Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 91
By Naia
Gemí del dolor que tenía en mi espalda y comencé a llorar con más intensidad. ¿Por qué la vida tenía que ser tan cruel conmigo? Mi única amiga, la cual había conocido en el jardín de infancia, me daba la espalda en vez de apoyarme. Me deslicé dejándome caer en el suelo. Enterré mi cabeza entre mis piernas. Diez minutos más tarde cuando sentí que ya podía caminar y el dolor había disminuido, me levanté del suelo para coger mi mochila y salir del aula. Comencé a caminar por los pasillos desiertos, hasta que finalmente llegué al patio exterior de mi escuela. Me coloque bien la cazadora tapándome bien, ya que hacía frío para luego comenzar a caminar en dirección a mi casa. Una vez que llegué a casa pude escuchar a la perrita de mis hermanos que estaba ladrando. Enseguida vino a mi encuentro.
—Hola pequeña… —susurré acariciándole la pequeña cabecita mientras que brincaba alegremente alrededor de mí.
Me separé de ella para caminar hacia las escaleras. Tenía que ir a mi habitación para ir a hacer la tarea que me habían puesto en clase ese día, y era bastante extensa. Subí las escaleras lentamente, me sentía cansada… Me senté en mi escritorio, y saqué el libro de inglés para hacer una traducción que nos habían mandado hacer nuestra profesora, y después debería de hacer algunos ejercicios de gramática. Cuando acabé de hacer los ejercicios de inglés, me puse a estudiar biología a la vez que hacía alguna pequeña anotación para hacer un esquema de los conceptos más importantes.
—¿Qué estás estudiando? —la voz de mi hermano Tom hizo que perdiera la concentración en ese momento mientras estaba estudiando.
—Biología… —respondí a la vez que seguía garabateando en un papel con algunas anotaciones.
—Eso es un rollo —me dijo mi hermano quitándome el libro.
—Tom dame el libro —le exigí.
—Conmigo aprenderás más cosas de biología que leyéndote este estúpido libro —me dijo mi hermano a la vez que se mordía el labio inferior.
—Tom… —le regañé.
—Sabes que me pones muy cachondo vestida de colegiala —me dijo.
—Tom tengo que acabar de estudiar —le volví a advertir.
—No hay nadie en casa… —me susurró. Lo miré a los ojos, que estaban llenos de fuego. Mi hermano era la lujuria personificada.
—Enserio Tom… si no acabo de estudiar me pondrán una mala nota —le volví a decir.
—Ya tendrás tiempo de estudiar después —me dijo a la vez que me agarraba del brazo para hacerme levantar del asiento de mi escritorio.
Posó sus labios en mis labios y los besó con desesperación. Sus manos rodearon mis caderas para atraerme más a él y así poder profundizar el beso. Un gemido salió de mi boca. Subió sus manos por mi tórax para luego con sus dedos agiles comenzar a desabotonarme mi blusa. Mi sostén quedó al descubierto. Me quitó la blusa, para luego auparme y sentarme sobre mi escritorio, encima de mi libreta y el libro de biología. Acarició mis piernas haciendo que un escalofrío recorriera toda mi espina dorsal. Su mano se posó en mi sexo, el cual comenzó a acariciar. Comencé a sentir que mi cuerpo comenzaba a arder.
—Hum… —gemí al notar como poco a poco la excitación iba creciendo.
Sus labios se concentraron en la curvatura de mi cuello, para luego bajar por la clavícula llegando hasta el pecho. Desabrochó mi sujetador para dejar mis pequeños pechos al descubierto. Comenzó a juguetear con ellos. Apreté mis dientes intentando ahogar un gemido. No conseguía entender el poder que tenía mi hermano sobre mí, como con un simple toqueteo era capaz de poner a cien. Me tumbó completamente sobre el escritorio, para luego besar mi vientre. Segundos después noté como se separó de mí.
—¿Qué pasa? —le pregunté a mi hermano al dejar de sentir su contacto. Estaba ansiosa por sentirlo otra vez.
—¿Dónde te has hecho eso? —me preguntó a la vez que fruncía el ceño, y me señalaba mi estómago. Un gran moratón se miraba en medio de este, entonces me acordé de los golpes que había recibido por parte de Amy— El otro día no lo tenías.
