Fic TOLL de unicornlitz. Temporada II

Capítulo 10

Pasado unos diez minutos de masajes, veía como Tom estaba bien concentrado y mierda, hay que aprovechar cuando tenemos tiempo a solas así qué, con mi pie derecho, que masajeó momentos antes, comencé a frotarlo «disimuladamente» sobre su entrepierna. Claro que Tom alzó su mirada de mis pies para verme con cara de «ya te habías tardado» o al menos así lo vi yo.

—Bill…— me llama como queriendo advertirme.

—¿Qué?— digo con esa voz de niño inocente que me caracteriza… nótese el sarcasmo.

—Quédate quieto.— amenaza muy seriamente.

—Estoy quieto, tío Tom.

Él suspira —Hablo en serio, sabes que aquí no podemos hacerlo todo el tiempo— me recuerda. Y yo hago otro pucherito…

—Llevas dos días diciéndome lo mismo.

—Y sabes que no lo digo porque quiera…

—Pero ahorita no hay nadie.

—Cualquiera puede subir y…

—¿Lo dices después de qué hemos follado hace dos días en tu habitación mientras tu novia estaba en el baño dándose una ducha?

Él se queda en silencio, sin argumentos o excusas para frenarme.

—Seré muy silencioso como ese día— le digo y luego sonrío —Lo prometo— susurro. Y sin esperar respuesta suya sigo frotando mi pie en su miembro sobre la tela de su pantalón deportivo, hago fricción suavemente logrando mi objetivo. Una erección.

Tom suelta mi pie izquierdo y, con los deditos de ambos, engancho el elástico de su pantalón deportivo, deslizándolo hacia abajo apenas lo necesario para hacer lo mismo con los boxers. Luego, tomo su miembro y lo coloco entre mis plantas, dejándolo atrapado entre los arcos de mis pies, mientras comienzo a masturbarlo con movimientos suaves y precisos. Veo cómo su prepucio se desliza hacia arriba y abajo con los movimientos de mis manos. Mierda, que delicia…

—Billie…— gime Tom en un gruñido —¿Por qué no me dijiste que… tienes novio?— pregunta en un suspiro.

Yo me tenso de inmediato pero no dejo de darle atención a su pene —No lo vi necesario…

—Oh, claro que sí es necesario— dice, con voz entrecortada. Se contiene de gemir —Ahora soy yo el que esta enojado.

Bufo —¿Quién te contó?

—Tu… madre— gruñe de nuevo —Me contó que hubo una vez en la que te fuiste al apartamento de ese tal Evan porque discutieron…

—Sí, es mi novio pero, si te sirve de consuelo…— sonrío, suelto su pene ya rojito por la estimulación y gateo hasta quedar cerquita de su rostro, sintiendo su respiración jadeante chocar contra mi rostro —Cuando me lo mete, solo imagino que eres tú el que está en su lugar.

Tom acerca su rostro, sus labios rozan los míos y quiero besarlo pero cuando estoy por hacerlo él se aleja un poco, impidiéndolo. Toma mi rostro con una mano, apretando fuerte mis mejillas con sus dedos —Pues la próxima vez abre bien las piernas… que te lo meto yo y piensas con la boca llena.

—¿Con la boca llena, eh?… Pues prepárate, que pienso tragártelo todo… hasta que no puedas ni hablar.

Sin dejarle responder me lanzo a su boca acomodándome sobre su regazo. Nuestros labios chocan con fuerza, con urgencia, hambrientos. No es un beso tierno: es lengua, jadeos, saliva compartida. Le muerdo el labio inferior, lo chupo con descaro, y después le meto la lengua queriendo provocarle un gemido desde el pecho. Me quita el albornoz deshaciéndose del nudo y deslizándolo por mis hombros. Yo le quito su camisa y a ciegas le termino de bajar sus pantalones junto a sus boxers. Nuestros cuerpos se pegan, calientes, y el beso se vuelve un juego sucio de dominio disfrazado de deseo.

El beso se intensifica, húmedo, casi obsceno. Comienzo frotando mi pelvis contra la suya mientras le agarro del cuello con una mano y con la otra le araño el pecho. Mis caderas se mueven con ritmo, rozándole justo donde más lo necesita. Nuestros penes se frotan entre sí. Tom gime contra mi boca, tragándose el sonido cuando vuelvo a meterle la lengua con violencia, queriendo poseerlo desde ahí. Su aliento caliente se mezcla con el mío, y las manos de Tom ya se deslizan por mi espalda, bajando hasta mi trasero, apretándolo con fuerza.

Me separo apenas unos milímetros, con la boca brillante por la saliva y los ojos cargados de lujuria. Lo miro como una fiera lista para devorarlo.

