Fic TOLL de Unicornlitz

Capítulo 28

El vapor aún flota en el baño cuando me miro en el espejo. Tengo la piel roja por la ducha caliente, son las ocho de la mañana y ya me he arreglado lo suficiente como para salir de esta casa y dar una vuelta por ahí. Me seco la cara con desgana, sintiendo la rabia burbujear dentro de mí. Esto es un infierno y solo espero que hoy sea mejor que ayer.

Como si no fuera suficiente lidiar con esa panda de entrometidos, ahora mamá ha decidido que la violencia es un recurso válido. No sé cuántas veces lo ha hecho ya, ¿tres? ¿Cuatro? Quizás más. He perdido la cuenta de cuántas veces me ha dado una bofetada. ¿Y todo por qué? Porque me niego a fingir que disfruto de la compañía de una familia que solo sabe molestar. Suspiro y salgo del baño con el albornoz de seda ajustado a mi cuerpo. Camino descalzo por la habitación y abro el armario, buscando algo que ponerme.

Seguro que la tía Sabine ya está hablando de lo que pasó anoche como si fuera un dramón, exagerando cada detalle para hacerme quedar como el villano.

En ese momento, tocan a la puerta. Bajo la mirada con fastidio. Seguro que es mi tío Tom. No vino anoche a mi habitación, probablemente para darme espacio, o seguramente por los invitados no deseados para mí. —Adelante— respondo sin ganas, revolviendo las perchas en busca de algo decente.

—Buenos días, cariño— la voz de mi abuela me hace girar; no es mi tío Tom, sino ella.

Mi abue Charlotte está ahí, con su expresión suave y mirada preocupada. Su pelo perfectamente peinado y su ropa impecable, como siempre. Me recuesto contra el armario y la miro con cansancio. —Si te dijera que amanecí con ganas de irme lejos donde nadie me encuentre, ¿me creerías?

Mi abuela suelta una risita, acercándose a la cama —No me sorprendería— se sienta y da unas palmaditas en el colchón para que me una a ella. Cierro el armario con un suspiro y camino hacia la cama, dejándome caer a su lado —Ayer fue un desastre— comenta suavemente.

Me río sin humor. —Bienvenida a mi vida.

La abue me mira con ternura y toma mi mano. Sus manos siempre han sido cálidas, como si pudieran curar las cosas que el resto del mundo destroza en mí solo con tocarme. —Sabes que no tienes que reaccionar ante cada provocación, Billie.

Ruedo los ojos. —¿Y dejar que me pisoteen como a un felpudo? Paso.

—No se trata de eso, cielo— dice con paciencia —A veces, el silencio es el arma más poderosa.

La miro con una ceja alzada. —¿Quieres que me calle? Eso es imposible abue, ellos son los que empiezan.

—Quiero que aprendas que no siempre vale la pena gastar palabras en personas que solo buscan hacerte daño— musita mientras acaricia suavemente mi mejilla. Suspiro. Sé que tiene razón, pero me cuesta aceptarlo.

—No puedo evitarlo. Me encienden como una cerilla— le respondo y ella sonríe con cariño.

—Eres fuerte, Billie, como mis dos gemelas, y eso asusta a quienes no lo son— comenta —No dejes que te arrastren a su nivel.

Me quedo en silencio, sintiendo cómo su voz calma el enojo en mi pecho. —¿Y qué hago cuando mamá empieza a actuar como ellos?

Su expresión se ensombrece. —Hablaré con ella. Esto no debería estar pasando; nunca debió golpearte sino defenderte y tú no debiste alzarle la voz de esa forma; jamás usé la violencia con ellos y contigo tampoco debe hacerlo— dice pellizcándome la nariz suavemente —No me gustó eso.

Aprieto los labios. No estoy seguro de que sirva de algo, pero al menos mi abuela es la única que realmente me escucha. ¿Debo explicar por qué me gusta ir a visitarla y pasar Navidad allá en esa casa del campo? Es por ella; siempre es bueno escucharla y sentir que alguien me entiende. Y también porque mi tío Tom iba, pero eso ya es otra historia.

—Lo siento si te preocupé— murmuro.

Ella me besa la frente con ternura. —Siempre me preocuparé por ti, cariño. Pero sé que eres más fuerte de lo que piensas.

Me quedo ahí, dejando que sus palabras calmen un poco el caos en mi interior. Aunque sé que esta guerra con mi familia está lejos de terminar, al menos tengo un pequeño refugio en mi abuela. Y por ahora, eso es suficiente. Mi abuela suspira con cariño y me aprieta la mano una última vez antes de levantarse.

—El desayuno está listo, cariño— dice —Comeremos fuera en el jardín, en las mesas junto a las tumbonas, cerca de la piscina.

Le devuelvo una sonrisa. —Voy en cuanto termine de arreglarme, abue.

