Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 85

By Tom

Entrelacé mi mano con la mano de ella, uniendo nuestros dedos para luego continuar caminando hacia el puesto donde quería comprar algunos detalles. Ahora parecía que mi hermana se encontraba un poco más alegre, menos pensativa.

—¿Qué me vas a comprar de regalo de Navidad? —preguntó Naia de forma curiosa.

—No sé… —le respondí de forma divertida— Tengo que pensarlo… Pero seguro que será algo bonito para que te puedas poner.

—¿No me vas a dar ninguna pista? —preguntó de nuevo frunciendo su ceño. Se veía tan bonita cuando fingía estar enfadada.

—No… —le respondí de nuevo.

—Eres malo, Tom Kaulitz —me dijo mostrando enojo.

—Anda ven aquí… —le dije atrayéndola contra mi cuerpo, para luego abrazarla. En ese momento no pasaba nadie que nos pudiera ver, así que me apetecía robarle un pequeño beso.

—¿Qué vas a hacer, Tom? —preguntó mi hermana cuando vio como me acercaba a ella— Estás loco…

—Venga dame un pequeño beso, ahora que no pasa nadie —le insistí.

—Está bien… —se dio por vencida.

Acercó sus labios a los míos, para luego ser atrapados por mis labios. Comencé a moverlos haciendo que los labios de Naia se abriera, para después introducir mi lengua. Su lengua chocó contra mía, mientras que ambos disfrutábamos de ese beso, ajenos de lo que ocurría a nuestro alrededor. Nos separamos. Nuestra respiración estaba agitada. Las mejillas de Naia estaban completamente sonrojadas.

—¡No me puedo creer que tengáis la vergüenza de exhibiros así de esta forma! —escuchamos decir a una voz conocida. Nos giramos para mirar quien era. Otra vez los ojos de mi hermana se volvieron tristes.

—¡Amy espera! —dijo mi hermana saliendo corriendo detrás de su amiga— Tengo que explicarte —insistió de nuevo, pero Amy la ignoró por completo comenzando a caminar más rápido. Segundos después desaparecía por la larga calle, que estaba llena de puestos.

—Supongo que tendrá que asimilar lo sucedido —le susurré a mi hermana acercándome a ella. Su mirada estaba perdida en el punto por donde se había ido Amy— Dale tiempo… —le susurré a la vez que pasaba mis brazos por su cintura— Será mejor que vayamos a comprar y después regresar con Bill y con Gordon.

Comenzamos a caminar en dirección hacia el puesto donde quería comprar. Estuve durante unos quince minutos eligiendo lo que quería coger. En todo ese tiempo mi hermana estuvo con la mirada pérdida, no me gustaba nada de nuevo su actitud. Apenas unos minutos antes había conseguido que hasta sonriera y no mostrará preocupación, pero ahora de nuevo la tristeza asolaba sus ojos.

—¿Qué te parece esto? —le pregunté a mi hermana para ver si así conseguía que se abstrajera de sus pensamientos, pero no conseguí nada. Ni si quiera fijo su mirada en mí— ¡Naia! —volví a llamarla.

—Si está bien —respondió de forma automática.

Pagué las cosas que había cogido, para luego guardar mi cartera en el interior del bolsillo de mi pantalón. Pasé mi brazo por encima de los hombros de mi hermana para hacerla caminar. Comenzamos a caminar con lentitud. Minutos después nos encontramos con Bill y con Gordon en el puesto de árboles de Navidad.

—¿Qué os parece este árbol? —nos preguntó Gordon tan pronto como nos vio acercarnos a él y a Bill.

—Bien —respondí.

—Iré a pagarlo —informó Gordon.

Nuestro padrastro nos dejó solos a mi hermano Bill, a Naia y a mí. Los tres nos quedamos en silencio.

—¿Qué has comprado? —preguntó mi gemelo curioso a la vez que intentaba ver el interior de la bolsa, donde me habían metido las cosas que había comprado.

—No seas curioso —le respondí apartando la bolsa, para evitar que mirase el interior.

—Está bien —dijo Bill desistiendo en el intento.

