
Fic TOLL de Unicornlitz
Capítulo 24
Ahogo un grito y me tumbo en la cama, hundiendo la cara en las almohadas. Mi madre acaba de condenarme a la peor semana de mi vida y no puedo hacer nada al respecto. Estoy tan cabreado que siento que si sigo discutiendo, voy a estallar. ¡Esto es una pesadilla! Tendré que aguantar a esa gente durante una semana entera, escuchando sus comentarios, su forma de hablar tan exagerada y sus preguntas absurdas sobre la ciudad. Como si estuviéramos en otro planeta.
Suelto un gruñido y me paso las manos por la cara, frustrado. No sé cuánto tiempo llevo así, pero cuando escucho que alguien golpea la puerta, sé al instante quién es.
—¿Qué?— respondo con desgana, sin moverme.
La puerta se abre y mi tío Tom asoma la cabeza, apoyándose en el marco con su típica expresión relajada. —Vaya humor, nene— dice en tono burlón —¿Te han castigado otra vez o qué?
Ruedo los ojos y me giro para verlo, cruzando los brazos sobre el pecho. —No, peor, tío— hago un pucherito —Me han condenado a una semana de tortura— murmuro —Mamá ha invitado a los pesados de tus sobrinitos y a tus insoportables hermanastros a pasar la Navidad aquí.
Mi tío Tom suelta una carcajada. —¿En serio? ¿Viene toda la tropa para acá?— pregunta.
—¡Sí!— me incorporo de golpe con la sábana cubriendo mi cuerpo —¿Te imaginas tener que aguantar sus comentarios raros y sus costumbres? Dios, solo de pensarlo me dan ganas de tirarme por la ventana.
Tom camina hasta mi cama y se sienta en el borde, mirándome divertido. —Vamos, no puede ser tan malo, Billie. Son tus primos y…
—¡Es peor de lo que crees!— me quejo, dejándome caer de espaldas otra vez —Harán preguntas ridículas sobre la ciudad, se meterán en mi vida, dirán cosas vergonzosas y mamá quiere que los lleve a pasear como si fuera su maldito guía turístico.
Mi tío Tom se ríe bajo, disfrutando de mi miseria. —Vamos, bonito. Eres un niño grande, puedes sobrevivir una semana.
—¿Y si no? Yo no los aguanto, tío. Te juro que ¡ah! Se me va a caer el pelo— dramatizo —Sabine también vendrá, ¡es terrible! Ella no me soporta y es mutuo; no tengo culpa de que por intentar matar a la esposa del hombre con el que estuvo cinco años se haya quedado no solo sin su papel de amante sino, soltera, con hijos, y inválida.
Resoplo y me paso la mano por el cabello, intentando calmarme.
—Solo quiero que esto pase rápido… y que nadie me haga quedar en ridículo.
—Intenta aguantar y te daré otro premio más…
—¿Otro? ¿Serían dos regalitos para Navidad?— mi tío Tom sonríe y asiente. —¿Me darás una pista?
—No.
No me da tiempo de preguntar nada más antes de que sus labios rocen los míos en un beso lento, casi como una promesa. Sus manos se apoyan en mi cintura desnuda, acercándome a él mientras mi corazón da un vuelco. Lo miro con los ojos entrecerrados, sintiendo todavía el cosquilleo de su beso en mis labios. Tom sonríe con esa expresión que siempre me pone nervioso, esa que es pura confianza y picardía a la vez.
Sin pensarlo demasiado, me inclino de nuevo y lo beso, esta vez con más intensidad. Mi tío Tom no tarda en responder, profundizando el beso mientras sus manos se deslizan lentamente por mi cintura. Siento un calor que empieza a extenderse por mi cuerpo y me acomodo mejor sobre la cama, pero no es suficiente. Con un movimiento decidido, me subo sobre sus piernas, acomodándome a horcajadas sobre él. Mi tío suelta un leve suspiro contra mis labios y sus manos se aferran a mis caderas.
Empiezo a moverme lentamente, provocándolo, disfrutando la sensación de tenerlo debajo de mí. Tom desliza una mano por mi espalda, acercándome aún más, mientras su otra mano se aferra con firmeza a mi cintura.
Nuestros labios siguen encontrándose en besos cada vez más intensos, nuestras respiraciones entrecortadas llenando la habitación. La temperatura entre nosotros sigue subiendo y una corriente eléctrica recorre mi piel cuando Tom baja sus labios a mi cuello, dejando un leve mordisco que me hace estremecer. Mis manos se enredan en su cabello y sonrío contra su boca.
