Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 92

By Naia

Me puse el pijama para luego meterme en el interior de mi cama. Me giré y al poco rato cerré mis ojos. Estaba realmente cansada. El sonido intenso del despertador hizo que abriera los ojos rápidamente. El reloj marcaba las siete menos cuarto de la mañana. Tenía que alistarme para ir a la escuela, pero me sentía tan cansada que necesitaba cerrar los ojos nuevamente. Los cerré unos instantes para luego abrirlos y comprobar que ya eran las siete de mañana pasadas. Me levante con prisa de la cama, para buscar mi ropa interior en el cajón de mi armario. Salí de mi habitación para encerrarme en el baño. Me di una ducha rápida de apenas unos minutos para luego dirigirme otra vez a mi habitación para acabarme de vestir.

—Buenos días —saludé a mi madre que se encontraba en la cocina acabando de preparar el desayuno.

—Buenos días, hija —me dijo mi madre mirándome con cariño. Me senté en mi silla a la vez que apoyaba mi mochila en el suelo— ¿Qué tal has dormido? —me preguntó.

—Bien… —respondí— Aunque todavía tengo sueño…

—Tienes mala cara —puntualizó mi madre— ¿Te encuentras bien?

—Sí, mamá —le respondí— Estoy perfectamente bien, no sigas diciendo esas tonterías —le dije molesta. Interiormente estaba como un flan. No sabía cómo hacer para comprarme el test sin levantar sospechas.

—Buenos días —dijo mi hermano Tom entrando en la cocina.

—Buenos días hijo —dijo mi madre mirando a mi hermano— Hoy no se te han pegado las sábanas.

—Tengo que hacer cosas importantes en el estudio —respondió mi hermano— Por eso me he levantado temprano.

Mi hermano se sirvió un poco de café en su taza a la vez que yo seguía desayunando. Minutos después se incorporó al desayuno Gordon. A mi hermano Bill se le debieron de pegar las sábanas porque no apareció en todo el desayuno.

—Bueno… Será mejor que vaya saliendo para ir a la escuela —anuncié a mis padres y a mi hermano cuando miré la hora en el reloj que llevaba en mi muñeca. Eran cerca de las siete y media.

—Te acerco a la escuela —dijo Tom acabando de tomar su último sorbo de su taza de café.

—No hace falta, Tomi —le dije— Acaba de desayunar tranquilamente.

—Ya he acabado —me respondió— Vamos.

—Está bien… —susurré.

Mi hermano se levantó de su silla. Cogí mi mochila para ponérmela sobre la espalda y juntos caminamos hacia la puerta de la cocina, para luego pasar por el salón hasta que llegamos a la puerta de casa. Salimos al exterior y mi hermano fue a sacar su coche del garaje. Yo lo esperé afuera. Minutos después subía al coche de mi hermano y empezó a conducir con tranquilidad por el pavimento. A esas horas había pocos coches todavía.

—¿Cómo te encuentras? —me preguntó mi hermano sacándome de mis pensamientos.

—Bien —le respondí— Aunque me siento un poco cansada.

—Supongo que será normal ese síntoma —dijo mi hermano dudoso.

—Tengo mucho miedo, Tomi —confesé con un susurro— ¿Qué va a pasar ahora? —le pregunté con los ojos humedecidos— Mamá me va a matar.

—Lo sé…

—Tom… —llamé a mi hermano mientras él seguía concentrado conduciendo— En caso de que estuviera, contemplas la posibilidad de que me deshaga de él.

—No, Nai —me respondió rápidamente— No quiero que te deshagas de nuestro pequeño y perfecto error. Sabes que te he dicho que te cuidaría y protegería igual que a él —me dijo poniendo su mano en mi vientre— Y si no estuvieras sería un alivio, pero en realidad me gustaría tener muchos hijos contigo.

—¿Estarás conmigo cuando me haga el test? —le pregunté.

—Si quieres te recojo por la tarde después de que salgas de clases —me dijo mi hermano— Te llevo a la farmacia y lo compras. Para estar más tranquilo podríamos ir a mi apartamento.

—Está bien —asentí.

—Bueno ya hemos llegado —dijo mi hermano estacionándose en la calzada del lado de la acera de enfrente a mi escuela.

—Nos vemos en la tarde —le dije a mi hermano antes de abrir la puerta. Evité darle un beso porque muchos de mis compañeros de clase estaban entrando en ese mismo momento por el gran portalón que daba al patio interior de mi escuela.

