Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 84

By Tom

Una vez que acabé de colocarle bien el pijama, la volví a tumbar lentamente sobre la cama. La volví a tapar para que no cogiera frío de nuevo. Ahora solo tenía que esperar a que Bill regresase y así comenzarle a administrarle el tratamiento, y también que se quedará con ella vigilándola para que yo pudiera darme esa ducha que tanto ansiaba, y más bien para poder calmar mi excitación. Mi hermana se quedó con semblante tranquilo, a la vez que se quedó dormida otra vez. Escuché como la puerta de casa se cerraba de nuevo. Seguramente Bill ya había llegado de la farmacia, que no quedaba muy lejos de nuestra casa.

—Ya traje las medicinas —informó mi hermana mostrándome un bolsa pequeña y blanca donde estaban metidas los medicamentos.

—Genial —le dije— Ahora puedes quedarte un poco con Naia —le dije— Necesito asearme y ponerme otra ropa más cómoda, que andar en pijama.

—Sí, así aprovecho para darle las medicinas —dijo mi gemelo.

—Se ha vuelto a quedar dormida otra vez —le informé— No será mejor que esperes a que más tarde se despierte.

—Ya… pero cuanto antes se tomé las medicinas antes harán su efecto —dijo Bill de nuevo.

—Está bien… —asentí— Voy a ducharme.

Salí de la habitación de mi hermana pequeña, para luego caminar en un trayecto corto hacia el cuarto de baño, ya que se encontraba apenas unos pasos de nuestras habitaciones. Entré en el interior de este, para luego cerrar la puerta tras de mí. Me desnudé para luego dejar el agua correr durante unos segundos, y finalmente meterme en el interior de la ducha. El agua templada comenzó a mojar mi cuerpo, haciendo que me comenzará a relajar y consigo la pequeña erección que se me había formado en mi entrepierna. Mi hermanita incluso estando enferma, me ponía demasiado caliente. No sé cuánto tiempo estuve debajo de la ducha, pero una vez que me sentí bien y completamente aseado, salí de esta. Me sequé mi cuerpo con una toalla, para luego anudarla alrededor de mi cintura y disponerme a salir del baño para dirigirme a mi habitación y ponerme otra ropa más cómoda. Diez minutos después regresé al interior de la habitación de mi hermana. Bill se encontraba sentado en la silla, que estaba al lado de su cama.

—¿Ya le has dado el medicamento? —le pregunté.

—Sí —me respondió— Ahora se ha quedado completamente dormida.

—Será mejor que la dejemos descansar —le dije a mi hermano.

—Sí es lo mejor —afirmó mi gemelo.

Los dos salimos de la habitación de nuestra hermana para luego bajar las escaleras e irnos al salón. Cogí mi portátil, y comencé a trabajar en las mezclas de algunas canciones mientras que Bill se dedicaba a escribir la letra de alguna posible nueva canción. Y así pasamos la mañana entretenida, concentrándonos en nuestro trabajo, tanto es así que no nos dimos cuenta de la presencia de nuestra hermana en el salón.

—¿Qué haces levantada, Naia? —le pregunté con molestia al levantar la mirada de mi ordenador— Vuelve a la cama —le ordené.

—Ya me encuentro mejor… —susurró.

—No, no estás mejor —le dije nuevamente. Sus mejillas estaban sonrojadas a causa de la leve fiebre que todavía tenía— Vuelve a la cama —le insistí.

—Es que me aburro… —resopló para luego acomodarse al lado mía, en el sillón. Apoyó su cabeza sobre mi hombro para ver lo que estaba haciendo en mi portátil— ¿Qué estás haciendo?

—Estoy trabajando —le respondí— Ahora sube a tu habitación…

—Jolines Tomi… —hizo un puchero— Quiero mimos… —la miré con una ceja arqueada, mientras que Bill levantaba su mirada de su libreta donde estaba escribiendo concentrado y también la miraba con confusión.

—No eres una niña pequeña para andar mimosa —le dije.

—Oh… vamos Tomi… —se acercó más a mí, para luego apoyar más su cuerpo sobre mí— Estoy malita… —dijo poniendo una voz de mártir.

—Si estás malita, ya sabes que debes de estar en la cama para recuperarte —le dije nuevamente.

—No quiero irme a mi habitación… —volvió a decir frunciendo sus labios, como una niña pequeña que no recibe su golosina.

—Naia estamos trabajando —le volví a insistir.

