Fic TOLL de Unicornlitz

Capítulo 22

El albornoz cae al suelo, baja la cremallera de mi bañador que se encuentra en mi espalda y lo desliza hacia abajo dejándome completamente desnudo sin soltar mi boca.

Pasea sus manos por mi cuerpo desnudo, me guía hasta la cama y hace que me siente a horcadas sobre sus piernas. Introduce un par de dedos en mi entrada penetrándome con ellos mientras acerca su boca a mi oreja mordiendo el lóbulo con suavidad —No tienes idea de cuánto te deseo, Billie— susurra con la voz ronca.

—Claro, tanto que ni siquiera venías a hacerme compañía por la noche— comento jadeando en el momento en que sus dedos salen de mi interior y los reemplaza por su polla, el glande se frota en círculos en mi entrada haciéndonos gemir a ambos. Su pene entra en mí y lo clava hasta el fondo —¡Oh, mierda!— jadeo nuevamente por la intromisión. Comienzo a moverme en busca de mi placer y, cuando veo que él jadea, añado: —Ya pensaba qué te habías olvidado de mí…

Mis caderas se mueven de adelante hacia atrás, y cuando el que jadea soy yo, mi tío se levanta de la cama, me acuesta sobre ella y, tumbándose sobre mí, me penetra profundamente.

—¿Como crees?— dice riendo roncamente —No vuelvas a pensar eso, pequeño— una embestida fuerte hace que su pene toque mi próstata y yo me arqueo cerrando mis ojos. Mi mente está completamente en blanco y estoy viendo las putas estrellas, maldición. —Mírame— me ordena. Lo miro y, mientras profundiza más y más, yo gimo suavemente para no hacer tanto escándalo, él dice: —Solo contigo me encanta hacer el amor así, no sabes cuánto te deseo, solo contigo disfruto de estos juegos, Billie bebé…

Calor…, fogosidad…, exaltación…

Mi tío me toma de las piernas para ponerlas sobre sus hombros, me empala contra él y me susurra cosas maravillosas y bonitas. Mejores que las que le dice a la bruja que tiene por novia, y yo, excitado, las disfruto tanto como lo que me hace. Durante varios minutos entra y sale de mí, fuerte…, rápido…, intenso. El choque de nuestras pieles, la viscosidad cuando su pene entra y sale de mí, nuestros gemidos, son los que se oyen en mi gran habitación.

—Dime qué amas esto tanto como yo— vuelve a hundirse en mi interior y me da un azote en espera a mi contestación. Yo lo miro. No le contesto y él vuelve a penetrarme mientras me agarra por los hombros para qué la embestida sea más atroz. —¡Dímelo, Bill!— exige exclamando en un susurro.

Sus caderas se retuercen antes de volver a lanzarse contra mí, y cuando me contraigo de placer, Tom me aprieta más contra él, y yo, enloquecido, murmuro: —Amo esto…, sí…, me encanta— una sonrisa burlona se dibuja en su rostro ante mis balbuceos.

Me coge por la cintura y me levanta, me está manejando a su antojo, ¡y me encanta! Me lleva contra la pared y, enardecido, me embiste con fuerza una y otra vez mientras yo enredo mis piernas en su cintura y me arqueo para recibirlo. Mis palabras lo avivan y me penetra de un solo movimiento. Mi boca se abre, sale un jadeo y escucho su ronco gemido; sí…, su posesión me aviva. Me aprieta contra la pared y gimo alto, en un grito que no puedo contener.

—Así…, ¿te gusta, amor?— la sensación que me provoca me hace gemir con fuerza mientras él se introduce más y más en mí —Vamos, bebé— musita en mi oído —Responde…

—M-me gusta…, sssí…, sigue y no pares— jadeo. Mi cuerpo electrizado y poseído por él, se mueve ante un nuevo embiste más profundo. Más implacable.

Mi respuesta le ha gustado, me lleva a la cama para ponerme en posición de perrito. Me sujeta con fuerza las caderas y se hunde una y otra vez en mí hasta que yo vuelvo a gritar; muevo mis caderas hacia atrás para autopenetrarme yo mismo mientras él sigue entrando y saliendo de mí. Un…, dos…, tres…, y me aprieta con fuerza con su erección y yo grito otra vez. Una…, dos…, tres…, y vuelve a hacerlo hasta que finalmente nuestro baile me hace correrme y él eyacula dentro de mí. Por unos segundos permanece dentro de mí, ambos temblando debido al riquísimo espasmo y luego sale lentamente y me acomoda en la cama.

