
Fic TOLL de unicornlitz. Temporada II
Capítulo 13
Se tumbó del todo en el banco, llevándome con él. Acabé encima suyo, con su cuerpo calentito bajo el mío, sus brazos rodeándome como si fuesen un refugio al que no sabía que necesitaba volver. Los dos respirábamos agitados, al mismo ritmo, y el pecho me subía y bajaba tan deprisa como el suyo.
Joder… estoy tan reventado que podría quedarme dormido aquí mismo, tal cual, con él. Con el olor de su piel mezclándose con el mío, con su pecho latiendo contra el mío, como dándome permiso para quedarme.
Pero entonces vuelve esa sensación. Esa punzadita traicionera ahí en el fondo del estómago que me hace fruncir el ceño. Es como una alarma muda que me susurra que esto no está bien. No sé qué coño es, pero algo me dice que no debería estar sintiendo esto. Pero, ¿qué mierda es «esto»?
—Tom…— murmuro con voz ronca, entrecortada. Casi un susurro, pero suficiente para que me preste atención. —He estado dándole vueltas a algo…
—¿A qué, bebé?— responde al instante. Y esa palabra, «bebé», me da una hostia más fuerte de la que esperaba. Me entra una ligera náusea, como si mi cuerpo reaccionara a algo que mi cabeza aún no asimila. Es absurdo, porque no es la primera vez que me llama así. Estoy casi seguro de que en otras ocasiones también me ha dicho «cariño». O igual lo soñé… yo qué sé.
Deslizo los dedos suavemente por su pecho desnudo, dibujando líneas sin sentido mientras intento sacar el valor para decir lo que tengo en la cabeza.
—Es que…— me relamo los labios, que los tengo sequísimos —Me está entrando miedo. No quiero que nos escuchen. No quiero que alguien nos vea. Ya sea una empleada, Heidi o, peor aún, mi madre. Tú mismo me dijiste una vez que teníamos que tener cuidado, pero creo que hasta ahora no había entendido lo serio que era el tema.
Hago una pausa, respiro hondo, y añado con cuidado:
—No quiero que esto se acabe. Y si seguimos arriesgándonos aquí, en esta casa llena de gente… todo puede irse a la mierda. Por eso pensé… ¿y si nos vamos a un hotel?
Él levanta una ceja, como dudando. —¿Un hotel?— repite, como si estuviera intentando procesar lo que le acabo de soltar.
—Ajá…— asiento, dejando de acariciarle —Podríamos tener una habitación solo para nosotros. Un sitio donde nadie nos moleste. Podemos hacerlo las veces que queramos, sin tener que aguantarnos o estar con el miedo de que alguien esté al otro lado de la puerta.
Suelta un suspiro. —Pero ir a un hotel levantaría sospechas— dice —Heidi no es tonta… Ella controla todo mi dinero. Cada gasto, cada movimiento de mis cuentas. Si reservo una habitación en un hotel de lujo, le saltará una alerta. Y créeme, me va a freír a preguntas.
—No hace falta que lo pagues tú. Puedo hacerlo yo.
—¿Y cómo harías eso?
Le sonrío. —Bueno… tengo una tarjeta que me dio mi padre hace unos meses. Siempre tiene pasta porque él me transfiere. Mi padre suele fijarse en los movimientos de la tarjeta, así que sacaré el dinero en efectivo, y si me pregunta algo, me invento cualquier excusa…
—¿Estás seguro?— me mira con cara de duda.
—Sí. ¿Quieres o no?— le devuelvo la mirada, con decisión.
—Lo que tú me pidas, bebé— responde con una sonrisa que me desarma, y no puedo evitar sonreír yo también. Pero de pronto se pone serio —Eso sí, tenemos que ir con muchísimo cuidado. Aquí todo el mundo me conoce por ser el novio de Heidi. Y ella es… bueno, muy celosa. No podemos dejar ningún cabo suelto.
—Entonces invéntate algún viaje de curro— le digo con una sonrisa traviesa —Una sesión urgente, un proyecto, lo que sea. Yo me encargo del resto.
Tom se ríe, negando con la cabeza. —Menuda cabecita tienes, Billie. Encárgate tú de todo, ¿vale?
Asiento sin pensármelo dos veces. Lo tengo clarísimo. Mi plan es simple pero efectivo: reservar una habitación en el hotel de cinco estrellas más exclusivo de Los Ángeles. Quiero que la personalicen solo para nosotros, que la pongan a nombre de otro si hace falta. Me da igual cuánto cueste, pagaré lo que sea con tal de asegurarme de que nadie —nadie— se entere. Será nuestro secreto. Nuestro refugio para lo prohibido.
