
Fic TOLL de Unicornlitz
Capítulo Extra
El día siguiente amaneció con un jaleo en casa. Los pasillos estaban llenos de maletas, los adultos se daban prisa para dar las últimas instrucciones y los primos corrían de un lado a otro, asegurándose de no dejarse nada.
Yo me quedé en la sala con los brazos cruzados, observando todo con paciencia. Aunque por dentro contaba los minutos para que mi «querida familia» al fin se pirara. —¿Dónde dejaste mi cargador?— preguntó Chantelle a Álvaro.
—¿Tengo cara de servicio de objetos perdidos?— respondió Álvaro con tono sarcástico.
—Seguro que lo metiste en una de tus mochilas— añadió Chantelle con una sonrisita burlona.
—Sí, claro— contestó él con ironía —Y también escondí tu personalidad, a ver si así la encuentras algún día.
Contuve la risa al ver cómo Chantelle se iba poniendo roja por lo que Álvaro le dijo. Toda esta situación es tan estresante, ya quiero que se vayan, aunque echaré de menos a mis abuelos, pero sé que los veré dentro de once meses para la próxima Navidad. Lo mismo con mi tío Tom si es que no falta, aunque tengo mis dudas. Su trabajo es tan exigente que no me haré ilusiones pensando que lo veré en la próxima Navidad.
—¡Niños, vámonos ya!— gritó David arrastrando una de sus maletas —¡Y que no se les quede nada porque no volveremos por una pulsera o un zapato!
Tras gritar eso, se posiciona frente a mí con su actitud habitual, mirándome de arriba abajo. —A ver si este año aprendes a hacer algo útil, en lugar de estar ahí todo el día pintándote la cara— soltó con una risita burlona.
Sonreí con falsa amabilidad. —Y a ver si este año aprendes a cuidar de tus hijos, en lugar de esperar que el mundo lo haga por ti. Por cierto, esos pantalones son ridículos— le dije señalando su prenda que imita la piel de un puma y se ve horrible con esa camisa rosa —Buen viaje.
David me mira enfadado, pero antes de que pudiera contestar, Sabine interrumpe —Siempre tan respondón, Bill— dijo con una sonrisa cínica —No es de extrañar que te tengan tan mimado. Mejora este año, chico.
—Y siempre tan entrometida, Sabine— le respondí en el mismo tono —No es raro que nadie en esta casa te aguante. Y sé menos amargada…
—Bill— reprochó mi madre de brazos cruzados —Por favor, despídete bien.
Suelto un bufido y pongo los ojos en blanco. —Vale, vale, que tengáis un buen viaje— digo con una sonrisa exagerada.
Lilianne me lanzó una última mirada condescendiente antes de dirigirse a la puerta con sus hijos. Mis abuelos fueron los últimos en salir y me despidieron con abrazos fuertes y besitos en la frente por parte de mi abuela. Ella me acaricia la mejilla —No les hagas caso, cariño— susurró —Sabes que nosotros te queremos tal como eres.
Siento que el nudo en mi pecho se afloja un poco. —Os voy a echar de menos, abue— admito, abrazándola otra vez con cariño. Mi abuelo me da unas palmaditas en el hombro con una sonrisa.
—Nos vemos pronto, pequeño. Pórtate bien.— me dice, como todos los años y yo le sonrío.
—Siempre— respondo con una sonrisita traviesa. Los observo salir y voy fuera para ver cómo suben al coche y cuando finalmente los motores se encendieron y comenzaron a alejarse, dejo escapar un largo suspiro de alivio. —Aleluya— murmuro satisfecho. Sí, echaré de menos a mis abuelos pero al resto para nada. Así que se hayan ido los que no soporto me hace sentir genial.
Ahora quedaban los del principio: mis tías gemelas y mi adorado tío Tom. Y eso… es un alivio.
No puedo evitar sonreír. Finalmente, mi casa volvía a sentirse como mía, sin cucarachas que exterminar porque ya se habían ido solas.
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Rodé sobre el colchón, incorporándome con un poco de pesadez. Miré la hora en el reloj de mi mesita de noche. Aún era temprano. Bufé y me pasé una mano por la cara antes de arrastrarme fuera de la cama. Entré al baño, me di una ducha rápida y me puse algo cómodo. Al bajar, mi madre me recibió con una sonrisa.
—¡Buenos días, dormilón!— dice mientras ayuda a las chicas a limpiar la mesa.
—Mmm, buenos días… ¿dónde está papá?— pregunto mientras tomo asiento para esperar mi desayuno, porque por lo que veo ya todos han desayunado menos yo. Y es obvio, son las once de la mañana.
