Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 89

By Tom

Seguimos besándonos y acariciándonos a la vez que dejábamos fluir todas nuestras sensaciones. La levanté en el aire, para luego comenzar a caminar con ella en brazos. Mi hermana enseguida puso sus piernas a cada lado de mi cintura para así tener mejor sujeción, aunque mis brazos estaban rodeando su estrecha cintura. Caminamos a trompicones por el largo pasillo, que llevaba a mi habitación. Nuestros besos se habían vuelto más necesitados, más bruscos. La apoyé contra la pared del pasillo para poder profundizar el beso. Sentía como mi corazón latía a cien por hora. Finalmente, seguimos con el camino hacia la habitación. Pasamos el umbral de la puerta. La habitación estaba casi en penumbra a no ser por unas cuantas velas que estaban encendidas, dando un ambiente íntimo. Mi hermana se separó de mis labios.

—¿Y esto? —preguntó confusa al ver las velas adornando el suelo de la habitación. Hizo otra vista general de la habitación, para fijarse en la cama donde descansaban unos pétalos de rosas rojas sobre las sábanas blancas que había comprado.

—Era una sorpresa, mi amor —le dije de manera divertida.

—Lo de la fiesta fue una excusa —dijo mi hermana cayendo en la cuenta.

—Sí, una excusa para poder estar contigo a solas y hacerte mía durante toda la noche —le dije para luego volver a atrapar sus labios.

Naia posó sus piernas sobre el suelo. Nos separamos del beso que nos estábamos dando. Sus ojos brillaban de amor y de lujuria. Estiró sus manos hacia la corbata que adornaba el cuello de mi camisa, para aflojar el nudo de esta. En menos de diez segundos, estaba tirada en el suelo. Mi hermana mostró una sonrisa pícara y divertida, para luego besarme de nuevo a la vez que sus manos iban desabotonando los botones de mi camisa. Enseguida noté sus suaves manos acariciar mi torso, mientras no dejábamos de besarnos. Lentamente sentí como la camisa iba abandonando mis hombros para finalmente sacarla por completo. Ahora estaba con solo mis pantalones puestos, y no era justo que mi hermanita todavía estuviera vestida.

—Ahora es mi turno, enana —le susurré de manera pervertida. Busqué la cremallera de su vestido, para luego irla deslizando hasta que el vestido cedió. Ahora podía ver sus hombros desnudos y las asas de su sujetador. Fui bajando el vestido, para luego dejarlo sobre la cintura. Comencé a besar su clavícula, a la vez que una de mis manos se posaba en su pecho todavía cubierto. Lo estrujé. Un pequeño gemido salió de sus labios. Le desabroché el sostén, dejando libre sus dos pechos. Lamí uno de ellos para luego jugar con su pezón con mis dientes. Me separé para luego arrastrar por completo el vestido y dejando que cayera sobre sus pies. Dirigió sus manos hacia el cinturón de mi pantalón para luego desabrocharlo. Se deshizo de agarré del botón, para luego deslizar la cremallera. Su mano se posó sobre mi bóxers para luego comenzar a acariciarlo, mientras que atrapaba mis labios.

Nos despojamos de nuestra ropa, para quedar solo con la ropa interior. La tumbé en la cama a la vez que nos enredábamos entre las sábanas. Me puse encima de ella para besar sus labios de nuevo, mientras que sus manos acariciaban mi espalda desnuda. Sentía pequeños cosquilleos en mi estómago y esa sensación solo la sentía cuando tenía a mi hermana a mi lado.

—Te amo… —le susurré contra sus labios— Quiero compartir el resto de mi vida contigo… —le volví a decir preso de las emociones, que estaba sintiendo en ese momento. Quería a mi hermana para mí solo, no quería compartirla con nadie más, quería estar acariciando su suave piel el resto de mis días. Sin tener que preocuparnos de lo que pasará al día siguiente nunca más— Esta noche será nuestra noche… —le susurré.

Le quité sus braguitas dejando expuesto su sexo. Besé su vientre dejando una pequeña hilera de besos húmedos, hasta que finalmente enterré mi cabeza entre sus piernas. Besé sus muslos haciendo que su piel se le pusiera de gallina. Con uno de mis dedos separé los labios que cerraban su sexo, para luego meter un dedo en su interior. Un suspiró salió de sus labios, mientras que jugaba con mi dedo en su interior intentando alcanzar ese punto que haría que mi hermana alcanzará el éxtasis. Intercambié mi dedo por mi lengua, para luego sentir como poco a poco se iba humedeciendo más, hasta que saboreé el néctar de su fruto prohibido.

