Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 75

By Tom

Mi hermana me imitó buscando rápidamente sus bragas, y poniendo su sujetador rápidamente para luego acabar de vestirse. Su cabello todo revuelto daba claras muestras que no había estado precisamente jugando una partida al parchís. Me miró de manera divertida a la vez que intentaba acomodarse su cabello. Me dirigí hacia la puerta para abrirla, encontrándome con mi gemelo de brazos cruzados.

—¿Te has tardado en abrirme? —me reclamó— ¿Qué hacías?

—Estaba durmiendo —le respondí a la vez que me apartaba de la puerta para dejarlo entrar.

—Todavía no te has duchado ni cambiado de ropa —dijo mi hermano Bill dándose cuenta que seguía con la misma ropa de ayer.

—Como te he dicho me he acabado de despertar —le respondí nuevamente.

—Buenos días, Billy —dijo nuestra hermana saliendo de la habitación.

—Buenos días, enana —dijo mi gemelo a nuestra hermana pequeña— ¿Qué tal has dormido esta noche?

—Genial —respondió poniendo una risa tonta en sus labios— Ha sido la mejor noche de mi vida. La cama de Tom es muy cómoda, no veas como la he disfrutado.

—Bueno, será mejor que me acompañes a mi habitación para que te cambies de ropa y te des una ducha —dijo Bill a nuestra hermana.

—Puedo esperar a que Tom se acabe de duchar —respondió nuestra hermana.

—Deja que Tom se aseé tranquilo —dijo otra vez mi gemelo.

—Está bien… —susurró dándose por vencida.

—Nos vemos después —le dije a mis hermanos, a la vez que Bill arrastraba a nuestra con él hacía la puerta para luego salir de la habitación.

Me quedé observando como un tonto la puerta por donde habían salido, y una sonrisa tonta inundó mis labios. Por más que quisiera alejarme de mi hermana, no podría separarme de ella. Esa noche había sido la mejor noche de mi vida, a pesar de que muchas mujeres habían frecuentado mi cama ninguna de ellas había salido darme lo que sentía cuando estaba con mi pequeña, con la niña de mis ojos, con mi hermosa hermana pequeña.

Me dirigí hacia el baño para darme una rápida ducha. No podía arriesgarme a hacer esperar a Bill y después estar escuchándolo durante todo el día. Me desnudé con rapidez, mientras dejaba correr un poco el agua de la ducha hasta que cogiera una temperatura templada. Me metí en el interior de esta, dejando que el agua comenzará a mojar mi cuerpo por completo. Enjaboné mi cuerpo, para luego aplicarme un poco de champú en mi cabello. Después de la noche intensa de sexo que había tenido con mi hermana, necesitaba un buen lavado. Dejé que el agua me relajará por completo, cuando acabé salí de la ducha para secarme con una toalla que se encontraba en una estantería al lado de la ducha. Después anudé la toalla a mi cintura, y cogí mi neceser donde guarda mis productos de aseo. Me eché desodorante, y para luego aplicarme un poco de colonia. Después me dirigí de nuevo hacia mi habitación para escoger la ropa que llevaría puesta ese día. Me puse mis bóxers, para luego abrir el armario donde había guardado mi ropa mientras estuviera en el hotel.

Después de unos diez minutos, intentar elegir algo decente para que mi cuerpo pudiera lucirlo. Opté por unos pantalones un poco más estrechos de los que solía utilizar en mi época de mis inicios con Tokio Hotel. La verdad es que en esos años mi estilo de ropa había cambiado un poco. Ahora ya no utilizaba las ropas tan anchas como antes, pero aun así me gustaba llevarlas un poco flojas. Acabé de vestirse, para luego coger mi móvil, mi cartera y distribuirlo todo entre los bolsillos de mis pantalones. Luego cogí mi cazadora y me la puse para salir de la habitación. Cuando llegué a la puerta de la habitación de mi hermano Bill, la puerta se abrió dejando paso a Naia, que ahora vestía una ropa menos provocadora de la que llevaba cuando se presentó a hacer el casting, y finalmente salió nuestro hermano Bill.