—Pero puedes dejar de trabajar un poquito para dedicarle tiempo a tu hermana pequeña —me dijo apartando mi portátil para que no pudiera seguir tecleando.

—Naia… —protesté. No me dio tiempo a decir nada más porque segundos después, ella ya se encontraba encima de mí, buscando el calor de mis brazos— Naia… —susurré de nuevo al sentir como apoyaba su cabeza contra mi pecho. Bill nos miraba desde el sillón donde estaba sentado de manera confusa.

—Quiero mimos, Tomi… —dijo otra vez con insistencia.

—Está bien, señorita mimosa —dije finalmente. Ella ya se encontraba encima de mí, y no había forma de que se separará. Se había adherido a mí como una garrapata. Con mis brazos rodeé su pequeño y delicado cuerpo, enseguida noté como se puso a temblar, pero creó que fue un pequeño escalofrió al sentir en contacto de nuestros cuerpos— ¿Mejor? —pregunté a la vez que observaba como sus labios se curvaban en una pequeña sonrisa.

—Sí… —susurró— No me dejes nunca, Tomi… —volvió a decir— Quiero tenerte siempre a mi lado… —Bill se me quedó mirando de forma rara.

—Siempre estaré para protegerte y cuidarte —le dije— Los hermanos mayores es lo que hacemos con nuestros hermanos pequeños —volví a decir nuevamente. No quería que Bill se diera cuenta de lo que había entre Naia y yo, y en esos momentos Naia se estaba comportando de una forma demasiada cariñosa conmigo. Observé a mi hermana que tenía los ojos cerrados, y estaba respirando tranquilamente. Se había quedado dormida entre mis brazos.

La puerta de casa de abrió para luego dar paso a nuestra madre, que había llegado de la reunión que tuvo en la galería de arte. Venía con unas bolsas de compra en cada mano. Cerró la puerta tras de sí, e ingreso en el salón, para luego quedarse a mirándonos.

—¿Qué hace Naia fuera de la cama? —preguntó nuestra madre un poco molesta.

—Se aburría en la habitación —le respondí.

—¿Pero ya se encuentra un poco mejor? —volvió a preguntar nuevamente nuestra madre.

—Bueno, la fiebre ya le ha bajado —le dije a la vez que le tocaba la frente a mi hermana, y notaba que esta ya no ardía como lo había hecho por la mañana.

—¿Qué ha dicho el médico? —preguntó nuevamente nuestra madre.

—Está resfriada —respondió ahora Bill— Dijo que tenía que guardar unos días reposo.

—Está bien —asintió nuestra madre— Debería de volver otra vez a su habitación, para que no le coja el frío —dijo mirando a Naia— ¡Vamos Naia! —dijo mamá moviéndola levemente para hacer que se despertará— Deja trabajar a tu hermano, y vámonos a tu habitación —le ordenó nuestra madre.

—No… —se quejó— Quiero estar con Tomi… —se volvió a abrazar a mí fuertemente como si tuviera miedo de que la separaran de mí para siempre.

—¡No estoy para tonterías, Naia! —dijo mamá molesta— Venga levántate, y vete a tu habitación —sentí como Naia daba un pequeño saltito entre mis brazos al escuchar a mamá levantar la voz más de lo habitual.

—Está bien… —dijo mi hermana levantándose rápidamente de encima de mía, y luego caminar hacia las escaleras arrastrando los pies.

Nuestra madre la siguió por las escaleras arriba, para acompañarla a la habitación. Mientras tanto mi hermano y yo nos quedamos en silencio trabajando, yo concentrado en mi portátil y él concentrado en su libreta. Notaba que el ambiente se había vuelto incomodo, porque de vez en cuando por el rabillo de mi ojo podía observar como Bill me echaba alguna que otra miradita.

—Si vas a decir algo dilo… —le dije harto de que me echará miradas furtivas.

—Solo te voy a decir que un día de estos te vas a quemar —dijo mi gemelo sin más.

—No sé de qué hablas —me hice el loco.

—Claro que sabes muy bien de que hablo —volvió a decirme Bill. Lo miré a los ojos penetrantemente— Solo espero que sepas elegir la mejor opción, para que ninguno de los dos salgáis lastimados —dicho esto se levantó del sofá para coger las bolsas que había dejado nuestra madre apoyadas en el suelo, y caminó hacia la puerta de la cocina para luego desaparecer en el interior de esta.

