Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 78
By Naia
Sus manos comenzaron a acariciarme mi espalda desnuda, completamente sudada, haciendo círculos con las yemas de sus dedos. Me provocaban pequeñas cosquillas, pero me relajaba. Suspiré, para luego llegar mis pulmones de aire. Me sentía también entre sus brazos. Notaba como su pecho, duro y fortificado, subía y bajaba cogiendo también aire. Intentando calmar su respiración agitada. Nos quedamos durante unos minutos así abrazados, sin decirnos nada. Disfrutando del silencio y del calor de nuestros cuerpos. Miré la hora y casi que ya no llegaba a primera hora de la clase de la tarde.
—Me gustaría quedarme así toda la tarde abrazada a ti —le dije de manera traviesa— Podríamos ir a tu apartamento, y seguir con la fiesta —me mordí el labio inferior.
—Más tarde tengo que ir al estudio de grabación con Bill —me respondió— Tú deberías ir a clase…
—A primera hora ya no podré entrar, ya ha pasado media desde que tocó el timbre —le respondí.
—Bueno… tendrás que ir a segunda hora —me respondió de nuevo mi hermano— No vaya a ser que llamen a mamá y después se arme la gorda, aparte porque el que te llevé a clase he sido yo.
—Lo sé… —susurré clavando mis ojos azules en los ojos color miel de mi hermano— Te quiero… —le volví a repetir dándole un pequeño beso corto en los labios, que se volvió más intenso cuando mi hermano no me dejó separarme de él.
Me levanté de encima de mi hermano, para luego buscar mis bragas que estaba por el suelo del coche. Mi hermano se subió los bóxers, para luego abrocharse de nuevo el pantalón. Por mi parte, me abroché el sujetador, y me puse de nuevo la camisa del uniforme. Me sentía toda sudada y asquerosa a causa de la buena sesión de sexo que habíamos tenido. Mi hermano comenzó de nuevo a conducir su coche en dirección hacia mi escuela. Como todavía era pronto, me quedé en el interior del coche.
—Te extrañé tanto… —susurré a la vez que no dejaba de mirarlo desde mi asiento.
—Yo también te extrañe, princesa —me susurró mirándome fijamente. Me perdí a través de sus ojos— Naia… —musitó.
—Dime, Tomi… —le dije sin dejarlo de mirarlo.
—Tengo que darte algo… —me respondió.
—¿Lo qué? —pregunté curiosa. De repente, sobre su mano apareció una pequeña cajita. La miré atentamente— ¿Qué es? —pregunté de nuevo.
—No sé… —me dijo de forma juguetona— Quizás tendrás que abrirla para averiguarlo.
Cogí entre mis manos la pequeña cajita, comencé a desenvolverla con nerviosismo y urgencia. La abrí. Era una cadena, con una llave en forma de corazón. Era plateada, con la parte de arriba de la llave en forma de corazón en la cual tenía engarzadas ocho piedras brillantes. Era tan hermosa… Miré a mi hermano con los ojos humedecidos.
—Te estoy entregando la llave de mi corazón, princesa —me susurró en cuanto posé mis ojos sobre él.
—Oh Tomi… —susurré emocionada— Es hermosa. Me encanta…
—Me alegra que te haya gustado —me dijo sonriente.
—Pónmela por favor —le dije girándome, a la vez que recogía mi cabello con mi mano para que pudiera abrocharme la cadena.
Enseguida noté como sus manos rodeaban mi cuello, para finalmente abrocharla. La contemplé una vez puesta, sonriente. Mi hermano me había entregado su corazón, eso significaba que nunca nos separaríamos y que siempre estaríamos juntos, sin importar que fuéramos hermanos.
—Será mejor que entres en clase —dijo mi hermano una vez que acabó de ponerme el colgante.
—Sí… —susurré— Gracias, por este bonito regalo. Me ha encantado.
—Venga vete —me dijo para meterme prisa.
—Nos vemos después —me acerqué para darle un beso rápido. Luego abrí la puerta y salí del coche de mi hermano.
Caminé hacia la entrada, que daba al gran patio interior de mi colegio. Mi hermano se quedó vigilándome desde el coche, esperando a que entrara por completo en el interior del edificio. Subí las escaleras y poco apresurada, el timbre todavía no había sonado, así que con mucha suerte podría acudir a la siguiente clase. Caminé por el pasillo vacío, se podían escuchar voces de profesoras dando clase en las demás aulas que había a lo largo de todo el pasillo. Me apoyé en la pared esperando a que la puerta de mi aula se abriera. Minutos después la profesora de literatura salía del aula para dirigirse a otra clase. Entré en el interior del aula, mientras que mis compañeros se ponían a hablar entre ellos sin prestarme atención. Ocupé mi asiento.
