Fic TOLL de unicornlitz. Temporada II

Capítulo 12

Pensé en darme una ducha y dejarme el camisón azul, poniéndome un tanga a juego. Normalmente no suelo usar de esos porque me resultan incómodos, pero hoy merecía la pena hacer la excepción. Esta vez decidí ir descalzo.

Durante las cuatro horas que estuve esperándole, no dejé de pensar en el polvo que, obviamente, va a caer. Yo tengo fe, vamos. Así que, por si acaso, saqué de mi maleta una cajita donde tengo guardados mis juguetitos. No la saqué del todo, claro, no quiero que nadie los vea, sobre todo las chicas de la limpieza. Ya sabemos que al hacer la limpieza se encuentran con cosas que preferirían no haber visto.

Por eso me aseguré de dejar la caja bien guardada dentro de la maleta, y esta, a su vez, debajo de la cama. Hoy era un buen día para usar uno de esos juguetes que tanto usé en videollamadas, llamadas y vídeos que le enviaba… y que hacíamos juntos. Elegí un plug de color rosita, suave, con una forma ligeramente curvada que se adapta de maravilla. No es muy grande, así que al ponértelo no duele, pero se nota… vaya si se nota. En la base tiene una piedrecita fucsia que brilla un montón, como una joyita. No hace ruido ni nada, pero caminar con eso puesto es otra historia. Cada paso te lo recuerda. Y bueno… no voy a negar que la sensación que deja es una auténtica pasada.

¿Cuántas veces lo usé en los vídeos y llamadas? Ni idea, he perdido la cuenta, pero sé que fueron muchísimas. Esta vez quiero que sea él quien me dé placer con esa cosita. Solo espero que se dé el momento… y que la bruja de Heidi no esté merodeando por ahí.

Me recogí el pelo en una trenza deshecha y me quedé tal cual, descalzo, con el plug bien sujetito y escondido en la manga del camisón. Así, ni corta ni perezosa, salí de mi habitación. Bajé las escaleras despacito, intentando pillar si se escuchaba la voz de Tom, para ver si andaba cerca, pero nada. Solo se oía la voz estridente de Heidi hablando por teléfono.

Cuando llegué del todo abajo y me metí en el salón, vi a mi madre mirando unas cremas y, a su lado, la bruja, haciendo justo lo que os he contado antes.

—Mamá…— la llamé sin acercarme demasiado. Ella levantó la mirada.

—¿Sí, cariño?

—¿Ha llegado ya el tío Tom?— pregunté.

Ella asintió con la cabeza. —Sí, llegó hace un ratito. ¿Por qué lo dices?

Seguro que fue mientras yo estaba en la ducha.

—Quiero hablar con él sobre… algo— le solté, intentando sonar casual.

—Está en el gimnasio— respondió mientras volvía a mirar el bote que tenía entre las manos —Dijo algo de que se había comprado unos guantes nuevos y quería probarlos… o no sé, no le presté mucha atención.

Y qué raro que la Heidi no estuviera pegada a él como una lapa.

—Gracias— le dije con una sonrisa medio disimulada antes de darme la vuelta y subir por las escaleras. Crucé el pasillo entre las habitaciones y llegué al salón de videojuegos, pasé justo por delante de su cuarto y subí las escaleras que llevaban a la parte de arriba de la casa, al tercer piso, donde estaban el gimnasio y una especie de mini cine.

Me acerqué al gimnasio en silencio, apoyando medio cuerpo en el marco de la puerta, con los brazos cruzados.

Él me daba la espalda, llevaba puestos unos pantalones deportivos negros y una camiseta de tirantes blanca. Tenía los guantes de boxeo puestos mientras le daba al saco con fuerza. Estaba algo sudado, con el pelo todo revuelto, las rastas medio desordenadas. Me relamí los labios y me acerqué despacio, con mi mejor cara de cabreo.

—¿Se puede saber por qué le prohibiste al jardinero hablarme o acercarse a mí?— solté, plantándome a su lado. Él ni se giró, seguía a lo suyo dándole al saco con esa forma tan brutal de moverse. Joder…

—¿Y tú cómo sabes eso?— me soltó con la voz entrecortada por el esfuerzo. Puse los ojos en blanco.

—Eso da igual.

—Pues si no me lo dices, no pienso responderte.

—Pero yo pregunté primero.

—Eso da igual— repitió él, copiando mi tono y mi frase con sorna, el muy cabrón.

Bufé —Me le acerqué para hablar y me soltó eso— le dije. —¿Ya estás contento?