Seguí haciendo algo en mi portátil, pero ya me sentía un poco estresado, y eso que yo soy muy paciente en cuanto a la hora de crear nuevos sonidos. Me levanté del sofá, y cogí un cigarrillo para luego irme al jardín y fumármelo tranquilamente. Después más tarde, mamá acabó de hacer la comida y a Naia le subió una bandeja con sopa recién hecha. No dejó que Naia saliera de su habitación. Y así pasaron dos días… Naia se pasó dos días encerrada en su habitación, poco a poco iba mejorando de su resfriado, pero aun así mamá no dejó que fuera a clase en el resto de días, que había de clases antes de las vacaciones de Navidad.

El día había amanecido frío, mostrando un paisaje completamente nevado. Me separé de la ventana de mi habitación, para luego volver otra vez a mi cama y hacerme un poco el remolón. Estábamos empezando las vacaciones navideñas, mi hermano Bill y yo nos habíamos tomado unos días descanso en el estudio de grabación. Después de estar unos diez minutos más tumbado en mi cama, me decidí ir a darme una ducha para después bajar a desayunar. Salí de mi habitación, para encontrarme con Naia que salía en ese momento del baño, todavía con su pijama puesto.

—Buenos días, princesa —le dije para luego abrazarla.

—Buenos días, Tomi —me dijo con voz somnolienta.

—¿No has dormido bien? —pregunté preocupado. Últimamente mi hermana no estaba teniendo buenas noches, desde que Amy nos descubriera.

—No mucho la verdad… —respondió apoyando su cara sobre mi hombro y cerrando los ojos— No puedo quitarme de la cabeza su cara… La expresión de horror y asco al mirarnos…

—No pienses en eso Naia —le susurré intentando reconfortarla.

—No puedo… —musitó— Mi mejor amiga me repugna…

—No vuelvas a decir eso —le dije a la vez que introducía a mi hermana en mi habitación, y cerraba la puerta tras nosotros. No era conveniente que nos escucharan hablar sobre eso, sino seríamos descubiertos.

—Tomi somos unos pecadores… —me volvió a decir con culpabilidad mi hermana.

—No lo somos —le dije de nuevo— Nos amamos profundamente, y eso no es un pecado.

—Pero somos hermanos… —susurró de nuevo.

—Puede que nos una un lazo de sangre, pero te quiero más que mi propia vida —le volví a decir. Me torturaba que mi hermana tuviera tantas dudas sobre nosotros después de ese suceso— No voy a permitir que te separen de mí nunca.

—Yo también te quiero, Tomi —me susurró. Nuestros labios se juntaron en un cálido beso.

—Será mejor que me vaya a duchar —le dije a mi hermana— Sal después de un rato de aquí, así evitamos que sospechen.

—Ya… —susurró. Junté de nuevo mis labios con los de ella para luego darle un beso fugaz. Acto seguido me separé de ella, y abrí con cuidado la puerta de mi habitación y salí de esta.

Abrí la puerta del baño, comprobando que no había nadie en el interior de este. Cerré la puerta tras de mí, para luego despojarme de mis bóxers y abrir el grifo de la ducha. Entré en el interior de esta, dejando que el agua templada mojará mi cuerpo. Me estuve relajando durante un buen rato debajo de la ducha para luego enjabonarme y limpiar mi cuerpo. Minutos después salí de la ducha secándome el cuerpo con una toalla, para luego enrollármela alrededor de la cintura. Abrí la puerta y me dirigí a mi habitación. Naia ya se había ido cuando entré en esta. Cuando acabé de vestirme, salí de nuevo de mi cuarto para dirigirme a la cocina para desayunar.

—Buenos días a todos —hice un saludo general a todos lo que se encontraban en la cocina. Básicamente era toda mi familia. Mi madre, Gordon, Bill y Naia.

—Buenos días, hijo —respondió mi madre a la vez que se acercaba para echarme un poco de café en mi taza, una vez que me senté en mi lugar.

—Le estaba comentando a tus hermanos, que iba a ir al mercadillo para comprar el árbol de Navidad —me informó Gordon— ¿Te apetece venir con nosotros?

—Pues sí… —asentí— Así aprovechó para hacer algunas compras.

