
Fic TOLL de Unicornlitz
Capítulo 38
Me giro, sin molestarme en mirar a Sabine ni al resto de la peña. Salgo del comedor y subo las escaleras con la elegancia de quien ya ha tenido suficiente por hoy. Al entrar en mi habitación, cierro la puerta y dejo caer el cuerpo sobre la cama con un largo suspiro. Me desparramo entre las sábanas como si el peso de la cena familiar hubiera sido el doble de lo necesario.
Siento al instante la vibración en mi chaqueta y, con desgano, meto la mano en el bolsillo interno. Saco el móvil y lo desbloqueo. Una notificación flotante aparece al instante, de mi querida perra favorita:
Mamonaaa ♡:
«¿Ya has vuelto de la cita con Evan?»
«¿Qué tal?»
Sonrío con cierta flojera, no por ella, sino porque mi cabeza está en otro lado… o mejor dicho, en otra persona. Aun así, no le respondo por mensaje. Le doy al botón de llamada. Adrianne responde al primer tono.
—¿Y bien, mamona?— suelta de una, con ese tonito que solo ella tiene. Rio suavemente y me acomodo boca arriba, cruzando una pierna sobre la otra.
—Pues… estuvo bien. Fuimos a un restaurante bastante mono, pedimos sushi. Él estuvo todo el rato lanzándome indirectas y sonriéndome como si yo fuera un maldito postre— comento, entre divertido y resignado.
—¿Y tú? ¿Le devolviste la mirada de «devórame otra vez»?— se burla ella, carcajeándose.
Me muerdo el labio, pensativo por una milésima de segundo, pero enseguida me repongo —Claro que sí, nena. No soy un mojigato. Además, tengo que aprovechar el plan… ya sabes, por si mi tío desaparece otra vez.
—Ay, por Dios, Billie… tú y tu tío— Adrianne suspira al otro lado de la línea —No es como si lo tuyo con él fuese a acabar, ¿no? Quizás si se vuelven a ver, vuelvan a consumar esas noches de sexo erótico— dice con tono dramático que me hace reír. —Pero oye ¿qué te dijo tu madre?— pregunta, mientras de fondo se escuchaba el pitido de su microondas.
Bufo suavemente. —Le mentí. Le dije que saldría contigo, obviamente… no iba a decirle que saldría con un chico al que conocí hace poco. Aunque mi tía Tamara ya habló de él nadie lo conoce realmente…
—Ay, qué perra. ¿Y te creyó?
—Sí. Pero luego en la cena me preguntó qué hacíamos y le solté que estabas eligiendo ropa vieja y maquillaje que ya no usas para donarlo. Lo dije como si lo tuviera todo planeado, pero en verdad lo solté ahí, improvisado. Casi se me sale un gallo del susto.
Ella se suelta a reír —¡No! Ay, Billie. Me hubieses dicho y yo me metía en personaje— dice entre risas —¿Y quién más estaba en esa escena familiar? ¿tus fans?
—Ugh, sí… mis adorables tiastros y primitos campestres, todos felices con su vida de pueblo metidos en mi mansión. Pero yo ignorándolos, claro. Me senté al lado de Tom…
—Obvio, reina del drama y el deseo prohibido— musita y reímos cómplices. Sonrío. Me hace bien escucharla. Aunque estoy agotado emocionalmente, no quiero hablar de eso. Pero ella, sin saberlo, siempre sabe cómo hacerme soltar una carcajada. —Bueno, ¿quieres reírte?— dice con un tono que anunciaba desastre.
—Dale, mamona, sorpréndeme— respondo ya mentalizándome para lo peor.
—Soñé que estaba encadenada a una silla, desnuda, solo con unos tacones rojos y un collar de cuero con brillitos. Y enfrente de mí estaba Andreas… vestido de sacerdote, con una biblia en una mano y un látigo en la otra. ¡Me decía que me iba a exorcizar las ganas de pecar! Pero en lugar de agua bendita me echaba champán.
Al instante me atraganto por la risa tapándome la boca para no soltar un chillido. —¡No jodas, estás loca!
—¡Lo sé! ¡Me desperté empapadísima, toda acalorada y con ganas de rezar el rosario al revés!
—Tía, tienes que dejar de ver porno por las mañanas. Ese YouTube azul te está friendo el cerebro.
—Ay, cállate. Seguro tú también ves cosas raras, cochino reprimido.
