Fic TOLL de unicornlitz. Temporada II

Capítulo 38

Entro en la habitación del hotel con el corazón todavía acelerado después de que Tom me abriese la puerta. Su chaqueta la llevo apretada contra el pecho, como si fuera un escudo. Me tiemblan ligeramente las manos. Tom me mira confundido y yo me abro paso entre él para pasar completamente dentro.

Él cierra la puerta detrás de mí y suspiro frustrado —¿Por qué llamabas?— pregunta él con voz tranquila, me doy la vuelta para mirarle a los ojos. Cuando llegué aquí y busqué la tarjeta en la chaqueta, no estaba… temo haberla perdido o peor, haberla dejado en la mansión —¿Billie?— vuelve a hablar él tras mi silencio —¿Todo bien?

Niego con la cabeza —No, nada está bien— digo rápidamente, mis palabras se atropellan. Al fijarme bien en él noto que tiene el pelo mojado y una toalla colgada al cuello. Pero paso de eso, Tom frunce el ceño al escuchar mis palabras, y su expresión relajada se transforma en preocupación.

—¿Qué ha pasado?— pregunta con un tono muy serio de repente. —¿Ha ocurrido algo? ¿Con Heidi?

—No exactamente— respondo, soltando un bufido nervioso mientras le tiendo la chaqueta —Toma, casi me pilla con esto.

Él la coge, mirándola como si fuera una bomba a punto de explotar y luego a mí —¿Cómo que casi te pilla?

Me meto en el salón y me dejo caer en el sofá, pasándome las manos por la cara. —Pues eso, Tommie. Cuando llegué a la casa, la dejé tirada en el sofá sin pensar. Y cuando bajé, Heidi estaba justo ahí, delante del sofá. Me vio cogerla y se quedó mirándola con cara rara.

—¿Te preguntó algo?— interroga con un toque de cabreo.

—Sí, empezó a decir «¿esa chaqueta es…?» y yo le corté diciendo que era mía— explico, sintiendo todavía la adrenalina en las venas —Y salí pitando antes de que pudiera decir nada más. Tommie, te juro que me miró como si supiera algo. Como si… como si la reconociera.

Él bufa —Es obvio que la va a reconocer… ella fue quien me la regaló— confiesa y es ahí cuando me giro a verlo con los ojos como platos, esto no puede ser posible —No recuerdo por qué fue, pero sí sé que ella me la regaló. ¿Cómo has sido tan descuidado?— pregunta —¿Por qué no la llevaste contigo a la habitación o qué sé yo?

—No sé, yo…— suelto un suspiro, ni siquiera yo entiendo mi tontería —Te juro que no fue intencionado, Tom… yo simplemente la dejé ahí, no pensé en las consecuencias.

Tom se sienta a mi lado, dejando la chaqueta sobre el reposabrazos del sofá. Se pasa una mano por el pelo mojado y suelta un suspiro largo. —Joder, Bill.— suelta en un resoplido frustrado —Esto se está poniendo cada vez más complicado. Sabes perfectamente que hay que ser cuidadoso, y más ahora que ella sospecha de «una amante» también porque le ayudaste a alimentar esa idea…

Arrugo la frente —¿En serio?— me pongo de pie al instante, completamente indignado —¿Otra vez? La última vez me echaste la culpa, literalmente. Incluso me dijiste que si la de quedarme callado no me la sabía… estás siendo injusto otra vez.

—¿Injusto?— él también se pone de pie.

—¡Ella ya tenía sospechas!— exclamo, conteniéndome de gritar del todo —¡Me dijo que te revisó el móvil! Yo solo quería que se olvidara de esa idea, no me conviene que se entere de esto, ¿sabes?— digo, refiriéndome a lo nuestro, si es que hay un «nosotros» —¡En ese caso la culpa es tuya!

Él suelta una risita irónica —Es tan natural en ti echarle la culpa a los demás, ¿eh?…— le miro sin entender a qué va con eso —Puede que yo me haya descuidado hace tiempo, pero tú alimentaste su paranoia. ¿Y si en sus salidas en realidad ha estado investigando? Lo he estado pensando y sé que es una posibilidad…

—Y hasta ahora te pones a pensarlo…— suelto yo, cruzándome de brazos —Luego vienes a echarme toda la mierda encima.

