Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 69
By Tom
Me había levantado temprano, con un dolor tremendo de cabeza, y no entendía porque me sentía tan así. Me encontraba en la cocina, tomando el desayuno que mamá nos había preparado a mi hermano Bill y Gordon. Parecía una mañana muy tranquila, a no ser porque mi hermana pequeña estaba tardando en bajarse a desayunar, y eso estaba impacientando a nuestra madre.
—Vuestra hermana llegará tarde a la escuela, como tarde más en bajar —murmuró mamá a la vez que se servía un poco de café en su taza.
—Se habrá quedado dormida —respondí para luego darle un pequeño mordisco a mi tostada con mermelada de ciruela.
Minutos después, Naia entraba en el interior de la cocina. Su aspecto no era muy bueno. Estaba ojerosa, y por no aventurarme de que tenía los ojos hinchados. Me dedicó una mirada de odio que hizo que se me congelará la sangre de mis venas. La veía un poco pálida de más, aparte de que su forma de andar era demasiado rara. La observé atentamente.
—Pensé que hoy no irías a la escuela —dijo nuestra madre nada más verla entrar por la puerta— Te has tardado mucho en bajar…
—Solo se me han pegado las sábanas, nada más —respondió rápidamente, para luego hacer una mueca de dolor. Su cara se tornó más pálida, y observé como por su pierna comenzaba a deslizarse una hilera de sangre. Abrí los ojos desmesuradamente asustado, me iba a levantar de mi asiento para acercarme a ella pero mamá se adelantó.
—¡Dios mío, Naia! —dijo mamá preocupada— Estás sangrando… —dicho esto Naia cayó desmayada en al suelo. Estaba completamente blanca— Naia… —llamó mamá intentando hacer que volviera otra vez en sí— Rápido tenemos que llevarla al hospital —dijo mamá histérica y muy preocupada al ver que nuestra hermana no reaccionaba.
Nos levantamos rápidamente, a la vez que papá salía corriendo para coger las llaves de su automóvil y sacarlo, lo más rápido posible. Entre Bill y yo ayudamos a mamá a levantar a Naia del suelo. Finalmente acabé llevándola entre mis brazos. Se veía tan delicada, tan débil… Salimos rápidamente de casa, mamá se puso en el asiento de atrás para estar con nuestra hermana. Bill se sentó en el asiento del copiloto, mientras que yo me metí en la parte de atrás del coche, metiendo a mi hermana en el interior, que fue arropada por mamá. Durante el trayecto no podía de dejar de pensar que era lo que le pasaba a mi hermana. Sentía que algo tenía que ver conmigo, no sé… me daba la impresión, pero me sentía muy frustrado porque no era capaz de intentar recordar cualquier cosa que hubiera hecho por la noche.
Tras unos treinta minutos de trayecto, por fin pudimos llegar al hospital. A esas horas de la mañana el tráfico estaba bastante congestionado. Casi todo el mundo salía para ir a trabajar, muchos caminando, otros en sus propios coches y algunos en transporte público, así que a esa hora era un caos el tráfico. Gordon aparcó el coche enfrente de la puerta del hospital. Abrí la puerta y salí, al igual que mi hermano Bill saliendo de la puerta del copiloto.
—Quedaros aquí —nos dijo Gordon— Yo iré a buscar la silla de ruedas. Ayudar a vuestra madre en todo lo que necesite.
Los dos asentimos con la cabeza, y nos quedamos parados de pie, sin saber la verdad que hacer. Naia estaba muy pálida, casi parecía un cadáver andante. Mamá estaba todo el rato susurrándole cosas en el oído para poder hacerla reaccionar, pero ella seguía inconsciente, haciendo que nuestra madre la mirará con preocupación. Segundos después, Gordon llegó con una silla de ruedas acompañado con un celador, que ayudó a nuestra madre a sacar a Naia del coche. Después la colocaron en la silla de ruedas y se dirigió hacia el interior del hospital acompañada por Gordon. Mamá cerró el coche y prosiguió a acompañarles. Nosotros comenzamos a caminar hacia donde estaban ellos para entrar en el hospital.
