Fic TOLL de unicornlitz. Temporada II

Capítulo 19

La llamada con Adrianne acabó con el típico: «luego no digas que no te avisé». Y yo, claro, partiéndome de risa, porque vamos, es absurdo, joder.

¿Que cómo se le ocurre insinuar que estoy pillado por Tom? Venga ya, ni de coña. Si le hice esa pregunta fue porque… bueno, puede que se me pasara por la cabeza, pero nada serio, ¿eh? Solo me picaba la curiosidad y me hizo gracia, porque yo tengo clarísimo que lo de Tom y yo nunca va a ser amor. Ni de coña. Es solo sexo. Esa sensación que tuve cuando me besó… pues eso, calentón evolucionado. Sí, seguro que era eso. Punto.

Joder… si no fuera mi tío.

Frunzo el ceño al instante. ¿Por qué cojones pienso en esas cosas? Aunque fuera o no fuera mi tío, no me iba a enamorar de él. Por muy guapo, sexy y hasta tierno que sea, el amor no es para mí.

Suelto un bufido, me levanto de la tumbona y cruzo el jardín para meterme otra vez en casa. Llevo días hablando con Evan por mensajes, ha intentado llamarme pero siempre le saco alguna excusa. Paso de hablar con él ahora, necesito paz mental, porque vaya racha de gilipolleces que llevo pensando. Solo a mí se me ocurre preguntarle a mi mejor amiga cómo supo que estaba enamorada, así, sin venir a cuento.

Entro en el salón y me encuentro a mi madre en el sofá con una revista en las manos. ¿Qué coño le ve a esas mierdas? Si encima las deja Heidi en la mesa como si esto fuese la sala de espera de un hotel. Patético.

—¿Necesitas algo, cariño?— pregunta mamá, sin despegar la vista de la revista mientras pasa las hojas.

—No, mamá…— respondo —¿Dónde está Heidi?

—En su habitación— me dice —¿Por qué?

Pues porque no quiero verle esa cara de culo. Al menos con maquillaje disimula, pero joder, sin él es para echar a correr. He visto fotos suyas en Instagram y, madre mía, con esos ojos parece que se le cruzan. No sé qué cojones le ve Tom, de verdad. Si yo soy mucho más guapo, y el que diga lo contrario es un envidioso de mierda.

—Nada, por nada…— le quito importancia y sonrío un poco —Me voy a la ducha, que luego salgo.

Mamá levanta la vista y me mira con una ceja arqueada. —¿Y dónde vas?

—Por ahí…

—¿Dónde está ese «por ahí»?

Resoplo. —Ay, mamá… que voy a correr un rato al parque, que necesito mover el culo.

Y bueno, no es mentira del todo. En realidad voy a hacer cardio, sí, pero del bueno: cabalgando la polla de su hermano pequeño. Joder… contengo la risa enseguida. Que al final follar también es deporte, con buenos sentones, coño.

—Bueno…— murmura volviendo a la revista —No tardes mucho, ¿eh?

—Eso no lo puedo prometer.

El viernes arranca la semana esa de «trabajo» en Chicago de Tom. Vamos, que es un cuento chino. Se lo soltó a Heidi para pasar la semana conmigo en el hotel, dándolo todo. Como debe ser, joder. Subí a mi cuarto mientras oía a mi madre resoplar otra vez, negando con la cabeza. Me tiré en la cama, cogí el móvil y vi un mensaje de mi querido tío esperándome.

Sonreí, abrí la notificación y leí:

«Llevo una hora y media y treinta y nueve segundos en el hotel. Me aburro. ¿Piensas venir o no?»

Ay, pero qué impaciente es. Sonrío porque yo soy igual de ansioso, y me muerdo el labio inferior mientras empiezo a escribirle una respuesta.

«Lo siento, tío Tommie… estaré allí en media hora, lo prometo.»

Lo mandé, y no habían pasado ni tres segundos cuando ya tenía respuesta suya.