—¿Y para qué querías hablar con él?

—Respóndeme tú primero, coño— solté, perdiendo un poco la paciencia.

—¿Para qué te le acercaste?— repitió, esta vez dejando de golpear el saco para mirarme directamente. Se quitó los guantes con toda la calma del mundo. No voy a mentir: su mirada seria me puso la piel de gallina. ¿Por qué coño se ponía tan intenso de repente?

—Bill, no me hagas repetirlo otra vez.

—Yo…— tragué saliva, pero ni loco iba a dejar que me intimidara —Solo quería conocerle, nada más. Así que ahora contéstame tú.

Él asintió despacio con la cabeza —Heidi me contó cómo te quedaste mirándole ayer por la tarde. A ella le hizo gracia, porque se ve que se te olvidó que tienes… novio. Pero a mí no me hizo ni puta gracia, ¿te molesta?

—Sí. Y mucho. ¿Con qué derecho haces algo así?

—Para empezar, me importa una mierda si te molesta, Billie. Y segundo, tengo todo el puto derecho— lanza los guantes sobre la máquina de press de hombros y se acerca a mí con paso lento, casi amenazante —Sé cómo eres, ¿te crees que por estar aquí vas a hacer lo que te dé la gana? Ni de coña voy a dejar que te líes con el jardinero, chiquitín. Con ese tal Evan aún, pero con otro más, ni de broma. Así que más te vale portarte bien… si no quieres que te castigue.

—¿Castigarme?— me burlo, dejando que se dibuje una sonrisilla socarrona en mi cara.

—Sí. ¿Qué te parece si no follamos en todo el tiempo que estés aquí?— mi sonrisa se borra y él se parte de la risa —Eso pensaba— mira por encima de mi hombro hacia la puerta, se aparta y va a cerrarla mientras yo me quedo ahí, helado, procesando lo que acaba de decir. ¿Sin sexo? Vamos, eso no puede pasar. No puede ser tan cruel.

Salgo de mis pensamientos cuando siento sus manos aferrarse a mi cintura con fuerza.

—Adivina qué, Billie…— susurra mientras acerca su cara a mi cuello y respira hondo. Me estremezco, soltando un suspiro, cuando su lengua roza mi piel sensible. Inclino la cabeza a un lado para dejarle más espacio —Tengo unas ganas tremendas de follarte ahora mismo.

Sus manos se deslizan desde mi cintura hacia arriba, hasta mis brazos. Por el camino tropieza con el plug, se aparta del cuello, levanta la manga del camisón y al ver el juguetito, alza una ceja.

—Y parece que tú también— dice mientras me mira a los ojos, sosteniendo el juguete —¿Y esto? ¿Por qué lo traías escondido?— pregunta con esa sonrisilla suya que me pone de los nervios.

—Porque…

Venga, Bill. ¿Desde cuándo te quedas sin palabras como un idiota? ¡Si eres un cochino descarado! Díselo como sabes hacerlo.

—Porque…— me acerco más, pongo mis manos sobre su pecho y paso los dedos por encima de la tela de su camiseta, sintiendo su torso duro. Me acerco a su oído y susurro —…quiero que me hagas correrme con eso— le muerdo suavemente el lóbulo de la oreja —¿Lo harás, Tommie?— pregunto con voz mimosa, como un crío caprichoso que sabe que siempre se sale con la suya.

—¿Vas a ser un buen chico?— asiento con la cabeza lentamente, separándome un poco para poder mirarle a los ojos.

—Sí.

—¿Vas a dejar de hablarle al jardinero o a cualquier otro, Billie?

—Sí…

—¿Lo juras?

—Lo juro.

—Bien…— sus manos agarran mis nalgas con descaro después de meterlas debajo del camisón —¿Qué es lo que quieres exactamente, Billie? Tu tío va a complacerte en todo lo que pidas, amor.

—Quiero… no, deseo que me hagas correrme con eso dentro… Solo tú, tocándome como sabes, despacito… haciéndome rogar por más sin decir una sola palabra. ¿Puedes hacer eso por tu niño travieso, tío Tommie?— hago un pucherito —Quiero que me hagas sentir tan rico que no pueda aguantarme…

—¿Quieres eso?— yo asiento con mi cabeza mientras dejo que me guíe a la maquina «Press de hombros». Se sienta y hace que tome asiento encima de él.

Al momento recuerdo las palabras que dijo Adrianne y rápidamente miro hacia atrás viendo la puerta cerrada.

