Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 88
By Tom
—Buenos días… —hice un saludo general a mi madre, a Gordon y a mi gemelo, que se encontraban tomando su desayuno.
—Buenos días, Tom —dijo mi madre para luego darme una taza con café bastante cargado. Tal como me gustaba a mí— ¿Qué tal has dormido?
—De maravilla —respondí. Luego di un sorbo largo a mi café, para luego coger una tostada y untarle un poco de mantequilla con mermelada. Segundos después, Naia ingresaba en el interior de la cocina.
—Buenos días a todos —dijo mi hermana para luego sentarse en su silla.
—Buenos días, hija —respondió mamá al saludo de mi hermana— ¿Cómo te encuentras?
—Bien —respondió Naia mientras que cogía una tostada y comenzaba a mordisquearla— ¿A dónde quieres ir a hacer esas compras que me dijiste antes? —preguntó mi hermana.
—Nos hacen unas cuantas cosas para mañana para la comida —respondió mamá— Mañana vendrán vuestros tíos y vuestros primos a comer a casa.
—Genial… —dijo Naia, aunque yo pude notar que con su boca hacia una mueca. Me parece que no le hacía mucha gracia que nuestros primos vinieran mañana o tal vez no quería que Danielle estuviera rondándome como en la noche de nochebuena, aunque hoy también iríamos a cenar afuera con nuestra prima.
—Acaba de desayunar que se nos hará tarde —dijo mi madre con prisa— No sé qué diablos estabas haciendo en el baño con tanto ahínco.
—No estaba haciendo nada… —titubeó mi hermana con cierto nerviosismo mientras que sus mejillas se volvían en un tono sonrosado. Me reí ante su actitud de negar lo sucedido.
—Algo estabas haciendo… —volvió a insistir nuestra madre.
—Vamos mamá no le hagas confesar delante de nosotros lo que estaba haciendo —le dije a nuestra madre.
—No estaba haciendo nada, imbécil —me dijo mi hermana frunciendo el ceño.
—Naia compórtate y no insultes a tu hermano —le dijo severamente nuestra madre.
—Claro que estabas haciendo algo —le dije a mi hermana— Se te escuchaba gemir hasta en mi habitación…
—Yo no estaba gimiendo, capullo —volvió a decir mi hermana envuelta en rabia.
—Vamos Naia que todos sabemos que no eres una santa, y que te estabas dando placer —le volví a decir.
—Eres un tonto, Tom —dijo mi hermana colorada de la vergüenza.
—Vamos no te enfades, y reconócelo —le volví a decir— Es muy normal lo que has hecho, estás conociendo tu cuerpo y quieres experimentar nuevas sensaciones. Yo también me masturbó muchas veces.
—No me des detalles —dijo Naia completamente avergonzada— Te espero en el salón, mamá —acto seguido se levantó de su silla, para luego desaparecer por la puerta. Todos nos quedamos en silencio. Segundos después mamá salía de la cocina dejándonos a nosotros solos.
El día transcurrió bastante rápido. Ahora me encontraba en mi habitación, preparándome para ir a celebrar la llegada del año nuevo juntos mis padres, hermanos, tíos y primos a un restaurante, que se dedicaba a hacer cenas grupales en fin de año. Estaba poniéndome la camisa, para luego ponerme la corbata que tanto mi madre había insistido que me pusiera por la tarde. Ella quería que fuera bien vestido, que por un día dejará mis pintas de vagabundo como solía decir. Me puse la chaqueta del traje que tenía a juego con el pantalón, para luego coger las llaves de mi apartamento, de mi coche, mi cartera y mi móvil. Salí de la habitación para ir al salón. En media hora todos nos reunimos en el salón. Naia iba muy bonita con el vestido que llevaba puesto. Mi hermano Bill iba vestido de forma elegante, al igual que nuestros padres.
—Estáis muy guapos, hijos míos —dijo nuestra madre emocionada viéndonos a los tres.
—Tú sí que estás guapa, mami —dijo Naia a nuestra madre.