Cerré la puerta del coche de mi hermano para luego colocar bien mi mochila sobre mis hombros. Caminé hacia el interior del patio. En el fondo de este pude divisar a Amy hablando con Erika, ambas se estaban riendo divertidas, y por un momento me puse a pensar en todos los momentos divertidos y únicos que habíamos vivido las dos juntas desde que éramos pequeñas. ¿Por qué nuestra amistad se tuvo que romper? Quizás eran cosas del destino.

Caminé por el ancho patio hasta que comencé a subir las escaleras que daban al interior del edificio. Quedaban unos minutos para que tocase el timbre, pero prefería irme a clase para no quedar como una tonta ignorada por todos. Los pasillos todavía estaban vacíos, ya que gran parte de mis compañeros se encontraban aún afuera. Me dirigí hacia el aula para luego ocupar mi lugar en ella. Saqué el libro de literatura junto una libreta y mi estuche. Minutos después los demás compañeros de mi clase entraron en el interior del aula. Amy se sentó nuevamente con Erika pasando cerca de mi pupitre, sin apenas dirigirme la mirada.

—Abrir el libro en la página doscientos —dijo la profesora de literatura entrando por la puerta, y cerrando esta tras entrar en el aula.

La clase pasó lenta y aburrida. Me limité a copiar apuntes como una posesa al igual que las explicaciones que nos decía la profesora, ya que nos había anunciado que a finales de mes nos haría un pequeño examen para valorar nuestros conocimientos sobre los temas que habíamos estado dando durante esas semanas. Después de la clase de literatura, tuvimos clase de matemáticas. Nos pasamos toda la hora haciendo ejercicios y corrigiéndolos en la pizarra. Cuando acabó la hora, tuvimos clase con la profesora de inglés. Y así fue pasando la mañana hasta que finalmente tocó el timbre anunciando de que podríamos ir al recreo. Mis compañeros de clase se levantaron rápidamente de sus asientos, yo no me moví de mi asiento hasta que finalmente todos se fueron. Me levanté con lentitud. Necesitaba ir al baño. Tenía el estómago completamente mareado, y necesitaba vaciar el poco contenido que tenía dentro de él, ya que apenas había desayunado mucho. Caminé lentamente por el largo pasillo, que en ese momento estaba vacío, apenas se podían escuchar unas voces lejanas en la sala de profesores. Entré en el interior de los aseos para dirigirme a uno de los cubículos que estaban abiertos. Cerré la puerta tras de mí para luego inclinarme sobre el retrete. No hizo falta hacer algún tipo de esfuerzo porque todo salió con facilidad de mi estómago. Sentí como mi cara comenzaba a estar un poco sudorosa. Tiré de la cisterna para luego abrir la puerta, para dirigirme al lavabo para enjuagarme un poco la boca y limpiarme el sudor de la cara, pero me encontré con alguien a quién no esperaba en ese momento.

—¿Te encuentras bien? —me preguntó a la vez que me miraba con preocupación.

—No es asunto tuyo —le respondí de manera indiferente.

—Vamos Naia —me volvió a decir— Sé que no estás bien —me dijo mirándome fijamente— Te ves muy pálida.

—¿A qué viene tanto interés ahora Amy? —le pregunté con rabia— Sigue con tu nueva amiguita y a mi déjame en paz, o acaso te has olvidado de todo lo que me has dicho semanas atrás —comencé a caminar hacia la puerta para irme del baño.

—Naia… —volvió a llamarme, pero esta vez me agarró del brazo para evitar que siguiera caminando.

—No me toques… —le dije con rabia apartándome bruscamente de ella. A causa del movimiento tan brusco que di, la vista comenzó a nublarse haciendo que perdiera el equilibrio.

—Naia… —los brazos de Amy me agarraron antes de que cayera de bruces al suelo— Será mejor que te lleve a enfermería —me informó— Has perdido el color en la cara.

—No, no quiero ir a enfermería —dijo a la vez que recuperaba más o menos las fuerzas intentándome incorporar del suelo.

—Seguro que te ha dado una bajada de tensión —volvió a decirme Amy— En enfermería sabrán cómo ayudarte.

—Te he dicho que estoy bien, vale —le dije molesta.

