Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 82

By Tom

—¿Qué haces aquí? —pregunté sorprendido a mi hermana al verla.

—Vine a hacerte una visita… —me respondió a la vez que tímidamente se mordía el labio inferior. Sonreí al ver su actitud de colegiala. Como si fuera una niña pequeña que estaba haciendo una pequeña travesura, golpeó disimuladamente el suelo con su zapato. Me mordí el labio inferior. Me ponía muchísimo la actitud de mi hermana pequeña.

—¿Me extrañaste, pequeña? —le pregunté de manera traviesa a la vez que mis brazos rodeaban sus caderas y la atraía más hacia mí. Apoyé mi cabeza sobre su vientre, ya que ella estaba más alta que yo, porque estaba de pie. Sus dedos comenzaron a juguetear revoltosamente con un mechón de mi pelo que se había escapado de mi moño.

—Mucho… —me susurró traviesamente.

—¿Viste a Bill? —le pregunté. Nuestro hermano se encontraba afuera fumando así que lógicamente tendría que haberlo visto en el jardín.

—Sí, pero creo que va a tener para rato —me respondió a la vez que sonreía. Lo miré confuso., pero por la forma de la expresión de su cara deduje que nuestro hermano estaría bastante rato entretenido, así que por mi cabeza se me pasaron varias escenas pervertidas para hacer con ella. A parte que tenía unas ganas tremendas de volverla a besar.

—Entonces perfecto… —susurré a la vez que me levantaba de mi asiento por completo. Poniéndome a su altura. Mi cara se fue acercando lentamente hasta que finalmente rocé sus labios con los míos— Así podré besarte sin preocuparme por él —le susurré una vez que me separé de sus labios.

La apoyé fuertemente contra la pared, evitando que mi hermanita se pudiera separar de mí. Acerqué mis labios a su mandíbula a la vez que empecé a besarla con desesperación, hasta que bajé a su cuello y me concentré en besarlo. Sentí como mi hermana se empezaba a excitar, y estiró su cuello para que pudiera besar más piel de este. Comencé a morderla, a marcar mi territorio, porque Naia era solo mía y de nadie más. Escuché como mi hermana empezó a suspirar intensamente, a la vez que metía una de mis manos debajo de su falda y comencé a jugar con su sexo por encima de su ropa interior.

—Si fuera por mí, te follaba bien duro dentro de la cabina de grabación —le dije a la vez que sonreía de una forma provocativa, como yo solo sabía hacer, para luego volver a atrapar sus labios de una manera brusca y desesperada.

—Hum… —mi hermana gimió entre mis labios. Sus manos se posaron encima de mi entrepierna, la cual empezó a acariciar. Empecé a notar como me iba excitando, como me iba poniendo más duro.

—Oh… pequeña… vas a conseguir que no me pueda aguantar —le susurré al oído con voz ronca. La volví a besar mientras que ella seguía acariciando mi sexo. Me estaba poniendo demasiado cachondo.

Me sentí tan excitado, que me entraron unas ganas tremendas de follármela en ese instante. A pesar que nuestro hermano Bill se encontraba en el jardín afuera. No me aguante más y le deslicé sus braguitas a través de sus piernas, a la vez que ella bajaba mis pantalones. Ambos estábamos muy calientes. Le agarré fuertemente de las piernas, a la vez que las abría para poder acceder mejor entre ellas. Mi miembro estaba completamente duro y empalmado. Me dolía la punta con solo el roce de este sobre el sexo de mi hermana. Introduje mi pene en su vagina, sin ningún tipo de preámbulo. Ella estaba completamente húmeda y excitada así que la penetración no le dolería. Me comencé a mover embistiéndola enérgicamente, llegando al fondo de su vagina en cada estocada. Empecé a jadear, mientras que unas gotitas de sudor comenzaban a aparecer por mi cara. Empecé a besarle el cuello nuevamente lamiéndole, mordiéndolo… haciendo que cada vez más estuviera excitada. Intensifiqué mis movimientos, entonces Naia empezó a gemir fuertemente… Su pelo se le empezó a pegar en su cara a causa del sudor que comenzaba a pelar su cara. Entonces todo cambió… La expresión de los ojos de mi hermana se volvió más oscura, pálida y horrorizada… Sus ojos se abrieron desmesuradamente a la vez que rompía bruscamente el contacto conmigo.