—¿Qué coño estás diciendo, Bill?— ahora se ha cabreado, pero yo no me quedo atrás —Aquí el punto es que vio la jodida chaqueta— dice, alzando la voz. —Y la reconoció, ¿sabes? Todo esto… no me hace pensar más que… que quizás tú quieres que ella lo sepa.

—Eres un idiota…— murmuro.

¿Cómo va a decir que yo quiero que ella se entere? Si tengo claro que si ella se entera todo lo nuestro se va a la jodida mierda, ¿cómo se atreve? Me está haciendo quedar como el malo aquí, me está echando toda la culpa para él quedar bien, ¿es eso, no? No puedo creer que piense así de mí, ¿decir que yo quiero que esa mujer sepa de esto? ¡Es una locura! Yo no quiero que ella se entere, yo no quiero que esto se acabe porque, para mi absoluta y jodida desgracia, me he enamorado de él.

—Un completo idiota…— digo más firme ahora, sintiendo mis ojos arder por las lágrimas que empiezan a acumularse. Y como si eso no fuera suficiente ya, un nudo doloroso se instala en mi garganta. —¿Cómo me crees capaz de algo así, Tom? Yo podré ser un completo cabrón pero jamás…— cojo aire, mi voz sale estrangulada —Jamás haría algo así…

Su expresión se suaviza.

Sé que él tiene razones para pensar que quizás yo quiero que ella sepa, pero ¿cómo? ¿Cómo voy a querer yo algo así? Sí sé perfectamente que si Heidi se entera, esto llega a su jodido final…

Sé que he hecho y dicho cosas que no debía, pero no es culpa mía. Yo simplemente ni lo pienso, no es como si me dijera a mí mismo «Voy a decirle esto para que sospeche que soy yo quien se está liando con su marido, ¿qué importa si se entera?» Jamás he pensado algo así. He hecho todo esto sin pensarlo, es simplemente por lo tonto que me vuelve este cambio emocional. Jamás en mi vida he estado enamorado, todo esto es nuevo para mí.

—No te pongas así— dice, con voz firme pero suave —Es solo lo que pienso, ¿vale? Todo esto me lleva a hacerlo…

—No…— murmuro empezando a negar con la cabeza rápidamente —No, estás siendo irracional. ¿Creer que yo quiero que ella se entere?— arrugo la nariz —¡¿Cómo se te ocurre?!

Él coge aire —Vale, ya… no grites— pide con calma, —Te dije que lo pienso, no que lo creo.

—Gracias, eso ayuda muchísimo, Tom— digo con sarcasmo. —Igual… no creo que Heidi haya atado cabos. O sea, ¿cómo va a pensar que estoy contigo? Soy tu sobrino, por el amor de dios.— pongo los ojos en blanco.

—Tienes razón— dice él, aunque su tono no suena del todo convencido —Pero aun así… tenemos que tener más cuidado. No podemos dejar rastros así, Bill… ¿dónde está tu tarjeta? No la usaste al llegar y me hiciste abrir la puerta, ¿dónde la tienes?

Me tenso al instante —No la encontré.

—¿Qué?

—No sé dónde se me pudo caer, ¿vale?— digo irritado —Creo que la he perdido.

—¿Dónde la tenías?

—En la chaqueta…— digo mirando dicha cosa que todavía está sobre el reposabrazos del sofá. —Pero cuando llegué aquí y la busqué, no estaba. Creo que se me cayó en el taxi o en recepción…

—O en la mansión— apunta él cabreado de nuevo —Estamos jodidos, ¿sabes?

Me le quedo mirando, está cabreado del todo y lo sé por su expresión seria y el ceño ligeramente fruncido. Él piensa que es culpa mía, entonces quizás sí lo es… es culpa mía, yo he provocado todo esto. Hice que Heidi creyera que «la amante» de Tom está aquí, entre otras cosas, he hecho tanto sin darme cuenta, sin ser consciente, que ahora me doy cuenta de que él tiene razón.