—Naia… ¿Tú no estarás…? —se atrevió a preguntarme Amy a la vez que yo bajaba la cabeza— ¡Dios mío, Naia! ¿Qué vas a hacer ahora? —me preguntó con preocupación— Tu madre te va a matar…

—No necesito que me vengas a dar lecciones de moral a estas alturas, cuando tú eres peor que yo —le respondí.

—Yo no me he acostado con nadie de mi familia —me dijo mirándome a los ojos.

—No vuelvas a decir esto aquí —le dije de manera amenazante— Las paredes son de papel, y se puede enterar cualquiera persona.

—¿Te avergüenzas de lo que has hecho? —me preguntó de forma directa.

—No, en absoluto —le respondí de manera autosuficiente— Le amo y nunca me avergonzaría de lo que hicimos.

—No entiendo cómo has podido llegar tan lejos de esa forma con Tom —me dijo nuevamente mi ex amiga— ¿Qué ha hecho para que lo mires de otra forma?

—Ahora no es momento de darte explicaciones de lo que hago y lo que dejo de hacer con Tom —le respondí molesta— Si en su momento no quisiste escucharme, ahora no me voy a molestar en darte explicaciones —me di la vuelta para salir del baño.

—Lo siento, Naia… —escuché decir en un susurro— Sé que no me he comportado como una buena amiga —me miró con tristeza— Debería de haberte dado mi apoyo en vez de crucificarte y portarme mal contigo, pero entiende mi posición. No es agradable encontrarte a tu mejor amiga teniendo sexo con su propio hermano.

—Me alegro de que te hayas dado cuenta de tus errores —le dije— Pero el daño ya está hecho, y he perdido toda la confianza que tenía en ti.

—Creo que la confianza en mí ya la habías perdido hace tiempo cuando me ocultaste desde un principio lo tuyo con Tom —me recriminó mi amiga.

—Aunque no lo creas todo esto ha sido difícil para mí, hasta que lo acepté realmente —le respondí— Durante semanas me acosó y fui blanco de sus ataques de celos. Mi situación con él bajo un mismo techo se estaba volviendo demasiada complicada y aunque quisiera decírtelo siempre estaba el miedo a tu reacción, cuando te enteraras de todo por eso no te lo dije en su momento cuando ocurrió todo. Por eso no te conté que había perdido mi virginidad con Tom el día de su cumpleaños.

—Estás jugando con fuego Naia —le advirtió Amy— Ambos os quemareis como sigáis así. A caso no te acuerdas de la falsa alarma de embarazo que tuviste hace meses.

—Si me acuerdo perfectamente —le respondí— Tom también lo sabe, pero yo lo amo y no veo mi vida sin él.

—La verdad no entiendo cómo has podido caer en sus redes —me dijo Amy de forma reprobatoria— ¿A caso no sabes todo lo que ha jugado con otras chicas? —me preguntó.

—Si lo sé —susurré— Conozco demasiado bien la vida sexual de Tom con otras chicas.

—¿Entonces porque te has dejado engatusar por él? —me volvió a preguntar. Me sentía incomoda con ella hablando de mi situación con mi hermano, y estaba asustada por lo que pudieran escuchar algunos compañeros que pasasen por casualidad por el pasillo.

—Él cambió conmigo —susurré— Me protegió de Dereck una tarde después de salir de clases. Tom se peleó con él y me defendió. Después fuimos a su apartamento para curarlo de la herida que tenía en el labio —expliqué— No era plan de que se apareciera así en casa y mamá se preocupará. Y surgió sin haberlo planeado. Me di cuenta que lo quería desde aquel día lo había visto en el aeropuerto de Los Ángeles y cuando lo besé por primera vez en su coche, estando borracha, después de una fiesta a la que fuimos. Ahí empezó todo, pero yo no quise hacer caso a mi corazón hasta dos meses después.

—Vas a sufrir Naia —me dijo Amy— Tom nunca cambiará por mucho que él te diga que si ha cambiado. Las personas como él nunca cambian.

—Él si ha cambiado —le volví a decir— Vamos a ser padres. Él me dijo que me apoyaría.

—¿Te has hecho el test para confirmarlo? —me preguntó.

—No, pero yo sé que si lo estoy —le respondí— Tengo todos los síntomas.

—Tu madre te va a matar —me volvió a decir Amy— No me gustaría estar en tu lugar por nada en el mundo.

—Aunque quisieras no te cedería mi puesto al lado de Tom —le dije de manera seria y posesiva— Tom es mío y de nadie más.

