Fic TOLL de Unicornlitz

Capítulo 40

El comedor está a rebosar, con el murmullo de las conversaciones cruzadas llenando el ambiente. La mesa tiene un mantel rojo y dorado, platos llenos de comida y copas listas para brindar. El aroma de la cena flota en el aire: pavo, ensalada, arroz especiado y pan recién hecho.

Estoy sentado entre mis primos, Eloy y Chantelle, haciendo como que me interesa la charla mientras muevo la comida en mi plato con el tenedor.

—Voy a echar de menos esta casa— dice Chantelle, dejando su vaso en la mesa —Es enorme y tiene unas vistas preciosas.

—Pfff, claro— interviene Eloy con una risa burlona —Lo que vas a echar de menos es la piscina y que nos consientan como si fuéramos niños ricos. Porque en casa tenemos que hacer todo nosotros mismos y aquí es diferente…

Chantelle pone los ojos en blanco —No seas tonto. Aunque bueno, sí, la piscina también.

Ruedo los ojos discretamente. Ojalá la echen tanto de menos que no vuelvan nunca; —Oye, Bill— llama Álvaro, bebiendo un sorbo de su zumo de naranja —¿Tú qué haces para no aburrirte aquí? Porque, en serio, yo ya me habría muerto del aburrimiento.

—No te preocupes por lo que hago yo— respondo con una sonrisa falsa —Preocúpate por lo que harás tú cuando vuelvas a tu casa.

Los primos sueltan una risa contenida mientras Álvaro me lanza una mirada divertida y molesta —Siempre tan pesado.

—No pesado, realista— le respondo tranquilo, llevándome la copa de sidra a los labios.

Miro hacia el otro lado de la mesa; los adultos hablan de cualquier cosa aburrida que no me interesa. Mis padres, mis tías gemelas, Tom, mis «otros tíos» y mis abuelos conversan sobre trabajo, el estado de la economía y anécdotas del año que termina. Y yo solo quiero que esto pase rápido para poder darle la sorpresa a Tom; joder, ya quiero ponerme ese trajecito que compré.

Mientras imagino cómo sería toda la escena, mi móvil vibra y me interrumpe. Lo saco disimuladamente y lo desbloqueo bajo la mesa. Es Evan.

«¿Sobreviviste a la cena familiar o ya has enterrado a alguien en el jardín?»

Sonrío y le tecleo una respuesta rápida:

«Estoy en ello. Solo necesito que me cubras la coartada. No quiero acabar en el talego aún, ¿sabes?»

Antes de recibir respuesta, su madre carraspea —Bill, deja el móvil sobre la mesa— dice Simone mirándome con una ceja levantada.

Suelto un suspiro dramático —Mamá, solo estaba…

—No— me interrumpe —Aún no es medianoche y si puedes socializar con desconocidos, puedes hacerlo con tu familia.

Y es entonces cuando mis adorables primos se echan a reír. Pongo los ojos en blanco con fastidio y dejo el móvil a regañadientes. Apenas lo suelto, siento que alguien me mira desde el otro extremo de la mesa. Levanto disimuladamente la mirada y ahí está él. Reclinándose en la silla con una copa en la mano y una expresión neutra en el rostro; pero sus ojos oscuros están fijos en mí. Intensos. Penetrantes.

Trago saliva al instante. Mi corazón da un pequeño salto en el pecho sin permiso, me esfuerzo por mantener la compostura y le dedico una sonrisa disimulada, antes de volver a mi plato a seguir comiendo. Un segundo después, mi móvil vibra de nuevo. Le echo una rápida mirada sin que mi madre se dé cuenta.

«Jajaja, te ayudo, pero quiero el 50% de la herencia.»

Sonrío y respondo con un emoji del dedo del medio antes de soltar el móvil y concentrarme en la comida.