—Gracias, hija —sonrió mamá.
—Eres una cuentista —le dije a mi hermana para meterme con ella.
—Eso no es verdad —me replicó.
—Por favor… No empecéis a pelear —dijo nuestra madre antes de que siguiéramos de nuevo con nuestra pelea— Tengamos la noche en paz…
Salimos de casa, para luego dirigirnos hacia el garaje donde teníamos aparcados nuestros coches. Gordon insistió que fuéramos todos en un mismo coche, pero yo quería llevar mi coche ya que tenía planeado no regresar hasta el día siguiente, así que necesitaba mi coche. Finalmente, mis padres accedieron a que llevara mi coche yo también. Mis padres y Naia se fueron en su coche mientras que Bill y yo lo hicimos en mi Cadillac Escalade. Durante unos minutos en nuestro recorrido fuimos en silencio. La verdad es que últimamente la comunicación con mi hermano gemelo no era tan buena como antes. Bueno… en realidad le estaba ocultando que me estaba acostando con nuestra hermana, nada que no tuviera importancia, pero Bill era un chico listo, y aunque yo no se lo hubiera dicho estaba empezando a sospechar de algo raro había entre Naia y yo por más que yo lo negará. Somos gemelos así que podemos tener casi los mismos pensamientos. Ahora me pregunto, si Bill no sentirá algo por nuestra hermana. No puede ser… yo soy el único de los gemelos que salió mal por defecto.
—¿Por qué has querido traer tu coche? —preguntó mi hermano de manera perspicaz.
—Bueno… no tengo pensado regresar a casa después de cenar afuera —le respondí con la verdad— Tengo pensado irme de fiesta por ahí.
—Si te vas de fiesta y bebes, no podrás regresar con tu coche —dijo mi hermano con obviedad.
—Cuando regresé, ya podré conducir mi coche —le dije de nuevo.
—Está bien. Tú ganas… —dijo mi gemelo desistiendo de convencerme de que no me fuera de fiesta con mi coche— Parece que lo tienes todo muy calculado…
—Exactamente… —le dije sin tapujos— Lo tengo todo calculado desde hace unos días más o menos.
—No pierdes ningún detalle —volvió a decir.
—No…
Seguí conduciendo mi coche, mientras nos volvíamos a quedar en silencio. Ahora tenía que pensar en cómo convencer para que mi querida hermanita me acompañara a la “fiesta”, que tenía pensado acudir. Bill había desarrollado un radar sobre mí, y me sería difícil sacar a Naia de la cena y que viniera conmigo. No creo que mis padres, se lo permitiese, siendo menor y conociendo ellos, las fiestas a las que solía yo acudir. Y realmente no iba a ir a ninguna fiesta, solo quería pasar más tiempo con mi hermana sin que nadie pudiera estar rondándonos constantemente y así poder durante una noche juntos sin tener que entrar a escondidas en el cuarto del otro para poder amarnos. Después de media por fin llegamos al restaurante donde nuestros padres habían reservado mesa. El coche de ellos ya había llegado. Aparqué el coche en un sitio libre, que encontré por suerte, para luego salir de este junto a mi gemelo. Caminamos hacia donde estaban nuestros padres con nuestra hermana. Justo cuando estábamos llegando, aparecieron nuestros tíos.
—Hola familia —saludó tía Iris.
—Hola Iris —saludó mamá a su hermana para luego darle un beso en la mejilla y un abrazo— Oh… Danielle estás realmente hermosa…
—Gracias, tía Simone —sonrió nuestra prima para luego clavar los ojos en mí— Quién está también realmente muy guapo esta noche es Tom —dijo en forma coqueta. Enseguida escuché un bufido por parte de mi hermana. Los celos volvían a aparecer otra vez.
—Gracias por el cumplido, pero creo que esta noche estábamos todos muy guapos —le respondí.
—Pero tú eres el que más… —me susurró esta vez al oído, cuando se acercó más a mí.
—No exageres… —le dije intentando mantener la compostura. Nuestros padres nos miraban curiosos.
