Fic TOLL de unicornlitz. Temporada II

Capítulo 15

Después de esa llamada me fui al centro comercial en Uber, que tampoco era plan de molestar a Jona para una chorrada. Volví al hotel después de comprar el disfraz que iba a ponerme… y unas cuantas cosillas más.

El disfraz que pillé es una lencería de conejita que está guay, me lo tengo puesto mientras me miro en el espejo. Me queda tan perfecto que parece hecho a medida. Es negro, ajustado, un body de esos que no se ponen, se presumen. Lleva un escote de vértigo con cordones cruzados que bajan casi hasta el ombligo, enseñando lo justo para calentar motores. Como si cada costura supiera exactamente dónde tiene que ir para que se te vaya la vista.

Los laterales son ceñiditos, con tela brillante y transparencias. En la cadera, una faldita con volantes blancos que le da ese toque entre inocente y sucio… vamos, muy yo. Pero la parte trasera… madre mía. Está todo al aire. Literal. Solo un lazo negro cubre un poquito, y en el centro, un plug con forma de colita de conejo. Y claro, mis nalgas, ahí, bien puestas. Es provocador a más no poder.

Ah, y las orejitas. Negras, altas, sujetas con una diadema que me recoge el pelo. Me miro y no sé si parezco más una fantasía o un castigo divino. Me vestí así por él, por Tom, por ese desgraciado que me vuelve loco. Sé que en cuanto me vea, no va a poder aguantarse. Y eso me encanta.

Muerdo mi labio mientras me doy la vuelta, ladeo la cabeza, y en el espejo alcanzo a ver mi trasero y el plug bien metido. Como ya dije, es la colita del disfraz… y se siente de locos. Cada paso que doy hace que me roce justo donde debe, y mi erección está que no puede más. Estaba deseando que Tom llegase ya. Joder, que me folle de una vez.

También compré unas esposas de cuero finitas, un vibrador nuevo, porque se me olvidó traer los míos, y unas pinzitas. Nunca las he usado, pero oye, hay que innovar, ¿no? Las esposas las tengo preparadas encima de la cama. Salí del baño y me senté, cerrando los ojos cuando me dio un espasmo por el plug. Un ratito antes había mandado a pedir una botella de champán con dos copas y una cubitera llena de hielos.

Agarré una copa del carrito que estaba al lado de la cama y la llené hasta la mitad. Solo quería probar un poco. Me senté con calma, había puesto música de jazz suave de fondo antes de arreglarme. Ya solo faltaba él.

Y como si me hubiera leído la mente, escuché el pitidito de la puerta cuando pasaron la tarjeta. Me coloqué rápido en la cama, cruzando una pierna sobre la otra, moviendo la copa entre los dedos como si fuera lo más importante del mundo. Escuché sus pasos acercándose, y por el rabillo del ojo lo vi apoyado en el marco de la puerta, con los brazos cruzados…

—¿Llego tarde?— pregunta.

Le doy un sorbo a la copa. —Si fuera así, no estaría aquí, Tommie— le contesto con una sonrisa traviesa, levantando la mirada —¿Quieres un poco?— pregunto, alzando la copa. Él asiente despacio y yo me levanto dispuesto a servirle en la otra copa, la última. Como el carrito está frente a la cama y justo de cara a la puerta… pues sí, le di la espalda a propósito.

Sus ojos no se han despegado de mi cuerpo ni un segundo, y estoy segurísimo de que ahora mismo está clavando la mirada en mi culo al aire. Me inclino un poco hacia delante, cojo la botella y la copa para servirle.

—No sé qué tiene este champán, pero está de muerte. Es suavecito al entrar, pero cuando baja… se nota— comento como si nada, con aire distraído, aunque sé que igual ni me está escuchando, o por lo menos no a lo que digo, sino a lo que enseño —Se te cuela sin que lo notes y de repente… pum, te sube como una hostia— me río bajito mientras dejo la botella de nuevo en la mesa —Tiene ese punto exacto entre dulce y amargo que te engancha…

Me encojo un poco de hombros y giro apenas el rostro, lo justo para que Tom vea mi perfil, así como quien no quiere la cosa.

