Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 83
By Tom
—En un parque… —le respondí.
—¿Y qué diablos hacía en un parque a estas horas de la noche? —me preguntó mi madre con un cierto aire molesto.
—No lo sé… —le respondí. En verdad si sabía la causa de que estuviera en ese parque. Mi hermana necesitaba pensar, pero no podía decirle eso a nuestra madre, sobre todo por ella volvería a preguntar de nuevo y eso nos metería de nuevo en problemas.
—Me voy a dormir —dijo mamá finalmente cortando la conversación, se le veía agotada, estresada— Mañana tendré una conversación muy seria con vuestra hermana…
—Mamá… —le dije de nuevo— No seas demasiada dura con ella. No está pasando por un buen momento —confesé— Ha discutido con Amy, y se han enfadado…
—Oh vaya… —dijo Bill ahora alucinado— ¿Por eso salió del estudio de grabación corriendo detrás de Amy?
—Sí… —asentí.
—Ha sido un día bastante cansado, será mejor que nos vayamos a dormir todos para reponer fuerza —dijo Gordon.
Comenzamos a subir las escaleras en silencio, a la vez que Gordon apagaba las luces del piso inferior. Una vez que todos nos encontramos en el segundo piso, nos dirigimos cada uno a nuestras correspondientes habitaciones. Entré en mi habitación para luego cerrar la puerta tras de mí. Me senté sobre mi cama a la vez que encendía la pequeña lámpara que se encontraba sobre la mesilla. Suspiré para luego rebuscar en el interior del cajón superior de mi mesilla, mi cajetilla de tabaco y el mechero. Necesitaba fumarme otro cigarrillo antes de acostarme. Necesitaba relajarme. Caminé hacia la ventana que poseía mi habitación, para luego abrirla. El aire frío de la noche golpeó mi cara. Encendí el cigarro para luego comenzar a fumarlo dando grandes caladas desesperadas. Cuando se consumió por completo, lo apagué para luego tirar la colilla en la pequeña papelera que tenía al lado de mi escritorio. Cerré la ventana, para luego dirigirme otra vez hacia mi gran cama. Me desnudé quitándome la ropa para luego ponerme el pijama. Abrí la cama, y me metí en el interior de ella para luego apagar la luz de la lámpara que estaba sobre la mesilla. Cerré los ojos y comencé a dar vueltas hasta que por fin el sueño me venció.
El sonido del despertador hizo que abriera los ojos. Miré la hora y era cerca de las ocho y media de la mañana. Me estiré considerablemente para desperezarme. Hoy tendría una nueva sesión en el estudio de grabación. Básicamente era lo que hacía, estar todo el día en el estudio creando nueva música al margen del proyecto que teníamos de ser jurado en el DSDS. Salí de la cama para luego ponerme las zapatillas. El estómago me crujía considerablemente y necesitaba tomarme un café urgentemente sino no sería persona en lo que quedaba de mañana. Salí de mi habitación, sin apenas arreglarme, después lo haría cuando volviese a mi habitación. Caminé por el largo pasillo hasta que llegué a las escaleras para bajar a la cocina. La luz de esta se encontraba encendida.
—Buenos días, mamá —le dije a mi madre entrando por la cocina a la vez que bostezaba. Aunque había dormido lo suficiente me sentía cansado.
—Buenos días, hijo —me respondió a la vez que acababa de poner algunas cosas sobre la mesa. Me fijé en ella y me di cuenta que estaba demasiado bien vestida y arreglada como para pasar el día en casa.
—¿Vas a salir hoy? —le pregunté con curiosidad.
—Tengo una reunión importante en la galería de arte —me respondió. Mamá se dedicaba a pintar cuadros, y había abierto una galería de arte donde exponía sus pinturas, pero también ponían en exposición pinturas de otras artistas— Estaré toda la mañana ocupada.
—Oh vaya… —le dije en un susurro— Espero que te sea leve —me solaricé con ella— A mí me espera un día duro en el estudio de grabación.