—¿Qué tal si vamos a desayunar algo? —dijo nuestro hermano Bill.

—Me muero de hambre —dijo nuestra hermana Naia— Ayer por la noche hice mucho ejercicio.

—¿Ejercicio? —le pregunté a mi hermana mirándola— Si consideras hacer ejercicio cambiar los canales de la televisión, eso no es mucho ejercicio —le respondí de forma graciosa. Yo ya sabía a qué clase de ejercicios habíamos hecho ayer por la noche, pero no era plan de hacer que Bill sospechará, ya que Naia había insistido tanto en dormir conmigo en la habitación, incluso sacar a Bill a arrastras de esta.

—Vete a la mierda, Tom —me respondió molesta a la vez que me echaba la lengua, por haberme metido con ella.

—Yo también te quiero, princesa —le respondí sacándole la lengua.

—Bueno será mejor que bajemos a desayunar, porque si tardamos un poco más no nos darán el desayuno —dijo Bill interrumpiendo nuestra conversación— Además tendrás que reponer fuerzas, si dices que has hecho ayer por la noche mucho ejercicio.

—Bueno… no fue tanto, pero tengo mucha hambre —dijo nuestra hermana.

Nos dirigimos hacia el ascensor. Esperamos unos segundos a que las puertas de este se abrieran. Entramos en el interior. Bill marcó el número del piso donde íbamos a ir. Durante los instantes que estuvimos en el ascensor estuvimos los tres en silencio. Las puertas se abrieron y caminamos en dirección hacia el restaurante del hotel, para desayunar algo. Una vez que entramos, nos dirigimos hacia una mesa que había al fondo de todo. Mateo y Dieter se encontraban en una mesa diferente a la que ocupamos nosotros, aunque no pasamos desapercibidos por ellos.

—Buenos días —dijo Mateo saludándonos.

—Buenos días, Mateo —saludé con educación.

—Al parecer estáis en muy buena compañía —dijo Mateo al darse cuenta que Naia estaba con nosotros— Soy Mateo… ¿Y tú eres? —le preguntó no percatándose en un principio que ella había estado en el casting el día anterior— Un momento… —se calló para luego hacer un gesto con su cara, en modo pensativo— Yo te he visto antes… ¿Puede ser en el casting de ayer?

—Sí… —susurró nuestra hermana un poco cohibida.

—Has pasado una noche loca con Tom, ¿verdad? —dijo Mateo mirándome de forma picara.

—No… —susurró de nuevo Naia.

—Es nuestra prima pequeña —confesó Bill finalmente— Por eso ayer, pusimos tantas pegas cuando hizo el casting. No queremos que nadie de nuestra familia se involucre en nuestra vida famosa, no queremos que salgan lastimados.

—Espero que, por vuestra parte, sabréis guardar bien nuestro secreto —le dije de manera de advertencia a Dieter y a Mateo.

—Seremos unas tumbas —respondió Dieter ante mi amenaza.

Nos sentamos en nuestra mesa. Minutos después un camarero que estaban en la barra del restaurante, se acercó a nosotros para tomarnos nota. Ordenamos tres desayunos completos. Diez minutos después, nos servían el desayuno, el cual, empezamos a tomar con tranquilidad. Dieter y Mateo abandonaron el restaurante dejándonos un poco más de privacidad entre nosotros.

—¿A qué hora irás a coger el autobús de regreso a casa? —le pregunté a mi hermana mientras acabábamos de desayunar.

—Quiero pasar el día con vosotros —susurró— Os he echado mucho de menos estos días…

—Pero tendrás que regresar a casa sino mamá se preocupará —le dije de nuevo— Recuerda que ella piensa que estás en casa de Amy.

—Lo sé… —musitó de nuevo— ¿No puedo quedarme con vosotros unos días más?

