
Fic TOLL de unicornlitz. Temporada II
Capítulo 39
By Heidi
Momentos antes…
Salgo de la mansión con la tarjeta del hotel apretada en la mano. El corazón me late tan rápido que siento que se me va a salir del pecho, no sé qué espero encontrar, pero tengo que saberlo. Tengo que confirmar mis sospechas.
Sé que suena ilógico, si se lo cuento a alguien me dirá que soy una paranoica por pensar lo que pienso, pero es que tengo la duda y necesito confirmarlo. Por muy retorcido que sea, todo encaja, al menos yo lo veo así. El cambio tan repentino de Tom cuando volvió de Alemania hace dos años, ese contacto con el que hablaba, «Bi». El viaje de Tom a un curro en Chicago, las salidas de Bill desde que él se fue, el consejo que me dio de no montar un escándalo…
La chaqueta, la tarjeta que abre la jodida habitación de un hotel que no queda tan lejos. El número… el número que fue el que activó esta duda en mí.
Estoy loca, espero equivocarme.
Llamo a un Uber y espero impaciente, dando vueltas por la acera. Cuando por fin llega, le doy la dirección del hotel que aparece en la tarjeta y me subo en silencio. El conductor intenta hacer conversación, pero yo apenas respondo con monosílabos. No estoy de humor para charlar, mi mente no deja de dar vueltas.
La forma en que Bill salió corriendo cuando le vi con la chaqueta fue extraña, se le veía tan asustado, nervioso… Todo encaja de una manera que no quiero aceptar, pero que tampoco puedo ignorar.
Cuando llegamos al hotel, le pago al conductor y bajo rápido. Es un hotel elegante, de esos donde Tom se quedaría sin problemas porque él es muy simple con respecto a las cosas. Entro en el vestíbulo, mirando alrededor, y me dirijo directamente a recepción. Hay un chico joven detrás del mostrador, bueno hay varios, pero este está libre, con uniforme impecable y sonrisa profesional.
Me acerco con la tarjeta en la mano. —Buenas tardes, soy Heidi Klum— le digo, intentando sonar tranquila —Mire, mi sobrino ha perdido esta tarjeta, es la llave de una habitación. Quería devolvérsela.
El recepcionista, con una sonrisa perfecta en la cara y con la amabilidad que los caracteriza a todos, coge la tarjeta y la revisa, luego teclea algo en el ordenador y frunce el ceño —¿Su sobrino, dice?
—Sí— aseguro, es sobrino de Tom, por lo cual viene siendo mi sobrino también y formalmente cuando Tom y yo nos casemos. Porque nos vamos a casar —Es un chaval joven, pelo negro, piel blanquita… se llama Bill Kaulitz.
El chico vuelve a mirar la pantalla y niega con la cabeza. —Lo siento, señora Klum, pero esta habitación no está ocupada.— me dice y yo le miro confundida —No aparece registro de alguien llamado «Bill Kaulitz» que esté ocupando la habitación. Debe ser un fallo del sistema.
Me quedo helada. —¿Cómo que no está ocupada? Pero… la tarjeta funciona, ¿no?
—En teoría sí, pero…
—Por favor— le interrumpo, inclinándome un poco sobre el mostrador —Solo serán unos minutos, necesito entregársela o no estaré tranquila. Suele ser muy despistado…
El recepcionista duda, mordiéndose el labio inferior. —No sé si puedo…
—Por favor— insisto de nuevo, y pongo mi mejor cara de preocupación —Es importante, solo se la llevaré y salgo, lo prometo.
Él suspira, mirando hacia los lados para asegurarse de que nadie más le escucha. —Vale, pero sea rápida. Y si alguien pregunta, yo no la he dejado pasar.
—Gracias— le digo, y salgo pitando hacia los ascensores antes de que pueda cambiar de opinión.
