Fic TOLL de unicornlitz. Temporada II

Capítulo 36

Sus palabras apenas terminan de salir de su boca cuando Tom se apodera de la mía, besándome con tanta hambre que siento que me devora. Gime contra mis labios mientras su lengua invade la mía sin piedad, robándome el aire, arrancándome suspiros entrecortados.

Su mano se desliza lenta por mi pierna, subiendo con descaro hasta apretar con fuerza mi muslo, haciéndome soltar un jadeo ahogado dentro del beso. Me aprieta tan fuerte que siento que me reclama, que me marca solo con ese gesto.

—Mmm… Tom…— susurro apenas, pero él no me da tregua, vuelve a besarme con furia, mordiéndome los labios como si no pudiera tener suficiente.

De pronto me levanta un poco, guiando mi cuerpo con facilidad, y yo, rendido, obedezco a su deseo. Termino enroscando mis piernas alrededor de sus caderas, sintiendo su pene, que se pone duro mientras se roza contra mí, arrancándome un gemido que se me escapa contra su boca. El calor entre nosotros se vuelve insoportable, su lengua, sus manos, la presión de sus caderas contra las mías… todo me hace temblar, me hace sentir que voy a romperme y que, aun así, quiero más.

Sus manos se deslizan por mi espalda con desesperación, apretándome contra él mientras nuestras bocas siguen chocando en besos húmedos y salvajes. Cada vez que me muerde el labio inferior, me arranca un gemido que él engulle con una sonrisa arrogante.

Siento sus dedos recorriendo mi muslo, subiendo lento, cruelmente provocador, hasta llegar a mi trasero. Me agarra con fuerza, haciéndome arquearme contra su erección, y un jadeo escapó de mi garganta.

—Joder, Tommie…— susurro entrecortado, con la cabeza hacia atrás, dándole acceso a mi cuello.

No tarda en aprovecharlo, besando y lamiendo mi piel como si quisiera saborearla toda. Chupa con fuerza justo en mi clavícula y me deja una marca ardiente que me arranca un gemido más alto de lo que esperaba. Su risa ronca vibra contra mi piel.

Sus caderas se mueven contra las mías, frotándose en un ritmo que me enloquece. El roce de su dureza contra la mía, atrapada entre nuestros cuerpos, me hace perder el control. Lo aprieto aún más con mis piernas, buscando que no me dé ni un respiro.

Su mano se desliza hasta mi cintura, bajando un poco más hasta meter sus manos dentro de mi camisa y rozar con sus dedos justo en mi entrepierna por encima del boxer. El simple contacto me hace temblar entero, mi cuerpo reacciona sin permiso, rogando por más. Tom me mira a los ojos, con esa maldita sonrisa segura y excitada.

—Mírate… estás temblando solo con mis manos.— susurra con voz ronca.

Y tiene razón.

Su mano no se detiene en la tela, no… la maldita sube un poco más, colándose sin aviso por dentro de mi boxer. Siento su palma cálida rozar la base de mi miembro y un escalofrío me recorre entero.—Tom…— gimo contra su boca, sin fuerzas para apartarme.

Sonríe contra mis labios, disfrutando de cómo me derrumbo en sus manos. Sus dedos me acarician la base lento al principio, casi con crueldad, apenas rozando lo que más deseo. Mi respiración se vuelve errática, jadeante, y mi cuerpo tiembla como si estuviera a punto de explotar. Cuando por fin envuelve mi erección con su mano, un gemido desgarrado me escapa sin control. Me aferro a sus hombros, enterrando las uñas en su camiseta, incapaz de sostenerme por mí mismo.

—Mierda, Bill… estás tan mojado…— murmura con la voz cargada de lujuria, besándome con violencia mientras empieza a masturbarme con un ritmo torturante, firme y delicioso.

Cada movimiento de su mano me arranca sonidos que no puedo contener, mi cuerpo arqueándose contra él, mis piernas apretándolo aún más contra sus caderas como si pudiera fundirme con él. Su otra mano sigue en mi trasero, empujándome contra su propia erección, que late y roza con desesperación contra mi abdomen. El roce, sus manos, su boca devorando la mía… me hacen sentir que me estoy perdiendo, que estoy completamente suyo.

