Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 95

By Tom

Los nervios me estaban matando y no podía concentrarme en la edición de una canción. Llevaba cerca de una hora en el estudio de grabación con mi hermano, pero no podía sacarme de la cabeza mi futura paternidad. Al ser un personaje público, mi persona estaba en el punto de mira de todos, aunque la que estuviera embarazada fuera mi hermana pequeña, se formaría un doble escándalo porque hemos estado ocultando desde hace tiempo la existencia de nuestra hermana. Dejé de hacer clics en la canción que estaba editando.

—¿Qué te ocurre? —me preguntó mi gemelo.

—Nada —respondí tratando de ocultar mi nerviosismo.

—No me mientas porque sé que algo te ocurre —me dijo nuevamente Bill— Soy tu gemelo y noto cuando algo te pasa. No te olvides de nuestra conexión.

—No me pasa nada —le dije de nuevo.

Me volví a concentrar de nuevo en el ordenador. De vez en cuando visualizaba el pequeño reloj digital que poseía la pantalla. Parecía que el tiempo pasaba muy despacio, como queriéndome torturar. No sé cómo acabaría a lo largo de la tarde, me sentí demasiado impaciente, demasiado inquieto. Tenía que saber lo que le había dicho el ginecólogo a mi hermana, pero supongo que todavía no había salido de su cita médica. Media hora después, estaba apagando el ordenador portátil. Me levanté con sigilo bajo la atenta mirada de mi gemelo, que me miraba con confusión.

—¿A dónde vas? —me preguntó al ver que me dirigía hacia la puerta para salir del estudio.

—Tengo que ir a hacer un recado —le dije sin pararme mucho en darle una explicación convincente.

Salí apresuradamente del estudio, sin dejar que mi hermano dijera algo. Monté en mi coche, para luego marcharme de allí pisando fuertemente el acelerador. Encendí un cigarrillo para calmarme un poco, por ahora era lo único que podía acceder en ese momento. Cogí mi móvil y tecleé el número de teléfono de mi hermana. Sonó varias veces dando señal. ¿Por qué no me cogía el maldito teléfono? Estaba enloqueciendo de los nervios.

—Dime —su voz sonó a través de mi teléfono móvil. Notaba su voz fría y distante.

—¿Ya saliste de la consulta? —le pregunté sin miramientos.

—Sí —me respondió de forma seca.

—¿En dónde estás? —le pregunté de nuevo.

—En la parada de autobús que hay cerca de la clínica.

—Ahora te paso a recoger —le dije colgando el teléfono sin dejar que hablara.

Seguí conduciendo hasta que llegué a la calle, que estaba paralela a la calle donde se encontraba la clínica. Giré a la derecha para incorporarme a esa calle. A lo lejos puede divisar la figura de mi hermana de pie cerca de la marquesina de la parada de autobús. Conduje hasta allí, parándome cerca de ella. Bajé la ventanilla del coche para dirigirme a mi hermana.

—Sube —le ordené. Ella me miró con mala cara. ¿Qué coño le había hecho para que me dedicara esa mala mirada hacia mi persona? No se movió ni un ápice y pronto yo perdería la paciencia. “Vamos a contar hasta diez, Tom”, me dije mentalmente— ¡A qué esperas a subir! —le dije levantado un poco la voz más de lo normal. Enseguida pude ver su efecto en mi hermana. Su cuerpo tembló por completo al escucharme. ¿Por qué mi pequeña me tiene miedo? No debe temerme, solamente no debe hacerme perder mi paciencia. Ella reaccionó para abrir la puerta del coche y sentarse en el asiento que estaba al lado de mío. Se colocó el cinturón de seguridad— ¿Qué te ha dicho el ginecólogo? —le pregunté con cierto nerviosismo— ¿Todo bien? —susurré.

—Hubieras venido para saberlo —me dijo completamente molesta, eso hizo que me cabreará un poco, porque no me gusta que me hagan perder mi paciencia.