—Hum… Tomi… —dijo entre gemidos mientras que seguía lamiéndose su zona genital. Ya sentía que mi miembro estaba empezando a endurecerse demasiado, y no podía esperar a estar de nuevo dentro de ella, como lo había hecho horas antes en el baño de nuestra casa.

Me separé de ella para ponerme a su altura, y así poder volver a besar sus labios. Sentí como una de sus manos se mentían por dentro de mi bóxers, y como comenzaba a acariciar mi pene, haciendo que me excitará todavía más. Estuvimos durante varios minutos más besándonos, mientras nos acariciábamos intentando caldear todavía más nuestros cuerpos. Ya estaban ardiendo de pura pasión. Mi hermana deslizó un poco mis bóxers para intentármelos quitar. Me separé de ella para luego tumbarle boca arriba, dándole permiso a mi hermana para que jugara ahora un poco conmigo. Deslizó por completo mis bóxers hasta que finalmente me los quitó. Ahora se encontraba entre mis piernas, besándome mis muslos haciéndome pequeñas caricias placenteras con sus dedos, que estaban haciendo una agonía en mí. Su lengua recorrió mi pene jugando con él, para luego meterlo en boca y comenzar a succionarlo. Se sentía tan bien, que casi me corro en el interior de su boca. Se separó de mi miembro para luego volver a besarme mis labios. Mis brazos rodearon su cuerpo mientras nos besábamos con desesperación, para luego tomar yo otra vez la posición de ella abajo y yo arriba.

—Te quiero… —le susurré contra su oído a la vez que me iba colocando entre sus piernas. Mi hermana suspiró al sentir el contacto de mi entrepierna rozando su sexo.

—Yo también te quiero… —me susurró con un notable rubor en sus mejillas. Se veía tan hermosa. Parecía una de las criaturas que habían sido expulsadas del edén. Tan perfecta en todo.

Guié mi miembro hacia su interior lentamente, hasta que finalmente lo metí por completo. Nos besamos con desesperación, mientras sentía como mi hermana agarraba firmemente mi espalda desnuda, con sus manos, incluso pude notar con sus uñas se aferraban a ella. Me moví ligeramente afianzando la penetración, para luego ir aumentando el ritmo gradualmente. Naia gemía entre mis labios. Me separé de sus labios, concentrándome después en su cuello. Podía sentir su respiración entrecortada, mezclada con algún suspiro bastante sonoro intercambiados por algún que otro gemido. Aumenté mis embestidas haciendo que estas fueran más rítmicas más enérgicas, pero a la vez pausadas. Tendríamos toda la noche para amarnos, así que tenía que reservar fuerzas para hacerle el amor hasta el amanecer.

Finalmente sentí como poco a poco iba llegando al orgasmo, muy pronto explotaría dentro de ella. Ya notaba mi miembro demasiado duro y apunto de contraerse para dejar mi esencia.

—¡¡Dios…!! —gemí cuando noté que ese momento había llegado.

—Oh… Hum… —escuché a mi hermana gemir cuando ella también me acompañó.

Nuestros cuerpos estaban completamente sudados. Salí lentamente de ella, para luego separarme de su cuerpo y dejarlo de aplastar con mi peso. Me hice a un lado, tumbándome en el otro lado de la cama que no estaba ocupado. Mi respiración estaba entrecortada y agitada. Naia se acercó a mí para apoyar su cabeza sobre mi pecho.

—Tu corazón late muy rápido —musitó a la vez que se ponía a acariciar mi pecho, con su dedo índice haciendo círculos de forma juguetona. Me sentía tan bien.

—Eres tú quien hace que lata así —le respondí intentando coger aire. El sexo había conseguido cansarme por unos minutos, pero ya pronto volvería otra vez a la carga.

—Tú también haces que mi corazón lata fuertemente —me susurró.

—Lo sé mi pequeña —le susurré mientras que enredada mis dedos en su cabello. Atraje su cabeza hacia mí para luego darle un beso en los labios.

—Quiero quedarme todo el día así —dijo mi hermana abrazándose a mi cuerpo. Acurrucándose contra él.