El ritmo de su mano se acelera y siento cómo la presión dentro de mí crece demasiado rápido, haciéndome temblar como si estuviera a punto de perderlo todo. Me aferro a él, desesperado, mis gemidos ya son súplicas entrecortadas.

—Tom… voy a…— balbuceo contra su boca, completamente entregado.

Pero justo en el instante en que estoy a punto de derrumbarme, él se detiene. Su mano se aparta de golpe, dejándome jadeante, con el cuerpo ardiendo y temblando de frustración. —¿En serio pensaste que iba a dejarte correrte tan fácil?— susurra con esa sonrisa maldita que me vuelve loco.

Antes de que pueda quejarme, me agarra fuerte por la cintura y me da la vuelta con firmeza, haciéndome caer boca abajo sobre la cama. Mi respiración se corta cuando siento sus manos recorriendo mi espalda y bajando hasta mis caderas, apretándolas como si fueran suyas.

Un escalofrío me sacude entero cuando sus dedos se hunden en mis glúteos, separándolos apenas, como si se deleitara con la vista. Yo entierro la cara en la sábana, jadeando, ruborizado y excitado al mismo tiempo.

—Mira lo que tengo delante…— ronronea detrás de mí, su voz grave, posesiva, llena de deseo —Tan perfecto, tan mío…

Siento su aliento cálido descender hasta mi piel, justo donde más vulnerable me encuentro. Sus dedos se pasean lento, provocadores, bordeando mi entrada sin tocarme del todo, como si quisiera volverme loco de anticipación.

—Voy a prepararte, Bill…— susurra, y el simple sonido de esas palabras me arranca un gemido desesperado.

El sonido de su voz me tiene temblando, y cuando por fin sus dedos se deslizan más abajo, rozo el borde de la locura. Me acaricia lento, apenas jugando en la entrada, y cada roce me arranca un jadeo más alto que el anterior.

—T-Tommie… por favor…— suplico contra las sábanas, arqueando las caderas hacia él sin poder controlarme.

Él ríe bajo, satisfecho de tenerme así, tan vulnerable. Con un movimiento firme, uno de sus dedos se hunde dentro de mí, y un gemido desgarrado me escapa sin que pueda contenerlo. Me aferro con mis dedos a las sábanas, temblando, sintiendo cómo mi cuerpo lo recibe y lo reclama al mismo tiempo.

—Humm…— gruñe detrás de mí, empujando otro dedo más profundo mientras me acaricia con la otra mano en la cadera, sujetándome como si no quisiera dejarme escapar.

Pronto añade otro más, estirándome, preparándome con movimientos rítmicos y deliciosamente crueles. El ardor inicial se convierte en placer puro, y cada vez que los mueve en mí, un chorro de calor me recorre el cuerpo entero.

Mi respiración se vuelve errática, mis gemidos llenan la habitación, y sé que estoy perdido. Intento mover las caderas contra su mano buscando más, pero él me sostiene, dominando el ritmo.

—Tranquilo…— susurra, rozando mis glúteos con un beso húmedo —Quiero que estés listo para mí.

Y con esas palabras, hunde los dedos más fuerte, curvándolos justo en el punto que me hace ver estrellas. Grito su nombre, encorvándome contra las sábanas, rogándole sin vergüenza que no pare.

Siento que me rompo con cada embestida de sus dedos, mi cuerpo se sacude sin control, y justo cuando creo que me voy a perder del todo, Tom se detiene. Lo escucho jadear detrás de mí, y el sonido de su respiración pesada me pone aún más nervioso. De pronto, oigo el roce de la tela al caer al suelo. Giro un poco la cabeza, apenas lo suficiente para verlo deshaciéndose de sus pantalones, su ropa interior siguiendo el mismo camino. Mi boca se seca al ver su erección liberada, gruesa, dura, palpitando de deseo. Trago saliva, porque sé exactamente lo que va a pasar ¡y estoy ansioso!