«Vale, pero solo media hora, ¿eh? No quiero emborracharme bebiendo champagne. Además, te necesito aquí…»

Noto cómo el corazón me empieza a ir a mil de golpe. Respiro hondo para calmarme, porque odio esa sensación de mierda. Le respondo con un «Oh, vale… como usted mande» y dejo el móvil en la cama, casi tirándolo. Me cubro la cara con las manos y suelto un bufido de agobio. No entiendo qué coño me pasa, por qué me pongo así solo porque me suelta ciertas frases que me dejan… pues eso, tocado. Lo odio, odio sentirme así, y no sé cómo parar esta mierda.

Me froto las sienes, me relamo los labios y me levanto para ir directo al baño y darme una ducha con agua fría, a ver si se me pasa el hormigueo este que me sube desde el estómago y se me reparte por todo el cuerpo, poniéndome la piel de gallina y una presión en el pecho que no me deja respirar, mientras mi corazón late como loco y las manos me sudan.

Lo mismo es un problema de salud y debería ir al médico a que me mire, porque vamos…

En el baño me quito toda la ropa y me meto bajo la ducha. Abro el grifo del agua fría, pero como soy gilipollas y no me preparo, en cuanto el agua helada me toca la piel pego un bote con un chillido y me hostio contra el suelo. Y claro, como soy subnormal perdido, intento agarrarme del chorro de agua para no caer.

¡¿Pero quién coño hace semejante estupidez de intentar agarrarse del agua?!

Obviamente me metí un hostión de campeonato en el culo cuando caí al suelo. Ya venía jodido después de la sesión de sexo con Tom, y ahora encima esto. Si es que solo me pasan estas cosas a mí.

Dios, ¿qué he hecho yo para merecer tanta mala suerte, si soy un santo?

Me levanto como puedo, soltando palabrotas inventadas de la rabia, y me ducho en condiciones. Me mojo el pelo, lo lavo con mi champú de coco y cuando termino salgo de la ducha y me pongo un albornoz. Me planto frente al espejo, ni rastro de maquillaje. Joder, con o sin maquillaje sigo estando guapo, no como cierta individua, que no diré nombres, pero es la novia de mi tío Tom.

Agarro el cepillo de dientes, le echo pasta y me pongo a cepillarme aunque ya lo había hecho por la mañana. Pero es que tengo esa manía de lavármelos después de cada comida o antes de salir. Escupo la espuma en el lavabo, enjuago el cepillo y lo dejo en su sitio.

Salgo del baño, me voy al armario y saco un conjunto guapísimo para verme con Tom. Tengo que estar espectacular, está claro. Lo lanzo a la cama, busco una tanga negra, porque ni loco me pongo boxers, y listo. Me pongo un top negro de encaje, ajustado, que enseña un poco de piel y me marca la cintura. Encima, una sudadera finita del mismo tono. Lo combino con una minifalda vaquera azul claro y un cinturón ancho marrón para darle contraste.

Quiero ir sexy pero sin parecer un maniquí barato, así que el encaje me parece perfecto: elegante y atrevido a la vez. Me recojo el pelo con un par de broches plateados, me pongo unos anillos para darle rollo y remato con unos botines negros al tobillo.

Voy al tocador, me maquillo los ojos con sombras negras, eyeliner, un poco de rímel, rubor en las mejillas y brillo en los labios. Al terminar, los froto y me miro en el espejo de cuerpo entero. Me pongo de lado y, joder, la falda hace que mi culo destaque aún más. Me flipa.

Hoy quiero que Tom no me quite los ojos de encima. Y lo voy a conseguir.

Como siempre.

Y claro, busqué otra tanga y la metí en el bolso pequeño por si acaso. Debo impedir algo, así que llevo una de repuesto por si pasa algo… algo que implique empaparme completamente. Mierda, que sucio soy.

&

Pagué al taxista antes de bajarme y quedarme plantado delante del hotel de siempre. Entré y me fui directo a recepción; el chaval que ya me había atendido antes, y con el que tengo confianza, me saludó con un gesto de cabeza y yo le devolví una sonrisa satisfecha. Nada de rellenar el dichoso libro ese de entradas y salidas por seguridad, él ya se encargaba de todo.