—Joder… —le escuché decir— Mierda… —se separó de mí— Amy… Espera… —me quedé en blanco en shock. Mi pene colgando todavía erecto, con los pantalones bajados, a la vez que mi hermana se movía con intranquilidad intentando buscar sus braguitas para ponérselas. Segundos después escuché como salía del estudio de grabación corriendo.

Cuando logré reacciones, me subí los bóxers y mis pantalones rápidamente. Sentí dolor con el rocé de mi ropa. Necesitaba relajarme para que mi problema se bajara, sino iba tener importantes problemas. Salí del estudio para ir en busca de mi hermana. Justo cuando salí me encontré con mi hermano Bill que iba a entrar dentro del estudio.

—¿Qué le ha pasado a Naia? —preguntó curioso mi gemelo— La he visto salir corriendo detrás de Amy.

—No lo sé… —mentí. Claramente sabía lo que había sucedido. Amy nos había encontrado fornicando como dos bestias en celo, sin reparar que ambos éramos hermanos de sangre. Me preocupaba muchísimo ahora nuestra situación, de cómo sería nuestra vida a partir de ahora. Si Amy llegará a contar algo de lo que vio sería hombre muerto. Mi carrera musical se iría al traste e incluso podrían meterme en la cárcel. Aquí en Alemania, y creo que en cualquier parte del mundo, el incesto entre hermanos está penado con cárcel.

—Se le veía bastante preocupada —volvió a decir mi gemelo.

—Ahora vuelvo —le dije con el corazón en un puño. Necesitaba encontrar a mi hermana, para poder tranquilizarme y saber que Amy no diría nada.

Corrí hacia el gran portalón que daba a la calle. Miré para la derecha y luego para la izquierda. No había rastro de mi hermana, así que supuse que se había salido del radio, de las calles que colindaban alrededor de la propiedad inmobiliaria del estudio de grabación. Comencé a correr hacia la izquierda. Pero no encontré a mi hermana por ningún lado. No podía estar demasiado lejos, ya que apenas había sido unos minutos que se había ido. Recorrí unas cuantas calles más, para luego regresar el estudio de grabación. No había rastro de ella. Supongo que ya había ido a casa, o estaría hablando más tranquilamente con Amy para explicarle mejor las cosas e intentarle convencer de que no dijera nada.

—¿A dónde fuiste? —preguntó curioso nuevamente mi hermano Bill.

—Fui a ver si encontraba a Naia —le respondí— Me dejaste un poco inquieto cuando me dijiste que iba con cara preocupada.

—¿La encontraste? —me preguntó otra vez.

—No… —negué con la cabeza— Igualmente se fue a casa.

—Pues se ha dejado la mochila y la cazadora —dijo mi gemelo.

—Hay que llevársela cuando regresemos a casa —le dije.

Continuamos trabajando en el estudio, pero mis pensamientos iban hacia mi hermana Naia. Esa desazón que inundaba mi corazón, me sentía demasiado inquieto y eso hacía que no pudiera concentrarme completamente en lo que estaba haciendo. Después de dos horas por fin dimos por finalizado nuestro día en el estudio. Estaba demasiado ansioso por llegar a casa, y poder hablar con mi hermana tranquilamente. Pensar con frialdad en lo sucedido, para poder enfrentar los inconvenientes que se presentarán en un futuro.

Aparqué el coche en el garaje de casa. Mi hermano Bill y yo salimos del coche y entramos en el interior de la casa de nuestra madre. Era cerca de las diez de la noche cuando llegamos. Subimos por las pequeñas escaleras, que daban al pequeño hall de la casa. Entramos en el gran salón. Yo llevaba la cazadora y la mochila de Naia entre mis manos. Nuestra madre estaba sentada en el sillón con Gordon, su semblante era de preocupación. Me comencé a alarmar un instante, de solo pensar que nuestros padres se hubiesen enterado de lo ocurrido entre Naia y yo.

—¿Viene Naia con vosotros? —preguntó nuestra madre nada más vernos, y percatarse que yo llevaba las cosas de mi hermana en mi mano.

—No… —respondí— Se dejó esto olvidado en el estudio de grabación.

—¡Dios…! —suspiró nuestra madre angustiada.

—¿Qué pasa mamá? —pregunté asustado por su expresión en la cara.

—No ha regresado… —susurró a la vez que se cubría la cara con sus manos y comenzaba a sollozar.

