Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 76

By Naia

Miré por última vez a mi hermano y le dije adiós con mi mano. Él me respondió con el mismo gesto, y después subí al interior del autobús. Sentí como si una parte de mí se desgarrará al separarme de él. Caminé hasta el fondo del autobús para luego ocupar un asiento al lado de la ventana. Desde mi asiento podía ver a mi hermano de pie, observando el autobús esperando a que arrancara. Nuestras miradas se quedaron conectadas durante unos minutos, hasta que finalmente, el autobús se puso en marcha. En todo momento no dejé de mirarlo, hasta que su cuerpo se volvió tan diminuto que fue imposible seguir mirándolo. Por un momento, sentí la misma sensación que sentí años atrás cuando mis hermanos habían cogido ese avión privado para viajar a Los Ángeles. Los recuerdos de ese triste adiós habían vuelto otra vez a mi cabeza.

Pero ahora lo tenía de nuevo a mi lado. Sonreí, al pensar en el gran fin de semana que había pasado junto a él. Al sentir sus caricias sobre mi cuerpo, y como sus labios recorrían cada rincón de mi piel haciéndome sentir especial. Haciéndome sentir deseada, querida… El viaje de regreso a Hamburgo no me llevaría más de dos horas, así que aproveché para escuchar un poco de música a la vez que divagaba entre mis pensamientos. Una hora y media después, el autobús llevaba a la estación de autobuses de Hamburgo. El día había oscurecido un poco, ya que el sol había bajado considerablemente. En una hora sería ya de noche. Saqué mi móvil y me dispuse a mandarle un mensaje a mi hermano de que había llegado bien.

Tu princesa ha llegado a buen puerto. Te quiero…

Una sonrisa tonta se me puso en los labios, la verdad es que me había puesto muy romanticona y nostálgica, pero mi hermano Tom hacía que todos esos sentimientos estuvieran a flor de piel cada vez que estaba conmigo, cada vez que lo sentía contra mi piel. Mi móvil vibró en mi mano. Lo desbloqueé y tenía un nuevo mensaje de texto de mi hermano.

Me alegra que hayas llegado a buen puerto. Tu príncipe, siempre tuyo. Te amo…

Sonreí ante las palabras de mi hermano. Me había dicho que siempre sería mío, y yo sería de él. Nadie nos podría separar del gran vínculo que habíamos formado. Lucharíamos hasta el final contra la ley de nuestra propia sangre. Los dos habíamos nacido para estar juntos. No podríamos estar separados el uno del otro. Guardé mi móvil en el bolsillo de mi cazadora, y seguí caminando en dirección a mi casa. Otra vez volver a la monotonía y a la normalidad de cada día. Al día siguiente debería de ir a la escuela otra vez a aburrirme como siempre. Odiaba la vida de estudiante.

Diez minutos después, llegué a mi casa. Saqué mi llave de la bolsa donde tenía mis cosas, para luego meterla en la cerradura. Abrí la puerta, y enseguida la perrita, que les había comprado a mis hermanos por su cumpleaños, salió a mi encuentro. Se puso a ladrar de lo contenta que estaba de verme.

—¿Me has extrañado pequeña? —le pregunté a la vez que me agachaba para acariciarle su barriguita. Era una ternura de perrita— Mamá ya estoy en casa —avisé a mi mamá. Enseguida salió mi madre con cara de muy pocos amigos. ¿Qué diablos le pasaba ahora?

—¿Se puede saber en dónde diablos has pasado el fin de semana? —me preguntó con el ceño fruncido a la vez que ponía sus brazos a cada lado de su cintura, en gesto enfadado.

—En casa de Amy… —respondí. No entendía porque podía estar tan enfadada.

—Oh sí… en casa de Amy —repitió a la vez que yo solo asentí con mi cabeza— ¿Entonces explícame porque diablos ha venido hoy por la tarde a buscarte para ir a dar una vuelta? —me quedé sin palabras. Mi plan perfecto había sido completamente frustrado porque mi amiga había tenido la idea de ir a buscarme a mi casa por la tarde. Genial… estaba muerta— Respóndeme Naia —me exigió— ¿Dónde has estado? —me insistió de nuevo— ¿Dónde has pasado el fin de semana? —sentí que no tenía escapatoria, y que al final tendría que confesar con una pequeña mentira, aunque era parcialmente cierta— ¿Has estado con aquel chico de nuevo?