&

Cuando faltaban diez minutos para la medianoche, los adultos empezaron a repartir copas de champán y sidra. La tele estaba encendida con la cuenta atrás, y la energía en casa era animada, llena de emoción por el cambio de año. Y a mí me daba una pereza horrible, no sé por qué, pero nunca me ha gustado la Navidad. Y nunca me gustará.

Mis primos bromeaban entre ellos, y mis tías gemelas, junto con las otras y mi madre, recordaban anécdotas chorras de años pasados. Mi tío Tom, mi tío David, Sabine, Lilianne, Tamara, Nickole, todos ahí, hablando de las travesuras que hacían y que casi volvían loca a mi abuela.

Cuando la cuenta atrás llega a cero, todos alzan sus copas.

—¡Feliz año nuevo!

El sonido de los brindis resuena en la casa, seguido de abrazos y buenos deseos. Siento un par de brazos rodeándome con fuerza; reconozco al instante el perfume. Ay, joder —Feliz año, Billie— susurra Tom cerca de mi oído. Siento un escalofrío recorrerme la espalda; trato de responder con normalidad, pero mi voz sale más baja de lo que esperaba.

La celebración sigue con todos bebiendo, incluso mis padres; cervezas y música esa que suena en cada maldita fiesta familiar a todo volumen. Risas, voces mezcladas y un montón de abrazos incómodos cruzan el salón mientras yo me acomodo contra el marco de la puerta con la copa a medio terminar. No sé si es el calor de casa o los tragos, pero me siento ligeramente mareado. Miro hacia el sofá donde Tom está sentado con la copa en la mano y las piernas cruzadas con ese aire tan jodidamente tranquilo.

Me lanza una mirada desde su rincón; ladea la cabeza con una media sonrisa que me dan ganas de gritar. Y yo me río por dentro porque sé exactamente qué significa esa sonrisa. Apenas unos segundos después se levanta y se despide con un gesto vago hacia el grupo. —Voy al baño— dice sin que nadie le preste realmente atención.

Porque todos están ebrios, todos están bailando, todos están cantando. Yo espero. Espero lo justo para no parecer desesperado ni sospechoso. Me muevo por el pasillo fingiendo que voy por otra botella de champán a la cocina, pero en vez de girar a la derecha sigo recto hacia las escaleras. Subo a mi habitación. Cuando llego, la puerta está apenas entreabierta. Empujo suavemente y entro.

Ahí está él. Apoyado contra la pared junto a la ventana, con los brazos cruzados y esa cara de «te estaba esperando». Cierro la puerta con seguro sin pensarlo. —¿Qué haces aquí?— pregunto en voz baja como si no supiera la respuesta. Juguetón.

Tom no dice nada al principio. Se aparta de la pared y camina hacia mí con calma; me acaricia la mejilla con los dedos. —Te dije que te tenía dos regalos, ¿recuerdas? Uno ya lo recibiste antes porque no pudiste esperar y el otro como despedida; ¿lo olvidaste, Billie?— responde al fin en voz grave, casi ronca.

—No.

Sus ojos bajan un momento hacia mi boca y luego suben de nuevo a los míos. Mi respiración se acelera de golpe. Nos miramos así, muy cerca, sin decir nada más, con la tensión entre nosotros como una cuerda a punto de romperse. Y es entonces cuando me acuerdo del conjunto. Respiro hondo, doy un paso atrás y él me sigue con la mirada, como si supiera que tengo algo entre manos. Abro el cajón de mi armario, saco una pequeña bolsa negra y le lanzo una sonrisa pícara.

—Espera aquí, que yo también tengo un regalo para ti como despedida— digo. Entro al baño y cierro la puerta.

Mientras me cambio, siento cómo me tiembla un poco el pulso. El encaje roza mi piel mientras me lo ajusto, ese mismo conjunto atrevido que compré esta mañana sin pensarlo mucho. El delantal negro diminuto, las orejitas, la cola de peluche. Todo. Me miro al espejo y me muerdo el labio. Sí, definitivamente va a enloquecer. Salgo con paso lento, dejando que el sonido de mis pies descalzos sobre la alfombra sea lo único que lo avise. Tom está sentado al borde de la cama, con las manos apoyadas en los muslos. Me mira. Y por un momento, no respira.