—Iros al estudio de grabación —nos dijo nuestra madre— No hace falta que os quedéis. Si hay algo os llamamos para informaros.
—Está bien… —susurró mi hermano.
Nos quedamos ambos en silencio, en medio de la acera.
—¿Ahora cómo vamos a hacer para ir al estudio de grabación? —le pregunté a mi hermano— No hemos traído el coche.
—Coger un taxi, para que nos llevé a casa y así podamos coger tu coche —sugirió Bill a su hermano levantando una ceja mostrando obviedad.
—Muy listo hermanito —me metí con mi hermano. A veces me sorprendía con su inteligencia, la cual utilizaba muy pocas veces.
—Como te burles otra vez de mí, te vas a enterar —me replicó mi hermanito frunciendo el ceño.
—Está bien enano, yo no me he burlado de ti —le respondí— Será mejor que apuremos para coger el taxi, y así poder llegar cuanto antes al estudio de grabación.
Caminamos hacia una parada de taxis que estaba situada unos metros al lado del hospital. Nos metimos en el primer taxi que estaba en la fila. Le indicamos la dirección de nuestra casa, y nos fuimos alejando del hospital. Veinte minutos después, nos encontrábamos en frente de la casa de nuestra madre. Bill pagó al conductor del taxi, para luego bajar de este. Entramos en el interior de casa, y Bill subió a su cuarto para coger la carpeta donde guardaba las canciones que había escrito esos días. Ahora en el estudio tendría que ponerle la música, o bueno, mejor dicho intentar ponerle una melodía. Segundos después regreso de nuevo al salón donde lo estaba esperando, y juntos nos dirigimos hacia el garaje de nuestra casa para sacar mi coche de este, y así dirigirnos al estudio de grabación.
Estaba intentando componer la melodía para una canción, que había escrito Bill el día anterior. Feel it all, así se llamaba la canción, quería darle un sonido fresco, muy rítmico que hicieran saltar a la pista a las fans, y bailaran enloquecidas al ritmo de la canción. Pero mis pensamientos no me dejaban trabajar con claridad. Mi mente solo estaba pensando en ella, en mi hermanita pequeña, en mi princesa, en mi todo…
—¿Qué te ocurre Tom? —me preguntó mi hermano Bill sacándome de mis pensamientos.
—Nada… —respondí aunque por la expresión de mi cara se debió de dar cuenta de que algo si me pasaba.
—Vamos Tom, no soy tonto —me dijo de nuevo mirándome intensamente con sus ojos color avellana— ¿Qué te pasa?
—Estoy preocupado por Naia —respondí con angustia— Llevamos prácticamente toda la mañana aquí en el estudio, y no hemos tenido ninguna noticia de nuestra madre informándonos sobre nuestra hermana.
—Supongo que le estarán haciendo pruebas —me respondió mi hermano— No seas impaciente, Tom…
—Es que me desesperada no saber nada —dije perdiendo los nervios— Llama a mamá, Bill por favor…
—¿Por qué no lo haces tú? —me dijo mirándome— Si tanto quieres saber de nuestra hermana, llama tú a mamá.
—No puedo —le dije— Estoy tan nervioso que se me atorarían las palabras en mi garganta, y no serían capaces de salir.
—Está bien —asintió mi hermano echando un suspiro— Ahora vuelvo.
Bill salió de la sala para ir a buscar su teléfono móvil que tenía en su cazadora. Mientras yo estaba sentado en el sillón, en silencio, con la cabeza apoyada sobre el lomo de la guitarra, ya que estaba con una de mis guitarras acústicas. Segundos después, Bill entró de nuevo en la sala con su móvil en la mano, y comenzó a marcar el número del móvil de nuestra madre. Espero unos segundos a que esta le contestará.
