Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 71
By Tom
Salí de la cocina sin importarme dejar a mis padres y a mi hermano cenando. Me dirigí hacia las escaleras, para luego empezar a subirlas. Entré en mi habitación dando un gran portazo. Mi vida era una puta mierda.
TRES DÍAS DESPUÉS
El despertador sonó con intensidad. Abrí los ojos lentamente encontrándome con la luz cegadora del tímido sol de otoño, que entraba por la ventana de mi habitación. Se estaba muy a gusto en la cama, podía tirarme todo el día en ella, pero el deber me llamaba. El día anterior había preparado la maleta, y hoy partiríamos rumbo a Berlín. Nos habían llamado hacía dos días para avisarnos que los castings de la primera ronda del DSDS habían sido adelantados, así que mi hermano y yo tuvimos que dejar momentáneamente aparcado nuestro trabajo en el estudio de grabación.
Me levanté de un brinco de mi cama, y me dirigí a mi armario para buscar una muda de ropa interior. Salí de mi habitación, para dirigirme al cuarto de baño. Por suerte, mi hermano gemelo no lo había ocupado, así que entré en el interior cerrando la puerta tras de mí. Me despojé de mi pijama y entré en el interior de la ducha regulando el agua. Dejé que el agua templada mojará mi cuerpo, relajando mis músculos. Minutos después salí de la ducha para secar mi cuerpo con una toalla. Me puse la muda limpia de ropa interior, y me dirigí de nuevo a mi habitación para acabar de vestirme.
Entré en la cocina, dispuesto a llevarme algo al estómago. Mis tripas sonaban considerablemente, y tendríamos un par de horas de viaje para llegar a Berlín. Mi madre se encontraba en la cocina preparando el desayuno, mi hermano Bill todavía no había bajado.
—Buenos días, hijo —saludó mamá.
—Buenos días, mamá —le dije a la vez que tomaba mi asiento.
—¿Qué tal has dormido? —me preguntó.
—Bien, aunque me quedaría todo el día en la cama —reconocí— Se estaba muy bien en ella —volví a decir— Espero que Bill baje pronto a desayunar, sino perderemos nuestro transporte.
—Hace un rato lo escuché andar por ahí —me respondió mi madre.
Comencé a desayunar lentamente. Minutos después mi hermano Bill entró por la puerta de la cocina. Se dirigió hacia su asiento.
—Buenos días —saludó a mí y a nuestra madre.
—Buenos días, hijo —saludó mamá.
—¿Te han llegado todas las maletas para meter tu ropa? —pregunté a mi hermano para meterme un poco con él.
—Sí —me respondió con indignación.
—De verdad Tom, siempre tienes que estar molestando a tus hermanos —dijo mamá un poco molesta— Como ahora no está Naia, tienes que meterte con Bill.
—En algo me tengo que divertir —respondí para luego seguir tomando mi desayuno.
—Serás imbécil —escuché decir a mi hermano por lo bajo.
Acabamos de desayunar. Fuimos a coger nuestras maletas para meterlas en una furgoneta que nos estaba esperando a fuera de nuestra casa. El viaje a Berlín nos llevaría cerca de dos horas y cuarenta y cinco minutos dependiendo del tráfico que hubiera en carretera.
—En cuando lleguéis llamarme por teléfono —dijo nuestra madre— Así me quedo más tranquila —añadió.
—No te preocupes mamá, no es un viaje muy largo —respondí.
—Pero aun así de todas formas me quedaré tranquila, si me llamáis —volvió a insistir nuestra madre.
—Está bien —asentí dándome por vencido.
Colocamos nuestras maletas en el interior del gran maletero de la furgoneta, para luego acceder al interior de esta, sentándonos en los asientos traseros. Uno de los acompañantes del conductor de la furgoneta cerró la puerta de corredera del vehículo, para luego ocupar el asiento del copiloto. La furgoneta comenzó a andar. Fuimos dejando la zona residencial donde vivía nuestra madre.
