Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 93
By Naia
Abrí la puerta del baño para luego cerrarla dejando a mi hermano Tom en el interior. Pero ahora estaba metida en otro gran problema, mi hermano Bill me miraba con el ceño fruncido apoyado en la pared con los brazos cruzados.
—¿Qué ocurre Bill? —me atreví a preguntar, aunque ya sabía más o menos por donde iba la cosa.
—Eso me lo vas a explicar de camino a tu escuela —me dijo mi hermano Bill agarrándome del brazo fuertemente.
—Oye imbécil suéltame —me quejé— Me haces daño.
—Camina —me susurró al oído.
Antes de seguir a mi hermano entré en mi habitación para coger mi mochila. Minutos después me encontraba bajando las escaleras. Bill se encontraba ya en el salón esperando por mí.
—Mamá tengo que salir a hacer un recado y de paso acompaño a Naia a la escuela —informó mi hermano Bill a nuestra madre.
—Vale, hijo —respondió nuestra madre de la cocina.
Salimos de casa. Comenzamos a caminar en silencio por el pequeño jardín que rodeaba la casa de nuestra madre hasta que finalmente nos incorporamos a la vía pública. Seguimos caminando en silencio. Tenía miedo porque sabía que Bill nos había escuchado a Tom y a mí en el baño.
—Me vas a decir de una vez que pasa entre Tom y tú —me dijo con enfado exigiéndome.
—No pasa nada entre Tom y yo —le respondí intentando huir de esa conversación.
—Os escuché en el baño —me susurró Bill mirándome con enfado— ¿Cómo habéis podido hacer eso? Se me revuelve el estómago cada vez que pienso en lo que escuché.
—Te digo que no pasó nada —le volví a decir.
—Vamos Naia que no me chupo el dedo —dijo Bill alzando un poco la voz.
—¿Qué quieres que te diga? —le pregunté perdiendo un poco los papeles.
—La verdad… —me recriminó mi hermano— Vivo con vosotros bajo el mismo techo y necesito saber la verdad.
—Sí… —susurré.
—¿Sí qué…? —me preguntó mi hermano intentándome sacar la verdad.
—Que sí es verdad… —le respondí, aunque no dejándolo de una manera muy clara. Sentía una vergüenza profunda. Bill era mi hermano mayor, y bueno era la primera vez que hablaba con él sobre temas de ese estilo y para liarlo de más manera nos había pillado a su gemelo y a mí en el baño teniendo sexo— Tuvimos sexo en el baño…
—Lo sabía… —me dijo mi hermano mirándome con enfado— ¿Desde cuándo os entendéis? ¿Cómo habéis podido hacer eso? —me recriminó. Sentí como mis mejillas se tornaban coloradas— Sois hermanos…
—Mira Bill te voy a ser sincera —le dije de manera cansada y bastante avergonzada— A Tom lo veo como hombre no como a un hermano, y a ti te veo como mi hermano mayor —le dije bajando mi cabeza y mirando mis zapatos.
—¿Te estás escuchando? —me preguntó mi hermano atónito— ¿Dónde han quedado todos los principios morales que te inculcó mamá desde pequeña?
—Bill… yo quiero a Tom —confesé— Hice todo lo posible para olvidarme de él pero es que no he podido… Joder Bill… Tom es Tom… no creo que entiendas lo que te digo…
—Naia no puedes seguir teniendo esos encuentros con Tom —me dijo— No es ético. Es nuestro hermano mayor…
—Por favor, Bill —le supliqué con lágrimas en los ojos— No le digas nada a mamá, por favor… Yo quiero a Tom y si me separan de él mi mundo se derrumbaría.
—No es ético, Naia —volvió a decirme mi hermano.
—Por favor Billy… —le supliqué nuevamente— Hazlo por Tom y por mí. Somos tus hermanos.
—¡Dios Naia…! —suspiró— Esto nos va a meter a los tres en un lio. Piensa que hará mamá cuando se enteré.
—Ella no se va a enterar —le dije rápidamente— Tom y yo somos muy cuidadosos.
—¡¿Cuidadosos?! —me preguntó de manera burlesca— Si habéis follado en el baño con mamá en la casa —me dijo— Eso precisamente no es ser cuidadosos.
