Fic TOLL de Unicornlitz

Capítulo 32

La casa está en completo silencio cuando llego, intentando cerrar la puerta sin hacer ruido. Me tambaleo un poco, agarrándome del marco para no caerme. No sé cuántos tragos me he tomado, pero son suficientes para que la alfombra bajo mis pies se sienta como una nube inestable.

Con los zapatos en una mano y el móvil en la otra, empiezo a subir las escaleras. Cada paso es un reto, pero al menos mi coordinación aún no me ha fallado del todo. Al llegar a mi habitación, abro la puerta con torpeza y me meto en la oscuridad. Busco a tientas la pared hasta encontrar el interruptor y, cuando enciendo la luz, suelto un suspiro. Tiro los zapatos a un lado sin cuidado, dejando que caigan donde sea, y empiezo a deshacerme de la ropa.

La chaqueta va primero, seguida de la camisa que se queda en el suelo junto con mi cinturón. Para cuando llego a los pantalones, apenas tengo energía para abrir el botón y deslizarlos por mis piernas. Ahora, solo en boxers, me dirijo al tocador. Mi reflejo en el espejo me devuelve la mirada, con los ojos brillantes por el alcohol y el rímel algo corrido. Aunque me muero de sueño, hay algo que no cambia: mi piel es sagrada.

Estoy por buscar mis toallitas húmedas cuando el sonido de la puerta abriéndose me congela. Me giro al instante, parpadeando varias veces para asegurarme de que no estoy alucinando. Pero no. Ahí está, de pie en la entrada de mi habitación con el marco de la puerta detrás de él. Tom.

Sus ojos recorren mi cuerpo sin disimulo, deteniéndose un poco más de lo necesario en mis piernas antes de volver a mi rostro. —Llegaste tarde— dice, con un tono tranquilo pero con ese filo que ya conozco.

Me encojo de hombros, fingiendo una despreocupación que no siento. —Mamá dijo que podía estar hasta medianoche.

Tom cierra la puerta tras de sí, bloqueando mi única salida. —¿Y estuviste con ese idiota, Billie?

Su nombre en su boca me da un escalofrío. —Coincidimos un rato— respondo vagamente, girándome hacia el espejo para no tener que mirarlo directamente.

Él se acerca con pasos lentos y controlados, deteniéndose justo detrás de mí. Su presencia se siente como una sombra cálida que amenaza con devorarme. —¿Te divertiste?

Sus palabras caen como un anzuelo, esperando que muerda. Me muerdo el labio, buscando mi reflejo en el espejo donde sus ojos oscuros están fijos en mí. —Sí.

Tom ladea la cabeza, su mirada fija en mi boca antes de deslizarse perezosamente por mi cuello y bajar hasta mi pecho. —¿Bailaste con ese tonto?

Sé que no importa lo que responda; Tom ya tiene su veredicto. —Un poco.

Él no dice nada por un momento. Solo deja que la tensión se asiente entre nosotros. Luego, con un movimiento lento, alza una mano y la apoya en mi cadera, atrapándome en mi propio reflejo. —Espero que te haya tocado menos de lo que yo lo haré ahora.

Mi respiración se agita, mi piel arde bajo su toque y, en este estado ebrio, vulnerable y completamente a su merced, sé exactamente a dónde nos llevará esto.

Y, maldita sea, no pienso detenerlo.

Siento como echa a un lado mi cabello y comienza a besar mi piel, rápidamente me doy la vuelta y tomo sus labios. Lo beso lento al principio, casi como una provocación. Pero pronto se vuelve más intenso, más desesperado. Subo mis manos por su cuello y enredo los dedos en su pelo trenzado, acercándolo más. Mi tío me empuja suavemente contra el tocador, me toma de las piernas, me alza y hace que me siente en la mesita.

—Tienes un cuerpito que me encanta, bebé— susurra Tom contra mi boca, deslizando una mano por mi espalda desnuda. Haciéndome estremecer.

—Humm…— jadeo entrecortadamente.

Tom sonríe contra mis labios antes de inclinarse y empezar a recorrer mi cuello con besos y mordiscos ligeros, bajando lentamente… cierro los ojos entregándome al momento.

—Mierda…— murmuro, apenas capaz de mantenerme tranquilo.