—No… —le dije de manera autoritaria.

—Está bien… —susurró de manera sumisa. La verdad es que tenía mucho poder de convicción sobre mi hermana.

Estuvimos un rato más, hablando entre nosotros para luego irnos del restaurante del hotel. Salimos a la calle, porque íbamos a dar una vuelta y así nuestra hermana conociera algunas partes de Berlín que nunca había visto. Nos echamos gran parte de la mañana recorriendo varios lugares. Fue muy entretenido estar los tres hermanos juntos, como lo hacíamos años atrás cuando éramos más pequeños. Al mediodía, paramos en un restaurante para comer algo. Las horas se echaron encima, y Naia debía de ir a la estación de autobuses para coger un autobús que la llevará de vuelta a casa.

—Bill —llamé a mi hermana que estaba sumido en sus pensamientos— ¿Me acompañas a llevar a Naia a la estación de autobuses?

—Creo que es mejor que vayas tu solo —nos respondió mi hermano mirándonos— Me duele un poco la cabeza y creo que será mejor que regrese al hotel.

—Pero Bill… —susurró esta vez Naia.

—Lo siento, princesa —dijo nuestro hermano acercándose a Naia— Tom te hará mejor compañía que yo —la abrazó para luego darle un beso en su frente— Me ha gustado, que vinieras a hacer el casting solo por estar unas horas con nosotros. Pero prométeme que no lo volverás a hacer.

—Lo prometo —respondió Naia.

—Será mejor que os vayáis ya —dijo Bill separándose de nuestra hermana— Sino Naia perderá su autobús de regreso a casa.

—Está bien —asentí a mi hermano Bill— Nos vemos más tarde en el hotel.

Nos separamos de nuestro hermano Bill, y comenzamos a caminar en dirección a la estación de autobuses. Cuando nos alejamos bastante de él y nos metimos por otra calle, Naia entrelazó su mano con la mía. Mi hermanita sonreía felizmente, y yo como un tonto no podía dejar de contemplar su belleza. Había conseguido robarme el corazón por completo.

—Sabes que es la primera vez que damos un paseo a solas —me susurró con las mejillas sonrojadas.

—No es la primera vez —le dije— Ya hemos estamos varias veces solos. Cuando te iba a buscar a la escuela…

—No es lo mismo porque allí nos podían reconocer nuestros vecinos —dijo Naia mirándome de nuevo— Aquí nadie me conoce, y bueno… a ti sí.

—Eso me recuerda que debemos de ser discretos —le dije a mi hermana.

—Vamos Tomi no seas malo —hizo un puchero Naia— Déjame disfrutar de los últimos minutos contigo.

—Está bien —sonreí. Le pasé mi brazo por encima de sus hombros para atraerla hacia mí. Seguimos caminando en silencio, hasta que llegamos a un sitio por donde pasaba apenas gente. Acorralé a mi hermana contra la pared de un pequeño callejón sin salida, que estaba paralelo a la calle por donde estábamos pasando ese momento.

—Tomi… —susurró al ver que apoyaba su cuerpo sobre la pared— ¿Qué haces? —me preguntó sonriendo.

—Quiero besarte —le dije con desesperación a la vez que me iba acercando lentamente a los labios de mi hermana, y los atrapaba con los míos. Comenzamos a besarnos desenfrenadamente. Quería guardar por última vez el sabor de sus labios, antes de que ella regresara a Hamburgo. Mis manos comenzaron a acariciar sus suaves piernas, sintiendo como los vellos se erizaban al sentir el contacto de mis manos. Seguía subiendo mis manos hasta que las metí por debajo de su falda.

—Tom… —susurró separando los labios de los míos— Eres un loco —me dijo sonrojada.

—Vamos princesa —le susurré— El último hasta que nos volvamos a ver.

—Perderé el autobús —me susurró mi hermana— No sé a qué hora pasa.

—Uno rápido… —le supliqué.