—Solo ha sido hoy… —susurré.
—Pero habrá más veces que no podréis controlaros —me dijo mi hermano Bill— Sé cómo se comporta Tom en la cama. Si no lo recuerdas he estado viviendo con él y su novia en la misma casa que tenemos en Los Ángeles.
—Por favor Billy…
—Está bien no diré nada —me dijo dándose por vencido— Pero después no vengas llorando a mi hombro cuando Tom decida dejarte por otra chica. Estás advertida…
—Gracias Billy —sonreí levemente— Eres el mejor hermano del mundo —me abracé a él.
—Los sacrificios que tiene que hacer un hermano para ver a sus hermanos felices —dijo mi hermano con resignación— Ahora vete a la escuela. No vayas a llegar tarde…
—Ya… —susurré— Gracias por todo, Billy —le dije nuevamente— Sé que ahora puedo contar contigo.
—¡Qué remedio me queda! —dijo mi hermano con resignación— Sino peligraremos los tres.
—Hasta la noche —me despedí de él.
Comencé a caminar hacia mi escuela. Nos habíamos parado a unos metros antes de llegar a la calle. Supongo que mi hermano Bill no quería que ningún compañero de mi escuela me viera con él, y no pasar desapercibido. Entré en el interior del gran patio. Amy estaba hablando con Erika, ambas sentadas en un banco mientras que Brenda y su grupito se encontraban en otro banco sentadas hablando de sus cosas. Miré a ambos grupos, para luego comenzar a subir las escaleras que daban al interior del edificio. No tenía ninguna amiga con la que poder hablar, así que me refugio en las cuatro paredes del aula. La tarde paso bastante lenta a parte que no se me quitaba de la cabeza la conversación que había tenido con mi hermano Bill. Él por lo menos dejó que me explicará, no como Amy que me negó explicarme desde un primer momento. Por la tarde cuando Tom viniera a recogerme debería de informarle que ahora nuestro hermano sabía la verdad, aunque pensándolo bien supongo que Bill se encargaría de hablar con él en el estudio de grabación. El timbre anunció el término de las clases. Comencé a recoger mis cosas y a meterlas en la mochila. Salí con rapidez del aula, seguida por mis otros compañeros. Cuando salí al patio exterior, divisé a los lejos aparcada en la acera de enfrente el vehículo de mi hermano Tom. Tenía las gafas de sol puestas y estaba fumándose un cigarrillo. Lo veía bastante nervioso. Caminé con decisión hacia el coche, para abrir la puerta del copiloto y ocupar el asiento.
—Hola Tomi —le saludé para romper el silencio que había en interior del coche.
—¿Por qué le has dicho a Bill lo nuestro? —me preguntó recriminándome.
—No tuve elección —respondí— Ya sabes que tu gemelo es muy persuasivo.
—Pudiste habérselo negado como lo haces siempre —me dijo con enfado.
—Y lo hice… pero nos escuchó en el baño teniendo sexo —le informé— Había demasiadas evidencias, Tom. Además, ya lo lleva sospechando desde hace tiempo.
—Tenemos que ser más cuidadosos a partir de ahora, no nos podemos dejar llevar por los impulsos —me advirtió mi hermano mayor— Sí seguimos así cavaremos nuestra propia tumba.
—Tomi… —susurré. Mi hermano me miró. Pude notar su mirada penetrante a través de sus lentes oscuras— Tengo miedo…
—Yo también estoy asustado, Naia —me dijo mi hermano.
Arrancó el coche para luego comenzar a conducir hacia la zona donde tenía su apartamento. Nos llevó unos veinte minutos llegar. Ahora mi hermano se encontraba aparcando su coche en la plaza de garaje que tenía en su edificio. Me sentía nerviosa y el corazón me latía deprisa. Sabía perfectamente que más tarde se confirmaría mis peores temores, aunque me gustaría tener un hijo con mi hermano, pero no puedo evitar tener miedo. Miedo a las reacciones de todo el mundo.
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—Falta mucho… —me preguntó mi hermano desde fuera del baño.
—No… —respondí rápidamente— Ya queda poco.