—Tommie…— empiezo, pero él me interrumpe.

—¿Cambiaste ya el número?— me pregunta, directo.

Hago una mueca con los labios, después de todo lo que pasó en el parque se me olvidó. —No.

—Bill, coño, te dije que era urgente— me riñe, pero su voz no es dura, es más bien preocupada —Heidi tiene ese número guardado. Si decide llamar…

—Lo sé, lo sé— le corto, sintiéndome aún más culpable —Odio cuando me gritas…

Suspira —Ya, es que me haces perder la paciencia con tantas cosas que haces, Bill— comenta con su voz más calmada —No te gritaré pero deja de ser tan descuidado, ¿estamos?

—Sí.— susurro. —Pero si vas a seguir cabreado…

—No estoy cabreado— me interrumpe —Pórtate bien y no tendré que gritarte otra vez…

—Ah…— suelto indignado de nuevo en una exhalación —Discúlpeme, tío Tom, me largo ya para que ni mi presencia ni mi actitud le agobien, le frustren y le cabreen. Porque claro, como soy un insoportable de mierda usted, con la paciencia limitada que tiene, no me soporta. Así que me voy para no seguir interrumpiendo su infinita paz…

En todo momento, mientras hablaba, Tom se mantuvo sereno, tranquilo e incluso alzó ambas cejas como si ya estuviese acostumbrado a mis dramas repentinos, pero eso me importa poco. Así que me dejo controlar por mi orgullo, cojo mi dignidad y estoy dispuesto a largarme cuando, por desgracia o alegría, no lo sé, él me detiene sujetando mi brazo y me acerca de un solo tirón. Me mira con una sonrisa socarrona en los labios que me pone avergonzado. Qué horrible es esa sensación, joder. Perdón, pero no estoy acostumbrado a avergonzarme.

—¿Por qué eres tan dramático, Bill?— pregunta, colocando los mechones de pelo que por el tirón que me dio, se vinieron al frente obstaculizando mi campo de visión. —Solo dije que te portes bien para que no te grite otra vez…

—Me da igual— refunfuño con el ceño fruncido.

—A veces te pasas de borde, ¿eh?…

—¿Qué coño? Yo soy un buen chaval, podría ser monja si fuese mujer de tan angelical que soy— le digo, mi personaje políticamente incorrecto saliendo a la luz —Un ser de luz que ilumina tu vida, sin mí estarías como la tierra sin el sol. Y te quedarías con la ridícula de tu mujer pero, ¿adivina qué? sin la luz del sol la luna no brilla. Entonces, soy fundamental en tu tonta vida…

—Sí, tienes razón— dice para mi sorpresa.

—¿Eh?

—Eres fundamental en mi tonta vida— repite mis palabras.

¿Qué ha querido decir con eso?

Él sonríe, y esa sonrisa es mi perdición. Yo también lo hago, mi cabreo se disipa como polvo en el aire, y sin pensármelo mucho, cojo su rostro con mis manos y estampo mis lindos labios, que no necesitan ser inyectados como los tiene Heidi para ser carnosos, y le beso. Sus manos rápidamente van a parar a mi culo, sí, directamente a mi culo para apretar mis nalgas y acercarme a su cuerpo, que ahora que recuerdo, solo una toalla se interpone entre mis manos y su desnudez.

Yo quiero tener sexo… no sé por qué, pero se siente como si fuese la última vez.

Tom parece leerme la mente y de un solo movimiento logra alzarme. Enrollo mis piernas alrededor de sus caderas y le abrazo por el cuello mientras sus manos vuelven a mi culo de nuevo. Sin ver y ya sabiendo el camino, nos dirigimos a la habitación, donde la cama grande y perfectamente hecha nos espera. Sin separar nuestros labios, me deja sobre la cama y se pone encima de mí abriéndose espacio entre mis piernas.

Su cuerpo sobre el mío se siente cálido. El roce de nuestros miembros, a pesar de tener ropa todavía, me enciende más de lo que debería. Sus labios bajan hasta mi cuello y me estremezco, me muerdo el labio para no dejar escapar un gemido, pero él lo nota igual, siempre lo nota.