La abracé con mis brazos acariciando su piel tibia y suave. Tapé nuestros cuerpos con la sábana, mientras que comenzábamos a respirar suavemente. Minutos después sentí como la respiración de mi hermana se había vuelto más profunda. La observé y se había quedado dormida profundamente. Cerré mis ojos e intenté descansar también. Abrí los ojos y me encontré solo en la cama. Escuché ruido en la cocina, así que me levanté. Puse mis bóxers para luego caminar hacia ella. Mi hermana estaba vestida con la camisa que yo llevaba puesta la noche anterior, mientras que esperaba a que se hiciera la cafetera de café.

—Buenos días… —le susurré abrazándola por la cintura y apoyando mi cabeza su hombro.

—Buenos días, Tomi… —me saludó con una sonrisa tonta— ¿Qué te apetece tomar aparte del café? —me preguntó.

—La verdad que me gustaría tomarte a ti —le contesté de forma provocativa mientras movía mi piercing.

—¿No puedes ser por un momento un poco serio? —me preguntó mi hermana de forma irónica.

—La verdad es que verte así vestida, hace que pensamientos impuros rondé mi mente —le respondí.

—Será mejor que desayunemos —me dijo mi hermana— Tengo un agujero en el estómago.

—Eso es porque durante la noche has hecho mucho ejercicio —le volví a decir.

—¿El sexo está considerado con un deporte? —me preguntó de manera divertida.

—La verdad es que es el más completo —le sonreí de manera picara— Después podemos hacer un poco más de ejercicio, ¿no crees?

—Tom…

—Hay que bajar el desayuno —le respondí para luego robarle un pequeño beso de sus labios.

Nos sentamos a desayunar. Naia puso un plato con unas galletas que había encontrado en el armario que tenía en la cocina. Después sirvió un poco de café en cada taza, para luego añadirle un poco de leche. El reloj marcaba las nueve de la mañana y estaba deseando volver otra vez a la cama. Cuando acabamos de desayunar regresamos a la habitación de nuevo. Contemplé la cubitera con el champagne en la que el hielo ya estaba completamente derretido.

—Vaya… el champagne se ha puesto caliente y el hielo está completamente derretido —le dije a mi hermana. La noche anterior habíamos acabado tan cansados, que me había olvidado por completo del champagne y de la otra sorpresa que le tenía a mi hermana.

—Podemos beber una copa ahora —me sugirió mi hermana.

—Sabrá asqueroso —le respondí— Está muy caliente.

—No creo que sepa tan mal —me dijo a la vez que cogía las copas de champagne que había al lado de la cubitera.

—Está bien —le dije.

Abrí la botella de champagne, la cual hizo un pequeño ruido al salir el tampón. Eche un poco del contenido en las copas. Luego levanté la copa para hacer un pequeño brindis.

—¡¡Por nosotros!! —le dije a la vez que chocaba mi copa con la de ella.

—¡¡Por nuestro amor!! —añadió ella.

—¡¡Por que estemos siempre juntos!! —agregué.

Posamos las copas encima del mueble. La abracé de nuevo para luego besar sus labios de nuevo, pero con más intensidad. No podía cansarme de besarla. De disfrutar el dulce néctar de sus labios. Me separé de ella, para luego coger una rosa roja que había comprado el día anterior y se la di.

—Oh… Tomi… —dijo cogiéndola— Es hermosa… —susurró a la vez que se la acercaba a su nariz para oler su aroma.

—Igual que tú… —le susurré a la vez que sonreía.

—¿Qué es esto? —preguntó mi hermana al notar algo en el interior de la rosa— Oh… Dios mío… es hermoso —dijo a la vez que sacaba lo que había en el interior de la rosa.

—Esta es la promesa que, dentro de un año, tú y yo seremos solo una persona —le dije a la vez que le ponía el anillo en su dedo— Dentro de un año, cuando seas mayor de edad nos iremos de aquí, sin importarnos lo que digan los demás y te haré mi esposa…

—Oh Tomi… —susurró a la vez que sus ojos se aguaban.

—Te quiero mi princesa —le susurré acariciando su mejilla a la vez que apartaba las pequeñas lágrimas que resbalaban por está— Quiero pasar el resto de mi vida contigo.

—Te amo… —musitó para luego besar otra vez mis labios.