—¡Mamá! —exclamé frunciendo el ceño.

—Te has acostado con él, ¿verdad? —volvió a preguntarme— El médico ha sido muy claro contigo.

—No estuve con ningún chico… —me defendí. En realidad, si había estado con mi hermano Tom, pero eso era un secreto entre nosotros dos.

—¿Ah no…? —me preguntó levantando una ceja, a la vez que se cruzaba de brazos— ¿En dónde has estado Naia? —volvió a insistir— Respóndeme ahora mismo —alzó la voz fuertemente haciéndome cerrar los ojos fuertemente, por el sonido de su grito.

—Estuve en Berlín… —susurré agachando la cabeza a la vez que me mostraba asustada.

—¿Qué diablos se te perdió en Berlín? —me respondió con el mismo enfado de antes.

—Fui a ver a Tom y a Bill —respondí en un murmullo.

—¿Has ido a molestar a tus hermanos? —me preguntó de nuevo mi madre enfadada— Ellos estaban trabajando no tenías por qué haber ido a Berlín.

—Necesitaba verlos —le contesté— Les echaba de menos.

—Solo llevan un par de semanas fuera de casa —me respondió mamá molesta— No es para tanto. No le veo tanto motivo para que les eche de menos —mi madre no entendía, pero yo si echaba de menos a Tom con todo mi corazón, es más, si no lo sentía cerca era como si el aire faltará de mis pulmones. Me había vuelto completamente adicta a él— No lo vuelvas a hacer —me dijo con enfado— La cena estará en unos minutos.

Mamá se metió de nuevo en la cocina. La perrita de mis hermanos se me puso a mirar mientras movía su cola graciosamente. La cogí entre mis brazos y le acaricié la cabecita a la vez que comenzaba a lamerme mi cara.

—Solo tú me comprendes —susurré para luego posarla de nuevo en el suelo.

Subí las escaleras para luego dirigirme al baño donde me lavé las manos, después ingresé en el interior de mi habitación. Posé mi bolsa sobre mi cama, para luego tumbarme en mi cama a la vez que me ponía a pensar. Me parecía tan increíble que pudiera compartir con mi hermano un momento tan íntimo, sin estar pendientes de que nos pudieran descubrir. Ya lo estaba echando de menos, sus caricias, sus besos me habían sabido a poco.

Los días fueron pasando y mis hermanos regresaron a casa. Mi relación con mi hermano Tom era normal en casa, pero apasionada cuando nos veíamos a solas. Entre ir a la escuela, estudiar y salir con mi amiga Amy el tiempo pasó demasiado rápido, y con ello una nueva marcha por parte de mis hermanos. Hacía ya dos semanas que mis hermanos se habían ido a Curaçao para grabar la última fase de eliminación del programa del DSDS. Estábamos a primeros de diciembre, y pronto llegarían las navidades. En la escuela nos cargaron con bastantes deberes y trabajos, a parte de los correspondientes exámenes de evaluación. Faltaban muy pocos días para mi cumpleaños, para mi diecisiete cumpleaños. Me sentía triste porque lo más seguro que mis hermanos no estuvieran ese día conmigo.

El sol penetraba con intensidad en el interior de mi habitación. Me estiré sobre mi cama para intentar desperezarme. Hoy como cada día debía de acudir a la escuela, a pesar de ser mi cumpleaños. Miré mi móvil por si tenía algún mensaje, y efectivamente tenía un mensaje de mi amiga Amy felicitándome mi cumpleaños. Después un mensaje de mi primo Johan y de mi prima Danielle, pero después no tenía ningún mensaje más. No tenía ningún mensaje de mis hermanos, cosa que me entristeció… Quizás se habían olvidado de mi cumpleaños.

Me levanté de la cama, para luego ir a mi cómoda y coger una muda de ropa interior limpia. Después puse mi uniforme sobre mi cama, y me dirigí hacia el baño para darme una ducha de agua caliente, para relajar mi cuerpo. Una vez aseada, ingresé de nuevo en mi habitación para acabarme de vestir. Luego salí de mi habitación con mi mochila al hombro para bajar a desayunar, y después irme al colegio.

—¡Feliz cumpleaños, hija! —escuché a mi madre decirme nada más entrar por la puerta de la cocina.

