
Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 90
By Naia
El sonido del despertador hizo que abriera los ojos rápidamente. Me giré en mi cama y miré la hora. El despertador digital marcaba las siete de la mañana. Me froté los ojos con pereza para luego bostezar. Tenía que alistarme para ir a la escuela. Mi primer día de escuela después de las vacaciones navideñas. Eso me hizo acordarme que tendría que ver a Amy en clase, y con lo cual tendría que intentar arreglar nuestra situación. Nunca habíamos estado tanto tiempo distantes. Cuando era pequeña solía enfadarme con ella, pero nuestros enfados duraban apenas horas, y ahora me preocupaba que por más que yo intentaba acercarme a ella para hablar, ella se volvía cada vez más reacia a arreglar las cosas conmigo.
Me levanté de la cama para darme cuenta de que, si seguía haciendo frío, aunque estábamos a primeros de enero, el invierno seguía. Abrí la puerta de mi habitación para dirigirme al baño. Necesitaba darme una ducha rápida para poder despertarme plenamente. Tantos días de vacaciones habían hecho que me acostumbrará a dormir hasta bien entrada la mañana. Entré en el baño y cerré la puerta tras de mí. Me quité el pijama para luego abrir la ducha y entrar en el interior de esta. El agua templada mojó mi cuerpo. Diez minutos después salía de esta, para secarme el cuerpo con una toalla. Enrollé está alrededor de mi cuerpo y me dispuse a salir del baño. La puerta de la habitación de mi hermano Tom se abrió.
—Buenos días, enana —me dijo mi hermano saliendo de la habitación.
—Buenos días, Tom —le saludé para luego caminar hacia la puerta de mi habitación, pero mi hermano me agarró por el brazo para acercarme a él, más bien empotrándome contra la pared y aplastándome con su cuerpo.
—No me vas a dar un beso —me dijo de forma melosa.
—Tom tengo que ir a vestirme para ir a la escuela —le dije a mi hermano.
—Venga dame un beso ahora que no nos ve nadie —me volvió a insistir.
—Está bien… —suspiré con resignación. Mi hermano era igual de cabezota que yo, y cuando se le metía una cosa en la cabeza no había forma de quitársela. Creo que eso era herencia de familia. Los hermanos Kaulitz habíamos salido cortados por el mismo patrón.
Se acercó lentamente a mí para luego atrapar mis labios con los suyos. Primero fue un beso lento y suave, pero después se volvió más brusco con más deseo. Posó sus manos sobre mis caderas para atraerme más y profundizar más el beso. Solo éramos él y yo. Nos separamos para coger aire, ambos estábamos con la respiración agitada y nuestros corazones latían a mil por hora.
—Ejem… Ejem… —escuchamos un carraspeo— ¿Interrumpo algo? —nos preguntó nuestro hermano Bill, que en ese momento salía de su habitación. Lo miramos por unos segundos confundidos, sin poder contestarle.
—No… —conseguí decir— Yo ya me voy a mi habitación, tengo que prepararme para ir a la escuela.
—Yo voy a darme una ducha —dijo Tom también para luego caminar hacia el baño.
Nos quedamos solos mi hermano Bill y yo. Era un momento muy incómodo porque no sabía hasta que punto nos había visto. Bill no era tonto y supongo que algo se estaba imaginando. Antes de que empezará con sus preguntas incomodas caminé hacia la puerta de mi habitación, pero no sirvió de mucho ya que me siguió hasta el interior de mi habitación cerrando la puerta tras de sí.
—¿Qué coño te pasa Naia? —me preguntó con tono de reproche.
—Nada… —le respondí intentando evadir el tema.
—Nada… dices nada… —dijo perdiendo los nervios a la vez que se echaba las manos a la cabeza— Dime que lo que acabo de ver no es cierto, que son imaginaciones mías.
—No sé a qué te refieres —le dije nuevo.
—Claro que sabes a qué me refiero.
—Tengo que vestirme para ir a la escuela —le informé.