—Naia no me toques los cojones —le dije con el ceño fruncido— ¿Cómo está mi hijo? —inquirí de nuevo.

—Ahora te preocupas de él, sin embargo, me dejaste sola en la cita de ginecólogo —me dijo de nuevo. O sea que mi pequeña estaba molesta conmigo porque no le acompañé al ginecólogo.

—Ya te lo dije antes en casa… —le dije exhalando profundamente. A veces mi hermana era dura de entendederas— A veces resultas demasiado cansina.

—Pues que sepas que no tendrás que hacerte responsable del bebé, puedes quedarte tranquilo —me dijo. La miré confundido.

—¿Qué ha pasado? —pregunté alarmado. Pasándoseme por mi cabeza cualquier tipo de percance que hubiera sufrido mi hermana— ¿Has perdido al bebé? —pregunté apretando fuertemente mi mandíbula— No has sido capaz de protegerlo, que lo has tenido que perder —le dije con rabia contenida, al fin y al cabo, ya me había hecho la idea de que iba a ser padre.

—No tienes derecho a reclamarme nada —me dijo dolida— No tienes ni idea en la situación de nervios que he vivido estos días, todo por culpa tuya —mi hermana hizo un parón para coger aire— Si no tuvieras la afición de meterte entre mis piernas cada dos por tres, está situación no hubiera ocurrido —esto era increíble. Me estaba reclamando por tener sexo, cuando era ella quien estaba calentándome cada dos por tres.

—Vamos, no me vengas de que ahora eres una niña dulce y casta —le dije en plan irónico. Bien sabíamos que ella no era una niña buena. Eso quedó atrás hace tiempo— Si bien que disfrutaste cuando te la metí. En ningún momento me dijiste que parará, siempre me decías que querías más.

—Vete a la mierda…

—¿Me vas a decir de una vez como está mi hijo? —le voy a insistir.

—No hay bebé… —susurró. Los músculos de mi cara se me tensaron— Nunca lo hubo… —volvió a decir. ¿A qué se refería con eso? ¿Era una falsa alarma? — Todo fue psicológico.

—¿Es una broma? —le pregunté incrédulo. Ella movió su cabeza en gesto de negación— La hostia… No me jodas que has tenido un embarazo psicológico —según había escuchado algunas veces en mujeres con grandes deseos de ser madres, este episodio psicológico podía ocurrir.

—No te rías de mí, capullo —me miró con enfado— La doctora me dijo que a veces sucede en mujeres jóvenes al sentir temor de quedarse embarazadas.

—¿Te ha recetado algo? —le pregunté curioso.

—No… —susurró. La miré desconcertado— Ha dicho que los síntomas irán desapareciendo.

—Las mujeres sois demasiado complicadas —le dije— Os estresáis por todo.

—Eres un insensible —me respondió molesta— A partir de ahora si quieres estar conmigo tendrás que usar protección.

—¿Lo dices enserio? —le pregunté con cierta molestia.

—O eso, o no me abro de piernas más contigo —me dijo de manera amenazante— No quiero correr el riesgo de una nueva falsa alarma.

—Como tú digas —le dije de forma calmada. Bien sabía que pronto estaría de nuevo entre sus piernas. Es cuestión de la lujuria y el desenfreno. No se puede controlar— De todas formas, siempre seré capaz de hacerte caer de nuevo en la tentación —le dije a la vez que ponía una sonrisa malévola. Conocía demasiado bien a mi hermana y sabía perfectamente que ella no podía resistirse a mis encantos de seducción. Ella se quedó callada pero la mirada que me dedicó no fue para nada amistosa.

—Será mejor que regresemos a casa… —me dijo sin más.

