
Fic TOLL de unicornlitz. Temporada II
Capítulo 31
Me siento tan a gustito entre sus brazos, es… una sensación tan diferente que cuando me quedaba a dormir en el apartamento de Evan. Joder, no se, es reconfortante ahora y no tan normal como cuando amanecía con mi novio.
Tom me abraza por la cintura y nuestras piernas están entrelazadas. Siento su respiración en mi cuello y estoy despierto pero no quiero abrir mis ojos, no todavía. Evan quedó de llamarme hoy, no recuerdo a que hora me dijo y creo que tampoco lo hizo, y si lo hizo, pues no me acuerdo, joder. Anoche no hubo nada de sexo, mierda, Tom realmente esta haciendo eso de «poner límites» odio eso, con todo mi ser. ¿Es que acaso ya se aburrió de estar conmigo y busca una forma de alejarme?
Bueno, no creo, pero la duda se instala en mi cabeza y siento un dolorcito en mi pecho. No quiero que se aburra de mi, ¿puede aburrirse así sin más? ¿Qué debo hacer si es así? ¿Alejarme? ¡Ni de coña! ¿Amenazarlo con ponerle una demanda por abuso? Quizás, pero no sería capaz de hacerle algo así a mi hermoso tío.
Antes nos daba igual todo, ahora dice que quiere poner límites. Pero si lo pienso bien, han pasado dieciséis horas desde lo de anoche en la playa… ¿no es demasiado tiempo ya? No es que sea un obsesivo del sexo… bueno, sí, pero a mí qué. Me muevo como quiero, y ahora mismo mi trasero está demasiado cerca de su entrepierna como para desaprovecharlo. Empiezo a frotarme con disimulo, como si nada.
Pero sin previo aviso, su mano se aferra a mi cintura y me avisa de que está despertando. —¿Qué haces?— su voz ronca me eriza la piel.
—Estás muy lejos de mí— murmuro con un puchero invisible, fingiendo inocencia —Te quiero cerquita.
—Bebé, ya estoy cerca de ti— responde, y en vez de apartarse, su mano me suelta y empieza a deslizarse por mi camisa. Sus dedos me recorren hasta el muslo, dibujando círculos que suben cada vez más. El roce de su piel contra la mía me hace estremecer, como si todo mi cuerpo se hubiese vuelto más sensible a esa hora de la mañana. —Demasiado, diría yo.
—Yo no lo siento así…— gimoteo, con tono de niño mimado —¿No me quieres más cerca de ti?
Lo oigo reír por lo bajo. —Oh, ya sé lo que intentas— sus dedos ya han levantado mi camisa y se pasean por mi abdomen, obligándome a morderme el labio para no soltar un jadeo —Eres un insaciable, ¿eh?
—La culpa es tuya, Tommie…— respondo con falsa dulzura.
—¿Mía?
—Ajá. ¿Quién te mandó a tenerla tan grande?— suelto divertido, y él suelta una risita nasal.
—Eso no lo decidí yo.
—Pues bendito sea Dios por crearte así— ronroneo, y vuelvo a rozarme contra él. Esta vez su jadeo se me mete directo en la piel, encendiéndome más. Dejo el jueguito del roce y me acomodo encima, montándolo a horcajadas. Siento toda su dureza presionando entre mis nalgas, y un calor me sube directo a la cara. Joder…
Su respiración cambia apenas me acomodo encima de él; trata de sentarse conmigo encima pegando su espalda al espaldar de la cama, un jadeo ronco se le escapa y me hace sonreír de lado. Poso las manos en su pecho, que sube y baja más rápido, y comienzo a moverme despacio, frotándome contra su dureza como si me estuviera relamiendo con calma cada reacción suya.
—Bill…— gime mi nombre como si me advirtiera, pero sus manos traicionan su voz. Me agarra de las caderas, guiándome, apretando, como si quisiera marcar mi piel.
—¿Qué pasa, Tommie?— le provoco, inclinándome hasta quedar tan cerca que siento su aliento caliente rozándome la boca —¿No te gusta?
Él responde soltando mi cintura para tomar mis nalgas y, tras separarlas, hundir dos de sus dedos de su mano derecha en mi culo, empujándome más contra su erección, arrancándome un gemido que intento ahogar mordiéndole el cuello. Su risa ronca vibra bajo mis labios.
—Siempre tan desesperado…— susurra, aunque su voz se quiebra cuando me muevo un poco más fuerte, arrancándole un jadeo —Y luego dices que no eres adicto a mí.
—No soy adicto…— respondo con la respiración entrecortada, moviéndome sobre él —Solo no puedo dejarte en paz.
Lo beso de golpe, con hambre, y él me responde igual, mordiéndome el labio hasta hacerlo doler. Sus manos viajan por mi espalda, levantándome la camiseta por completo, dejándome expuesto a su contacto ardiente. Un gemido se me escapa cuando su lengua se mete en mi boca y, sin darme cuenta ha sacado sus dedos de mi culo, y ya estoy restregándome más fuerte, rozando mi entrada contra su miembro, haciéndolo gruñir de placer bajo mí.