—No es nada —le dije levantándome de nuevo del escritorio, y bajarme de él. Me aparté de mi hermano para coger la blusa y me sujetador para ponérmelo de nuevo.
—¿Cómo te has hecho ese moratón que tienes en la espalda? —me volvió a preguntar de manera recriminatoria.
—Tom, de verdad, no estoy para perder el tiempo contigo —le respondí molesta.
—Respóndeme —me exigió— ¿Cómo te has hecho esos moratones?
—Tuve un pequeño accidente en clase —le dije finalmente— Soy muy patosa y me golpeé contra mi pupitre —le aclaré— ¿Contento?
—Tienen muy mala pinta —me dijo apoyando su mano en mi espalda. Me arqueé del dolor al sentir su mano.
—Argh… —me quejé.
—Espera un momento que te echo un poco de pomada —me dijo mi hermano. A los segundos no sentí su presencia en mi habitación al rato volvió a entrar con un tubo de pomada. Sentí sus dedos sobre la zona de mi espalda que tenía afectada.
—Ay… —me quejé de nuevo.
—Ya está… —me dijo a la vez que expandía mejor la pomada— No seas tan quejica.
—Es que me duele…
Después le cogí el tubo de pomada y aproveché para echarme sobre el moratón que tenía en el estómago. Me puse de nuevo mi sostén para luego ponerme otra vez mi blusa. Mi hermano me miraba en silencio.
—Tengo que seguir estudiando —le informé.
—Está bien… —me dijo con frustración. Le había cortado el rollo.
Me senté de nuevo en la silla y comencé a estudiar de nuevo. Mi hermano cerró la puerta de mi habitación dando un ligero portazo. Me pasé el resto de la tarde haciendo esquemas del tema que estaba estudiando de biología. Cuando acabé de estudiar, salí de mi habitación para ir a beber un poco de agua a la cocina. Tenía la garganta seca.
—Hola hija —saludó mi madre que ya se encontraba preparando la cena— ¿Qué tal tu tarde en clase?
—Bien… —susurré— ¿Qué tal en la galería? —le pregunté.
—Muy bien —me respondió— Dentro de unas semanas habrá una exposición en mi galería.
—Eso es genial, mamá —sonreí.
Me senté en mi silla para beber tranquilamente mientras que mi madre acababa de hacer la cena. En ese momento entró mi hermano Bill que venía de la calle. Lo miré extrañada porque supuestamente había estado durante todo el día con Tom, y mi hermano Tom había llegado a casa solo dos horas antes.
—Hola Bill —saludó mamá— ¿Y tu hermano Tom? —preguntó al no verlo.
—No tengo ni idea —respondió— Hace dos horas que se fue del estudio de grabación para venir a casa. ¿No está por aquí?
—Sí estoy por aquí —respondió el susodicho entrando en la cocina— Estaba en mi habitación.
—Poner los platos en la mesa —ordenó nuestra madre— La cena está casi lista.
Me levanté de mi silla, y fui a buscar los platos ya que mis hermanos no se movieron ni un milímetro para ayudarme. Cogí los platos del mueble donde mi madre los guardada, y comencé a distribuirlos en la mesa. Después puse los vasos y finalmente los cubiertos. Cuando acabé de poner los servicios en la mesa, entró Gordon en la cocina.
—Buenas noches, familia —nos saludó— Buenas noches, mi amor… —se dirigió a mi madre para luego darle un beso.
—Oisch… eso es asqueroso —dijo mi hermano Tom poniendo cara de asco— Creo que me voy a traumar de por vida —dijo con dramatismo.
—Tú ya estás traumado desde que naciste —le dijo Bill mirándole con mirada acusadora. Mi hermano fue a replicarle a su gemelo, pero fue interrumpido por nuestra madre.
—Será mejor que nos sentemos a cenar, sino se enfriará la cena —nos dijo.
Nos acomodamos en nuestros sitios y mi madre comenzó a servir la cena. Durante la cena mis hermanos estuvieron hablando con Gordon sobre los progresos que habían estado haciendo en el estudio de grabación, mientras que yo jugueteaba con la comida que tenía en mi plato, sumida en mis pensamientos.
—¿Qué tal tu día en la escuela Naia? —me preguntó Gordon. Salí de mis pensamientos por unos instantes.
—Supongo que bien… —musité. Seguí con mi tenedor jugando con la comida.
—No has comido nada —se quejó mi madre al observar mi plato.