—De aquí no me voy hasta que no me aclares que es lo que pasa entre tú y Tom —me exigió.
—Te he dicho que no pasa nada… —le volví a insistir.
—Vamos Naia, no soy tonto y no he nacido ayer —dijo mi hermano mirándome inescrutablemente— Te estabas… —se quedó callado mirándome fijamente como intentando procesar la información recibida— ¡Joder…! Te estabas besando con nuestro hermano.
—No estaba haciendo tal cosa —le dije intentando convencerlo.
—Estabais demasiado juntos para no estar haciendo otra cosa —dijo mi hermano de nuevo— Vi como Tom te agarraba por las caderas, te estaba desnudando con la mirada. Y no es la primera vez que os veo en situaciones comprometidas.
—Es mi problema, Bill…
—No es tu problema… —me dijo con nerviosismo— Es que no entiendes que vas a acabar mal, que en cualquier momento te hará daño… ¡Por dios, Naia! Sé consciente de lo que puede suceder…
—Créeme que he sido demasiado consciente de todo desde que empezó esto —le dije.
—No sé cómo no he me dado cuenta de todo antes, pude haberlo evitado.
—Bill deja las cosas como están, no hagas nada…
—¡Por dios Naia! Dime que no te ha tocado como estoy pensando ahora —me dijo de forma suplicante— Por favor… Dímelo —me exigió acercándose demasiado en mí. Sus ojos me miraban como si estuviera enloqueciendo. Sentí como sus brazos me agarraban y me empotraban contra la pared. Pude sentir su aliento sobre mi cara— Dímelo…
—Bill… —susurré con la respiración agitada. Bill nunca se había comportado de esa forma, ahora me estaba dando miedo.
—Dime que no ha tocado tu piel… —me susurró a la vez que sentía como su mano acariciaba mi brazo— Dime que no te ha hecho suya…
—Tengo que vestirme para irme a clase —le dije nerviosa intentando separarlo de mí.
—Dímelo… —me susurró contra mis labios. Sentí como las mejillas me ardían… ¡Joder…! No sabía que mi hermano Bill podía ser de igual de provocativo que mi hermano Tom, ambos eran gemelos, es lógico que sacarán las mismas características, pero es que… Era Bill, mi Billy, mi hermano mayor…
—No hemos hecho nada… —le dije sintiendo como mi garganta se me secaba.
—No me mientas, Naia —me advirtió— Sabes que puedo ser muy persuasivo con nuestro hermano y descubrir las cosas por mí mismo.
—Te he dicho que no hemos hecho nada —le volví a insistir— Solo estábamos hablando…
—Te beso… —me volvió a recriminar.
—No era un beso, solo estábamos jugando —susurré intentando convencer a Bill. No nos convenía que aparte de Amy, él supiera de nuestra relación porque visto lo visto intentaría hacer que nos separásemos.
—Él te beso… —me dijo de nuevo. Parecía que esa idea la tenía fija en su cabeza— No puedo entender cómo te has dejado engatusar por Tom. Me parece mentira que no sepas todo el historial que tiene, en romper corazones de chicas y con todas las chicas con las que se ha acostado. Solo espero que no hayáis llegado a tan lejos…
—Te repito que es mi problema, Bill —le dije con el ceño fruncido.
—Y yo te digo que no es solo tu problema, porque cuando te haga daño, estarás llorando por las esquinas como una niña pequeña —me volvió a decir mi hermano Bill.
—Eso no va a pasar porque no hay nada entre Tom y yo —le dije de nuevo— Son imaginaciones tuyas…
—Entiendo… —me susurró acercando su cara a la mía. Mi cuerpo se tensó. ¿No estaría pensando en besarme porque entonces lo tendría claro?
—Bill… Tengo que vestirme para ir a clase —le volvió a decir.
—Está bien, pero está conversación no acaba aquí —me dijo mirándome con el ceño fruncido.