—A ustedes dos últimamente se les ve muy cercanos —apuntó Robert, nuestro tío y padre de Danielle.
—Será mejor que entremos a dentro —dijo nuestra madre rompiendo por unos segundos ese momento incomodo que se había formado.
Caminamos hacia la entrada del restaurante para luego entrar en el interior de este. Un hombre estaba en la entrada detrás de un mostrador, dando órdenes a los camareros que acompañaban a otra gente hacia su mesa correspondiente. Nuestra madre se dirigió hacia la fila, ya que esa noche había bastante gente que había tenido la misma idea que nuestra madre. Espero durante unos minutos. Cuando llegó su turno, habló con el petrel que comprobó la reservación de mi madre. Enseguida se acercó un camarero para acompañarnos hacia nuestra mesa correspondiente.
—¡Chicos seguirme! —dijo nuestra madre llamando nuestra atención. Todos nos acercamos a donde esta ella, con el camarero.
Comenzamos a caminar en el interior de la gran sala que tenía ese restaurante. Las mesas eran en forma redonda, así podríamos hablar los unos con los otros sin sentirnos apartados de la conversación. Todos nos podíamos mirar perfectamente. El camarero nos llevó a una mesa que estaba hacia el fondo de la sala. Ya había bastantes mesas ocupadas con otras personas, todas vestidas con ropas elegantes. Ahora entiendo la insistencia de mi madre en que me pusiera corbata. Era una cena más o menos de gala. Cada uno fuimos ocupando nuestras sillas. Danielle hizo el amago de sentarse en la silla que había al lado mía, pero mi hermanita fue más rápida y ágil ocupando esa silla. La otra silla que tenía al otro lado estaba ocupada por mi gemelo, así que esa noche a Danielle le tocaría cenar al lado de Johan o de sus padres. Más bien me sentí algo aliviado, ya que mi prima no tardaría mucho de empezar a utilizar sus encantos como hizo en la noche de la cena de nochebuena, donde se habían desatado lo celos de mi hermana pequeña. Los causantes de su enfado durante días anteriores conmigo.
—No iba a dejar que esa zorra se sentará otra vez al lado tuya —me dijo mi hermana en un susurro inaudible, cuidando de que nadie más la escuchará.
—¿Celosa? —le pregunté sonriendo. Me encantaba como se ponía como una leona para defender lo suyo.
—Ya quisieras tú… —me contestó, haciéndome sonreír de nuevo. Ella si estaba muy celosa, y eso me gustaba. Me gustaba que marcara territorio conmigo, como yo lo había hecho con ella semanas atrás.
—¿Cuál va a ser el menú mamá? —le pregunté a nuestra madre, ya que en esa noche solían hacer un menú único para todas las personas que acudían a ese restaurante.
—Para tu hermano y a ti pedí que os hicieran raviolis de queso con crema de calabaza —nos informó. Ella sabía perfectamente que ambos éramos vegetarianos, así que no probaríamos la carne, aunque nos matasen.
—Gracias, mamá —le dije con una sonrisa.
—¿Y para los demás? —preguntó Naia a nuestro padre.
—Carne asada de primer plato y de entrante para todos nos podrán un coctel de mariscos con salsa rosa —informó nuestra madre— De segundo plato traerán para todos, pescado asado. Y los postres serán muy variados juntos con el champagne.
—No está nada mal el menú —dijo mi hermana asintiendo.
Una vez que la sala se llenó por completo, los camareros comenzaron a servir el entrante. Fueron distribuyendo el coctel de marisco por cada una de las mesas. Finalmente llegaron a nuestra mesa, y fueron poniendo una gran copa encima de nuestro plato. La verdad es que es coctel de marisco tenía muy buena pinta, y no podía esperar para probarlo.
—Buen provecho —dijo el camarero que nos atendería esa noche, para luego retirarse.