—Por más que te diga no vas a dejarle —dijo Amy dándose por vencida.

—Exacto —le dije de forma seca y seria— Ahora si me disculpas he de regresar al aula.

—Naia espera… —le escuché decirme de nuevo, pero no hice caso a su llamado. Salí del baño para comenzar a caminar por el pasillo que seguía vacío a mi suerte, así nadie podría haber escuchado la conversación entre Amy y yo en los baños.

Entré en el interior del aula, para dirigirme de nuevo a mi pupitre. Cogí de mi mochila el libro de la asignatura que nos tocaba después del recreo para luego concentrarme a leer en el libro. El timbre sonó avisando de que la hora del recreo había acabado por fin. Mis compañeros de clase comenzaron a entrar en el interior del aula a borbotones hasta que finalmente el aula se llenó. La maestra de inglés entró en el interior del aula para comenzar a dar la clase. El resto de la mañana pasó rápidamente al contrario que las primeras horas de la mañana. Cuando el timbre sonó nuevamente para dar por finalizadas las clases de la mañana, todos comenzamos a recoger nuestras cosas y a meterlas en nuestras mochilas. El aula se fue vaciando rápidamente y yo seguí el paso de mis compañeros.

—¿Qué tal tu día en la escuela? —me preguntó mi madre mientras la ayudaba a colocar los platos encima de la mesa.

—Aburrido —respondí— ¿Y tu día que tal te fue? —le pregunté a mi madre.

—Bien —respondió.

—Hola mamá —dijo mi hermano Bill a mi madre— Hola Naia.

—Hola hijo —saludó nuestra madre a mi hermano mayor— ¿Y Tom?

—Ha ido a hacer un recado —informó Bill— Dijo que no tardaría en venir.

—Está bien —asintió mamá— Entonces habrá que esperar un poco a que llegue.

—¿Qué tal tu día en clase? —me preguntó mi hermano Bill nuevamente.

—Aburrido —respondí de la misma forma que le había dicho a nuestra madre.

—¿Qué tal está Amy? —me preguntó con curiosidad.

—Supongo que bien —respondí.

—Cuando venía hacia aquí me la encontré hablando animadamente con una chica que no he visto antes —me informó— Al parecer ha hecho buenas migas con esa chica— me miró de manera seria— ¿Qué raro que no se viniera caminando contigo?

—Hace semanas que Amy y yo no nos llevamos —le dije de manera incomoda.

—¿Qué ha pasado? —preguntó mi hermano curioso ya que nunca solía separarme de Amy por mucho tiempo.

—Ella decidió buscar otros aires —le dije sin dar detalles. No le iba a explicar lo ocurrido porque eso le llevaría a corroborar sus pequeñas sospechas de que Tom y yo nos entendíamos.

—Vaya… con lo bien que os llevabais —dijo mi hermano con tristeza— Extraño verla por aquí.

—Y después dices que no te interesa —le dije mirándolo— Aunque no venga a casa puedes mirarla por la calle, además sabes donde vive, si quisieras podrías invitarla a dar una vuelta.

—A mí no me interesa Amy —me dijo molesto mi hermano.

—Sí lo que tú digas —le dije dándome la vuelta para ir a buscar los vasos y ponerlos encima de la mesa.

—¡Ya estoy en casa! —escuchamos la voz de mi hermano Tom desde el salón— Hola mamá —entró en la cocina— Hola enana —me dijo para luego revolverme cariñosamente el cabello.

—Ahora que ya ha llegado vuestro hermano será mejor que sirva la comida —anunció nuestra madre.

—¿Y papá? —pregunté ya que me había dado cuenta de que no habíamos puesto el servicio de él en la mesa.

—Llamó que no vendría a comer —explicó nuestra madre.

—Está bien —me senté en mi silla esperando a que nuestra madre comenzara a servir la suculenta comida que nos había preparado y que olía tan bien. Se me había abierto el apetito con tan solo olerla.

Mamá comenzó a servirnos a cada uno en nuestro plato la comida. Tenía una pinta exquisita. Comencé a comer antes de que todos comenzaran a comer de sus platos. Tenía tanta hambre que no pude esperar.

—Me alegro de que ya tengas apetito —observó mi madre mirándome curiosa. Los días anteriores apenas había comido ya que era ver la comida y se me revolvía el estómago— Pero no hace falta que comas tan rápido que te vas atragantar.