Me desvié hacia el ascensor, pulsé el botón del piso que me tocaba y, al llegar, busqué con la mirada la habitación. Saqué la tarjeta del bolso pequeño que llevaba, la pasé por el lector y la puerta se abrió. Entré cerrando bien detrás de mí. Había música sonando, una baladita de los setenta. Dejé el bolso colgado en el perchero de la entrada y avancé hacia la sala, donde estaba Tom, con el móvil en la mano y una copa de champán en la otra.

—Ya era hora— dijo, levantando la mirada hacia mí. Sus ojos marrones me recorrieron de arriba abajo, sus labios se entreabrieron un poco y yo sonreí de lado.

Lo normal, vamos. Estoy acostumbrado a provocar ese efecto; mi belleza suele dejar a la peña babeando. Me acerqué contoneando las caderas, sus ojos no se apartaban ni un segundo. Puse morritos mientras me sentaba sobre sus piernas, una a cada lado, le quité el móvil y lo lancé a un lado del sofá, rodeé su cuello con los brazos. —Perdóname, Tommie, sabes que tardo un mundo en arreglarme— murmuré. Sus manos me agarraron de la cintura. —Pero oye… he hecho un esfuerzo por llegar a tiempo, eh.

Él sonrió. —Ya veo…— susurró con esa voz suya que casi me hace soltar un suspiro. Mis manos bajaron de su cuello a su pecho, notando lo suave de la camisa de manga larga. Los primeros botones ya estaban abiertos, así que «sin querer» desabroché otro, y le miré a los ojos con una sonrisa pícara. —¿Te mola cómo voy hoy?— le pregunté bajando el tono, mientras soltaba otro botón.

—A mí me molas todos los días— contestó —.

Y hoy, como siempre, estás sexy de cojones…— murmuró antes de darme un azote en cada nalga y apretarlas con fuerza. Solté un jadeo que no pude contener. —Necesito besarte— añadió con la voz grave, cargada de deseo.

—Hazlo ya…— le pedí. Y con eso bastó para que se lanzara.

Estando a horcajadas sobre él, tan pegados, notaba su respiración chocando contra mi boca incluso antes de besarme. Me apretaba el culo con tanta fuerza que casi me hacía gemir de nuevo, y lejos de incomodarme, me ponía aún más.

Cuando Tom me besó, no fue nada tierno ni lento. Fue húmedo, desesperado, con su lengua invadiendo mi boca como si quisiera devorarme. Gemí contra sus labios, aferrándome a su cuello y tirando de sus rastas negras para intensificarlo.

Su lengua se movía con un ritmo sucio, provocador, rozando la mía hasta lo más profundo. Yo me dejé llevar, mordiendo su labio inferior hasta hacerle gruñir. Y él, como si supiera exactamente qué me pone, me soltó otro azote en el culo. —Joder…— chillé contra su boca, sonriendo aún entre el beso, con tanto salvajismo que noté cómo me estaba empalmando, más todavía al sentir su polla dura presionando bajo mí.

Ese beso no tenía nada de inocente; era saliva, jadeos y ganas reprimidas que explotaban en ese instante. Me estaba devorando vivo y yo, con la cabeza hecha un lío como siempre, solo pensaba en lo bien que se sentía dejarme arrastrar mientras me agarraba como si fuera suyo. Nos separamos solo porque nos faltaba aire. —¿Así de bien te enseñé a besar?— preguntó.

Hostia puta, me puse hasta rojo.

Asentí despacio, con cara de inocente.

—Ajá… fuiste un buen profe, tío Tommie…— susurré. —Ahora… ¿me dejas comerte la polla?

—Cuando quieras— contestó.

Joder, noté una presión brutal en la punta de mi polla. Necesitaba descargar ya.

Continúa…

Y les dejo una fotito de esta lindura con el outfit que usó para verse con el Tómate

por unicornlitz

Escritora del Fandom

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