—Gracias, mamá —sonreí para luego recibir por su parte un beso y un abrazo.

—¿Qué tal has pasado la noche? —me preguntó a la vez que me sentaba en mi silla, y ella acababa de servirme el desayuno.

—Bien… como siempre —susurré.

—¡Felicidades, hija! —dijo esta vez Gordon entrando por la puerta de la cocina. Se acercó y me dio un beso en la frente— Nuestra pequeña ya se está convirtiendo en una mujer…

—Sí —respondió emocionada mi madre.

—Ya solo me queda un año para tener los dieciocho —dije con júbilo. Ansiaba más que nunca que llegará ese momento y así poderme ir con mi hermano Tom a algún lugar lejano, donde pudiéramos ser felices, los dos juntos.

—Sí, pero todavía te queda por vivir trescientos sesenta y cinco días de tus diecisiete años —sonrió mi madre.

—Lo sé… —sonreí.

Acabé de desayunar, y después cogí mi mochila para dirigirme a casa de Amy y así las dos ir juntas a la escuela. Hoy sería un día tranquilo porque no teníamos ningún examen, y eso me hacía feliz porque por lo menos podría disfrutar de mi cumpleaños con tranquilidad. Llegué a la puerta del jardín de la casa de Amy. Me apoyé sobre la pared a esperar que mi amiga saliera de su casa. Minutos después el sonido de la puerta al cerrarse, me hizo saber que ya había salido.

—¡Feliz cumpleaños, Naia! —dijo mi amiga emocionada para luego abrazarme fuertemente y tirarme de mis orejas— El viernes tendremos que celebrarlo como dios manda.

—Bueno… —susurré.

—¿Qué te pasa? —me preguntó mi amiga frunciendo el ceño— ¿Deberías de estar contenta por ser tu cumpleaños?

—Lo estoy… —sonreí— Pero echo de menos a mis hermanos…

—Vamos Naia seguro que en menos que canta un gallo estarán de nuevo aquí en Alemania contigo —intentó animarme mi amiga— Tienes que animarte.

—Está bien —sonreí de nuevo. Era mi cumpleaños y no debía de estar triste porque mis hermanos no estaban conmigo. Tenía que dejar de comportarme como una niña pequeña que llora por las esquinas cada vez que algo le sale mal.

—Venga vamos o llegaremos tarde a clase —me dijo Amy agarrándome de la mano para hacerme caminar con algo de prisa.

Comencé a caminar al lado de ella de una forma rápida. En menos de diez minutos ya estábamos entrando por el gran portalón, que custodiaba el patio interior de nuestra escuela. Nuestros compañeros del colegio estaban hablando entre ellos en corrillos, y en otro lado del patio se encontraba Brenda con sus amigas cuchicheando sobre lo que habían hecho durante el fin de semana. Mi amiga y yo nos dirigimos hacia las escaleras, para irnos a nuestra aula. El timbre tocaría en breve, y bueno… no nos apetecía esperar en el patio. Entramos en el interior de nuestra clase, para luego ocupar nuestros lugares de siempre. Apoyé mi mochila sobre la mesa a la vez que me sentaba. Después rebusqué el libro de biología para dejarlo sobre la mesa, al igual que el estuche y la libreta.

—¿Entonces nos vamos a la discoteca el viernes? —me sacó de mis pensamientos mi amiga Amy.

—Como quieras Amy… —respondí si prestarle mucha atención a la vez que me ponía a garabatear en la hoja final de mi libreta para pasar un poco el rato.

—Naia… —me llamó mi amiga de nuevo al notar que no le prestaba atención— ¿Qué diablos te pasa? —arqueó las cejas— Te noto muy despistada últimamente.

—Nada… —susurré.

Nuestra conversación se vio interrumpida por nuestros compañeros que ingresaban en el aula. Minutos después entró nuestra profesora de biología. En toda la hora, solo me dediqué a seguir garabateando distraídamente en mi libreta. Era tan aburrida la clase… Prefería mil veces las clases de anatomía que me daba mi hermano Tom, con él sí que aprendía mucho del cuerpo humano y de ciencias. Seguro que si me hicieran un examen sobre el aparato reproductor masculino sacaría un diez en examen. La mañana fue muy aburrida, estaba deseando con todas mis fuerzas que el puto timbre tocase de una vez, y que anunciara que las clases de la mañana habían acabado. Finalmente, las clases acabaron. Comencé a recoger mis cosas apresuradamente para meterlas en mi mochila.