Comenzamos a comer todos, nuestro coctel. Y la verdad es que estaba delicioso. Otras veces había comido otros cocteles de marisco en otros sitios, pero no estaban tan buenos como estos. Cuando acabamos de comer el entrante, los camareros volvieron a entrar en la sala para servir el primer plato. El camarero de antes, se acercó con un carro donde traía todos los platos que nos iba a servir en ese instante.
—¿Ravioli de queso con crema de calabaza? —preguntó en voz alta.
—Aquí… —respondí. Para luego señalar a mi gemelo también. Enseguida se acercó a nosotros con los dos platos para luego colocarlos sobre la mesa enfrente a nosotros.
—Espero que disfrutéis de este plato y buen provecho —nos dijo el camarero antes de seguir repartiendo los otros platos a nuestra familia.
Acabó de servir los demás platos, para luego irse. Comenzamos a comer mientras conversábamos con nuestros padres, nuestros tíos, nuestros primos. De fondo se escuchaba una agradable música que ambientaba en el salón. Se podía escuchar el murmullo de otra gente que estaba en el salón y también conversaban con sus familiares.
—Después podríamos ir por ahí a celebrar el año nuevo —dijo Danielle mientras comía de su plato— Nos podemos divertir mucho, Tomi… —me dijo de manera melosa. Noté como mi hermana se ponía tensa al escuchar esas palabras. Sin quererlo Danielle se había ganado a una enemiga pública número uno.
—Tomi ha quedado con otra gente —escuché decir a mi hermana a nuestra prima— Así que no podrá ir a celebrarlo contigo esta noche —le dijo con retintín, mientras que sus ojos destilaban odio y celos… Muchos celos.
—Oh… pero podría llevarnos con él —volvió a insistir Danielle— ¿Verdad, Tomi?
—¿Qué parte no entiendes en que irá con otra gente y no necesita de que estemos pisándole los pies? —dijo mi hermana alzando la voz— Deja de ir de arrastrada todo el tiempo detrás de él. Pareces una perra en celo…
—Naia… —dijo mamá tan pronto como escuchó a mi hermana decir eso— Discúlpate con tu prima. Estás en un lugar público y no puedes andar diciendo eso —le recriminó— Haz uso de los buenos modales que te enseñé.
—Lo siento, Daniellle —se disculpó hermana agachando la cabeza— Perdóname…
—Estás disculpada… —dijo Danielle aceptando las disculpas de mi hermanita.
El resto de la cena Naia estuvo en silencio, limitándose a contemplar su plato. De vez en cuando podía notar como Danielle le echaba unas cuantas miradas asesinas a mi hermana. Es como si presintiera que Naia estaba celosa de que ella me intentará tirar los tejos, y no es para extrañar, ya que hace tiempo, cuando Naia todavía no había sido mía, la había llamado por su nombre, menos mal que supe salvar la situación, pero supongo que tendrá algunas dudas. Y el comportamiento de mi hermana no ha ayudado en nada. Cuando acabamos de cenar nos sirvieron el postre al igual que copas llenas de champagne. Quedaba muy poco para que llegará el nuevo año. Un año nuevo lleno de nuevos proyectos que pronto verían la luz. En marzo comenzaríamos con los programas en directo del DSDS, con lo cual ya no tendríamos mucho tiempo para dedicarnos a nuestro nuevo álbum. Pero seguíamos con la idea en mente de que podríamos sacar el álbum a finales de ese nuevo año que entraba. Las doce llegaron y por fin entró en nuevo año.
—¡¡Feliz año nuevo 2013!! —escuché decir por toda la sala.
—Podemos irnos a la fiesta que hay en la plaza de aquí —dijo Simone a nuestros tíos y mis primos.
—He oído que van a hacer un gran espectáculo de fuegos artificiales —añadió nuestro tío Robert.
—Venga vamos la noche es joven —dijo ahora Gordon.
—Yo no iré he quedado —dejé claro.
—Ya lo sabemos Tom, no hace falta que nos lo recuerde —me dijo mi madre— Bien… será mejor nos pongamos en camino.