—Hola mamá —saludó a nuestra madre— ¿Cómo se encuentra Naia? —preguntó sin ningún tipo de rodeo— Vaya… —musitó haciendo que me pusiera más nervioso de lo que estaba— Así que tendrá que quedarse unos días ingresada —afirmó mi hermano, y mi estómago comenzó a revolverse. ¿Por qué tenía la sensación de que el mal que tenía mi hermana se lo había causado yo? Me sentía intranquilo y culpable… No me acordaba nada de lo que había hecho la noche anterior, después de haber ido a mi apartamento donde hice cosas no legales— Bueno, hablamos cuando lleguemos a casa, quizás después por la tarde nos acerquemos a ver a Naia —mi hermano colgó su móvil, para luego mirarme.
—¿Qué le ha pasado? —pregunté con un nudo en la garganta.
—Nuestra hermanita ha tenido una sesión de sexo duro —respondió mi hermano— Ha sufrido varios desgarros en su vagina, y tendrá que estar unos días ingresada mientras recibe tratamiento. ¿Sabías algo de que Naia estaba con algún chico? —me preguntó con confusión.
—La verdad es que no lo sabía —susurré. Sentía como la garganta se me secaba, claramente yo le había provocado esos desgarros. Tenía un presentimiento muy fuerte, yo había sido el culpable, y me sentía muy miserable por haber sido capaz de haberle hecho eso a mi hermana.
—Pues es raro que no sepas en donde anda metida nuestra hermanita, cuando te pasas la mayoría del tiempo con ella —me dijo mi gemelo mirándome intensamente.
—No soy su niñera para estar todo el rato controlándola —le respondí.
—Está bien… —me susurró— No te pongas así, solo te estaba preguntando nada más. Hoy por la tarde cuando salgamos del estudio, podríamos ir a verla. La pobre se debe de sentir un poco aburrida al estar encerrada todo el tiempo en el hospital. Date cuenta que las horas allí no se pasan.
—No creo que pueda ir a verla —me excusé. La verdad es que no quería verla después de lo que le había hecho. Supongo que ella ahora me estará odiando más que nunca, y no querrá saber nada de mi— Tengo que acabar de hacer unas pistas para varias de las canciones que ya tenemos hechas.
—No hay quien te entienda, Tom —dijo mi hermano molesto— Hace cinco minutos no eras capaz de tocar ni una sola nota, porque estabas preocupado por nuestra hermana, y ahora no quieres ir a verla al hospital. Con eso me demuestras que no estás muy preocupado por ella.
—Iré mañana si puedo —le respondí con una excusa rápida.
Las horas fueron pasando. Al mediodía encargamos un par de bocadillos de mozzarella, para comer en el estudio. Después seguimos con nuestro trabajo en el estudio. A media tarde, cuando Bill ya había acabado de hacer todo, cogió su cazadora para irse.
—¿Seguro que no quieres venir a ver a Naia? —preguntó insistiéndome.
—Te he dicho que tengo cosas que hacer —le volví a decir molesto— Tengo que acabar la música de unas demos para presentarle a David y a Benjamin.
—Está bien —dijo finalmente cansado de insistirme— Nos vemos en casa.
Mi hermano se fue dejándome solo en mi soledad. La culpa me estaba reconcomiendo internamente, y no podía concentrarme. Pasé cerca de dos horas en estudio de grabación sin hacer nada. Lo único que había conseguido hacer en esas horas era fumarme por completo mi cajetilla de tabaco. Cerca de las nueve de la noche regresé a casa de nuevo. Mis padres ya estaban en casa, y mi hermano Bill también.
—Hola a todo el mundo —hice un saludo general.
—¿De dónde vienes tan tarde? —preguntó mi madre preocupada.
—Tenía cosas que hacer en el estudio de grabación —expliqué.
—¿No fuiste a ver a tu hermana al hospital? —preguntó mi madre mostrándose confusa, ya que sabía que tenía muy buena relación con Naia.
—No —respondí— A lo mejor iré mañana, depende del trabajo que haya en el estudio de grabación.