—Tu hermana llegará tarde a la escuela —me comentó mi madre a la vez que miraba su reloj de pulsera— Como no baje a desayunar pronto se le enfriará el desayuno y no me puedo parar mucho porque tengo la reunión.
—Seguro que se ha hecho la remolona —le dije— ¿Quieres que vaya a despertarla? —le pregunté— Además según recuerdo la acosté en la cama tal cual como venía, o sea con su uniforme.
—No hace falta —me respondió mi madre— Iré a avisarla yo.
Mamá salió de la cocina mientras que yo seguía desayunando. Minutos después, Gordon y mi hermano Bill entraron en el interior de la cocina para ocupar su lugar en la mesa.
—¿Dónde está tu madre? —me preguntó Gordon al no ver a mi madre.
—Ha ido a la habitación de Naia para despertarla —le respondí— Por lo visto se le han quedado las sábanas pegadas.
Minutos después mamá volvió a entrar en la cocina. Se veía preocupada.
—¿Qué pasa? —preguntó Gordon a la vez que observábamos como ella cogía el teléfono que había en la cocina.
—Voy a llamar a la galería de arte para avisarles de que no iré —respondió mamá— Naia está ardiendo en fiebre, no puedo irme a la reunión sabiendo que ella está mal.
—Cariño, tienes que ir a la reunión —dijo Gordon— Además es una reunión muy importante, que no puedes perdértela.
—Pero Naia… Gordon… —susurró nuestra madre con preocupación.
—Mamá no te preocupes —le dije para intentar tranquilizarla— Puedo llamar al médico y quedarme con ella.
—Pero tienes que ir al estudio… —volvió a decir mi madre.
—Puedo trabajar igual aquí en casa —le dije a mi madre— Tengo todo dentro de mi portátil…
—Nos quedaremos los dos cuidando de ella —dijo mi hermano Bill uniéndose a la conversación.
—Está bien —asintió mamá un poco más tranquila— Cualquier cosa llamarme al móvil.
—Tranquila, mamá —le dije— Seremos unos perfectos enfermeros. Ahora iros los dos —le dije a Gordon y a nuestra madre.
—El teléfono del médico de vuestra hermana es este —nos dijo anotándolo en una hoja de una pequeña libreta que tenía guardada en uno de los cajones del mueble de la cocina.
—No te preocupes mamá —le dije nuevamente para tranquilizarla y se fuera de una vez— Bill y yo lo tenemos todo controlado.
—Sino se hubiera quedado hasta tarde en la calle, ahora estaría bien —dijo nuevamente mi madre— Vuestra hermana es una inconsciente. Estar en la calle sin ninguna ropa de abrigo.
—Fue una imprudencia de su parte, pero ahora no podemos echarle las culpas —le dije a mi madre.
—Mantenerme información de cualquier cosa que le pase a vuestra hermana —volvió a insistir nuestra madre.
Finalmente, Gordon y mamá salieron por la puerta de la cocina. Mi hermano Bill y yo nos quedamos solos. Ambos estábamos callados.
—Será mejor que llamemos al doctor para que venga cuanto antes —dijo Bill rompiendo el silencio que se había formado entre nosotros.
—Sí —asentí. Mi hermano cogió el teléfono para marcar el número del médico.
—Voy a llamarlo ya… —dijo mi hermano Bill.
—Iré a la habitación a ver como se encuentra Naia —le informé— Si tiene la fiebre tan alta, me da un poco de miedo que se quedé sola en la habitación.
—Vale —me asintió a la vez que él seguía esperando a que el médico le contestará a la llamada.
Salí de la cocina, para luego caminar por el salón hacia las escaleras que daban al segundo piso de la casa. Subí las escaleras lentamente. Minutos después me encontraba en el pasillo. Caminé hacia la habitación de Naia. Abrí la puerta y entré en ella. Mi hermana se encontraba tumbada en la cama con los ojos cerrados. Su cara estaba bastante colorada fruto de la alta fiebre que estaba padeciendo. Me acerqué hacia la cama para ver cómo estaba. Le acaricié la frente notando que estaba completamente caliente.