Tom solo tiene que inventarse una excusa que cuele. Un proyecto artístico con fecha de entrega, un viaje de curro de unos días, lo que sea. Él se hospedará allí… y yo me colaré cuando todo esté despejado.
Nadie sospechará. Y lo mejor es que, estando cerca de Heidi, acompañándola a cualquier plan o distrayéndola, podré vigilar que no se le encienda ninguna alarma. Así me aseguro de que mi tío siga siendo «fiel» ante los ojos del resto.
Porque si voy a seguir con esto… esta locura, esta adicción… tengo que tenerlo todo bajo control. Absolutamente todo.
Después de aquella charla y de volver a vestirnos, intenté peinarme un poco mientras me limpiaba discretamente las piernas con una toalla. Tom ya estaba listo, claro, siempre va más rápido que yo. Tras aceptar mi propuesta, nos quedamos tumbados unos minutos más, como si ninguno quisiera romper ese momento… pero la realidad nos obligaba a volver a la rutina.
Estaba abrochándome el último botón del camisón cuando unos golpecitos suaves pero insistentes en la puerta me hicieron pegar un respingo.
—¿Tom?— la voz de Heidi me tensó al instante —¿Estás ahí, cariño?
Puse los ojos en blanco.
—¿Qué pasa?— respondió Tom con tono neutro, lo bastante alto para que se oyera, pero sin sonar nervioso.
—Quiero hablar contigo, ¿puedes abrir, por fa?— la manilla se movió, intentando entrar, pero la puerta estaba echada con llave. Tom resopló. Se acercó a mí rápido y me colocó el pelo para taparme el chupetón que me había dejado en el cuello. Me dio un beso en los labios y luego fue a abrir la puerta.
Me dejó ahí, atontado, con ese cosquilleo en el estómago que, sinceramente, me dan ganas de vomitar. ¿Por qué me siento… así?
—¿Por qué tenías la puerta cerrada?— preguntó Heidi con el ceño fruncido, asomándose al interior del gimnasio en cuanto Tom abrió. Me vio y se le subieron las cejas, sorprendida —¿Bill?
—Fui yo el que le pidió que la cerrase— me adelanté a contestar, con el tono más convincente que tenía —Quería hablar con él de algo en privado… No quería que nadie escuchase.
Ella sonrió. Yo aguanté las ganas de poner cara de fastidio. —Tiene que ver con el jardinero, ¿verdad?
Asentí sin pensar.
—Yo ya le dije a Tom que eso de prohibirle a ese chico hablar contigo era una chorrada— dice. Así que estaba al tanto… hmm —Tienes todo el derecho del mundo a hablar con quien te dé la gana. Y Damian también…
—Eso es lo que intentaba explicarle, pero ya sabes…— suspiré, soltando una risita —no hay forma de hacer entrar en razón a un Kaulitz.
Heidi soltó una carcajada suave. Yo pasé las manos por el camisón, intentando alisar unas arrugas que ni existían, mientras caminaba hacia la salida.
—Me voy a mi cuarto. Buenas noches— me despedí, fingiendo estar muerto de sueño.
—Descansa— dijo ella.
—Hasta mañana, Billie— añadió Tom. Y justo cuando Heidi me daba la espalda, le guiñé un ojo antes de salir. Pero no me fui del todo… cerré la puerta con cuidado y pegué la oreja para escuchar si mi «mentira piadosa» había colado.
—Ay, amor…— la oí suspirar —tengo algo super importante que contarte.
—Ajá, cuéntame.
—Pero hazme caso, ¿vale?— murmuró con voz chillona. Eso de hacerse la niña no se le da nada bien —Mañana tengo la siguiente eco. En la primera no pudiste estar porque estabas currando. Espero que esta vez sí vengas…
Tom soltó un suspiro. —Depende, Heidi. ¿A qué hora es?
—A las nueve de la mañana— le suelta ella.
—Vale, hablaré con el jefe a ver si me da esa hora libre, ¿okay?
—Pero que sea seguro, ¿eh?— su tono se volvió más meloso —Y ahora… ¿qué te parece si compartimos la ducha esta vez?