—¿Dónde diablos has estado metida a primera hora? —me preguntó Amy susurrándome, intentando no captar la atención de los demás compañeros.
—Me entretuve en casa, y llegué tarde —le respondí a la vez que empezaba a garabatear en una hoja de mi libreta.
—Menos mal que la profesora no ha pasado lista —me susurró Amy— Sino estarías muerta…
—Sabes una cosa… —dije en bajito sonriente.
—¿Qué? —me preguntó confusa.
—Mis hermanos han vuelto hoy —le respondí en un susurro.
—¿Enserio? —me preguntó mi amiga incrédula.
—Sí —asentí.
—Oh… eso es genial, Naia —dijo mi amiga emocionada.
—Si quieres cuando salgamos de clase podemos ir a hacerles una visita al estudio —le sugerí— Mi hermano me dijo que estarían por la tarde en el estudio.
—Genial —sonrió mi amiga.
A los pocos segundos el profesor de matemáticas entró en el interior de clase, así que mi amiga y yo dejamos de hablar para así prestar un poco de atención a la clase. La hora se pasó bastante rato, aunque apenas me enteré de lo que él profesor había explicado. Estaba deseando que las vacaciones de navidad llegaran pronto, y así estar varias semanas sin ir a clase. Y poder disfrutar de unos días de descanso, junto con mi hermano Tom. El timbre sonó dando por finalizada la clase. Mis compañeros empezaron a recoger sus cosas metiéndolas en sus mochilas, haciendo lo mismo yo al igual que Amy. El aula se quedó completamente vacía. Ambas salimos lentamente, los pasillos estaban vacíos. Algún que otro rezagado salía de alguna aula, saliendo corriendo temiendo quedarse encerrado en el colegio.
—¿Qué tal lo han pasado tus hermanos allí? —me preguntó mi amiga interesada.
—La verdad es que no les he preguntado nada —respondí cayendo en la cuenta, lo poco considerada que había sido al no preguntarles que tal el viaje de regreso y como lo habían pasado en Curaçao.
—¿Qué te han regalado? —preguntó mi amiga curiosa.
—Un vestido, unos zapatos y una pulsera —respondí— El viernes lo llevaré cuando salgamos a celebrar mi cumpleaños.
—Estoy deseando ver el vestido —dijo mi amiga emocionada— Debe de ser hermoso.
—Lo es… —sonreí— La pulsera también lo es…
—¿Quién te ha regalado ese colgante tan bonito? —me preguntó mi amiga de repente.
—¿Qué colgante? —pregunté confusa.
—El que tienes puesto, tonta —dijo de nuevo mi amiga a la vez que señalaba mi cuello.
—Bueno… —empecé a ponerme nerviosa. No sabía que contestarle, porque visto a simple vista que ese colgante tenía un sentido amoroso— Un amigo especial… —susurré. Después me mordí la lengua porque mi amiga estaría preguntándome insistentemente quien sería ese amigo especial, y yo no podría decirle quien era, porque era mi hermano Tom.
—¿Amigo especial? —me preguntó sorprendida a la vez que alzaba una ceja mirándome acusadoramente— Tú no saliste tarde de casa hoy por la tarde, ¿Verdad? —lo sabía mi amiga se estaba oliendo algo— Cierta personita ha hecho que faltarás a primera hora de la tarde a clase —volvió a decirme— ¿Me equivoco?
—No digas tonterías —le dije evadiendo el tema.
—Serás capulla —me dijo ahora mi amiga indignada— Ni siquiera me vas a contar que tal fue el polvo que tuviste.
—Vámonos —le dije a mi amiga intentando cambiar de tema— No quiero quedarme encerrada en el colegio.
—¿Dónde lo has conocido? —volvió a preguntar insistentemente mi amiga— Porque hasta donde sé, no sueles salir mucho por ahí y cuando sales por ahí, vienes conmigo.
—Amy no solo tu triunfas por las noches —le dije con autosuficiencia.
—Nai… —me llamó mi amiga cuando empecé a caminar más rápido— No seas cobarde…
—No insistas Amy —le dije a mi amiga— No te voy a contar nada…
No respondí por mucho que me insistió mi amiga. Comenzamos a caminar por el gran patio exterior que rodeaba nuestra escuela, para finalmente salir del recinto escolar. Fuimos caminando por la acera, que en este momento había varios compañeros de clase agrupados hablando entre ellos. Mi amiga y yo seguimos caminando pasando por al lado de ellos, sin detenernos en nuestro camino.
—¿No me lo vas a contar? —me volvió a preguntar mi amiga insistiendo.
—No —respondí con seguridad.
—¿Por qué no? —me preguntó otra vez, se notaba un poco molesta.