Me besó los labios de nuevo, a la vez que íbamos caminando más hacia el interior del callejón. Llegamos al final de todo, un gran contenedor nos tapaba la visualización de la calle principal. Apoyé a mi hermana nuevamente contra la pared, a la vez que comenzaba a besarle el cuello después los labios nuevamente. Sus manos empezaron a acariciarme el abdomen hasta que finalmente sus dedos se posaron sobre la cremallera de mi pantalón. Mis manos acariciaban su sexo notando como poco a poco estaba a punto de caramelo. Sus braguitas estaban completamente húmedas. Su desesperación era notable. Sus dedos deslizaron la cremallera de mi pantalón, para luego comenzar a acariciar mi miembro por encima de mi bóxers. Empecé a notar demasiado calor en mi ingle, sentía que todo me quemaba. Traviesamente sus dedos juguetones comenzaron a acariciar mi pene, sintiendo como poco a poco se iba poniendo más duro entre sus dedos. Gemí entre sus labios, sin perder mucho tiempo deslicé sus braguitas, las cuales cayeron al suelo. Agarré fuertemente sus piernas abriéndolas, haciendo que se enredaran alrededor de mi cintura. Entonces la penetré sin más preámbulos.

—¡Hummm! —un gemido salió de su garganta cuando me sintió en su interior. Arqueó levemente la espalda contra la pared de ese callejón. Comencé a embestirla con más ritmo, a la vez que sentía como sus brazos se agarraban con desesperación a mi espalda para evitar perder el equilibrio. Sus piernas estaban perdiendo las fuerzas, por eso con mis manos la agarré fuertemente de los muslos para evitar que las bajara— ¡Oh dios mío, Tomi! —suspiró a la vez que cerraba los ojos, sintiendo como todo el placer recorrían todas sus terminaciones nerviosas.

—¡Ooohh…! —gemí contra sus labios a la vez que aumentaba mis movimientos pélvicos. Sus labios se habían convertido en mi droga. Toda ella era mi adicción, su cuerpo, sus besos… No deseaba más en mi vida que poder despertarme con ella en mi cama entre mis brazos. Ella era mi mujer, mi todo— ¡Dios…! —suspiré— Me voy a venir… —le susurré contra sus labios. Minutos después exploté en su interior, seguido de los gemidos ahogados de ambos. Nos quedamos mirándonos, ambos teníamos la cara completamente sonrojada y sudada. Nuestra respiración estaba demasiado agitada. Besé sus labios de nuevo a la vez que salía de su interior. Sus piernas cayeron como si fueran unos plomos sobre el suelo. Mi hermanita casi no era capaz de mantenerse de pie.

Me coloqué bien mis bóxers para luego subirme el pantalón, y abrocharme el cinturón. Mi hermana se puso de nuevo sus bragas, y se bajó su falda vaquera, que minutos antes le había subido para tener mejor acceso entre sus piernas. Nos abrazamos para luego salir caminando juntos agarrados de la mano, con nuestros dedos entre enlazados. Tardamos sobre unos veinte minutos en llegar a la estación de autobuses. Una vez a dentro me puse las gafas de sol, y me coloqué bien la capucha de mi sudadera encima de mi cabeza, para evitar que me reconocieran. Acompañé a mi hermana a la ventanilla para comprar su billete de autobús. Después nos sentamos en unos asientos a esperar a que llegara la hora de coger su transporte. Todavía le quedaba cerca de media hora para irse.

—¿Me echarás de menos? —me preguntó mi hermana a la vez que se sentaba sobre mis piernas.

—Mucho… —le susurré de manera coqueta.

—¿Cómo de mucho? —me preguntó divertida.

—Muchísimo… —exageré más la palabra.

