Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 77
By Naia
Junté mis labios con los suyos. Empezamos a besarnos dándonos besos cortos. Luego atrapó mi labio inferior con sus dientes, para luego introducir su lengua en el interior de mi boca. Nuestras lenguas chocaron a la vez que empezaban a lugar entre ellas. Coloqué mis manos detrás de su cuello, para profundizar el beso. Lo había anhelado tanto en ese tiempo. El beso se volvió más urgente, más desesperado hasta que finalmente nos tuvimos que separar porque nos estaba faltando el aire.
—Será mejor que bajemos —me recomendó mi hermano— Mamá ya acabó de hacer la comida.
—Está bien —susurré.
Salimos de mi habitación. A los poco minutos ya estábamos ingresando en la cocina, en ella se encontraba mamá hablando con mi hermano Bill. En la mesa ya estaban puestos los platos, vasos y cubiertos. Solo faltaba que mamá sirviera la comida.
—¡Bill! —me lancé a sus brazos tan pronto lo vi. También lo había echado de menos.
—¡Feliz cumpleaños, enana! —me dijo cariñosamente a la vez que me daba un beso sonoro en mi mejilla derecha.
—Gracias, Billy —sonreí mientras que lo abrazaba fuertemente. Me sentía tan contenta que mis hermanos hubieran regresado, para pasar el día de mi cumpleaños los tres juntos.
—Sentaros que ya está la comida lista —nos dijo nuestra madre— Sino se va a enfriar.
—Siento llegar tarde —dijo Gordon entrando apurado por la puerta de la cocina— A última hora me líe con unos papeleos en la academia de música —se explicó para luego fijarse en mis hermanos— ¿Y vosotros cuando habéis llegado? —preguntó curioso y extrañado.
—A media mañana —respondió mi hermano Tom.
—Pensé que no llegaríais hasta dentro de unos días —dijo de nuevo Gordon.
—La verdad es que no os dijimos nada de que vendríamos hoy, porque queríamos darle una sorpresa a Naia por su cumpleaños —dijo mi hermano Bill mirándome.
—Oh Billy… —susurré emocionada.
Mamá sirvió la comida que había preparado, y empezamos a comer ya que yo no tenía mucho tiempo porque por la tarde debería de regresar a la escuela. Cuando acabamos de comer, mamá nos sirvió el postre. Una gran tarta de fresas y nata decorada con unas cerezas. Había dos velas grandes, que ponían un uno y un siete.
—Ahora la cumpleañera tiene que soplar las velas —me dijo mi madre.
Gordon sacó su mechero para luego encender las velas, al mismo tiempo que todos comenzaban a cantarme cumpleaños feliz. Cerré los ojos pensé en un deseo, lo que más deseaba en ese momento es poder estar con mi hermano Tom, que nadie nos impidiera vivir nuestro amor y pudiéramos formar una familia sin que nadie nos señalará. Abrí los ojos para fijarme en las velas. La luz de ellas bailaba juguetonamente. Cogí el máximo aire en mis pulmones para luego soplar con todas mis fuerzas. Las velas se apagaron a la primera. Tendría la posibilidad de que mi deseo se cumpliera…
—Ahora tus regalos —dijo Bill con una sonrisita cantarina. Salió de la cocina, para luego regresar con unas bolsas en las que había varios paquetes. Miré ilusionada todos los regalos.
—¿Eso es todo para mí? —pregunté sonriente, como una niña pequeña esperando por su piruleta.
—Venga, ábrelos —me dijo mi hermano Tom sonriendo.
No esperé ni un segundo a que me lo repitiera. Me abalancé sobre la bolsa para ir quitando los regalos, que habían sido cuidadosamente envueltos por mis hermanos. El primero que cogí era un paquete bastante grande, lo abrí y me encontré con una caja de cartón. Destapé la caja, y me encontré con un vestido hermoso.
—Es precioso… —susurré mientras lo miraba y la sacaba de la caja. Mi hermano Bill tenía un gusto exquisito a la hora de comprar ropa. Era un vestido blanco, con la parte de arriba dorada— Gracias Billy…
—Toma otro regalito —me dijo mi hermano Tom. Cogí el paquete que era más pequeño que el anterior. Rompí el papel de regalo para luego abrirlo. Eran unos zapatos de color blanco, para ir a juego con el vestido que me había regalado Bill. Mis dos hermanos se habían compenetrado a la hora de comprarme los regalos— Para que los pongas con el vestido —añadió mi hermano.