Al separarnos por falta de aire, sus ojos descienden lentamente por mi cuerpo expuesto. Lo veo tragar saliva, apretando la mandíbula. —Sigues sin pudor, ¿eh?— murmura con diversión, aunque su voz suena tensa. ¡Ah, se ha puesto cachondo!
Sonrío de lado, deslizándome de sus piernas lentamente hasta quedar sobre la cama para ponerme boca arriba, abrir mis piernas, dejando que la luz de mi habitación resalte cada curva de mi piel, mostrándome dispuesto a él —No te hagas el sorprendido— respondo con voz ronca —Sabes que me gusta provocarte…
Sus ojos se oscurecen. Puedo ver cómo sus dedos se crispan alrededor de su camisa, luchando contra la tentación. Pero yo no voy a dejarle escapar tan fácil.
—Ven aquí— susurro, alzando una mano hacia él.
Tom deja escapar un suspiro, como si supiera que va a perder esta batalla antes de empezar. Gatea hacia mi lentamente, su silueta imponente haciéndome contener la respiración. Cuando se inclina sobre mí, su cuerpo proyecta una sombra sobre el mío, cubriéndome con su calor. —Eres un problema, Billie— murmura cerca de mis labios, su aliento cálido chocando contra mi piel.
Mis dedos se deslizan por su abdomen, sintiendo la firmeza de sus músculos. Lo atraigo hacia mí sin dudar, rozando nuestras bocas en un beso lento y provocador. Sus labios son duros, exigentes, pero yo disfruto jugar con él, morder apenas, lamer su lengua con la mía hasta que gruñe, perdiendo el control. En un movimiento brusco, me gira sobre la cama dejándome boca abajo y se posiciona entre mis piernas, su cuerpo cálido y pesado presionándome contra el colchón.
Mi piel arde bajo su contacto, cada roce envía un escalofrío de placer por mi espalda. Echa mi pelo a un lado —Dime que me deseas, Billie bebé— susurra contra mi cuello, su voz grave y rasposa.
Sonrió, arqueándome bajo él, provocándolo aún más —Siempre.
Tom no pierde el tiempo. Sus labios descienden por mi cuello, mordiendo con una mezcla de deseo y desesperación. Su lengua deja un rastro húmedo hasta mi espalda, mientras sus manos fuertes recorren mi cuerpo con una avidez que me hace temblar.
—No sabes lo que me haces…— murmura contra mi piel, su voz grave, cargada de lujuria.
Sonrío con suficiencia, disfrutando del control que tengo sobre él. Me aferro a las sábanas, sintiendo la tensión en sus músculos, la forma en que su cuerpo se mueve sobre el mío, rozándome, provocándome. Quiero alzarme, flexionar mis rodillas y ponerme en cuatro de una puta vez pero él no me lo permite.
—Muero por hacerte mío una vez más…
—Ohm… hazlo, por favor…
Tom gruñe y de un solo movimiento se deshace de su ropa, dejando su cuerpo expuesto. Siempre me ha fascinado verlo así: fuerte, varonil, con cada línea de su cuerpo marcada a la perfección. Quiero pasar las manos por su pecho, sentir su piel arder bajo mis dedos. Pero no podía hasta que, me toma de la cintura y me da la vuelta volviendo a dejarme boca arriba. Su boca vuelve a la mía con hambre, devorándome en un beso que me deja sin aliento. Su lengua se entrelaza con la mía en un juego sensual, succionando, explorando, haciéndome gemir contra sus labios.
Cuando sus manos descienden lentamente por mi torso, mi cuerpo se estremece de anticipación. Sabe exactamente cómo tocarme, cómo encender cada parte de mí hasta que lo único que queda es el deseo puro. Mi espalda se arquea al sentirlo deslizarse entre mis piernas, su piel contra la mía, el roce perfecto que nos hace perder la cabeza. Sus caderas se mueven lentamente, frotándonos en un ritmo tortuoso que solo aumenta la tensión entre nosotros.
—Tom…— suplico necesitado.
Él sonríe contra mi cuello, disfrutando verme perder la paciencia. —Me gusta cuando me llamas por mi nombre y no «Tío» cuando estamos teniendo sexo, ¿sabes?— dice —¿Qué pasa? ¿ya no te gusta provocarme?— susurra, con esa maldita arrogancia suya.
Le clavo las uñas en la espalda en respuesta, haciéndolo jadear. —Tom, cállate y hazlo— le ordeno, olvidándome por completo de que es mi tío y es que, mierda. Esto me hace perder la cordura y me encanta.