—Ya está —dijo Gordon acercándose de nuevo a nosotros— Ayudarme a llevar el árbol al coche.

Entre Bill, yo y Gordon cogimos el árbol de Navidad hasta llevarlo donde había aparcado el coche Gordon. Naia nos seguía por detrás. Cuando llegamos al coche, ayudamos a Gordon a subir el árbol en la parte superior del coche, donde lo sujetó con unas cuerdas para que no se moviera. Después entramos otra vez en el interior del coche para regresar a casa.

El resto de la mañana pasó vertiginosamente. Mamá había comenzado a preparar la comida, después de haber estado prácticamente toda la mañana en su pequeño taller, que tenía en casa, pintando unos cuadros. Cuando acabamos de comer, cada uno nos dispusimos a irnos a nuestras a habitaciones para descargar un poco. Naia entró en su habitación de manera pensativa. Cuando Bill entró en el interior de su habitación, aproveché ese momento para colarme en el interior de la habitación de mi hermana.

—Naia… —la llamé en un susurro. Ella estaba tumbada boca abajo en su cama. Me acerqué a su cama para luego sentarme en el borde esta. Enseguida se giró al notar el peso de mi cuerpo sobre su colchón— ¿Cuéntame que te pasa? —le pregunté.

—Tengo miedo… —susurró a la vez que unas lágrimas comenzaban a recorrer sus mejillas— Y si Amy se le ocurre decir algo…

—Ya te dije que no lo hará, solo necesita asumir lo ocurrido —intenté tranquilizarla.

—Pero… y si no es así… —titubeó nuevamente.

—Naia… —susurré para luego atraerla hacia mi cuerpo y quedarnos durante unos minutos abrazados— Todo va a estar bien, mi pequeña. Nadie nos va a separar…

—¿Me lo prometes…? —me preguntó mientras fijaba sus ojos azules claros sobre los míos.

—Te lo prometo… —le dije para luego abrazarla. Después besé suavemente su frente intentando reconfortarla, pero finalmente comenzamos a devorar con besos desesperados.

Su cuerpo cayó sobre su colchón, mientras que yo me tumbaba sobre ella. Mis manos comenzaron a recorrer sus piernas para luego introducirlas por debajo de su falda. Mi hermana suspiró y yo gemí entre sus labios. Me estaba poniendo tan cachondo, que tenía unas ganas tremendas de follármela en ese mismo momento a pesar de que nuestros padres se encontraban en casa y nuestro hermano.

—Tom… —musitó entre mis labios— Para… —me suplicó— Mamá, papá y Bill están en casa… No podemos dejarnos llevar por la lujuria.

—Deseo tanto hacerte el amor… —le dije de nuevo— Llevamos varios días sin hacerlo —le dije a la vez que posaba mis labios sobre su cuello.

—Por favor, Tomi —me susurró.

—De acuerdo… —le dije— Buscaremos la forma de poder estar juntos, aunque sea solo una noche.

—Lo deseo tanto como tú, poder acariciarte, sentirte… —me susurró mi hermana a la vez que sus mejillas se ponían sonrojadas. Estaba tan bonita— Pero no podemos correr el riesgo a que más personas sepan lo nuestro.

—Lo sé… —susurré para luego depositarle un beso corto en los labios, apoyando el peso de mi cuerpo sobre el suyo.

El sonido de un pequeño golpe en la puerta hizo que nuestros corazones comenzarán a latir a cien por hora. Me incorporé rápidamente de encima de mi hermana, mientras que ella se sentaba con la respiración agitada y sus mejillas sonrosadas.

—Naia dice mamá que bajemos a ayudarla a decorar el árbol de Navidad —escuchamos decir a nuestro hermano Bill a la vez que abría la puerta y se quedaba parado mirándonos con confusión— No sabía que estabas aquí también Tom.

—Solo vine a hablar un momento con Naia —le informé a mi gemelo— Pero ya me iba a ayudar a mamá con la decoración del árbol.

Me levanté de la cama de Naia para luego caminar hacia la puerta, dejando a mi gemelo y a mi hermana solos. Caminé por el pasillo para luego bajar las escaleras para salir al encuentro de mi madre.