—El viernes los estrenaré junto con el vestido, cuando salga a celebrar mi cumple con Amy —dije sonriente. Mi hermano Tom me miró fijamente, cosa que me hizo pensar que no me dejaría ir sola de fiesta con Amy, ya que pensaría que seguramente estaría con algún chico— Si queréis podéis venir —añadí para que mi hermano no me viera de esa forma rara.
—No te preocupes, nosotros nos quedaremos en casa o quedaremos con los chicos —dijo Bill quitándole importancia a mi invitación— ¿Verdad, Tom? —le preguntó mirándole fijamente.
—Si claro… hace tiempo que no vemos a Andreas —respondió con un susurro.
—Disfruta de tu fiesta de cumpleaños seguro que no querréis estar con unos chicos mayores, que os fastidié la fiesta —sonrió Bill.
—No digas tonterías Bill —le dije arqueando las cejas— A Amy no le importará que vengáis de fiesta con nosotros, sobre todo si sabe que vas tú…
—¿Por qué? —preguntó mamá ahora metiéndose en la conversación— ¿Qué le pasa a Amy con Bill?
—No es obvio mamá —dijo Tom a nuestra madre— Esa chica está colada por Bill desde que iba al jardín de infancia.
—¿Es cierto? —preguntó de nuevo mamá— No sabía que a Amy le gustaba Bill.
—Dejemos de hablar de Amy… —dije intentando desviar el tema. Quería probar mi tarta de cumpleaños antes de regresar a la escuela por la tarde— Como sigamos así no podré probar la tarta antes de ir a clase de nuevo.
—Está bien… —susurró mi hermano Tom— Pero te falta el último regalo —dijo señalando la bolsa que me había dado nuestro hermano Bill.
Miré en el interior de la bolsa, y efectivamente quedaba un último paquete más pequeño que los anteriores. Lo cogí y me dispuse a abrirlo. Ante mí se mostró una caja pequeña, era de joyería. La abrí con rapidez para descubrir una pulsera. Era preciosa. Era una pulsera de oro rosa, tenía engarzadas a lo largo de toda la pulsera unas piedras de cristal austriaco multicolor. Las piedras eran de color rosa, azul, violeta y verde. Entre cada piedra había una bonita fornitura en forma de ondas retorcidas.
—Es preciosa… —dije mirando a mis hermanos con los ojos brillosos— Gracias, muchas gracias —me abracé a ellos en un abrazo común— Sois los mejores hermanos del mundo.
—Tú siempre serás nuestra enana —dijo mi hermano Bill sonriente.
—Vais a hacerme llorar con tanto regalo tan bonito —dije emocionada.
—Venga vamos a tomar el pastel, antes de que te tengas que ir a clase —dijo mamá.
Nos volvimos a sentar de nuevo en la mesa, a la vez que mamá empezaba a repartir en porciones la tarta, para luego servirla a cada uno en un platillo. Comencé a comer mi pedazo de tarta, saboreándola. Estaba riquísima. Mis hermanos también me imitaron.
—Está muy rica la tarta, mamá —comenté.
—Sí, la compré en la pastelería de siempre —sonrió.
—Pues está de vicio —respondí a la vez que seguía comiendo a pasos agigantados mi pedazo de tarta.
—Como sigas así comiendo tu pedazo de tarta, te vas a atragantar —me dijo mi hermano Tom molestándome— Después no me pidas que te haga el boca a boca.
—Eres un estúpido —le respondí, enseñándole la lengua.
—Chicos no peleéis —dijo mamá intentando poner paz— Con lo bien que estábamos sin que discutierais.
—Es Tom que busca molestarme siempre —le respondí indignada.
—Serás acusona —me dijo mi hermano en modo bromista para luego pegarme en el hombro con un pequeño golpecito.
—Mamá… me está maltratando —me quejé— Es mi cumpleaños… se supone que hoy tengo inmunidad…
—Acaba de comerte tu trozo de tarta, que se te hará tarde para ir a la escuela —dijo mi madre a la vez que miraba el reloj.
—Está bien… —asentí.
Me quedé en silencio, a la vez que escuchaba como mis hermanos seguían hablando con Gordon y mamá. Contándoles como les había ido el viaje a Curaçao, y explicándoles que pronto saldría al aire todo lo que habían grabado durante esos meses. Después tendrían que ir a los programas en directo en el mes de marzo, pero para eso quedando casi tres meses.