—Porque apenas llevo un par de meses con él —le respondí— A parte no quiero que mis hermanos se pongan pesados, si se enteran. Seguro que irás de cotilla a decírselos a ellos.
—Eso no es cierto —respondió mi amiga abriendo la boca desmesuradamente mostrando molestia.
—Venga apúrate —le dije a la vez que aceleraba un poco el paso— A este paso cuando lleguemos al estudio de grabación mis hermanos ya se habrán ido —le dije— ¿No querías ver a Bill? —le pregunté con una sonrisa burlona en los labios.
Mi amiga fue escuchar mis palabras y comenzó a caminar más rápido todavía. Cruzamos la calle en un paso de peatones, para luego meternos por otra calle. Finalmente, llegamos a la calle donde mis hermanos tenían el estudio de grabación. Una casa unifamiliar apartada de los otros edificios, rodeada por un muro alrededor con un gran jardín. La puerta grande estaba abierta, por donde accedían los coches al interior del jardín. Entramos por la puerta, y caminamos por el suelo empedrado con adoquines. Segundos después vimos a mi hermano Bill salir del estudio de grabación. Llevaba su móvil en la mano. Tan pronto que nos vio nos saludó con su mano, para luego acercarse a nosotros.
—¡Hey! —nos saludó— ¿Qué hacéis vosotras aquí? —nos preguntó.
—Bueno… pasamos a saludaros —respondí— ¿Qué tal va el disco?
—Bien, hemos avanzado bastante por la tarde —respondió mi hermano.
Un silencio incomodo se formó. Amy no dejaba de ver a mi hermano Bill, comiéndoselo con los ojos, y mi hermano Bill hacía lo mismo con Amy. Era una situación muy graciosa, porque ambos estaban colados por los dos, pero ninguno daba el paso para empezar una relación. Se quedaron mirándose de una forma tan embobada y en silencio, que no creo que se dieran cuenta que los iba a dejar solos en esos momentos. Y así hice. Aprovechando me fui directamente al estudio de grabación, donde se suponía que estaba mi hermano Tom adentro. Asomé mi cabeza por la puerta que daba a la sala de grabación, y observé como mi hermano estaba concentrado haciendo clicks en su ordenador portátil a la vez que tenía los auriculares puestos. Estaría editando alguna canción. Apoyé mi mochila en el suelo sin hacer apenas ruido, para luego caminar de puntilla hasta donde estaba mi hermano sentado. Puse mis manos sobre sus ojos para tapárselos. Enseguida noté las manos grandes, fuertes y callosas acariciar las mías. Intentando apartar mis manos de sus ojos. Finalmente, dejé sus ojos libres y se dio la vuelta para ver quién era la persona que le había tapado los ojos.
—¿Qué haces aquí? —preguntó confundido.
—Vine a hacerte una visita… —me mordí el labio inferior, a la vez que infantilmente pegaba un pequeño golpe en el suelo cono mi zapato. Como si fuera una niña pequeña que acaba de hacer una pequeña travesura.
—¿Me extrañaste, pequeña? —me preguntó a la vez que son sus brazos rodeaba a mis caderas y me atraía hacia él. Apoyó su cabeza sobre mi vientre, a la vez que mis dedos juguetonamente comenzaron a jugar con un mechón de su pelo revoltoso que se había soltado de su moño mal hecho.
—Mucho… —susurré a la vez que recordaba el gran polvo que habíamos tenido en el interior del coche, tres horas antes.
—¿Viste a Bill? —me preguntó de nuevo.
—Sí, pero creo que va tener para rato —sonreí.
—Entonces perfecto… —me susurró a la vez que se levantaba de su asiento completamente, y se ponía a mi altura. Su cara se fue acercando lentamente a la mía para luego rozar sus labios con los míos— Así podré besarte sin preocuparme por él —me susurró una vez que se separó de mis labios.
Me empotró contra pared. A la vez que sus labios jugaban con mi mandíbula, para luego bajar hasta mi cuello. Sus besos me hacían cosquillas, y a la vez que me excitaban. Estiré el cuello lo máximo posible, para que Tom pudiera besarme y acceder más a la piel de este. Noté como sus dientes comenzaron a jugar con esta. Rozándola, mordiéndola, marcándola como él solo sabía hacer. Dejando su marca impregnada en mi piel, para que ningún chico se me pudiera acercar porque yo era exclusivamente de él, y él era exclusivamente mío. Suspiré, sintiendo como una de sus manos se metía por debajo de mi falda, y como sutilmente comenzaba a acariciarme mi sexo por encima de mis braguitas.
—Si fuera por mí, te follaba bien duro dentro de la cabina de grabación —me sonrió de manera provocativa, para luego volver a besar mis labios de manera brusca, desesperada.