—Tranquilo, la cerré con llave— me dice él y ahora que lo pienso creo que es la primera vez que lo hacemos con la puerta cerrada con pestillo y todo, porque otras veces lo hacíamos así, arriesgándonos a que alguien entrara de la nada a joderlo todo. Vuelvo a mirarlo y sonrío.

—¿Puedes usar los dedos también?

—Y la lengua si quieres— agrega.

—Oh sí, por favor— gimoteo y él sonríe con esa mirada libidinosa y hace que me levante. Al principio no entiendo que va a hacer hasta que nos acercamos a la maquina de banco plano, me ordena que me acueste boca abajo en ella y rápidamente le hago caso. Quedo solo con el hilo metido entre mis nalgas cubriéndome.

Solo respingo un poco mi trasero, sin arquear la espalda, entrelacé mis brazos para apoyar mi cabeza y quedar mejor y más cómodo. Sus manos toman el borde del hilo y lo bajan para dejarme así completamente desnudo. Siento cómo separa mis nalgas y también como pasa la punta del plug en mi entrada, varias veces, como queriendo masajear la zona. Luego lo aparta y a continuación siento algo húmedo y suave ahí. Es su lengua lamiendo mi culo de forma desesperada, robándome gemidos balbuceantes de lo delicioso y placentero que se sentía.

—Ah…, mmh…, T-Tom…— cierro mis ojos, disfrutando de como me tiene. Al borde de evacuar sin haber hecho mucho. Dios… se siente como si me estuviera derritiendo desde adentro… y ni siquiera ha hecho nada todavía. ¿Cómo puede volverme mierda solo con eso? Qué enfermo estoy por desearlo así… —Oh, sí…

No debería estar gustándome tanto… pero es que joder, cada vez que mueve la lengua, siento como si mi cuerpo entero se encendiera. Solo quiero que me la deje ahí, quieta… y que me toque suavecito. Me muero por terminar sin que deje de lamer mi entrada.

—Nngh… s-sí… así… no te detengas…

Me tiene como una puta, y ni siquiera me ha tocado como tal. Estoy temblando con un juguete dentro y su voz diciéndome que me quede quieto. Qué vergüenza… y qué rico.

—Aah, Tommie… m-me haces sentir… tan bien…

Ay… qué delicia, ¿por qué me gusta tanto eso? No debería… pero su lengua ahí… ahí… joder, voy a explotar.

—Aah… ah… T-Tom…— repito su nombre tantas veces, joder. —Mmh… sí… tss… no pares…— su lengua es cálida, húmeda… y se desliza lento, con tanta malicia que parece que me leyera los pensamientos. Cada lamida es como un golpe de electricidad que me recorre la columna. Siento cómo se abre paso entre la piel, cómo explora con movimientos largos, firmes, y a veces cortitos, juguetones en mi esfínter…

Hace un sonido mojado, como un roce suave y pegajoso: húmedo, sucio, delicioso. Es como si me besara desde dentro, con la lengua empapada y sin apuro, saboreándome. Me lame como si fuera suyo.

No puedo pensar, no puedo respirar… solo siento su lengua, lenta, caliente… como si me conociera por dentro. Me va a volver loco. Me estoy derritiendo… literal. Si sigue así, me vengo sin que me toque el frente. Qué humillación tan rica. Esto es sucio. Muy sucio. Pero lo peor es que lo quiero más. Quiero que lo siga haciendo, que no pare nunca. Que me deje temblando de tanto lamerme el culo, mierda. Me tiemblan las piernas, me arqueo solo, se me escapa la voz…

Tom, maldito Tom, ¿cómo puedes ser tan experto en hacerme perder el control?

—Nnh… ah… no puedo más…— me retuerzo de placer y él se aleja, prohibiéndome correrme cuando ya estaba apuntito.

—Lame…— me ordena al acercar el plug a mi boca, me levanto un poco apoyándome de mis manos en el banco, temblando, y lamo el plug como si fuese su pene. Y lo hago de la forma más guarra posible para provocarle a él, que me mira de esa forma tan excitado. Me encanta esa miradita ardiente.

—Mmh…

Saca el plug de mi boca, empapado de mi saliva y goteando. Separa con una de sus manos mis nalgas y con la otra mete el plug de una sola estocada.

—¡Ohm!— me tumbo de nuevo completamente en el banco sintiendo como si me llenara cada parte… despacito, pero tan profundo que me dan escalofríos. No sabía que esto podía sentirse así de bien cuando lo usa alguien más y no tú mismo. Cada vez que lo mueve, me aprieto más.