Observaba con nerviosismo la prueba de embarazo que me había acabado de hacer. Mi vida pendía de esa maldita cosa, y por el momento parecía que no quería revelarme el resultado. Comencé a mordisquear mis uñas, no podía con los nervios.
—¿Ya está? —preguntó mi hermano nuevamente con impaciencia.
—Todavía no… —susurré.
—¿Por qué tiene que tardar tanto? —preguntó de nuevo.
—Solo hace unos minutos que me la he hecho —le respondí.
—Aun así, se está tardando demasiado —me dijo nuevo.
—Eres un impaciente.
Volví a observar la prueba de embarazo para comprobar que ahora se dibujaban dos líneas rosadas paralelas. Mis ojos comenzaron a humedecerse. Sí estaba embarazada, y mi madre me iba a matar. Me levanté del retrete donde me encontraba sentada, para dirigirme hacia la puerta y abrirla e ir junto a mi hermano. Él se encontraba apoyado sobre la pared de enfrente, con los brazos cruzados en una actitud de impaciencia y nerviosismo. Me miró.
—¿Cuál es el resultado? —me preguntó directamente por la expresión de mi cara.
—Ha dado positivo… —titubeé muerta de miedo— ¿Qué vamos a hacer Tomi?
—Ahora no lo sé… —me respondió a la vez que me abrazaba para calmar mis nervios— Lo más lógico sería ocultarlo hasta que empiece a notarse y después ya veremos lo que hacemos.
—Mamá me va a matar… —musité.
—Juntos lo lograremos, mi pequeña —me dijo con dulzura a la vez que apoyaba su mano sobre mi vientre todavía plano— Me siento feliz de haber formado una pequeña vida contigo.
—Te quiero… —besé sus labios en un beso rápido.
&
Ya había pasado un mes desde que aquella pequeña noticia. Mi hermano y yo seguimos llevando nuestra vida normal con la diferencia de que ahora Bill sabía lo de nuestra relación. Estábamos a principios de febrero pronto sería el día de los enamorados, y que quería celebrarlo con mi hermano como una pareja más de enamorados. La escuela se me estaba haciendo, un poco, cuesta arriba por las diversas pruebas que nos hacían constantemente para ver nuestros avances educativos. Mi relación con Amy no había mejorado a pesar de los diversos acercamientos de ella, pero yo no la iba a perdonar fácilmente. Me había hecho mucho daño.
El timbre sonó ruidosamente. Las clases habían acabado así que, como todos mis compañeros, comencé a guardar mis cosas dentro del interior de mi mochila. Minutos después salí del aula y caminé por el largo pasillo hasta llegar a las escaleras que daban al piso inferior. Observé de lejos como Amy se iba con Erika, ambas caminaban por el patio exterior del colegio para minutos después acceder a la calle. Caminé con lentitud por el patio, hasta que finalmente salí de la escuela. En la otra acera divisé el coche de mi hermano.
—Hola… —susurré cerrando la puerta del copiloto tras de mí.
—Hola princesa —me dijo mi hermano mirándome fijamente— ¿Te encuentras bien?
—Ando con el estómago un poco revuelto —confesé.
—Eso es normal en los primeros meses —me respondió a la vez que posaba su mano sobre mi vientre.
—Lo sé…
—Sabes… he estado pensando mucho en esto —volvió a decir mi hermano Tom. Lo viré con extrañeza.
—¿Qué has pensado? —le pregunté titubeando. Por un momento sentí miedo de que me sugiriera que me deshiciera de nuestro bebé.
—Creo que ya va siendo hora de que vayas a hacerte una revisión —me respondió mi hermano. En mi interior respiré tranquila— Hay que ver cómo sigue nuestro bultito…
—¡¿Bultito…?! —le pregunté de forma divertida— Ahora a nuestro hijo le llamas Bultito.
—Mientras no sepamos el sexo, se llamará así —me dijo mi hermano de forma convincente.
—Está bien… —sonreí de nuevo.
—¿Te parece bien que pida cita para mañana? —me preguntó de mi nuevo mi hermano.
—Ajá… —emití un pequeño sonido con mi boca a modo de respuesta. A la vez que movía mi cabeza automáticamente, como un robot.
—Cariño, no tengas miedo. Piensa que será por el bien de nuestro futuro hijo —me dijo al verme con cara de preocupación.