Siento como me baja los boxers dejándome completamente expuesto ante él, como muchas veces atrás y me encanta. Me encanta ver cómo sus ojos recorren mi cuerpo desnudo con un brillo libidinoso en ellos. Me encuentro duro, tan duro como nunca antes y creo que se debe al alcohol. Es igual a aquella vez en la fiesta de Halloween, gracias a las drogas tuve mucho aguante. Esta vez estoy muriéndome de sueño pero la calentura en mi cuerpo podía más conmigo.

Siento la calentura en la punta de mi pene, las punzadas dolorosas que me causan las ganas que tengo por ser follado por su polla, otra vez. De un movimiento hábil, mi tío toma mis piernas y las flexiona haciendo que abra mis piernas y ponga los pies sobre la mesa de mi tocador. Ante el movimiento todas las cosas cayeron al suelo haciendo demasiado ruedo, sin embargo, no me importó.

—¿Quieres hacerlo ya? Por favor— pido, desesperado por sentirlo dentro de mí.

Tom se inclina, me muerde el labio inferior antes de responder. —¿No me vas a dejar prepararte? Han pasado días desde la última vez que estuvimos juntos, no quiero hacerte daño.

—Más daño me harías si me dejas esperando…

Él sonríe.

Escupe saliva en sus dedos y esos mismos los dirige a mi entrada, tantea la zona regando su saliva y luego mete uno. Lo hace tan repentinamente que jadeo sin poderlo evitar, estimula mi entrada con uno solo hasta que mete otro; comienza a penetrarme con ellos y yo echo mi cabeza hacia atrás, siento como su mano se cierra en mi cuello y hace presión suavemente. Oh joder, que delicia. Sus dedos se mueven con tanta rapidez dentro, los mete y los saca, los abre haciendo movimientos de tijeras y círculos y estos salen resbaladizos por la saliva. Separo mis labios y jadeo. Conteniendo mis gemidos aunque sé que eso no durará mucho.

Ay mierda, no hay nada mejor que dos dedos dentro y cinco apretando tu cuello con ligera fuerza. Haciéndote ver las putas estrellas.

Las punzadas en la punta de mi pene se vuelven aún más dolorosas, cierro mis ojos y gimo sin poder contenerme. Trato de mantener mis piernas flexionadas pero mis pies se resbalan poco a poco por la mesa, sin embargo, me aferro a ella manteniéndome en esa posición porque quiero que me folle así.

—Ah…, ah mierda, sí— gimo con embeleso, realmente tonto por las malditas sensaciones. —Mhmm…

—¿Ya quieres que te la meta?— asiento rápidamente ante su pregunta —¿Tan necesitado estás?

—P-por favor… ¡Mghmm! lo necesito.

Mi tío vuelve a sonreír con el deseo reflejado en sus ojos —Voy a metértela hasta el fondo— dice. Suelta mi cuello y sin dejar de estimular mi culo con sus dedos entrando y saliendo de mí, se quita los pantalones y estos caen al suelo. Baja un poco sus boxers y saca su pene. Lo observo, es tan grande que Dios, me encanta. Recuerdo la primera vez que lo tuve en mi boca y eso es suficiente para calentarme más. Mi tío comienza a masturbarse y lentamente saca sus dedos de mi interior.

La punta roza mi entrada y lo mete de una sola y profunda estocada que me hace ahogar un puto grito. Cierro mis ojos aturdido, sintiendo como comienza a moverse, me penetra demasiado rápido, demasiado delicioso, cada movimiento, cada embestida envía descargas eléctricas de espasmos de placer que van acumulándose en la punta de mi pene. Mi cuerpo arde en deseo, y miro en sus ojos las mismas ganas que tengo yo por correrme.

—¡Ohm! ¡Mghmm!

—Shhh, no hagas tanto ruido— me ordena con voz ronca.

—E-es imposible, joder…— gimo como respuesta.

Sus embestidas se vuelven más rápidas, toca mi próstata incontables veces haciéndome perder la razón. Con su mano toma la punta de mi pene y pasa el pulgar por mi glande chorreante, hace presión y gemidos temblorosos se escapan de mis labios. Son cosas que no puedo contener, joder. Frunzo mis cejas, abro mi boca, me siento morir por las veces en que pasa su dedo por la punta de mi miembro, se resbala pero aún así sigue torturándome de una forma exquisita. Me hace regocijarme. Me hace contraer mi entrada, mi cuerpo, mi abdomen.