—A mí me flipa… me pone el cuerpo calentito, pero no como el vino. Esto es distinto. El champán es más… no sé— rozo el borde de la copa con un dedo, dándole vueltas despacito, fingiendo estar distraído —¿No te pasa? Hay cosas que no parecen tan fuertes, pero te marean más. Cosas que parecen inofensivas… y te hacen perder el control sin darte cuenta.

Entonces me giro un poco más, como si por fin notara su mirada, y le hablo directamente, pero con ese tono suave, casi inocente.

—Prueba tú también— le digo. Él levanta una ceja sin borrar esa sonrisa guarrilla que tiene —El champán, digo…

Le tiendo la copa y él la coge, da un traguito y se me acerca.

—Voy a tener que empezar a prepararme mentalmente para estas cosas si quiero aguantar un poco— dice mientras me da un beso suave en la mejilla —Debí imaginarme que te pondrías lencería otra vez…

Sonrío con los ojos medio cerrados al sentir sus labios en mi piel.

—Dijiste que te molaban los conejitos… ¿Estoy mono?— le susurro, usando ese tonito provocador que solo uso cuando estamos solos.

Se separa lo justo para mirarme a la cara. Siento su mano libre bajar por mi espalda hasta darme un buen apretón en la nalga izquierda. Me pega su cuerpo y al instante noto su polla, dura como una piedra, rozándose con la mía.

—¿Notas eso?— pregunta. Yo asiento lento —Pues ya tienes la respuesta a tu pregunta.

—Mhmm… he comprado más cosas— digo entre suspiros mientras él se mete en mi cuello y empieza a lamerme la piel con esos besos húmedos que me ponen la piel de gallina.

—¿Qué cosas?— pregunta sin dejar de saborearme.

—Déjame enseñarte…— él se aparta un poco y yo me alejo también, con una sonrisilla. Camino hasta la cama, agarro las esposas y me siento. Me muerdo el labio mientras las agito en el aire. Tom me lanza otra de esas miradas suyas y se acerca despacito. Cuando coge las esposas, yo me giro y me coloco de rodillas en la cama, con los brazos hacia atrás.

Me sujeta las muñecas y me pone las esposas, apretando bien los cinturoncillos. Y justo después me da una buena bofetada en la nalga derecha, con toda la mano. Joder… gemí del gusto, porque el plug se movió dentro de mí y casi me corro ahí mismo.

Me bajo con cuidado de la cama y camino hasta un espejo de cuerpo entero, que está junto a una cómoda. Me arrodillo frente a él y lo miro desde abajo.

—Tommie… quiero chupártela. ¿Puedo?

No me contesta. Solo se quita la camiseta de un tirón, se desabrocha el cinturón y se baja los pantalones. Se queda solo en calzoncillos, y su erección marcada bajo la tela se planta justo delante de mi cara. Me relamo los labios.

—Repite lo que has dicho— me ordena.

—Quiero chuparte el pene— le repito, con voz inocentona. Ese tono siempre lo calienta más. —¿Me dejas? Por fi…

—Mierda…— gruñe y se baja los boxers.

Sonrío en grande al ver su gran polla, como si fuese la primera vez que lo hago y abro mi boca esperando con ansias que la meta. Masajea su erección un poco con la mano y luego la mete en mi boca de un solo empujón. Yo amo tener su miembro en mi boca, joder.

Comienzo a succionar, moviendo mi cabeza de adelante hacia atrás como puedo. Achino mis ojos ante las arcadas por lo profundo que llega, cierro mis ojos, succiono y lamo la punta con vehemencia, y gimo. Tom gruñe y jadea de vez en cuando tomando un puñado de mi cabello. La saliva se resbala por la comisura de mis labios mezclada con su semen, saco su pene de mi boca y deslizo la lengua por su falo, duro, rojo y brillante por mi saliva.

Chupo sus bolas y vuelvo a jugar con su miembro, lo miro con esa carita que uno pone de forma natural ante un orgasmo. El se corre en mi boca y yo me alejo, un hilo de semen y saliva, grueso, une la punta de su pene con la comisura de mis labios, separo los mismos y su semen se escurre de mi boca a la barbilla.

—¿Por qué eres tan bueno, ah?— pregunta mientras me pone de pie, me lleva hacia la cama de nuevo. Me empuja hacia abajo para que quede de rodillas en el suelo con el cuerpo inclinado hacia la cama. Da varios fuertes azotes en mis nalgas y yo gimo ante cada una. Cerrando mis ojos ante el escozor y el placer mezclados. Meneo mi trasero, aprieta mis nalgas y vuelve a los azotes. Toca el plug disfrazado de colita y yo siseo.