—No es eso… —musité— Solo que tengo miedo de que hable con mamá… Todavía soy menor…
—Confía en mí… —me dijo— Al lugar donde te voy a llevar es un sitio de confianza… —arqueé la ceja al escuchar eso. Cuando se refería a sitio de confianza era porque había llevado a otras chicas ahí. ¿Mi hermano había dejado embarazadas a otras chicas? — ¿Por qué pones esa cara?
—¿A ese sitio has llevado a otras chicas? —pregunté en un titubeo. Los ojos querían humedecerse de nuevo. Realmente estaba muy sensible.
—No… estás pensando que dejé embarazadas a otras chicas —me dijo dolido— De verdad, Naia que poco me conoces. Sabes de sobra que siempre he utilizado protección.
—Conmigo nunca has utilizado… —susurré.
—Porque tú eres la excepción de las excepciones. No sé diablos me pasa cuando estoy contigo, que vuelves loco y eso hace que me olvide de tomar precauciones —me dijo— No veas lo caliente que me pones al verte y eso hace que se me nuble el entendimiento.
—¿Entonces porque sabes que ese sitio es de confianza? —le pregunté nuevo mientras que me cruzaba de brazos y lo miraba con una ceja alzada.
—Muy fácil… Es el ginecólogo de las chicas del staff de Tokio Hotel —me respondió— No sé si lo sabes, pero todo el staff acude a una clínica determinada por el seguro médico que tienen. ¿No creo que tengan problema en revisarte?
—Pero seguro que después va diciéndolo por ahí, y todo el mundo se enterará. Vuestras fans… Mamá… —dije asustada.
—No dirá nada —me volvió a decir con vehemencia.
—Está bien…
Arrancó el coche. Las calles estaban medias vacías. La jornada laboral ya había acabado al igual que la escolar. El viaje a casa se había hecho en silencio. Minutos después mi hermano metía el coche dentro del garaje. Abrí la puerta del coche para dirigirme con rapidez hacia el interior de casa.
—Hola Bill… —se encontraba viendo la televisión en el salón.
—Hola enana… —me respondió sin apartar los ojos de la televisión— ¿Y Tom?
—Cerrando el coche —le respondí para luego dirigirme hacia las escaleras y subir a mi habitación a dejar la mochila.
El resto de la noche pasó normal. Mamá había preparado canelones rellenos de verduras, como mis hermanos eran vegetarianos tenía que preparar platos de comida que ellos pudieran comer. Después de acabar de cenar, me fui a mi habitación. Tenía que hacer un poco de tarea para el día siguiente, aparte de leerme un capítulo de un libro de inglés que nos habían mandado leer en clase y mañana lo comentaríamos. Después de llevar cerca de dos horas haciendo mis tareas, la boca se me empezó a abrir por el cansancio así que decidí que ya hora de irme a dormir. El sonido insistente del despertador me recordó que eran las siete de la mañana y debería de levantarme para comenzar a prepararme si es que no quería llegar tarde a la escuela. Hoy era viernes, con lo cual, no tendría clase por la tarde y eso requería entrar un poco antes para compensar las horas con los otros días anteriores. Me estiré con energía en mi cama para espabilarme, por suerte no tenía ningún síntoma de malestar o de náuseas. Mi pequeño bultito estaba tranquilo. Salí de mi habitación para entrar en el baño y darme una ducha rápida sin lavarme el cabello, ya que el día anterior me lo había lavado. Diez minutos después salía del baño camino a mi habitación. Mis hermanos todavía no se habían levantado. Entré en mi habitación, para luego secarme bien el cuerpo con la toalla y ponerme mi ropa interior. Seguidamente me puse el uniforme. Volví a salir de mi habitación para dirigirme al baño, pero esta vez para peinar mi larga melena. Entré por última vez a mi habitación, para coger mi mochila y mi ropa de abrigo. Caminé por el pasillo hasta las escaleras.
—Buenos días, mamá —le dije a mi madre entrando por la puerta de la cocina. Ella ya se encontraba preparando el desayuno.
—Buenos días, hija —me respondió a la vez que ponía unas cuantas tostadas recién hechas en un plato, para luego ponerlo en la mesa. Yo me senté en mi silla— ¿Qué tal has dormido?