Mi hermano Bill salió de mi habitación. Me sentía completamente agitada, por un momento pensé que Bill intentaría hacerme algo. Se había puesto tan enloquecido. Quité la toalla que cubría mi cuerpo desnudo, para luego ponerme la ropa interior. Después me puse la blusa y la falda, seguida del jersey que complementaba el uniforme. Cogí mi mochila y la cazadora para salir de mi habitación y bajar las escaleras con lentitud. Minutos después estaba entrando por la puerta de la cocina. Nuestra madre ya había preparado el desayuno. Bill se encontraba ya sentado en su silla, tomando su taza de café como cada día. Me miró de forma impasible. Quién diría que minutos antes hubiéramos tenido una conversación bastante acalorada en mi habitación. A partir de ahora, mi hermano Tom y yo debíamos de ser muy cautos sino queríamos que más gente se enterase de nuestra relación, porque si eso llegase a ocurrir mi mundo se desmoronaría.
—Vas a llegar tarde a clases —me dijo mi madre tan pronto como me vio entrando por la puerta. Miré el reloj de la cocina y la verdad es que no me quedaba mucho tiempo para desayunar e irme a clase.
—Me demoré un poco en la ducha —le dije— Con un vaso de zumo y una tostada ya desayuno —le dije a mi madre para que no me sirviera una taza con café con leche.
—Desayuna tranquila —me dijo mi madre— Después tus hermanos te pueden acercar a la escuela. ¿Verdad, Bill?
—Claro… —respondió— Iremos temprano al estudio de grabación, si es que Tom baja a desayunar rápido.
—Está bien… —susurré para sentarme tranquilamente en mi silla, mientras que comenzaba a tomar el desayuno. Minutos después mi hermano Tom entró en la cocina.
—Buenos días —dijo sentándose en la silla.
—Buenos días, hijo —dijo nuestra madre para luego depositarle un beso en la mejilla— Tienes la cara suave, como se nota que te has afeitado. No me gustaban esas greñas que tenías en la cara.
—Pero si seguía estando sexy con ella —dijo mi hermano guiñándome el ojo.
—Pero tus barbas pican —le dije con el ceño fruncido. Tanto Bill como mamá se me quedaron mirando por mi comentario— Digo… que, si besa a una chica, su barba le picará en la cara de la chica… A mí personalmente me gustas más sin barba, te ves más natural…
—Tomaré nota… —me dijo nuevamente.
—Acaba de desayunar que si no llegamos tarde al estudio de grabación —dijo Bill a nuestro hermano rompiendo un poco el buen ambiente que se había formado en la cocina, cuando Tom llegó a esta.
—Además me tenéis que acercar a la escuela —dije abriendo los ojos porque ya no quedaban muchos minutos para irme— Sino llegaré tarde…
—Está bien… —dijo mi hermano Tom— Cogeré unas tostadas y después más tarde me tomaré un café… Y ahora vámonos… —dijo Tom levantándose de la silla donde apenas unos minutos antes se había sentado, para dirigirse hacia la puerta.
Bill y yo nos levantamos de nuestros asientos. Cogí mi mochila que estaba apoyada en el suelo, para luego salir de la cocina detrás de mis hermanos. Tom ya tenía las llaves de su coche en su mano. Accedimos al garaje por la pequeña puerta que comunicaba la casa con este. Tom abrió el coche con la llave a distancia, para luego sentarse en su asiento. Bill se sentó en el asiento del copiloto, mientras que yo lo hacía en los asientos traseros del coche. Nos pusimos los cinturones de seguridad para luego segundos después salir del garaje. La calle estaba vacía, apenas había algunos cuantos coches que salían de las casas colindantes a las nuestras para irse a sus lugares de trabajo. Durante el trayecto a mi escuela, Bill iba en silencio. Se había formado un silencio bastante incómodo, y tenía la sensación que en cualquier momento Bill comenzaría con su interrogaría de nuevo. Tom encendió la radio para romper un poco ese silencio. Creo que todos éramos conscientes de la incomodidad que se había formado en el interior del automóvil. El ambiente era muy tenso.