Le correspondí el beso a la vez que hacía que se aupará sobre mí. Sus piernas rodearon mis caderas a la vez que seguíamos besándonos con deseo y pasión. Desabroché mi camisa para luego quitársela, quedándose solo con la ropa interior. Nos tumbamos de nuevo en la cama para disfrutar de nosotros mismos. Volvimos a hacer el amor lentamente, sin prisas. Ahora éramos solo ella y yo, sin nadie que nos interrumpiera, o eso era lo que creía. El sonido insistente de mi móvil hice que me separará de mi hermana, la cual aprovechó para acomodarse mejor en la cama.

—Diga… —dije cogiendo el móvil sin apenas fijarme en quien me estaba llamando.

—Tom Kaulitz… ¿Dónde demonios estás? —escuché a mi madre decir al lado de la otra línea del teléfono.

—¡Mamá! —dije al escuchar su voz. Naia me miró de forma alterada tan pronto como me escuchó.

—Son las dos de la tarde —me reclamó mi madre— Tus tíos y tus primos han llegado para venir a comer, y tú y tu hermana no aparecen por ningún lado.

—Lo siento, lo olvidé —le dije.

—¿Está tu hermana contigo? —me preguntó haciendo que me pusiera un poco nervioso.

—¿Por qué debería estar conmigo? —le respondí con otra pregunta.

—Si no recuerdo mal ayer por la noche eras el encargado de traer a tu hermana a casa —me recordó— Y no ha pasado la noche en casa.

—No tengo ni idea —le respondí haciéndome el loco— Igual se marchó minutos después de que me fuera.

—Lo que sea Tom —dijo mi madre perdiendo la paciencia— Te quiero en menos que canta un gallo aquí. ¿Me has entendido?

—Sí mamá —respondí con resignación. Era increíble que teniendo veintitrés años mi madre me controlará de tal manera. Colgué el teléfono y miré a mi hermana— Hay que regresar a casa de inmediato… Te espera una buena reprimenda por parte de mamá.

—Eres un capullo Tom… —me dijo fingiendo molestia— Ahora por tu culpa mamá me castigará —dijo cruzándose de brazos y poniendo morritos.

—No tenemos tiempo para tus berrinches Naia —le dije a mi hermana— Vístete que tenemos que irnos lo más rápido posible. Te dejaré unas calles más alejadas de nuestra casa, para evitar sospechas, ya que le he dicho a mamá que no estabas conmigo.

—No es justo… —se quejó mi hermana— Llevo tacones —me dijo a la vez que me mostraba sus zapatos de tacón de unos seis centímetros— Podrías dejarme más cerca para luego tu esperar un poco y llegar más tarde.

—¿Qué parte no entiendes que no nos pueden ver llegar juntos? —le pregunté a mi hermana.

—Está bien… —dijo en un susurro.

Nos acabamos de vestir y en menos de cinco minutos estábamos saliendo por la puerta de mi apartamento. Caminamos por el gran pasillo hasta que llegamos a la zona de los ascensores. Llamé al ascensor. Estuvimos esperando durante varios segundos hasta que finalmente las puertas de este se abrieron antes nosotros. Entramos en el interior, para luego pulsar el botón que llevaba directo al garaje donde tenía aparcado mi coche. Durante el tiempo que estuvimos en el interior del ascensor permanecimos en silencio. Las puertas se volvieron a abrir, comenzamos a caminar por el garaje hasta que llegamos al sitio donde tenía aparcado mi coche. Lo abrí con la llave automática. Naia entró en el interior de este al igual que yo.

Iba conduciendo el coche mientras escuchábamos la radio, ya que apenas había alguna conversación entre mi hermana y yo. La calle estaba desierta, aunque había restos de que el día anterior se había celebrado una gran fiesta. Serpentinas tiradas por el suelo, restos de petardos y más cosas eran las únicas pruebas que quedaban de la noche. De la gran noche de fin de año. Y ahora estamos en un año nuevo. Un año con nuevos proyectos y nuevas ilusiones. Miro a mi hermana que se encuentra pensativa mirando por la ventana. En su dedo luce el anillo que le regalé horas antes. La promesa de que dentro de unos meses solo sería mía. Aparcó el coche una calle más debajo de la casa de nuestra madre.

—Será mejor que te bajes, Naia —le dije a mi hermana en un susurro. Ella me miró y asintió. Se desabrochó el cinturón de seguridad para luego abrir la puerta del coche. Antes de arrancar el coche e irme, bajé la ventanilla del copiloto para hablar unos segundos con mi hermana— Será mejor que guardes el anillo —le aconsejé. No quería que mamá se lo viese porque empezaría a hacerse imaginaciones raras.

