Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 87
By Tom
El día siguiente y los sucesivos no cambiaron. Mi hermana seguía molesta conmigo y apenas cruzaba palabras conmigo. Procuraba mantenerse ocupada para evitar pasar tiempo conmigo en el mismo sitio o simplemente se encerraba en su habitación, y eso me estaba desesperando. Por las noches cerraba la puerta de su habitación con llave para evitar que entrara en esta. Mi querida hermanita me estaba castigando cruelmente, y realmente eso no podía continuar así. Faltaban solo dos días para despedir el año, y como siempre iríamos a cenar esa a noche a un restaurante. Mi madre ese día no le apetecía ponerse a cocinar, así que nos vestiríamos de gala para ir a recibir el año nuevo. Después saldríamos por ahí a celebrarlo y disfrutar de esa noche tan larga. Tenía que pensar en algo para poder estar con Naia y hacer que se pusiera a bien conmigo, y creo que ya tenía más o menos una idea de lo que hacer.
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Salí del estudio de grabación donde me había pasado trabajando toda la mañana y gran parte de la tarde. Bill no había venido al estudio de grabación conmigo, con lo cual no tenía que preocuparme por él. Cerré la puerta con llave y me dirigí hacia mi coche. Abrí la puerta y entré en el interior de este para luego encender un cigarrillo. Arranqué el coche para luego comenzar a conducir e incorporarme a la carretera. Metí primera y apreté el acelerador. Antes de regresar a casa, iba a ir al centro comercial para hacer unas compras que necesitaba para el día siguiente y dejarlas en mi apartamento.
Aparqué mi Cadillac Escalade dentro del garaje de la casa de mi madre, para luego entrar en el interior de esta. En el salón sentados en el sillón mirando la televisión se encontraba Naia, Gordon y Bill. Escuché ruidos en la cocina así que di por supuesto que mamá estaría preparando la cena.
—Has tardado en llegar —dijo mi gemelo tan pronto como vio entrando por la puerta.
—Me entretuve haciendo cosas en el estudio —le dije— ¿Qué tal ha sido vuestro día? —le pregunté ya que la última vez que lo había visto había sido en el desayuno, ya que me había comido un bocadillo en el estudio mientras trabajaba.
—Ha sido normal, como siempre —me respondió mi gemelo. Naia no me había dirigido ni si quiera una mirada. Tenía que hablar con ella para arreglar nuestra situación.
—¡Qué bien que has llegado ya! —dijo nuestra madre saliendo de la cocina.
—Hola mamá —la saludé.
—La cena ya está lista, así que cuando queráis podéis sentaros a la mesa para cenar —nos informó nuestra madre para luego entrar otra vez en el interior de la cocina.
Mis hermanos y Gordon se levantaron del sillón, para luego apagar la televisión mi gemelo. Comenzaron a caminar en dirección hacia la cocina. Yo me quedé un poco más rezagado, para luego agarrar el brazo de Naia antes de que siguiera avanzando detrás de nuestro padre y nuestro hermano.
—Naia… —susurré atrayendo su atención.
—Suéltame Tom… —me dijo moviendo su brazo bruscamente para romper el contacto.
—Tenemos que hablar… —le susurré de nuevo muy cerca de su oído, pudiendo percibir el aroma de su colonia afrutadas. Era tan irresistible. Tenía ganas de besarla en ese mismo momento.
—No tengo nada de qué hablar contigo —me dijo de nuevo para luego comenzar a caminar hacia la cocina. Me quedé durante unos minutos observando cómo se iba a la cocina en silencio. Segundos después la seguí. Cuando entré en la cocina ya estaban todos sentados, esperando a que yo ocupara mi asiento.
La cena transcurrió en silencio. De vez en cuando había una conversación entre nuestros padres, pero nada más. Naia estaba concentrada en su plato de comida, mientras que Bill escuchaba atentamente lo que decían nuestros padres. Una vez que acabamos de cenar, salí de la cocina para dirigirme a mi habitación. Bill y Gordon se quedaron en el salón viendo un poco la televisión. Entré en el interior de mi habitación para ponerme el pijama, minutos después salí de mi habitación para dirigirme al baño para cepillarme los dientes. Cuando salí del baño me encontré con mi hermana que venía por el pasillo.