—Ya hemos llegado, Nai —me dijo mi hermano Tom sacándome de mis pensamientos mientras que miraba por la ventana. Muchos de mis compañeros se dirigían hacia la entrada del patio, y otras ya iban accediendo al interior del edificio.
—Gracias por traerme —le dije a mi hermano Tom. Bill me echó una mirada.
—No tienes por qué darme las gracias, ya sabes que eres mi hermana favorita —me dijo de nuevo.
—Soy la única —le dije echándole la lengua.
—Por eso mismo, porque eres la única.
—Nos vemos más tarde —le dije para coger mi mochila y salir del Cadillac de mi hermano.
Comencé a caminar hacia el interior del patio de la escuela. Había algunos corrillos de alumnos de otras clases que estaban hablando entre ellos, tal vez contándose lo que habían hecho en las vacaciones de navidad. Seguí caminando por el patio, hasta que de lejos vi a Amy, que caminaba rumbo al edificio de la escuela.
—¡Amy! —la llamé. Ella se giró para mirar quien la había llamado para luego continuar caminando ignorándome.
Corrí hacia la puerta, para luego comenzar a caminar por los pasillos, que poco a poco se habían ido abarrotando de otros alumnos. Quería alcanzar a Amy para hablar con ella. Llegué a la puerta del aula donde estaba nuestra clase, para luego entrar en el interior de esta. Amy estaba sentada en su asiento, en el pupitre que habitualmente compartíamos. Brenda y las demás estaban hablando sobre sus vacaciones navideñas y de lo bien que se lo habían pasado yendo a esquiar a no sé dónde.
—Hola Amy… —le dije saludándola para luego sentarme a su lado. Enseguida se levantó de su asiento para coger sus cosas, y sentarse al lado de otra chica de clase que estaba sola. Se puso a hablar con ella como si nada…
—¡Vaya, vaya…! —escuché decir a Brenda. Obviamente se habían dado cuenta de la acción de Amy— ¡Kaulitz te estás quedando sola! Nadie quiere estar a tu lado.
—¡Cállate la boca, Brenda! —le dije— Con la boca cerrada estás más bonita… —le repliqué.
—¡Sí que tienes unos humos tremendos! —dijo de nuevo Brenda.
—No es asunto tuyo, imbécil —le dije de nuevo con rabia.
—Venga sentaros todas y todos en vuestros asientos que vamos a empezar la clase —dijo la maestra entrando en el interior del aula. Todas le hicimos caso al instante y sacamos nuestro libro y la libreta de inglés.
La mañana pasó muy pausadamente. No veía la hora de que llegará el descanso del recreo, para tomarme un tentempié. En un cambio de clase, sentí como me lanzaron varias bolitas de papel. Me giré y vi a Amy riéndose con su nueva compañera de asiento. Me dedicó una mirada fría. Mi mejor amiga, la que había considerado durante años, me estaba haciendo vacío y bullying en clase. ¿Por qué me tenía que tratar así? ¿Por qué me tenía que señalar con un dedo por amar a mi hermano? Ella que siempre había sido tan liberal en sus relaciones, ahora me estaba condenando por haberme enamorado perdidamente de mi hermano mayor. El timbre sonó y nos levantamos de nuestros asientos para irnos al patio.
—Uy… perdón… No te vi —me dijo Amy pasando por al lado mía y empujándome contra mi mesa. Me clavé la esquina de esta en mi estómago. Y ahora me dolía la zona. Seguro que más tarde tendría un moratón bastante feo.
Me quedé mirando como ella y su nueva “amiga” caminaban riéndose hacia la puerta, mientras que me quedaba tocándome la zona dolorida. Brenda y su grupito y los demás compañeros de clase salieron del aula. Me senté de nuevo en mi silla. Ahora no me apetecía bajar al patio, y ser otra vez objetivo de las burlas de Amy. En estos momentos la odiaba con toda mi alma. Las lágrimas comenzaron a salir de mis ojos y metí mi cabeza entre mis brazos para ahogar un poco el sonido de los sollozos. La vida estaba siendo injusta conmigo.