Quedo boca arriba con mis piernas flexionadas, respirando agitadamente aturdido por el orgasmo. Fue demasiado intenso. Y me gustó.

—Me gusta cuando te hago mío, ¿sabes?— susurra mientras deja besos en mi hombro y me abraza apegándome a su sudoroso cuerpo —Ahora dime porque estabas enojado conmigo…

—¿Eso importa?— pregunto mirándole fijamente a los ojos.

—Sí, claro que importa— insiste mi tío, inclinándose un poco hacia mí —Quiero saber qué te pasa, bebé…

Hago un pequeño puchero y bajo la mirada, jugando con la sábana entre mis dedos. No quiero decirlo. No quiero parecer infantil o estúpido —No es nada, solo… últimamente no me prestabas mucha atención— murmuro con voz suave, no quiero que mi tío me escuche del todo pero sí lo ha hecho.

Arquea una ceja —¿Cómo que no te prestaba atención?

Me remuevo incómodo —No sé… desde que arreglaste tus cosas con tu novia es como si te hubieses olvidado de mí— mi tío me observa por un momento, analizando mis palabras y una sonrisa apenas perceptible aparece en sus labios.

—No sabía que me extrañabas tanto— dice en un tono juguetón que me hace enojar, joder, estoy hablando en serio.

Frunzo el ceño y le doy un suave empujón en el pecho, me siento ofendido —No es eso, Tom. Solo lo noté, ya está.

Tom atrapa mi muñeca antes de que pueda alejarme y tira suavemente de mi, haciendo que yo acabe pegado a su cuerpo. —Lo siento— susurra contra mi cabello —No era mi intención hacerte sentir así— no le respondo, pero me quedo quieto en sus brazos, lo que para mi tío parecía ser más que suficiente.

Me besa. Un calor suave me recorre desde el pecho hasta la punta de los dedos, un cosquilleo dulce que me eriza la piel. Cierro los ojos y me dejo llevar, entregándome a la sensación de sus labios encajando con los míos, moviéndose con una lentitud que me hace estremecer. El beso es pausado, como si quisiera saborearlo, como si no hubiera prisa. Su aliento se mezcla con el mío, cálido y tentador, y siento el leve temblor en mis propias manos cuando las deslizo sobre su nuca.

Suspiro contra sus labios, ahora me doy cuenta de lo maravilloso que es llamarlo por su nombre olvidando que es mi tío, joder.

&

El árbol ya está casi listo, pero aún queda mucho por hacer. Mamá y mis tías están luchando con un enredo infernal de luces en un rincón de la sala, murmurando entre ellas mientras intentan deshacer el desastre. Yo, mientras tanto, acabo de colocar la última estrella en una de las ramas más altas y bajo de la escalera con un suspiro de alivio.

—Dios, esto cansa más de lo que parece— murmuro, quitándome el gorrito de Navidad para abanicarme un poco.

Me dejo caer en el sofá junto a mi tío Tom, que lleva su propio gorro torcido y parece cómodamente instalado, observando todo con aire entretenido. Me estiro un poco y cierro los ojos unos segundos, disfrutando del descanso.

Fue entonces cuando siento que Tom se inclina ligeramente hacia mí.

—No podía dejar de mirarte ahí arriba con esa carita tan concentrada… me dieron tremendas ganas de cogerte justo contra el árbol.

Sonrío ligeramente, divertido —Me habría encantado pero… no estamos solitos, por desgracia— le digo.

Mi tío se encoge de hombros con una sonrisa ladina y se acerca un poco más —Uhg, tendremos algún momento, ya verás… Imagínate, tú contra el árbol mientras te follo con fuerza y escuchamos al fondo los villancicos sonar…

Siento un golpe de calor recorrerme de la cabeza a los pies. Me atraganto con mi propia saliva y disimulo carraspeando, lanzándole una mirada libidinosa. Él sonríe aún más.

—Mírate, estás agotadito— continua él, con voz baja y provocativa —Seguro que te vendría bien un buen masaje… o algo mejor.

Me paso la mano por la cara, sintiendo el ardor en mis mejillas. —No sigas tío, me estás poniendo mal…

Tom se inclina un poco más, tan cerca que su aliento cálido roza mi piel. —Y a ti te encanta— nuestros labios están por rozarse y justo en ese momento, mamá vuelve de su lucha con las luces.