—No tengo mucha hambre, sinceramente… —respondí— ¿Me puedo retirar ya?
—No… —me respondió mi madre— Tienes que tomarte tu cena… No quiero que después te vayas desmayando por ahí porque no comas.
—Simplemente no me apetece comer —le repliqué— Me siento muy cansada… Tengo ganas de irme a dormir ya…
—Como un poco… —me volvió a decir.
—Está bien… —musité con resignación, viendo que mi madre no cedía. Di un par de bocados bajo la mirada expectante de mi madre y de mis hermanos— Ya está, ¿Satisfecha?
—Bueno… Pudiste haber comido un poquito más —me dijo de nuevo.
—¿Puedo irme a dormir? —le pregunté. Mi madre me miró y asintió— Hasta mañana —me despedí de mis padres y de mis hermanos.
Me dirigí hacia la puerta de la cocina, para luego caminar por el gran salón en dirección hacia las escaleras. Las subí lentamente porque me sentía demasiado cansada. Después caminé por el largo pasillo hasta que llegué a la puerta de mi habitación. Abrí la puerta y entré en el interior para luego cerrarla tras de mí. Me quité el uniforme para luego ponerme el pijama y me metí en cama a los pocos segundos. Fui cerrando los ojos lentamente hasta que me quedé completamente dormida. Había tenido un día muy duro y agotador.
Los días fueron pasando, hacía dos semanas que habíamos empezado ya las clases. Cada día nos ponían más tarea que hacer, y el cansancio persistía. Era como si poco a poco fuera desapareciendo las fuerzas de mi cuerpo. Mi situación con Amy no había mejorada en absoluto. Ella seguía estando sentada en clase con Erika, también salía al recreo con ella, incluso las miraba irse juntas a la salida de clase. También sus burlas seguían repitiéndose, solo esperaba que no le hubiera dicho nada a Erika sobre lo mío con mi hermano Tom. Me sentía completamente desplazada, creo que ya no encajaba en mi clase. La única unión que tenía con mi clase era Amy, y ahora me había dejado de lado por completo.
El timbre sonó de nuevo dando anunció de que las clases habían terminado. Mis compañeros de clase comenzaron a recoger sus cosas que tenían sobre sus mesas, para comenzarlas a meter en el interior de sus mochilas. Yo hice lo mismo más lentamente, sentía como la cabeza me daba vueltas, como si fuera a marearme. Poco a poco fueron saliendo del interior del aula. Amy se fue con Erika. Me quedé sola en el aula. Cogí mi mochila para ponérmela sobre mis hombros, para luego salir del aula, pero la cabeza dio más vueltas y finalmente caí en el suelo desplomada. Abrí los ojos lentamente, para encontrarme con la persona que menos esperaba encontrarme en ese momento.
—¿Estás bien? —me preguntó con preocupación— Estás muy pálida.
—Estoy perfectamente —le respondí de manera seca. No iba a hablarle así tan fácilmente, después de todas las putadas que me llevaba haciendo desde que habíamos comenzado las clases de nuevo.
Me levanté de un brinco, para luego coger mi mochila que se había caído a un lado mía cuando me desmayé, para luego caminar hacia la puerta del aula. Sentía mi cuerpo frío y sudoroso. Supongo que me había dado un bajón de tensión. Últimamente no estaba comiendo muy bien, porque cuando miraba la comida me daba asco y me entraban unas ganas tremendas de vomitar. Caminé por el largo pasillo hasta que finalmente llegué a la puerta de salida del edificio de mi colegio. Atravesé el gran patio que rodeaba este para luego acceder a la calle. Comencé a caminar lentamente por la acera, no me sentía con fuerzas. Me encontraba súper cansada y lo único que quería hacer cuando llegará a casa era meterme en cama y dormir por bastante rato, sin importarme no hacer mis tareas escolares. Tras unos veinte minutos de caminata, por fin llegué a casa. Saqué las llaves de mi mochila para luego abrir la puerta y acceder al interior de esta.
—Ya estás en casa —dijo mi madre nada más verme entrar por la puerta— Te has retrasado un poco.
—Vine caminando sin prisas —le respondí.
—Vete a hacer los deberes antes de que cenemos —me ordenó mi madre.
—Ahora mismo iré a mi habitación a hacerlos —le contesté.