—¿Tom?— mi voz suena más dulce de lo normal, juguetona. Lo saco del trance en el que estaba.

Me apoyé en el marco de la puerta, una mano en la cadera y la otra jugando con una de las cintas negras del conjunto. El top de encaje apenas cubría lo justo; el delantal negro con dibujitos de gatitos colgaba como una burla, y las tiras finas de la parte de abajo marcaban mi trasero de forma indecente. Cada paso que daba hacía que la cola falsa se moviera coquetamente.

—¿Te gusta, Tommie?— pregunté con fingida inocencia, dándome la vuelta lentamente para mostrarle la vista desde atrás.

El sonido que hizo fue más un gruñido que una respuesta. —Bill… joder…

Me acerqué a él caminando despacio, dejando que mis caderas se movieran como si estuviera en una pasarela. Le quité la copa de la mano y la dejé sobre el escritorio. Me subí a horcajadas sobre él y sus manos fueron directo a mis piernas —Espero que mi regalo sea muy bueno— susurré, lamiéndome el labio inferior mientras mis dedos recorrían su pecho expuesto por su camisa abierta.

Él ya tenía las manos en mi cintura antes de que terminara la frase, clavando los dedos con fuerza como si necesitara comprobar que era real. Su mirada bajó por mi cuerpo como si quisiera despojarme solo con los ojos. Y la forma en que me apretó contra él lo decía todo. No había vergüenza ni recato. Solo lujuria.

—Eres un niño sin nada de inocencia, eh— dice bajando sus manos a mis nalgas y jugando con el hilo entre ellas —Un niño con cara de ángel pero sin una pizca de vergüenza… eso es aterrador y excitante a la vez.

Yo sonrío. Solo sonrío. Me bajo de su cuerpo mordiendo mi labio inferior —Sí, tengo carita de inocente pero no lo soy— relamo mis labios despacio —Debes saberlo porque cuando nos volvamos a ver voy a ser peor— él alza las cejas insinuantemente —Ponte de pie— le pido y él lo hace lentamente. Me subo a un lado de la cama gateando hasta el centro y me coloco de rodillas frente a él. Empiezo a pasear mis manos por mi pecho, abdomen e entrepierna sobre la tela de la lencería de forma lenta y sensual.

Me concentro más en pasar mi mano por mi entrepierna moviendo mis caderas de adelante hacia atrás. El roce me pone más duro de lo que estoy y me encanta la jodida sensación, más mientras él me mira atentamente. Sonrío de forma inocentona entreabriendo mis labios brevemente sin dejar de mover mi mano sobre mi miembro por encima de la tela.

Tomo el borde de la tanga y la hago a un lado dejando al descubierto mi miembro, con la punta sensible y chorreando presemen por los putos espasmos. Escupo en mi mano y tomo mi pene para comenzar a masturbarme. Así. De rodillas y con él sin apartar su mirada de mí; mi mano se mueve con lentitud sobre mi falo de arriba abajo apretando lo justo y aumento la velocidad haciendo presión de vez en cuando en la punta con mi pulgar, gimiendo libremente porque la música abajo está a todo volumen y amortigua todo sonido en mi habitación.

Abro mi boca jadeando sin poderlo evitar, me acomodo en la cama sentándome en ella abriendo aún más las piernas. Suelto mi miembro, escupo en mi mano nuevamente y riego la saliva en mi entrada para luego meter dos dedos comenzando a penetrarme a mí mismo. Frunzo las cejas y echo mi cabeza hacia atrás porque se siente tan bien, con los ojos entrecerrados y mis dedos entrando y saliendo de mí, veo como Tom se desabrocha el cinturón con lentitud mirando la escena pornográfica que le estoy dando.