Mi abuela asiente con una sonrisa dulce, se inclina y me da otro beso en la frente antes de salir de la habitación. Me quedo pensando en lo que me ha dicho; tiene razón. Rebajarme al nivel de esos paletos sería un error. Quieren verme reaccionar, quieren que me enfurezca, que grite, que pierda el control. No les voy a dar ese gusto. Con esa certeza, vuelvo al armario y saco mi ropa. Algo ligero pero con estilo. Me arreglo con calma, maquillando mis párpados con sombras negras, delineando mis ojos con precisión, dejando mi piel impecable y mis labios con un toque de brillo sutil.

Me cepillo el pelo hasta que queda sedoso y me pongo una diadema blanca de plástico que combina perfectamente con mi atuendo. Al final, la imagen en el espejo refleja exactamente lo que quiero proyectar: un chico guapo, intocable y completamente indiferente al drama familiar.

Tomo mi móvil y salgo de la habitación. Bajo las escaleras con la cabeza alta, atravesando la casa con la gracia de un rey en su palacio. Entro a la cocina y, sin detenerme, cruzo la puerta corrediza que da al patio. Ahí están todos. La mesa está servida y la familia reunida, pero ni siquiera les echo un vistazo. Me acerco directamente a mi padre.

—Buenos días, papi— le doy un beso en la mejilla y él me responde con un leve apretón en el hombro.

—¿Cómo amaneciste, pequeño?

Sonrío con falsa felicidad —Mejor que nunca— él me sonríe y sigo mi camino hasta mi abuelo, saludándolo de la misma manera. Finalmente llego hasta mi madre. —Buenos días— digo sin mirarla ni tocarla, solo le suelto dos palabras secas. Sé que lo ha notado. Y claro, los buitres que tengo por tíos no pueden dejar pasar el momento.

—¡Pero qué maleducado!— exclama Sabine con su voz chillona de siempre.

—No se puede esperar otra cosa de él— añade David con sorna.

—Pobre Simone, con todo lo que hace por él y mira cómo lo trata— interviene Lilianne.

—Oh, no os preocupéis. Él es así— responde mamá, sin darle importancia al asunto o eso parece. Yo solo relamo mis labios tranquilamente; mi tío Tom está a mi lado derecho y a la izquierda mi abuela. Tom me dedica una pequeña sonrisa antes de servirme comida de las bandejas en medio de las mesas.

—Pero claro, si desde pequeño se le subieron los humos a la cabeza— suelta Chantelle —Como si la abuela siempre lo tratara como si fuera de cristal…

—Chantelle…— le regaña mi abuela.

—Y por eso es como es— añade Shermine sin importarle nada —Creyéndose mejor que todos, como si cagara brillantina.

—Bueno ya, no empecéis— interrumpe mi tío Tom mirando a ambas que solo ruedan los ojos sintiéndose superiores; pobrecitas, me tienen tanta envidia —Bill no les está haciendo nada; comed tranquilas y dejadlo en paz. Les gusta molestar al gatito pero cuando saca las garras lloran.

Contengo una risita.

Yo sí soy un gatito.

Su gatito.

Joder, quisiera saber si aún tiene las marcas de mis rasguños en la espalda…

—Tú no lo consientas, Tom— espeta Sabine.

—Nadie lo está consintiendo— dice mi padre antes de que mi tío pueda abrir la boca —Solo, comamos en paz, ¿vale? Por favor.

Aprieto la mandíbula, pero sigo en mi móvil, deslizando la pantalla con tranquilidad mientras miro las publicaciones en Instagram, esperando a que hagan la típica oración para poder comer.

«Mi ex me odia porque ya no lloro por él. Menuda tontería, ¿no?»

Sonrío con burla.

«Si no tienes haters, es que no lo estás haciendo bien.»

Exacto.

—Bueno, Jhörg. No es por nada, pero no sería raro que termine solo— insiste Lilianne —Porque, con esa actitud, ¿quién lo va a aguantar? Tiene un carácter que no cualquiera soportaría, ni siquiera Simone lo aguanta.

«No discutas con idiotas, te harán bajar a su nivel y ahí te ganarán con experiencia.»

Levanto una ceja. Instagram hoy está sabio.

En ese momento, alguien golpea la mesa y todo el mundo guarda silencio, se oyen un par de exhalaciones sorprendidas. Aparto la mirada del móvil y veo a mi tía Nickole con el ceño fruncido; tiene los brazos cruzados y una mirada afilada, lista para repartir bofetadas a diestra y siniestra. —A ver, a ver— suelta en un tono calmado pero cortante que hace que hasta los pájaros del jardín se callen —¿Me podéis decir qué os duele tanto? Porque no entiendo.

Silencio. Nadie se atreve a decir nada.