—Hmm…— cierro mis ojos y él vuelve a mis labios, apoderándose de ellos. Nos besamos con una intensidad que no habíamos tenido antes, es diferente esta vez, lo siento en cada movimiento, en cada roce. No es solo deseo, no es solo calentura… es algo más profundo que me asusta y me emociona al mismo tiempo.

Tom me besa como si quisiera memorizarme, como si cada segundo contara. Sus manos recorren mi cuerpo con una urgencia que me hace temblar, y yo me aferro a él como si fuera lo único real en este mundo que se está desmoronando a nuestro alrededor.

—Tommie…— susurro contra sus labios cuando finalmente nos separamos para tomar aire.

—Shh…— me calla, besándome de nuevo, fugazmente, más suave esta vez —No hables. Solo… siéntelo.

Y eso hago. Me dejo llevar por sus manos, por su boca, por el calor de su cuerpo contra el mío. Tom se toma su tiempo, algo inusual en él. Normalmente somos fuego rápido, explosión instantánea, pero ahora… ahora es distinto. Sus dedos se enredan en mi cabello mientras profundiza el beso, y yo arqueo mi espalda buscando más contacto. La toalla que llevaba en la cintura se suelta un poco y se resbala en algún momento, y siento su piel desnuda contra mí a través de la ropa que todavía llevo puesta.

—Esto está de más…— murmura él, tirando suavemente de mi camiseta.

Me incorporo lo suficiente para ayudarlo a quitármela, y en segundos también desaparece junto con el resto de mi ropa. Quedamos piel con piel, y el calor es casi insoportable, sentados en la cama. Tom vuelve a besarme, bajando por mi mandíbula, por mi cuello, dejando un rastro de saliva a su paso.

—Eres tan…— empieza a decir, pero se detiene.

—¿Tan qué?— pregunto con voz entrecortada, mirándolo a los ojos.

Él me sostiene la mirada durante unos segundos que parecen eternos. Hay algo en sus ojos, algo que nunca había visto antes y que me hace sentir vulnerable y poderoso al mismo tiempo. —Tan perfecto para mí…— dice finalmente, y esas palabras me destrozan y me recomponen a la vez. —Eres perfecto…— asegura.

No sé si se da cuenta del impacto que tienen sus palabras en mí, no sé si entiende que cada vez que me mira así, cada vez que me toca así, me enamoro más de él. Y eso me aterra porque sé que esto no puede durar para siempre. Pero ahora mismo no quiero pensar en eso. No quiero pensar en Heidi, ni en mi madre, ni en las consecuencias. Solo quiero estar aquí, con él, sintiendo esto que me hace sentir tan vivo.

—¿Quieres que me ponga en cuatro para tí, Tommie?— pregunto con una sonrisa maliciosa en mis labios —¿O prefieres qué te monte?— atrapo mi labio inferior con los dientes sensualmente mientras él sonríe ante mí indecencia. Pero, ¿cuando he sido decente cuando lo tengo frente a mí? —Yo quiero saltar sobre tu pene como si fuese trampolín, ¿puedo?

Tom suelta una risita nasal cortita antes de acomodarse en medio de la cama, sentándose. Su miembro estaba completamente erecto, imposible de ocultar, incluso puedo verlo palpitar, ¿o acaso es mi imaginación perversa y retorcida? En fin, su pene está firme entre sus piernas y yo muero por tenerlo dentro de mí. Siento mi miembro palpitar dolorosamente, necesito quitar esa sensación…

—Ven aquí, voy a darte lo que quieres…— dice Tom con su voz ronca, que hace que mi piel se erice, ¿o es el cachondeo del momento?

Sin pensarlo siquiera dos veces, gateo hasta donde está él y me acomodo en su regazo, con las piernas a cada lado de su cuerpo. Me inclino hacia abajo, queriendo meter su dureza en mi interior de una vez por todas pero él me detiene y antes de que pueda rechistar, mete dos de sus dedos en mi culo de una sola estocada, haciéndome jadear. Ambos dígitos se deslizan en mi interior con frecuencia, tocando mi punto dulce y haciéndome desfallecer.

