Me estaba empezando a molestar mucho por la actitud que tenía mi hermano conmigo. Primero, me seduce y luego se olvida de mí como si fuera una muñeca de trapo. Mi ego de mujer estaba cayéndose por los suelos. Guardé el móvil, con enojo. Tenía unas ganas tremendas de gritar, de llorar, de desaparecer del mundo…
—Ya estoy aquí —me informó mi amiga entrando por la puerta del aula nuevamente— ¿Y esa cara? —preguntó al fijarse en mi— ¿Qué te pasa?
—Nada… —respondí tratando de eludir la pregunta.
—Algo te pasa… —volvió a decir mi amiga mirándome inescrutablemente.
—No me pasa nada, Amy —le respondí con molestia.
—Está bien —me respondió enfadada— No te voy a preguntar nada más, joder… Parece que te ha bajado la menstruación de lo insoportable que estás.
No respondí. Me quedé callada. El timbre volvió a sonar anunciando de nuevo el comienzo de las clases después del recreo. Durante las siguientes horas, Amy no habló conmigo nada. Se notaba que estaba molesta. Después de tres horas interminables, que para mí significaron una tortura por fin pudimos salir de la escuela. Ese día por la tarde no tendríamos clases, como otros días. Todos mis compañeros comenzaron a recoger sus cosas y a meterlas en el interior de su mochila. Yo les imité al igual que Amy. Mis compañeros de clase abandonaron el aula dejándonos solas a mi amiga y a mí. Ella seguía sin hablarme porque seguía molesta conmigo. Ambas salimos del aula para comenzar a caminar por el pasillo que ya estaba vacío.
—Lo siento, Amy —le susurré sintiéndome culpable de que estuviera enfadada conmigo— No he tenido unos buenos días últimamente —confesé.
—Naia si te pasa algo, no dudes decírmelo —insistió mi amiga— Sabes que te aconsejaría. Últimamente te noto distante… ¿Por qué no me contaste que te estabas viendo un chico?
—No sé… —respondí. La verdad es que no sabía que contestarle— Tal vez fue porque lo conocí de manera inesperada. Pero ahora ya no tengo nada con él… —susurré— Desde que ingresé en el hospital no sé nada de él —confesé.
—Oh Naia… —susurró mi amiga apenada— Lo siento mucho…
—No tienes por qué sentirlo —le respondí. Los ojos me escocían y tenía unas ganas tremendas de llorar— Gracias a eso, he comprendido que solo quiso estar conmigo para utilizarme como una muñeca de trapo. Soy un trapo sucio… —dije con rabia.
—Naia no quiero que vuelvas a pensar más en ese chico —dijo mi amiga abrazándome— No te conviene, porque pensar en él te hace daño. Olvídate de él, y ya verás que encontrarás a la persona adecuada para ti.
—Créeme que estoy tratando de olvidarme de él —le dije con ojos llorosos— Pero no puedo… Lo quiero… Siento una opresión en el pecho cada vez que no sé nada de él.
—¡Ay amiga…! —me miró con tristeza— Te has enganchado muy fuerte por ese chico. Pero tienes que olvidarlo —volvió a insistirme.
Amy tenía razón. Si no quería sufrir más debería de olvidarme de ese chico, pero el gran inconveniente de todo es que ese chico sea tu propio hermano, con el cual tienes que convivir día a día, y no puedes evitar estar cerca de él. De tocarlo, de oler el aroma de su piel que hace que el deseo carnal poco a poco se más intenso, hasta que te consumes lentamente en las llamas del placer.
Salimos del colegio. Comenzamos a caminar en silencio por el largo camino hacia nuestras casas. Después de cerca de diez minutos, llegamos a la casa de Amy.
—Bueno Nai hablamos —me dijo mi amiga despidiéndose— Si eso por la tarde te conectas al messenger y hablamos.
—Está bien… —susurré. Seguía sintiéndome triste, desganada.
—Y deja de comerte la cabeza por ese chico —me dijo mi amiga intentando hacerme entrar en razón— Olvídate de él…
—Bueno, yo ya me voy… —le dije. No quería seguir escuchando sus palabras— Hablamos…
Comencé a caminar hacia mi casa, mientras que Amy se metía en el interior de la suya. Después de otros diez minutos por fin llegué al jardín de la casa de mis padres. Caminé a través de este hasta por fin posicionarme enfrente de la puerta que daba al interior de la casa. Abrí la puerta, y entré en ella. Mamá ya estaba acabando de preparar la comida. Lo sé porque escuché el mover de cosas en la cocina. Me dirigí hacia la cocina.
—Hola hija —me dijo al verme entrar en ella— ¿Qué tal en la escuela?
—Bien… —musité cansada— Voy a dejar la mochila en mi habitación.
—No tardes —me dijo mi madre— La comida estará en unos segundos.
—Está bien… —asentí para luego salir de la cocina.
Me dirigí hacia las escaleras, y las comencé a subir. Llegué a mi habitación, cerrando la puerta tras de mí. Me senté en mi cama apoyando mi mochila al lado. Suspiré. ¿Por qué la vida de adolescente tenía que ser tan complicada? Saqué mi móvil del bolsillo pequeño de mi mochila, y lo desbloqueé con la esperanza de que mi hermano Tom me hubiera contestado, pero seguía sin tener ninguna respuesta por su parte. Esta situación me estaba empezando a impacientar, a deprimir. Tendría que tomar medidas drásticas para poder solucionarlo.
Continúa…
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