Pulso el botón de la planta que indica la tarjeta y espero impaciente mientras el ascensor sube, cada segundo que pasa se hace eterno y cuando por fin las puertas se abren, camino por el pasillo buscando el número de la habitación, mirando puerta por puerta sin saltarme ni una. Hasta que la encuentro. Me detengo frente a la puerta, con la tarjeta en la mano temblorosa. Una parte de mí quiere dar media vuelta y olvidarme de todo esto, pero la otra parte, la parte que necesita saber la verdad, me obliga a seguir.
Respiro hondo y paso la tarjeta por el sensor, escucho el clic de la cerradura y empujo la puerta despacio. Doy un paso adelante dudosa, y miro al interior con miedo pero no veo a nadie. Sin embargo, al entrar del todo veo sobre el reposabrazos del sofá la chaqueta de Tom, porque es suya, lo sé, la misma que Bill quiso ocultarme estando nervioso.
Mi corazón se acelera aún más cuando escucho gemidos ahogados, las respiraciones agitadas, entrecortadas, camino lentamente, dejándome guiar por la dirección de donde vienen dichos sonidos. Acabo frente a una puerta abierta, en donde puedo ver la cama directamente, pero no es eso lo que me deja helada… sino a los que están sobre ella…
Tom, mi pareja, Tom… con Bill.
En medio de la cama.
Tom sentado, Bill sobre él, con las manos en su cuello y el rostro escondido.
El mundo se detiene para mí.
No puedo respirar, no puedo moverme. Solo puedo mirar esa imagen que se graba a fuego en mi mente y que sé que nunca podré olvidar. Tom, mi Tom, desnudo con su sobrino.
Y en ese momento, todo encaja. Todo cobra sentido de la manera más retorcida y horrible posible. «Bi» no era ninguna Bibiana, era…
Todo este tiempo.
Fue Bill.
&
By Bill
Un jadeo ahogado, fue un sonido de shock puro el que escuché, que hizo mi corazón saltar de miedo, puro miedo. —¿Qué coño…?
Me separo de Tom tan bruscamente que casi me caigo de la cama, su miembro sale de mí de forma violenta. Mi cabeza gira hacia la puerta de la habitación, y ahí la veo a ella. Heidi, plantada en el umbral, con los ojos como platos, la boca abierta en una expresión de horror absoluto. Tiene una mano sobre el pecho, como si necesitara asegurarse de que su corazón sigue latiendo. La otra mano cuelga a su lado, sosteniendo… la tarjeta del hotel.
Mierda, mierda, mierda.
—Heidi…— Tom se pone de pie de inmediato, aprovechando que la aludida desvió sus ojos al suelo, buscó la toalla que antes tenía y se la ató con rapidez y manos temblorosas. Yo, en cambio, cogí la sábana para taparme a mí mismo y me levanto también, las piernas me tiemblan tanto que apenas puedo mantenerme en pie.
—No…— ella niega con la cabeza, dando un paso atrás —No puede ser… esto no puede estar pasando…
El silencio que sigue es ensordecedor. Puedo escuchar mi propia respiración agitada, el zumbido de la sangre en mis oídos. Tom está paralizado, mirándola sin saber qué decir. Y yo… yo solo puedo mirarla también, sintiendo cómo todo mi mundo se desmorona.
—¿Tú?— Heidi me señala con el dedo, su voz temblando de rabia y dolor —¿Tú eres «Bi»? ¿Tú eres el puto amante de Tom?
No puedo responder, las palabras se me atascan en la garganta. —Heidi, espera…— Tom intenta acercarse, pero ella levanta la mano para detenerle.
—¡No!— grita, y su voz elevada tan de repente me hace saltar del susto —¡No te me acerques! ¡No te atrevas a acercarte a mí, Tom!— nunca la había visto así. Pude haber escuchado algunas de sus peleas con Tom pero jamás la oí gritar de esta forma. Está destrozada, con lágrimas corriendo por sus mejillas, el maquillaje corriéndose, temblando de pies a cabeza.
Y yo debería sentirme mal por verla así, pero no hay rastro de empatía en mí. Yo solo… ¿cómo explicarlo? Es como si una parte de mí estuviese disfrutando de verla de este modo, y la otra estuviese asustada porque sabe que todo se ha ido a la mierda.