Tom se sube a la cama con ese aire dominante que me mata, sus manos vuelven a mi cadera, apretándola como si fuera de su propiedad. Se frota contra mi trasero, haciéndome sentir el calor de su miembro en mi piel, y un escalofrío me sacude entero.

—¿Lo sientes?— murmura con esa voz ronca, casi animal —Todo esto es para ti.

Yo gimo en respuesta, arqueando mis caderas hacia él, rogando sin palabras.

Con una mano se sujeta en mi cintura y con la otra guía su erección hasta mi entrada, rozándome apenas, torturándome con la punta sin entrar del todo. Yo me aferro a las sábanas, temblando, sudando, suplicante.

—Tómame ya…— murmuro jadeando, sin poder más.

Él deja escapar un gruñido bajo, satisfecho, y en un solo movimiento empieza a hundirse en mí, lento, estirándome, reclamando cada parte de mi cuerpo. Grito su nombre entre gemidos desgarrados, mi espalda arqueada, mis uñas rompiendo la tela de las sábanas.

—Oh, bebé …— jadea sobre mí, inclinándose a besarme la nuca mientras se entierra más y más profundo —Te sientes jodidamente perfecto.

La mezcla de dolor y placer me consume, y lo único que quiero es que no se detenga nunca.

Tom se queda quieto un segundo dentro de mí, enterrado hasta el fondo, como si quisiera saborear mi reacción. Yo tiemblo, jadeando contra las sábanas, con el cuerpo arqueado y los labios abiertos en un gemido ahogado.

Entonces comienza a moverse. Al principio lento, cruel, sacándose casi por completo para luego volver a hundirse despacio, haciéndome sentir cada maldito centímetro. El ardor me hace apretar los dientes, pero el placer se abre paso rápido, y mi cuerpo lo recibe desesperado.

—Joder, cómo aprietas…— gruñe contra mi oído, apretando más fuerte mi cintura para marcar el ritmo.

Intento empujar las caderas hacia atrás, rogando más, pero él no me lo permite; controla la situación como si yo fuera suyo. Y es que es así, mierda. Sus embestidas son lentas, profundas, me desgarran de placer y me torturan a la vez. Estiro y arqueo más mi espalda como hacen los gatitos, ronroneando, alzando más mi trasero.

—Tómame más fuerte…— suplico, con la voz quebrada, sin importarme nada.

Eso es todo lo que necesita. Con un gruñido gutural, Tom obedece. Sus caderas chocan con violencia contra las mías, una y otra vez, el sonido húmedo y brutal llenando la habitación junto con mis gemidos cada vez más altos. Cada embestida me arranca gritos que ya no puedo contener. Me agarra del cabello, tirando de mi cabeza hacia atrás para obligarme a mirar al frente, sometiéndome, y yo me dejo hacer, completamente perdido en él.

—Dime, amor… ¿quien es tu jodido dueño, eh?—jadea con furia contra mi cuello, marcándome a besos y mordidas en los hombros entre cada estocada —Dilo…

—Tú…— suelto en un suspiro. —Tommie, tú eres mi dueño… ¡oh sí!

Sus movimientos me destrozan y me reconstruyen al mismo tiempo. Estoy tan cerca que apenas puedo pensar, mi cuerpo entero temblando bajo su control. Siento que me pierdo. Cada embestida es más fuerte, más profunda, y el calor en mi vientre crece sin control. Mis uñas arañan las sábanas, mi espalda se arquea, mi garganta se desgarra en gemidos que ya no puedo contener.

Tom gruñe encima de mí, salvaje, sus caderas chocando contra las mías con un ritmo frenético. Su mano se desliza por mi torso, aprovechando el espacio que tiene al tener mi espalda arqueada, hasta envolver mi erección, bombeándome al mismo tiempo que me folla, y eso me rompe.

—¡T-Tom…!— grito, mi voz hecha pedazos, suplicante.

—Córrete para mí…— ordena en mi oído, mordiendo mi piel —Hazlo, Bill. Quiero sentirte explotar.