—Tranquilízate, mamá —intenté calmarla— Seguro que se ha entretenido por el camino.

—Son las diez de la noche… —me dijo con voz inaudible.

—No te preocupes —le dije nuevamente— Voy a salir a buscarla.

—Te acompaño —dijo Bill voluntariosamente.

—Mejor quédate acompañando a mamá y a papá —le dije a la vez que sacaba las llaves de mi coche del bolsillo— Si por casualidad llega antes de que yo regresé, llámame para avisarme.

—Está bien —asintió mi gemelo.

Volví a ingresar en el garaje bajando las pequeñas escaleras que daban a este, desde el interior de nuestra casa. Monté en el interior de mi Cadillac Escalade, y lo prendí. Segundos después salía por la gran puerta del garaje hacia la calle. Me incorporé a la carretera y encendí los focos de mi coche, para poder ver mejor. La noche era oscura y fría… Comencé a mirar a un lado y después a otro, pero no había rastro de mi hermana. Me empecé a inquietar. Encendí un cigarrillo y comencé a fumarlo compulsivamente, mientras que iba conduciendo despacio por si en algún momento Naia aparecía. El reloj de mi coche marcaba las once y media de la noche, y yo seguía sin encontrar a mi hermana.

—¿Dónde diablos te has metido, enana? —me pregunté a mi mismo, intentando averiguar algún posible lugar donde mi hermana pequeña pudiera estar, pero no se me ocurría nada. Me desesperé… No quería que le ocurriera nada malo.

Recorrí de cabo a rabo la ciudad sin encontrarla. Finalmente me decidí buscar en los parques, que había en Hamburgo por si por casualidad se le ocurriera estar por allí. Eso me preocupaba porque a esas horas de la noche la temperatura había descendido considerablemente. El termómetro de mi coche, a pesar de tener la calefacción encendida marcaba los siete grados centígrados. Mi hermana había salido sin ropa de abrigo, sin su móvil… Pasé por un parque, y detuve el coche, para luego bajar de este. Caminé por el lugar inspeccionándolo, pero no se hallaba Naia allí. Volvía a subir en el coche, y seguí conduciendo hasta otro parque que encontrará. Detuve el coche, dejando las luces encendidas. Ese parque apenas tenía iluminación, de hecho, que daba un poco de escalofríos estar por la noche ahí. Comencé a caminar hacia el interior. Al fondo de todo, vi un bulto en un banco. Apenas había luz así que no podría saber con lo que me iba a encontrar, pero tenía la sensación de que Naia podía estar en ese parque. Me acerqué lentamente, hasta que llegué a la altura de esa figura.

—Naia… —la llamé al instante al reconocerla— Gracias a dios que estás bien… Llevo buscándote durante mucho tiempo —le dije con angustia. La verdad es que llegué a pensar, de que algo malo le podía haber sucedido. Me acerqué a ella, y noté que estaba completamente congelada… No me extraña, solo tenía su uniforme puesto y ninguna ropa de abrigo— Estás congelada… —le volví a decir, pero mi hermana apenas reaccionó a mis palabras estaba como ida— Naia… —volví a llamarla poniéndole mis manos sobre sus mejillas heladas, entonces fue cuando reaccionó un poco y fijó sus ojos azules en los míos.

—Me dijo que éramos unos monstruos… —me susurró a la vez que las lágrimas comenzaban a salir por sus ojos— Me dijo que le daba asco…

—Naia… —la abracé para reconfortarla. Su cuerpo estaba helado.

—Tengo miedo que diga algo Amy… —me susurró— No me dejó explicarle nada… No quiere saber nada más de mí… —me dijo de nuevo— ¿Qué va a ser de nosotros?

—Todo saldrá bien, no creo que Amy se atreva a contar algo —le dije con seguridad— Ella es una chica muy lista, y no creo que quiera meterse en líos.

—¿A qué te refieres con eso? —me preguntó Naia confundida.

—Podemos denunciarla por difamación —le dije a mi hermana— Si ella abre la boca y cuenta eso, por mucho que cuente no tendrá pruebas físicas para demostrar que nos pilló juntos, así que fácilmente podríamos acusarla por mentir en contra de nuestra persona.

—No quiero perder a Amy de amiga… —dijo mi hermana con tristeza— Pero no quiere dejarme explicar, hacerle entender que yo te amo demasiado y si no estoy contigo me muero…

—Deja que el tiempo cure todo… —le aconsejé a mi hermana— Necesita tiempo para asimilar todo esto, no puedes presionarla…

—Tienes razón… —musitó.

