Fic TOLL de Unicornlitz

Capítulo 31

«Ya estoy fuera, baja, mamona».

Me sonrío al leer el mensaje de Adrianne. Me miro una última vez en el espejo y me arreglo el pelo. Aún siento el rastro de los labios de Tom en los míos, la forma en que su toque encendió cada nervio de mi cuerpo. Pero no voy a pensar en eso ahora.

Cojo mi móvil y mi chaqueta antes de salir de la habitación. Mientras bajo las escaleras, veo a mi madre en la sala, dándome una última mirada evaluadora. —No te desveles ni bebas mucho, Bill. Por favor— dice con ese tono de madre que no admite discusión.

—Sí, sí— respondo con una sonrisa de niño bueno. Me giro hacia la puerta —¡No me esperes despierta, eh!

Apenas cruzo el umbral, el frío de la noche me envuelve, pero no dura mucho. Un descapotable rojo está aparcado frente a la casa, con Adrianne al volante, llevando unas gafas de sol a pesar de que es de noche. —¡Súbete, superestrella!— me grita por encima del ruido de la música.

Sonrío y me meto en el coche, sintiendo el cuero del asiento frío bajo mis muslos. Apenas cierro la puerta, Adrianne pisa el acelerador y el coche sale disparado calle abajo. La música está a todo volumen, y no cualquier música. «Tango llorón» de Brenda Aniscar retumba en los altavoces y no puedo evitar reír.

—¿En serio?— pregunto, alzando una ceja.

Adrianne se encoge de hombros, moviendo las manos en el aire como si estuviera en plena discoteca. —¡Clásico de clásicos! Además, hay que entrar en calor.

Suelto una risa y me acomodo, sacando mi móvil. Evan me ha mandado un mensaje más. Cuando mi tío se fue de la habitación apenas pude responderle antes de que Adrianne también me escribiera; Evan quería verme y me lo ha dicho muchas veces estos días. La única vez que nos vimos fue en el centro comercial y desde entonces nada porque he estado pasando «tiempo en familia» por obligación y porque mi abuela me lo pidió. Pensándolo ahora, se me hace raro que no hayan hecho algún comentario cuando mencioné lo de la fiesta. Y más Sabine.

«¿Ya vas en camino o te has echado atrás?»

«Si no vienes, te lo cobraré con intereses.»

Ruedo los ojos con diversión y le respondo rápido.

«Estoy en camino. ¿Qué intereses? ¿Vas a multarme?»

Casi de inmediato recibo su respuesta.

«Ya verás.»

Levanto una ceja, curioso, pero antes de que pueda escribir algo más, Adrianne me da un codazo. —Ajá, cuéntamelo todo.

La miro, haciéndome el despistado. —¿De qué hablas?

—¡De Evan, obvio!— exclama, girando el volante con demasiada emoción —No creas que no vi esa sonrisita estúpida en tu cara.

Suelto una carcajada y niego con la cabeza. —Por favor, no exageres. Es solo un chico.

—Un chico guapo— señala con un tono sugerente y le doy la razón.

Suspiro, apoyando la cabeza contra el asiento. —Sí, vale, es guapo. Pero ya sabes que no quiero nada serio.

Adrianne chasquea la lengua. —Ay sí, claro. Eso que se lo crea tu madre; sé que es por tu tío y me frustra que te obsesiones con él sabiendo que pronto se irá. Un par de días y volverá a Los Ángeles con su novia— no respondo, pero la mueca que se forma en mis labios ante lo que ha dicho lo dice todo. Ella suspira dramáticamente. —Bill, tienes que dejarte de tonterías. Mira, tu tío es alguien a quien tienes para satisfacer tus necesidades sexuales porque es lo que siempre has querido. Sexy sí, pero tiene novia. Y me has dicho que lo que quieres con él es solo sexo y nada más; entonces ¿qué vas a hacer? ¿quedarte solo cuando él se vaya y esperar hasta la próxima Navidad para verlo y volver a lo mismo?

Aparto la mirada hacia la carretera. Las luces de la ciudad parpadean mientras avanzamos, y el viento frío me desordena el pelo. —No es tan fácil— murmuro.

—Claro que sí— insiste ella — Míralo así: Evan está aquí. Tom no siempre va a estarlo. No te digo que te cases con el chico, pero, por Dios, Bill, permítete disfrutar de algo real, de alguien que te quiera sin tantas tonterías de por medio.

Sus palabras se quedan en el aire. Yo sigo sin responder, pero sé que en el fondo tiene razón. Lo malo es que lo lógico no siempre es lo que mi corazón quiere. Ni siquiera sé qué es lo que quiere. El coche se detiene frente a la casa donde es la fiesta. La música retumba desde dentro, las luces parpadean, y ya hay gente apiñada en la entrada.