—Bueno… mami —le dije una vez que acabe de comerme mi trozo de tarde— Me voy a la escuela.
—Espera que te llevo —me dijo mi hermano Tom ofreciéndose.
—Está bien… —susurré— Voy a por mí mochila a mi habitación.
Salí de la cocina, y subí las escaleras de manera rápida evitándome pegarme la gran hostia en el intento. Quería bajar rápido para así poder estar más tiempo a sola con mi hermano Tom. Lo había extrañado tanto… En menos de cinco minutos ya me encontraba bajando de nuevo las escaleras con mi mochila a cuestas. Mi hermano Tom ya me esperaba sentando en el sofá del salón.
—Ya estoy aquí —le dije.
—Venga vamos —me dijo a la vez que cogía las llaves de su coche del bolsillo de su pantalón.
Salimos de casa, y nos dirigimos a su coche, su preciado Cadillac Escalade con ventanas tintadas. Ese coche era una gozada porque nadie podría verte en el interior del coche. De pronto se me paso por la cabeza, cuantas chicas había tenido sexo con mi hermano en su coche. Sacudí la cabeza desechando cualquier pensamiento negativo, que pudiera empañar ese día, el día de mi cumpleaños… Ahora podría disfrutar de mi hermano más tiempo, porque ahora no se iría por una larga temporada. Mi hermano desbloqueó la alarma de su coche, y entró en el interior de este. Yo me quedé de pie, media pensativa.
—Naia… —me llamó mi hermano bajando por completo la ventanilla de mi lado para mirarme— ¿No piensas subir al coche?
—Ya voy… —susurré, quitándome de mis pensamientos.
Me monté en el asiento, para luego cerrar la puerta tras de mí. Mi hermano subió de nuevo la ventanilla, quedando los dos protegidos de nuevo por las ventanas tintadas. Metió la llave en el contacto, y arrancó el coche. Salimos del jardín de nuestra casa. Mi hermano iba conduciendo de manera lenta, cosa que me sorprendió porque él solía conducir a bastante velocidad. Después de unos segundos, su coche se paró. Yo lo miré sorprendida.
—¿Qué pasa? —pregunté desconcertada.
—Eso me pregunto yo —dijo mirándome fijamente con sus ojos de manera seria— Desde que salimos de casa, has estado callada y pensativa. ¿Qué ocurre Naia?
—Nada… —musité. No quería preocuparlo por una paranoia sin importancia.
—Naia… —me volvió a llamar. Sus ojos se encontraron con los míos, y no pude evitarlo. Me acerqué lentamente hacia a él para luego juntar nuestros labios en un beso brusco y tosco. A los pocos segundos me encontraba sentada sobre sus piernas, a la vez que profundizábamos más el beso. Sus manos comenzaron a acariciar mis piernas hasta que una de ellas se introdujo por debajo de la falda de mi uniforme. Enseguida noté como sus dedos comenzaron a juguetear con mi zona íntima. Pegué un pequeño saltito cuando su dedo comenzó a presionar mi clítoris, y acariciarla. Sentía un enorme calor en mi sexo, tanto es así que noté como mi ropa interior se iba humedeciendo— Te estás poniendo demasiada burra… —susurró mi hermano contra mis labios.
—Cállate y bésame —le ordené a la vez que comenzaba a enredar mis dedos sobre su pelo. Finalmente, su moño acabó deshaciéndose, haciendo que mechones de su pelo cayera a cada lado de su cabeza.
Sus labios besaron mi barbilla para luego pasar a mi cuello, haciéndome vibrar entre suspiros. Joder… como siguiéramos así, no llegaba a clase sana y salva. Tenía unas tremendas ganas que me follará con ganas dentro del coche. Mis manos empezaron toquetearlo por cualquier parte, notando su excitación por debajo de sus pantalones.
—Tomi… —susurré entre suspiros a la vez que sentía como su lengua lamía mi cuello, y sus dientes mordían la piel de este— Te necesito ahora… —dije de forma desesperada.
—Humm… —no respondió solo se dedicó a seguir besándome el cuello, a la vez que notaba como sus dedos iban desabrochando los botones de mi camisa. Enseguida mi sujetador quedó expuesto, mi hermano separó su boca de mi cuello, para luego mover juguetonamente su piercing de manera pervertida y sexy— Sabes que si continuamos con esto no llegarás a clase ni a última hora —me susurró provocativamente— No me cansaría de follarte durante toda la tarde…
—Lo sé… —sonreí divertida.
