
Fic TOLL de unicornlitz. Temporada II
Capítulo 11
Hoy ha sido un día de lo más aburrido. Me he despertado y me he enterado de que Tom se ha ido a currar porque le han llegado nuevos proyectos que tiene que empezar antes de que acabe el año. Así que nada, hoy pinta cero diversión, y Heidi no ha parado de quejarse. Esa petarda quiere que mi tío esté pegado a ella todo el rato, que no la deje sola ni para ir al baño, que la mime y la tenga como una reina.
Coño, lo dije ya, es una plasta. Qué tía más cargante. Como ahora se le han intensificado los síntomas del embarazo, pues quiere que Tom le cumpla todos los antojos.
Ahora mismo estoy saliendo al patio por las puertas correderas de cristal que hay detrás de la cocina, camino de la piscina, para darme un chapuzón y que me dé un poco el sol. Heidi está dentro, quejándose a mi madre de lo irresponsable que es Tom por no estar con ella justo ahora, que según ella es cuando más lo necesita. Pfff, menuda idiota. Obviamente me he traído el móvil para hablar con Adrianne… al fin y al cabo, le encanta rajar conmigo de esa lechuga pocha.
Estoy marcándole mientras me tumbo en la tumbona más cercana, soltando un suspiro. Mientras espero a que lo coja, veo al jardinero de ayer trasteando con los rosales que hay alrededor de una estatua. Me muerdo el labio inferior… si me lo tirara, seguro que Evan montaba el numerito si se enteraba, pero… ¿y qué?
—¿A quién estás mirando con esa carita de loba al acecho?— pregunta Adrianne, y yo sonrío mientras aparto la mirada del jardinero hacia la pantalla del móvil, donde la veo con cara de curiosa.
—Al jardinero— le contesto —Qué bombón, Adrie…— me relamo los labios —Tiene un cuerpazo y unos brazos que… madre mía— suelto un suspiro —Está tremendo, pero tremendo.
—Ay, mamona…— se echa a reír —No me digas que estás pensando en tirártelo también…
—Ojalá pudiera— digo con un suspiro dramático y haciendo pucheros —Pero paso, no quiero que Tom le eche si se entera, seguro que el pobre necesita el curro.
—Ains, qué considerado— dice con voz chillona —Qué mono eres, Billie… te lo creería si no te conociera, ¿eh, perra? Sé que te la sopla si lo echan o no, que tú eres más bien un calientapollas…
—¡Oye!— me río negando con la cabeza —Tía, eso ya sería pasarse. El pobre de Evan ya tiene los cuernos más largos que un ciervo… si encima me lío con el jardinero, va a necesitar cuello nuevo. No quiero eso— me burlo —Además, tampoco se merece que le ponga los cuernos con cualquier tío que se me cruce y me parezca sexy. Ya tiene suficiente con lo de Tom.
—Ay, es verdad…— dice sonriendo, y yo frunzo el ceño al ver que tiene el pelo hecho un cristo, se cubre con una sábana y lleva una mordida en el hombro.
—¿Pero qué te ha pasado, mani?— le digo entre risas —Parece que te ha pillado un animal salvaje.
La veo salir corriendo de la cama y esconderse en otro rincón, aunque no sé bien cuál, solo vi la cámara moverse de golpe. —Escucha… no puedo hablar muy alto ahora, mani.
—¿Dónde estás? Si Andreas ya me ha oído más veces hablando contigo…
—Pues ese es el problema— me dice mientras se recoloca el pelo —Que no estoy con Andreas…
—Adrianne… no me jodas.
Ella aprieta los labios. —Anoche fuimos a la discoteca de siempre, todo iba genial, estábamos súper bien. Bebimos, bailamos… pero ya sabes que todo lo bueno se jode, y esta no fue la excepción. Apareció su ex, Vicky, la del insti, ¿te acuerdas?
—¿La de cuando él era el cabecilla del equipo de fútbol, no?— pregunté, intentando hacer memoria. Adrianne asintió.