Adrianne me mira, esperando una respuesta. —Solo diviértete, ¿vale?

Le dedico una sonrisa ligera. —Prometo intentarlo.

Ella resopla, pero me da una palmada en la pierna antes de bajarse del coche. Yo hago lo mismo, guardando el móvil en el bolsillo y preparándome para lo que sea que me espere esta noche.

La música retumba en las paredes, vibrando en mis costillas con cada bajo que golpea el aire. La casa está a reventar. Hay luces de neón parpadeando por todas partes, gente bailando en el salón, otros bebiendo en la cocina y un par de pringados ya medio muertos en los sofás. Esto es justo lo que esperaba. Adrianne y yo entramos sin problemas, y apenas cruzamos la puerta, alguien nos pasa dos vasos rojos con alcohol. Ni pregunto qué es, solo lo cojo y doy un trago. Ardiente, fuerte, perfecto.

—¡Esta es la mejor fiesta del año!— grita Adrianne, levantando su vaso mientras un grupo de chicas la aplaude.

Yo sonrío con diversión y miro alrededor, escaneando el lugar. No tardo en encontrar a Evan. Está apoyado en una de las columnas, con una camisa negra ajustada y unos pantalones anchos y ligeramente arrugados. Su pelo está revuelto y tiene ese aire de rebelde que me hace relamerme los labios, y un vaso en la mano. Está hablando con un grupo de chicos, pero en cuanto sus ojos me encuentran, me dedica una sonrisa ladeada.

Me abro paso entre la gente hasta llegar a él. —No está mal la fiesta, ¿eh?— digo, ignorando a los chicos que me miran y silban mientras tomo otro sorbo de mi bebida.

—No está mal ahora que has llegado— responde con descaro, dándome un repaso de arriba abajo.

Pongo los ojos en blanco, pero sonrío. Antes de que pueda contestar, alguien me jala del brazo. Es Adrianne otra vez. —¡Ven, hay un tipo que está haciendo tragos explosivos!— sin esperar mi respuesta, me arrastra hacia la cocina. La isla está cubierta de botellas y vasos de colores brillantes. Un chico alto y musculoso mezcla líquidos como si fuera un científico loco. —¿Listo para probar?— me pregunta Adrianne, alcanzándome un vaso pequeño con un líquido azul fosforescente.

—Siempre— respondo, llevándomelo a los labios y bebiendo de golpe. El sabor es dulce al principio, pero luego viene el ardor en la garganta. —Mierda— digo, sintiendo el calor extenderse por mi pecho.

Adrianne se ríe y toma el suyo también.

La noche sigue con un caos perfecto. Bailo con Adrianne, con un par de chicas que se acercan e incluso con Evan en algún momento. Él se mueve bien; su cuerpo encaja con el mío, pero… no es lo mismo. No sé qué me pasa ni por qué pienso tanto en Tom. Me río con sus comentarios, bebo más de la cuenta y dejo que la adrenalina me lleve. En un momento estoy en el balcón sintiendo el aire frío en mi piel mientras reviso mi móvil. Tengo un par de mensajes de mi tío Tom.

«¿Te estás divirtiendo?»

«No bebas demasiado.»

Levanto una ceja. ¿Qué pasa? ¿Ahora me está cuidando a distancia? Antes de poder responderle, Evan aparece a mi lado con dos vasos en la mano. —Aquí tienes; una última ronda antes de medianoche— tomo el vaso y le doy un trago sintiendo cómo el alcohol hace su efecto. —¿Te lo estás pasando bien?— pregunta él mirándome con curiosidad.

—Sí— respondo apoyándome en la barandilla —Ha sido una buena noche.

Evan se acerca un poco más. —Me alegra escuchar eso; aunque tengo la sensación de que sigues pensando en otra cosa.

No respondo; solo le doy otro trago a mi bebida y miro las luces de la ciudad. La fiesta sigue rugiendo detrás de nosotros, pero por un momento todo parece más tranquilo. Evan se apoya en la barandilla junto a mí sosteniendo su vaso mientras observa el movimiento de la fiesta. Desde aquí arriba la vista de la ciudad iluminada se mezcla con las luces de la piscina y los reflejos de las botellas sobre las mesas. Hay algo en cómo se relaja a mi lado que me hace sentir cómoda; como si esta conversación hubiera ocurrido antes aunque apenas nos conocemos.

—No me dijiste, ¿cuántos años tienes?— pregunta de repente, girando la cabeza hacia mí.

Tomo un trago de mi bebida antes de contestar. —Dieciséis.

Evan alza una ceja, como si le sorprendiera la respuesta. —¿En serio? Pensaba que eras mayor.