—¡Ni que lo digas!— río, acomodándome entre los cojines —Pero lo tuyo ya es arte, eh. Porno religioso. ¡Qué fuerte!
—¿Verdad que sí? ¡Y eso que no te conté la parte en la que entra una monja rubia con un consolador en forma de cruz!
—¡Noooo!— me echo a reír de nuevo —¡Adrianne, cállate! Me vas a hacerme pis de la risa.
Los dos nos reímos como locos a las tres de la madrugada. Solo que son las nueve de la noche. Y aunque no mencioné nada de Tom ni de mi confusión, porque intentaba evitar pensar en el deseo que me corroe por dentro, en ese momento estaba bien.
Adrianne, con su locura, me salvaba sin saberlo. Nos quedamos un momento en silencio. Ella parece estar comiendo y yo jugueteando con un mechón de mi pelo. Hasta que me acordé de algo. O mejor dicho, de alguien. —¿Sabes, Adrie? Voy a darle las buenas noches a mi tío— digo, levantándome de la cama, pero con ese tonito que claramente insinuaba más.
Escucho a Adrianne reírse otra vez —Sí, claro, a darle las buenas noches… ¿eso ahora es un eufemismo?
—Tal vez— comento con voz dulce, saliendo de la habitación como si fuera inocente. —Hablamos mañana, ¿sí? Esto es importante.
—Imbécil, ve y que te dé bien duro, eh.
—Cabrona, asquerosa— río —Descansa, cariño.
—Tú también, cielo.
Cuelgo la llamada mientras me planto frente a la puerta. La habitación de mi tío está justo al lado de la mía. Me detengo ante su puerta, respiro hondo y toco suavemente. —¿Sí?— su voz suena ronca y yo sonrío ligeramente.
Giro el picaporte con cuidado, abro la puerta y entro. Al hacerlo cierro tras de mí y ahí estaba. Tom, de espaldas, buscando algo en su cajón con una toalla blanca ceñida a la cintura. Su espalda mojada aún brillaba, con algunas gotas deslizándose por su piel. Sus omóplatos marcados, los músculos de su espalda baja definidos… y esa línea que bajaba desde su nuca hasta perderse justo donde empezaba la toalla.
Me mordí el labio inferior, tragando saliva. Tenía que ser ilegal verse así después de una ducha. Joder… es demasiado sexy.
Sus piernas fuertes, sus pantorrillas tensas… Todo en él parecía tallado para tentar. Para provocarme. Y lo peor es que no tenía ni idea del efecto que causaba en mí. O tal vez sí. Tal vez le gustaba jugar a hacerse el inocente. A veces me pregunto si realmente le importa que sea su sobrino o no; y tras recordar todo lo que ha pasado entre nosotros estos tres meses que ha estado aquí puedo llegar a la conclusión de que no. Y es tan extraño. Ahora que lo pienso mejor, es tan raro que no me haya abofeteado a la primera insinuación que tuve con él. Que ya fue demasiado obvia.
—Oh, Billie. Eres tú— le escucho decir y al instante salgo de mis pensamientos —¿Querías algo, mmm?— pregunta sin mirarme aún mientras se seca el cuello con una toalla más pequeña.
—Vine a darte las buenas noches— respondo con un tono más bajo y cálido.
Finalmente se gira dejándome ver su torso al descubierto. Pecho firme, ligeramente húmedo, con algunas gotitas deslizándose por su abdomen. La toalla apenas sostenida por sus caderas. No me cansaré de decir que es tan guapo que duele. ¿Por qué tiene que ser mi tío, joder?
—¿De nuevo?— pregunta alzando una ceja divertido y yo sonrío inocentemente acercándome lentamente hacia él. —¿Solo viniste a eso, mocoso?— interroga con esa sonrisa ladeada; él me conoce demasiado bien como para saber que no he venido solo a eso y parece gustarle. Bueno, «parece» no; le encanta.
—Mmm… no exactamente— respondo acercándome hasta quedar frente a él tan cerca que podía oler el jabón en su piel caliente —Digamos que… no quiero cortar la rutina.
Él me mira con esa intensidad peligrosa; esa mirada decía «sé exactamente lo que quieres y no deberías provocarme si no estás listo para las consecuencias». Y amo que me mire así.
—¿La rutina?
—Sí… la de todas las noches— murmuro, deslizando una mano por su pecho húmedo, suave y sensualmente —Esa en la que fingimos que esto es un juego, que podemos parar cuando queramos, pero ninguno de los dos quiere hacerlo.