Después de unos veinte minutos de trayecto, la furgoneta se metió por la autopista para llegar antes a Berlín, aunque el tiempo de trayecto de las dos horas y algo no nos quitaba nadie. Me puse mis auriculares para relajarme escuchando música, mientras que viajábamos. Mi hermano Bill optó por ponerse a leer una revista, que había sacado de su bolsa de viaje de mano.
Finalmente llegamos a Berlín, cerca de las diez de la mañana. La furgoneta nos llevó directamente al hotel donde nos hospedaríamos mientras estuviéramos en Berlín realizando el casting. Uno de los hombres que nos acompañaba, sacó nuestras maletas del maletero del vehículo. Nos dirigimos hacia el interior del hotel, para luego acercarnos a recepción, y coger las llaves para nuestras habitaciones.
—Buenos días —saludó el hombre que nos acompañaba— Los señores Kaulitz tienen reservaciones a su nombre en este hotel.
—Un momentito, que verifico las reservas —dijo la muchacha que estaba detrás del mostrador. Comenzó a teclear en el ordenador— Efectivamente, Señor Tom Kaulitz y Bill Kaulitz tengan sus llaves de las habitaciones —comenzó a decir la chica, mientras que nos tendía la llave de nuestras habitaciones a cada uno— Sus habitaciones son las 483 y la 487, están la planta cuarta. Espero que tengan una buena estancia en nuestro establecimiento. Espero que tengan una buena mañana.
—Muchas gracias —respondimos mi hermano y yo al unísono.
Nos alejamos de recepción para dirigirnos hacia la zona de ascensores. El hombre que venía con nosotros nos acompañó, llevando nuestras maletas. Una vez que llegamos a la planta cuarta, nos dio nuestras maletas para irnos cada uno a nuestra habitación.
—Os esperamos abajo —nos informó el hombre.
—De acuerdo —asintió mi hermano.
Nuestro acompañante desapareció de nuevo metiéndose en el interior del ascensor. Mi hermano y yo nos quedamos solos en medio del pasillo, ya que en ese momento no pasaba nadie que hubiese salido de sus habitaciones. Comenzamos a caminar buscando nuestras habitaciones.
—Yo ya me quedo aquí, Bill —le dije a mi gemelo.
—Nos vemos en diez minutos —dijo mi hermano caminando hacia su habitación que estaba a varias puertas de la mía.
Abrí la puerta entrando en el interior de esta. Era una habitación muy amplía, como era de esperar de un hotel muy lujoso de cinco estrellas. Había un pequeño recibidor, pase por medio de este hasta llegar hasta una pequeña sala. Había un gran sofá con una pequeña mesa de cristal, enfrente había una televisión panorámica. Al otro lado había una pequeño minibar, el cual tenía una pequeña nevera que mantenía las bebidas frías. Entré en el interior de lo que sería la habitación. Era también grande. Un gran ventanal hacía al fondo, con una pequeña puerta de acceso a una terraza. La cama era de matrimonio. Todo estaba decorado al mínimo detalle. Apoyé mi maleta sobre la cama, para luego entrar en el interior del cuarto de baño. Era también espacioso, con mármol color blanco. Disponía de un servicio completo de ducha, lavabo, bidé, retrete y al fondo justo cerca de la ventana un pequeño jacuzzi. Salí del baño, para luego dirigirme hacia la habitación de mi hermano e irnos los dos juntos. Comencé a caminar por el pasillo, para ir hasta la puerta de la habitación de mi gemelo. No me hizo falta caminar mucho, porque a los pocos segundos mi hermano salió de su habitación, dirigiéndose a mí.
—Vámonos —dijo Bill acercándose a mí.