—Bill es el que siempre ha dicho que no quiere nada con vosotros, que le importa una mierda lo que hacéis o dejáis de hacer— dice y yo muerdo mis labios para no reírme por la cara de mi tía Sabine —¿Por qué, entonces, estáis tan obsesionados con él? ¿Por qué cada reunión familiar es lo mismo? Si tanto lo odiáis, ¿por qué no podéis pasar un desayuno sin hablar de él?

—Nickole, por favor…— intenta intervenir mi madre pero mi abuela le pone la mano en la suya y la mira seriamente como diciendo «deja que hable». Mi mamá bufa.

David intenta abrir la boca, pero Nickole lo fulmina con la mirada. —No, cállate— le corta de inmediato —Porque ya es patético. A Bill no le importa lo que pensáis, pero aquí estáis, comiéndoos la cabeza con su vida, con lo que hace, dice o viste. ¡¿No tenéis nada más interesante que hacer?!

Cruzo una pierna sobre la otra y hago un asentimiento disimulado «¡Tomaos eso!» estoy disfrutando del espectáculo. Y más al ver cómo mi tía está callando a sus hermanastros; a ella tampoco les cae bien. Ni a ella ni a mi tía Tamara que los mira seria.

—Parece que os duele que Bill no esté arrastrándose para que le quieran— continúa mi tía Nickole —Pero adivinar qué: no os necesita. Nunca os necesitó y nunca os va a necesitar. ¡Así que dejad ya la tontería!, ¿vale?

Las caras de mis tíos son un poema.

Mi sonrisa maliciosa crece un poco más mientras deslizo el dedo por la pantalla y vuelvo a Instagram. El desayuno transcurre en un silencio incómodo, uno que disfruto más de lo que debería. La mesa está llena de comida deliciosa: pancakes dorados con miel y frutos rojos, croissants recién horneados, huevos revueltos con queso y tomate, bacon crujiente, tostadas con mantequilla derretida, zumo de naranja fresco y café humeante. Tomo un sorbo de mi café y saboreo la amargura mientras mi sonrisa no desaparece.

Mi tía Nickole ha dicho lo que yo no tenía que molestarme en decir.

«A Bill no le importa lo que pensáis, pero aquí estáis, comiéndoos la cabeza con su vida.»

Qué razón tiene.

Me paso la lengua por los labios, quitando un resto de miel, y miro de reojo a mis tíos. Siguen con cara de pocos amigos, masticando en silencio, tragándose su propio veneno sin atreverse a decir nada más.

Qué precioso.

Termino el desayuno con tranquilidad, disfrutando cada bocado mientras mi móvil, que está en la mesa, vibra con una notificación. Lo ignoro por ahora, corto otro trozo de tortita y lo empapo en miel antes de llevármelo a la boca. Pero, mi móvil vuelve a vibrar. Y otra vez más. Con una última sonrisa de satisfacción, porque la única que insiste así es Adrianne, dejo el tenedor, me limpio los labios con una servilleta y cojo el móvil para ver la pantalla. No me equivocaba, tengo un par de mensajes de mi impaciente mejor amiga.

«Mamonaaa, tengo que contarte algo que me he enterado por Valerie.»

«Es sobre Jackeline.»

«Te va a molar JAKSKSKSKS.»

«Te voy a llamar, y me contestas, cabrón.»

Levanto una ceja. Sé que si no le respondo se va a enfadar y, además, el tema de lo que tiene que contarme sobre Jackeline me interesa. Miro a mis tíos, que todavía están digiriendo la humillación del desayuno, y me levanto con toda la calma del mundo. —Perdonadme, me voy. Tengo cosas más importantes que escuchar que vuestras constantes quejas.

Ni siquiera espero respuesta. Mi móvil vibra justo en ese momento, anunciando la videollamada de Adrianne. Me alejo de la mesa, cruzando el jardín con pasos ligeros hasta dejarme caer en una de las tumbonas junto a la piscina.

Contesto la llamada y la cara de Adrianne aparece en la pantalla, radiante de emoción chismosa.

Continúa…

Gracias por leer. Te invitamos a comentar.

por unicornlitz

Escritora del Fandom

8 comentario en “Touch me 28”
  1. Ya quiero que llegue el momento en el que Tom le declare su amor a Bill y visceversa y se traten como novios y sean melosos el uno con el otro. Sí va a suceder ¿verdad? 😥🙏❤❤.

      1. ¡Aaaa gracias!. Tendremos al tío Tom y al sobri Bill para ratoooo 😍😍😍. No tienes idea de cuanto me gusta tu fic, está GENIAL. Felicidades y gracias por haberlo creado 🙌❤️. Esperaré con ansias el romance y la ternura hot entre esta parejita.

        1. Owwww muchas gracias por comentar personitaaaa 🫵🏼💕 espero que te siga gustando sigamos con la lectura, prometo estar más al pendiente de sus comments 😭😽

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