—Bill está llamando al médico para que venga a revisarte —le susurré— Tienes mucha fiebre, pequeña.
—Tomi… —escuché a mi hermana susurrarme con voz inaudible.
—Tranquila pequeña, pronto vendrá el doctor —le volvió a decir.
—Me duele todo… —susurró para luego toser.
—Ahora descansa —le dije a la vez que la abrigaba mejor con la ropa de la cama. No quería que se pusiera peor.
Se quedó callada otra vez a la vez que la escuchaba respirar profundamente. Parecía que sus pulmones no estaban cogiendo el aire suficiente. Me acerqué a coger la silla del escritorio, para luego ponerla al lado de cama y así poder vigilarla mejor. Minutos después, nuestro hermano Bill ingresaba en el interior de la habitación.
—¿Has conseguido hablar con el médico? —pregunté con curiosidad.
—Sí —me asintió con la cabeza— Dijo que en quince minutos estaba aquí —me informó— ¿Cómo se encuentra?
—Mal… —le respondí a mi gemelo— Sigue teniendo la fiebre muy alta, ha estado tosiendo y creo que le cuesta respirar…
—Sin duda ha cogido un gran resfriado… —susurró Bill— Tendrá que quedarse todo el fin de semana en cama, para curarse pronto. Es una pena porque no podrá salir a celebrar el viernes su cumpleaños…
—Bueno, quizás no pueda ir a celebrarlo, pero nosotros estaremos con ella aquí en casa para celebrarlo con ella —le dije a Bill.
—Ya… pero supongo que le gustaría ir con Amy por ahí a celebrarlo —dijo Bill.
—Lo dudo mucho que pueda ir con Amy, si ella se ha enfadado con Naia —le recordé.
—Cierto…
Nos quedamos de nuevo en silencio, observando como nuestra hermana seguía con los ojos cerrados. El sonido del timbre nos hizo salir de nuestro trance. Miré a mi hermano Bill, y él me miró a mí.
—Iré a abrir —informó— Seguro que es el doctor —dijo mientras que salía de la habitación de Naia.
—Ya viene el doctor —le susurré a Naia, aunque creo que en ese momento no me escuchará mucho. Estaba como ida— Pronto ya te sentirás mejor.
Escuché unos pasos a lo largo del pasillo. Segundos después ingresaba en la habitación de nuevo mi hermano Bill acompañado por el doctor, el cual traía su maletín. Lo miré unos segundos.
—¿Qué le ocurre a Naia? —preguntó el doctor a la vez que se quitaba su chaqueta para poder trabajar mejor, y sacaba su estetoscopio para poner auscultar a mi hermana.
—Tiene mucha fiebre doctor —le informé— Su respiración es un poco pesada.
—Veamos… —dijo el doctor acercándose a la cama donde estaba tumbada nuestra hermana. Apartó las cobijas que tapaban a mi hermana— Después vais a tener que cambiarle de ropa, y ponerle otra ropa más cómoda —dijo— No es propio que este con ropa normal dentro de la cama.
—Lo sé… —respondí— Pero ayer venía demasiado cansada, y se acostó sin ponerse su ropa de dormir.
—Tiene bastante temperatura —confirmó— Le recetaré un medicamento para que le ayudé a bajar la fiebre, pero tendréis que ayudarlo con comprensas de agua fría para bajarle la temperatura corporal.
—De acuerdo… —dijo mi hermano Bill.
El doctor desabrochó la blusa que tenía puesta mi hermana para dejar todo su pectoral libre. Podía ver el sujetador de color negro, que sujetaban sus pechos. El doctor colocó el estetoscopio para comenzarlo a mover por todo el pecho. Estaba escuchando sus pulmones, los latidos de su corazón.
—Respira con bastante dificultad —nos informó el médico— Añadido a que ya de por sí, está débil por la enfermedad que tuvo hace años, hace que su sistema inmunológico sea más quebradizo. Le recetaré un medicamento para que le ayude a despejar sus vías respiratorias.