—Chicos, necesitamos ayuda con esto— dijo, sin percatarse de la cercanía entre mi tío y yo. Salto del sofá en un segundo.

—¡Voy!— exclamo demasiado rápido, alejándome de Tom antes de que pudiera decir otra de sus malditas insinuaciones y que me ponga más cachondo de lo que ya estoy. Mierda, ahora soy yo quién está siendo provocado y me encanta que tenga la iniciativa, es lo que esperaba desde el inicio.

Pero al dar la vuelta, vi su sonrisa burlona, y supe que no iba a dejarme en paz tan fácilmente y eso lejos de molestarme me cachondea más.

—¿Cómo va eso?— pregunto en cuanto me acerco a ellas, tomando un extremo de la guirnalda de luces para ayudar.

—Como siempre, un desastre— resopla mamá —No sé cómo, pero cada año las guardamos con cuidado y, aun así, terminan hechas un nudo imposible.

—Tal vez las luces tienen vida propia y se enredan solas en la caja— bromea mi tía Nickole.

—O tal vez a alguien se le ocurrió meterlas todas de golpe en vez de enrollarlas bien— añade mi tía Tamara con una mirada acusadora.

—¡Yo no fui!— dijimos los tres, mis tías y yo, al mismo tiempo, mirándonos unos a otros mientras mamá negaba con la cabeza, divertida. Justo entonces, Tom se levanta del sofá y se acerca con esa sonrisa despreocupada suya.

—¿Problemas técnicos?— pregunta divertido.

—Solo el caos navideño de siempre— le responde mamá —Ya que estás aquí, ayuda a Bill a rodear el árbol con las luces.

Sentí un escalofrío recorrerme. Joder.

—Claro— responde mi tío, tomando parte de la guirnalda —Vamos, Billie.

Me trago un suspiro y tomo la otra punta, acercándome al árbol. Empezamos a envolverlo con las luces, pasando por las ramas con cuidado. Todo iba bien… el árbol es lo suficientemente grande, ancho y nos ocultaba a ambos. Mi tío aprovecha que le doy la espalda y me toma de la cintura.

—Hay que asegurarnos de que las luces queden bien apretadas— susurra en mi oído —para que se vean mejor.

Lo miro de reojo, sintiendo sus manos colarse debajo de mí camisa. Su tacto frío me hace jadear y carajo, contengo un gemido en cuanto siento su mano meterse entre mis pantalones para tomar mi miembro y comenzar a masturbarme, cosa que me preocupó. ¿Que tal si alguien se acercaba? El árbol es grande y ancho y nos oculta, sí, pero, ¿Que tal si alguna de mis tías o mamá se acerca con al intención de ayudarnos con las luces y nos encuentran así?

Las chicas de limpieza ya se habían ido a sus casas pero, no deja de ser peligroso. Sin embargo, me fascina.

—Mira como te mojas con tan solo un par de toquecitos— dice y siento como comienza a jalar mi polla con más rapidez, pasando el pulgar por el glande y haciendo presión. Me dolía de una forma exquisita —Dios…

—Mhmm…— gimo bajito, muy bajito.

Pero entonces mi tío lleva una de sus manos a mi boca y así amortigua mis gemidos. Disfruto de sus toques, de cómo me masturba y hace que mis piernas flaqueen por la sensación de placer abrumadora que me embarga. Mi pene está caliente. Me encanta como se siente.

—Mhgmm…— gimo contra su mano de forma suave, la música navideña que mamá escucha hace que no se escuchen. Sin embargo, no podía darme el lujo de gritar por mucho que quisiera —Oghmm…— cierro mis ojos y pego mi trasero contra su entrepierna, dios mío, que delicia.

Siento como el líquido escurre de mi miembro en cuanto alcanzo el orgasmo con un jadeo ahogado que me hace virar los ojos. El descenso delicioso que le sigue al orgasmo, después mi miembro queda débil, mi cuerpo está tembloroso. Quita su mano de mi boca y saca su mano de entre mis pantalones, mojada por mi semen baboso, toca la yema de sus dedos y las separa haciendo que una leve y delgada linea se mi semen se estire. Yo solo lo miro con la excitación presente en mis ojos, mierda. Lame sus dedos y eso hace que sienta calambres en mi entrepierna.

—Vas a tener un buen regalo de navidad si te portas bien en estos días— susurra.

—¿U-un regalo…?— repito entre risitas —¿Que vas a darme?

—Ya verás…

Continúa…

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

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