—Está muy buena —le respondí después de acabar de masticar lo que tenía en la boca. Mi madre siempre me decía de niña que no se podía hablar con la boca llena que era de mala educación, así que yo seguí su consejo.

Cuando acabamos de comer ayudamos entre los tres a recoger los platos de la mesa. Después me fui al baño para ir a lavarme los dientes, ya que en media hora debería de salir para ir a la escuela. Estaba acabando de enjuagarme la boca cuando la puerta del baño se abrió para luego volver a cerrarse. Enseguida noté como unos brazos rodeaban mi cintura, sonreí para mí misma.

—Te he dicho que estás hermosa —me susurró mi hermano al oído.

—No… —le respondí dándome la vuelta para verlo directamente la cara.

—Pues estás hermosa —me volvió a decir— Muy hermosa… —juntó sus labios con los míos y comenzó a besarme. Nuestras lenguas comenzaron a jugar entre ellas, haciendo que poco a poco me sintiera excitada. Mis manos bajaron juguetonamente hacia su entrepierna para empezar a restregarla en esa zona— Nena, ahora no —me susurró— Más tarde en mi apartamento —añadió.

—¿Por qué no has venido con Bill antes? —le pregunté curiosa— Dijo que habías ido a hacer un recado —añadí— ¿A dónde fuiste? —le pregunté curiosa.

—A comprar esto —me dijo sacando algo del interior de su gran bolsillo.

—¿Has ido a comprar el test? —le pregunté alarmada— ¿Estás loco? —le dije molesta— Te han podido reconocer… —dije preocupada— ¡Dios mío Tom! Mañana saldrás en las revistas.

—Nadie me ha reconocido —me dijo— Estate tranquila.

—¿Cómo sabes que nadie te ha reconocido? —le pregunté arqueando una ceja.

—Fui camuflado con unas gafas de sol y una gorra —añadió— Además crees que me iban a reconocer con estas pintas de vagabundo que llevo.

—Eres Tom Kaulitz aunque estuvieras con pintas de vagabundo te reconocerían —le dije cruzándome de brazos. Estaba molesta con él.

—Vamos cariño, no te enfades conmigo —me dijo mi hermano— Solo quería ahorrarte la vergüenza de tener que ir a comprar el test a la farmacia.

—Está bien… —le dije cediendo a sus disculpas— Pero para la próxima vez no lo vuelvas a hacer.

—De acuerdo —asintió— Dame otro beso.

—Te quiero —susurré contra sus labios para luego comenzarlo a besarlo. Estuvimos durante unos minutos besándonos con frenesí, ansiaba tenerlo otra vez dentro de mí y me importaba un comino que nuestra madre se encontrará en la casa al igual que nuestro hermano Bill. Al final acabamos poniéndonos demasiados calientes, y sucedió lo inevitable— Oooh… —suspiré contra el oído de mi hermano mientras que me embestía. Mis piernas rodeaban su cintura. Estaba sentaba sobre el lavabo del baño, sintiendo como la porcelana fría de este enfriaba mi culo. Pero yo no lo notaba porque estaba ardiendo en el mismo infierno— ¡Oh dios…! —gemí de nuevo sintiendo sus embestidas dentro de mí. Me agarré fuertemente al lavabo con mis manos cuando sentí que me iba a venir. Y una sensación de fuegos artificiales inundó nuestros cuerpos. Mi respiración estaba completamente agitada. Mi hermano salió de mi interior. Él también tenía la respiración agitada. Había sido un polvo rápido para matar el gusanillo, por la tarde ya tendría la oportunidad de sentirlo más tiempo. Me bajé del lavabo para subirme las bragas. Después abrí el grifo para mojar la cara y así quitarme la sensación de calor en esta. Mientras mi hermano acababa de colocarse bien sus pantalones, cogí un cepillo para peinar mi cabello que ahora estaba revuelto. Miré la hora en mi reloj de pulsera, ya tenía que salir de casa para ir a clase— Tengo que marcharme ya… —susurré.

—Está bien —asintió mi hermano para luego robarme un beso— Te recojo a la salida de clase.

—Vale —le respondí. Aproveche para robarle otro beso.

—Venga vete que vas llegar tarde a clase —me dijo mi hermano Tom dándome una palmadita en mi culo.

—Ya me voy tonto —le dije fingiendo molestia a la vez que le echaba la lengua.

Continúa…

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por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

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