Cuando el recreo terminó, mis compañeros de clase empezaron a entrar otra vez en el interior del aula. Hacía un rato que había limpiado el rastro de mis lágrimas. El profesor de matemáticas había entrado en el interior del aula, y para sorpresa de todos nos iba a hacer un examen sorpresa de matemáticas. Todos nos quejamos, pero nuestro profesor no hizo caso de nuestra queja. Y aquí estoy intentando resolver una maldita inecuación que no sé cómo resolverla. Las matemáticas no son mi fuerte… nunca lo fueron.
Por fin… las clases acabaron. Cogí mi mochila para meter mis cosas en el interior de esta. Salí de la clase lo más rápido que pude para no encontrarme en el camino de vuelta a casa con Amy. No quería volver a ser objeto de sus burlas. Caminé por el jardín de mi casa hasta que llegué a la puerta. Busqué en el bolsillo pequeño de mi mochila las llaves para luego abrir la puerta. La cerré tras de mí.
—Ya llegué —avisé a mi madre para luego dirigirme escaleras arriba para dejar mi mochila en mi habitación. Minutos después me encontraba de nuevo bajando las escaleras, para luego entrar en el interior de la cocina.
—Hola cariño —me dijo mi madre de manera cariñosa— ¿Qué tal tu mañana en la escuela?
—Ha sido mala… —susurré a la vez que me sentaba en mi silla y apoyaba mi cabeza sobre la mesa— El profesor de matemáticas nos ha puesto un examen sorpresa. Me ha salido horrible el examen… —omitiendo la parte en la que Amy me había hecho bullying.
—No te estreses —me volvió a decir mi madre de forma amable— Seguro que para el próximo examen remontas la nota mala de este.
—Ojalá fuera verdad… —musité.
Ayudé a mi madre a poner la mesa para tres, ya que mis hermanos no vendrían a comer a casa. Minutos después llegó Gordon y nos dispusimos a comer. Después de acabar de comer me fui a mi habitación para preparar mi mochila con los libros que necesitaría por la tarde. Me tumbé un poco en la cama para reposar un poco. Media hora más tarde me ponía mi cazadora y la mochila a cuestas para dirigirme a la escuela de nuevo. Esta vez fui caminando.
Entré en el interior del aula sentándome en mi pupitre. Minutos después entraron mis compañeros incluida Amy para sentarse de nuevo con Erika, así se llamaba la nueva amiga de ella. Las horas fueron pasando lentamente en clase, solo eran dos horas, pero eran una agonía me aburría demasiado con esas asignaturas que tenía por la tarde. Finalmente, el timbre sonó y nos levantamos de nuestros asientos. Comencé a meter mis cosas en el interior de mi mochila. Poco a poco mis compañeros se fueron yendo. Sólo quedábamos unos pocos. Vi que Erika se despedía de Amy, para luego irse. Amy seguía metiendo sus cosas en su mochila mientras que yo me hacia la remolona para intentar hablar con ella a solas. Mis demás compañeros abandonaron el aula. Solamente estábamos Amy y yo.
—Amy… —susurré acercándome a ella— Tenemos que hablar… Tengo que aclararte un par de cosas…
—No me tienes que aclarar nada —me dijo de manera dura— Sé perfectamente lo que vi aquel día y cada vez que te miro se me revuelven las tripas. No quiero tenerte cerca de mí. ¿Me has entendido?
—Pero Amy… —susurré apoyando mi mano en su abrazo— Eres mi amiga…
—Eras, tiempo pasado —me volvió a decir— No quiero que me dirijas más la palabra —cogió su mochila y se la puso al hombro.
—Amy… —volví a decir llamándola, impidiendo que se fuera.
—Apártate —me dijo empujándome haciéndome caer sobre una mesa, y dándome con la esquina en toda la espalda. Se me cortó la respiración del dolor y las lágrimas comenzaban a resbalar por mis ojos— Eres una niñata… —me dijo para luego marcharse, dejándome sola en el aula.
Continúa…
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