Tom suelta una risa breve y ronca. Me estudia en silencio, con la mandíbula tensa y los ojos oscuros siguiéndome como un depredador. Me encanta eso. Me encanta cómo me mira cuando quiere resistirse y no puede; me gusta. Ojalá siempre fuera así, pero claro, él tiene que irse por su trabajo y porque no puede dejar a la idiota de su novia. Las cosas no deberían ser así. Mis dedos bajan por su abdomen lentamente, jugueteando justo sobre el borde de la toalla.
—Es una tortura tenerte tan cerca y no poder hacer nada— susurro —Me acuesto en la cama, cierro los ojos y te imagino ahí, entrando en mi habitación con esa cara de «solo he venido un momento», y terminando encima de mí, dentro de mí… haciéndome lo que solo tú sabes. Tengo que contenerme todo el día para esperar a la noche, eso es muy jodido. Y aun así, no siempre tenemos sexo. Eso es aún más jodido.
Veo cómo sus músculos se tensan ligeramente, cómo su pecho sube y baja con un poco más de fuerza. Flexiono mis piernas poco a poco, pegando mis labios a su piel y bajando cada vez más cerca de su ombligo.
—Y ahora que tengo la oportunidad… ¿de verdad esperas que me comporte?— pregunto —Porque si es así, entonces detenme ahora.
Me arrodillo lentamente frente a él, sin dejar de mirar sus ojos, mientras mis manos van directo al nudo que sostiene la toalla. Tiro suavemente, sintiendo cómo la tela comenzaba a ceder… Tom traga saliva y yo sonrío al ver que no hace nada para detenerme. Mis dedos jugaron unos segundos con el nudo de la toalla. No lo deshice de inmediato. Me tomé mi tiempo. Quería que lo sintiera, que supiera que no estaba ahí solo para darle un beso en la mejilla y decirle buenas noches como en el comedor.
Lo miro desde abajo, con una sonrisa ladeada y los ojos brillantes. Él me devuelve la mirada, entre divertido y excitado, y deja que mis manos hagan lo suyo. El nudo cedió con facilidad y la toalla cayó al suelo sin resistencia dejando su miembro semi erecto al descubierto. Tom no se movió, simplemente me dejó hacer.
Me inclino, dejando que mis labios rozaran apenas su piel mientras mis manos recorrían sus muslos con descaro. Sus dedos se enredaron en mi pelo, acariciándolo con suavidad, pero con esa tensión que anticipaba lo que venía. Y entonces, sin necesidad de palabras, me dejé llevar. Mi lengua se desliza por su falo y siento a Tom tiritar suavemente, pero yo no me detengo. Meto toda su ahora erección en mi boca comenzando a chupar como bien sé, no soy un experto pero mierda, por como se pone sé que lo hago bien y eso solo me impulsa a seguir con mi trabajo hasta hacer que se corra en mi boca.
Sus suspiros contenidos, el temblor apenas perceptible en sus piernas… todo decía lo suficiente. Me impulso hacia adelante haciendo que toda su virilidad entre y salga de mi boca reiteradas veces de forma lenta, sacó su miembro, lo tomo con mis manos y comienzo a chupar la punta con vehemencia. Lo estimulo con mi mano de vez en cuanto mientras paso la lengua por la punta antes de inclinar mi cabeza para volver a meterla y chupar nuevamente. Lento, profundo, haciendo todo lo posible para que todo su miembro entre en mi boca. Tom jadea intentando no gemir tan alto como para llamar la atención de alguien.
Su cuerpo reaccionaba a cada movimiento mío, y yo disfrutaba cada segundo de tener ese poder sobre él. Me encantaba verlo rendirse, abandonarse a mí, morderse el labio para no dejar escapar un gemido demasiado alto. Estábamos en territorio peligroso, pero tan familiar como adictivo.
—Joder, Billie…— murmura entre dientes, bajando la cabeza para mirarme. Con su mano agarra un puñado de mi cabello para guiar los movimientos.
Le lanzo una mirada pícara sin detenerme. Lo tenía donde quería. Como siempre. Después de un rato, de sentirlo retorcerse por los pequeños espasmos, se corre tal y como yo quería, dentro de mí boca, y obviamente trago toda su esencia. Sus dedos tiraron suavemente de mi cabello para que lo mirara. Me incorporé despacio, limpiándome con la lengua una pequeña gota de semen que quedó en la comisura de mis labios.
