Fic TOLL de unicornlitz. Temporada II

Capítulo 5

Nuestro reencuentro tendría que haber sido otra historia, ya sabéis, yo lanzándome a sus brazos y susurrándole al oído: «Te he echado tantísimo de menos, venga, retomemos lo que dejamos a medias hace dos años.» Y Tom agarrándome el culo mientras me llevaba a su cuarto, acabando en la misma cama que comparte con la bruja.

Sí, habría sido la hostia, ahora que lo pienso mientras coloco mis cosas en el armario. Su boca deslizándose por mi piel, mmm… su lengua invadiendo la mía, sus dedos dándome gustito, preparándome para recibir su pedazo de herramienta, porque aún tengo la imagen clarísima de su polla en la cabeza. Y cómo olvidarlo, si nunca dejamos del todo nuestros encuentros calentorros, aunque fueran por llamada. Me acuerdo de todas esas veces que le mandaba fotitos mañaneras desnudo frente al espejo, en la bañera lleno de espuma, en la cama… vamos, donde fuera.

O cuando me decía guarradas en las llamadas, de esas que me ponían bruto perdido. Los vídeos que le mandaba tocándome, cuando no podíamos hablar por culpa de la imbécil de su novia. Todo era tan bueno… y puede volver a serlo, incluso mejor que antes.

Las chicas del servicio nos enseñaron nuestras habitaciones por orden de Tom. En cuanto entré a la mía, me puse a colocar mis cosas para luego darme una ducha y estar listo para cuando llegara Heidi, que no debe tardar mucho. Mi madre se quedó en su cuarto hablando con Tom sobre el tema del matrimonio. Evidentemente, noté la incomodidad en la cara de mi tío, pero pasé de seguir escuchando.

Tan metido estoy en lo mío que ni me entero de que llaman a la puerta, y mucho menos de que se abre y se cierra dos segundos después.

—Oye…— cuando escucho su voz, ronca y con ese tono tan suyo, se me eriza hasta el alma. Sonrío de lado mientras coloco la camisa doblada encima del resto. —¿Estás mosqueado, bonito?

Inclino la cabeza, todavía sin girarme —No mosqueado… más bien, rayado— le contesto, sin dejar de doblar la ropa. Y colgar las demás en las perchas, las más importantes, para que no se arruguen. —Te vas a casar…

—Eso es solo por cumplir. No lo haré si no me da la gana…

—¿No quieres?— pregunto, alzando una ceja.

—No— responde, y yo me relamo los labios despacio. —Simone dice que es lo que toca porque Heidi está embarazada, y mi madre va por el mismo rollo…

—Jumm…— suelto un suspiro —Tienen razón, ¿eh? Es lo que toca, al fin y al cabo… te la has cargado tú.

No lo digo en serio, ¿vale? Es solo que necesito saber si de verdad quiere ser padre, o si fue un accidente, sin que parezca que estoy celoso como un gilipollas, porque no lo estoy. —Pensaba que ella se estaba cuidando— me suelta —Siempre me ha dicho que no quiere tener críos porque el cuerpo cambia, que si se te estira la piel, que si las estrías, y blablablá… por eso tomaba la píldora.

—Pues mira tú, se le olvidó tomársela hace un par de semanas…

No dice nada. Lo único que oigo es el sonido de las suelas de sus zapatos contra el suelo. Frunzo el ceño y suelto el aire por la sorpresa cuando me agarra de la cintura y me da la vuelta para que lo mire. Todavía tengo en las manos la chaqueta de cuero que iba a colgar. Me quedo sin aliento al tenerlo tan cerca, el corazón se me pone a mil, y lo odio, de verdad que lo odio. Me clava la mirada. Se acerca, y su aliento cálido roza mi mejilla justo antes de darme un beso que me deja temblando.

—No me esperaba esto, ¿sabes?— me susurra al oído —Tampoco tenía pensado ser padre.

—¿No quieres al crío?— acierto a preguntar. Me atrae más contra su cuerpo, pegándonos pecho con pecho. Yo escondo la cabeza en su cuello y resoplo con fuerza.