Saco mis dedos, los llevo a mi boca para chupar eróticamente y vuelvo a meterlos en mi culo de un solo y fácil movimiento. Cierro los ojos un par de segundos y muerdo mi labio inferior, gimiendo guturalmente. Estimulo mi entrada con rapidez, mis dedos entran y salen tan rápido qué siento como mi muñeca duele pero no me detengo. No hasta que logro tocar mi próstata un par de veces y ante los espasmos me estremezco al conseguir un pequeño orgasmo que, obviamente me deja insatisfecho. Tom, al quitarse toda la ropa mientras yo me tocaba, rodeó la cama para subirse en ella.

Vuelvo a ponerme de rodillas acomodando la tanga de nuevo en su lugar y siento su pecho chocar con mi espalda, sus manos se posan en mi pecho. Las baja y acaricia mi cuerpo con lentitud, tocándome de esa forma tan deliciosa que me encanta. Una de sus manos se mete dentro del top para pellizcar uno de mis pezones mientras que la otra iba a parar en mi entrepierna haciendo presión sobre la tela.

Siento su lengua lamer el lóbulo de mi oreja con parsimonia, comenzando a mover su mano en mi entrepierna justo como yo hacía en un principio y la otra jugaba con uno de mis pezones haciéndome gemir de dolor y placer a la vez. Su boca se desliza por mi mejilla hasta el cuello comenzando a succionar la piel.

—Joder…

Ladeo la cabeza uniendo su boca con la mía mientras su mano sigue frotándose sobre la tela en mi miembro aún erecto, sensible. Se separa, baja el cierre del top que se encuentra en mi espalda y me lo quita. Inclina su rostro para comenzar a lamer el mismo pezón que había estado pellizcando antes. Viro los ojos encantado. Chupa como si quisiese obtener algo al hacerlo y eso me hace sonreír ligeramente, su mano vuelve a mi entrepierna, hace a un lado la tanga y comienza a masturbarme.

—Ouh…— jadeo cerrando mis ojos —Dios mío, mmm…

Sus labios encuentran los míos y me besa de forma libidinosa, su lengua juega con la mía, me encanta lo erótico que es todo esto. Siento sus dedos de vez en cuando introducirse en mi entrada, hundiéndose en mi interior moviéndolos en círculos. Muevo mis caderas, queriendo sentir más y más cada vez porque siento que me estoy muriendo de la desesperación por tenerlo dentro de mí, ya.

Hace que me acomode en cuatro nuevamente, siento sus dientes morder una de mis nalgas mientras toma el borde de la tanga y la baja lentamente para quitármela. Separa mis nalgas y acto seguido siento su lengua en mi entrada, dando lametones mientras yo cierro mis ojos disfrutando de cómo se siente aquello que dura un par de minutos y me hace temblar. Lo siento acomodarse y luego bofetea una de mis nalgas haciéndome gritar gustoso. Su pene en mí entrada hace pequeñas presiones, sin entrar del todo, volviéndome loco. Y muevo mi trasero buscando ya sentirlo dentro, desesperado, ansioso, quiero correrme porque mi pene está doliéndome.

Se empuja dentro y mis ojos se abren como platos al instante, sus manos se posan en mi espalda baja y comienza a penetrarme con fuerza y de forma rápida. Mis nalgas al chocar con su pelvis creaban esos sonidos secos como si fuesen aplausos y los gemidos salían sin cesar de mis labios y los suyos. Entra y sale de mí de forma salvaje, profunda, voraz sin dejar de nalguearme cada cinco minutos. Mi cuerpo se mese de adelante hacia atrás a la par de las embestidas.

—Ohm, ah…, ah…, sí, mmm, sí…— aspiro aire profundamente —Mierda, mierda, mmm…

Aprieto las almohadas y ladeo la cabeza para verlo, está tan concentrado en lo que hace, mirando fijamente como su pene entra y sale de mí con facilidad, muerdo mi labio inferior cuando sus ojos se conectan con los míos y sonrió aturdido por los pequeños espasmos que me invaden por completo haciéndome sentir débil, con ganas de tumbarme sobre la cama y dejar que él haga todo el trabajo pero, ¿que gracia tenía? Sale de mi sin avisar y cuando estoy por rechistar, me toma en sus brazos mientras se tumba él en la cama y me sube sobre él.