Alza su mano y acaricia mi mejilla antes de besarme. Siento como me toma de las piernas para alzar mi cuerpo y hacer que rodee su cintura con ellas. Enredo mis brazos en su cuello y en menos de lo esperado acabo sobre la cama con él sobre mí. Se separa de mi boca solo para quitarme la camisa y momento después los pantalones.
Siento mi miembro duro entre mis boxers y empapados por mi propia esperma, pasa sus dedos por encima y yo gimo, levantando mis caderas solo para tener más contacto con su mano, con su boca, con lo que sea, pero que fuese suficiente para aliviar las punzadas en la punta de mi pene.
—Súbete encima de mí, de espaldas— gruñe y yo me levanto rápidamente mientras él se acuesta. Me subo encima a horcajadas dándole la espalda. Siento como la punta roza mi entrada y me dejo caer sobre ella jadeando cuando la tengo toda dentro. Comienzo a moverme ansioso por sexo, mierda. Con mis piernas logro alzarme y dejarme caer haciendo que su miembro entre entero y profundo en mí —Uhg…— jadea Tom.
—Mmm, joder…— cierro mis ojos, me inclino hacia adelante poniendo mis manos sobre sus piernas sin dejar de moverme. Solo para darle una mejor vista de como su polla entra y sale de mí, jodiendome de una forma tan buena —Oh, ah…
Pone una de sus manos en mi espalda baja para ayudarme con los movimientos y siseo cuando bofetea una de mis nalgas con fuerza dos veces seguidas. Las aprieta mientras que yo sigo saltando sobre su pene con ansias. Solo me detengo cuando mis piernas duelen por el constante ejercicio, me siento con su miembro dentro y me muevo de un lado a otro disfrutando de las sensaciones que dichos movimientos me provocaban.
—Ponte en cuatro, bebé— ordena y tan débil como me encontraba, me levanto y me acomodo como él indicó mientras el se posiciona detrás de mí. —No hagas tanto ruido, ¿sí?— pide con voz melosa y yo asiento mientras tomo una almohada para acomodar mi cabeza sobre ella solo para mayor comodidad, joder. Da una bofetada a manos llenas en cada una de mis nalgas antes de hundirse dentro de mí nuevamente y continuar embistiéndome.
Muerdo mi labio inferior para evitar gritar, ante cada embestida fuerte siento mis nalgas rebotar contra su pelvis. Y cierro mis ojos soltando pequeños suspiros y jadeos que compensaran el hecho de que no podía gritar como quiero porque alguien puede escuchar y eso no lo podemos permitir, ¿que dañen el momento? Claro que no.
Me penetra con fuerza, cada vez que se hunde dentro de mí siento que veo las putas estrellas y está sensación es la que me encanta, después del orgasmo, claro.
—Uhm Dios…— mascullo entre dientes —Joder.., ahm…, ah, sí, sí, mierda…
Siento que voy a correrme en menos de los esperado y lamo mis labios, sintiendo como aprieta mi nalga izquierda acelerando sus movimientos. En la última embestida sintiendo que llega tan a fondo qué no puedo evitar contenerme y tras gemir ahogadamente, aturdido, eyaculo de una forma explosiva que antes no había experimentado. Ay, es el mejor orgasmo de mi vida. Bueno, todos son los mejores orgasmos, mierda.
Segundos después Tom se viene dentro de mí, y yo suspiro al sentir como me llena completamente con su esperma. Una de mis otras favoritas sensaciones, sí.
Humm…
Él sale de mí y me toma en brazos para hacer que me acomode con la cabeza sobre su pecho, que sube y baja con rapidez por su respiración agitada, tan agitada como la mía. Sudorosos y temblando tras haber llegado al clímax.
—Buenas noches, tío— susurro con tono burlón y una sonrisa satisfecha.
Tom se inclina y me atrapa en un beso breve, lleno de electricidad contenida. Me encanta cuando me besa después de habernos corrido juntos, después de una buena sección de sexo —Tú vas a volverme loco, Billie.
—Ya lo estás— le guiño un ojo antes de levantarme de la cama, recoger mi ropa del suelo y vestirme bajo su atenta mirada —Ahora sí, descansa tío— digo de la forma más inocente que encuentro y veo como me sonríe antes de girarme hacia la puerta, acomodando mi ropa con toda la calma del mundo.
Salí de la habitación como si nada, con las piernas un poco temblorosas y una sonrisa idiota que no podía borrar.
Continúa…
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Son tan hot estos dos 😍🔥.