—Naia espera —me dijo mi amiga al ver que comenzaba a caminar para salir del aula.

Me paré para esperarla. Segundos después ambas salíamos por la puerta del aula en dirección a la salida de la escuela. Llegamos al patio exterior. Unos cuantos compañeros de la escuela estaban impidiendo el paso por la puerta que daba acceso a la calle, ya que se habían parado para hablar. Mi amiga y yo nos abrimos paso entre ellos para luego salir a la acera. Comenzamos a caminar lentamente hacia nuestras casas.

—Naia… —me llamó mi amiga.

—¿Qué pasa Amy? —le pregunté un poco cansada de tanta pregunta por parte de ella. No sé porque se empeñaba en decirme que a mí me pasaba algo.

—¿Me vas a decir que te pasa? —me volvió a insistir. Rodé los ojos.

—Amy no seas pesada…

—Te noto muy cambiada… —volvió decir mirándome— No sé… Tu carácter ha cambiado mucho.

—¿Y qué tiene de malo que mi carácter haya cambiado? —le pregunté levantando las cejas.

—Antes eras más temerosa, más insegura pero ahora no sé, te noto más confiada.

—Bueno… una no va a ser siempre una debilucha que siempre llora por las esquinas —le dije, aunque en cierto modo mentí. Mi hermano Tom hacia despertar mis mayores temores con solo pensar que algún día podría perderlo, que ya no podría estar más a mi lado. Eso me aterraba muchísimo.

—Está bien —me dijo no tocando más el tema.

Al poco rato, llegamos a la casa de Amy, así que mi amiga se despidió hasta la tarde, ya que tendríamos dos horas de clase en la escuela. Luego seguí caminando hacia mi casa. Saqué mi móvil de mi cazadora, y no tenía ningún mensaje… Mis hermanos se habían olvidado completamente de mí y eso me hacía sentirme demasiado triste. Abrí la puerta de casa y la cerré. Escuché a mamá hacer cosas en la cocina, supongo que estaría acabando de hacer la comida. Subí a mi habitación sin hacer demasiado ruido para dejar mi mochila.

Una vez que estuve en mi habitación, dejé la mochila tirada de cualquier manera sobre el suelo, eso ahora no me importaba que estuviera bien puesta. Lo único que tenía ganas era de llorar, sentía una opresión en el pecho que no me dejaba respirar. Me tumbé en mi cama bocabajo, intentando ahogar mis sollozos. Estuve bastante rato de esa forma, intentándome transportar a un lugar imaginario donde solo pudiera estar mi hermano y yo. Sentí una mano acariciar mi cabeza. Me sobresalté porque no había escuchado abrir la puerta, y nadie se encontraba en mi habitación cuando había entrado hacía un rato. Giré mi cabeza para descubrir al dueño de esa mano, que me estaba reconfortando. Entonces lo vi a él… con sus ojos color miel mirándome atentamente a la vez que sus labios se curvaban en una sonrisa pícara y demasiada tentadora.

—Tomi… —susurré a la vez que me lanzaba a los brazos de mi hermano, y comenzaba a sollozar intensamente. No pensé que ellos llegarían a casa el día de mi cumpleaños, había pensado que ellos se habían olvidado completamente de mí— Dime que no es un sueño, dime que es real… —susurré— Dime que no me estoy imaginando que ahora mismo estás conmigo.

—Feliz cumpleaños princesa —me susurró a la vez que correspondía mi abrazo. Me separé de él para verlo mejor, mis ojos estaban humedecidos a causa de las lágrimas y no podía verlo con claridad. Entonces sentí como sus dedos pulgares acariciando mis mejillas a la vez que iba limpiándome las lágrimas— No llores… —me dijo.

—Te extrañé tanto… —confesé— Pensé que te habías olvidado de mi cumpleaños… Como en los años anteriores no me habías felicitado —dije de manera recriminatoria.

—Oh Naia… no estropees este momento —me dijo mi hermano frunciendo el ceño.

—Lo siento… —susurré bajando la cabeza.

—Anda dame un beso —me dijo mi hermano levantándome la cabeza para verme mejor.

Continúa…

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por Heiligtkt483

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