—Me mentiste…— susurra, mirando a Tom con dolor, pero también con asco —Me dijiste que te ibas a Chicago por curro, me hiciste sentir culpable por pedirte que te quedaras conmigo, con nuestro bebé… y todo era mentira.
—Heidi, yo…
—¡Mentira!— grita de nuevo —¡Estabas aquí! ¡En este hotel! ¡Con él!— me señala otra vez, y yo me encojo, sintiéndome tan pequeño de repente, pero la satisfacción sigue ahí —¡Con tu sobrino, Tom! ¡Es tu puto sobrino!— Tom cierra los ojos, como si las palabras le dolieran físicamente. —¿Desde cuándo?— pregunta Heidi, su voz ahora más baja pero no menos letal —¿Desde cuándo me has estado engañando con… con él?
—Heidi…
—¡Responde!— le exige, avanzando hacia él con los puños apretados.
—Dos años…— la voz de Tom sale ronca, casi inaudible —Empezó hace dos años.
Heidi se lleva una mano a la boca, ahogando un sollozo. —Cuando fuiste a Alemania… en su cumpleaños…— Tom no responde, pero su silencio es toda la confirmación que ella necesita. —Dios mío…— Heidi se tambalea, como si sus piernas no pudieran sostenerla —Todo este tiempo… todo este puto tiempo…
Y entonces sus ojos se clavan en mí. Hay tanto odio en esa mirada que siento que me va a quemar vivo. Pero no le tengo miedo a ella, mi temor es perder lo que tengo con Tom, nada más. Si pudiera, me reiría en su cara pero en estos momentos eso no es lo mejor que puedo hacer.
—Y tú…— me señala, caminando hacia mí con pasos temblorosos —Tú, hijo de puta…
—Heidi, yo…— intento hablar, pero ¿qué coño voy a decirle?
—¡Tú me tomaste el pelo!— me grita, interrumpiéndome —¡Te sentaste ahí, en la piscina, y te lo conté todo! ¡Te dije que Tom tenía una amante, que me estaba engañando, y tú…!— se ríe, pero es una risa histérica, sin humor —¡Tú me diste consejos! ¡Me dijiste que hablara con él, que no montara un escándalo!
Desvío la mirada al suelo, ¿qué se supone que debo hacer? Tom es quien debe darle explicaciones, no yo… y no lo digo en mal plan, sino que, él es su pareja.
—¿Y mientras tanto qué?— continúa Heidi, su voz subiendo de volumen —¿Os reíais de mí aquí? ¿Los dos juntos? ¿Te burlabas de mí con tu tío mientras yo estaba ahí, embarazada, esperando a que volviera de un viaje que nunca existió?
—No fue así…— logro susurrar.
—¡Claro que fue así!— me grita en la cara y cierro los ojos de golpe —¡Me visteis la cara de gilipollas! ¡Los dos lo hicisteis! ¡Estáis enfermos! ¿Lo sabéis? ¡Enfermos!
—Heidi, basta…— Tom intenta intervenir, pero ella se gira hacia él hecha una furia.
—¿Basta? ¡¿Basta?!— se ríe de nuevo, esa risa terrible —¿Cómo pudiste hacerme esto, Tom? ¿Cómo pudiste mentirme así? ¡Estoy embarazada! ¡Llevo a tu hijo dentro y tú estabas aquí, liándote con tu sobrino!
—Lo siento…— Tom dice, y por primera vez le veo realmente destrozado. —Heidi, lo siento tanto…
—Tu «lo siento» no vale una mierda— ella escupe las palabras, con una mueca en los labios —Eres un mentiroso, un degenerado. ¿Cómo puedes siquiera mirarte al espejo? ¡Es tu sobrino, por dios! ¡Tu sobrino!
—¡Ya lo sé!— Tom explota, y yo doy un salto del susto de nuevo —¡Joder, Heidi, ya lo sé! ¿Crees que no lo sé?