—Heidi, no…
—Porfi…— suplicó ella —Quiero hacer el amor contigo. Hace un montón que no lo hacemos, cielo…
Fruncí los labios con una mueca de asco y una sensación rara se me fue acumulando por dentro. No quiero que pase. Estoy cabreado, con Heidi por ir de calientapollas y con Tom también. Quiero echarle en cara lo que sea, pero no somos nada. Además, ¿qué coño voy a reclamarle yo? Ella es su novia… y por alguna extraña razón, me vuelve ese sentimiento que creía olvidado desde hace ya dos años. Ese odio al puto universo por poner a esa tía en el camino de mi tío. Ese deseo absurdo de querer que Tom sea solo mío.
Esa… esa puta sensación de celos. Y odio tener celos. Porque los celos son de gente insegura. Y yo inseguro, no soy.
—Estoy reventado, cariño. Otro día, ¿vale?
—¿En serio? ¿Me estás rechazando?— su voz sonó picada y eso me sacó una sonrisa sin querer.
—No es eso. De verdad estoy agotado. Quiero seguir entrenando un rato, darme una ducha y tirarme a la cama.
—¿O sea que tienes fuerzas para seguir dándole al saco de boxeo, pero no para estar un rato conmigo? ¡Esto ya es el colmo, Tom!
—Shhh…— la cortó mi tío ante el grito, que casi me hace soltar la carcajada —No me apetece, ¿vale? Solo… entiéndelo.
—Claro…— escupió, indignada —Espero que tu jefecito sí te haya dado esos meses libres para centrarte en mí y en nuestro bebé— Tom no dijo nada —¿Te los dio, o no?— él seguía callado —Tom, dime que te los dio.
—No…— respondió por fin, y yo sonreí aún más —Le conté lo del embarazo, pero quiere que le haga un mural. Y eso me va a llevar bastante.
—¿Cuánto?
—No sé… cuatro semanas, quizá más.
—¡¿Cuatro semanas?!
—Joder, no grites— bufó Tom —No puedo decirle que no o me quedo sin curro. Ya sabes lo que me ha costado llegar hasta aquí, así que no voy a cagarla ahora. Voy a seguir trabajando, pero estaré pendiente de ti.
—¿Solo me vas a dedicar dos putas horas al día, Tom? Te pasas currando todo el día, casi nunca respondes los mensajes ni las llamadas, y cuando estás aquí te encierras en ese estúpido estudio a dibujar, porque te flipa estar rodeado de folios llenos de garabatos.
—No son garabatos.
—¡Me da igual! El caso es que nunca tienes tiempo para mí, Tom. Me estoy hartando ya…
En cuanto oí pasos y el sonido de sus tacones golpeando el suelo, salí pitando de la puerta. Me mordí el labio, conteniendo la risa, y eché a correr hasta mi habitación para que no me pillaran. Cerré la puerta tras de mí y entonces lo recordé: el plug. No lo tengo. Se me ha olvidado cogerlo. Como Heidi lo vea, me muero.
Resoplé, me acerqué a la cama y cogí el móvil que estaba en la mesilla. Me senté en el centro del colchón, con las piernas cruzadas, y le escribí a Tom.
> «Tommie, se me quedó el plug en el gym… si lo ves, ¿me lo puedes traer? Está debajo de la toalla. Si alguien más lo encuentra me da algo de la vergüenza.»
> «Y si te da por usarlo otra vez cuando llegues… no me quejo 😏»
Suspiré y me tumbé boca arriba, con los brazos abiertos a los lados. Mañana iré temprano al banco más cercano según el Maps, sacaré algo de pasta de la tarjeta y ya veré qué excusa le suelto a mi padre.
Con ese dinero pienso pagar una habitación de hotel bien guapa, con vistas a la ciudad, un jacuzzi enorme… y lo que haga falta para que me guarden el secreto.
Justo cuando estoy ordenando las ideas en mi cabeza para cerrar bien el plan, el móvil vibra en mi mano. Me incorporo enseguida y miro la pantalla.
> «Billie, eres un desastre. Ya lo tengo. Por suerte Heidi no lo ha visto»
> «Joder… ¿no estabas cansado? Guarda energías para luego, bebé.»
Y vuelvo a sonreír como un tonto mirando la pantalla. Como un completo idiota. Nunca me había pasado esto. ¿Qué coño me está pasando? Me siento tan… tan imbécil. No quiero sentirme así, ¡joder!
Continúa…
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Está enamorado 😂😂✨ tengo más mieditos que antes
JAJAJ tlj que sii veamos que sorpresas más nos esperan en esta historia.
graciass por leer y comentar