Caminé con la mochila sobre mi espalda, hacia las escaleras para luego empezar a subirlas. Abrí la puerta de mi habitación, para luego cerrarla tras de mí. Apoyé mi mochila en el suelo, para quitarme el uniforme y ponerme otra ropa más cómoda y así evitar que se ensuciara. Cogí el libro de literatura y me senté sobre mi escritorio para comenzar a hacer unos cuantos esquemas de varios autores que tenía que estudiar. Comencé a escribir sobre un folio. Bostecé. Los ojos se me cerraban involuntariamente.
—Naia… —escuché una voz llamarme. Abrí los ojos rápidamente para encontrarme con mi hermano Tom que me miraba curioso— Te has echado una buena cabezada.
—Tengo sueño y quiero dormir —musité.
—¿Te encuentras bien? —me preguntó— Te notó algo cansada.
—Sí estoy perfectamente bien —le sonreí. Si supiera que me había mareado en la escuela, no me dejaría tranquila en ningún momento hasta que visitará al médico— ¿Qué quieres? —le pregunté.
—Mamá me mando a que viniera avisarte de que la cena ya está lista —me respondió— Como vio que tardabas en bajar.
—Está bien ya voy ahora —le dije levantándome de una manera brusca de mi silla. La cabeza me dio vueltas, y perdí un poco el equilibrio.
—Hey… ¿Estás bien? —me dijo agarrándome fuertemente con sus brazos.
—Sí… —le dije separándome de él.
—Naia no estás bien —me dijo de nuevo— Estás muy pálida.
—Te he dicho que estoy bien —le volví a decir.
—No lo estás —me insistió mirándome con sus ojos penetrantes.
—No seas tonto y deja de decir que estoy mal —le dije a mi hermano frunciendo el ceño— Estoy perfectamente bien, solo estoy un poco cansada de estos días en la escuela. Nada más —le dije intentándome justificar porque realmente sabía que algo no iba bien en mi cuerpo, pero necesitaba unos días más para poder confirmarlo.
—Está bien —dijo mi hermano con voz cansina— Será mejor que bajes, sino mamá se preocupará.
—Ahora mismo voy —le dije.
Mi hermano salió de la habitación dejándome sola de nuevo en ella. Respiré profundamente. Minutos después salí de mi habitación, para caminar por el pasillo y llegar hasta el principio de las escaleras que comunicaban con la planta de abajo. Comencé a bajar las escaleras. Minutos después ingresaba en el interior de la cocina. Mi madre ya estaba por servir la cena. Comenzó a poner un poco en cada uno de nuestros platos. Mis hermanos comenzaron a comer al instante. Se notaba que tenían hambre, en cambio yo, se me cerró por completo el estómago no tenía ganas de probar bocado, es más, al ver la comida me daba un poco de asco.
—¿Te encuentras bien, hija? —me preguntó mi madre— Te veo demasiada pálida.
—Si estoy bien —le respondí a la vez que reprimía una pequeña nausea, pero enseguida sentí como el vómito comenzaba a subir por mi esófago.
—Naia… —escuché decir a mi madre al verme salir corriendo hacia el baño.
Cerré la puerta tras de mí, poniendo el pestillo, y me acerqué rápidamente al retrete donde vacié todo el contenido de mi estómago. Puse cara de asco al notar el sabor del vómito. No entendía lo que me pasaba, porque me sentía tan cansada… Todo tenía que tener relación entre sí. Sentía demasiado malestar en mi cuerpo. Me enjuagué la boca para limpiar resto de vómito y quitar el mal sabor en la boca. Después me mojé la cara con agua fría. Sentía demasiado calor y estaba sudorosa. Salí del baño.
—Naia… —escuché de nuevo a mi madre decirme. Ella se encontraba fuera del baño— ¿Qué te ha pasado? —me preguntó con preocupación— ¡Por Dios! Estás toda sudada y tienes mala cara. Mañana mismo iremos al médico.
—No te preocupes mamá solo ha sido que debió de haberme cogido un poco el frio —le insistí— Estoy bien —intenté tranquilizarla.
—Está bien —dijo en un susurro— Pero si te encuentras otra vez mal avísame para ir al doctor.