Al darse cuenta de lo que era comenzó a juquetear con esa cosa girándola aún dentro de mi trasero. Yo jadeaba feliz y contento porque no tenía que retener mis gemidos, le señalé el vibrador que estaba sobre la mesita de noche y él entendió al instante. Se alejó, tomó el aparato y se acercó. El vibrador es de color negro, con un diseño ondulado en forma de cuentas que van aumentando de tamaño progresivamente desde la punta hacia la base. Tiene un cuerpo curvo que facilita la estimulación interna, en la base, tiene una extensión externa con una forma anatómica que es para estimular la entrepierna, dependiendo del uso. La extensión también tiene un área más ancha y curva que tiene el motor vibrador.

Tom tiene el mando, y tras sacar el plug, mete el vibrador acomodando la extensión sobre mi miembro y lo enciende colocándolo en el nivel uno. Esa cosa comienza a vibrar sobre mi entrepierna y me hace retorcerme de placer, las ganas de quitarme las esposas y no poder me desesperaba, pero la sensación era tan buena, joder.

Reviro los ojos —¡Mhmm! Mierda, mierda…— susurro. Tom me voltea dejándome boca arriba en la cama con las piernas abiertas y flexionadas —Ohm… sí, mmm…— gimo, mirándole a los ojos.

Él toma su pene y comienza a masturbarse en mi cara, echo mi cabeza hacia atrás y con dificultad me pongo de rodillas, sin dejar de mirarlo.

—Dios…— gimoteo —Es tan bueno, humm…

—Eres como mi muñequito sexual, Billie.— dice, con la voz ligeramente agitada. Yo asiento con la cabeza, dándole la razón, sin poder articular palabra alguna —¿Te gusta ser mi muñeco sexual al que puedo usar como se me antoje, mmm?

Vuelvo a asentir —¡Oh sí! ¡úsame, Tommie! Trátame como quieras. ¡Golpéame! ¡Fóllame tan duro hasta que no sienta las putas piernas! ¡Aaah!— cierro mis ojos cuando llego al orgasmo con ese consolador vibrando sobre mi pene, torturándolo. La tanga que hace parte de la lencería se humedece al instante. Tom hace que me ponga en cuatro, dejando a la altura de su rostro mi culo, saca el vibrador y me quita de forma desesperada la parte de abajo del conjunto. —Joder…— gimoteo, moviendo mi trasero en círculos, dejándolo a su disposición para que me use como se le de la gana.

Propina un par de azotes más a ambas de mis nalgas y luego alinea su pene en mi entrada para meterlo lentamente. Comienza a follarme rápidamente, sujetando mis manos atadas para que no pueda moverlas. Mis nalgas rebotan con cada embestida, abro mi boca y gimo de forma escandalosa, mostrándole lo bien que me está haciendo sentir.

El choque de su pelvis con mis nalgas se escucha tan fuerte, en toda la habitación, con la música Jazz reproduciéndose de fondo. Ladeo mi cabeza hacia atrás para verlo.

—Oh, dios sí. Párteme, dame más fuerte…— pido entre jadeos —Hazlo más fuerte, hasta que… que me desgarres por dentro…

—Amor, ¿te das cuenta de lo que me estás pidiendo?

—¿Qué importa? Solo hazlo, por favor, Tommie— le pido.

—Si es lo que quieres…— da una estocada tan profunda que creo haber visto las estrellas flotando en el aire. Mis ojos se abren como platos, me siento aturdido, caliente, con ganas de más sin saber con exactitud si podré soportar más. Su pene choca contra mí próstata una y otra vez y yo me deshago en gemidos guturales y silenciosos. Siento cómo la saliva se resbala por la comisura de mis labios hasta perderse en la sábana.

—¡Mmm! ¡que rico, joder!— suspiro —¡Me encanta, dios, sigue… sigue!

Sale de mí, toma una de mis piernas y la jala hacia abajo dándome a entender que debo bajarme de la cama y volver a la posición de antes. Arrodillado en el suelo con el cuerpo sobre la cama, toma un puñado de mi cabello tirando de mi cabeza hacia atrás mientras vuelve a entrar en mí, penetrándome con avidez.