—¿Y tus hermanos? —preguntó mi madre tan pronto como me vio llegar a su lado.

—Vienen ahora —le respondí. Minutos después ambos descendían por las escaleras para luego acercarse a nosotros.

Y así todos juntos comenzamos a ayudar a nuestra madre a decorar nuestro árbol de Navidad como lo hacíamos en nuestra niñez, en un tiempo ya lejano donde no nos preocupábamos por lo que ocurría en nuestro alrededor. En aquella época en la que éramos unos niños inocentes. Pero aquel niño de antaño había crecido, había madurado y se había enamorado perdidamente de su hermana pequeña, complicando completamente su existencia. Ni si quiera recuerdo en que momento empecé a sentir esa atracción tan física y enfermiza hacía mi hermana. Me pregunto si dios nos juzgará por todo lo que estamos haciendo. Aunque no lo muestre siento miedo… Miedo a que este perfecto sueño se esfume. Por el momento hemos sido capaces de sortear algunos obstáculos, pero tengo el presentimiento de que algo pasará haciendo que todo a nuestro alrededor se vuelva en un caos.

Observé de nuevo el árbol ya le quedaba poco para estar completamente adornado. Después habría que poner la gran estrella sobre la cima del árbol, tarea que haría Naia por ser la pequeña de la familia.

—Solo falta poner la estrella… —dijo nuestra madre mirando hacia la cima de abeto.

—Yo la pongo… —dijo Naia emocionada y algo sonriente. Tenía una sonrisa preciosa y me gustaba verla sonreír.

—No vas a llegar a la cima —le dije molestándola un poco— Quizás vas a necesitar un poco ayuda.

—¿Me subirás a caballito como cuando era pequeña? —me preguntó a la que daba saltitos y pequeñas palmas. Mi hermana siempre sería una niña pequeña, pensé a la vez que rodaba los ojos.

—Te estás comportando como una cría pequeña —le volví a molestar.

—Eres un tonto… —se quejó— Porfa… Súbeme a caballito —me suplicó.

—Está bien… —dije finalmente— Pero como me lesioné la espalda te voy a reclamar daños y perjuicios.

—Ñeeee… —me dijo sacándome la lengua a modo de burla— Después te doy un masaje para que se te cure —me quedé en silencio mirándola— Estamos en Navidad algún día tengo que hacer una buena acción —se apresuró a decir.

—Venga sube, que no tenemos todo el día —le dije a mi hermana a la vez que me agachaba para que ella pusiera sus piernas sobre mis hombros. Enseguida noté su peso sobre estos, la agarré por las piernas para evitar que se tambaleara mientras que yo recuperaba mi posición. Nos acercamos al árbol mientras que Bill le tendía la estrella para luego colocarla.

—Ahora sí que está adornado por completo —dijo Naia orgullosa de su acción.

Finalmente, el día de nochebuena llegó y nuestra casa se volvió un caos. Nuestros padres habían aprovechado, ya que estábamos todos juntos, para invitar a cenar a nuestros tíos. Nuestra madre se encontraba en la cocina preparando ya algunos platos. Naia se encontraba también ayudándola mientras que Bill y yo nos dedicábamos a vaguear un poco mirando la televisión. Total, si entrabamos en la cocina nuestra madre nos sacaría de esta. Ella suele ponerse un poco histérica cuando tenemos invitados en nuestra casa. Para nuestra madre tiene que estar todo perfecto. Las horas fueron pasando, y Naia salió de la cocina con unos platos.

—Podías ayudarme a colocar los platos en la mesa —se quejó nada más salir de la cocina y vernos sentados a nuestras anchas en el sillón mirando la televisión.

—Se te da mejor a ti… —le respondí. Mi hermana bufó.

—Oye vosotros también vais a cenar, así que mover el culo y ayudarme de una vez —volvió a decir nuestra hermana sacando su genio.

—Está bien señorita cascarrabias —le dije metiéndome con ella, a la vez que me levantaba del sillón— ¿Qué hacemos? —le pregunté esperando a que nos diera las órdenes precisas.