Nos dirigimos otra vez hacia el ascensor, que ya estaba en nuestro piso. Entramos en el interior, y marcamos el número cero para que nos llevara a la planta baja del hotel. En menos de cinco minutos, ya estábamos saliendo del ascensor en dirección hacia la puerta de salida del hotel. Nuestros compañeros de viaje, nos estaban esperando afuera pero esta vez con un coche, no una furgoneta como en la que habíamos viajado por la mañana. El hombre que nos ayudó a subir las maletas a nuestras habitaciones, nos abrió la puerta del coche para que accediéramos al interior de este. Una vez que todos estuvimos dentro, el coche comenzó a circular en dirección hacia el sitio donde haríamos la primera ronda de castings del DSDS.
—¿Has traído tapones para los oídos? —me preguntó mi gemelo sarcásticamente.
—No —respondí— Presiento que será una jornada bastante agotadora. Nuestros oídos se resentirán bastante.
—Espero que vaya gente a la audición con buena calidad —dijo Bill.
—Yo también lo espero —respondí para luego quedarnos en silencio.
EL silencio fue interrumpido por un grito ensordecedor. Había mucha gente gritando alrededor de las instalaciones donde haríamos los castings. El recinto estaba vallado. El coche comenzó a dirigirse hacia el lugar, mientras que seguíamos escuchando los gritos de gente que estaban con carteles, fotos de Dieter o de Mateo… Incluso había alguna fan de nuestro grupo deseosa de vernos para pedirnos un autógrafo.
—¿Preparado para volver otra vez a la vida pública? —me preguntó mi hermano en el interior del coche. Él sabía todo lo ocurrido años atrás, lo que había hecho que huyéramos a Los Ángeles.
—Sí —respondí sintiendo un cosquilleo en mi estómago. No es que tuviera miedo, nuestras fans era gente excepcional, lo que me preocupaba era encontrarme con personas que fuera de la misma clase a las personas que nos habían estado persiguiendo y molestando años atrás.
Nos dispusimos a salir del coche. Tan pronto como las puertas del lado de mi hermano y de mi lado fueron abiertas, los gritos fueron más ensordecedores. Salimos del automóvil, y comenzamos a saludar a los presentes allí, que nos tendían papeles y fotos nuestras para que se las firmásemos. Entre tanto revuelo, los flashes de las cámaras no dejaban de cegarnos para sacarnos fotos de nuestra primera aparición pública después de tanto tiempo en Alemania. En seguida un periodista se acercó a nosotros.
—¿Qué esperáis de los participantes en el casting? —preguntó la periodista a mi hermano.
—Esta es, por supuesto, la mayor oportunidad para los que realmente quieran pasar el resto de sus vidas con la música —respondió mi gemelo de manera contundente.
—Y para mí también es importante que haya gente que se divierta y sea auténtica —respondí cuando la periodista acercó su micro para saber mi opinión.
Nos alejamos del bullicio de gente, a la vez que se acercaban a nosotros Mateo y Dieter después de decir unas palabras también a los periodistas. Juntos comenzamos a caminar hacia el interior del edificio que albergaría durante esos días los castings al DSDS.
—¡Hola Tom! —saludó Mateo— ¡Hola Bill!
—Hola Mateo —respondí al saludo— ¿Qué tal?
—Bien —me respondió— Ansioso de comenzar el casting.
—A ver cuanta gente desafina hoy —dijo Dieter intentando hacerse el gracioso— Seguramente cuando salgamos por la tarde de aquí, estará lloviendo a cantaros.
—Eres un exagerado —respondió Mateo.
No intercambiamos más palabras con Dieter. Mi hermano Bill iba sumido en sus pensamientos, y yo también, porque negarlo. No podía dejar de pensar en mi hermana Naia, supuestamente hoy le darían el alta médica del hospital. ¿Cómo reaccionaría al enterarse de que nos habíamos ido?