—No lo sé— dice simplemente.

Sus dedos recorren mi espalda por encima del vestido negro, corto y ajustado, que aún llevo puesto. Su respiración es tranquila, no como la mía. Estoy hecho un lío, con los nervios a flor de piel, y todo por su jodida cercanía. Solo quiero que me quite la ropa ya. Joder.

—¿Cómo que no lo sabes?

—Es que todavía estoy intentando asimilar la noticia que me soltaron ayer por la mañana— y oye, es una buena excusa. Se separa un poco para volver a mirarme. Me sonríe, y yo abro los labios porque se me olvida hasta respirar. Sus labios rozan los míos y desvío la mirada hacia su boca —Pero, ¿quieres saber qué es lo que sí tengo clarísimo y me muero por hacer ahora?

—No, dímelo…— le pido con tono juguetón mientras dejo caer la chaqueta al suelo y le rodeo el cuello con los brazos, rozo sus labios pero no lo beso aún —Quiero saberlo— murmuro, con una sonrisa provocadora.

—Quiero… no, necesito besarte ahora mismo— susurra también.

Me muerdo el labio inferior. —Pues eso está de puta madre, porque yo también necesito besarte ahora mismo…

No me da tiempo ni a reaccionar. Solo noto sus labios sobre los míos, calientes, firmes, desesperados. Me besa demostrando así los años que lleva aguantándose las ganas, y yo… joder, yo caigo al segundo. Le rodeo con los brazos con una urgencia casi ridícula, como si su cuerpo fuera lo único que me mantiene en pie.

Su lengua se cuela en mi boca sin pedir permiso, como si fuera suya, y yo le dejo, me dejo… porque no quiero parar esto. Porque le necesito tanto que hasta me duele. De repente, me agarra una pierna y me la sube a la cadera. Siento su bulto apretarse contra mí y casi se me escapa un gemido ahí mismo. Está tan duro… y yo tan empapado que ya me da igual todo.

—Joder, Tom…— jadeo contra su boca, con los ojos cerrados y las mejillas que me arden.

Él no dice nada. Solo me muerde el labio inferior y tira de él con esa maldita sonrisita suya. Su mano recorre mi muslo, apretando, subiendo poco a poco… hasta que roza el borde del vestido. Me mira con esos ojos oscuros, prendidos en fuego, y resopla por la nariz. Su mano sube un poco más y me aprieta justo ahí, encima de la tela, entre las piernas. Mi polla, ya dura por el roce, salta al contacto.

—Me encantaría hacerte mío ahora mismo, pero no puede ser. Tu madre está en la habitación de al lado. Habrá que esperar…

Asiento rápido —Espero…— le digo, casi sin voz.

—Eso es…— dice ronco, y vuelve a lanzarse a mi boca. Y yo solo pienso en cuándo llegará ese momento en que pueda tenerlo todo para mí, solo para mí.

Justo entonces, alguien llama a la puerta y nos separamos de golpe. Tom se arregla la camisa y yo me agacho a recoger la chaqueta, dándome la vuelta para que, quien sea que entre, no vea el bulto que tengo entre las piernas. —Adelante— digo, intentando sonar normal, y justo se abre la puerta.

—Ah, Tom. Estabas aquí— es mamá.

—Vine a ver si Billie necesitaba algo— responde él, tan tranquilo.

—Y ya le he dicho que no— añado yo, siguiéndole el rollo con un movimiento de cabeza sin girarme del todo —¿Qué pasa, mamá?

—Venía también a preguntarte si necesitabas algo, para hablarlo con tu tío, pero ya se me ha adelantado— dice riendo —Me voy abajo a ver en qué puedo echar una mano en la cocina.

—No hace falta, Simone. Las cocineras se encargan de eso…

—Ya, ya lo sé. Pero no quiero estar ahí sin hacer nada— y con eso, sale de mi habitación. Pero antes de cerrar la puerta, lanza una última pregunta —¿Támara y Nickole te han escrito?