—Hum… —gemí entre sus labios, a la vez que comenzaba a sentir la excitación recorrer mi espina dorsal. Mis manos se dirigieron hacia su entrepierna, la cual empecé a acariciar por encima de sus pantalones, sintiendo como cada vez se iba poniendo más dura debajo de estos.
—Oh… pequeña… vas a conseguir que no me pueda aguantar —me susurró mi hermano al oído con voz ronca. Volvió a atrapar mis labios mientras que seguía acariciándolo, notando como poco a poco su dureza se incrementaba.
Estábamos tan excitados, que no podíamos reprimirnos. Enseguida, mis braguitas fueron deslizadas a través de mis piernas, y los pantalones eran bajados hasta los tobillos juntos con sus bóxers. Me agarró fuertemente de las piernas, abriéndolas más, hasta que finalmente se quedó pegado a mí entre ellas. Notaba como su miembro completamente erecto rozaba mi sexo. Casi podría vibrar de la excitación completa que sentía. Lo noté como se iba introduciendo lentamente en mí, notando como la punta de su pene tocaba el fondo de mi vagina. Sentí descargas eléctricas con ese contacto. Mi hermano comenzó a moverse embistiéndome, a la vez que comenzaba a suspirar. Sus labios se posaron en mi cuello para besarlo de nuevo, lamerlo haciéndome excitar cada vez más. Sus movimientos pélvicos se intensificaron más, y entonces no me pude aguantar comencé a gemir, pero a gemir fuerte… Sintiendo como el sudor comenzaba a perlar mi cara, como mi pelo se comenzaba a pegar en mi rostro. Entonces abrí los ojos y me encontré con ella mirándonos con cara de asco, de repulsión.
—Joder… —susurré— Mierda… —intenté separarme de mi hermano, rompiendo la penetración— Amy… Espera…
Me aparté de mi hermano a la vez que intentaba recuperar mis braguitas, mi hermano se había quedado en shock con los pantalones bajados, ni siquiera había acabado, y seguía teniendo su gran erección, pero eso no me importó… Ahora lo que me importaba era mi amiga Amy. Salí corriendo como pude del estudio de grabación, para encontrarme con que mi amiga ya había salido por la puerta grande que daba a la calle. Corrí hacia la puerta, para intentar alcanzar a Amy, de paso a lo lejos en el jardín apartado pude ver a mi hermano Bill que estaba hablando a través de su teléfono móvil.
—Amy… Espera… —la llamé nuevamente, pero ella seguía andando con paso apurado, incluso creo que había empezado a correr. Eché a correr más de prisa, hasta que finalmente la alcance. La agarré por el brazo— Amy… tengo que explicarte… —susurré.
—No me toques… —dijo con asco apartándome bruscamente de ella— Me das asco…
—Tienes que entenderlo… —dije nuevamente intentando darle una explicación de lo sucedido. Estaba súper nerviosa.
—No quiero que me expliques nada… —me dijo mi amiga mirándome con el ceño fruncido— Tengo ganas de vomitar con solo verte…
Acto seguido siguió caminando mientras que por mis ojos comenzaban a surgir varias lágrimas. Impotente me dejé caer sobre el suelo de rodillas, para luego tapar mi cara con mis manos y sollozar más intensamente. Como podía haber sido tan descuidada… No solo pudo ser Amy quien nos cachará, también pudo haber sido Bill… Ahora mi amiga no quería saber nada mí, le daba asco, le repugnaba… ¿Qué iba a hacer ahora de mi vida? Seguramente que se lo contaría a otras personas, y después todo el vecindario sabría que Tom y yo estamos teniendo relaciones. Nos tacharían como los hermanos incestuosos… Sería el fin de todo, para mí, para la carrera musical de mi hermano. Sería un gran escándalo social.
Ahora no sabía que hacer… Si volver al estudio de grabación junto con mi hermano Tom o irme a casa. Tenía unas ganas tremendas de llorar, y en casa no sería el mejor sitio para descargar mi completa frustración. Mamá podría darse cuenta de todo, entonces ya no habría remedio y todo se volvería completamente negro. Comencé a caminar sin un rumbo determinado. Había dejado mi mochila en el estudio de grabación, pero no tenía intención de irla a buscar. Iba sumida en mis pensamientos, mientras que las lágrimas seguían escurriéndose por mis mejillas. Comencé a sentir frío, la noche alemana era mucho más fría en invierno, y solo estaba como el uniforme puesto, ya que me había dejado la cazadora también en el estudio de grabación, aparte de que era diciembre, y suelen estar las temperaturas más bajas. Después de estar no sé cuánto tiempo caminando, me acabé sentando en un banco. Creo que había llegado a un parque. Empecé a llorar con más intensidad. Notaba como mi vida se estaba desmoronando poco a poco.
Continúa…
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