Accedimos al interior del edificio por una puerta trasera, para ir a la sala donde comenzaríamos a hacer las audiciones. En la entrada principal, ya se encontraba colas de gente intentando acceder al edificio para inscribirse en el casting. Llegamos a la sala donde haríamos los castings, tuvimos que bajar unas escaleras para acceder a la sala central. Al fondo del todo había una mesa alargada con el nombre de Deutschland sucht den Superstar, la cual había cuatro sillas colocadas. Encima de la mesa había cuatro vasos con agua, y unas carpetillas con unos bolígrafos. Supongo que ahí tendríamos que ir haciendo anotaciones sobre los concursantes que fueran seleccionados para la siguiente fase. Caminamos hacia la mesa para luego tomar asiento, quedando en el medio mi hermano y yo. Bill al lado de Dieter y yo al lado de Mateo. Antes de que entrará el primer candidato a hacer el casting nos retocaron un poco el maquillaje a cada uno, ya que los focos que iluminaban la sala eran bastantes potentes, y debíamos proteger nuestra piel.
—Vamos a comenzar a grabar —anunció el director de grabación del programa. Los castings serían filmados para después más adelante cuando el programa comenzará a emitirse a primeros del año 2013, y así la gente pudiera ver como se habían realizado los castings. Menos mal que solo serían unas semanas de rodaje, después descansar y centrarnos mi hermano y yo en el nuevo disco hasta el mes de marzo que sería cuando empezaran los programas en vivo.
La puerta de arriba se abrió y apareció un chico, no debía de tener más de diecisiete años. Era bajito. Comenzó a bajar las escaleras con algo de nerviosismo hasta que finalmente se acercó a donde estábamos nosotros. Lo miramos durante unos segundos en silencio.
—Hola —comenzó a hablar— ¿Todo bien? —preguntó— ¿Cómo están? —volvió a preguntar con nerviosismo.
—Bien —respondí— ¿Y tú?
—Un poco nervioso, pero es normal —respondió— Quiero decir que estoy delante de una celebridad.
—¿En frente de una celebridad? —preguntó Mateo medio indignado enseñándole sus cuatro dedos de la mano— ¿Cuántos dedos ves? —preguntó.
—Cuatro —respondió el chico— He traído algo para usted, es un agua sagrada —volvió a decir el chico dirigiéndose a Dieter.
—Orinaste allí, ¿verdad? —preguntó Dieter dudoso.
—No, es de una cueva sagrada de Francia —respondió el chico defendiéndose.
—¡¿Enserio?! —dijo Dieter sorprendido— ¿Huele mal?
—No simplemente sabe un poco raro, pero realmente ayuda —respondió el chico. Nos lo quedamos mirando.
—¿Y qué haces con ella? —preguntó Mateo curioso.
—Lo tomo cuando tengo dolor de cabeza o cuando no me siento bien —respondió el chico— ¡¡Tienes que beberla!!
—Aahhh, la tienes que beber… —dijo mi hermano Bill asintiendo.
—¿Así que cuando cantes muy mal, podemos beberla y nuestro dolor de cabeza se habrá ido? —preguntó Mateo nuevamente.
—Sí —asintió el muchacho— Pero no necesitas hacer eso.
—¿Qué canciones has preparado? —pregunté al chico, presentía que si seguíamos hablando con él desenfadadamente pues no acabaríamos de hacer el casting. Ya lo notaba bastante relajado para comenzar a realizar el casting.
—He preparado “Rumor has ir” de Adele y “Do it like a dude” de Jessie J —respondió el chico.
—Pero esas son de chica… —se metió Dieter con el chico— ¿Y por qué sólo estás cantando canciones de mujer? —rodeé los ojos al escuchar la pregunta estúpida de Dieter. No entiendo como podía ser así, tan prejuicio con los chicos, todavía tenía presente las declaraciones que había hecho hablando de mi hermano.
—Porque sólo quiero cantar lo que quiero, no me importa si es de una chica o chico —respondió el muchacho defendiéndose. Muy bien dicho, has conseguido dejar callado al tonto de Dieter.
—Está bien no hay problema —dijo finalmente Dieter para luego callarse.
Continúa…
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