—Esa misma. Pues apareció de la nada y yo ni me enteré, porque estaba en el baño retocándome el maquillaje. Cuando salgo… lo veo ahí, comiéndose la boca con ella— se me quedó la boca abierta del asombro —Mamona, me dio una rabia que flipas. Me acerqué como una fiera y le solté una hostia a él, porque ya sabes que yo por tíos no me peleo con ninguna. Y cuando la vi de cerca… me quedé loca. ¡La muy perra se me rió en la cara! Como yo le quité al noviete, se quería vengar.
—¿Y tú qué hiciste?
—Nada, me descojoné en su cara y lo mandé a la mierda. Le solté un «¡vete a tomar por culo, hemos terminado!» y para joderlo más, me besé con el primer tío que pillé. Ni siquiera miré quién era, lo agarré del cuello y lo besé. Y… resulta que es el mismo con el que amanecí hoy.
—Tía, me he perdido un momentazo legendario…
—Tal cual, mani. ¿Qué quieres que te diga? No iba a quedarme llorando como una pardilla por ver a ese capullo liarse con la ex— dice con total pasotismo —Pero escúchame… ¡menuda follada! Madre mía, lo que hace ese tío con la lengua…— pone los ojos en blanco —Me dejó llorando del gustazo solo con un oral. Te lo juro, nunca nadie me ha comido el coño así.
—¡Adrianne!— exclamo entre risas —Cállate un poco, por favor…
—Ay, ¿qué pasa? ¿Tú sí puedes contarme cómo te lamen el culo y yo no puedo contarte lo bien que me lo pasé mientras me comían el coño? ¿En serio, Bill?
—¡Yo jamás te he contado nada así, Adrianne!
—Sí, sí… lo que tú digas— resopla mientras pone los ojos en blanco —El caso es que me lo pasé de puta madre, tía. Me olvidé de Andreas al segundo. Pero ahora no para de escribirme, que si «tenemos que hablar», que si «me equivoqué»… y no sé qué hacer. ¿Le contesto?
—Ni se te ocurra. Déjalo en leído. Que coma mondá, como dicen los de la costa— le digo con tono burlón.
—¿Verdad? Con todo lo que he hecho yo por ese imbécil, y viene a arruinarlo todo liándose con su ex… ¡con su ex, mani! Sí, vale, yo también la he cagado, pero por lo menos he aprendido. ¿Y él? Va y me hace esto, tan tranquilo.
—Aquí lo importante es que no vayas a hacer el ridículo y lo perdones, Adrianne Wehmann— le digo en plan serio —Y oye, bien por ti por no ponerte a su altura ni rebajarte a pelearte con esa víbora. Lo mejor es demostrarle que te importa cero, ¿a que sí?
—Desde luego, cariño— dice con tono orgulloso —Creo que con Andreas ya no hay vuelta atrás…
—Más te vale que sea verdad, mamona. Porque te conozco, y mañana seguro estás subiendo una foto abrazada a él, en plan «amor del bueno», y yo con cara de «lo sabía».
—Eso no va a pasar, te lo prometo.
—Haré como que te creo— murmuro mientras asiento lentamente —Ahora, cambiemos de tema… hablemos de mí.
—Ay, sí. ¿Cómo te va, mani?
—Solo te digo que lo estoy llevando como puedo— respondo —Ayer hicimos esa salida que te conté— ella asiente, recordando —Tía, no te exagero: entró a todas las tiendas del centro comercial, ¡como cincuenta! Y para colmo, eligió unas pintas horribles. La ropa bonita la arruinaba con los zapatos o los bolsos. Yo apenas pillé tres cositas, pero acabé con los pies destrozados. Menos mal llegó mi tío al rescate— digo poniendo la mano en la frente y echando la cabeza hacia atrás como si fuera una princesita en apuros.
—¿Te dio masajes con la polla?
—¡Guarra!— me río —Me dio un masaje de verdad, pero bueno… ya sabes, hay que aprovechar cada minuto de intimidad que se pueda.
—¿Y qué tal fue?
—¿Ves cómo al final eres tú la que quiere los detalles?— dice ella mientras pone los ojos en blanco con una sonrisilla.
—Ya, ya. No llores más y cuéntame, ¿qué tal fue?
—Increíble, como siempre— respondo con una media sonrisa —¿Te conté que lo hicimos en su habitación mientras la bruja se estaba dando un baño?