—Será mejor que regresemos a casa —le aconsejé— Mamá estaba muy nerviosa porque no has regresado, además si continuas así podrás ponerte enferma. Estás completamente helada…

Nos levantamos del banco, y comenzamos a caminar hacia mi coche. Pasé mi brazo por encima del hombro de mi hermana, para así darle más calor, aunque finalmente me acabé quitando mi cazadora para ponérsela sobre sus hombros. Llegamos a hacía donde tenía mi coche parado, y le abrí la puerta del copiloto para luego hacerla entrar en el interior de mi automóvil. Luego ocupé mi lugar en el otro asiento del coche. Accioné el motor del coche, y comencé a conducir rumbo a casa. Durante todo el trayecto mi hermana iba mirando en silencio por la ventana. Sumida en sus pensamientos… Menudo día había tenido el día de su cumpleaños. Se suponía que ser un día muy feliz, y sin embargo fue todo lo contrario. Me sentía tan culpable por eso, por no haber sido más consciente y haberle parado los pies y no dejarnos llevar por el deseo y la lujuria.

Media hora más tarde, ingresamos en el jardín de nuestra casa. Las luces estaban encendidas. Metí el coche en el interior del garaje, para luego disponerme a bajar de este. Observé unos segundos a mi hermana, y me la encontré completamente dormida con la cabeza apoyada sobre la ventanilla de mi coche. Se veía tan tranquila dormida, que me daba pena despertarla. Sobre todo, porque había tenido un día demasiado agitado. Salí del coche, y abrí la puerta del asiento donde se encontraba sentada mi hermana. La cogí entre mis brazos. Enseguida su pequeño cuerpo se acopló mejor al mío para agarrarse mejor. Su cabeza se apoyó en mi pecho. Cerré la puerta de mi coche, y caminé hacia las pequeñas escaleras que daban al interior del resto de la casa. Segundos después accedí al salón. Mis padres y mi hermano Bill se encontraban sentados en el sofá con aspecto preocupado.

—¡La encontraste al fin! —dijo mi madre al verme con Naia en mis brazos.

—Tranquilízate, mamá —le dije intentando calmarla— Naia está bien, pero no grites que se ha quedado dormida…

—Pero… —dijo mi madre desconcertada— Quiero saber porque no ha regresado en la tarde a casa.

—Tendrás ocasión de preguntárselo mañana —le dije a mi madre poniendo un poco de cordura a la situación— Ahora será mejor que duerma. Por la expresión de su cara cansada, ha tenido un día agotador.

—Está bien… —musitó mamá con aire derrotado.

—Será mejor que la llevé a su habitación —informé a mis padres y a mi hermano.

No dejé que mi madre replicará mi decisión, de ser yo mismo quien llevara a su habitación a mi hermana Naia. Su expresión en la cara no fue muy aprobatoria, pero mi hermanita en ese momento era un peso muerto sobre mis brazos. Difícilmente mi madre podría llevarla a su habitación. Bill era un debilucho así que apenas duraría dos segundos con Naia en brazos, y bueno Gordon… Si podría llevar a Naia a su habitación, pero sería más de lo mismo. Subí las escaleras lentamente, hasta que llegué al largo pasillo del segundo piso. Me situé delante de la puerta de la habitación de mi hermana, para luego entrar en el interior encendiendo la luz de paso. Caminé hacia la cama de mi hermana y la deposité sobre ella. Para luego taparla con la ropa de la cama. Obviamente no me iba a poner a desnudar a mi hermana, seguramente que mamá fue lo primero que pensó, pero no era tan degenerado sabiendo que había gente en casa, en otra situación si le hubiera quitado la ropa con gusto, pero ahora debía de comportarme como un hermano mayor que solo se preocupa por el bienestar de su hermana pequeña. La arropé mejor para que no cogiera más frío de lo que había cogido en el parque. Ahora dormía relajada. Deposité un beso en su frente, para luego irme de la habitación. Caminé de nuevo por el pasillo para bajar las escaleras e irme de nuevo al salón. Todavía mis padres y mi hermano se encontraban sentados en el gran sofá.

—¿Dónde la encontraste? —comenzó con su interrogatorio mi madre.

Continúa…

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por Heiligtkt483

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