—Joder, Billie…— me agarra del pelo y tira de mi cabeza hacia atrás, acerca su rostro a mi cuello para lamer mi piel y morder aquellas partes que ya ha mordido antes y que ahora estan de un color rosita que se vuelve intenso cuando sus dientes vuelven a rastrillar en ese mismo lugar. Gimo ante su lengua juguetona en mi piel y luego me suelta el pelo, se aleja un poco para mirarme directo a los ojos, encendido —Si sigues así, no respondo de mí.
—Eso es justo lo que quiero— susurro, con una sonrisa traviesa.
Su mirada arde y me hace temblar de anticipación. Tom gruñe por lo bajo, aparta sus manos de mi cintura y hace que me levante un poco para bajarse los boxers con un movimiento brusco. Su pene erecto rebota, y esa visión me arranca un jadeo involuntario.
—Ven aquí…— ordena con voz ronca, y tira de mí para que me vuelva a sentar sobre él. Cuando acomodo mi cadera sobre la suya, nuestros miembros chocan, calientes y duros, haciéndonos gemir a la vez. El contacto directo me eriza entero; siento cómo palpita contra mí y me enloquece. —Mierda…— masculla, apretando sus dedos en mis caderas mientras empiezo a moverme —¿Tienes idea de lo que causas en mi, Billie?
—Lo mismo que tú me causas a mí— respondo con un gemido, frotándome más fuerte contra él. El roce húmedo, resbaladizo, es una locura.
Nos movemos a la par, piel contra piel, jadeando como si el aire nos faltara. Su pecho se arquea, el mío también; mi frente se apoya en la suya mientras lo beso a trompicones, apenas pudiendo coordinar con tanto calor acumulado.
—Joder…— Tom me muerde el labio, gruñendo contra mi boca. Su miembro se desliza contra el mío, duro y pulsante, y yo no puedo dejar de rozarme, de buscar más fricción. Su mano se mete entre nosotros y atrapa ambos miembros a la vez, apretándolos juntos con un movimiento firme que me hace soltar un grito ahogado. —¿Así te gusta, bebé?— susurra con voz rota.
—S-sí… Tommie…— apenas logro articular, mientras mis caderas siguen empujando contra su mano, contra él, buscando el límite.
El calor se concentra entre nosotros, cada roce es un incendio que me consume. Nuestros gemidos se mezclan con la respiración agitada, y la sensación húmeda y desesperada de nuestros cuerpos chocando me arranca un placer que me nubla los sentidos.
—No pares…— le ruego, con la voz temblando de puro deseo.
Sus movimientos se vuelven más rápidos, más torpes, como si ya no pudiera controlarse. Su mano aprieta con fuerza, atrapando nuestros miembros juntos mientras frota con un ritmo frenético. Yo me aferro a sus hombros, enterrando las uñas en su piel mientras mi cuerpo tiembla encima de él.
—Tommie…— mi voz sale entrecortada, un gemido suplicante.
—Lo sé, bebé… yo también…— gruñe contra mi oído, jadeando con fuerza.
El sudor nos pega la piel, cada choque de nuestras caderas provoca un nuevo espasmo de placer. Mi respiración se corta, los gemidos se me escapan sin control, y siento cómo la presión en mi abdomen se acumula hasta volverse insoportable.
—¡Joder, Tom!— grito ahogado cuando me corro contra él, mi cuerpo se sacude con espasmos intensos mientras un calor ardiente me recorre entero. Su mano sigue apretando, rozándonos, mezclando nuestros fluidos en cada movimiento.
Él no tarda en seguirme; su cuerpo se arquea bajo mí, soltando un gemido ronco, casi un gruñido, mientras eyacula conmigo, cubriéndonos los dos. El calor húmedo se esparce entre nuestros vientres y la sensación me arranca un último estremecimiento de placer.
Caigo sobre su pecho, agotado, jadeando como si acabara de correr un maratón. Sus dedos siguen acariciando mi espalda en círculos lentos, mientras su respiración se entrecorta bajo mi oído.
—Eres… un puto vicio— susurra, con la voz rota.
—¿Y tú qué crees que eres para mí?— respondo entre risas ahogadas, todavía temblando por la descarga.
Me aprieta contra él, como si quisiera fundirme en su piel, y yo cierro los ojos, disfrutando del calor que aún nos envuelve.
Este ha sido un gran amanecer…
&
—¿Has pasado la noche en un hotel?— es lo primero que suelta mi madre nada más cruzar yo la puerta de la mansión. Me mira de arriba abajo, se lleva una mano a la frente y suspira —Dime que no has hecho nada inapropiado.
—¿Inapropiado en qué sentido, mamá?— le digo mientras me dejo caer agotado en el sofá. Tengo las piernas molidas y, con el pelo suelto, intento tapar los moratones de las mordidas de Tom en el cuello. Solo de pensarlo me recorre un escalofrío, joder. Lo de esta mañana estuvo brutal, y aunque no llegamos a lo otro, me quedé la mar de satisfecho… y sigo estándolo, al menos por ahora.