—Entonces, ¿por qué?— ella pregunta, y ahora su voz se rompe completamente —¿Por qué, Tom? ¿Qué clase de persona eres?— Tom no responde, no puede. Heidi niega con la cabeza, limpiándose las lágrimas con el dorso de la mano. —Sois un asco, los dos.
Y entonces se gira hacia mí. Veo la intención en sus ojos una fracción de segundo antes de que lo haga. Con pasos rápidos se acerca a mí y su mano vuela hacia mi cara, pero Tom es más rápido y antes de que logre pegarme, él se interpone entre nosotros, agarrando la muñeca de Heidi antes de que pueda tocarme.
—No vas a ponerle una mano encima— le dice, seriamente. —Él no tiene la culpa…
Heidi le mira como si no pudiera creer lo que acaba de escuchar. —¿Le estás defendiendo? ¿En serio? ¿Después de todo lo que habéis hecho?
—Heidi, por favor…— Tom suelta su muñeca y levanta las manos en un gesto apaciguador —Por favor, cálmate. Solo déjame explicarte…
—¿Explicarme qué?— ella se ríe amargamente —¿Qué es lo que vas a explicarme, Tom? ¿Que te has enamorado de tu sobrino? ¿Que llevas dos años engañándome? ¿Que cada vez que me besabas, que cada vez que me tocabas, estabas pensando en él?
—No…
—Sí— Heidi asiente, más lágrimas cayendo por sus mejillas —Sí, Tom. Eso es exactamente lo que pasaba, ¿verdad? Yo era solo… ¿qué? ¿Una tapadera? ¿Alguien con quien podías fingir ser normal?
—Heidi, no…
—Sí que lo era— ella cierra los ojos, respirando temblorosamente —Y lo peor es que me quedé embarazada pensando que eso te haría quedarte. Que te haría olvidarte de tu «amante», pero no, ¿cómo iba a lograr eso si tu amante es parte de tu familia y siempre le verías?— el silencio que sigue es devastador, yo sigo sin poder hacer o decir nada. Hasta que ella vuelve a hablar —Voy a contárselo a Simone.
La miro al instante, su voz salió fría, amenazante, y el temor se intensificó en mi pecho.
—Voy a contárselo todo.— espeta entre dientes —Lo que su hermano y su hijo han estado haciendo a sus espaldas.
—No…— la palabra sale de mi boca antes de que pueda detenerla —Por favor, Heidi, no…
—¿No?— ella me mira con desprecio —¿Por qué no, Bill? ¿Porque te da miedo que tu mami se entere de que te estás tirando a tu tío? ¿Qué pensará tu papá? Tengo entendido que eres lo más importante para él, qué decepcionado se va a quedar al enterarse de lo que has estado haciendo… tus abuelos, tus tíos… toda tu familia se va a enterar de esto.
—Heidi, no lo hagas— Tom da un paso hacia ella —Por favor, podemos…
—No hay nada que podamos hacer— ella le corta, retrocediendo hacia la puerta —Voy a ir con Simone y voy a contárselo todo, no pienso quedarme llorando— niega con la cabeza y con eso, se gira y sale de la habitación casi corriendo, dando un portazo que hace temblar las paredes.
Tom rápidamente y sin mirarme, buscó algo rápido que ponerse y salió corriendo detrás de ella. Yo solo me quedé ahí en medio de la habitación, paralizado, mirando la puerta como si no pudiera procesar lo que acababa de pasar y simplemente me derrumbo. Mis piernas ceden y caigo al suelo, las manos temblándome incontrolablemente. De un momento a otro no puedo respirar, el aire no llega a mis pulmones. Intento coger aire pero solo salen jadeos entrecortados, desesperados.
—Eres tan patético…— escucho una voz, que percibí débil y confusamente —Todo esto es culpa tuya…
Miro por toda la habitación, en busca de dicha voz tan conocida para mí. Pero no hay nadie ahí, solo estoy yo. Entonces miro al espejo a mi espalda, ese que está junto al tocador, es grande, largo, y puedo verme a mí mismo, tirado en el suelo, intentando controlar mi respiración sin éxito, mientras mi reflejo me devuelve la mirada.