—¿Te gusta?— me pregunta él con voz ronca —¿O prefieres qué te lo meta ya?

Mmm, mierda. Amo cuando me habla de esa forma. Puedo sentir sus dedos salir y entrar torpe y ansiosamente en mi trasero, separo las piernas más y levanto las caderas instintivamente. Un tercer dedo entra, más produndo, y pongo los ojos en blanco echando mi cabeza para atrás. El aire se vuelve más denso para mí, me cuesta respirar con normalidad, un calor punzante recorre mi abdomen.

—Oh, hmm…— cierro mis ojos, siento un cosquilleo placentero que me sube del estómago hasta el pecho. —Sí, mmm… joder…

Mi piel arde al menor roce, las manos me tiemblan sin poder controlarlo. El pulso se acelera, latiendome con fuerza en las sienes y el cuello. Tom abre sus dedos aún dentro y me retuerzo sin poderlo evitar, un escalofrío excitante me recorre la espalda. Las piernas se me tensan, como si mi cuerpo se preparara para moverse sin permiso.

—Oh, sí…— mascullo con la voz amortiguada —¿Por qué no me follas ya? Quiero sentirte dentro de mí…

Joder, cada roce de sus dedos se siente más vivo, más eléctrico. Mi cuerpo entero responde como si hubiera esperado ese contacto durante años, la piel se me eriza y una vibración sutil se extiende desde el pecho hasta la punta de mis dedos. La mente se me nubla; solo queda el instinto y arqueo la espalda, buscando más, sin pensarlo.

—Entra ya… por favor…— pido entre suspiros.

Tom me hace caso después de torturarme y retira los dedos con un chasquido húmedo. —Cuando quieras…

Esbozo una pequeña sonrisa y me dejo caer, su dureza entra en mi culo lenta y satisfactoriamente, que cuando está completamente dentro ambos jadeamos al unísono. Sus manos se cierran en mi cintura, me quedo quieto durante unos segundos para esbozar una pequeña sonrisa ladina, mientras siento los escalofríos de placer que me recorren entero.

Me siento tan necesitado por obtener el maldito orgasmo que comienzo a moverme, alzando mis caderas para dejarme caer lentamente de nuevo, de forma lenta, torturadora. Toca ese lugar que me hace derretirme por espasmos de placer tantas veces de forma directa, qué la velocidad aumenta.

—Así… sí… justo así— jadeo entre dientes apretados. —Mmm, mierda…

Tom no habla, solo se dispone a ayudarme a acelerar las penetraciones, el sonido de nuestros cuerpos al chocar, de su dureza entrando y saliendo de mí, es tan obsceno y viscoso, que me encanta. Tommie me tironea con ritmo cruel, hace que me duela pero eso nunca me ha importado y menos ahora, clava sus dedos en mis nalgas para separarlas un poco más y se entierra en mi culo con ferocidad, el glande vuelve a impactar en mi próstata incontables veces, haciéndome virar los ojos.

Pego mi frente a la suya, nuestras respiraciones agitadas se mezclan entre sí. Entreabro mis labios para gemir sin descanso, mirándole a los ojos. Un nuevo escalofrío me recorre toda la columna, lo quiero todo, y Tom sabe exactamente lo que necesito, lo sabe mejor que nadie.

—¡Uhg! Se siente tan bien…— musito con voz lastimera y ahogada, sin control —Más duro, Tommie… más… oh, sí…

Tom gruñe como animal herido, salto sobre su polla caliente rápido y profundo, cada embestida se siente más intensa, como si el aire pesara dentro de mis pulmones. Cada respiración me quema por dentro y el cuerpo me tiembla sin que pueda detenerlo. El corazón golpea tan fuerte que casi lo oigo, y por un instante pienso que voy a desvanecerme, pero no quiero hacerlo. Quiero quedarme en este punto exacto, donde todo duele y al mismo tiempo se siente demasiado bien.