Prendí el motor de coche nuevamente para luego acelerar. El tráfico era bastante denso en la carretera. Era viernes y eso significaba que la gente salía a cenar por ahí y de fiesta. Mi hermana se quedó callada durante todo el trayecto, aunque con la miraba pensativa viendo por la ventanilla del coche. Yo, en cambio no voy a negarlo, sentía como si me hubieran quitado un gran peso de encima. No es que no me hiciera ilusión ser padre, pero creo que este momento de mi vida profesional y privada no era el momento. Tendría que explicar muchas cosas que no son para nada racionales. Aparte que mi hermana era menor de edad y con ello se formaría un gran escándalo. El semáforo se puso en rojo, así que fui disminuyendo la velocidad de mi automóvil para ir parando. Miré a mi hermana. Ella seguía mirando por la ventana del coche con expresión pensativa y también de alivio. Creo que a ella también se le quitó un gran peso de encima. Sobre todo, librarse de la reacción de nuestros padres. Cuando nuestra madre se enfada mejor ponerse a resguardo. Tiene muy mala leche. Minutos después ya habíamos llegado a nuestra casa. Metí mi coche en el interior del garaje, segundos después mi hermana salió del coche como huyendo de mí. Me quedé unos segundos en mi coche pensado para luego salir de este y dirigirme a las pequeñas escaleras que comunicaba la casa con el garaje. Cuando llegué al salón nuestra madre se encontraba en este.

—Hola mamá —Naia saludó a nuestra madre que se encontraba viendo la televisión en ese momento.

—Hola hija —saludó nuestra madre apartando su mirada de la televisión— ¿Cómo es que venís juntos? —me preguntó mi madre al percatarse de mi presencia— ¿Hoy no te quedabas en el estudio de grabación hasta tarde? —me preguntó confundida. La verdad es que hoy si tenía que quedarme en el estudio de grabación hasta tarde, pero los nervios no me dejaban trabajar tranquilo.

—No, hoy no me quedaba —le respondí. Tendría que pensar una buena excusa para mi hermano Bill. Seguro que regresará cabreado a casa después del plantón que le di en el estudio de grabación— Cuando venía hacia casa me encontré con Naia, aproveché y la traje en coche —expliqué a mi madre.

—Oh vale… —dijo mi madre convencida por mi respuesta— Pensé que si te quedabas hoy…

—Voy a dejar mi mochila en mi habitación —dijo mi hermana. Minutos después desaparecía escaleras arriba.

Me quedé con mamá hablando mientras tanto. Minutos después cuando acabó el programa de televisión, se levantó del sofá y se dispuso a ir a la cocina para ir a preparar la cena. La acompañé hasta la cocina, donde me senté mientras que me bebía una cerveza. La necesitaba para liberar tensiones. Veinte minutos después, escuchamos como la puerta de casa se abría para luego cerrarse. Enseguida vimos a Bill entrar por la puerta de la cocina, sus ojos enfadados se posaron en mí en cuanto noto mi presencia.

—¿Dónde coño has estado? —me preguntó con enfado— Me has hecho perder toda la tarde.

—Bill… —susurré intentando atraer su atención.

—Dame una explicación convincente —me exigió mi gemelo— Me has dejado plantado en el estudio de grabación. Hoy íbamos a quedarnos hasta tarde trabajando en los nuevos demos de algunas canciones nuevas.

—Ahora no… Bill… —le dije haciéndole entender que nuestra madre se encontraba con nosotros en la cocina y no podía explicarle nada. Mi madre me miró confundida al escuchar a mi hermano Bill. Mi hermano había metido la pata hasta al fondo o mejor dicho yo…

—Está bien —dijo mi hermano— Pero después me vas a tener que dar una buena explicación para que no te pateé el culo.

Nuestra madre se puso a acabar de hacer la cena, mientras que Bill cogió otra cerveza de la nevera para beber conmigo. Media hora después la cena estaba lista, y nuestra madre comenzó a poner los platos en la mesa. Bill se puso a ayudarla mientras que yo permanecía sentado en la silla.

—Tom —llamó mi madre— Puedes ir a avisar a tu hermana de que la cena está lista.