—Todo lo que sucede es culpa tuya, Bill— es mi reflejo quien me habla —Tu madre siempre te lo dijo… ¿ya lo has olvidado? Ella siempre te culpaba de todo— su voz sale rasposa, entre dientes —De meterte con tus primos y hacerlos llorar, de hacer que tus tíos te tratasen mal, ¿eso no lo recuerdas, Bill?
—Yo… no hacía nada…
—¿Y quién te creyó eso?— pregunta mi reflejo —Tus tías se quedaban contigo porque les dabas pena, tu tío Tommie se quedaba contigo porque no tenía otra cosa que hacer y ahora le has perdido…
Sollozo —Me estoy volviendo loco…
Mi reflejo se echa a reír, sarcástico, irónico —Tú estás loco desde que naciste… ¿por qué crees que tus tíos te consideran la oveja negra de la familia, que tus primos te tratasen con tanto desprecio, que tu mami no te quiera como una madre debe querer a su hijo?— no respondo —Porque eres un estorbo…
Mis labios tiemblan ligeramente.
—Y como si eso no fuera suficiente, eres un enfermo— me dice —La única forma que encontraste de que te importara una mierda lo que opinaran de ti, fue convirtiéndote en alguien rebelde, impulsivo, sin vergüenza… pero, seamos sinceros, en el fondo sí que te duele que no te quieran…
—Cállate…— suplico, —Eres solo un espejismo que crea mi mente para joderme.
—Quizás… pero eso no quita que tenga razón, ¿o sí?— pregunta con una sonrisa cínica —No esperes que el tío Tom te elija después de esto, es obvio que se va a preocupar más por él que por ti… tú has sido el único que se ha enamorado aquí, has perdido en tu propio juego— mi respiración se agita aún más —Pobre Billie… siempre el incomprendido y el estorbo, nunca el querido y elegido.— hace un puchero falso, —Game over para ti.
Con un sollozo ahogado desvío mi mirada al suelo, comenzando a llorar, no puedo hacer nada, solo puedo sentir el pánico apoderándose de mí, apretándome el pecho, nublándome la vista.
Es culpa mía. Todo es culpa mía.
Si no hubiera dejado la chaqueta en el sofá. Si hubiera sido más cuidadoso, si hubiera cambiado el número cuando Tom me lo dijo. Si no hubiera sido tan despistado, tan estúpido, tan…
Yo sé que todo esto está pasando por mis descuidos. Por mi culpa Heidi nos descubrió, por mi culpa todo se fue a la mierda. Mi reflejo tuvo razón en todo, y lo peor de todo es que sé, con una certeza que me destroza por dentro, que esto es el final, hasta aquí llegó lo nuestro, por mi culpa.
Por mi puta culpa.
Hago mis manos puños, llorando y viendo cómo mis lágrimas caen al suelo, Tom no va a querer saber nada más de mí y yo voy a perderle.
Para siempre.
Continúa…
El siguiente capítulo es el final, te esperamos 😉
No, por favor, no 😰. Por favor ¿todo se va a arreglar?. No quiero que Tom deje a Bill, sé que estuvo mal la infidelidad de Tom, pero también sé que a quien ama es a Bill, y no sé por qué siento que lo ama incluso desde que inició toda la historia, desde antes que Bill siquiera lo pudiera imaginar. Dime que mi presentimiento es correcto please 🙏😢. Tom debió de haber cortado con Heidi desde mucho antes, así no hubiese habido infidelidad y ellos podrían haber seguido sin tanto peligro 😞.
Tú escribes increíble, este fanfic es por todo mi favorito número 1 de todos los que he leído, y desbancó totalmente al que era mi número 1; y conociéndome, sé que no va a haber otro que lo iguale ni que lo mejore. ¡Gracias por tu dedicación!. Por favor que Tom siga amando románticamente a su sobrino Bill. Quiero que se quedén juntos como tío/sobrino y a la vez como esposos 😢💔.