—Bien, he dormido como un lirón —le respondí.
—Tienes cara de cansada —dijo mi madre a la vez que me analizaba.
—Pues he descansado bien —le respondí de nuevo. El temor se apoderó de mi cuerpo al pensar que mi madre pudiera haberse dado cuenta de mi situación. Al fin y al cabo, ella había tenido dos embarazos— Igual será por las tareas y lo que me están exigiendo estos días en clase.
—Puede ser… —susurró mi madre.
Comencé a desayunar tranquilamente. Mi madre y yo nos habíamos quedado en silencio, un silencio que a veces era demasiado incómodo y cortante. Cuando ya estaba casi acabando de desayunar mis hermanos hicieron acto de presencia en la cocina. Cada uno se sirvió en su taza café bien cargado, seguramente querían despejarse más rápido antes de empezar su jornada laboral en el estudio de grabación.
—Bueno, yo creo que me voy a ir ya… —informé a mi madre— Sino llegaré tarde a la escuela.
—Si quieres te acercó yo en mi coche —me dijo mi hermano Tom.
—No hace falta… —le respondí— Prefiero ir caminando hoy…
—Está bien —me dijo mi hermano sin insistir más. La verdad es que prefería irme caminando sola para poder perderme en mis propios pensamientos y así poder pensar en todo lo que se me iba a venir encima.
Me puse mi abrigo, para luego colgar mi mochila a mi espalda. Salí de la cocina, para luego abrir la puerta de casa y salir al exterior. El aire frío golpeó mi cara, haciendo que me encogiera por el frío que hacía. Comencé a caminar en silencio hacia mi escuela. Cuando pasé por la casa de Amy, me encontré que Erika estaba esperando por mi ex amiga. Seguí caminando sin apenas pararme a mirar. Minutos después, ambas me alcanzaban. Al parecer tenía el paso más apurado que el mío. Pasaron de largo, para luego perderse en lo largo de la calle. Cuando llegué a la escuela, el patio interior ya estaba bastante lleno de otros alumnos esperando a que sonará el timbre que anunciaba que cada uno debía de ir a su aula correspondiente.
Cuando sonó el timbre todos empezaron a dirigirse hacia la entrada del gran edificio a tropel. Incluso alguien que paso al lado mía, me empujó sin querer haciendo que perdiera el equilibrio y me cayera al suelo. Me levanté rápidamente, sentí como la rodilla me escocía así que debía de tener una raspadura. Caminé hacia el interior del edificio, los pasillos ya se estaban quedando medios vacíos. Minutos antes de que llegara a mi aula el timbre sonó de nuevo, dando aviso de que las clases ya habían comenzado. La puerta de mi aula estaba cerrada. La profesora de inglés llegó antes. Golpeé suavemente la puerta para luego asomarme. Los ojos de mis compañeros se posaron en mí al igual que la profesora.
—Puede entrar señorita Kaulitz pero procure no llegar tarde la próxima vez —me dijo la profesora de inglés.
—No se preocupe, no volveré a llegar tarde —le respondí a la profesora.
Entré en el interior del aula para luego cerrar la puerta tras de mí. Caminé hacia mi pupitre en donde apoyé mi mochila y después me saqué mi abrigo. Me senté en mi asiento para luego sacar el libro de inglés, la libreta, el estuche y el libro de lectura de mi mochila. La profesora comenzó la clase. Nos hizo preguntas sobre el capítulo del libro que nos había mandado leer para ver si realmente habíamos comprendido lo que nos había mandado leer. Después de la clase de inglés vinieron otras tantas más y deseaba con toda mi alma que la hora del recreo llegase y así poder descansar mi cerebro que ya echaba humo de tanto trabajar. Sonó el timbre del recreo y todos salimos rápidamente del aula. Una vez en el patio, me senté en un banco. No tenía con quien hablar y mis demás compañeros tampoco hacían el esfuerzo de entablar conversación conmigo, así que me había vuelto una solitaria. Mi móvil vibró en el bolsillo de mi abrigo. Lo saqué y observé que tenía un mensaje de mi hermano. Lo abrí.
“He llamado y me han dado vez para las cinco de la tarde”
“Está bien…”
Continúa…
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