Nos levantamos de las sillas donde estábamos sentados, y comenzamos a caminar hacia la salida del restaurante. Otra gente también lo estaba abandonando para ir también la plaza o simplemente dirigirse a otra fiesta. Íbamos caminando mientras mis padres y mis tíos iban hablando. Naia caminaba al lado mía en silencio, mientras que Bill, Johan y Danielle conversaban entre ellos.
—Espero que te diviertas en la fiesta —escuché decir a mi hermana— Yo me aburriré como ostra con nuestros padres…
—Quizás pueda hacer una excepción —le dije mirándola de reojo.
—¿A qué te refieres? —me preguntó confundida.
—A que vengas conmigo a la fiesta —le respondí sin rodeos.
—Sí, voy Danielle se enfadará —le dije frunciendo el ceño.
—¿Desde cuándo te importa que Danielle se enfade? —le cuestioné.
—Desde que no para de andar rondando detrás de ti —me dijo agachando la cabeza— No puedo luchar contra ella, quizás deberías de decirle a ella para ir… Enserio… Me retiró…
—Eh… —le dije agarrándola del brazo, haciendo que ambos nos paráramos dejando que nuestros padres, tíos, nuestro hermano y nuestros primos siguieran caminando— No quiero que Danielle me acompañé a esa fiesta, quiero que me acompañes tú. No la elegí a ella, te elegí a ti.
—Pero no podré librarme de papá y mamá tan fácilmente —me dijo.
—Inventa una excusa —le sugerí— Dile que estás cansada y que te llevaré a casa de paso que me voy a la fiesta…
—No creo que se lo crean —me dijo dudosa.
—Inténtalo —le insistí.
—Está bien —me susurró.
—Vamos chicos no os quedéis atrás —dijo nuestra madre al darse cuenta que nos habíamos quedados atrasados, mientras que ellos ya estaban por salir del restaurante.
—Ya vamos… —respondió Naia.
Caminamos hacia donde estaban ellos para luego salir del restaurante. Fuimos caminando hacia donde habíamos aparcado nuestros coches. Yo busqué las llaves de mi coche en el bolsillo para luego abrirlo.
—Bien, Bill, Naia y Johan vais venir con nosotros en nuestro coche —dijo Mamá— Mientras que Robert e Iris podéis ir en el coche de Albert.
—Yo estoy cansada… —musitó mi hermana— Prefiero irme a casa…
—Pero hija… —dijo nuestra madre mirándola con el ceño fruncido.
—No pasa nada cariño —dijo Gordon intentando de que mamá no estuviera tan cabreada— ¿Podrás acercarla hasta casa, Tom?
—Claro… no tengo ningún problema —le dije a nuestro padre— Me coge de camino.
—Perfecto —dijo mamá— Naia cuando llegues a casa cierra la puerta con llave, no quiero que estés sola en casa.
—Está bien… —susurró mi hermana.
Nos separamos de nuestra familia, para luego dirigirnos hacia mi Cadillac Escalade, que me esperaba aparcado en la acera de enfrente. Cruzamos la calle, a la vez que yo abría las puertas del coche con el mando a distancia. Mi hermana ocupó el asiento del copiloto, mientras que me sentaba en el asiento del conductor. Cerré la puerta y puse la llave en el contacto, para luego ponerme el cinturón de seguridad, gesto que mi hermana imito. Arranqué el coche, comencé a conducir alejándome poco a poco de donde estaban nuestros padres. Me metí por una calle donde apenas había tráfico y gente, para coger un desvío hacia mi apartamento.
—¿Adónde vamos a ir a la fiesta, Tom? —preguntó mi hermana curiosa.
—Ya lo verás —sonreí de medio lado.
—¿Qué estás tramando, Tom? —me preguntó de nuevo a la vez que arqueaba sus cejas.
—Nada… —le respondí.
—Te conozco muy bien y sé que estás tramando algo —me volvió a insistir mi hermana.
—Es una sorpresa, ya lo verás cuando lleguemos —le respondí de nuevo.