—Te dije que no ibas a poder ni hablar…

Me encanta cuando se queda sin palabras. Lo miro desde arriba, con su polla ya dura, hinchada, con esas venas bien marcadas. Y no pienso hacerlo esperar. Me muevo lento de nuevo, frotándome contra él con toda la intención, haciéndole sentir lo que se está perdiendo cuando se acuesta con esa dinosauria. Lo tengo temblando. Me encanta tenerlo así… a mi merced.

Le muerdo el cuello mientras le hablo entre dientes: —Estás tan duro, Tomi… ¿todo eso por mí?

Mis dedos bajan por su pecho, arañándole un poco, su polla está tan caliente, húmeda en la punta. Me relamo los labios.

—Mmm…— gimo bajito, haciéndome el inocente mientras le agarro el bicho con una mano y lo aprieto suave —¿Esto es lo que querías meterme cuando dijiste que me iba a callar?

Le escupo en la punta sin pudor y empiezo a moverle la mano lento, torturándolo con caricias suaves. Él aprieta los dientes, gime fuerte y se agarra a mis muslos como si eso pudiera frenarme.

Pero ya no hay freno.

—Dímelo, Tom… dímelo— susurro mientras bajo la cabeza y dejo que mi lengua le dé la bienvenida al infierno. Le doy una lamida larga desde la base hasta la punta, saboreándolo como si fuera un caramelo. Siento cómo se le tensa todo el cuerpo debajo de mí, cómo su polla late contra mi lengua.

—Mierda… Bill…— jadea.

Eso me pone más duro.

Lo miro desde abajo, con los labios rozándole la punta, y le sonrío con toda la malicia del mundo. Después me lo trago. Entero. Hasta el fondo.

Suelta un gemido ronco, de esos que me hacen temblar el estómago. Me encanta esa reacción. Me vuelve loco sentir cómo se le va la respiración cada vez que bajo la cabeza y lo entierro todo en mi garganta. Lo hago lento al principio, solo para torturarlo. Le paso la lengua por la parte inferior mientras subo, chupando fuerte, dejando un hilo de baba que cae hasta su abdomen.

Empiezo a cogerle ritmo. Arriba. Abajo. Más rápido. Mas profundo. Lo escucho decir mi nombre entre dientes, apretando las sábanas, desesperado. Y entonces lo miro otra vez. Con los ojos húmedos, las mejillas rojas, y la boca ocupada en su polla.

Le encanta. Lo sé porque tiembla.

—¿Así te callo, Tommie?— le digo con voz ronca, apenas soltándolo para hablar —Quédate quieto, que todavía no acabo contigo…

Y me lo vuelvo a tragar como si quisiera comérmelo vivo.

Lo siento tensarse, cada músculo de su abdomen vibra bajo mis manos. Le paso la lengua por la punta, lo chupo con fuerza y lo meto de nuevo hasta el fondo, sin darle tregua. Tom ya está al borde. Lo oigo soltar mi nombre entre gemidos ahogados sin parar, y eso me hace chuparle más rápido, más sucio, con la boca babeando sin vergüenza.

—Bill… joder… ¡me voy a correr!— jadea, tirando la cabeza hacia atrás.

Y no paro.

Todo lo contrario: lo aprieto con la garganta, lo miro desde abajo como una puta profesional, y dejo que se venga adentro, caliente, espeso, llenándome la boca mientras gime como nunca. Me lo trago todo. Cada gota. Y lo hago mirándolo, como diciéndole: soy tu perdición. Me limpio la comisura con el pulgar, subo de nuevo hasta su cara, y sin decir palabra, le monto el regazo con una sonrisa sucia.

—Ahora me toca a mí— le susurro al oído mientras me acomodo sobre su polla, aún dura.

Tomo su miembro con una mano y lo guío entre mis piernas, húmedo ya solo de lo excitado que estoy. Bajo despacio, muy despacio, hasta sentir cómo me llena entero. Cierro los ojos y gimo contra su cuello, pegado a él, clavándome sin miedo.

—Mírame, Tom… mírame mientras salto sobre tu pene como nunca lo va a hacer ella.

Empiezo a moverme, primero con ritmo lento y profundo, sintiendo cada centímetro dentro de mí. Luego más rápido. Lo monto con fuerza, con hambre, con todo el deseo acumulado. El sonido de nuestros cuerpos chocando llena la habitación. Tom me agarra la cintura con fuerza, intentando seguirme el ritmo, pero yo mando.