Mi madre aparta la mano de la frente y me mira entornando los ojos —No me tomes por tonta, Bill— suelta, conteniéndose para no alzar la voz —Sabes perfectamente a lo que me refiero.
Pongo los ojos en blanco —Mamá, solo estuve dando una vuelta por ahí… se me hizo tarde, me tomé algo en un bar y acabé pillando una buena, perdón— miento como si nada —Pero fui responsable, ¿eh? No quise venirme en taxi porque, ¿y si se aprovechaban de mí estando tan mal? Así que, como tenía un hotel a mano, me quedé ahí. Y ya está, hace un rato me levanté y aquí estoy. No hice nada malo.
Se queda mirándome, analizándome la cara como anoche hizo Tom, y casi me da la risa pero me la aguanto. Al final suelta un bufido y asiente —Vale, me alegra que al menos pensaras antes de hacer una tontería— dice —Espero que te tomes un descanso de tantas salidas.
—Sí, hoy no salgo.
Es lo que acordamos Tom y yo antes de que me viniera. Me dijo que, con tantas salidas, alguien podía empezar a sospechar y que mejor no apareciera hoy, sino mañana con la excusa de que salgo a correr. Que quede más creíble poniéndome la ropa deportiva. Pasaré la mañana y la tarde con él y volveré de noche. Planazo. Además, así aprovecho para hablar con Heidi y hacerme ver como el «sobrino» comprensivo, mantenerla controlada.
Mi madre suspira, aliviada —Ah, pues genial, cariño.
Le dedico una sonrisa —¿Heidi ha salido?
—No, está en el jardín tomando el sol, ¿por qué?
—Es que siento que estos días casi no hemos hablado, ya sabes— digo aguantándome una mueca —Voy a ir a verla, seguro que está de bajón con la ausencia del tío Tommie. Pero antes me doy una ducha.
—Me parece estupendo— dice emocionada, lo que me obliga a seguir sonriendo —Ella está muy decaída y eso no le viene nada bien al bebé, intenta distraerla un poco, haz que se anime.
—Claro, mami, tú tranquila, lo dejo en mis manos— le digo mientras me levanto —Por cierto, buenos días. ¿Has dormido bien?
—Qué va, para nada. Pensé que al menos me avisarías de que te quedabas en ese hotel y así me quedaba tranquila— niega con la cabeza —Pero bueno, ya estás aquí. ¿Has hablado con tu padre?
—No— pongo morritos —Quizá luego…
—Anda, ve a ducharte, que menuda pinta llevas con ese pelo.
—¡Lo sé! Voy a lavármelo ya— paso a su lado y subo las escaleras corriendo.
Entro a mi habitación, cierro la puerta y empiezo a quitarme la ropa: el top verde, desabrocho el cinturón, el pantalón cae por mis piernas, me quito los zapatos para poder quitármelo del todo y, en boxers, voy directo al baño. Abro el grifo, espero a que el agua caliente salga a buena temperatura y me meto bajo la ducha, dejando que me empape el cuerpo entero.
Cojo el jabón y, mientras me lo paso por el cuerpo, no puedo evitar empezar a cantar. Hoy estoy de un buen rollo tremendo.
—Tu madre tiene una polla que ya la quisiera yo, me dio pena por tu padre el día que se enteró— cojo la esponja después de dejar el gel en su sitio y empiezo a frotármela por el cuerpo —Que fue en la noche de bodas, ¿quién iba a imaginar que iba a ser a tu padre a quien iban a encular?
Dejo la esponja y pillo el bote de champú, echo un buen chorro en la mano y me lo llevo a la cabeza, masajeando todo feliz y contento de la vida.
—Transexual, transexual… tu madre tiene un grande pene no sé por qué— ¿que cómo me sé esta canción? Pues porque cuando me quedaba en casa de Evan, él siempre se levantaba a preparar el desayuno y yo, cuando me despertaba, lo encontraba en la cocina cantándola a pleno pulmón. Es absurda, pero pegadiza, y al final me la aprendí —Nunca más se podrá sentar cuando lo enculen por detrás. Tu madre tiene un grande pene, es un transexual…
Cuando terminé de ducharme, salí de la ducha atándome el albornoz.
Ya en mi habitación, me puse a buscar algo para ponerme. Hoy no me apetece arreglarme mucho, pero da igual, porque lo haga o no siempre acabo viéndome perfecto. No es culpa mía, ¿vale? Nací guapo, ¿cuántas veces lo he dicho ya?
En fin…
Me puse una blusa blanca de manga larga, ajustadita, que deja ver un poco de cintura. Me mola porque es básica, pero al mismo tiempo se ve limpia y estilosa. La combiné con una falda vaquera azul oscuro, de corte recto, que es comodísima y no demasiado corta, así que me puedo mover a gusto.
Me hice dos trenzas largas, sueltas y un poco despeinadas, que me caen hacia adelante y me dan un rollo juvenil, algo rebelde. Me flipa lo joven que me veo, aunque bueno, aún soy joven, es que me amo…
Ahora sí, ya listo, me preparo mentalmente para la charla con la momia. Pff, qué horror…
Continúa…
Bello, precioso, majestuoso, divino… tan divino… (se desmaya)