—Vale —asentí con mi cabeza— ¿Me puedo ir a acostar? Estoy un poco cansada…
—De acuerdo…
Me separé de mi madre y comencé a caminar hacia las escaleras. Las subí lentamente para luego encerrarme en mi habitación. Me tumbé en la cama. Me sentía tan cansada, pero a la vez preocupada. No quería alarmarme, pero es que esos síntomas… Mi madre me mata y tengo miedo que pensará Tom de todo esto… Sé que hace unos meses habíamos hablado del tema, pero ahora que casi había la posibilidad de que fuera verdad, no sé cómo se lo tomaría y eso me estaba dando realmente mucho miedo. Cerré los ojos, pero lo abrí de nuevo cuando escuché la puerta de mi habitación abrirse. Mi hermano Tom se encontraba de pie mirándome con cara de preocupación. Cerró la puerta tras de sí para luego acercarse con paso lento hacia mí.
—¿Qué ocurre? —le pregunté asustada. Él se había dado cuenta de lo que me pasaba, pero ni siquiera sabía si podría ser cierto o no. Necesitaba comprobarlo urgentemente.
—¿Qué te ocurre a ti? —me respondió formulando él la pregunta— Algo te pasa. No sabes mentir.
—Estoy bien, Tom —le dijo con voz cansina.
—No me lo creo —me volvió a insistir— ¿Qué te pasa? —me volvió a insistir— Puedes contármelo, puedes confiar en mí.
—Es que realmente no sé lo que me pasa —le dije tapándome la cara con mis manos— Solo es que estos días me siento cansada nada más…
—Naia… —me llamó con ojos suplicantes.
—Tengo mis sospechas de lo que me pasa, pero quiero confirmarlo mañana —le dije huyendo su mirada— En cuanto sepa algo tú serás el primero en saberlo.
—Me das miedo… —me dijo mirándome. Los ojos se me aguaron y unas finas lágrimas comenzaron a caer sobre mis mejillas. Mi hermano me miró más confundido todavía— Naia… No llores…
—Tomi tengo miedo… —le dije abrazándome más fuertemente a él.
—¿De qué tienes miedo, pequeña? —me preguntó con la dulzura característica que utilizaba cuando yo era apenas una niña.
—Te acuerdas de hace unos meses atrás… —le dije. Tragué saliva— Cuando todavía no habíamos empezado a estar juntos… Te acuerdas cuando me llevaste a tu apartamento por segunda vez.
—Sí… —me respondió en un susurro— ¿Qué pasa Naia?
—Creo que… —me callé quedándome en silencio. Bajé la mirada.
—Naia… —me levantó la cabeza de nuevo son su mano manteniendo mi mirada con la suya— Deja de andarte con rodeos —me exigió— ¿Qué te es lo que te está pasando?
—Creo que tengo un retraso… —confesé rápidamente cerrando los ojos por miedo a ver la cara de mi hermano— No sé cómo ha pasado… pero es que los síntomas están muy claros.
—¿Te has hecho el test? —me preguntó mi hermano mirándome fijamente.
—Todavía no… —le confesé— Recién me doy cuenta de los síntomas… —le informé— ¿Qué vamos a hacer, Tom? —le pregunté con cierta desesperación.
—No lo sé, Naia —me respondió confundido— ¿Pero no estabas tomando pastillas? —me preguntó de nuevo alzando la voz.
—Sí… —respondí bajando la cabeza— Pero igual algún día me olvide de tomarlas, supongo…
—Mierda… —escuché maldecir a mi hermano— El día de fin de año —me dijo mi hermano mirándome horrorizado— Ahí metimos la pata hasta el fondo…
—Puede que fuera ese día… —susurré.
—¡Joder…! A mamá le va a dar un ataque al corazón cuando se entere —me dijo con preocupación.
—Lo sé… —confesé apenada.
—Mañana sin falta tienes que hacer el test —me dijo mi hermano— Hay que salir de dudas cuanto antes.
—Tengo miedo… —musité de nuevo.
—Pase lo que pase siempre estaré a tu lado —me dijo mi hermano abrazándome después.
—Escuchar tus palabras, hace que me sienta más tranquila —le confesé.
—Ahora será mejor que descanses —me susurró— Mañana será un día largo.
—Sí… —susurré asintiendo.
—Hasta mañana, princesa —me susurró mi hermano para luego depositarme un breve beso en los labios— Descansa.
—Hasta mañana, Tomi —le dije a mi hermano antes de que se dirigiera la puerta de mi habitación para salir.
Continúa…
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