—Naia… —volví a llamarla insistiéndole. Apartó su brazo de mi— Por favor… escúchame —le dije de manera desesperada.
—¿Qué quieres? —me preguntó con el ceño fruncido a la vez que se cruzaba de brazos.
—Nena… no quiero que estés disgustada conmigo —le dije en forma suplicante— Perdóname por favor…
—Hasta mañana, Tom —dijo sin añadir más. Ni si quiera se dignó a mostrar su perdón— Buenas noches —dicho eso se fue hacia su habitación para luego cerrar la puerta tras de sí con llave. Suspiré exasperado.
Entré en el interior de mi habitación dando un pequeño portazo. Últimamente le daba demasiados portazos a mi habitación, cualquier día acabaría viniéndose abajo la puerta. Pero no podía evitar irritarme y sentir malestar cuando mi hermana pequeña me sacaba de quicio. ¿Por qué tiene que ser tan cabezota? ”Porque es igual a ti”, me respondí mentalmente. No podíamos negar que éramos familia. Ambos éramos iguales, demasiados cabezotas cuando nos los proponíamos.
La alarma del despertador sonó insistentemente. Abrí los ojos medio adormilado. Los rayos del sol penetraban intensamente por la ventana de mi habitación. Me giré para ver la hora en el reloj. Eran cerca de las once de la mañana. Hoy nos tomaríamos el día de descanso en el estudio de grabación, ya que hoy teníamos que prepararos para ir a cenar afuera junto con nuestros familiares. Menos mal que mamá no se pondría histérica con los preparativos de la cena. Eso me aliviaba bastante porque no tenía ganas de contagiarme con su histerismo, ya tenía suficiente con el problema que tenía con mi hermana. En toda la noche no había sido capaz de dormir. La verdad que me ponía mal no poder conseguir que me perdonase. Me levanté de la cama, para luego estirarme enérgicamente a la vez que bostezaba. Caminé hacia la puerta de mi habitación para luego abrirla, necesitaba ir al baño. Justo en ese momento, la puerta del baño se cerraba dejándome ver una cabellera larga y rubia. Mi hermanita había acabado de entrar en este. Quizás quiera recibir los buenos días de mi parte. Sin pensármelo más, puse mi mano sobre el pomo de la puerta para luego girarlo y entreabrir un poco la puerta. Al instante me escabullí en el interior del baño. Mi hermana se giró al escucharse cerrar la puerta.
—¿Qué estás haciendo aquí Tom? —me preguntó frunciendo el ceño mientras con su parte de arriba de su pijama se cubría sus pechos desnudos. La excitación se agolpó en mi miembro. Hacía tantos días que no la había podido tener debajo de mí, que el deseo de tomarla en ese mismo momento se apoderó de mi mente. Verla parcialmente desnuda, ya que unas finas braguitas de encaje cubrían su sexo, hizo que me pusiera realmente cachondo. Notaba mi pene endurecido. ¿Cómo podía ponerme tanto a cien sin tocarme?
—Vine a darte los buenos días, nena —le dije de manera provocativa mientras cerraba con pestillo la puerta de baño.
—Pues ya puedes largarte —me dijo mi hermana frunciendo el ceño.
—Vamos hermanita, te mueres de ganas de que te toque —le dije mientras daba unos pasos lentamente para acercarme a ella.
—Te he dicho que no… —dijo estirando sus brazos, para evitar que me acercará. Sus pechos tersos y pequeños se mostraron ante mí.
—Vamos muñeca, lo estás deseando tanto como yo —le dije con prepotencia. Sabía perfectamente que no podía resistirse a mis encantos, claramente me lo había mostrado indudablemente varias veces cuando la tenía debajo de mí, gimiendo mi nombre mientras hacíamos cosas guarras. Cosas no apropiadas entre hermanos, aunque ahora su mente se lo negara no podía resistirse a mí.
—Lárgate Tom o gritaré —me advirtió.
—No creo tus amenazas lo más mínimo —susurré con una sonrisa burlona. Nuestros labios casi se rozaron de lo cerca que me había puesto de ella.
—Eres un cretino, Tom —me dijo nuevamente. Hacía semanas que no escuchaba improperios salidos de su boca dirigidos a mí.