Sus palabras me arrastran al límite. Mi cuerpo se sacude con violencia mientras el orgasmo me atraviesa entero, un grito desgarrado escapando de mis labios. Me corro en su mano y contra las sábanas, temblando, perdido, mientras él sigue embistiéndome sin piedad.

Siento cómo su cuerpo se tensa, sus jadeos se vuelven más rotos, más urgentes. Con un último gemido gutural, Tom se entierra hasta el fondo y se corre dentro de mí, aferrándose a mis caderas con fuerza como si temiera soltarme. Creo que me ha dejado marcas… eso me encanta. El calor de su semen llenándome me hace estremecer de placer, y caigo rendido, jadeando, con mi cuerpo todavía sacudido por espasmos.

Tom se derrumba sobre mí, su pecho sudado pegado a mi espalda, sus labios besando mi hombro con ternura, contrastando con la brutalidad de lo que acabamos de hacer.

—Joder… como me fascinas— susurra, casi sin aire.

Y yo sonrío exhausto, —Tú me fascinas a mí…— susurro, él sale de mí lentamente y yo aprovecho para darme la vuelta, lo tengo de frente, tan sudado y agitado como yo, enrollo mis brazos en su cuello y lo atraigo a mí. —Bésame, Tommie… bésame mucho…

Sus labios se estampan contra los míos con un hambre distinta, más lenta, más desesperada a la vez. Mi lengua lo busca y la suya responde, como si ambos quisiéramos tragarnos mutuamente. Tom gime bajo en mi boca, sus manos recorren mi espalda húmeda, temblorosa, hasta posarse en mis caderas y apretarme fuerte contra él.

El calor de su piel es insoportable y delicioso. Nos movemos sin ritmo, solo enredándonos, jadeando entre besos. Me muerdo sus labios, él me responde hundiendo sus dedos en mi cabello, tirando de mí con fuerza.

—Eres… jodidamente perfecto…— murmura contra mi boca, y su voz me hace estremecerme entero.

Me río bajito, aún besándolo, y lo aprieto más cerca, sintiendo su pecho chocar con el mío, nuestros latidos desbocados compitiendo.

—No pares…— le pido entre susurros, perdiéndome otra vez en su boca ardiente.

El celular vibra en la cama, donde seguramente lo dejé cuando empezó esto. Me sobresalto un poco, Tom me tiene tan enredado que casi olvido que el mundo existe. Giro la cabeza y veo en la pantalla un nombre que me corta la respiración: Evan.

Dudo. Lo último que quiero es contestar… pero tampoco me atrevo a ignorarlo del todo. Extiendo la mano y tomo el móvil, mientras Tom aprovecha el descuido para deslizar su boca por mi cuello.

Aprieto los labios, intentando contener un gemido, y acepto la llamada.

—Evz…— murmuro apenas, con voz ronca.

Tom sonríe contra mi piel, lo siento. Sus labios viajan de mi cuello a mi clavícula, dejándome sin aire. Su lengua traza un camino lento, húmedo, hasta mi pecho. Me arqueo instintivamente, pero tapo el micrófono con la mano para que no se note.

—Hola, amorcito. Acabo de leer tu mensaje, ¿qué fue lo que te pasó?— pregunta.

—Ouh, es que…— carraspeo para contener el gemido que iba a salir de mi boca por la forma en que Tom besa mi piel. Él no se detiene. Chupa suavemente un punto de mi piel hasta arrancarme un jadeo que tengo que disimular con una tos falsa. —Salí esta mañana a correr, y sabes que a veces me pongo a hablar solo sin darme cuenta.

—Sí— afirma en una risita —Eso me daba miedo…

—Aish, tonto…— mi voz tiembla. Tommie me está provocando, sus manos se deslizan por mis costados, bajando peligrosamente. —Bueno, una niña que iba pasando le dijo a la mamá que yo estaba loco, y la vieja de su madre le dijo que seguramente tenía esquizofrenia, ¡¿puedes creerlo?!… Uhm…— muerdo mis labios.