—Está bien… —susurró a la vez que se lo quitaba y lo metía en una pequeña caja, que le había dado después de dárselo. Lo metí en el interior de su bolso.

—Nos vemos en casa —le dije para luego arrancar el coche y dejar a mí hermana allí sola.

Pisé el acelerador del coche para arrancar, y conduje hasta la casa de nuestra madre. En el jardín había dos coches aparcados. Sorteándolos y con mi pericia de conductor, metí mi coche en el interior del garaje. Saqué las llaves del contacto para luego abrir la puerta de este, y salir del coche. Me dirigí hacia la pequeña puerta que daba acceso al resto de la casa. En el salón se podía escuchar las voces de mi madre, Gordon y mi hermano Bill hablando con nuestros tíos. Entré en el interior del salón.

—Te estabas tardando… —dijo mi madre viéndome con el ceño fruncido. Se notaba que estaba bastante cabreada— ¿No habrás llamado a tu hermana por casualidad?

—Sí… —respondí con una mentira piadosa— Me dijo que ya venía de camino.

—Cuando llegué voy a tener una conversación muy seria con ella —dijo mi madre con enfado— Quien le ha dado permiso para irse sola por ahí.

—Simone cálmate —dijo Gordon intentando tranquilizarla— Seguro que nos sabrá dar una explicación.

—Siéntate para comer, se va a enfriar la comida —dijo mi madre todavía con tono molesto.

Caminé hacia la silla libre que había al lado de mi gemelo. Luego más tarde me daría una ducha refrescante y me iría a acostar después de una noche cargada de emociones. Mi madre me sirvió de mala gana la comida en el plato. Minutos después, escuchamos como la puerta principal de nuestra casa se abría. Naia entró en el interior de ella. Su cabello despeinado y su rímel corrido. Mamá la miró con ojos asesinos.

—¿Dónde diablos has estado metida durante toda la noche? —preguntó nuestra madre nada más que mi hermana puso un pie en el salón.

—Salí a divertirme con mis amigos —respondió mi hermana intentando salir airosa de la situación.

—¿Y cuándo te he dado permiso? —preguntó mi madre con el ceño fruncido.

—No estabas para pedirte permiso… —respondió.

—Exacto… —dijo nuestra madre con voz cabreada— Deberías de haberte quedado en casa, como dijiste en un principio —volvió a decir mamá— Y sino lo más lógico es que nos llamarás por teléfono…

—Lo siento… No lo pensé… —susurró mi hermana agachando la cabeza. Menuda bronca estaba recibiendo por parte de nuestra madre. Ella no tenía toda la culpa, yo había sido el culpable de haberla enredado en un juego prohibido. Ahora me sentía demasiado miserable por haber provocado que mamá riñera a mi hermana.

—Últimamente no piensas mucho —dijo mamá con tono cortante— Esto no se volverá a repetir… ¿Me has entendido?

—Sí… mamá…

—Hasta nuevo aviso estás castigada —dijo de nuevo nuestra madre. Naia hizo una mueca con su cara de desagrado. La habían vuelto a castigar otra vez. Últimamente solo hacía recibir castigos— Ahora siéntate a comer, que ya hemos esperado mucho tiempo por ti y por tu hermano Tom.

Mi hermana se sentó en el otro sitio que quedaba libre al lado de nuestro primo Johan. Mamá le sirvió la comida. Durante el resto de la comida tanto mi hermana como yo estuvimos en silencio, mientras escuchábamos las conversaciones de nuestros padres con nuestros tíos. Más tarde, cuando nuestros tíos se fueron entre Bill, yo y Naia ayudamos a recoger la mesa y ayudarla a limpiar los platos, aunque eso no ayudó a que se le pasará el enfado con nosotros. Cuando cayó la noche, Naia se retiró a su habitación. Yo estuve un rato en el salón con Gordon y con Bill viendo un poco la televisión, pero no tarde mucho en irme a dormir. Me sentía cansado. Me tumbé en la cama, sintiendo como mi cuerpo se relajaba. Cerré los ojos, poco a poco fui notando como se estaban volviendo un pesados. Morfeo venía a visitarme y mañana sería otro día. Otro día nuevo con retos nuevos para enfrentar.

Continúa…

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por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

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