No necesitó más.
Mi tío sonríe contra mi piel, disfrutando de mi desesperación. Siento cómo su respiración se acelera contra mi cuello, su cuerpo ardiendo sobre el mío. Sé que está al límite, que se contiene solo para hacerme suplicar. —Eres impaciente, bonito…— susurra, deslizando sus labios por mi mandíbula, su lengua trazando un camino lento hasta mi oído —Pero me encanta verte así.
Su voz ronca me hace estremecer. Me aferro a su nuca, tirando de su cabello, queriendo más, necesitando sentirlo sin restricciones. Sus manos descienden por mis costados, delineando cada curva de mi cuerpo, provocando espasmos de placer con cada caricia. —Mmhm…— gimoteo cerrando mis ojos por las jodidas sensaciones —Ya, fóllame…
No me hace esperar más.
En un solo movimiento, se posiciona entre mis piernas, acomodándose con una precisión que me hace contener el aliento. La punta de su pene roza mi entrada. Mi cuerpo se tensa un segundo antes de que la sensación de plenitud me invada por completo cuando entra en mí llegando profundo, muy profundo. Suelto un gemido entrecortado, aferrándome a sus brazos con fuerza.
Tom se queda quieto unos segundos, dejando que mi cuerpo se acostumbre, su mirada fija en la mía, oscura, llena de deseo. —Billie…— jadea —Voy a darte un adelanto de lo regalitos que te daré por navidad, bebé…
Se mueve dentro de mí con una cadencia firme, cada embestida profunda y calculada, llevándome justo al borde. Sus labios vuelven a los míos, devorándome con besos desesperados, su lengua enredándose con la mía en el mismo ritmo en el que nos movíamos.
—¡Ohm!— exclamo ahogadamente. —¡Oh Dios mío, como me gusta!— chillo cerrando mis ojos.
—Ahh…
Mis piernas se aferran a su cintura, guiándolo más profundo, arrancándome jadeos que apenas podía contener. Su respiración es errática, y sus gemidos roncos junto a mi oído solo avivan el fuego que recorre cada fibra de mi cuerpo.
—Dios mío, me encanta como me lo aprietas— murmura, enterrando el rostro en mi cuello —Ah, Dios…
Mi corazón late con fuerza, mi piel sudorosa se pega a la suya, el placer construyéndose en mi interior hasta volverse insoportable.
—¡Aaahh! ¡Mhmn, oh, siii!— gimo alto, —Mierda, es tan bueno, tan… ¡ufff! Tommie, yo…
No termino la frase.
El clímax me golpea con una intensidad que me deja sin aire, mis uñas se clavan en su espalda mientras mi cuerpo se arquea contra el suyo. Un segundo después, siento cómo él también se rinde, su cuerpo estremeciéndose mientras deja escapar un gemido ahogado contra mi piel y su semen me llena por completo. El silencio nos envuelve, roto solo por nuestras respiraciones agitadas.
Tom apoya su frente contra la mía, mi pelo está húmedo pegándose a mi piel en mechones gruesos y finos.
—No me cansaré de decir lo increíble que es esto— susurro, aún tratando de recuperar el aliento.
—Y enfermo…— agrega.
—No empieces, por favor. Estamos bien— pido cerrando los ojos porque odio cuando saca el tema, detesto que lo mencione y me recuerde que es mi tío y una persona a la que no puedo tener como a un chico cualquiera. Porque nadie va a aceptar una relación así de incestuosa, aunque no lo entiendo; conozco casos en los que los primos se comprometen, o chicas que quedan embarazadas de sus primos y no es tan horrible.
Él suelta una risa baja, su dedo dibujando círculos perezosos sobre mi cadera. —Cerraré la boca— responde —Ve a arreglarte— me dice antes de dejar un beso en la frente —No queremos que tu madre venga a regañarte.
Hago un puchero —Yo no quiero verlos, tío. Con ellos aquí no podremos hacer nada…
—Por eso te dije que te tenía un regalo para Navidad, bueno, ahora dos— corrige —Solo aguanta un poco.
—Humm…
Ojalá esta Navidad pase rápido para que se larguen, joder. Aunque pensándolo bien, mejor no. Si la Navidad pasa, mi tío tendrá que irse también por su trabajo. Mierda, no quiero que se vaya porque entonces no lo volvería a ver hasta diciembre del año que viene y si no asiste, sería para el siguiente y…
Mierda…
Continúa…
Gracias por leer. Te invitamos a comentar.