Se hunde cada vez más profundo en mí y me encanta, me fascina. Me toma de las piernas y hace que rodee su cintura con ellas. Me alza, sin salir de mi interior y me estampa contra la pared; gimo porque al hacerlo da una estocada que me hace temblar. Comienza a mover mi cuerpo de arriba abajo mientras me penetra, mi espalda sube y baja presionando la pared, me encanta, porque mi pene que se encuentra aprisionado entre ambos abdómenes está siento apretujado de una forma deleitosa.

—Tengo tu pene metido tan profundo…— gimoteo entreabriendo mis ojos —Y no tienes ni puta idea de lo rica que se siente…

—¿Quieres que te dé más duro?

—Oh, sí…, por favor…

Entonces comienza, una de sus manos me toma por el cuello y me presiona aún más contra la pared. Me desestabiliza. Saca su pene un poco, dejando dentro solo la punta y, en menos de lo esperado lo vuelve a meter. Rápido. Con una estocada certera que toca mi punto sensible al instante y me hace perder el conocimiento por unos segundos. Olvidé mi nombre. Olvidé donde estaba. Olvidé todo. Pero el espasmo de placer fue extremo. Me coge de las piernas nuevamente y sale de mi interior por completo.

Me lleva a la cama, donde me tumba y me abre nuevamente las piernas colocándolas en sus hombros mientras se ponía de rodillas en la cama y me la clava profundo otra vez. Mierda. Es demasiado. Siento que no voy a poder aguantar más. Las lágrimas comienzan a descender por mis mejillas debido a todo lo que siento y el alcohol en mi sistema.

—¿Te gusta?— pregunta con la voz agitada —¿Estás llorando del placer, amorcito?

—¡Mmmm! ¡sí! ¡sí! ¡sí!— siceo. —¡Oh, por Dios! ¡Uhg! ¡Ngh!

—¿Sabes, Billie? Tu culo es tan profundo… no creo que nadie más, a parte de mí, pueda llenártelo todo— dice.

—Ay…

En ese preciso momento, con una última estocada, logro correrme. Mi semen salpica todo su abdomen y tiemblo. Tiemblo perdido en ese espasmo que recorre todo mi cuerpo y me deja vulnerable, cierro mis ojos y gimo con ganas. Mierda. Siento como mi tío me rellena con su semen, y joder, nunca me cansaré de sentir su esencia preseminal caliente empapar mis paredes internas. Sí, sí, sí. Es la mejor sensación después del orgasmo.

—Humm…— gime mi tío.

Hace un par de penetraciones más, suaves y lentas y luego sale de mi. Se tumba a mi lado en la cama, y escucho su respiración tan agitada como la mía.

La habitación está en una penumbra cálida. Las respiraciones agitadas de los dos rompen el silencio, mezclándose con el olor a sudor y sexo que hay en el aire. Me acomodo sobre el colchón, aún sintiendo la piel electrificada, los labios hinchados y el cuerpo completamente saciado. Con una sonrisa satisfecha, giro la cabeza hacia Tom, que me mira con esa intensidad de siempre, con esa maldita expresión de triunfo que me hace querer besarlo otra vez.

—No tienes ni idea de lo bien que estás ahora mismo…— murmura él, deslizando una mano por mi abdomen, dibujando círculos perezosos en mi piel caliente.

Suelto una risita entrecortada, todavía recuperándome. —Y tú no tienes ni idea de lo bien que me siento ahora mismo…— mi voz salió ronca, cargada de placer y cansancio.

Tom alza una ceja, con una sonrisa torcida. —Oh, sí lo sé. Lo sentí, lo escuché… lo disfruté.

Ruedo los ojos, pero mi sonrisa no se va —Eres un engreído de cuidado, ¿lo sabías, tío?

—Y tú un vicioso— contraatacó él, acercándose para morderme suavemente la mandíbula —No podías esperar a abrir tu regalo mañana por la noche, ¿verdad?

—Se supone que los regalos debías dármelos hoy.

—Mmm, no. Lo tenía todo planeado para mañana por la noche y el último antes de que me vaya.

Una punzada de tristeza me invade al instante. No quiero que se vaya; tener que esperar un año para volver a verlo me jode. ¿Qué se supone que haré ahora que me he vuelto adicto al sexo con él? Maldita sea.

Continúa…

Gracias por leer. No te vayas sin dejar un comentario 😉

por unicornlitz

Escritora del Fandom

2 comentario en “Touch me 32”

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