—Te quiero… —me susurró a la vez que ponía sus brazos alrededor de mi cuello, y su cara se iba acercando más a la mía. Sus labios rozaron mis labios y comenzamos a besarnos nuevamente como si mañana fuera nuestro último día en la tierra— Ojalá pudiera estar siempre de esta forma contigo… —musitó contra mis labios— Ojalá no nos tuviéramos que esconder, para poder vivir nuestro amor…

—Ojalá pudiera llevarte lejos donde nadie nos encontrara y vivir juntos como una familia sin tener que ocultarnos —le dije con tristeza. Sería un gran escándalo público si se descubriera lo mío con mi hermana pequeña, incluso podrían meterme en la cárcel.

—Tomi… —me miró a los ojos. Yo la observé en silencio esperando a que continuará hablando— Prométeme que ocurra lo que ocurra, no nos separáramos nunca. Prométemelo…

—Te lo prometo —susurré fijando mis orbes color miel en las suyas del color del mar.

—Nunca me abandonarás, mi amor… —susurró para luego darme un beso corto en los labios.

Nos quedamos abrazados disfrutando del silencio, sintiendo el calor de nuestros cuerpos. Minutos después en el panel de información de la sala de espera, y por los altavoces anunciaron que el autobús de mi hermana saldría en breve. Nos separamos, la miré de nuevo a los ojos a la vez que acaricié su mejilla derecha con mi mano. Le di un beso corto en los labios, y nos dispusimos a levantarnos del asiento donde estábamos levantados. Cogió su pequeña bolsa, y la acompañé hasta el andén donde se encontraba el autobús que debía de coger. Algunos pasajeros ya estaban subiendo al interior del autobús para coger asiento.

—Será mejor que subas al autobús —le sugerí a mi hermana— No vaya a ser que te quedes sin sitio —sonreí.

—¿Me llamarás mientras estés en Berlín? —me preguntó mi hermana posando sus ojos sobre mí.

—Si te lo prometo —le dije en un susurro para luego darle un pequeño beso— Ahora vete adentro del autobús.

—Está bien… —asintió— Te quiero… —se abrazó nuevamente a mí.

—Cuando llegues a Hamburgo escríbeme un mensaje, para saber que has llegado bien —le dije.

—De acuerdo —me sonrió— No te olvides de llamarme —me recordó a la vez que iba caminando hacia la puerta del autobús. Todavía había varia gente delante de ella, así que tuvo que esperar a que subieran al interior del transporte.

Me quedé de pie observando como lentamente la fila de personas, que había delante de mi hermana iba menguando. Cuando fue su turno para subir el autobús, giró su cabeza para mirar hacia el lado donde yo estaba de pie. Me sonrió dulcemente, y me dijo adiós con su mano. Yo le respondí al gesto, luego subió al autobús. Finalmente ocupó un asiento al lado de la ventana. Nos quedamos mirándonos durante unos minutos hasta que el autobús arrancó y comenzó a circular. Lentamente vi cómo se iba alejando, hasta que finalmente desapareció de toda mi visión. Me giré y comencé a caminar hacia la salida de la estación de autobús. Debía de regresar al hotel. Después de media hora de camino, por fin entré por la puerta del hotel donde nos hospedábamos mi hermano Bill, yo y los demás integrantes del jurado del DSDS. Me dirigí hacia el ascensor, para luego entrar en este, que se encontraba vacío, y pulsar el número del piso donde se encontraba mi habitación. Salí del ascensor y me dirigí hacia mi habitación. En ese momento mi hermano salió de su estancia.

—¿Te aseguraste de que nuestra hermana cogiera el autobús? —me preguntó mi hermano tan pronto como se acercó a mí.

—Sí —le respondí— Le dije que cuando llegará me mandará un mensaje, para saber si llegó bien.

—Perfecto… —me respondió.

El resto de la tarde la pasé en mi habitación, esperando a que mi hermana me mandara el mensaje de que había llegado bien a Hamburgo. Solo hacía apenas varias horas que se había ido de mi lado, y ya la estaba echando de menos. Había sido un fin de semana especial para nosotros dos, en la que nos habíamos visto libres sin tener que escondernos de la mirada de los demás.

Continúa…

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por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

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