Contraigo mi esfínter varias veces, solo para torturarlo. Rozo mis labios contra los suyos, nuestros jadeos se mezclan. —Ah…— cierro mis ojos, pegando mi frente con la suya —Mmh… oh… Tom…— abro mis ojos y lo miro —Dios… así… Te siento tan dentro, Tommie…

Sus manos me toman fuerte de mi cintura y hace que los movimientos sean más rápidos, y me siento perdido en el placer cuando su pene llega aún más profundo que antes en mí. Reviro los ojos echando mi cabeza hacia atrás, siento sus dientes lamer y morder la piel de mi cuello, chupando.

—Mmmh…, sí… sí… así me gusta…— farfullo entre gemidos ahogados —No tienes idea de lo bien que me haces sentir…

—Ah, ¿sí?

—Sí, ohm…— atrapo mi labio inferior contra mis dientes para evitar gritar —Joder, Tom… Sigue así y me voy a correr… Uuh…

Abofetea mi nalga izquierda a manos llenas y me las agarra enterrando sus uñas en la piel, suelto un grito ahogado de dolor y placer. Una de sus manos sube a mi rostro y me aparta los mechones de cabello de la frente que están pegados a la piel por el sudor, y me toma del cuello apretando lo suficiente como para tumbarme de espaldas a la cama sin salir en ningún momento de mi.

Pone mis piernas sobre sus hombros y se entierra en mi interior con fuerza. La cama se sacude, entrecierro mis ojos. Lo siento todo. Cada embestida, cada roce, cada maldito gemido que me suelta al oído como si me perteneciera. El calor me sube por la piel, me arde el pecho, el vientre… hasta los dedos de los pies. Me muerdo los labios intentando no gemir tan fuerte, pero es inútil. El cuerpo me traiciona, se me arquea solo, buscándolo más, como si no me bastara.

Me quema. Me sacude. Me enloquece.

Y yo… yo lo disfruto. Disfruto sentirlo tan dentro, tan mío. Disfruto cómo mis caderas le responden como si tuvieran vida propia, desesperadas por más. Cada vez que entra, se me escapa el aire, y cada vez que sale, mi cuerpo lo suplica de nuevo.

—Mmmh… Tom…— gimo, casi en un susurro, entre dientes —No pares…

Estoy al borde. Lo siento… esa presión dulce y maldita que se acumula en mi vientre y en la punta de mi miembro como una explosión contenida. Me vibra la piel, me late la garganta, me tiemblan las piernas.

Y él lo sabe. Claro que lo sabe. Se lo demuestro con cada jadeo, con cada gemido bajito que se me escapa sin permiso. Estoy a punto. Me tiene exactamente donde quiere. Y, maldita sea, no quiero que pare nunca.

—Sí… sí… mmh…— muerdo mi labio inferior respirando agitado —Ah… tan hondo… Aaah… me vas a…

Me aferro a sus hombros, con las uñas marcándole la piel, mientras me muevo como si el mundo fuera a acabarse esta noche. Su respiración se mezcla con la mía, caliente, pesada, llena de deseo. Sus caderas se mueven una y otra vez, más rápido, más profundo. Siento su cuerpo temblar encima del mío. Yo también estoy al borde.

—Tommie…— susurro contra su boca, jadeando —Me vas a hacer…

No termino la frase. Un espasmo de placer me sacude entero, arqueo la espalda y gimo su nombre como si fuera un rezo. Me dejo ir sin miedo, sin freno, y todo mi cuerpo vibra con la intensidad del momento. Tom se agarra a mi cintura y me sigue, gimiendo grave, con la cabeza enterrada en mi cuello. Todo es calor, presión, deseo desbordado.

Nos quedamos así, jadeando, su piel contra la mía, mi corazón a mil. Él cae sobre mí, pegado, satisfecho y exhausto, con una sonrisa ladina pintada en los labios.

—¿Ves lo que me haces?— le digo al oído, aún sin aliento —Y luego quieres que me porte bien…

Él me sonríe mientras sale de mí con suavidad y se tumba a mi lado en mi cama, respirando tan agitado como yo.

Tom me mira con esa sonrisa que me derrite, medio jadeando todavía, con los ojos brillantes. Se acomoda de lado y yo hago lo mismo para verle a la cara —Si esta es tu forma de portarte mal… que Dios me castigue todos los días contigo encima.

No necesito más.

Sonrío como el diablillo que soy, y lo beso. Con lengua, con ganas, con todo lo que me queda después de quedarme sin aliento. Su boca me recibe como si también lo necesitara. Como si ese beso fuera la maldita condena que ambos queremos cumplir.

Continúa…

Gracias por la visita, no te vayas sin comentar 😉

por unicornlitz

Escritora del Fandom

2 comentario en “Treat me 10”
  1. Esos encuentros así me ponen los pelos de punta, ya ni disfruto del lemon pensando que alguien los puede encontrar 😰😰😰 ay por los dioses 🤣🤣

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