—Me encanta cuando me insultas —le dije a la vez que sonreía— Haces que nuestros encuentros sean más intensos.
—Pues va a ser que necesitarás hacerte tu solito el trabajito —me dijo entre una risa burlona, ya que se había dado cuenta de la creciente erección que se había formado debajo de mis bóxers— Porque no voy a dejar que me toques.
—¿Así…? —le pregunté mientras que en mis labios aparecía una sonrisa malévola. No le di tiempo a reaccionar, porque mis brazos rodearon sus caderas impidiéndole que se moviera— Creo que te va a hacer falta un pequeño recordatorio muñeca…
—Suéltame imbécil —me volvió a decir revolviéndose entre mis brazos, pero yo tenía más fuerza que ella y no le permití separarse de mi agarre. Apoyé su cuerpo sobre el mueble del lavabo, para luego besar sus labios con brusquedad y deseo. Me separé de ella. Sus labios estaban hinchados y rojizos. Me vio con el ceño fruncido— Me las vas a pagar gilipollas…
—Más bien me lo vas a agradecer —le dije de nuevo con una sonrisa juguetona.
Me acerqué más a ella posando mis manos sobre su cadera. Fijé mis ojos en sus ojos, ahora me miraba de manera confundida, pero en su mirada pude ver una ligera excitación. Mi hermanita había entendido perfectamente a lo que me refería. Atrapé sus labios de manera brusca, para luego besar su cuello, clavícula. Me centré en el pezón de su pecho izquierdo, el cual comencé a lamer para luego succionarlo. En seguida noté como se ponía duro entre mis labios. Con mi otra mano me concentré en masajearle el otro pecho. Pequeños suspiros inaudibles salían de su boca, mientras que sentía como me dolía mi miembro de la excitación latente que cubrían mis bóxers. Sentía la necesidad de liberarlo de su prisión. La tela de mi bóxer me estaba quemando. Seguí con mi camino de besos deleitándome en su vientre plano. Su respiración se volvió más agitada. Sutilmente comencé a deslizar sus braguitas con mis manos. Ni si quiera opuso resistencia, ella me deseaba tanto como yo a ella, y la verdad es que me importaba un pimiento, en ese momento, que nuestros padres y nuestro hermano estuvieran en casa. Llevaba semanas sin poder estar con ella y me sentía agónico. La necesitaba como el aire para respirar. Su sexo quedó expuesto frente a mí. Acerqué mi cabeza hacia esa zona. Con mis dedos separé los labios exteriores, para luego ver su sexo abierto ante mí. Con mi dedo acaricié su clítoris, un pequeño quejido salió de sus labios cuando presioné esa zona. La estuve acariciando durante unos minutos más, sintiendo como esa zona se iba hinchando e humedeciendo. Metí uno de mis dedos en su interior y empecé a jugar con mi dedo simulando una penetración a la vez que hacía círculos con mi dedo. Un suspiro salió de sus labios, a la vez que se agarraba fuertemente al mueble. Sentí como contrajo sus piernas sobre mis hombros. Saqué mi dedo de su interior, para luego depositar un beso en su sexo haciendo que se encogiera. Recorrí con mi lengua su clítoris para finalmente meter mi lengua en su interior. Sus manos aferraron mi cabello tirando de este. Todo mi cuello cabelludo se puso en tensión.
—Hum… Tomi… —musitó.
—Eso es princesa gime —le susurré una vez que me separé de su sexo.
Deslicé mis bóxers para luego dejar liberada mi erección. Cogí mi pene y comencé a frotarlo contra el sexo de mi hermana. Toqué su clítoris con la punta de mi pene para luego juguetear con su entrada sin penetrarla. Enseguida su respiración se volvió más agitada, más desesperada. Como pidiéndome a gritos que la penetrará. Metí mi pene en su interior de una sola estocada, y comencé a moverme mientras que me apoyaba sobre sus piernas. Con mis manos las abrí más para poder tener más acceso y poderla penetrar más intensamente.
—¡Oh… dios mío…! —suspiró con la boca abierta intentando coger aire. Unas pequeñas gotas de sudor comenzaban a mojar su cara.