—Será mejor que cenemos —dijo mamá.
Entramos en la cocina, y nos dispusimos a cenar. La cena fue bastante extraña, ya que faltaba Naia. No sé… la casa se sentía un poco vacía sin ella. Cuando acabamos de cenar, yo me fui a mi dormitorio. No me apetecía estar viendo la televisión con Bill y con Gordon. Entré en mi habitación, y cerré la puerta tras de mí. Comencé a desnudarme para luego ponerme unos pantalones de algodón y una camiseta vieja, para estar cómodo. Me tumbé en mi cama y me puse navegar un poco por internet a través de mi teléfono móvil. Luego entré en la cuenta de Facebook de Tokio Hotel para ver los comentarios que nos dejaban las fans. Algunas pidiendo a gritos que fuéramos a su país, otras pedían con desesperación que acabáramos el álbum ya, para poderlo sacar. La verdad es que aún no veía muy claro que el nuevo álbum estuviera listo para ese año. Estar de jurado en el DSDS retrasaría bastante su salida.
Los ojos comenzaron a pesarme, así que salí del Facebook y apoyé mi móvil sobre la mesilla de noche que estaba al lado de mi cama. Me metí en el interior de ella, para luego taparme. Apagué la luz de la lamparita que estaba sobre mi mesilla de noche. La habitación se quedó completamente a oscuras, cerré los ojos dispuesto a dormir.
Abrí la puerta, todo estaba oscuro. Ella dormía plácidamente en su cama. Me acerqué a la cama para luego meterme en el interior de ella. Mis manos comenzaron a recorrer sus piernas. Mis labios se posaron sobre su cuello, y comencé a besarlo con brusquedad. Como un vampiro que busca desesperadamente beber sangre. Mis dientes mordieron un trocito de su piel, haciendo que ella abriera los ojos y me mirará intensamente.
—Tom para… —me susurró a la vez que mis manos comenzaron a deslizar sus pantalones del pijama. Necesitaba sentirla de nuevo. Se había vuelto una adicción. Mi hermana era como una droga, cuando la pruebas no puedes dejar de volver a probarla. Finalmente conseguí arrastrar también sus braguitas— ¡Para…! —me dijo otra vez. No hice caso a sus palabras.
—Shhhfff… —le susurré riéndome—No querrás que se den cuenta que estoy aquí metido en tu cama… —le susurré en el oído a modo de advertencia.
—Tengo sueño, Tom… —me dijo de manera molesta— Ya has tenido suficiente diversión hoy… —me susurró.
—No… —respondí— Aún falta la guinda que adorna el pastel… —le sonreía sádicamente —me estaba poniendo muy cachondo esta situación. Follarme a mi hermana en la propia casa de mis padres, con ellos dentro era muy excitante. Podría notar la adrenalina comenzar a recorrer mi sangre— Nos vamos a divertir mucho, ¿no crees? —sonreí de lado. Me tenía que vengar por todo lo que me había hecho por la tarde.
—Tom estoy cansada… —me dijo de nuevo.
—Vamos seguramente estás deseosa de que te meta mi polla de nuevo —dije mirándola con los ojos llenos de fuego— No es así hermanita, te encanta que te la meta, y que te folle hasta dejarte sin fuerzas…
—No me apetece, estoy cansada y tengo mucho sueño —dijo molesta— Sal de mi cama, ahora mismo —me ordenó. Yo permanecí inmóvil encima de ella— Ya has tenido suficiente por hoy, con todas las putas con las cuales te has revolcado hoy —mi hermanita está celosa. Me encantaba que se pusiera celosa por mis salidas nocturnas.
—Lo que pasa, querida hermanita —dijo mirándole con descaró y con autosuficiencia— Es que me falta revolcarme con la puta mayor en todo… —su boca se abrió completamente. Se había ofendido.
—Yo no soy una puta… —me dijo enfadada— Quítate de encima de mí, gilipollas…
—Nein… —le respondí de nuevo. Esa noche volvería a ser mía quisiera o no quisiera— Tengo que cobrarme todo lo que has hecho hoy… —le susurré al oído— Así que nena, ábrete de piernas y gocemos hasta el amanecer.