Seguí conduciendo hasta que, pasados unos veinte minutos, llegamos a la zona donde yo tenía mi apartamento. Mi hermana miró por la ventanilla del coche, para luego volver a mirarme a mí. Creo que ya se estaba haciendo una pequeña idea a donde íbamos a ir.
—¿Por qué venimos a tu apartamento? —me preguntó de forma confusa.
—Tengo que venir a buscar unas cosas aquí —le respondí mintiendo.
—Está bien… —asintió.
Aparqué mi coche en la plaza que tenía en el garaje del edificio. Salimos ambos del coche para luego caminar hacia la zona de ascensores. Llamé a uno de los ascensores. Nos quedamos en silencio durante unos minutos hasta que el ruido del timbre del elevador, anunció que ya estaba ahí.
—Pasa… —le dije a mi hermana cediéndole el paso a ella primero para que entrará en el interior del ascensor.
Mi hermana entró en el interior, para luego yo entrar detrás de ella. Pulsé el botón del piso, y de nuevo el silencio se formó entre nosotros. En esos momentos me sentía como un niño pequeño apuntó de hacer una pequeña travesura. Las puertas se abrieron, y caminamos por el pasillo hacia donde estaba la puerta de entrada de mi apartamento. Sería la tercera vez que mi hermana estaría allí. Abrí la puerta, para luego entrar en el interior, seguido de mi hermana. Encendí la luz del pasillo y las del salón. Apoyé las llaves encima de un recoge llaves que había encima de un mueble que formaba parte del recibidor.
—Espera aquí en el salón —le dije a mi hermana. Esperé a que mi hermana entrara en el interior del salón para dirigirme hacia mi habitación. Encendí la luz para luego cerrar la puerta tras de mí. No quería que mi hermana descubriera la sorpresa que le tenía preparada. Dispersé varias velas aromáticas por todo el suelo, al igual que pétalos de rosas rojas sobre las sábanas blancas, que había comprado, en mi cama. El champagne se encontraba enfriando en la cubitera con hielo, que previamente había puesto a enfriar antes de ir a casa para cambiarme e ir a cenar. Tenía una gran cantidad de hielo, para evitar que se derritiera. Encendí las velas una a una con mi mechero, para luego apagar la luz y ver que la habitación había adquirido un ambiente muy romántico. Esperaba a que Naia le gustará esa sorpresa. Salí de la habitación, para dirigirme otra vez al salón donde se encontraba mi hermana.
—Te has tardado un poco —me dijo mi hermana.
—Lo siento, no encontraba lo que estaba buscando —me excusé.
—¿Nos vamos? —me preguntó mi hermana a la vez que agarraba mi mano, para tirar de mí.
—Estoy pensando que casi paso de ir a la fiesta —le dije a mi hermana.
—¿Estás de broma? —me preguntó abriendo los ojos desmesuradamente.
—Podríamos tener nuestra fiesta particular aquí nosotros —le sugerí a mi hermana.
—Siempre pensando en lo mismo —me dijo fingiendo molestia a la vez que se cruzaba de brazos.
—Aquí nadie nos molestará —le susurré— Estaremos tranquilos, sin interrupciones.
—Es muy tentadora la propuesta que me has hecho —musitó a la vez que se mordía su labio.
—Entonces acéptala —le dije.
Mi hermana se acercó lentamente hacia mí, para luego posar sus labios sobre los míos. Comenzamos a besarnos con pasión y desenfreno, haciendo que nuestras lenguas comenzarán a jugar entre ellas. Posé mis manos sobre su cintura, para atraerla más a mí, para así poder profundizar más el beso. Sus manos se pusieron alrededor de mi cuello, para luego ir caminando lentamente hasta caer sobre uno de los sillones que había en el salón. Nos separamos. Estábamos ansiosos y con la respiración completamente agitada.
—Te quiero… —me susurró para luego posar sus labios sobre mi cuello. Un pequeño gemido ronco salió de mis labios. Me estaba excitando con solo el roce de sus labios.
—Yo te quiero más, nena —conseguí decir.
Continúa…
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