—Quiero que montes mi polla, ahora— ordena con su voz ronca.

Sonrío, sonrió ensanchantemente mientras busco su miembro duro y erguido. Alzo mis caderas un poco para alinear su pene y dejarme caer sobre él, desabrocha el delantal con dibujitos de gatitos dejándome completamente expuesto solo con las medias de malla puestas. Empiezo a saltar sobre su pene y él pone su mano detrás de mí cabeza para hacer que me incline hacía adelante y poder besarme.

—Oh, como amo esto…— suspiro contra sus labios —Dame más fuerte, joder. Quiero correrme, lo necesito…

—Shh…

—¡Ohm, Dios sí!— jadeo volviendo a dejarme besar por él —Mhmm, que rico, mierda…— su lengua lame mi labio inferior —Como quisiera que esto no se acabara todavía, joder.

—No tiene porqué acabar— dice entre gemidos con su respiración agitada, apretando mis nalgas con fuerza —Podemos tener sexo telefónico, ¿sabes?

—Oh, eso suena bien— sonrío —¿Puedo enviarte fotitos, mmm?

—Las esperaré con ansias siempre…

—¡Ah!— gimo cerrando mis ojos cuando toca mi punto sensible que me hace tiritar del placer —Y vídeos, ¿también?

—Lo que sea…

Río suavemente, acomodo mi cabello a un lado sin dejar de autopenetrarme con su polla. Muevo mis caderas en círculos reiteradas veces antes de volver a retomar los pequeños saltos, tomo mi miembro y me masturbo. Duramos así varios minutos más, yo tocándome sin dejar de montar su pene como una maldita perra en celo. El ritmo se volvía más errático, más profundo, como si estuviéramos a punto de rompernos. El calor entre mis piernas era insoportable, y cada embestida me arrancaba un gemido que no podía contener.

—Ah… sí…— jadea Tom.

—Ngh… más…— pido, aumentando la velocidad de mi mano en mi mientras —A-ah… Tom… Mmmh… justo ahí…, que delicia…, Dios… no pares…

Mis dedos se clavaron en su pecho rasgando su piel mientras lo miraba, completamente entregado, vulnerable, perdido en ese vaivén que nos consumía.

—Nnnh… te siento tanto…

—Me… me voy a correr…— dice entre jadeos, casi inentendible.

—Ahhh… joder… S-sí… más fuerte…

—Oh… no te detengas…

Mi respiración se volvió jadeo. Lo sentí temblar dentro de mí, y fue ahí, justo ahí, cuando todo explotó.

—¡Oh, mierda!… ¡sí…!— exclamo en un gran y sonoro gemido.

El clímax me atravesó como un rayo, haciéndome arquear la espalda mientras un grito ahogado escapaba de mi garganta. Fue tan intenso que sentí que dejaba de existir por un momento. Mis piernas temblaron, mi pecho se apretó y un escalofrío me recorrió entero. Él llegó casi al mismo tiempo, hundiéndose hasta el fondo, gimiendo mi nombre como si fuera una plegaria.

Nos quedamos así, pegados, jadeando, sudados, con los corazones desbocados y esa sensación de vacío placentero que solo llega cuando te rompen de placer… y te vuelven a armar con una sola mirada.

—Ojala no me extrañes mucho— dice, mientras acaricia mi cabeza.

Yo suspiro —Ojala y no faltes para la siguiente navidad, eh.

—Eso no te lo puedo prometer, hermoso.

Hago un pucherito. Está es sin duda la mejor despedida que hemos tenido.

F I N

Gracias por leer y no te pierdas el capítulo extra que la autora nos regala 😉

por unicornlitz

Escritora del Fandom

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