—Te he dicho que no —me empujó de nuevo. Pero no consiguió moverme ni un centímetro.
—Te estás portando muy mal, Naia… —le dije frunciendo el ceño— Voy a tener que castigarte, para que me dejes hacer lo que quiero en este momento.
—Suéltame —me dijo forcejeando.
—No… —le susurré agarrando sus muñecas. Busqué a tiendas algo con que poder agarrar sus manos, y así me dejará tranquilo mientras me la follaba. Finalmente encontré el cinturón de mi pantalón.
—¿Qué vas a hacer? —me preguntó con voz asustada.
—Voy a asegurarme que dejas de tocarme las narices —le respondí para luego agarrar sus muñecas con el cinturón apretando fuertemente para evitar que se soltará.
—Suéltame ahora mismo, imbécil… —me dijo enfadada. No le hice caso, até el cinturón al cabecero de su cama, dejando sus brazos por encima de su cabeza— Me haces daño… —se quejó lastimosa.
—Así estarás más quietecita… —le susurré en modo de advertencia— Bien… —me relamí mis labios— ¿Por dónde íbamos? —fingí que estaba pensando de una manera juguetona— Creo que te estaba besando el cuello…
—Suéltame —me volvió a insistir.
Me concentré en su cuello, mientras que succionaba su piel, y rozaba con mis dientes su suave piel. Mis manos se empezaron a colar por debajo de la camiseta de su pijama para luego posar mis dedos sobre sus pezones. Comencé a presionarlos con fuerza, a la vez que escuchaba jadeos salir de su garganta.
—Me haces daño… —susurró.
La penetré sin previa preparación. Comenzándome a mover de manera rápida, dando estocadas secas y duras. Levanté por completo la parte de arriba de su pijama, y comencé a morderle los pechos a la vez que me movía más rápidamente en su interior. Se sentía que tocaba el cielo, y deseaba más y más penetrarla más intensa tocar lo más profundo de ella.
—Oh… —gemí al notar como mi pene soltaba todo en el interior de ella. Mi corazón estaba desbocado. Me separé de ella para luego recorrer su cuerpo con mi mirada. Mi hermana se encontraba llorosa, pero a mí me ponía verla en esa situación, amarrada al cabezal de su cama sin poder hacer nada.
Introduje mis dedos en el interior de su vagina, para comenzar a jugar en el interior de ella. Sentía que la excitación estaba volviendo otra vez, y que mi entrepierna se volvía poner dura. Cuando noté que ya no podía más, que el dolor que sentía en mi pene me iba a matar, volví a penetrarla otra vez. Me movía nuevamente sobre ella aumentando mis movimientos rápidos, notaba como mi pene tocaba el final de su vagina. Finalmente volví a correrme dentro ella. Desaté sus muñecas, que estaban atadas en el cabezal de su cama. Ella simplemente se giró evitándome ver a la cara. Apoyó su cabeza sobre la almohada, quedando boca abajo a la vez que la escuché sollozar.
—No llores niñata, que sé que te ha gustado —le dije con ira y con rabia— Además te lo merecías por puta.
Abrí los ojos desmesuradamente. Ese sueño… parecía tan real, más bien era real. No podía creer que hubiese sido capaz de haberle hecho eso a mi hermana. Ahora ella se encontraba en el hospital por mi culpa. Me sentía un miserable en toda regla. Me levanté de mi cama, y busqué mi cajetilla de cigarrillos en el interior de la mesilla de noche. Cogí mi mechero, y me dirigí hacia la ventana de mi habitación. Lo encendí con prisa, necesitaba calmar toda la angustia y el estrés que tenía encima. Cuando acabé de fumarme el cigarrillo volví otra vez a la cama. Estuve dando vueltas un par de veces hasta que por fin me quedé dormido de nuevo.
Continúa…
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