—Mmm, no. No les he contado nada, y por lo visto tú tampoco, porque si no ya me habrían llenado el vestíbulo de regalos.

Mamá se ríe. —Es verdad, ya se enterarán…

—Ajá.

—Bueno, estaré abajo por si necesitáis algo— añade antes de marcharse. En cuanto cierra la puerta, suelto un suspiro y me relamo los labios, dándome la vuelta. Tom ya me está mirando, brazos cruzados y esa sonrisa traviesa que tan bien conozco.

—¿Ya se puede?— pregunto, sabiendo que mamá estará ocupada abajo y nadie va a andar rondando por aquí.

Él alza una ceja, provocador. Me escapo una risilla mientras me acerco. Apoyo la mano sobre su pecho, sintiendo su calor, y deslizo los dedos con lentitud. Empiezo a desabrocharle un par de botones más, los de arriba ya estaban sueltos, y deslizo mis manos por dentro de la tela. El contacto con su piel me sacude por dentro. Le echaba tanto de menos…

Entonces, sin decir nada, me acorrala suavemente contra la cómoda, la que está al lado del tocador, y me ayuda a sentarme encima.

Una de mis piernas queda abajo y la otra flexionada sobre la mesa de la cómoda. Me sube el vestido hasta quitármelo, dejándome solo en boxers. Sus dedos pellizcan mis pezones, varias veces haciéndome gemir de dolor. Pero un dolor exquisito, que me gusta. Me quita el bóxer y vuelve a flexionar mi pierna como estaba antes, esta vez, totalmente desnudo.

Deja mis pezones solo para escupir en sus dedos y llevar estos mismos a mi entrada. Metió dos a la vez, tan repentino que mis ojos se abrieron como platos y mi boca forma una perfecta «o». Estimuló mi culo hasta que me sintió listo. Se desabrochó el cinturón, el pantalón, se bajo la cremallera y sacó su pene de sus boxers. Lo metió en mi entrada de una sola estocada, y comenzó a penetrarme con ansias. Su pene entra y sale de mi, lo escucho jadear, echo mí cabeza hacia atrás sintiendo una de sus manos apretar mi cuello de forma suave.

Compartimos miradas de vez en cuando, gimo bajito, solo jadeos casi inaudibles para que nadie escuche. Tom pone la pierna que tenía flexionada sobre la cómoda en su hombro y ante la profundidad que llegó en mí, pegué un grito. Él rápidamente cubrió mi boca con su mano sin dejar de joderme el culo.

—Joder, no grites tan alto, bonito— me dice, con su voz extasiada —No pueden escucharnos, ¿harás silencio?

Frunzo el ceño por la maldita sensación de su pene tocando mi próstata, me contengo de gemir y asiento a su pregunta. Entonces, su mano se aparta de mi boca y jadeo bajito, mantengo mis ojos fijos en él así como él tiene los suyos fijos en los míos. Me está dando tan duro que me siento aturdido ante las olas de placer que me invaden cuando entra y sale de mí. —Oh, dios…— murmuro —Oh, dios… sí…, extrañaba esto, mierda…

Me sonríe excitado y sale de mí, rápidamente me baja de la cómoda, me da la vuelta. Para mayor comodidad para mi, me tumbo sobre la mesa y subo una de mis piernas extendiéndola dejando la otra en el suelo para mantenerme firme. Su miembro vuelve a entrar en mí y arremete con fuerza, haciendo que un gemido inaudible escape de mis labios.

Agarra un puñado de mi cabello, entra y sale de mí con rapidez, con dureza, se entierra en mi trasero como si le fuese la vida en ello.

—Ay, sí. Jódeme, dame más…— pido entre farfullos y suspiros —Más…, fuerte…, oh sí, así…, no pares, Tom, mmm…

Comienza a hacerlo como se lo pido, si antes lo hacía fuerte ahora lo hace aún más. Parece una maldita bestía y me gusta, joder. Es tanto que no logro soportarlo. No logro acallar mis gemidos, mis chillidos y él vuelve a tapar mi boca, echa mi cabeza hacia atrás y logro verlo, besa mi frente mientras una lagrima se derrama por mi mejilla del mero placer.