—¿Se pondrá bien? —pregunté preocupado.
—Sí, pero deberá permanecer varios días en reposo para curar bien ese resfriado —nos dijo de nuevo el doctor— ¿Ha estado expuesta a temperaturas frías últimamente? —nos preguntó mirándonos a mi hermano y a mí.
—Ayer estuvo en la calle hasta las doce de la noche… —respondí— No llevó ninguna ropa de abrigo, y hoy por la mañana amaneció así.
—Pequeña inconsciente… —susurró el doctor mirando a nuestra hermana.
El doctor comenzó a escribir la prescripción médica en su talonario de recetas. Luego de ponerle su sello con su nombre, nos entregó las recetas.
—La medicina para que facilite su respiración la tiene que tomar durante siete días para que le haga efecto —nos explicó el médico— El medicamento para bajarle la fiebre solo tiene que tomarlo, hasta que le baje la temperatura.
—De acuerdo —asentimos mi hermano y yo.
—Será mejor que vaya a la farmacia para ir a buscar los medicamentos —dijo Bill.
—Bueno, ya he acabado aquí —dijo el doctor a la vez que metía todo en el interior de su maletín y se volvía poner su chaqueta— Evitar que esta señorita se exponga otra vez a frías temperaturas, esto ha sido leve, pero para la próxima vez podrá ponerse todavía peor.
—La vigilaremos —le dije.
Mi hermano Bill y el doctor salieron de la habitación de nuevo juntos. Me volví a quedar junto con mi hermanita. Debía quitarle la ropa y ponerle otra, pero estaba tan caliente, que casi era mejor que le pasará algún paño mojado frío para que fuera bajando la temperatura mientras que Bill no regresaba de la farmacia.
—Ahora señorita, hay que quitarle toda esa ropa que tienes completamente sudada —le dije a la vez que me acercaba a ella.
Agarré cuidadosamente por la espalda para luego incorporarla, a la vez que le quitaba la blusa que tenía puesta. Después desabroché su sostén dejando liberado sus pequeños pechos. Si no fuera que mi hermanita estaba enferma, en ese mismo momento me la hubiera follado, de hecho, que sentía como mi entrepierna se excitaba. Calma, Tom… No puedes pensar en eso, sabiendo que Naia está enferma. Me reproché mentalmente. La acabé de desnudar a la vez que la tapaba con las sábanas para evitar que cogiera frió en el trayecto que yo iba al baño para coger una toalla de lavabo y un cubo pequeño con agua. Regresé de nuevo a la habitación, para descubrirla de nuevo. Mojé la toalla y la escurrí sobre el cubo quitando el agua sobrante. Comencé a pasarse por la frente, luego bajé por el cuello, seguido hasta los pechos… Al notar el contacto de mi mano con la toalla sus pezones se pusieron erectos, y mi miembro también reaccionó ante esa acción poniéndose más duro debajo de mi bóxers. Después tendría que ir a darme una buena ducha, ya que todavía no me había quitado el pijama ni aseado, con el cuento de que Naia estaba enferma se me había pasado. Continué pasando la toalla por su vientre, que se contrajo al notar la toalla húmeda, para luego comenzar sus piernas. La pasé varias veces por todo el cuerpo de mi hermanita, notando como poco a poco la temperatura iba disminuyendo. Dejé a un lado el cubo con la toalla para luego buscar una muda limpia de su ropa interior y pijama. A duras penas se la pude colocar porque mi hermana era un peso muerto.
—Tomi… —musitó mi hermana abriendo sus ojos levemente. Sus mejillas ya no estaban tan coloradas como antes. Sentí su aliento sobre mi cara, para luego sentir el leve roce de sus labios con los míos.
—Ahora no… Naia —rompí el contacto por si se le daba por llegar a Bill de improvisto— Ayúdame a ponerte bien el pijama —le dije ya que me había mal puesto por algunos sitios, como ella no se movía apenas.
Continúa…
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