Suelto una risita. —¿Eres tonto? Todo el mundo dice lo contrario, piensan que tengo catorce o trece. Que sigo siendo un niño, joder. ¿Y tú?

—Diecinueve— responde con una ligera sonrisa —Aún estoy en la categoría de joven rebelde.

Niego con la cabeza. —Claro, porque a los veinte ya eres un anciano— digo bromeando y él asiente lentamente.

—Obviamente. Todo se derrumba después de los veinte— bromea, fingiendo dramatismo.

Niego con la cabeza otra vez, divertido. La conversación fluye fácil, sin esa incomodidad de los primeros encuentros. Es… raro. Pero no en un mal sentido. —¿Sueles venir a fiestas así?— pregunto, más por curiosidad que por otra cosa.

—Cuando tengo tiempo— responde —Trabajo la mayor parte del día, así que salir de vez en cuando no está mal.

Lo miro frunciendo el ceño ligeramente. —¿En qué trabajas?

—En un estudio de tatuajes— contesta con naturalidad —Estoy aprendiendo.

Eso sí me sorprende. —No pareces tatuador.

—¿Cómo se supone que debe parecer uno?

Me encojo de hombros. —No sé, más rudo, más… cubierto de tinta.

Evan se ríe. —Tengo algunos, pero nada exagerado. ¿Tú tienes?

—¿Te parezco una madre escandalizada?— respondo burlón —No, aún no.

—»Aún» suena a que quieres hacerte uno. Si quieres yo podría hacértelo algún día, cuando sea un profesional, claro.

—Tal vez.

Evan sonríe, pero no insiste. En su lugar, toma otro sorbo de su bebida y vuelve la mirada a la ciudad. —¿Sabes? Me caes bien, Bill.

—Eso es porque no me conoces bien. Cuando lo hagas no vas a aguantarme; solo Adrianne tiene ese poder y eso porque ambos somos igual de locos. Tenemos el mismo trastorno mental…

—Tal vez deberíamos cambiar eso.

Al decirlo, se gira un poco más hacia mí. Hay algo en su expresión, en cómo me observa con interés tranquilo, que me hace sentir levemente inquieto, pero de una manera intrigante. Entonces, sin previo aviso, Evan se inclina ligeramente, reduciendo la distancia entre nosotros. Nuestros labios se rozan en un beso suave y pausado, como si me estuviera dando la oportunidad de detenerlo en cualquier momento.

Pero no lo hago.

El beso es breve, casi como una prueba, pero aún así deja una sensación cálida en mis labios. Cuando Evan se separa, me mira con una leve sonrisa, esperando mi reacción. —¿Eso estuvo bien o acabo de cruzar un límite?— pregunta con calma.

Parpadeo un par de veces, procesando lo que acaba de pasar. No fue un mal beso, para nada. Evan besa bien; es seguro y firme sin ser invasivo. Pero aún así…

El pensamiento me da un golpe como un cubo de agua fría. Es la primera vez que beso a alguien que no sea mi tío, dejando a Abraham a un lado. Estaba borracho y ese beso no cuenta porque no lo recuerdo, pero la sensación de estar traicionando algo, aunque sea imaginario, sigue ahí. Fuerzo una sonrisa y sacudo la cabeza, intentando que mi confusión no se note demasiado. —No, estuvo… bien.

Evan inclina la cabeza, analizándome. —Pareces sorprendido.

—Es que no lo vi venir.

—Yo tampoco, pero aquí estamos— dice con una media sonrisa —¿Te arrepientes?

No quiero parecer un crío, así que niego con la cabeza. —No.

Él asiente, conforme con mi respuesta. Luego da un paso atrás, dándome espacio. —Está bien, no quiero presionarte.

Le echo una mirada rápida, evaluándolo. No parece decepcionado ni molesto. Solo está relajado, como si dejara que las cosas fluyeran. Y eso, de alguna manera, me alivia. Antes de que pueda decir algo más, la voz de Adrianne interrumpe desde abajo. —¡Bill, ven aquí! ¡Nos vamos a hacer fotos!

Respiro hondo y le doy a Evan una última mirada. —Voy con ellos.

—Claro— dice sin problemas —Si quieres, nos vemos después.

Asiento y, con una sonrisa que no sé si es nerviosa o simplemente cortés, me alejo de la barandilla. Mientras bajo las escaleras para reunirme con Adrianne y los demás, el eco del beso aún persiste en mi mente. Pero más que la sensación de los labios de Evan, lo único en lo que puedo pensar es en cómo reaccionaría Tom si se enterara.

Por eso nunca debe saberlo.

Continúa…

Gracias por leer. No te vayas sin dejar un comentario 😉

por unicornlitz

Escritora del Fandom

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