No lo controlo. Es como si mi cuerpo quisiera más, aunque me tiemblen las piernas.

—Mmh… ngh… s-se siente… tan lleno…— digo entre balbuceos —Aaah… m-me vas a hacer… aaah… acabar…

Me arde. Pero no de dolor… es un ardor rico, sabroso, de esos que hacen que uno se quede callado solo para no rogarle que no pare.

—Ah… ah… no lo muevas así, me… aaah… me muero…— es tan bueno, él aumenta la velocidad haciéndome desfallecer.

Lo siento tan dentro que me cuesta respirar. Me está matando y me gusta.

—Ngh… está demasiado… b-bien…

De la nada, saca el plug dejándome vacío y cuando estoy por rechistar me da vuelta en el banco poniéndome boca arriba, flexiona mis piernas después de abrirlas, mete el plug y toma mi miembro comenzando a masturbarme mientras mete y saca el plug a la misma velocidad que usa con su mano en mi entrepierna.

Rico, rico, rico.

Su pulgar se resbala en la punta de mi pene cada que lo pasa por ahí, haciéndome retorcerme del mero placer. Me tiene mal, me falta el aire, mis piernas tiemblan, mi corazón late tan rápido. El calor en mi piel, el sudor, estoy tan desesperado por correrme, joder.

Deseo llegar al orgasmo, ya.

—Mhmn… oh, sí, sí…— respiro agitadamente por la boca —Voy a… a correrme… Tommie, déjame… por favor.

Él sonríe, encantado de verme tan desarmado y perdido en el placer —Pídelo bien, amor.

Joder. ¿Por qué sentí raro cuando me dice «amor»? Es como si algo me apretara el pecho. Como si por dentro se encendiera algo…

Y no sé si es calor o nervios. Solo sé que no quiero que deje de decirlo y me confunde.

—Por favor, Tommie. Déjame correrme, lo necesito…— gimo.

—Mhmm…— saca el plug, saca su miembro de sus pantalones y me mete su polla abruptamente, haciéndome chillar. Nada más entrar y tocar mi próstata eyaculo a montones, mi semen salpica por todo su abdomen y el mío y así, tan débil que me encontraba por el orgasmo, me tomó de los brazos sin salir de mi para levantarme y hacer que enrollara mis piernas en su cintura.

Se sentó en el banco y comencé a saltar sobre su polla de forma rápida, contraigo mi esfínter varias veces por la sensación presente del orgasmo apretando su pene dentro de mí.

Me tomó del cuello y me besó. Y no fue un beso normal. Fue de esos que te roban el aliento, que te sacuden el alma y el cuerpo como si los dos estuviéramos desesperados por rompernos.

Su boca se pegó a la mía con tanta fuerza que casi me olvido de respirar. Lo sentí hundirse, agarrarme como si tuviera miedo de que me fuera. Y yo… yo no pensé. Solo respondí. Le abrí la boca, le dejé entrar la lengua, me dejé llevar. Mordí. Gemí. Me aferré a su nuca como si el calor que me subía por el cuerpo solo pudiera calmarse así: con él tragándome a besos.

Era hambre. Era vicio. Y yo ya soy adicto.

Mi cuerpo está temblando. Me cuesta respirar. Cada movimiento suyo me empuja más cerca del borde, aunque juré que ya no podía más. Pero él sigue, rápido y firme, como si supiera exactamente lo que necesito, incluso cuando yo no lo sé.

Siento la piel tan sensible que cada roce es un golpe eléctrico. Me agarro a su espalda, a su cuello, a lo que sea, porque si no lo hago me desarmo. Le rasguño con mis uñas y entonces me rompe. Así, sin aviso. Un espasmo me sacude entero, como si algo se me escapara del cuerpo. Aprieto los dientes, me arqueo, y un gemido ronco se me escapa como si me estuviera deshaciendo por dentro.

—Aah… aahhn… T-Tom… n-no… aaahh… joder…

Me quema, me empuja, me agota.

Es salvaje. Incontrolable. De esos que no puedes esconder, ni disimular. Su semen me llena por completo y yo solo me dejo ir… rendido, temblando, con la piel aún caliente y los ojos medio cerrados.

Y por dentro… joder, por dentro estoy hecho un desastre.

Continúa…

Gracias por la visita, no te vayas sin comentar 😉

por unicornlitz

Escritora del Fandom

2 comentario en “Treat me 12”

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