Después de un rato en esa posición, vuelve a subirme a la cama. Está vez me acomodé en el centro para verme reflejado en el espejo del techo, abro las piernas lo más que puedo, las flexiono contra mi pecho. Tom me quita las esposas por fin y sujeto mis pies para mantenerme en esa posición. Él toma las pinzas que con anterioridad estaban junto al vibrador sobre la mesa de noche y atrapa mis pezones con ellas. Se sitúa de rodillas para volver a meterme su polla hasta el fondo.

—Sí, así, así, así…— repito varias veces entre suspiros —Oh… escúpeme en la boca si quieres…

—Mira las cosas que deliras, bebé…— dice, todo socarrón.

Yo sonrío —No estoy delirando…

—Humm…— se inclina hacia adelante para luego tomar mi boca con la suya y besarme. Sus labios se mueven con frenesí contra los míos, me roba el aliento, mete su lengua y acaricia la mía. No deja de joderme el culo mientras me come la boca, que delicia, joder. Entonces me levanta, él se sienta en la cama y me deja sentado sobre su regazo con las piernas a cada lado de su cuerpo —Ahora salta como el conejito que eres, amor…

Mi corazón late rápido cuando me dice de nuevo «amor» y embobado me siento sobre su pene y comienzo a dar saltones precisos. Saco mi lengua y lamo sus labios, él sonríe, me toma del cuello y vuelve a besarme. Nuestros labios chocaron con fuerza, y en cuanto su boca se abrió, me metí dentro de ella como si fuera mía. Mierda, es que lo es. Su lengua estaba caliente, húmeda, desesperada. Se rozaba con la mía en una danza sucia, desordenada, donde el control ya no existía. Lo lamía, lo chupaba, lo mordía.

Sentía el calor de su aliento mezclarse con el mío, y un hilo de saliva resbaló por la comisura de mi boca, conectándonos por un instante cuando me separé solo para volver a devorarlo segundos después. No me importaba nada. Quería sentirlo, saborearlo, empaparme de él mientras me autopenetraba.

Nuestros labios hacían ese sonido húmedo y descarado, como si se revolcaran entre gemidos callados. Tenía el corazón latiéndome en la lengua. Él jadeaba entre beso y beso, y yo me lo tragaba todo: su aliento, su saliva, su deseo. Lo besé hasta que sentí que no había aire, hasta que mis piernas temblaron y mi cuerpo me pedía más.

—Tommie, voy a correrme…— le digo al separarme con pesar de sus labios. Con el ceño fruncido y mis ojos achinados. Él, en respuesta, me toma de las caderas, apretando fuerte de ellas y me ayuda con las embestidas yendo más profundo. Abro mi boca en una pequeña «o» entrecerrando mis ojos.

No podía más. Lo sentía dentro, profundo, embistiéndome con esa fuerza que me arrancaba gemidos sin pudor. Mis dedos se clavaban en su espalda, mis piernas temblaban a su alrededor, y la piel me ardía como si me estuviera incendiando desde adentro. Cada vez que se impulsaba hacia arriba, más rápido, más fuerte, algo en mí se rompía y se volvía a armar.

—No pares…— jadeé contra su cuello, con la voz rota, casi suplicando.

Me besó con rabia, con saliva, con dientes, mientras me llenaba de él una y otra vez. Sentía el sudor resbalando por nuestras pieles, los cuerpos chocando, mojados, sucios, reales. Lo olía, lo lamía, lo sentía en cada centímetro de mí. Todo era él.

Y entonces llegó. El clímax me atravesó como un relámpago, desgarrándome un gemido ronco desde el fondo de la garganta. Me arqueé contra su cuerpo y lo sentí venirse conmigo, profundo, jadeando mi nombre, temblando sobre mí. El calor, la presión, el descontrol. Fue sucio, húmedo, salvaje. Un orgasmo que me dejó vacío y lleno a la vez, con el corazón latiendo en los labios, la boca abierta, la piel electrificada.

Me quedé ahí, encima de su cuerpo, su aliento en mi cuello y mi cuerpo aún sacudido por los restos del temblor. No dije nada. No hacía falta.

Ya lo había dicho todo con mi cuerpo.

Continúa…

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

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