—¡¿Cómo?! ¡¿En la misma habitación?!— exclama flipando.
Muerdo la punta de mi dedo índice con aire provocador mientras asiento despacito —La muy pringada lo llamaba mientras él me la metía, ¿qué te parece?
—No me lo esperaba para nada. ¿Y no se dio cuenta?
—Ni por asomo— niego lentamente con la cabeza —Tener sexo con ese subidón de adrenalina es lo mejor del mundo. ¿Y sabes qué sería aún más brutal?
—¿Qué?
—Follar en la misma cama mientras ella duerme, en plan peli porno de las guarras…
—Ay, perra…
—Tía, sería lo más. Si pasa, me tatúo la fecha.
—Y también sería una locura. Recuerda que si quieres que lo vuestro dure, nadie puede enterarse de que estás liado con tu tío…
—Humm…— suspiro mientras me echo el pelo hacia atrás —Sobre eso… tengo un mal presentimiento, tía. No sé por qué, pero siento que debería aprovecharlo ahora, antes de que se vaya todo a la mierda. Es como si algo dentro de mí me dijera que se va a acabar. Y no quiero.
Ella resopla —Pues vete mentalizando, Bill. Que no se te olvide que hay un crío en camino. Si Tom tiene que elegir entre su responsabilidad y tú… ya sabemos por dónde va a tirar.
—Pero… él me dijo que no piensa casarse.
—Se case o no, cariño, lo lógico es que se haga cargo del bebé con Heidi. Así que mejor espabila y asegúrate de que nadie se entere de lo vuestro, porque como se descubra, se os cae el chiringuito— me dice con tono serio.
—¿Y qué hago, eh? No sabes lo jodido que es tenerlo tan cerca y no poder tocarlo como quiero— le confieso.
—Pues iros a un hotel, tía.
—Eso levantaría aún más sospechas, Adrie…
—Pues que Tom se invente algo, yo qué sé. Pero lo que está claro es que no podéis seguir follando en esa casa mientras ella está ahí. Os puede pillar cualquiera, no solo ella… el servicio también, imagínate.
—Joder, eso último ni lo había pensado…
—¿Ves? Piensa con la cabeza de arriba, mamona.
—Cabrona.
—No, en serio. Hazme caso, mani. Dile que os vayáis un finde fuera, a un hotel o algo, os lo pasáis de escándalo y luego volvéis como si nada. Pero sin que nadie sepa que estáis juntos.
Relamo mis labios con picardía —Veré qué puedo hacer. No creo que se niegue…
—Y si lo hace, mándalo a tomar por culo.
Me parto de la risa —Vale, vale. Te llamo más tarde. Quiero entablar conversación con el jardinero… a ver si nos caemos bien.
—Sí, sí… amigos que se tocan— dice ella, y yo pongo los ojos en blanco.
—Contigo no se puede, tía. Vete a que te purifiquen esa mente sucia que tienes…
Ella iba a soltar alguna, pero le colgué entre risas. Si no lo hacía, nos íbamos a quedar charlando horas, y la verdad es que necesito pensar bien si me acerco a Damián a hablarle… o si paso de todo y me ahorro líos. Pero claro, luego recuerdo que eso de evitar problemas nunca ha sido lo mío. Siempre acabo metiéndome de cabeza en el berenjenal, aunque me digan que no vale la pena. Igual es cabezonería, igual es orgullo… o simplemente necesito cerrar este capítulo a mi manera, con palabras o con silencio, pero a mi bola.
Así que, decidido, me levanto del sofá. Llevo un camisón tipo camisa oversize en azul celeste, de tela finita y con caída, que me llega a medio muslo. Me he puesto una bandana a juego, azul con estampado blanco, atada en la cabeza, y completo el look con unas botas altas blancas que contrastan lo más grande con la sencillez del camisón. Corro a la cocina, pido una limonada bien fría y salgo. Mientras me acerco, me bajo un poco el camisón por un hombro, así como quien no quiere la cosa, y voy descalzo por el jardín, como si no tuviera todo esto planeadísimo.
—Qué calor, ¿no?— digo, llevándome el vaso a los labios sin quitarle ojo —¿No te estás asfixiando currando así?