Tom me muerde el pecho y yo aprieto los ojos. Mientras intento escuchar lo que Evan dice al otro lado, Tom baja más, su boca encendiéndome cada vez que me toca.

—Oh, amor…— se echa a reír —Conociéndote sé que hiciste algo.

—Me conoces bien…— digo con voz estrangulada, —como la niña iba comiendo helado, tomé la bola del cono y se la aplasté en la cara.

—Dios mio…

—Vi que su mamá me iba a hacer algo y salí corriendo, creí que había corrido mucho pero no, no corrí nada. Y la mujer se me acercó con la mocosa llorando y un oficial de policía de esos que patrullan los parques— digo con palabras atropelladas, mientras Tom me besa justo debajo del ombligo, su respiración caliente haciéndome perder la compostura. —Obviamente, salí corriendo de nuevo y bueno… entre tanto, un pájaro hizo sus cosas en pleno vuelo y me cayó en el pelo, y eso no es nada. También choqué contra un arbusto y contra un carro de helado.

Evan está que se muere de la risa.

Levanto la mirada al techo, mordiéndome los labios para no gemir en medio de la llamada. Tom me mira con esos ojos llenos de travesura y deseo, sabiendo exactamente lo que hace.

—Al final, el policía me agarró y me llevó preso… bueno, no preso, preso, pero sí me encerró en una celda.— le cuento.

Tom no se conforma con provocarme un poco… no, él siempre tiene que llevarme al límite. Su boca baja despacio, rozando mi piel con besos húmedos que hacen que mis piernas se tensen. Siento sus labios justo en mi vientre y el calor que desprende me hace tragar saliva.

—Si no fuese por mi tío Tom que fue a buscarme, no se que habría sido de mí, Evz— respondo con voz entrecortada, tapando con la mano el micrófono para disimular un jadeo que amenaza con escaparse.

Tom me mira desde abajo, con esa sonrisa maldita que significa que va a destruirme. Sus dedos juegan en mi vientre, deslizándose suavemente, como si quisiera recordarme que en cualquier segundo puede ir más allá. Su lengua aparece, lenta, dibujando un círculo justo ahí. Haciéndome estremecer.

Aprieto el móvil contra la oreja, con los ojos cerrados, intentando concentrarme en las palabras que apenas entiendo. —Ay, mi vida… que mal. Pero, no te hiciste daño, ¿verdad?— pregunta —Que bueno que tu tío te sacó de ahí…

—Sí, mi tío Tommie es tan… tan bueno conmigo— suspiro enternecido, de placer, de gusto —¿Ya te he dicho que es mi tío favorito?

—Muchas veces— ríe ligeramente —Amor, ¿que estas haciendo? Te escucho algo… agitado.

—Oh, es que… estoy haciendo mi rutina de ejercicio, Evz— miento a medias, con la voz cargada de un temblor que Evan seguro confunde con cansancio. Pero no es cansancio. Es Tom. Tom apretando mis muslos, Tom sujetándome para que no escape, Tom hundiendo la cara contra mi entrepierna y riéndose bajito al sentir cómo tiemblo. —Ugh…

—Ah, entiendo, bebé… entonces te dejo seguir con eso. Yo voy a entrar a la siguiente clase— me dice —Te hablo después, ¿vale?

Me muerdo la lengua, mi espalda se arquea traicionándome, y tengo que apretar fuerte los labios para no soltar el gemido que me quema la garganta. Respiro profundo —Vale, cielo…

—Te amo…

—Sí, yo igual…

Tom sube la vista y me atrapa en ella. Yo me aparto el móvil y corto la llamada lanzando el móvil a cualquier parte de la cama o al mismísimo suelo, no se, porque lo único que hice cuando lo lancé fue apoderarme de la boca de mi Tommie de nuevo.

Oh, esto es gloria. Es el puto paraíso…

Continúa…

Gracias por la visita, no te vayas sin comentar 😉

por unicornlitz

Escritora del Fandom

Un comentario en «Treat me 36»

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