—Ah…, ah…, joder…, Tom…,— gimo contra su mano, con los ojos medio cerrados —me estás dando tan rico, tan profundo…

Sus embestidas son brutas, salvajes, como si quisiera romperme desde dentro, y yo no sé si quiero que se detenga o que me destroce más.

—Mierda…, sí…, así… ¡así!— jadeo con la voz temblorosa —jódeme… no pares… ¡no pares!

Mis uñas raspan la madera de la mesa al querer aferrarme a ella, sintiendo cómo cada vez que entra, me arranca el aire de los pulmones. Me folla contra la cómoda como si no existiera nada más. Oh, que me fascina, me encanta esto. He soñado tanto con volverlo a hacer, esto no se compara a cuando lo hago con Evan. Es tan, pero tan diferente…

—Me vas a hacer venir así… joder…— grito ahogadamente con la voz rota —Me estás jodiendo tan cabrón… ¡no pares, Tom!

Él gruñe, me muerde el cuello, me agarra más fuerte… me folla como si lo necesitara para vivir. —No grites, precioso…

—Imposible… solo fóllame… jódeme más fuerte…

—¿Te gusta, eh?— gruñe él contra mi cuello, con esa voz ronca que me hace temblar hasta las piernas —Estás tan jodidamente apretado, Billie…

—¡Ah! Sí… me encanta… me encanta cómo me estás follando…— susurro entre jadeos, arañándole la espalda con desesperación.

Me empotra más fuerte, su cuerpo chocando contra el mío con un ritmo frenético que me tiene al borde. —¿Así? ¿Así te gusta que te lo meta, precioso?— me muerde la clavícula y yo grito, temblando —dilo… dilo, joder.

—¡Sí! ¡Sí! Me encanta que me lo metas así, tan profundo… me estás volviendo loco, Tom… fuck me hasta que no pueda caminar…

Tom me aprieta la pierna que tengo abajo, y me da una embestida que me hace ver estrellas. Me folla sin piedad. Mi voz se rompe entre gemidos. Estoy tan cerca, lo siento —¡Tom, me vengo! ¡Ah… me vengo!

—Joder…— gruñe con los dientes apretados cuando se entierra hasta el fondo una última vez —Estás tan malditamente caliente por dentro…

Yo me arqueo y gimo fuerte, sintiendo cómo mi cuerpo se sacude del puro placer. El sudor me corre por la espalda, su respiración agitada choca contra mi cuello mientras sigue embistiéndome más lento, más profundo, como si quisiera tatuarme su presencia desde adentro.

—Tom…— jadeo con voz rota, y él me mira con esos ojos entrecerrados, totalmente fuera de sí.

—¿Vas a correrte para mí, chiquito?— me pregunta con una sonrisa perversa y me agarra fuerte de la cintura —Quiero sentir cómo te vienes mientras te lleno…

—Dios… sí, sí…— gimo y me aferro a la mesa con fuerza, subiéndome más, clavando mis dedos nuevamente en la madera —Estoy tan cerca…

Y ahí lo hace.

Una embestida profunda, brutal, directa a mi próstata. Grito. Literalmente grito, sintiendo el calor estallarme por dentro, el cuerpo temblándome como si se rompiera en mil pedazos de puro gozo. Me derramo manchando la mesa, y justo ahí, él me aprieta contra sí con un gruñido grave que me enciende aún más.

Maldice con voz ronca, sepultándose hasta el fondo mientras se deja ir dentro de mí —Mierda, Billie…

Sus espasmos dentro de mí son intensos, cálidos, me llenan por completo. Me quedo jadeando, con las piernas temblorosas, el pecho contra la mesa, y su frente apoyada en mi espalda.

—Tú me vas a matar un día de estos…— murmura sin dejar de sonreír.

Yo solo río, agotado, aún temblando, con el corazón golpeando contra el pecho.

Continúa…

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

Un comentario en «Treat me 5»

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