—Tuvo que ir a la empresa.
—¿Y mi tío?
El rostro de mi madre no cambió, pero sus palabras me dejaron completamente en shock —Se fue esta mañana al aeropuerto. Tenía que coger su vuelo a Los Ángeles.
—¿Qué?— solté sin aire, él no me había dicho nada. No me dijo que se iría hoy y tampoco me llamaron siquiera para despedirme. Mi estómago se apretó. —No me dijo que se iría tan pronto…
—No quiso despertarte— respondió Simone con naturalidad —Te vio dormido y prefirió dejarte descansar.
Me reí, pero no de felicidad. —Vaya excusa. ¿Y mis tías? ¿también se fueron con esa excusa barata?
Mi madre soltó una carcajada. —No, ellas se quedan hasta la próxima semana.
Genial.
—No te enfades, Billie. Dentro de unos meses lo volverás a ver— musita rodando los ojos divertida —Qué apego tienes con tu tío, eh. Desde pequeño siempre has sido así…
—Humm…— sin decir más, subí a mi habitación y busqué mi móvil. Entré a WhatsApp y abrí nuestra conversación. El último mensaje fue hace un montón, y con el corazón latiéndome fuerte en el pecho empiezo a escribir rápido.
«Me tendrías que haber despertado, idiota.»
Tardó en responder, pero estuve pendiente en todo momento sin apartar la mirada de la pantalla ni un segundo.
«Oye, ¿qué es esa falta de respeto? Me despedí de ti antes. Lo sabes, bonito.»
Mi mandíbula se tensó al leer la indirecta.
«No es lo mismo.»
«No te preocupes, mocoso. Ya te has metido en mi cabeza de una manera que jamás esperé. Cuando nos volvamos a ver, te daré una buena bienvenida. Compórtate, sé buen niño y no olvides escribirme.»
Lo leí una vez. Luego otra y sin querer sonreí.
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Más tarde ese mismo día, después de comer algo rápido, salí con Adrianne. Nos encontramos en una plaza del centro, en una de esas bancas color verde musgo que parecían más decorativas que cómodas. Yo llevaba gafas de sol y una botella de agua en mano, intentando ignorar el calor que me tenía de mal humor.
Adrianne llegó con su paso despreocupado, vestida con un vestidito corto y unas gafas enormes que le daban un aire de celebrity en decadencia. Se dejó caer a mi lado con un suspiro dramático. —Dios, creía que no llegaba. Ese conductor era más lento que un caracol con depresión— se quejó, sacando un espejo pequeño de su bolso para mirarse los labios.
—¿Y por qué no usaste tu coche?— pregunté sin mirarla.
—Porque anoche lo dejé en casa de ese chico cuyo nombre no recuerdo pero empieza por S. Y no, no preguntes qué hacía ahí porque ya lo sabes— sonrió de lado.
—Me encanta que tengas la autoestima por las nubes. Qué admirable— dije con sarcasmo mientras me inclinaba hacia atrás y cruzaba las piernas.
—Por favor, no seas hipócrita— rió —Me llamas y me cuentas que te dolió que Tom se fuera sin despedirse y luego vienes con esa cara de «no me afecta nada.» Deberías aprender a ser más como yo: me rompen el corazón y al día siguiente me compro un rimel nuevo.
—Ya tengo suficiente con tu existencia como para encima tomar tus consejos.
Ella soltó una risa y me empujó suavemente el hombro. —Ay, cállate. Sabes que me adoras. ¿Y qué pasó con Tom al final? ¿Te dejó el regalito o se fue como llegó?
Me reí, llevándome los dedos a los labios mientras negaba con la cabeza. —Digamos que… me dejó pensando— le lancé una mirada cargada de intención.
Adrianne chasqueó la lengua. —Qué manera más decente de decir que te revolvió el alma y otra cosa también.
—Ay, por favor— reí, aunque no lo negué —Pero no puedo creer que se haya ido sin despedirse. Me dejó ahí, como un idiota dormido.
—¿Y tú crees que eso fue casualidad? No, cariño. Eso fue planeado. No quiso despedirse porque sabía que si te despertaba, no lo dejabas ir tan fácil— se encogió de hombros —Te tiene más comido que yo a las galletas de vainilla después de un polvo.
—No me ayudes, eh.
—Solo digo la verdad. Te tiene como droga, Billie. Y no te culpo, porque si tuviera un tío así, yo también estaría perdiendo la cabeza— me guiñó un ojo.
—Gracias por tu comprensión tan… enfermiza.