La agarré entre mis manos para separarla del mueble donde la tenía sentada. Le di vuelta sin apenas romper la penetración poniendo su cabeza apoyada contra el mueble. Comencé a penetrarla desde atrás. Notaba como las paredes de su vagina cada vez más se ensanchaban dejando paso a mi virilidad. No cesé ni un segundo de moverme. Sentí como lloraba incluso de placer.
—Hum… —emitió un pequeño gemido con su garganta— No… —musitó de nuevo.
—¿Te gusta lo que te hago, pequeña? —le pregunté de manera pervertida. Tener sexo con mi hermana en el baño de la casa de nuestra madre, me ponía más cachondo sobre todo al pensar que nuestros padres y nuestro hermano se encontraban abajo tranquilamente ajenos a lo que estaba ocurriendo dentro del baño.
Un ruido hizo que girará mi cabeza. El pomo de la puerta del baño comenzó a moverse. Menos mal que le había puesto el seguro, porque si no quien estuviera intentando abrir la puerta nos hubiera encontrado con las manos en la masa literalmente. Seguí moviéndome, ya que me faltaba poco para llegar al orgasmo. Además, cuando uno empieza la faena, tiene que acabarla completamente.
—¿Naia hija estás ahí? —escuchamos a nuestra madre preguntarnos. Mi hermana cerró los ojos al sentir como la penetraba más fuertemente.
—Hum… oh dios… —volvió a suspirar.
—¿Te encuentras bien? —nuestra madre volvió a preguntar, pero esta vez con voz preocupada.
—Oh… Sí… Sí… —dijo mi hermanita elevando la voz más alta. Noté como el semen salió de mi pene inundando todo su interior— Sí… Sí… estoy bien… —volvió a decir con la respiración completamente agitada. Sus mejillas estaban completamente sonrosadas y sus ojos brillosos.
—No tardes mucho en salir —dijo nuestra madre— Necesito que después me acompañes a hacer unas compras.
Ya no escuchamos más a nuestra madre. Salí lentamente de su interior. Nuestros cuerpos estaban sudorosos y la respiración agitada. Mi hermana me miró con el ceño fruncido. Seguía estando molesta después del placer que le había dado.
—Ahora vete y déjame ducharme —me dijo volviendo a la postura distante de hace un rato.
—Podríamos ducharnos juntos —le sugerí mientras movía mi piercing. El sexo en la ducha era lo que más me gustaba, de solo pensar follarme a mi hermana mientras el agua caía sobre nuestros cuerpos estaba consiguiendo que mi pene se endureciera.
—Eres un cerdo, Tom —me dijo cruzándose de brazos al entender mi indirecta.
—Vamos enana… Solo nos queda hacerlo en la ducha —le supliqué— Ya lo hemos hecho en muchos sitios que dan morbo…
—No estoy dispuesta a que mamá regrese y se dé cuenta de todo —me dijo de nuevo— Así que… ¡¡Largo de aquí!! —me dijo empujándome para que me fuera hacia la puerta.
—Pero estoy todo sudado… —le dije nuevamente— Necesito darme una ducha.
—Me da igual que estés todo sudado. ¡Vete de aquí! —me volvió a decir— Supongo que el baño de la habitación de nuestros padres estará libre, así que podrás ducharte allí.
No le repliqué. Cogí mis bóxers y me los puse de nuevo. Mi hermana se dirigió hacia ducha para abrir el agua y meterse dentro. Por unos minutos me dieron ganas de no hacerle caso, quitarme los bóxers para meterme en la ducha con ella a pesar de su negativa, pero me dirigí hacia la puerta y después salí. Tal vez me tomará la revancha por la noche. Me dirigí a mi habitación para coger una muda limpia de ropa interior para luego salir otra vez de esta. Caminé hacia la habitación de mis padres, cerciorándome de que el baño no estaba ocupado. Entré en el interior de la ducha, dejando que el agua templada comenzará a caer sobre mi cuerpo desnudo. Enseguida mis músculos se relajaron. Cuando acabé de ducharme, me sequé el cuerpo con una toalla y me puse mi bóxer limpio. Salí de la habitación de mis padres para luego caminar hacia mi habitación, y acabarme de vestir. Minutos después me encontraba bajando las escaleras para ir a desayunar algo.
Continúa…
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