—Está bien… —susurré para luego dirigirme hacia la puerta de la cocina y salir de esta. Suspiré hondamente al llegar al salón. Ahora tendría que lidiar con mi hermana, y su humor no era precisamente amigable. Comencé a subir las escaleras con lentitud, como intentando retrasar el momento en que tuviera que entrar en la habitación de mi hermana. Toqué a la puerta, pidiendo permiso.

—¿Quién es? —escuché la voz de mi hermana desde el interior de la habitación.

—Soy yo… —le dije abriendo un poco la puerta para dejar que viera mi cabeza— Mamá me ha mandado avisarte de que la cena está lista —le informé.

—Está bien ahora bajo —me respondió volviéndose a quedar en la misma posición, sin apenas moverse de su sitio.

Vi como bajó su cabeza y se puso a contemplar sus pies. La veía demasiado decaída y eso hizo que mi corazón se partiera. Cerré la puerta y entré en el interior de la habitación, para luego sentarme al lado de ella en la cama. Ni siquiera se percató de que me había sentado al lado suya.

—Naia… —susurré intentando atraer su atención. Respiré profundamente. Tenía que disculparme con mi hermana. Sé que no me había comportado con ella de la mejor forma, tendría que haberme puesto en su lugar y haberla comprendido mejor— Siento haberme comportado así de la forma que hice —le dije a la vez que pasaba mi brazo por encima de sus hombros. Noté como ella intentó separarse de mí— No quiero que estés enfadada conmigo. Sé que la ha cagado mogollón de veces contigo, pero me gustaría que las cosas volvieran a ser como antes.

—Te comportaste como un cretino, Tom —me respondió— Eres la persona más insensible que he conocido en mi vida.

—Tampoco te pases, que tengo también mi corazoncito —le dije.

—Pero, de todas formas, aunque eres un estúpido, un egocéntrico a pesar de todo eso, desgraciadamente te sigo queriendo y no veo mi vida sin ti —me dijo mirándome a los ojos— Y si intentará alejarme de ti, me moriría en el intento.

—Intentaré que las cosas sean como antes, pero no me odies más ni estés enfada más conmigo —le dije abrazándola fuertemente contra mi cuerpo— Eres mi todo. Te quiero…

Nuestros labios se juntaron tímidamente, para luego comenzar a besarnos fogosamente. El deseo se hacía más presente en nuestros cuerpos, pero no podíamos hacer que nuestra relación peligrará por un error nuestro. Me separé de ella.

—Será mejor que bajemos. Mamá se estará preocupando por nuestra tardanza —le dije. Me levanté de la cama para dirigirme hacia la puerta.

Pocos segundos después lo hizo mi hermana y ambos salimos de la habitación. Comenzamos a caminar por el pasillo hasta que llegamos a las escaleras, para luego bajarlas. Entramos en el interior de la cocina. Ya se encontraba Gordon sentado en su silla. Todos estaban esperando por nosotros para empezar a cenar.

—Pensé que tendría que ir a buscaros —dijo nuestra madre tan pronto como nos vio entrar en la cocina.

—Nos entretuvimos un poco hablando —le dije a mi madre excusándonos.

—Está bien —dijo nuestra madre finalmente— Será mejor que empecemos a cenar o la cena se enfriará.

Mi hermana y yo nos sentamos en nuestros asientos. Nuestra madre comenzó a servirnos la cena a cada uno en nuestro plato. Cuando acabamos de cenar, mi hermana se fue a su habitación mientras que Gordon y nuestra madre se quedaba en la cocina acabando de recoger la mesa. Yo subí a mi habitación también seguido de mi gemelo, aunque este no se metió en su habitación, sino que me siguió hasta mi cuarto.

—Ahora me vas a explicar porque demonios te fuiste así del estudio de grabación —me exigió mi hermano cerrando la puerta de mi habitación para evitar que nuestras voces fueran escuchadas por nuestros padres en el caso de que subieran a su habitación.

Continúa…

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por Heiligtkt483

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