Y era verdad el tiempo se me venía encima y casi no tenía los regalos de Navidad para mi familia, así que tenía que apurarme en comprarles algo antes de que me quedará sin los regalos que tenía pensado comprarles. Seguimos desayunando mientras comentábamos algunas cosas, sin importancia. Observé a mi hermana Naia que se encontraba pensativa mientras observaba su taza de desayuno. No quise preguntarle porque ya sabía fijo que era lo que le ocurría. No podía quitarse de la cabeza a Amy y lo ocurrido hacía apenas unas semanas atrás. Cuando acabamos de desayunar, dejamos a nuestra madre en la cocina mientras recogía algunas cosas. Después ella se iría a su cuarto donde pintaba sus cuadros para la galería de arte que tenía. Salimos a la calle, para luego dirigirnos al garaje y meternos en el interior del coche. Una vez que nos sentamos en los asientos, y pusimos los cinturones de seguridad, Gordon arrancó el coche para luego dirigirnos al mercadillo.

Tardamos apenas unos veinte minutos en llegar, aunque había algo de tráfico. Gordon aparcó el coche en un pequeño aparcamiento que había al lado del mercadillo, por suerte encontré un sitio donde poner el coche ya que a esas horas de la mañana no había tanta gente en el mercadillo. Salimos del coche, abrigándonos bien ya que hacía bastante frío.

—Ponte bien la bufanda, Naia —dijo Gordon a nuestra hermana. No era conveniente que se volviera a resfriar después de haber estado casi una semana y pico metida en cama por un resfriado que había cogido días atrás— No es conveniente que cojas frío…

—Está bien, papá —le dije Naia a la vez que se acomodaba bien la bufanda tapando su boca.

—El puesto de los árboles está allí —señaló nuestro padre— Si eso voy viendo mientras vosotros vais a hacer algunas compras.

—Yo te acompaño —dijo Bill a nuestro padrastro.

Nos quedamos solos en apenas unos instantes. Sin decir nada. Naia me miraba y yo la miraba a ella como si fuéramos unos tontos, unos tontos completamente enamorados que se estaban comiendo con la mirada.

—Yo voy a ir a un puesto de allá —le dije a Naia señalando con mi dedo un puesto que estaba bastante apartado de la calle principal del mercadillo.

—Está bien —susurró.

Mi hermana se agarró a mi brazo, mientras que ambos comenzamos a caminar por la carretera, ya que los puestos estaban colocados a ambos lados de las aceras. Íbamos en silencio sin pronunciar nuevamente ninguna palabra.

—¿Qué te ocurre? —le pregunté susurrando.

—Te acuerdas cuando éramos niños veníamos siempre al mercadillo a comprar el árbol de Navidad —dijo mi hermana ignorando por completo mi pregunta.

—Sí —le respondí.

—Nunca olvidé cada año que veníamos juntos —siguió diciendo— Recuerdo que cuando éramos más pequeños, yo debía de tener unos siete años me perdí aquí y tú… me reñiste cuando me encontraste —me miró a los ojos— Nunca se me olvidará la expresión de tu cara, de tus ojos… —susurró— Mostrabas tanto miedo y tanta desesperación cuando me encontraste… —añadió mientras sus ojos miraban en un punto sin determinar, como recordando cada detalle de aquel incidente— Ese día fue cuando te compraste tu primer disco de Aerosmith.

—Lo recuerdo perfectamente —musité— Pasé mucho miedo cuando no te hallé a mi lado. Tenía miedo que te hubieran robado de mi lado.

—Pero después, en los siguientes años ya no estabas conmigo para regañarme, ni para abrazarme… —continuó diciendo— Después solo éramos mamá, Gordon y yo quienes veníamos. Y era yo quien ayudaba a mamá a decorar el árbol de Navidad. Y las navidades no fueron tan alegres como cuando éramos más pequeños y se juntaba toda la familia. Las navidades se volvieron tristes.

—Pero ahora estoy de nuevo aquí contigo —le dije mirándola fijamente— Y no te voy a dejar nunca… —le recalqué de nuevo. Mi hermana se había vuelto tan importante para mí, como el aire para vivir. Sin ella no era nadie. Sin ella no sabría vivir— Te quiero con toda mi alma. Eso no lo dudes nunca.

—A veces tengo miedo de que nos separen —me susurró— Hace unos días tengo un mal presentimiento, y no quiero que se haga realidad. No quiero que me alejen de ti.

—Nadie te va a alejar de mí, ¿Me has entendido? —le dije mirándola con firmeza, con seriedad. Ella asintió con su cabeza— Nadie me alejará de ti…

Continúa…

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por Heiligtkt483

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