—Tommie…— ni voz sale en un hilito quebrantado —Me encanta, coño…

—Me encantas…— dice él, utilizando mis palabras —Me fascinas, ¿sabes?— su voz es agitada, ronca, y las mariposas en mi estómago revolotean locas.

—Mhmm…— quisiera responderle, pero tengo tanto miedo ahora que solo me concentro en las sensaciones excitantes que estoy teniendo. Siento la piel arder, como si tuviera fuego corriendo por las venas. Mis músculos se tensan, la espalda se arquea y no sé si intento alejarme o acercarme más. Cada movimiento me roba el aire, y cuanto más intento controlarme, más pierdo el equilibrio entre la razón y el instinto.

No sé si estoy respirando o solo jadeando por reflejo. Todo gira, lento, difuso, como si el mundo se redujera a mi propio cuerpo temblando. Cierro los ojos y dejo que el momento me arrastre; ya no pienso, solo siento.

El sudor cae de nuestras frentes mezclándose, y las embestidas aumentan de velocidad, el roce de su falo con mis paredes internas es tan deleitoso. Llevo mis manos a su espalda para arañar con fuerza, Tom deja una mordida en mi hombro que me hace jadear.

—No pares…— estoy a punto, siento todo acumulado en la punta de mi miembro, —Más fuerte, uhm… rico, sí…

Mechones de mi cabello yacen humedos y pegados a mi rostro por el sudor, los golpes sordos de nuestros cuerpos, de las nalgadas que me da, mierda que Tommie me folla hasta el alma, joder.

—Quiero correrme…— suplico con mi voz ahogada, me falta el aire. Monto su pene, cabalgando ritmicamente, grito de placer enterrando mis uñas en su piel, —¡Oh, sí, mierda!

Tommie no se detiene, sigue empujando con fuerza hacia arriba, yo caigo y la penetración es mas fuerte, mas amena, mas buena, y es la que necesitaba para poder eyacular y lo hago, me derrumbo exquisitamente con un gemido ahogado, mi semen sale disparado a su pecho y contraigo mi esfinter para que él también se corra dentro de mí. Sentir su líquido preseminal llenarme por completo es la sensación final que necesitaba para quedar completamente satisfecho.

—Me gusta verte cuando acabas…— ríe Tom, y una sonrisa aparece en mis labios en cuestión de segundos —¿Te sientes bien?

—Más que bien…— y lo siento en todos lados, en cada punto de mi cuerpo, hasta los que ahora se encuentran débiles, en cada célula. Envuelvo mis brazos en su cuello, con mis dedos enredados en sus rastas negras y aún húmedas por la ducha de antes —Me siento increíble…

Escondo mi cara en su cuello, sin dejar que salga de mí porque amo sentirlo dentro. Pienso en que al verlo a los ojos vi algo diferente en su mirada cuando me dijo que soy perfecto, algo que no sabría cómo interpretar ¿Arrepentimiento? ¿Miedo? ¿O será que él también sintió lo mismo que yo?

Igual, no me atrevo a preguntar.

—¿En qué piensas?— me pregunta después de un rato, acariciando distraídamente mi espalda.

En que te amo, en que esto fue diferente, en que tengo miedo de perderte, en que no sé cómo voy a sobrevivir cuando esto termine.

—En nada…— miento —Solo estoy cansado.

Él no dice nada, pero siento cómo su brazo me aprieta un poco más contra él, como si tampoco quisiera soltarme. Nos quedamos así, envueltos el uno en el otro, saboreando estos momentos de paz antes de que la tormenta inevitable nos alcance, porque ambos sabemos que esto no puede durar. Que tarde o temprano, la realidad nos va a alcanzar y todo esto se va a derrumbar.

Me aferro a esa ilusión con todas mis fuerzas, sabiendo que probablemente sea lo último que me quede cuando todo se vaya a la mierda. Cierro los ojos y me permito, solo por un momento, imaginar que esto podría ser para siempre.

Pero obviamente no puede ser para siempre, y eso me lo confirma todo cuando oigo la voz de Heidi en la habitación.

Continúa…

Gracias por la visita, no te vayas sin comentar 😉

por unicornlitz

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!