—Ya os lo dije —nos respondió— Poner los platos, mientras yo voy a buscar la cubertería. Después tenéis que venir a ayudarme a coger las copas que yo no puedo sola.

Naia se volvió otra vez hacia la cocina, mientras que Bill y yo comenzábamos a distribuir los platos a lo largo de la mesa. Poniendo dos platos en cada servicio. Segundos después Naia llegó con la cubertería la cual fue poniendo en cada servicio que previamente mi gemelo y yo habíamos colocado.

—Podéis ir a la cocina a coger las copas —nos sugirió nuestra hermana.

—Mucho tú mandas, hoy —me quejé. Mi hermana me echó la lengua a modo de burla. Bill y yo nos dirigimos hacia la cocina.

—Hola hijos —nos saludó nuestra madre cuando nos vio entrar en la cocina.

—Dice Naia que cojamos las copas —le informé a nuestra madre— ¿Cuáles cogemos?

—Las finas —nos respondió. Mi hermano y yo nos quedamos mirando para ella sin entender lo que decía— La cristalería de Bohemia.

—Ah vale… —le dije asintiendo.

Después de que, entre mi hermana, mi gemelo y yo acabáramos de poner todo el servicio en la mesa. Era hora de que cada uno nos fuéramos a arreglar para la cena, así que me encontraba en mi habitación en frente de mi armario buscando algo decente que ponerme. Naia entró en mi habitación, usando un vestido bastante sugerente y muy bonito. Era el vestido que le habíamos regalado por su cumpleaños que apenas había podido estrenar.

—¿Qué haces? —le pregunté al ver que cerraba la puerta tras de sí.

—Tenía curiosidad por ver que te ibas a poner —me dijo a la vez que se acercaba a mí.

—Ese vestido te queda espectacular —le susurré al oído— Si fuera por mi te lo quitaba lentamente para luego poderte hacer el amor y comerte a besos.

—No te excites demasiado hermanito que en casa están nuestros padres —me informó.

—Pero después de la cena, no creo que estén muy conscientes después del vino y otras bebidas que se beban —le sugerí— Podríamos aprovechar para tener un momento íntimo, ya sabes…

—Te olvidas que estarán Johan, Danielle y Bill también —me recordó.

—No me olvidé, pero podríamos escaparnos sin que se dieran cuenta —le volví a decir.

—No quiero arriesgarme —me susurró. Me acerqué a ella para luego besar con demasiado ímpetu sus labios haciendo que un pequeño gemido de placer saliera de su garganta— Será mejor que acabes de vestirte —me dijo separándose de mí. Sus labios estaban rojizos— Los tíos no tardarán mucho en llegar.

—Siempre tienes que fastidiar los momentos íntimos —me quejó de que se haya alejado de mis labios. No quería separarme de sus labios.

—Acaba de vestirte —me dijo de nuevo— ¿Has pensado en que ponerte? —me preguntó a la vez que se fijaba en el interior de mi armario abierto— Nunca utilizas esta chaqueta… —me dijo mostrándome una chaqueta tipo sastre. La había utilizado para una boda de una hermana de Gordon— Me gustaría verte con traje chaqueta —me dijo con ojos soñadores— Estarías muy sexy…

—Yo siempre estoy sexy —le dije— Da igual la ropa que me ponga, yo ya soy guapo por naturaleza.

—Eres un creído —me dijo a la vez que me sacaba la lengua— Venga… Hazlo por mí… Ponte este traje chaqueta…

—Está bien… —dije dándome por vencido— Para luego comenzar a quitarme la camiseta que tenía puesta —observé a mi hermana que no hizo ningún ademán de salir de la habitación— ¿Vas a quedarte ahí observándome como me desnudo?

—Ya te he visto muchas veces desnudo, no creo que te avergüences porque te vuelva a ver —me dijo a la vez que se mordía el labio inferior. Sus pupilas se dilataron mostrando su iris color azul menos ancho. Estaba excitada.

—¿Me darás otro beso después si te dejo verme desnudo? —le pregunté a la vez que me quitaba los pantalones y me quedaba en bóxers.

—Puede… —me susurró.

Continúa…

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por Heiligtkt483

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