Nos quedamos en silencio unos segundos mientras la brisa movía ligeramente los árboles. Luego, Adrianne giró hacia mí con una sonrisa pícara. —¿Y qué vas a hacer ahora? ¿Llorar por los rincones hasta que vuelva?
—No, perra. Voy a hacerme desear.
—Ah, me encantas.
Nos reímos los dos al mismo tiempo y en ese instante supe que, al menos por ahora, no estaría solo con toda la ansiedad que me había dejado esta situación. Después de unos minutos de silencio, miré al frente y vi a una niña intentando atrapar palomas sin éxito. Suspiré. Ese tipo de escenas normalmente me daban ternura, pero hoy me dejaron un vacío raro.
Apreté la botella de agua entre mis manos y solté de golpe: —Siento que el año «pasado» no hice nada.
Adrianne me miró de reojo, arqueando una ceja mientras se acomodaba mejor en la banca. —¿Nada? Billie, por favor. No vengas con esos discursos de chica Tumblr deprimida— se inclinó hacia mí —Si tú no hiciste nada, ¿entonces qué queda para los demás?
—Es en serio— me encogí de hombros —Todos están como planeando su futuro, organizando su vida… y yo aquí, atrapado en dramas familiares, secretos y…
—Y con un tío sexy en tu cama— me interrumpe —No te olvides de ese detalle, que es bastante importante.
Me reí sin poder evitarlo, bajando la cabeza. —No me refería a eso, tía.
—Pero es parte de tu año, y uno de los logros más difíciles, si me lo preguntas— se estiró como si nada —¿Te recuerdo, por si acaso, tu reto del año pasado?
—No empieces…
—Te propusiste tenerlo en la cama— se inclinó hacia mí con una sonrisa triunfante —Y no solo lo volviste loco, cariño, lo hiciste tuyo. ¿Qué más quieres?
—¿Un poco de paz mental? ¿No despertarme cada día pensando que estoy obsesionado con mi propio tío?
—Ay, amor, la paz mental está sobrevalorada— bufó —Lo importante es que lo lograste. Te metiste en su cabeza, en su cama y en su vida. Y no fue casualidad, fue estrategia. Lo envolviste hasta que no tuvo escapatoria.
—Qué feo suena así, como si yo fuera una especie de depredador emocional— le lancé una mirada divertida.
—Pues sí, pero uno guapísimo y con un plan— se echó a reír por sus propias ocurrencias —Mira, si este año fue raro, caótico y lleno de líos, está bien. A veces los años importantes son así. No se ven perfectos, pero te marcan. Y tú, mamona, cerraste el año con broche de oro.
Sonreí de lado, sintiendo cómo el pecho se me aligeraba poco a poco. —Gracias, zorra.
—De nada, perra degenerada. Ahora deja de quejarte y haz lo que sabes hacer: enloquecer a chicos que ni loco mirarías.— dice —Bueno, al menos tienes a Evan— musita Adrianne encogiéndose de hombros, mientras se ponía de pie y sacudía su abrigo con desgana —Para pasar el rato… distraerte. Ya sabes.
Le lancé una mirada. —¿Tú crees que Evan distrae?
—Amor, Evan distrae, entretiene y si le das cuerda hasta te cocina. ¿Qué más quieres mientras tu tío prohibido está en otro país con la lechuga marchita?
—Humm…— solté una risa floja y me puse en pie también, metiendo las manos en los bolsillos —A veces siento que lo único que hago bien en esta vida… es pecar. Debemos ir a la iglesia, Adrie…
Adrianne soltó una carcajada sonora y yo sonreí de lado. Caminamos en silencio un par de pasos antes de que ella dijera: —Esa frase me la voy a tatuar y sí, necesitamos confesarnos. Solo esperemos que el sacerdote no se traume…
—Pecado en letra cursiva, por favor— respondí sin girar el rostro.
—Y en japonés para que nadie lo sepa…— nos echamos a reír al instante.
Y ahí estaba yo… metido hasta el cuello en una historia que no sé cuándo empezó a salirse de mis manos. Evan es el consuelo perfecto para mantenerme entretenido. Pero no me quema como él. No me desarma. No me jode la cabeza.
A veces creo que lo que siento es obsesión. O deseo. Algo confuso, turbio. Nada sano. No puede ser amor… no sería tan complicado si lo fuera. ¿Verdad?
No sé si quiero salir de esto… o hundirme más.
F I N
¿Listos para lo que se viene en la segunda temporada? XD.
Gracias por leer, los amooo. Muaaak!!!!
Listísima par la segunda temporadaaaa. Corre cámara y ¡acción! 🔥😈❤.