Volví a atrapar sus labios. Estaba sedienta de sus besos, de sus caricias, de su manera de follarme… Solo él sabía hacérmelo de manera tosca, brusca, pervertida. Sus manos comenzaron a deslizarme la camisa hasta que finalmente me la quitó. Sus labios se apoyaron en mi escote a la vez que comenzaba a besarlo, sus dedos desabrocharon mi sostén haciendo que mis pechos quedaran libres.
—Oh dios… —suspiré al sentir como mi hermano comenzaba a comerme literalmente mi teta, agarrando fuertemente mi pezón con sus dientes y tirando de él, haciendo que me excitará más notando como se ponía duro por la excitación, que en esos momentos estaba inundando mi cuerpo— Tom… —gemí— No me hagas sufrir, coño.
—Ya casi estás lista… —me susurró a la vez que sentía como uno de sus dedos se metía en el interior de mi vagina, haciendo círculos dentro de esta— Estás completamente mojada… —añadió a la vez que sacaba su dedo de dentro, y lo chupaba, a la vez que me miraba de forma pervertida— Me gusta mucho tu esencia…
—Joder… Tom —dije casi con desesperación. Me estaba poniendo demasiada cachonda, y necesitaba urgentemente que me follará tan fuerte como él solo lo sabía hacer.
—¿Qué pasa, pequeña? —me miró de forma divertida— ¿No te gusta que te hagan esperar?
—No… —le respondí a la vez que atrapaba de nuevo sus labios de manera brusca, y mis manos se dirigían al cinturón, que rodeaba su pantalón, para desabrochárselo. Una vez que lo desabroché, mis dedos comenzaron acariciar más fuertemente la ya formada erección que estaba debajo de sus pantalones. Gimió entre mis labios, cuando lo toqué con brusquedad. Finalmente, comencé a deslizar la cremallera de su pantalón, dejándolo un poco más liberado.
Me miró con sus ojos completamente dilatados de la excitación que sentía. Sus manos agarraron mis bragas para irlas deslizando, hasta que finalmente me las sacó para después dejarlas caer en el suelo del coche. Me dedicó una mirada divertida, a la vez que yo lo miraba de forma suplicante. Mis manos se dirigieron a sus bóxers para luego liberar su pene de su prisión. Y ahí estaba completamente erecto mostrándose ante mí, con su punta sonrosada preparada para que yo jugara con ella con mi boca o simplemente para que mi hermano me la metiera hasta el fondo. Mi hermano me agarró las piernas para ponerlas cada una al lado de sus caderas, para tener acceso más a mí. Entonces es cuando la sentí como lentamente se iba introduciendo dentro de mí, cerré los ojos al sentir esa pequeña molestia placentera de la primera embestida hasta que finalmente estuvo por completo en mi interior.
—¡Humm! —suspiré a la vez que me mordía el labio inferior, y comenzábamos a movernos con energía. Las manos de mi hermano se posaron sobre mis caderas para ayudarme a moverme sobre él. Era tan placentero, tan jodidamente excitante, que si fuera por mí, estaría todos los días de mía vida con el pene de mi hermano dentro de mí. No quería separarme nunca más de él.
—Oh dios… —gimió mi hermano entre dientes, apretando fuertemente la mandíbula a la vez que aumentaba más enérgicamente sus embestidas. Posé mis labios sobre su cuello, y lo empecé a succionar fuertemente a la vez que escuchaba la respiración agitada de mi hermano Tom sobre mi oído. Unas pequeñas marcas rosáceas comenzaron a salir en su cuello. Sentí como poco a poco, el pene de Tom iba creciendo más y más en mi interior, como cada vez iba tocando el fondo de mi sexo. Me sentí tan bien… Mi respiración estaba completamente agitada— ¡Joder…! —susurró a la vez que sentía una explosión en mi interior. Su semilla se extendió en el interior de mi vagina. Lo miré con mis ojos brillosos por la excitación, para luego besar sus labios. Nuestras lenguas se encontraron para jugar entre ellas— Te quiero… —me susurró una vez que se separó de mí, para coger aire.
—Te quiero… —le dije abrazándolo fuertemente. Estaba tan cansada, que cerré los ojos durante unos minutos apoyada sobre su hombro a la vez que intentaba calmar mi respiración.
Continúa…
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