Damián me echa un vistazo rápido y sigue a lo suyo. —Uno se acostumbra, joven.
—Mmm… yo no podría. A mí el sol ya me tiene frito— respondo, acercándome un poco más —¿Quieres limonada? Está… heladita.
Él suelta una risita suave, pero no deja de cortar las rosas. —Gracias, joven Bill, pero estoy bien.
Sonrío. —¿Sabes mi nombre?
—Claro. Usted es el sobrino del señor Kaulitz.
—Ahhh…— me río por lo bajo —Ya veo. Y dime, ¿siempre vienes tan temprano?
Damián levanta la mirada y se seca el sudor de la frente con el brazo. —A estas horas el sol no pega tanto. Se trabaja mejor.
Asiento mientras finjo mirar las hojas de las rosas y demás flores. —Tiene lógica. Yo ni de coña salgo después de las doce. Me derrito como un polo— Damián sonríe apenas y vuelve a sus tijeras —¿Te mola la jardinería?— le pregunto, mirando una flor como si de verdad me interesara.
—Sí. Es tranquila. La naturaleza no habla, pero se la entiende— responde sin levantar mucho la voz.
—Eso suena bonito. Y profundo. Aunque yo, a veces, no entiendo ni a las personas… imagínate a las plantas.
Se le escapa una risa. —Las plantas son más fáciles. Las cuidas bien y te lo agradecen solas.
—Mmm… pues está quedando todo precioso— comento, quedándome cerca pero sin invadir demasiado su espacio.
—Gracias. Estoy intentando que florezca todo antes de que cambie la temporada.
—¿Y eso depende de cómo las riegues o… es cosa de magia?
—Un poco de las dos— respondió él mientras cortaba con cuidado una rosa seca —Hay que saber cuándo dejar que crezcan a su aire y cuándo meter mano.
—Eso se puede aplicar a muchas cosas— digo, dando un sorbo a mi zumo —Incluso a las personas.
Damián me miró con algo más de atención y asintió. —Tiene razón, joven.
Se hizo un silencio cómodo. Me senté en el borde redondeado que rodea la estatua, cruzando una pierna sobre la otra. —¿Y tú siempre curras solo? Casi nunca te veo hablar con nadie.
—Sí, normalmente sí.
—¿Porque no te mola?
Él se relamió los labios. —No, no es eso. Hablo con los demás cuando hace falta. Pero no me gusta hacer colegas en el curro, me pagan por trabajar, no por estar de cháchara con los mayordomos. A la señora Heidi le gustan los que van a lo suyo, no quiero jugármela y quedarme sin curro.
—Uhm…— asiento despacio —¿Y no te molaría que tú y yo fuésemos amigos? Yo me encargaría de que mi querida tía Heidi no te largue.
Él se queda quieto, como pensándoselo, y luego niega con la cabeza. —Lo siento… pero me han prohibido acercarme o hablar con usted, joven. De hecho, ya me estoy arriesgando ahora…
Le miro, más perdido que nunca. —¿Cómo? ¿Quién te ha dicho eso?
Damián baja la mirada, visiblemente incómodo. —El señor Kaulitz.
Se me entreabren los labios, me quedo de piedra. El zumo ya ni me sabe a nada. Me quedé callado unos segundos, digiriendo lo que acaba de soltar, mientras Damián volvía a sus tijeras con cara seria.
—Ya… veo— susurré, más para mí que para él, apretando los labios con fuerza. ¿Por qué Tom le prohibiría algo así? —Qué curioso…
Me di la vuelta y me metí de nuevo en la casa. Crucé la cocina y me fui directo a mi cuarto. Sé que Tom vuelve a las cinco, y apenas son la una. Me tocan cuatro horas de espera, pero será necesario si quiero saber por qué demonios le prohibió a Damián hablarme.
Es absurdo… ¿qué derecho tiene a hacer algo así?
Continúa…
Gracias por la visita, no te vayas sin comentar 😉
Hago un paréntesis como es comun en mi | Estoy 100% segura de que ese guarito no es hijo de Tom y si del jardinero, 😒 conste, lo dije un 31 de Julio del 2025, hasta puedo apostar.
omggg me encanta esta teoría pero averigüemos lo.
gracias por leer y comentar 💗